Ciencia y cientificismo (I)

10/07/2017

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La ciencia y las ciencias

La ciencia es una actividad sistemática de obtención, comprobación y organización de conocimiento acerca de la realidad. Este conocimiento permite, con limitaciones y en la medida de lo posible, describir, explicar, predecir, comprender, controlar y actuar con más poder y probabilidad de éxito.

La explicación científica es una descripción profunda o ampliada. Explicar es desplegar, descomponer y recomponer, analizar y sintetizar, mostrar qué hay dentro o debajo de algo (a un nivel menor de agregación o más simple de organización) y cómo las partes y sus interacciones constituyen un todo, conectar unas cosas con otras, establecer alguna analogía, indicar conexiones, mostrar cómo unos fenómenos pueden conocerse en función de otros ya conocidos.

La ciencia en general se subdivide en diversas ciencias más específicas según su objeto de estudio: ciencias formales,  naturales, o sociales (humanas). Las ciencias formales son las matemáticas (ciencias exactas) y la lógica: estudian, sin necesidad de observaciones empíricas, los patrones abstractos y los modos de pensamiento correcto que deben utilizar las demás ciencias. Las ciencias naturales estudian la realidad no específicamente humana: física, química, geología, astrofísica, biología. Las ciencias sociales o humanas estudian a los seres humanos y sus asociaciones: economía, antropología, psicología, sociología, ciencias jurídicas. Las ciencias naturales a veces se denominan ciencias duras (frente a las ciencias sociales como ciencias blandas) por ser más rigurosas, predictivas y capaces de modelización matemática, medición y cuantificación.

Las diversas ciencias trabajan en diferentes ámbitos, niveles de agregación u organización, escalas espaciales o temporales, y órdenes de complejidad (de lo simple a lo complejo): física de partículas elementales, física nuclear, física atómica, geología, astrofísica, cosmología, química, biología, psicología, economía. El principio de consiliencia indica que las diferentes ciencias no están aisladas sino que por el contrario es posible unificarlas o conectarlas: las regularidades más simples, fundamentales o profundas generan de forma emergente regularidades más complejas a diversos niveles (de la física a la química, a la biología, y a la cognición, la economía, la moral y el derecho).

La ciencia puede ser aplicada o básica (pura) según su grado de concreción o abstracción y su aplicabilidad. La ciencia aplicada es más concreta o específica y busca alguna utilidad más inmediata, como un desarrollo tecnológico o de ingeniería para resolver problemas prácticos; la ciencia básica busca conocimiento general de principios fundamentales, y no es inútil sino que suele generar beneficios más dispersos, indirectos y a más largo plazo.

La ciencia puede ser teórica o experimental según si enfatiza el pensamiento (modelos, teorías, conceptos, argumentos) o la observación (experimentos, mediciones, datos).

Datos y teorías

El conocimiento científico incluye datos empíricos concretos (resultados de mediciones o estimaciones en observaciones o experimentos) y leyes, teorías o modelos abstractos que describen relaciones o interacciones causales entre entidades y su comportamiento o evolución espacial y temporal según los valores de sus atributos y sus variaciones.

Las leyes y teorías son generalizaciones que representan y explican los patrones o regularidades presentes en los datos (modelo de cobertura legal). Las teorías son útiles porque utilizando las leyes y algún dato concreto (como las condiciones iniciales o de contorno de un sistema) es posible inferir de forma deductiva otros datos concretos desconocidos (como el estado final del sistema).

Ejemplos de datos y leyes asociadas: los datos sobre posición y velocidad de un planeta y su satélite se corresponden con la ley de la gravitación universal y la mecánica orbital; los datos de genotipos y fenotipos de organismos y su cambio en el tiempo a lo largo de generaciones se corresponden con leyes biológicas y evolutivas; los datos de cantidades y precios de intercambio de bienes y servicio en un mercado se corresponden con leyes económicas de oferta y demanda.

La obtención de datos y la producción de teorías están estrechamente relacionadas: normalmente los datos se recopilan para comprobar o rechazar alguna teoría, y las teorías se generan para expresar la información esencial presente en los datos. No hay observación sin alguna carga teórica previa, aunque sea mínima: el investigador busca información y la interpreta según sus presuposiciones, sesgos y expectativas; la percepción empírica requiere categorías mentales o conceptos previos para reconocer las entidades, los valores de sus atributos y las posibles relaciones existentes.

Ocasionalmente puede haber datos sin teorías y teorías sin datos: algunos datos pueden carecer de explicación teórica (porque aún no se ha propuesto ninguna o ninguna es adecuada), o ser compatibles con múltiples teorías en competencia (las teorías quedan infradeterminadas por los datos); algunas teorías pueden existir en ausencia de datos, porque se trata de ideas especulativas aún no testadas o porque los datos son difíciles de obtener (física teórica, cosmología, física de partículas de alta energía).

Leyes descriptivas (vs. prescriptivas)

Las leyes científicas son leyes descriptivas (positivas), no prescriptivas (morales, éticas, jurídicas): expresan regularidades, describen cómo es la realidad y cómo cambia, pero no son generadas por la voluntad de agentes legisladores, no son herramientas para la convivencia y la coordinación, ni son normas comunicadas y asociadas a premios o castigos por su incumplimiento.

La expresión “ley natural” (o “leyes de la naturaleza”) es problemática porque puede confundirse la descripción y explicación de una regularidad con la expresión de un mandato vigente en una sociedad.

