Sobre el derecho a la vida y los derechos naturales, positivos, negativos o subjetivos

29/09/2016

Comentario sobre el artículo de Joaquín Azpitarte en el Instituto Juan de Mariana.

Desgraciadamente este artículo puede incrementar la confusión. No recuerdo si eres jurista además de arquitecto, Joaquín, pero me parece que no; yo tampoco lo soy, pero sí sé lógica deóntica (la relativa a las normas), y con estos términos y conceptos conviene proceder con cuidado, consultando si es posible su significado jurídico técnico.

Lo contrapuesto al derecho natural (iusnaturalismo ético) es el positivismo jurídico (las normas a cumplir son las que emanan de un órgano legitimado para generarlas mediante un procedimiento regulado u otras fuentes reconocidas de derecho, sin necesidad de justificaciones éticas o morales).

El derecho positivo puede referirse a dos cosas: al conjunto de normas vistas por el positivismo jurídico, o al derecho concreto de uno que obliga a otro a una acción positiva (vs. un derecho negativo que sería de no interferencia y no obligaría al otro a dar o hacer nada).

El derecho subjetivo es la facultad de un individuo de actuar legalmente según las normas que le afectan (derecho de un sujeto), en contraposición con las obligaciones que le afectan y con el derecho como conjunto de normas de una comunidad (derecho objetivo).

Un derecho subjetivo no es sinónimo de derecho positivo ni implica un derecho positivo.

Sería todo mucho más fácil y lógico si los juristas utilizaran como conceptos básicos los de obligación y prohibición en lugar del de derecho, que es más confuso y complejo, pero resulta que no es así.

La expresión “tengo derecho a la vida” es perfectamente válida si se interpreta como que los demás no pueden prohibir mi vida o agredirme y matarme, y que tampoco están obligados a mantenerla. Ese derecho puede ser negativo, no tiene por qué ser interpretado como un derecho positivo.

El ejemplo que pones del derecho a no mentir vs. no obligar a decir la verdad (contra sí mismo) es erróneo porque ambas expresiones son parcialmente equivalentes (aquello a lo que tengo derecho (negativo) es aquello que ni está prohibido ni es obligatorio) y no refleja la esencia de la diferencia entre derecho positivo y negativo sino que confunde los significados de derecho, prohibición y obligación.

Los derechos naturales no son los derechos con los que nacemos por el mero hecho de existir: son los que se tienen por tener una naturaleza de sujeto ético pleno (racional y con intereses) que un bebé recién nacido no es.


Recomendaciones

29/09/2016

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Respuesta a Daniel Mondéjar sobre anarcocapitalismo y cuñadismo liberal

29/09/2016

Según Daniel Mondéjar soy “el cuñado del liberalismo”. Escribiendo en primera persona del plural, como si representara a alguien más no identificado (tal vez a “la gran familia de libertarios y liberales” de la que habla), o como si tuviera cierta inseguridad personal y necesidad de apoyos externos, se refiere a mí como “nuestro cuñado” o “nuestro querido ejemplar de ‘cuñadismo liberal’”. Por si no estuviera claro que se trata del insulto despectivo de moda (algo no muy original) lo aclara explícitamente:

Hablamos de ese individuo vivo, locuaz, que con sus discursos y lecciones ameniza los almuerzos y saraos familiares. Habla por los codos, ¡qué digo codos!, hasta por las rodillas, nudillos y todas las articulaciones del cuerpo humano. Habla mucho, demasiado, tanto que no tiene tiempo de pensar lo que dice y suelta lo primero que se le pasa por la cabeza.

O sea un payaso, un bocazas, un idiota que no sabe de qué habla: ¡cuñaaaaaoooo! Alguien a quien insultas y de quien te burlas al mismo tiempo que aseguras, con displicente superioridad, que lo quieres, como se tiene afecto a un pobre tonto: “nuestro querido cuñado”, “mi querido Capella”, “nuestro querido cuñado Francisco Capella”. Alguien a quien no sabes cómo dirigirte porque mezclas de forma confusa e incoherente la segunda y la tercera persona.

Es interesante que mencione lo mucho que hablo, quizás sin saber que el artículo que critica lo escribí precisamente para no extenderme en los comentarios al debate sobre anarcocapitalismo entre Rallo y Bastos en la Universidad de Verano del IJM: no sé si tiene mucho sentido ser “cuñado” por escrito, sin forzar a nadie a leerte y aguantarte, y sin pretender entretener a nadie con gracietas. También se refiere a reuniones familiares en las que no recuerdo que hayamos coincidido porque no lo conozco de nada. Sin embargo él sí parece conocerme íntimamente a mí, tanto que sabe qué pienso y dejo de pensar cuando hablo o escribo: vive dentro de mi cabeza y yo sin saberlo.

