Tonterías selectas

30/06/2012

Un nuevo contrato para ‘resocializar’ Europa, Bernadette Segol, secretaria general de la Confederación Europea de Sindicatos, e Ignacio Fernández Toxo, presidente de la Confederación Europea de Sindicatos

El sesgo ideológico en el cálculo de los costes laborales y en el conocimiento económico en España de Vicenç Navarro

Sheldon Adelson y el nuevo modelo productivo, de Francisco Rubio Llorente, catedrático jubilado de la Universidad Complutense y director del Departamento de Estudios Europeos del Instituto Universitario Ortega y Gasset

La austeridad que agrava, de Miguel Ángel Aguilar

Sadismo económico, de Ignacio Ramonet

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Recomendaciones

29/06/2012

Nada se arreglará, de Pedro Schwartz

No son 62.000 millones, sino 169.000, de Juan Ramón Rallo

Property Rights Aren’t Always the Libertarian Solution, by Sandy Ikeda

Keynesians stories do not imply Keynesian policies, by Peter Lewin

Otra fórmula de rescate a la banca es posible… y sin dinero público


Francisco Rubio Llorente vs. Sheldon Adelson

28/06/2012

Francisco Rubio Llorente, catedrático jubilado de la Universidad Complutense y director del Departamento de Estudios Europeos del Instituto Universitario Ortega y Gasset, nos instruye, o al menos lo intenta y él cree que lo consigue:

Por si alguien aún lo ignora o lo ha olvidado: Sheldon Adelson es un riquísimo magnate norteamericano cuya inmensa fortuna viene de la explotación de casinos de juego, hoteles y lugares de lo que púdicamente se llama a veces “vida nocturna”, una denominación no del todo exacta porque muchos prostíbulos abren también de día. Es, en definitiva, un empresario destacado, tal vez el mayor del mundo, de lo que en tiempos más serios, o puritanos, o mojigatos, o hipócritas (ponga el lector el adjetivo que mejor le cuadre) se llamaba en España la industria del vicio.

De forma bastante torpe insinúa que Sheldon Adelson se dedica al proxenetismo y al negocio de la prostitución, o sea a la industria del vicio. Y el vicio, naturalmente, es algo malo y rechazable. ¿O acaso está usted a favor del vicio? Entonces es usted malo. Quizás tan malvado como Newt Gingrich, que recibió donaciones de Adelson, y que para Rubio Llorente es “el más siniestro de los en general poco atractivos candidatos republicanos”: no se le notan nada sus preferencias y prejuicios políticos, escribe desde la más absoluta imparcialidad.

Este ex-catedrático no parece entender muy bien el problema del uso del término “liberal”, que en español se refiere a un liberal clásico pero que en inglés norteamericano se refiere a un socialdemócrata:

Su postura política se identifica con lo que en la Europa de hoy se suele llamar liberalismo: una doctrina que propugna la reducción del Estado al mínimo posible y considera perversa su intervención en la sociedad y, sobre todo, en el mercado, pues tanto la una como la otra funcionan mejor cuando menos trabas se pongan a la libertad de sus miembros, aunque con eso queden los débiles a merced de los fuertes: el reino animal del espíritu, que dijo el otro. Algo bien distinto y aun opuesto a lo que los americanos entienden por liberalismo, pues los liberales son allí quienes, como los socialdemócratas (y no solo ellos) en Europa, creen que es misión del Estado intervenir en la sociedad para proteger la libertad de todos, al débil frente al fuerte, las minorías frente a la mayoría, y junto a ello, reducir las diferencias en cuanto sea posible hacerlo sin incrementar la pobreza.

Los americanos entienden lo mismo que los europeos por liberalismo: pero “liberalism” en inglés no se traduce como “liberalismo” en español, sino como “socialdemocracia”. Y el socialdemócrata, por mucho que pretenda proteger la libertad de todos, en realidad la viola sistemáticamente; no protege al débil frente al fuerte ni a las minorías frente a las mayorías; fomenta la envidia y dificulta la generación y distribución de riqueza. Es el liberal de verdad, algo que Rubio Llorente no es en absoluto, quien insiste en la propiedad privada y el principio de no agresión como defensas de los débiles frente a los fuertes.

Sheldon Adelson se ha fijado en España para la expansión de su negocio:

Para nuestra vergüenza y nuestra desgracia, creemos algunos.

Para vergüenza de Rubio Llorente y otros no identificados no hace falta que Adelson se instale aquí: basta con que siga escribiendo artículos tan lamentables, en los que se refiere a la pugna entre comunidades autónomas como “cateta y desvergonzada”. Si es que son tontos con boina carentes de escrúpulos, y necesitan a un personaje dotado de superioridad moral para juzgarlos.

Con todas sus pegas, protestas y acusaciones, sorprende su afirmación de que:

Si el negocio fuera exclusivamente privado, nada habría que objetar.