Leyes: universalidad y simplicidad

Las leyes y las teorías científicas son o tienden a ser generales, con aspiración de universalidad (máxima generalidad posible), y con posibles ámbitos limitados de aplicación: los científicos pueden estudiar casos históricos individuales, o elementos particulares, pero no se limitan a ello sino que los tratan como miembros de clases con alguna regularidad común (una partícula elemental, un átomo, una molécula, un organismo, un planeta, una estrella). El conocimiento científico no es una mera lista de observaciones específicas, sino que se intenta extraer alguna ley que capte y explique alguna regularidad (por ejemplo, la tabla periódica de los elementos y sus propiedades explicada mediante la física atómica).

Las teorías y las leyes científicas son aproximaciones, idealizaciones o simplificaciones: son representaciones parciales, limitadas e imperfectas de la realidad que pueden dejar de ser válidas o aplicables en ciertas circunstancias, normalmente extremas (la física en un agujero negro o singularidad). Igual que el mapa no es el territorio, las leyes no son la realidad sino representaciones lo más relevante de la realidad, y suelen basarse en algún supuesto que no siempre se cumple. La existencia de excepciones no necesariamente invalida las leyes científicas sino que aclara sus posibles limitaciones.

Las leyes más compactas suelen expresar simetrías o regularidades profundas de la naturaleza. Según el principio científico de parsimonia, una explicación más simple es más plausible o verosímil y es preferida a una explicación equivalente (con la misma capacidad descriptiva y predictiva) más compleja. Una teoría excesivamente simple o poco realista puede ser sustituida o mejorada mediante otra teoría con suposiciones más realistas, pero probablemente será más compleja y de difícil manejo.

Ejemplos de supuestos, aproximaciones, idealizaciones o simplificaciones en física: partículas puntuales, objetos esféricos, oscilaciones o intensidades pequeñas para aproximación lineal, objetos aislados, sistemas en equilibrio o cerca del equilibrio, velocidades pequeñas (física clásica frente a relativista), objetos grandes (física clásica frente a cuántica), sistemas con muchos elementos (aproximaciones estadísticas de grandes números).

Ejemplos de supuestos, aproximaciones, idealizaciones o simplificaciones en economía: agentes racionales con conocimiento completo y perfecto; mercados con competencia perfecta con número muy alto de pequeños participantes; economías de giro uniforme; modelos con agentes representativos; modelos de equilibrio general o parcial.

Representación del conocimiento científico

El conocimiento científico debe representarse o expresarse mediante el lenguaje natural (con posibles problemas de ambigüedad o falta de precisión y conflictos con los significados de los términos), o mediante algún lenguaje formal, claro y preciso como las matemáticas y la lógica formal.

Los datos resultado de observaciones o mediciones se representan mediante expresiones verbales (datos cualitativos) o mediante valores numéricos (datos cuantitativos) referidos a alguna unidad de medida (una cantidad estandarizada de una magnitud física).

Las regularidades presentes en la naturaleza o en el ámbito humano se expresan de forma abstracta mediante proposiciones o leyes que establecen relaciones estables entre diferentes entidades o procesos. Estas relaciones pueden ser cuantitativas o cualitativas; igualdades o desigualdades (mayor que, menor que); exactas o de tendencia. Puede utilizarse el lenguaje natural (ley de formación de precios según oferta y demanda en economía) o sistemas de ecuaciones diferenciales en el lenguaje de las matemáticas (ley de la gravitación universal).

Ciencia: pensar, observar, experimentar

La ciencia es racional y empírica. La investigación científica requiere por lo general pensar, observar e intervenir (experimentar) sobre la realidad estudiada. Son necesarios cerebros para procesar información, sensores para percibir información, y actuadores (efectores) para actuar sobre la realidad y modificarla de forma controlada.

La actividad científica obtiene y procesa información de diversas maneras: observar con los sentidos humanos o con ayuda de instrumental especializado; realizar mediciones o estimaciones de valores de atributos de alguna entidad (valores variables o constantes, cualitativos o cuantitativos); experimentar o alterar de forma controlada las condiciones del objeto a observar; recopilar y ordenar los datos obtenidos; realizar cálculos numéricos y análisis estadísticos; interpretar y comprender los datos integrándolos en un modelo teórico; proponer relaciones regulares o leyes entre las propiedades de las entidades estudiadas; razonar, realizar argumentaciones o inferencias para comprobar la consistencia del conocimiento u obtener nuevo conocimiento a partir del ya disponible; criticar las argumentaciones y los modelos, mostrando sus problemas, fallos o limitaciones; comprobar la coherencia interna (posibles contradicciones, malas definiciones, ambigüedades, falta de precisión) o externa (incompatibilidad con otros datos o con otras teorías bien establecidas) del conocimiento.

La experimentación no siempre es posible por dificultades tecnológicas o prácticas para la manipulación y el control del objeto estudiado: gran distancia (astrofísica, cosmología), tamaño muy pequeño o muy grande, velocidades típicas de los procesos muy lentas (macroevolución) o muy rápidas, energías involucradas muy altas (límites de los aceleradores de partículas). También puede haber problemas legales, como los conflictos éticos de la intervención sobre humanos o animales.

La actividad científica suele utilizar herramientas artificiales o máquinas que permiten controlar con precisión las condiciones experimentales y amplificar las capacidades de percepción, almacenamiento y procesamiento de información: instrumental científico como microscopios, telescopios, todo tipo de sensores de diferentes fenómenos (termómetros, cámaras), memorias exosomáticas (escritura, almacenamiento informático), calculadoras mecánicas, tablas de cálculo numérico, ordenadores con programas adecuados.