Cree Mondéjar que “Es bien digno que se someta a un microscopio toda la relación de disparates que suelta” Capella, refiriéndose a mi artículo Más problemas del anarcocapitalismo. ¿Bien digno? ¿Qué significa eso? ¿Sabe Mondéjar, que es muy de letras, utilizar un microscopio? ¿Está tan mal de la vista que necesita un microscopio para leer e intentar entender lo que escribo? ¿Tiene la inteligencia necesaria como para detectar disparates? ¿Si es tan importante resaltar todos los disparates que presuntamente suelto, por qué luego solamente analiza seis puntos de los diez que hay según sus propias cuentas? ¿Se cansa con facilidad de su “deconstrucción y análisis”?

Nuestro cuñado analiza detenidamente los argumentos a favor del anarcocapitalismo y todas las críticas que él hace.

A ver si aprendemos a pensar y escribir, sobre todo siendo de letras: no tiene mucho sentido lo de “analiza detenidamente… todas las críticas que él hace”; uno suele escribir (sintetizar, pero no en el sentido de resumir) lo suyo propio y analizar lo que escriben o dicen otros.

Y a ver si aprendemos a leer y entender: en mi artículo no pretendo analizar (todos) los argumentos a favor del anarcocapitalismo, sino justamente aquellos en los que veo problemas y de los cuales me he acordado al escribir el artículo (quizás no estén todos). No es en absoluto un análisis exhaustivo acerca del anarcocapitalismo, sus pros y contras.

Sobre el problema del argumento de que no hay gobierno dentro del gobierno, Mondéjar me da la razón. Pero afirma que “No hay anarcocapitalista serio que critique al Estado diciendo que no existe un Estado dentro del Estado”. O sea que Mondéjar conoce a todos los anarcocapitalistas y sabe cuáles son serios y cuáles no y qué defiende cada uno; o plantea un requisito necesario para ser un anarcocapitalista serio; según él Miguel Anxo Bastos no sería un anarcocapitalista serio. Se trata de la falacia del no true scotsman, y curiosamente nada más cometerla me acusa a mí de construir hombres de paja, falacia que se molesta en explicar por si acaso sus lectores no lo saben (me pregunto quién cree que lo lee).

Según Mondéjar yo hago trampa con este argumento, ya que “lo [hago] pasar por un argumento central del anarcocapitalismo”: realmente no ha entendido que en mi artículo hay, entre otras cosas, una lista de argumentos problemáticos sin ningún orden particular, y sin evaluar si son centrales o no. Pero él necesita inventarse que lo veo como un argumento central, “agresivo, fuerte”, para hacerme el héroe triunfador ante un terrible enemigo: “nuestro cuñado-héroe desenvaina la espada contra el fiero enemigo armado y lo vence”.

Sobre el argumento de que la sociedad extensa funciona sin necesidad e Estado, Mondéjar escribe seis largos párrafos donde explica con cierta erudición qué es el anarcocapitalismo, con algunos ejemplos y defensores, todo ello de sobra conocido para cualquiera que conozca el tema. Se hace un pequeño lío al hablar de “las empresas [que] sería (sic) dueñas de un territorio. Este territorio puede ser a modo de comunidad de propietarios”: una comunidad de propietarios es una entidad jurídica caracterizada por colectivizar el disfrute o gestión de unos bienes y servicios comunes, pero no es una empresa que ofrece bienes y servicios a otros.

Su maniobra tramposa en este caso es de distracción de la atención, hablando un buen rato de algo que no era el asunto a discutir, que es la diferencia entre una sociedad extensa y un grupo específico. Yo había escrito esto:

La sociedad extensa no es lo mismo que un grupo delimitado específico: la sociedad extensa está constituida por una multiplicidad flexible de personas, grupos y relaciones entre los mismos, no tiene un interés común, ni fronteras o barreras de entrada y salida; un grupo tiene un interés común para sus miembros, mecanismos de identificación, límites y barreras de entrada y salida, y algún sistema de gobierno para gestionar sus activos comunes y el cumplimiento de sus funciones. Además un grupo sólo puede tener un gobierno centralizado, no puede tener varios potencialmente en conflicto: por ejemplo una comunidad de vecinos o un club deportivo sólo tienen una junta directiva; la naturaleza única o monopólica del gobierno no es una prohibición ilegítima de la competencia sino un requisito funcional.

Según Mondéjar:

Pues aquí llega Capella y suelta: «la naturaleza única o monopólica del gobierno no es una prohibición ilegítima de la competencia sino un requisito funcional». ¿Por qué? Capella no especifica. Simplemente, lo suelta y se queda tan ancho. ¡Típico de cuñados soltar la frase lapidaria sin un argumentario que lo respalde! A ver, Paco, ¿por qué en un territorio determinado no se podría reunir suficientes condiciones para hacer posible que materialmente haya un libre mercado de ordenamientos jurídicos?

Yo me refiero al gobierno de un grupo con una funcionalidad clara y Mondéjar habla de un territorio (quizás no entiende la diferencia): encima corta por la cara gran parte de la explicación y los ejemplos que según él no existen (o quizás es que no le valen como argumentos y por eso los esconde).

Sobre el argumento de que el Estado no existe resulta que yo tengo razón y Bastos se equivoca. Al final va a resultar que no hay tanto disparate por mi parte.

