Dinero: naturaleza, funciones, tipos y representación

21/05/2018

El dinero es una institución social fundamental que facilita la coordinación y la cooperación: cada individuo usa el dinero porque sabe que los demás también lo utilizan para pagar y cobrar en sus intercambios.

El buen dinero es el mejor invariante de valor posible en una economía que permite costes de producción y uso mínimos (almacenamiento, transporte, transacción). Idealmente su valor o poder adquisitivo es invariante o estable ante cambios de persona, tiempo, lugar, cantidad y rol del agente; es el bien más líquido, que se compra o vende rápidamente y en grandes cantidades sin alterar apenas su precio o poder adquisitivo; lo usa, demanda y ofrece todo el mundo todo el tiempo (su oferta y demanda general son amplias, profundas y constantes, con posibles variaciones según cambios en la actividad económica); su valor no fluctúa a corto plazo ni presenta tendencias a largo plazo (no es un instrumento de inversión especulativa con el cual se intenta incrementar el patrimonio asumiendo algún tipo de riesgo e incertidumbre); su ámbito geográfico o espacial es amplio (puede ser limitado según la integración económica y política); su utilidad marginal es prácticamente constante; tiene el mínimo diferencial posible entre precio pedido por el vendedor y precio ofrecido por el comprador; su oferta y demanda están acopladas a la oferta y demanda de bienes y servicios y a los mercados financieros; los flujos de nuevo dinero son bajos y estables en relación con las existencias.

El dinero tiene tres funciones: medio de intercambio indirecto de aceptación generalizada (para pagar por bienes y servicios y saldar deudas), depósito de valor (atesorar sin intercambiar, sin ganar ni perder valor), y unidad de cuenta (referencia de precios y contabilidad financiera con registros, apuntes o asientos contables de tenencia o movimientos de dinero y bienes valorados en dinero: ingresos y gastos, resultados, activos y pasivos, patrimonio neto, beneficios o pérdidas).

Para cumplir sus funciones de forma eficiente el dinero debe tener ciertas características ideales (no todas las cosas son buenos dineros): duradero (persistente, resistente, no se gasta o estropea con el uso); costes de transacción pequeños; fácil de transmitir y proteger y difícil de robar; fácil de identificar y difícil de falsificar; existe de forma natural o se puede producir, manipular y dividir en diferentes unidades fungibles (homogéneas, sustituibles, intercambiables unas por otras) a su vez agregables para ajustarse a muy diversos precios de intercambio; relativamente escaso y con alto valor por unidad de peso y volumen para fácil uso, almacenamiento y transporte (no tan escaso que no haya suficiente y su densidad de valor sea excesiva).

Diversas entidades satisfacen estos requisitos en mayor o menor medida, y nunca de forma perfecta o absoluta: el dinero es una cualidad que se tiene en diversos grados. No hay un solo dinero universal posible: pueden existir diversos tipos de dinero más o menos útiles y eficientes según diferentes circunstancias tecnológicas, culturales, sociales, económicas, políticas y legales, las cuales son variables en el espacio y en el tiempo. En una misma economía pueden coexistir diferentes formas de dinero (en sentido estricto o amplio), unas más importantes y otras accesorias, unas básicas y otras derivadas (sustitutos o complementos definidos en función de un dinero más fundamental). Históricamente unas formas de dinero sustituyen o complementan a otras.

Lo que se entiende por medios de pago es problemático: conviene distinguir el dinero (lo que se atesora o intercambia) de los sistemas utilizados para su uso. Las tarjetas de débito o crédito permiten ordenar transacciones pero no son dinero sino formas de facilitar pagos y cobros; las tarjetas prepago o monederos electrónicos contienen dinero pero no son dinero (salvo que puedan intercambiarse y circular, en cuyo caso serán complementos monetarios).

Los distintos tipos de dinero se diferencian según varios criterios y propiedades (que pueden ser independientes o combinarse o solaparse parcialmente).