Una medición del valor de un atributo de una entidad es una comparación cuantitativa con una unidad de medida. Algunas mediciones se realizan de forma directa, como la medición de una distancia con una regla. Otras mediciones son indirectas y se basan en alguna relación funcional conocida (una fórmula) entre un parámetro observado y otro a calcular a partir del mismo (la temperatura mediante la distancia en un termómetro de mercurio, o mediante la resistencia eléctrica en un termómetro electrónico).

Ciencia: lógica, analogía y creatividad

El pensamiento científico es tanto lógico y riguroso como analógico, creativo e innovador. Utiliza diversos modos de inferencia (pasos elementales del razonamiento desde premisas a conclusiones) como la deducción (conclusiones lógicas a partir de premisas con valor de verdad conocido), la inducción (generalización desde premisas particulares a una conclusión universal) o la abducción (selección probabilista de la mejor explicación disponible). Utiliza la analogía para transferir conocimiento a partir de semejanzas entre diferentes dominios: las mismas ideas pueden ser aplicables en múltiples ámbitos. Utiliza la creatividad y la imaginación para generar nuevas hipótesis o conjeturas explicativas en forma de leyes y teorías, y nuevos experimentos u observaciones para comprobarlas.

La creatividad es resultado de la actividad de recombinación y modificación de cosas ya existentes, un proceso de búsqueda en un ámbito nuevo y desconocido. Los artistas, empresarios e inventores también son creativos e innovadores, pero el éxito de sus productos depende de la aprobación estética del público, de las preferencias de los consumidores, o de que sus dispositivos o tecnologías funcionen de forma adecuada. El éxito de la creatividad científica radica en la mayor o mejor capacidad de las teorías, los experimentos y los métodos de tratamiento de datos para obtener, procesar y representar conocimiento acerca de la realidad.

Ciencia: exploración y descubrimiento

El científico es curioso, se pregunta cómo funciona la realidad, quiere saber. La actividad científica es intencional, ordenada, planificada, sistemática, metódica, pero se trata de una actividad de búsqueda o exploración de lo desconocido con riesgos e incertidumbre: el investigador es cuidadoso y presta atención pero no sabe qué va a encontrar y no hay garantías de éxito; a veces funciona el esfuerzo consciente y otras veces funciona la inspiración procedente del subconsciente (el momento ajá o eureka), siendo ambos normalmente necesarios; algunas veces se obtienen resultados valiosos no buscados o inesperados (serendipia).

Los avances científicos son descubrimientos en el sentido de que revelan o muestran algo que ya existía, como una regularidad de la naturaleza (la ley de la gravitación universal, la ley de la relatividad especial), o una entidad desconocida (un elemento atómico, una molécula, una especie de ser vivo, un objeto cósmico). Sin embargo las leyes, modelos o teorías que expresan esas regularidades son invenciones o innovaciones en el sentido de que no han sido expresadas antes de forma explícita: en este sentido el conocimiento científico es construido o producido.

La actividad científica es empresarial, especulativa, creativa e innovadora. Si el criterio del éxito del empresario en el mercado es la obtención de beneficios o pérdidas según su acierto al prever las preferencias de los consumidores, el criterio del éxito del científico emprendedor es la obtención de nuevo conocimiento interesante y relevante sobre la realidad.

Epistemología y método científico

La epistemología estudia la adquisición y fundamentación del conocimiento. La actividad científica se basa en los procesos normales de obtención de conocimiento de los seres humanos, los cuales sistematiza (formalización, metodología científica), amplifica (herramientas, instrumentos) y critica (comprobaciones para verificar o falsificar, corrección de posibles sesgos y errores).

El conocimiento científico se obtiene y comprueba siguiendo el método científico. Algunas aproximaciones clásicas al conocimiento son más filosóficas y lógicas y enfatizan su justificación y su carácter analítico o sintético, a priori o a posteriori. La visión más moderna se realiza desde una perspectiva cibernética, biológica y evolutiva que incluye teoría de la cognición, de la información, de la computación, de la medición y de la representación.

El criterio de demarcación sirve para determinar qué es ciencia y qué no lo es. Algunas actividades que se presentan como científicas en realidad son pseudociencias. La ciencia exige rigor metodológico, replicabilidad, evidencias, y criterios de comprobación del valor de verdad de las proposiciones (verificación o falsación).

El método científico más clásico o filosófico es apodíctico deductivo. Está más centrado en el pensamiento lógico racional y es un sistema de mantenimiento y propagación de la verdad: partiendo de algún axioma necesariamente verdadero y con la ayuda de hipótesis auxiliares se infieren mediante deducción lógica teoremas o corolarios; de premisas verdaderas se deducen con certeza conclusiones verdaderas. Es un método de mantenimiento de la verdad (si no se cometen errores), pero de alcance limitado, incompleto y cualitativo; se utiliza en la praxeología como parte fundamental de la ciencia económica a partir del axioma de la acción intencional.

El método científico natural más moderno y generalizado es hipotético deductivo: se basa en conjeturas y refutaciones, en plantear posibles explicaciones y analizar o comprobar si son verdaderas (provisionalmente) o falsas (criterio de falsabilidad de las proposiciones científicas) directamente o mediante el estudio de sus consecuencias empíricas (consistencia con la realidad observable, validez de sus predicciones observables) o teóricas (consistencia con otras teorías establecidas). Es un método de evitación de la falsedad: se generan proposiciones explicativas y se eliminan las que se descubre que son falsas.

Ciencia y objetividad: sesgos, replicabilidad y rigor metodológico

El conocimiento científico es objetivo o realista en el sentido de que se refiere al objeto real estudiado y su dinámica, y no depende del sujeto investigador y su personalidad: es un conocimiento invariante respecto al sujeto investigador, válido para todos los pensadores u observadores.