Sobre el argumento de que no hay o no puede haber ningún contrato para legitimar un Estado, Mondéjar cree que me ando por las ramas (quizás su excusa para no esforzarse en entender y analizar los argumentos) y se inventa que creo que “no es necesario explicitar tal contrato social”, naturalmente sin dar ninguna cita para demostrarlo. Este es un tema complejo (incluye la evolución espontánea de las normas en los grupos y todo el contractualismo ético de Rawls), pero lo despacha rápidamente y sin más asegurando que “tal contrato social no existe ni tan siquiera de forma implícita”.

Sobre el argumento de que el Estado no puede determinar qué cantidad y calidad de servicios de seguridad es óptima, Mondéjar me recomienda de forma paternalista que no use términos absolutos, lo cual naturalmente no he hecho, y luego plantea que los colectivos de defensa sean sociedades por acciones: de nuevo no ve la diferencia entre una comunidad de bienes y convivencia (donde no puedes vender tu participación, como mucho puedes irte) y un grupo de socios que se constituye para un proyecto empresarial de prestación de servicios o producción de bienes para terceros.

Sobre el argumento de que la defensa puede ser proporcionada por mercenarios o por asociaciones de entidades políticamente independientes, Mondéjar afirma estar bastante de acuerdo conmigo, pero luego se lía buscando pegas y hablando de ciudades (las cuales yo he mencionado), ejércitos (igualmente) y su posible carácter privado: menciona que Singapur es una ciudad con un ejército, sí, pero resulta que también es un Estado, no es un territorio privado en absoluto.

No sé si el problema de Mondéjar es la falta de inteligencia o la desvergüenza (o tal vez sí lo sé):

[…] es falso pensar que con anarcocapitalismo no habría ejércitos y solo mercenarios y guerrillas. Por último, una guerra puede justificar una organización central mayor entre unidades. Una guerra puede hacer que diversos territorios se unan en una entidad superior para defenderse. Pero, nuestro Estado actual no está justificado por una guerra exterior. Ahora tú te escondes en una patraña, mi querido Capella.

¿He afirmado yo en algún sitio que con el anarcocapitalismo no habría ejércitos y solo mercenarios y guerrillas? ¿He afirmado yo que el Estado actual esté justificado por una guerra exterior? ¿Y acaso no he escrito yo mismo que la guerra provoca las uniones y organizaciones de mayor tamaño? ¿Dónde está la patraña? ¿Sabe Mondéjar lo que es el fenómeno psicológico de la proyección? ¿Cree el ladrón que todos son de su condición?

En sus conclusiones Mondéjar describe de forma muy simplista lo que para él es el anarcocapitalismo (poder elegir) y vuelve a acusarme de ser responsable de una “burda representación”, que naturalmente él se ha encargado de inventar.

Si entiendes, querido cuñado, que el anarcocapitalismo es la sarta de perversiones del economista Murray Rothbard, entonces sí: ¡por favor, que nos conquisten y nos domine un Estado!

Mondéjar no sólo tiene serios problemas con la inteligencia, el rigor y la honestidad intelectual: además tampoco tiene gracia; pero esto último podría ser una apreciación particular mía, un problema subjetivo de falta de sentido del humor.

O quizás, vaya usted a saber… es él el cuñao.


Tonterías selectas

29/09/2016

Francia prohíbe por ley el uso de vasos y cubiertos de plástico

Lula: “No me comparo, pero a Jesucristo también lo persiguieron”

Jorge Alemán: “Es más fácil pensar el fin del mundo que el fin del capitalismo”

Entrevista a Saskia Sassen

Un plan de choque por el empleo y la sostenibilidad social, de Mari Carmen Barrera, secretaria de políticas sociales, empleo y seguridad social de UGT


Respuesta a José Hernández Cabrera sobre el anarcocapitalismo

28/09/2016

José Hernández Cabrera cree que comienzo mal mi artículo Más problemas del anarcocapitalismo porque afirmo que “Independientemente de la corrección o validez de sus ideas, el anarcocapitalismo es una teoría política (o antipolítica) extrema, muy minoritaria, y con un alto porcentaje de fanáticos e ingenuos entre sus seguidores”.

¿Por qué le parece un mal comienzo? Según él:

Mal comienzo sin duda porque la esencia de un debate intelectual, precisamente, es la corrección y validez de los argumentos presentados y no el número de seguidores que tengan ciertas ideas.

No hay duda de que es un mal comienzo: es algo apodíctico, de certeza absoluta; las valoraciones resultan no ser subjetivas. Parece que sólo se puede hablar de las ideas, de su corrección y validez (o incorrección o invalidez), y no de cuánta gente las defiende, qué tipo de gente las defiende, o por qué lo hace: la sociología y psicología de las ideas y la cultura no existen o está mal hablar de ellas; típico de cierto sector austriaco integrista.

No es epistemológicamente aceptable apelar a una pretensión democrática de la verdad, regla que nuestro autor evidentemente olvida cuando se trata de comparar el número de liberales con el de socialistas.