Pero es que al parecer no es un negocio exclusivamente privado. Hay que fijarse en “el significado que cabe atribuirle en la cacareada búsqueda de un nuevo modelo productivo”. Vamos, que la economía española se va a volcar toda ella al juego y las orgías de pago. Si con ello al menos se eliminaran los subsidios a todos los demás sectores protegidos…

… nadie hasta ahora había considerado que estas actividades ocupasen un lugar mínimamente significativo en nuestro modelo productivo y, menos aún, se había confiado en ellas para salir de nuestros males.

… con su presencia entre nosotros, el turismo, que durante mucho tiempo seguirá siendo parte de nuestro modelo productivo, ya no ofrecerá sobre todo sol y playas, sino casinos y burdeles.

A partir de ahora el turismo en España se asociará sobre todo a casinos y burdeles, y el sol y la playa serán algo marginal. Qué vergüenza. Y qué pesadez con lo de los burdeles, que no parecen figurar, al menos explícitamente, en el negocio de Adelson. Pero quizás acusarle de fomentar la ludopatía no sea suficiente para escandalizar al personal.

Todo esto, según Rubio Llorente, es “incompatible me parece con la moral pública. O más precisamente con el ideal público de la moral”. Ideal que naturalmente él decide y amablemente nos comunica su parecer. Si es que hay mucha gente públicamente inmoral, o que les va más lo real que lo ideal, o que tienen sus propios ideales. Y no puede ser.

Exte excelente pensador también se permite analizar las causas profundas de la actual crisis: “la codicia de muchos empresarios, la incapacidad de no pocos políticos y la mala cabeza de todos”. La mala cabeza de todos, fíjese. Que él la tiene bastante mal está claro, pero no entiendo cómo es capaz de saber que todos los demás están igual de perjudicados…


Tonterías selectas

27/06/2012

Condiciones leoninas, de Antonio Estella

Carta abierta a los mineros de un profesor-obrero, de Julián Jiménez

Viñeta de Ramón

Qué esperar de la supercumbre del euro, de Federico Steinberg

El mayor problema de España no es ni el déficit ni la deuda, de Vicenç Navarro


Recomendaciones

27/06/2012

Deceit and Self-Deception by Robert Trivers – review (1)

Deceit and Self-Deception by Robert Trivers – review (2)

The evolution of deceit

Germany the Euro Winner? Hardly

Experience is the Teacher of Fools

According to an interesting study of the 775 fiat currencies that have existed, 599 are no longer in circulation. The median life expectancy for the defunct currencies? Fifteen years. Perhaps the author was being unfair by focusing solely on the failures. Sadly no, the average life expectancy of all fiat currency is running at a truly underwhelming 34 years.


Leyes descriptivas o prescriptivas

27/06/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

– Leyes descriptivas: leyes del movimiento de Newton, leyes de Kepler sobre el movimiento planetario, ley de la gravitación universal, ley de Coulomb sobre la interacción eléctrica, leyes del electromagnetismo, leyes de conservación (energía, momento lineal, momento angular), ley de acción de masas (velocidad de reacciones químicas), leyes termodinámicas (energía, entropía, trabajo), leyes de Mendel (genética), leyes de funcionamiento de un organismo vivo, leyes praxeológicas, leyes económicas de formación de precios en el mercado libre (oferta y demanda), ley de la utilidad marginal decreciente, principio de imposibilidad del socialismo, relación entre beneficio y riesgo de una inversión, etc.

– Leyes prescriptivas: constitución, mandamientos religiosos, código penal, leyes fiscales y presupuestarias, código civil, código mercantil, código de comercio, ley hipotecaria, ley contractual, derecho canónico, derecho militar, derecho natural, derecho internacional, derecho administrativo, reglamentos, regulaciones, convenios, cláusulas contractuales, reglas de juegos y deportes, etc.

Las leyes descriptivas representan cómo es el orden de la realidad: las regularidades presentes en la naturaleza o en el ámbito humano se expresan de forma abstracta mediante proposiciones que establecen relaciones estables entre diferentes entidades o procesos. Estas relaciones pueden ser cuantitativas (ecuaciones) o cualitativas, igualdades o desigualdades, exactas o de tendencia. Las regularidades más simples, fundamentales o profundas generan de forma emergente regularidades más complejas a diversos niveles: de la física a la química, a la biología, y a la cognición, la economía, la moral y el derecho.

Las leyes prescriptivas (o proscriptivas) son normas que regulan la conducta de los agentes afectados por las mismas, indicando qué es obligatorio y qué está prohibido, qué se debe hacer y qué no se puede hacer. Utilizan alguna descripción de la realidad (estados, procesos, acciones) y le añaden un operador lógico deóntico: obligación o prohibición. Estas leyes no pretenden describir el comportamiento de los individuos sino influir sobre él, condicionarlo y ordenarlo mediante incentivos como premios (recompensas) o castigos (sanciones, penas, daños); son advertencias acerca de qué conductas no son aceptables y qué consecuencias pueden esperar quienes las realicen. Las sanciones pueden imponerse mediante el uso de la fuerza o mediante amenazas de exclusión (expulsión de un colectivo, boicoteo).