La actividad científica intenta evitar posibles sesgos cognitivos o afectivos como problemas de percepción (distorsiones, ilusiones, alucinaciones), errores de razonamiento, o preferencias particulares (intereses, valoraciones subjetivas): un sensor o un instrumento pueden estar mal calibrados o funcionar mal, temporalmente o continuamente; un razonamiento lógico o un cálculo matemático pueden contener algún error; una argumentación puede estar sesgada por el resultado que un individuo quiere o espera alcanzar.

Los errores de observación o pensamiento pueden ser aleatorios o sistemáticos. Los errores que se producen de forma independiente suelen ser aleatorios o no estar correlacionados, de modo que si varios pensadores o instrumentos obtienen el mismo resultado de forma consistente y uno produce una respuesta diferente, probablemente la anomalía o valor atípico es un error. Los errores sistemáticos suceden cuando un aparato o un agente (o una determinada clase de aparatos o agentes) sufren un problema regular, repetido, fallando siempre o frecuentemente de la misma manera (una medida siempre mayor de un instrumento por un error de diseño o fabricación, una falacia lógica que es una trampa sistemática para el pensamiento humano). El conocimiento de la lógica y de la psicología humanas pueden ayudar a evitar sesgos comunes.

Para evitar errores es posible recurrir a comprobaciones múltiples y criterios de consistencia (replicabilidad), separación de funciones entre especialistas, y ocultación selectiva de información para limitar posibles sesgos de confirmación.

El conocimiento científico, como se refiere a una regularidad natural y es invariante respecto al investigador, debe ser replicable, repetible, reproducible: otro investigador en las mismas circunstancias relevantes debe obtener los mismos resultados al razonar, calcular o medir. La replicación puede ser problemática si los efectos son de muy pequeña magnitud (difícilmente distinguibles del ruido), si dependen de circunstanciales difíciles de controlar, o si se trata de fenómenos poco frecuentes.

Las observaciones y los razonamientos se comprueban varias veces y por diferentes personas o equipos de investigación: se repiten las mismas mediciones y cálculos; se utilizan sensores o instrumentos diferentes e independientes (varios sentidos de una misma persona, observaciones de diferentes personas, mediciones con varios aparatos o por distintos grupos); los datos se procesan con distintas herramientas. Las diversas funciones son asignadas a expertos especialistas que conocen mejor los posibles problemas de su tarea.

La ocultación selectiva de información puede ser útil porque el investigador o algún participante en un estudio pueden sesgar o distorsionar el proceso analizado: el dueño de un animal le da una señal inconsciente que hace que parezca que el animal es muy inteligente y sabe realizar operaciones aritméticas; el investigador médico da o quita esperanzas o genera un efecto placebo a un paciente en un ensayo clínico; el conocimiento de la marca consumida (o el precio del producto, o su origen) puede alterar la experiencia en una prueba de degustación; el científico quiere obtener un resultado determinado, o al menos un resultado interesante o llamativo, de modo que enfatiza la evidencia a favor e ignora la evidencia en contra.

Las pruebas rigurosas se realizan con grupos de control (objetos de estudio a quienes no se hace nada, en contraposición con otros sobre quienes se realiza alguna intervención controlada), y con métodos de ciego único, doble ciego o triple ciego, según cómo se oculte la información a las partes involucradas (individuos objeto de investigación, personal que realiza el experimento, científico que analiza e interpreta los datos obtenidos). En una situación ideal un investigador propone un experimento para comprobar una hipótesis, otro realiza el experimento sin saber para qué es, y otro analiza los datos sin saber cuál es el resultado esperado o deseado.

En una prueba controlada aleatorizada los diferentes tratamientos o intervenciones (tratamientos médicos, intervenciones educativas, ayudas sociales) son asignados al azar a los sujetos investigados de modo que los distintos grupos de tratamiento sean estadísticamente equivalentes y no estén sesgados.

El rigor metodológico incluye una planificación transparente y detallada del proceso de investigación y de los criterios de decisión durante el mismo: predeterminación o especificación anticipada de la muestra a utilizar (tamaño y composición), de las mediciones a realizar, de los criterios para considerar una medición satisfactoria o no, del proceso de tratamiento de los datos obtenidos. El investigador se compromete mediante la especificación previa del procedimiento experimental: cuántos datos obtener, en qué circunstancias, cómo van a ser procesados, cómo se decide si un dato es válido o erróneo. El investigador debe hacer pública toda su actividad y sus resultados aunque no aparezca nada interesante o novedoso o no se obtengan los resultados esperados o deseados.

Los investigadores y las revistas científicas tienden a publicar artículos llamativos o novedosos en lugar de estudios con resultados nulos o ambiguos. Son relativamente escasos los estudios orientados a comprobar resultados de otros investigadores. Es un problema serio la realización de pruebas hasta que se obtiene un resultado interesante, deseado, o estadísticamente significativo, publicando únicamente el ensayo exitoso y ocultando los fracasos (sesgos de selección, del éxito o del superviviente): es algo especialmente grave en ensayos clínicos, y muy típico de las pseudociencias (carentes de rigor metodológico).

Algunos resultados de investigación sorprendentes o anómalos (partículas más rápidas que la luz, precognición, observación de fenómenos paranormales en parapsicología) suelen ser resultado de falta de rigor en los procedimientos científicos; los problemas no suelen ser obvios ya que la actividad científica es frecuentemente muy compleja. Los incumplimientos del rigor metodológico pueden deberse a torpeza o a actitud fraudulenta: no todos los científicos son igualmente competentes, y algunos pueden recurrir a hacer trampas para avanzar en su carrera profesional.