Que Hernández Cabrera pretenda darme lecciones de epistemología me parece un poco atrevido a la par que divertido. Además me acusa de “apelar a una pretensión democrática de la verdad”, lo cual no he hecho en absoluto: se lo está inventando con bastante desfachatez o quizás tiene problemas de comprensión lectora. Lo que he hecho es resaltar que, independientemente de que sus ideas sean verdaderas o falsas, correctas o incorrectas (algo que se analiza en parte luego en el artículo), los anarcocapitalistas son pocos y muchos tienen, a mi juicio por los muchos años que llevo tratándolos muy de cerca, ciertos rasgos de fanatismo e ingenuidad (y no soy yo el único que lo ve así). Y que cuando te equivocas con fanatismo puedes causar graves problemas y quedar en ridículo.

Hace pocas semanas Capella impartió en Málaga una magnífica conferencia TEDx donde afirmaba que la ausencia de libertad –el socialismo– era imposible que funcionara (Mises, 1920), por eso, no entendemos que ahora diga, de otro modo y en otro foro, que un “poquito” de socialismo (minarquismo) sí es posible porque la ausencia total de socialismo (anarcocapitalismo) no es posible. ¿Ustedes entienden esto?

Muchas gracias por su amable buena valoración de mi charla TED. Sin embargo yo no he dicho ni escrito que el anarcocapitalismo no sea posible, ni que el minarquismo sea posible (ni deseable), sino que me he concentrado en ver los problemas que tienen ciertos argumentos de defensa del anarcocapitalismo (como también los tienen los que defienden el minarquismo). En vez de posibilidad o imposibilidad prefiero hablar de dificultades y problemas de implementación concreta.

Además el minarquismo no es un poquito de socialismo: el socialismo es la planificación centralizada y coactiva de toda una sociedad y su economía, la propiedad estatal o pública de todos los medios de producción; el minarquismo sólo insiste en la necesidad de un Estado mínimo para mantener una sociedad ordenada ante ataques externos (defensa) y desórdenes internos (policía, justicia) y defender la propiedad privada y el cumplimiento de los acuerdos contractuales. Hernández Cabrera busca una contradicción donde no la hay.

Cuando di esa misma charla con más calma y tiempo en la universidad de verano del IJM le pedí a la gente que se fijara en un tema importante sobre la oposición o las pegas a la libertad que yo intencionalmente no iba a mencionar pero que es importante: nadie lo vio, o al menos nadie dijo nada al respecto, y es el tema de los bienes públicos, entre los cuales está o puede estar la defensa y el aparato estatal mínimo que los minarquistas insisten que es necesario para el mantenimiento del orden, la gestión de lo común y la provisión de los bienes públicos necesarios.

A la pregunta de si ustedes entienden esto, espero que esos lectores inteligentes que el Herald Post dice tener contesten que sí: una charla TEDx se da en 18 minutos a gente que quizás no haya oído hablar del liberalismo con ninguna profundidad, ni de por qué el socialismo no puede funcionar; una conferencia o un artículo en el Instituto Juan de Mariana tienen otra extensión y otro público con una formación y un contexto compartido muy diferentes.

De todos modos cuando Hernández Cabrera dice que él no entiende algo, yo le creo: quizás deba estudiarlo y pensarlo un poco mejor. Lo que me resulta extraño es que use la primera persona del plural para afirmar que son varios los que no lo entienden: ¿en nombre de quiénes más escribe?; ¿o está simplemente usando un plural mayestático para aparentar que no es él solo quien escribe y no entiende?

Apelando al argumento de Thomas Hobbesel hombre es un lobo para el hombre– Capella opina que el monopolio de la violencia estatal es un mal menor que debemos asumir y, por ello, algunos sectores económicos como Defensa, Seguridad y Justicia deben seguir en manos de un “Gran Lobo” que es más fiable que muchos pequeños lobos actuando libremente en el mercado.

¿Podría Hernández Cabrera señalar alguna cita o referencia mía en la que me base en Hobbes y apele a ese argumento y mencione a los lobos grandes y pequeños? Seguramente no puede porque se lo está inventando, igual que se inventa que yo opine que “la violencia estatal es un mal menor que debemos asumir”. Esa frase es muy distinta de esta otra que tiene más sentido: “tal vez (hipótesis, posibilidad a estudiar, o sea algo no apodíctico) el Estado es un mal menor necesario para sobrevivir como grupo en ciertas circunstancias”. De nuevo esto es un síntoma de serios problemas de comprensión lectora o de construcción de hombres de paja.

Continúa Hernández Cabrera diciendo que no va insistir en “la endeble teoría samuelsoniana de los bienes públicos, externalidades y free riders” como justificación de la existencia del Estado. Sin embargo que esas teorías tengan problemas, que los tienen, no quiere decir que sean totalmente inválidas, que no lo son, y tampoco que los argumentos a favor del anarcocapitalismo no tengan ningún problema, que los tienen. Es interesante cómo repite el ejemplo anecdótico de los fuegos artificiales como si con él se invalidara el asunto de los bienes públicos en todos los casos, al tiempo que evita cuidadosamente tratar específicamente el tema de la defensa… ¡cuando él es o ha sido militar profesional!