– Si tiene valor de uso (como una mercancía) además del valor de intercambio monetario. El oro y la plata tienen usos ornamentales o industriales; el ganado puede trabajar o utilizarse como alimento; el papel moneda, los apuntes contables, o los bitcoins no tienen valor de uso.

– Desde el punto de vista físico puede ser: un bien u objeto meramente material cuyo valor depende de sus cualidades (físicas, químicas, biológicas) y de su cantidad (monedas o lingotes de oro o plata, caparazones de algunos moluscos); un bien material en forma de objetos discretos transferibles cuyo valor no depende estrictamente de la naturaleza de su soporte físico (el cual podría ser otro diferente), sino de alguna representación simbólica convencional (un billete de banco, una ficha o monetiforme, una moneda metálica en un sistema de dinero fiat); un intangible que no existe en forma de múltiples objetos transferibles sino solo como parte abstracta de un sistema de representación de información basado en diferentes tecnologías (un depósito bancario en un libro de contabilidad en papel o en un formato electrónico, una moneda virtual en su libro contable).

– Desde el punto de vista financiero, si es un activo que no es el pasivo de nadie (no es deuda) o si es un activo que sí que es deuda de alguien. Si no es deuda, qué tipo de cosa es: un bien material o mercancía física de una determinada calidad y cantidad (oro o plata en monedas o lingotes; sal; ganado; tabaco); un certificado de la propiedad de un bien específico o de una cantidad de un bien fungible (un recibo de la custodia de algo en depósito); un certificado de una participación de la propiedad de algo (la acción de una empresa); o una entidad virtual, intangible (dinero electrónico que no sea deuda, criptomoneda). Si es deuda, de quién es el pasivo (el deudor o emisor, quién debe) y de qué es esa deuda (qué debe); si es convertible (se puede reclamar el pago de la deuda en otro derecho de cobro de otro agente o en algo que eventualmente no es deuda) o no convertible (la deuda da ciertos derechos como el pago de impuestos, cancelando una deuda con otra, pero no es deuda definida en términos de una cantidad de algo específico exigible). Para el análisis financiero del valor del dinero deuda es necesario conocer qué activos corresponden a estos pasivos monetizados.

– Cómo se sabe o determina quién posee, gasta o ingresa cuánto dinero, y cómo se efectúan las transacciones o transferencias monetarias, de forma más o menos centralizada o descentralizada (a uno o varios niveles), con o sin intermediarios o gestores, de forma anónima o con identificación personal. En algunos sistemas monetarios el dinero y sus transacciones están separados, mientras que en otros están íntimamente asociados. Con las monedas de oro o plata o billetes de banco al portador (el efectivo) en principio solo cada individuo sabe cuánto dinero tiene y puede transferirlo físicamente de forma relativamente anónima y descentralizada (salvo que existan leyes obligando de forma efectiva a revelar patrimonios y transacciones); la moneda no depende de ningún banco, mientras que el billete depende de un banco emisor. Con el dinero interno bancario (banco privado o banco central público) en forma de cuentas corrientes y sus saldos, el banco sabe cuánto dinero tiene, ingresa y gasta cada cliente, y el cliente debe ordenar al banco las operaciones que desea hacer; algunas cuentas bancarias especiales pueden usarse de forma relativamente anónima; el secreto bancario puede estar prohibido o permitido, de forma que el Estado conoce o no la actividad bancaria de los ciudadanos. Los diferentes dineros virtuales y criptomonedas solo existen dentro de un sistema informático (distribuido o centralizado) que gestiona su posesión y transferencia con diferentes posibilidades en cuanto a privacidad o anonimato. La existencia de dineros y medios de pago centralizados y con información personal (y la no existencia de dineros alternativos descentralizados y anónimos) es útil para la labor de regulación, vigilancia y fiscalización del Estado, y esto es frecuentemente un problema para la libertad de los individuos. El funcionamiento de los sistemas centralizados depende de la conducta del agente gestor, que puede cometer errores o abusos (apropiación o redistribución de dinero).