Objetividad, sujeto investigador y objeto de investigación

Que el conocimiento científico sea objetivo no significa que la ciencia no considere el papel del investigador como pensador, observador y experimentador. La ciencia no solo estudia la realidad en general, sino que también puede estudiar el subconjunto de la realidad en el cual los investigadores intentan conocer esa realidad y a sí mismos y a sus procedimientos de adquisición y procesamiento de información: es posible hacer ciencia (o filosofía) acerca del propio proceso científico.

La ciencia más avanzada tiene en cuenta que toda observación implica algún punto de vista o perspectiva y algún tipo de interacción o interferencia entre el sujeto observador y el objeto observado: sin embargo estos problemas son comunes para todos los sujetos investigadores en las mismas circunstancias, de modo que pueden estudiarse de forma objetiva (objetividad de la interacción entre el investigador y lo investigado).

La experimentación implica una alteración controlada del objeto estudiado por parte del investigador. La medición implica alguna interacción que puede alterar, aunque sea mínimamente, el objeto observado (posible interpretación del principio de incertidumbre en mecánica cuántica; transferencia de energía de un sistema al medir su temperatura). Los resultados de las mediciones físicas pueden cambiar según el sistema de referencia empleado (observaciones en física relativista).

En algunos ámbitos científicos los objetos estudiados son sujetos que pueden alterar su conducta al darse cuenta de que están siendo observados (reactividad): los animales pueden ponerse nerviosos al percibir al investigador como una amenaza. Este problema es especialmente grave en ámbitos como la psicología porque los objetos de estudio son seres humanos con capacidades cognitivas y afectivas: pueden ser conformistas e intentar satisfacer las expectativas del observador; pueden preocuparse por su imagen pública y actuar de forma diferente a cuando no se sienten observados; o pueden hacer trampas, mentir, engañar, o burlarse del investigador.

En las ciencias humanas un investigador puede actuar simultáneamente como sujeto y objeto de investigación mediante la reflexión, la introspección o la observación de sí mismo: este acceso directo puede parecer ventajoso para ciertos fenómenos, pero puede tener problemas de sesgo de perspectiva, autoengaño y parcialidad.

Escepticismo científico y racionalidad crítica

La actitud científica ideal es escéptica: el científico no es crédulo, no se cree sin más lo que le cuentan sino que exige evidencia empírica y consistencia lógica. Las afirmaciones más inverosímiles, extrañas o sorprendentes requieren más evidencia y mejores argumentos para ser aceptadas. Todas las proposiciones pueden ser sometidas a críticas y análisis minuciosos para intentar demostrar sus errores o falsedad. Es posible cuestionar la competencia, fiabilidad o veracidad de las fuentes de información: la gente miente, se equivoca, exagera, distorsiona, tiene memorias falsas.

Algunos científicos pueden ser ingenuos y fáciles de engañar cuando tratan con embaucadores especializados en estafar a la gente: en el mundo de las pseudociencias abundan los charlatanes, los timadores y los investigadores poco competentes o incautos.

El científico no respeta ningún principio de autoridad: las proposiciones o teorías son ciertas o falsas por sí mismas y no según quién las diga o defienda. El científico reconoce la experiencia y el prestigio en otros investigadores según los resultados de su trabajo: no todos los individuos son igualmente competentes, y algunos son especialmente brillantes en sus ámbitos de especialización. Posibles problemas con el prestigio científico son la transferencia indebida de la reputación de un investigador a sus opiniones en un ámbito que no domina (efecto halo), y el bloqueo del progreso científico por pensadores influyentes incapaces de reconocer sus errores o aceptar ideas nuevas.

Los científicos son agentes limitados e imperfectos que pueden cometer errores en sus datos y en sus teorías, en sus observaciones y en sus ideas. De forma provisional, y pendiente de más comprobaciones, el científico puede confiar en el buen funcionamiento de sus sentidos, de su mente y de su instrumental, y puede presuponer honestidad y competencia en el trabajo de otros científicos. Pero esta confianza provisional y crítica es muy diferente de la fe sin pruebas o de la creencia en lo absurdo típicas del ámbito religioso, que de hecho suelen asumirse de forma acrítica como señales sociales de pertenencia, conformidad y lealtad. El científico duda, es prudente en sus juicios y no dogmático.

Las intuiciones no constituyen evidencia científica: las intuiciones son formas de aparente conocimiento directo de algo sin intervención del razonamiento consciente, de modo que su mecanismo generativo inconsciente no se puede comprobar; pueden ser engañosas pese a su presunta claridad, y en algunos ámbitos la realidad es profundamente antiintuitiva (mecánica relativista y cuántica, evolución biológica, órdenes espontáneos de los mercados libres). Las intuiciones pueden servir para tomar decisiones automáticas rápidas y eficientes sin pensar demasiado en ellas, pero solo funcionan si se ha aprendido lo suficiente como para ser experto en un ámbito.

Las anécdotas personales no constituyen evidencia científica: son casos particulares llamativos difíciles de comprobar, frecuentemente resultado de vivencias de individuos no entrenados para los procedimientos científicos y proclives a los sesgos y al autoengaño; la ciencia requiere datos exhaustivos obtenidos y procesados con rigor.

Ciencia: progreso y crítica, cooperación y competencia

La investigación científica es progresiva y crítica: acumula y aprovecha los resultados previamente generados (no hay que empezar todo desde cero), y comprueba su calidad mediante la crítica para depurar, corregir o eliminar posibles errores y así poder construir sobre fundamentos sólidos. Los datos y las teorías científicas se comunican (por lo general de forma pública) y se revisan, discuten o debaten en artículos, libros y conferencias.