Especialmente preocupante es esta frase:

… si la gente demuestra cooperar económicamente, al margen del free rider, en asuntos poco relevantes para su vida, ¿por qué no habría de cooperar en otras cuestiones vitales?

¿Por qué me das una pequeña limosna pero no toda tu riqueza? ¿Por qué me ayudas a llevar esta maleta unos metros pero no con la mudanza de toda la casa al extranjero? ¿Por qué será que salimos con mucha gente pero nos casamos con muy pocos? ¿Por qué te asocias conmigo para un pequeño negocio pero no para uno mucho más grande?

¿Quizás porque los problemas de posibles riesgos, beneficios y costes son muy diferentes? ¿Porque una cosa es dar un poco de dinero y otra jugarte la vida? ¿Porque no se trata de si cooperar o no, sino de qué reglas, sistemas o instituciones de cooperación se usan según las circunstancias, si descentralizados y espontáneos o centralizados y planificados, y cuál es mejor en cada caso?

Sigue Hernández Cabrera protestando (methinks too much):

Lo que resulta inadmisible del artículo de Capella es su elenco de descalificaciones, algo impropio de quien imparte clases de comunicación de las ideas. Es una falacia ad hominem calificar a los ancaps como un grupo de “radicales”, “fanáticos”, “ingenuos”, “fundamentalistas”, “integristas” y “adolescentes inmaduros”.

Antes lo que yo hacía era “epistemológicamente inaceptable”: ahora es inadmisible e impropio; no es que no le guste a él de forma particular y subjetiva.

Me temo que Hernández Cabrera no domina lo que es una falacia ad hominem. Tampoco ha interpretado con cuidado lo que digo de “un alto porcentaje de fanáticos e ingenuos entre sus seguidores” (del anarcocapitalismo): esto obviamente no los incluye a todos, como él parece sugerir, así que cualquiera puede asegurar que él no es de esos o simplemente que no comparte mi opinión. Lo de fanáticos no es necesariamente ningún insulto o descalificación: es simplemente alguien muy apasionado y entregado a algo; igual que lo de radical (que además aparece como adjetivo calificativo de la idea de anarcocapitalismo), que yo lo soy sin duda en muchas de mis ideas. Lo de ingenuos sí que pretende expresar que hay bastantes cosas de las que no se dan cuenta, como él mismo demuestra. Lo de adolescentes inmaduros es una descripción a mi juicio acertada de mucha gente a quienes les falta eso, madurar, desarrollar los lóbulos frontales ejecutivos y reflexionar de forma crítica e imparcial. El integrismo y el fundamentalismo los veo a menudo y llevo muchos años en esto: y no soy el único que los ve y critica.

El anarcocapitalismo, como decía Rothbard, no es otra cosa que llevar los principios de libertad, propiedad y no agresión hasta sus últimas consecuencias lógicas.

Sí, esto es muy obvio, pero conviene hacerlo bien y reconocer sus problemas y limitaciones. Y no sólo usar esa presunta lógica universal e infalible (la misma que lleva a Rothbard, Hoppe, Huerta de Soto y Bastos a la monumental pifia de la crítica a la reserva fraccionaria de la banca), sino también el sentido común, la crítica reflexiva y la observación de la realidad.

Vuelve a equivocarse Capella apelando a una supuesta evolución positiva del pensamiento que discurre desde posturas radicales hacia otras más equilibradas, como si ello fuera sinónimo de “progresismo” intelectual o como si la verdad estuviera en algún sitio intermedio entre ideas opuestas. El hecho es que muchos ancaps no lo fueron en sus tiempos mozos y sólo abrazaron la anarquía de mercado en su madurez intelectual, tal ha sido el caso de Rothbard, Hoppe, Huerta de Soto y Bastos, entre otros. Capella presume de haber “evolucionado” hacia la sensatez y de haber influido (tal vez) en Rallo en este sentido.

Parece obsesionado Hernández Cabrera en conseguir demostrar lo mucho que me equivoco, para lo cual no duda en inventarse lo que haga falta. El pensamiento humano puede mejorar o empeorar con el tiempo, y puede hacerlo radicalizándose o moderándose. Alguna gente madura con la edad, otros chochean o tienen crisis de segunda adolescencia. Yo no presumo de mi evolución o desarrollo (reconocer que uno se ha equivocado tiene su parte de humillación), sino que informo de los problemas que voy viendo, de las cosas que voy aprendiendo, y me critico a mí mismo si hace falta: y sí que me parezco a mí mismo bastante sensato en un ambiente en el que abundan las insensateces no corregidas y la repetición de mantras tópicos irreflexivos y superficiales.