– Cómo se produce el dinero, si de forma centralizada o descentralizada (a uno o varios niveles), si se exige algún tipo de licencia o no, si es un monopolio u oligopolio o un sistema libre, abierto y competitivo. El Estado puede apropiarse de la producción de dinero en diversas formas (dinero fiat) o conceder monopolios u oligopolios a cambio de alguna contraprestación (como financiación en mejores condiciones por los bancos centrales).

– Cómo se consigue que el dinero sea aceptado y usado como tal, especialmente si se utiliza algún tipo de coacción legal o no: dinero como institución evolutiva espontánea que emerge en un mercado libre, o curso legal forzoso y coactivo para compraventas o saldar deudas, especialmente el pago de impuestos.

– Desde un punto de vista normativo o legal, cuáles son las reglas de uso del dinero (prohibiciones, obligaciones en pagos o cobros como leyes de curso legal forzoso en dinero fiat), especialmente a qué da derecho su posesión (pago de impuestos, acceso a servicios de una criptomoneda como bitcoin y su cadena de bloques).

– Si es un dinero sin necesidad de representación simbólica (ganado, sal, tabaco, conchas) o con algún tipo de representación simbólica asociada (marcas, documentos, soportes informáticos):

* marcas que informan de la calidad y cantidad de dinero mercancía según han sido certificadas por algún agente: imágenes (animales que pueden representar un valor equivalente aproximado en ganado, útiles para uso por analfabetos; busto de algún individuo poderoso, como un rey; logotipo de un emisor), texto y números en monedas o lingotes (inscritas o asociadas de forma inseparable a cada unidad de bien físico); son útiles para su identificación pero podrían ser falsas y no son estrictamente necesarias, ya que el bien en sí mismo tiene valor intrínseco. Una confusión común en diversas teorías monetarias es creer que el valor de ciertas unidades como monedas de oro y plata procede de los símbolos inscritos, los cuales presuntamente representan una cantidad necesaria para saldar una deuda. Ciertas marcas de figuras (reyes) o instituciones (un banco central) no indican quién es el dueño del dinero, sino quién lo produce o respalda. El poder político puede adulterar estas marcas y exigir que el dinero se use según valores legalmente establecidos que no coinciden con la valoración de mercado libre de la mercancía real subyacente (envilecimiento de la moneda).

* documentos necesarios para certificar propiedad o deuda de algo: textos en diversos soportes como cerámica, papel y tinta, soportes informáticos (normalmente electrónicos). Como documentos con un referente no tienen valor intrínseco sino que este procede del valor del referente (la cosa poseída o debida en calidad y cantidad): el valor de un billete no depende de la cantidad o calidad de su papel sino del mensaje escrito en el mismo. Estos documentos pueden existir en forma centralizada (único registro de la propiedad, libros contables de un banco con depósitos o cuentas de los clientes) o descentralizada (certificados con identificación personal o al portador, billetes de banco). Las deudas y las relaciones de propiedad podrían existir sin forma documental objetiva, solamente en las memorias de los agentes, pero de este modo son posibles los errores, engaños y conflictos.

* sistemas informáticos que representan entidades virtuales abstractas y sin referente externo (no son propiedad ni derecho de cobro de nada) y que gestionan su posesión y sus transacciones, como los dineros puramente virtuales o las criptomonedas.

El dinero actual utilizado por la gente está constituido por billetes y monedas fiat producidas por algún banco central (no convertibles) y depósitos bancarios a la vista (esencialmente saldos en cuentas corrientes) que son pasivos de la banca comercial privada (convertibles en billetes y monedas fiat); los bancos privados a su vez utilizan depósitos con reservas en el banco central. La naturaleza del dinero producido por el banco central es problemática, ya que puede interpretarse como un pasivo suyo, pero es inconvertible en algo externo en calidad y cantidad predeterminadas.