Los investigadores cooperan y compiten. Los científicos cooperan porque comparten su conocimiento, se apoyan unos en otros, e incluso pueden coordinar expresamente su trabajo en grupos de investigación; los investigadores conectan su trabajo con el de otros científicos mediante citas y referencias; la actividad científica requiere de una formación previa mediante la cual se estudian los métodos y los resultados de otros científicos; los estudiantes aprenden de maestros más experimentados y trabajan con ellos. Los científicos compiten porque intentan ser los mejores, los primeros en descubrir y publicar un resultado, o se esfuerzan por mostrar los problemas o errores de los trabajos de otros investigadores.

La crítica científica es muy necesaria pero es problemática por diversos motivos: los científicos son seres humanos preocupados por su reputación y su capital intelectual, y seguramente no les gusta que otros demuestren que se han equivocado; las críticas pueden entenderse como ataques personales de enemigos; el sesgo de confirmación es muy fuerte en muchas personas incapaces de reconocer errores o cambiar de opinión; en el ámbito científico los grupos humanos se conforman como escuelas de pensamiento basadas en la adopción de ciertas ideas, y su crítica puede ser interpretada como una deslealtad o un ataque al grupo.

Referencias

Philosophy of Science: A Very Short Introduction, de Samir Okasha

The Structure of Scientific Revolutions, de Thomas S. Kuhn

The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the Dark, de Carl Sagan

Unweaving the Rainbow: Science, Delusion and the Appetite for Wonder, de Richard Dawkins

What We Believe but Cannot Prove: Today’s Leading Thinkers on Science in the Age of Certainty, de John Brockman (ed.)

This Explains Everything: Deep, Beautiful, and Elegant Theories of How the World Works, de John Brockman (ed.)

This Idea Must Die: Scientific Theories That Are Blocking Progres, de John Brockman (ed.)

This Will Make You Smarter: New Scientific Concepts to Improve Your Thinking, de John Brockman (ed.)

Know This: Today’s Most Interesting and Important Scientific Ideas, Discoveries, and Developments, de John Brockman (ed.)

Sobre los límites de la ciencia ver Impossibility: The Limits of Science and the Science of Limits, de John D. Barrow

Sobre la importancia de la analogía en el pensamiento, ver Surfaces and Essences: Analogy as the Fuel and Fire of Thinking, de Douglas R. Hofstadter

Sobre la naturaleza descriptiva o prescriptiva de las leyes, ver “Leyes descriptivas o prescriptivas”, de Francisco Capella


Escuela austriaca, ciencia, filosofía y teología

10/03/2015

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La escuela austriaca de economía (o al menos algunos de sus miembros) tiene ciertos problemas de falta de fundamentación o conexión con otras ciencias naturales y humanas, y de apoyo en ideas filosóficas o teológicas erróneas.

La escuela austriaca se basa en el axioma de acción intencional, y construye y desarrolla su teoría praxeológica mediante inferencias deductivas e hipótesis auxiliares. También enfatiza el carácter empresarial, creativo e innovador de los seres humanos, y la posibilidad e importancia de los órdenes espontáneos que emergen de forma evolutiva sin necesidad ni posibilidad de planificación o diseño.

La acción intencional y la racionalidad se valoran como lo esencial y distintivo de la naturaleza humana, ignorando que otros animales también actúan intencionalmente, que todos los seres vivos procesan información y toman decisiones mediante algún sistema de control cibernético, y que hay otros fenómenos importantes peculiares a los humanos (emociones, sentimientos morales, lenguaje, consciencia, imaginación, pensamiento simbólico, recursivo y analógico).

La acción no intencional (reacciones, hábitos) no se estudia o incluso se desprecia como algo irrelevante o no interesante, como si no fuera algo relevante para la economía, como si no tuviera costes y consecuencias o estos no importaran. El praxeólogo tiene una visión restringida y limitada de la ciencia económica, y esto empobrece y dificulta su comprensión de la realidad individual y social.

Parece que algunos economistas austriacos (o tal vez aspirantes a ello) tienen un sesgo que les lleva a estudiar sólo ciertas cosas que pueden entender con facilidad y sin mucho esfuerzo, que no les obligan a salir de su zona de confort, y que les permiten realizar rotundamente afirmaciones categóricamente ciertas (deducciones a partir de axiomas tautológicos irrefutables) sin notar que son muy imprecisas o vagas. Además muchos creen ser muy hábiles con la lógica cuando en realidad su nivel al respecto es bajo y sus argumentaciones son endebles y fácilmente criticables.

La acción intencional es considerada por algunos como un fenómeno o presupuesto irreductible: no sólo no es necesario investigar sus fundamentos, sino que además es imposible porque presuntamente la mente humana no puede comprenderse a sí misma; las ciencias naturales no tienen nada interesante que decir al respecto (y esto puede afirmarse sin tener conocimientos de ciencias naturales).

La falta de conexión con las ciencias físicas y biológicas y con otras ciencias humanas como la psicología puede deberse a falta de capacidad o voluntad: hay cosas difíciles de aprender (para la gente de letras la ciencia es difícil) o simplemente no interesan (los gustos son subjetivos, uno prefiere enfatizar los argumentos para los cuales tiene un cierto capital intelectual, o es mejor ignorar ideas con consecuencias incómodas o incompatibles con otras creencias).

Esta desconexión puede tener consecuencias nocivas, como intentar fundamentar la praxeología con ideas erróneas, absurdas o falaces que dañan la reputación de la escuela austriaca como ciencia económica. Ciertos errores podrían evitarse con una actitud menos autista y sectaria y más abierta a otros ámbitos del conocimiento.