Respuesta a Eladio García García sobre anarcocapitalismo y minarquismo

28/09/2016

Eladio García García cree que Rallo y yo acertamos al criticar al anarcocapitalismo, pero que tampoco tenemos razón al ser anarcocapitalistas “pragmáticos”. Su artículo sirve como ejemplo de la debilidad de los argumentos de algunos críticos del anarcocapitalismo.

Eladio piensa de forma excesivamente simple y rígida y se expresa mal con frecuencia (seguramente por escribir deprisa y no revisar de forma crítica y cuidadosa). Presume de practicar la metafísica (según él como antídoto del cientismo) y cree que en el ámbito de las ciencias sociales sólo vale la lógica, la deducción a partir de principios axiomáticos autoevidentes, lo que de forma ingenua confunde con la filosofía, como si la filosofía fuera eso y solamente eso.

En su forma de pensar y escribir Eladio suele ofrecer clasificaciones definitivas con pocos criterios independientes y complementarios que resultan en particiones únicas, perfectas y completas del mundo sin problemas de límites, matices o interpretación: son categorizaciones que atraen a la mente por su simplicidad y aparente perfección, pero peligrosas porque ocultan o ignoran sus propios defectos y no suelen considerar alternativas posibles.

A Eladio le gustan las expresiones grandilocuentes, rotundas, tajantes, apodícticas: presenta el mundo como blanco y negro, sí o no, todo o nada, verdadero o falso. O filosofía o ciencia; o lógica o empirismo; o deducción u observación. Son alternativas excluyentes, no pueden ocurrir juntas: o esto o lo otro, pero no las dos cosas a la vez y nada en medio. Se trata de una lógica proposicional muy elemental que ofrece una sensación de certeza y solidez: si el mundo real es más complicado, que se fastidie la realidad.

Nos pone como ejemplo a Rallo y a mí, como anarcocapitalistas pragmáticos (mejor sensatos), de todos los males cientistas, cientifistas o cientificistas: según él somos obsesos maniacos de la ciencia. No se da cuenta de que está proyectando su manía y obsesión por lo que él llama filosofía: ya se lo he explicado en más de una ocasión, pero da igual.

Sus acusaciones a menudo son ridículas: si afirmo que “tal vez no exista una respuesta clara a cuál de los dos sistemas funciona mejor” (anarcocapitalismo o minarquismo), él detecta un tufillo cientista a “investigación progresiva y siempre inacabada”. Sin embargo un análisis más “científico” (¿cientista?) propondría algún tipo de métrica o criterio cuantitativo y no meramente lógico para evaluar ambos sistemas y obtener alguna respuesta numérica, algo que podría ser interesante pero yo no hago: planteo una posibilidad de que no haya una respuesta clara precisamente porque veo que a ambos lados del debate hay mucho ingenuo que tiene respuestas muy claras con argumentos muy flojos; si la respuesta no está clara habrá que seguir investigando en lugar de creer, como buen fanático sectario, que el tema está cerrado y ya sabemos todo lo necesario.

Más ejemplos de mala expresión o argumentación:

Según él para la Escuela Austriaca de Economía “la oposición al socialismo [es] la única justificación lógica que da sentido y coherencia a todos sus argumentos”. O sea que la EAE sólo tiene sentido por aquello a lo cual se opone (el socialismo), y no tendría justificación lógica ni coherencia interna sin ese factor externo: la EAE no puede ser autoconsistente, necesita al socialismo (o al menos la idea del socialismo) como apoyo o muleta para sobrevivir y significar algo.

Si no podemos actuar sobre la sociedad empíricamente…

¿Qué es eso de “actuar empíricamente”?

… se empeñan continuamente en aplicar el análisis fáctico a todos los órdenes del conocimiento.

O sea que mejor no analizamos los hechos: analicemos lo que no son hechos, lo que no es real o lo que es meramente ideal (yo solo en mi mente con mis ideas me siento tan bien sin necesidad de tocar el mundo real…).

Para un cientista solo existe una vía al conocimiento, la vía inductiva y empírica.

O sea que ni Rallo ni yo somos cientistas (aunque nos acuse de ello, que está muy feo), porque también utilizamos a menudo la lógica y la deducción, como seguramente sabe porque nos ha leído aunque quizás no comprendido.

En mala hora aseguró Capella que hay que contemplar todas las jerarquías y circunstancias de una sociedad, si luego se olvida de la categoría epistémica que mejor define a la Escuela Austriaca de Economía, aquella que describe también una buena parte de la realidad: los axiomas y el deduccionismo austriaco que desarrolla los mismos.

Aquí mezcla jerarquías de organización y agregación y circunstancias concretas con las herramientas lógicas de los axiomas y deducción, que es a donde siempre quiere ir por el amor maniático obsesivo que les tiene.

…[Capella] es incapaz de aplicar estas reflexiones al ámbito de la epistemología y el anarquismo, evaluando de la misma manera las dos posibilidades que tenemos de conocer la realidad y ordenar la sociedad, la inducción científica y la deducción filosófica, la que analiza hechos complejos y se aplica en demostrarlos fácticamente, y la que parte de hechos sumamente sencillos y necesarios, que no tienen alternativa y que por tanto no requieren de ningún probatorio.