La naturaleza elástica del dinero bancario como deuda que se crea y destruye con relativa facilidad, generando inflación o deflación y descoordinaciones crediticas y financieras, está relacionada con los ciclos económicos. Algunos economistas proponen eliminar el dinero bancario privado (o incluso todas las formas de efectivo como los billetes, especialmente los de alta denominación), dejando como única posibilidad el uso de cuentas personales con dinero digital virtual producido y controlado por un banco central: así se controlaría fácilmente la cantidad de dinero, se evitarían las corridas y quiebras bancarias, se fiscalizarían los patrimonios y las rentas monetarias de los ciudadanos, y se aplicarían eficazmente medidas de represión financiera. Aseguran que así se lucha contra el crimen (terrorismo, narcotráfico) y contra la evasión fiscal, y se facilitan las políticas monetarias necesarias para estimular o estabilizar la economía, garantizar el pleno empleo y evitar los ciclos económicos, posibilitando herramientas heterodoxas como los helicópteros monetarios, la destrucción de dinero o los tipos de interés negativos. Estos autores no suelen ser muy respetuosos con la propiedad privada y la libertad individual, ignoran el papel del Estado en la generación de los ciclos económicos, desconocen los peligros asociados a los descalces de plazos y riesgos, y no reconocen los enormes riesgos asociados a la planificación central coactiva y el monopolio de algo tan importante como el dinero y los sistemas de pagos.

Contra el intervencionismo monetario existen posibilidades clásicas, como los dineros mercancía (oro, plata) complementados por billetes y depósitos bancarios convertibles de bancos privados sin protecciones o garantías estatales y que puedan quebrar; y posibilidades tecnológicas modernas y futuristas, como las criptomonedas descentralizadas. Los Estados se oponen a ambas porque limitan su poder coactivo.

 

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El liberalismo es una doctrina económica que promueve la falsa libertad. Porque cuando el individuo carece de recursos económicos y no tiene libertad de elegir, la doctrina liberal autoriza al individuo a vivir debajo de un puente o a vivir de la caridad, que viene a ser lo mismo.

En nuestro país, el liberalismo se enquistó con la llegada del euro, la moneda que nos igualaba a los demás países de Europa en lo que al préstamo con interés se refiere. Cuando todavía estábamos aprendiendo a contar el cambio de la peseta en su nueva moneda, el horizonte se cubrió de grúas y ladrillos. A la distancia de un gargajo siempre había una hormigonera con la boca abierta, dispuesta a recibir nuestra indignación.

La actividad crediticia condenaría a buena parte de la población que cayó en la trampa de un sistema inhumano. Según su lógica irrefutable, había que aprovechar la posibilidad que el liberalismo nos brindaba para poder vivir por encima de nuestras posibilidades. El dinero, como símbolo de lo que puede ser adquirido, se revalorizaba cuando era invertido en ladrillo. En el Registro de la Propiedad no daban abasto con tanta escritura de compra y venta; los notarios estaban más animados que pulgas en perro nuevo y la economía de casino -que el gobierno de Felipe González impulsó en su día- tomaba forma bajo el Aznarato. La doctrina liberal cambiaba de manos pero no de fundamentos y nuestra docilidad se vería premiada bajo la dictadura de lo consumible.

Dicho esto, no está de más recordar que la vivienda es un derecho, no una mercancía. Que la tierra no nos pertenece porque somos igual que los gusanos y que pertenecemos a ella. Por lo dicho, lo más grosero que hay, en lo que respecta a comprarse una casa de 600.000 euros, es que una casa valga 600.000 euros; precio inalcanzable para los que eligen vivir debajo de un puente o eligen vivir de la caridad. Que una casa cueste 600.000 euros no es culpa del comprador que la pueda comprar sino de los mismos que bendicen la doctrina de la falsa libertad y que no quieren que se hable de otra cosa que de la casa que se ha comprado una pareja de jóvenes que militan en la izquierda política. Recuerdo que a Vázquez Montalbán se le criticaba porque era de izquierdas y conducía un Jaguar; como si conducir un Jaguar fuera monopolio de los de derechas. En fin, que durante los últimos días también han ocurrido otras noticias, aunque las hayamos conseguido olvidar.

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