Algunos pensadores recurren a la filosofía, la teología o la religión como posibles fundamentaciones de la escuela austriaca. La conexión teológica puede hacer a la escuela austriaca más popular entre los creyentes religiosos, pero al precio de destruir su fundamentación científica.

Los problemas con los fundamentos se revelan al tratar el problemático y generalmente mal entendido fenómeno del libre albedrío como si fuera generado por un alma inmaterial. Además se entremezcla el ámbito psicológico o económico con la noción de libertad como ausencia de agresión y respeto al derecho de propiedad (ámbito moral, ético o jurídico). Se confunden la capacidad psicológica, cognitiva y emocional del individuo para decidir, con las circunstancias sociales, jurídicas o políticas de presencia o ausencia de coacción. Parece que sólo podemos justificar ser libres para elegir si previamente somos libres para elegir.

La empresarialidad y la creatividad también pueden tratarse de forma romántica, épica o lírica, o considerarse como algo no natural que requiere algo más, tal vez místico o mágico, quizás una intervención sobrenatural no accesible a la explicación científica.

En lugar de tener curiosidad e interés por aprender, algunos se ofenden cuando la ciencia les demuestra que están equivocados. Resulta fascinante observar a personas sin apenas formación ni experiencia científica (juristas, por ejemplo) criticando a otros que tal vez sí la tengan de cientificistas (o cientistas, o cientifistas) o positivistas: los abusos o errores del método científico son posibles, y las críticas pueden ser acertadas, pero conviene que las haga alguien con cierto nivel de conocimiento y preparación y sin alergia a la ciencia.

El positivismo surge como sana reacción realista y crítica contra el moralismo religioso y las metafísicas de inspiración teológica o sobrenatural, con escaso o nulo contenido empírico, sin observaciones ni datos, cargadas de lastres ontológicos y epistémicos como el principio de autoridad de las escrituras y los sabios del pasado, el creacionismo, las jerarquías y categorías estáticas e inmutables del ser, los seres necesarios o dioses como creadores y soporte de la realidad contingente, o la obtención de conocimiento mediante revelación divina.

La teología es el intento fallido de racionalizar y solemnizar los absurdos de la fe religiosa (creaciones, milagros, trinidades, virginidades, ascensiones, revelaciones, resurrecciones) sin reconocer que son absurdos: son funcionales en parte porque son falaces, engañosos, arbitrarios, y pueden servir como señales dogmáticas para identificar y cohesionar individuos en grupos poderosos.

La teología fuerza la racionalidad para que diga lo que la fe quiere oír: es proyección de sesgos y abuso de intuiciones (de patronicidad, intencionalidad o comunicación, o sea ver patrones, intenciones o significado donde no los hay). Es humillarse ante un presunto misterio omnipotente e inaccesible en lugar de aceptar que la realidad natural es todo lo que hay y que la muerte es definitiva e irreversible. Es como tomarse un chiste en serio e intentar entenderlo, probablemente por falta de sentido del humor, sin darse cuenta de que es una broma.

Las mentes humanas surgen de la evolución biológica y cultural en un entorno social: la mente se construye en interacción con otras mentes. Una sola mente individual no puede representarse completamente a sí misma, igual que una imagen finita no puede contenerse a sí misma sin simplificaciones: pero la comunidad de mentes científicas sí puede entender, progresivamente con mayor detalle, qué es y qué hace la mente humana, por qué existe, para qué sirve y cómo funciona.

El ser humano es especial, pero no tan especial como para violar o superar las leyes naturales. El libre albedrío como capacidad de elegir entre alternativas no tiene nada de misterioso, mágico o sobrenatural: el cerebro es una máquina cibernética cuya función es obtener y procesar información, conocer y reconocer la realidad, imaginar posibilidades y elegir entre alternativas para así dirigir o controlar la conducta del organismo; funciona según leyes físicas, químicas y neurológicas deterministas (con posibles dosis de aleatoriedad o indeterminismo) sin necesidad de invocar almas o espíritus directores. Los individuos pueden tomar decisiones diferentes porque son diferentes o su estado interno es distinto, o porque las circunstancias externas de la elección no son las mismas.

Que el cerebro sea una máquina determinista no quiere decir que sea predecible o controlable en detalle, pero esto se debe a su complejidad y a la del entorno. Tampoco significa que sea una máquina inmutable, que no puede transformarse, aprender, cambiar de opinión o de preferencias: es un sistema adaptativo que puede evolucionar, modificarse a sí mismo y cambiar sus algoritmos de funcionamiento.

El orden complejo de la realidad natural emerge espontáneamente de forma evolutiva y autoconsistente sin necesidad de entidades sobrenaturales que lo creen o mantengan. El socialismo es imposible porque no existen, ni pueden existir, líderes omniscientes, omnipotentes y benevolentes que generen y sostengan el orden social. El creacionismo es imposible por el mismo motivo.

Un individuo inseguro o ignorante puede reclamar un dictador benevolente que imponga el orden en la sociedad: también puede inventar o creer en un agente divino para explicar el orden universal. No hay gobernantes capaces de generar de forma centralizada órdenes armoniosos mediante la imposición coactiva de leyes prescriptivas; no hay dioses responsables de garantizar las regularidades naturales expresadas mediante leyes descriptivas.


Fríos, escándalos y errores

16/02/2010

Artículo en La Gaceta.


Notas sobre economía de la ciencia

13/08/2008

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El conocimiento humano tiene características peculiares en comparación con otros factores de la acción humana respecto a su extinción por consumo, la rivalidad en el consumo y la dificultad de exclusión de beneficiarios.