Cualquier cosa que se diga, cualquier tema que se estudie, Eladio no está contento si no hacemos un análisis metodológico que distinga claramente la inducción científica de la deducción filosófica; y según él esto último es lo único válido en este ámbito. ¿Por qué? Esencialmente porque sí, porque lo dice él.

Capella aplica el criticismo (o cretinismo) científico a todas las formas de gobierno, tanto si se trata de anarquismo como si se trata de minarquismo. Lleva el método científico a todas las áreas del pensamiento; todo está sujeto a revisión permanente. De lo que no se da cuenta es que el minarquismo representa precisamente esa solución política que él pospone para dentro de cien años.

Cuando escribí mi artículo no pensé que estaba haciendo crítica “científica” sino simplemente criticando unos malos argumentos y mostrando sus problemas, combinando lógica y observación. Pero a Eladio le molesta que lo científico invada ámbitos donde según él no puede entrar. Se inventa por la cara lo de posponer la solución cien años. Y efectivamente es difícil que me dé cuenta de cosas que… no son ciertas.

Los problemas que entraña la falta de gobierno central solo pueden subsanarse con la instauración de un gobierno central.

Aquí haría falta algo más de detalle en el análisis. Tal vez algunos problemas de la falta de gobierno central no tienen solución, o se agravan con el gobierno central.

Y los problemas que resultan del gobierno central solo pueden corregirse limitando al máximo las funciones del mismo.

¿Y eso cómo se consigue? ¿Cuál es ese límite máximo o mínimo al que hay que llegar? ¿Cómo sabemos si lo hemos alcanzado o si nos hemos excedido?

El minarquismo es la única teoría verdaderamente inclusiva, la única que es consciente de los problemas que existen a uno y otro lado del espectro ideológico, y la única que aboga por una solución intermedia, que repare ambos tipos de problemas, haciendo uso de todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición, permitiendo el libre mercado allí donde este opera mejor, y reservando algunas funciones claves para el Estado, concretamente aquellas que desempeñan un papel colectivo insustituible, la garantía de los derechos individuales y la defensa del territorio y el marco institucional que sirven para poner en práctica esos derechos.

¡Viva el minarquismo, que es lo más grande! ¡El minarquista es el único consciente, el que lo repara todo de forma realista! Suena todo muy bien, pero: ¿quiénes son los individuos que forman parte de cada Estado?; ¿por qué unos sí y otros no?; ¿qué territorio corresponde a cada Estado?; ¿por qué los minarquistas evitan sistemáticamente contestar a estas sencillas preguntas?

Resulta absurdo que Capella reivindique el valor de contemplar adecuadamente todos los niveles jerárquicos y todos los problemas, y luego ponga en igualdad de condiciones al anarquismo y al minarquismo, toda vez que el primero manifiesta un grave déficit de soluciones, mientras que el segundo intenta poner en práctica todos los arreglos posibles, los que resultan de la acción en el nivel individual y los que avienen con el ordenamiento común y la jerarquía general.

Pero es que yo no he puesto en igualdad de condiciones al anarquismo y al minarquismo, de hecho mi artículo se concentra en criticar argumentos flojos o erróneos en favor del anarcocapitalismo, pero parece que Eladio me exige que reconozca la según él indudable superioridad del minarquismo.

El único sistema capaz de optimizar al máximo las energías de una sociedad capitalista es el sistema minarquista. Esta es una afirmación invariable que no depende de demostración alguna.

En un periódico esto aparecería como contenido patrocinado o directamente publicidad; en una película de esas con pretensiones sería el mensaje del autor. Mensaje invariable (es verdad que Eladio parece incapaz de cambiar de idea aunque se lo expliques) y que no depende de demostración alguna: o sea que porque sí, vamos.

Parece evidente que no acaban de entender la diferencia que existe entre filosofía y ciencia.

Yo sí la entiendo, e intento hacer ambas… bien.

La minarquía por tanto es el único sistema que contempla esa división esencial que distingue los fenómenos complejos, que no pueden dirigirse de forma centralizada y que dependen en cualquier caso de los gustos, los experimentos, las acciones y las decisiones de los particulares, de aquellos otros hechos que son tan claros y necesarios que constituyen las condiciones de posibilidad de todo el sistema, y que por tanto deben estar representados y asegurados por un único órgano central, al que llamamos gobierno limitado o estado mínimo. La minarquía es la única solución al problema del gobierno, la única que da muestras de alcanzar una mayor operatividad y optimización, la única interpretación de la realidad que tiene en consideración todos los niveles jerárquicos, todos los grados de complejidad, todas las formas posibles de gobernabilidad, y todas las heurísticas del conocimiento.

Por si no había quedado todo claro, vamos a repetirlo con rotundidad y firmeza; no mencionemos ni estudiemos un poco en serio los problemas que pudiera tener el minarquismo. La minarquía es única y además es la mejor.