Las leyes prescriptivas cuyo cumplimiento es adecuadamente supervisado y controlado (policías, jueces) permiten generar expectativas de conducta fiables: los agentes regulados tenderán de forma previsible a hacer lo obligatorio y a no hacer lo prohibido. Ciertas leyes prescriptivas y sus sistemas de vigilancia asociados pueden generar órdenes explicitables mediante leyes descriptivas. Sin embargo algunos sistemas jurídicos pueden ser destructivos o imposibles de cumplir.

Todas las leyes se expresan mediante algún lenguaje natural o formal. El lenguaje puede utilizarse para describir la realidad, para transmitir información sobre el mundo: datos (hechos concretos), o leyes que representan las regularidades que los conectan, lo que tienen en común. El lenguaje también se utiliza para coordinar las acciones de los individuos, dando órdenes imperativas o estableciendo las reglas para la convivencia o para la realización de tareas colectivas.

La vinculación entre los fenómenos presentes en una ley descriptiva está basada en la causalidad. El comportamiento ordenado de la naturaleza no depende de que sus regularidades se describan mediante leyes, ni de la voluntad o la conciencia de un agente cognitivo. El orden natural es espontáneo y no necesita a ningún legislador o creador que lo origine o mantenga. El conocimiento de las regularidades puede alterar la conducta de los agentes cognitivos (la información es relevante para la acción), pero la acción es consecuencia de las leyes naturales más elementales, las cuales no puede violar ni determinar (la voluntad y la conciencia son resultado de las regularidades fundamentales y no su origen o fuente).

Las leyes prescriptivas requieren agentes cognitivos que las produzcan y apliquen para regular la conducta, y pueden ser diferentes para distintos grupos humanos. La determinación de qué actos son ilegales y cuál es su sanción depende de la voluntad de quienes establecen las normas y pueden hacer que se cumplan: un individuo que quiere regular su propia conducta o que pone condiciones para el uso de su propiedad; las partes contratantes que pactan cláusulas y penas por incumplimiento; los legisladores o gobernantes. Las leyes prescriptivas tienen alguna fuente o autoridad que las promulga y supervisa, y unos sujetos afectados a quienes se aplican. Un agente o un colectivo son autónomos si se dotan de sus propias leyes, y heterónomos si las reciben de otros.

Las leyes descriptivas son propias del ámbito de la ciencia positiva; las leyes prescriptivas pertenecen al ámbito de la moral y el derecho. Las leyes descriptivas pueden ser verdaderas o falsas, dependiendo de si se corresponden o no correctamente con la realidad que pretenden representar. Las leyes prescriptivas no son verdaderas o falsas sino útiles o no (para los objetivos que se pretendan con su implantación), justas o injustas, legítimas o ilegítimas, vigentes o no vigentes. Es posible hacer una ciencia moral y jurídica con leyes descriptivas acerca de las respectivas leyes prescriptivas en ambos ámbitos: la ciencia jurídica describe cómo el derecho prescribe; la ética o filosofía moral estudia los sentimientos morales.

Las leyes descriptivas y prescriptivas son proposiciones generales que se refieren a múltiples casos concretos (no son necesariamente universales sino que tienen algún ámbito de validez o condiciones de aplicación). Las leyes descriptivas pueden fallar si no describen correctamente la dinámica de la realidad que representan: un suceso particular no cumple la ley que presuntamente lo determina. Las leyes prescriptivas pueden ser incumplidas si los agentes desconocen su existencia (no están informados sobre las leyes vigentes) o si la expectativa del castigo no es suficientemente disuasoria: un sujeto asume el riesgo del castigo y realiza un acto ilícito.

La ciencia económica permite estudiar las leyes prescriptivas, sus problemas, limitaciones y consecuencias, e ilustrar cómo algunas son perjudiciales. Las capacidades cognitivas humanas son limitadas, y además son comunes el engaño y la manipulación: el conocimiento de la realidad es imperfecto, y las normas que rigen un grupo pueden ser contrarias a su supervivencia y desarrollo; a menudo las leyes se utilizan como herramientas para la dominación, el parasitismo o la depredación, favorecen a unos a costa de otros. Los marcos institucionales estatistas pretenden conseguir un orden que supere al presunto caos del mercado y la sociedad libre, pero en realidad dificultan la coordinación social. El auténtico derecho emerge espontáneamente y de forma evolutiva y adaptativa de abajo hacia arriba y no es impuesto de forma planificada, centralizada y coactiva.

Cuando un intervencionista critica las leyes del mercado libre, puede mostrar su necedad acerca de la naturaleza descriptiva de las leyes económicas, o puede manifestar su desacuerdo con normas prescriptivas como el derecho de propiedad, el principio de no agresión y la libertad contractual: es ignorante o violento, y posiblemente ambas cosas.


Recomendaciones

27/06/2012

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Por treinta monedas de plata, por Juan Ramón Rallo