El conocimiento humano no se gasta con el uso sino que por el contrario en muchos ámbitos el uso perfecciona el conocimiento, lo fija en la memoria de forma más persistente, lo precisa y enriquece.

Algunos bienes económicos presentan rivalidad en el consumo: el consumo de una persona imposibilita (o dificulta en mayor o menor grado) el consumo de otras personas. Las ideas consideradas como patrones inmateriales de información no parecen presentar este problema, ya que el hecho de que una persona utilice una idea no imposibilita que otra persona utilice la misma idea. Pero lo que existe en la realidad y se utiliza como medio para la acción son representaciones concretas de ideas abstractas, las cuales pueden ser relativamente fáciles de copiar pero siempre son escasas en mayor o menor grado: el uso de una copia concreta por una persona excluye su uso por otros.

Algunos bienes económicos presentan dificultades de exclusión de beneficiarios no dispuestos a pagar: el vendedor no puede controlar que sólo los compradores que paguen disfruten de su producto. En ocasiones los generadores de conocimiento intentan beneficiarse del mismo controlando su difusión, exigiendo un pago a los receptores de su información; pero cuando el originador de un mensaje lo comunica transmite una copia del mismo que el receptor puede en principio volver a transmitir a otros sin la colaboración del creador.

Que la copia de ideas sea en general fácil y barata no implica que su utilización y aprovechamiento también lo sea. Algunos memes, especialmente relacionados con el arte y el entretenimiento (canciones, historias), pueden copiarse y disfrutarse con mucha facilidad sin conocimientos especiales. Muchas ideas científicas y tecnológicas son complejas y sofisticadas: disponer de una representación de la información no es suficiente para entenderla y asimilarla, es necesario dominar previamente otras ideas relacionadas con un alto nivel de maestría. Cantidades ingentes de información técnica y científica están disponibles a muy bajo coste pero pocos seres humanos en cada ámbito tienen la formación intelectual y profesional requerida para ser capaces de distinguir los elementos relevantes para sus intereses y aprovecharlos.


Acción intencional, memes y ciencia

19/06/2008

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La psicología evolucionista explica la estructura y funcionalidad de la mente humana como una sociedad de agentes especializados que constituyeron adaptaciones útiles para la resolución de problemas relacionados con el éxito en la supervivencia de los ancestros humanos en su entorno vital. Rasgos esenciales de la mente humana son la capacidad de acción intencional, la producción y transmisión de cultura y la coordinación social mediante el lenguaje.

Un agente intencional diseña mentalmente un plan de actuación basado en sus deseos y su conocimiento de la realidad; el plan es una estructura de acciones intermedias a partir de un estado inicial cuya ejecución conduce a un estado final deseado; la acción intencional persigue los objetivos subjetiva y relativamente más valiosos, utiliza medios escasos y puede fallar; los medios utilizados son bienes naturales, bienes de capital (herramientas previamente producidas) y la propia capacidad de trabajo del ser humano. La capacidad de acción humana se incrementa si dispone de más y mejores herramientas y conocimiento acerca de la realidad (tanto generalidades teóricas como concreciones empíricas).

El ser humano es capaz de imitar conductas ajenas y de este modo puede aprovechar las innovaciones exitosas de otros sin tener que aprender todo por sí mismo. La producción y copia de patrones de información genera los memes (las ideas estudiadas como reproductores) y la cultura. El lenguaje es un sistema memético que sirve como vehículo de expresión de ideas y herramienta de coordinación social. Algunos memes objetivos se utilizan para representar la realidad y expresar conocimiento; la ciencia es un sistema de obtención y comprobación metódica de información sobre la realidad; la tecnología aprovecha el conocimiento científico y lo incorpora en herramientas utilizables para la acción humana.

El conocimiento otorga poder. El ser humano es instintivamente curioso, desea aprender nuevas cosas, descubrir, inventar. La investigación como exploración de lo desconocido es una acción intencional peculiar, ya que el estado final objetivo es imposible de concretar con precisión: se trata de saber más pero no se conoce a priori exactamente el contenido concreto de lo que se va a aprender, es un proceso parcialmente aleatorio de prueba y error (selección de resultados de ensayos cuyos resultados no son perfectamente previsibles). Muchos descubrimientos científicos importantes son consecuencias imprevistas o no intencionadas de diversos programas de investigación, y en ocasiones resultan más de la observación atenta que de la acción planificada.

Los memes alcanzan éxito reproductivo en función de múltiples factores entre los cuales es especialmente importante la utilidad: que la idea tenga aplicación práctica para su portador. El meme es más exitoso si su portador lo comunica y lo comparte con otros; pero en ocasiones el ser humano prefiere mantener secreto su conocimiento para obtener una ventaja competitiva respecto a otras personas, o hacerlo público pero exigiendo derechos especiales sobre su uso (propiedad intelectual, derechos de copia, patentes). Las ideas nuevas no siempre son bienvenidas aunque sean correctas y útiles, ya que pueden amenazar la supervivencia de ideas establecidas atrincheradas como prejuicios en las mentes de sus portadores.

El conocimiento incrementa la capacidad de acción humana, pero esto no implica que sea sistemáticamente beneficioso, ya que la acción puede consistir en destruir o dañar a otras personas o sus posesiones. La valoración de cualquier realidad es subjetiva y relativa: algunas personas pueden preferir la ignorancia (propia y ajena) en ciertos ámbitos; que algo sea valorado positivamente no implica que deba actuarse para obtenerlo, ya que quizás el coste sea excesivo y no merezca la pena.