… la justificación del liberalismo y la ética política que éste avala, solo hallarán una defensa definitiva si consiguen demostrar la íntima relación que les une con los principios mas básicos de la realidad, los cuales solo encuentran asiento en el interior de las formaciones kársticas que dibuja el terreno de la filosofía.

Bajo todo y sobre todo, filosofía, con las formaciones kársticas dibujando su terreno… ¿Se molesta Eladio en leer lo que escribe? A mí me fascinan las formaciones kársticas, pero no creo que sean una buena metáfora (dejo como ejercicio el por qué).

Es este cientismo una enfermedad tan extendida en la población que afecta incluso a la casta mejor preparada, la de los liberales austriacos, aquellos que tienen en sus manos unos argumentos filosóficos impecables, el sistema axiomático de Mises y Rothbard, la alternativa al historicismo, el cientismo, y el constructivismo social.

Rallo y yo estamos muy bien preparados pero estamos enfermos: necesitamos la medicina del sistema axiomático austriaco. Cree el loco que todos los demás están locos. Tal vez incluso cree que no conocemos o dominamos los “axiomatismos” austriacos.

La minarquía aporta todas las soluciones posibles al problema, es una visión del mundo más acertada, completa e inclusiva. Los problemas que resultan de la falta de gobierno se solucionan con un Estado mínimo, y los problemas que nacen del exceso de gobierno se amortiguan también con un Estado controlado y pequeño. Además, la minarquía es la única teoría política realmente consecuente con los principios axiomáticos, precisamente aquellos que definen a la escuela austriaca de economía.

La gente suele creer que las cosas son más verdad si aparecen repetidas, así que repitamos.

Este artículo de Eladio García García me sirve como ejemplo o evidencia (obviamente anecdótica y parcial) de que la Escuela Austriaca de Economía, en su versión más lógica apodíctica integrista, es como un agujero negro que captura a la gente y no la deja escapar: tiene una serie de mantras tópicos que se repiten para tranquilizar al individuo; es imposible no tener razón si deducimos a partir de axiomas necesarios autoevidentes y sin alternativas posibles; nos importa más decir algo estrictamente verdadero y cierto, aunque sea muy simple y genérico, que complicar el modelo teórico para que sea más preciso, específico y realista; y si nos equivocamos, en lugar de reconocer nuestro error lo repetimos de forma más rotunda.

Una vez que tienes ciertas ideas (o que esas ideas te tienen a ti) cuya solidez es infinita e indudable, lo demás es poco relevante. La lógica pasa de ser necesaria (no contradecirse, construir teorías consistentes) a ser suficiente: es lo único válido y además es omnipotente.

Eladio menciona la posible soberbia del científico y los graves problemas que puede causar cuando se equivoca. Sin embargo, aunque es posible que la ciencia cometa excesos al estudiar la sociedad, esto no significa que la ciencia no pueda utilizarse en absoluto para estudiar la sociedad. Sobre todo si por ciencia entendemos pensar, observar, experimentar, medir, contar, criticar, modelizar, siendo consciente de las limitaciones e imperfecciones de todas esas actividades.

Eladio acusa a quienes invocan “la unilateral defensa del empirismo como única herramienta de análisis y monopolio de la razón”. Pero no da ningún ejemplo, no aclara a quién en concreto se refiere; además hace trampa porque no creo que haya nadie que defienda que el empirismo sea la única herramienta de análisis (además de observar suele ser necesario pensar, teoría e historia van de la mano); y de nuevo no está claro qué es eso de que el empirismo sea el monopolio de la razón cuando normalmente empirismo y racionalismo son doctrinas opuestas.

Eladio propone una caricatura del científico “consagrado a la tarea de manipular las muestras que tiene delante de sus narices y que ha preparado él mismo para invocar alguna función concreta”. Sin embargo no está muy claro qué es eso de “invocar alguna función concreta”, si es que significa algo; algunos científicos manipulan muestras, pero otros analizan muestras preexistentes (sólo observan, no experimentan) o generadas por otros científicos; las muestras utilizadas no siempre están delante de las narices, sino que a veces están muy lejos (astrofísica, cosmología).

Según él la sociedad no puede estudiarse de forma científica, porque “es un sistema altamente complejo”. Supongo que entonces las sociedades no humanas tampoco pueden estudiarse de forma científica porque son órdenes complejos (y la sociobiología no sería científica); y el ser humano como sistema complejo tampoco puede estudiarse de forma científica. La psicología y la medicina tampoco son ciencias, y no existen las ciencias de los sitemas complejos.

Una recomendación final: lean también la crítica devastadora que le hace Ismael Rodríguez en los comentarios al artículo. Y recuerden que, aunque no lo parezca, Ismael y yo somos amigos de Eladio. A mí Eladio me cae muy bien, me hizo una entrevista muy jugosa, muestra interés por lo que investigo y escribo, y él mismo intenta construir una integración entre ciencias naturales y ciencias humanas y sociales parecida a la que yo mismo estoy intentando.


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27/09/2016

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