Recomendaciones

23/03/2019

Legalization Is the Only Viable Drug Policy, by Juan Manuel Santos , Ernesto Zedillo, Ruth Dreifuss

Corresponsabilidad y competencia fiscal entre autonomías, de Juan Ramón Rallo

Cómo los hombres llegaron a dios: la idea de la deidad moral aparece después de que los hombres dejaran la tribu y aumentara la complejidad social

The Problems with MMT-Derived Banking Theory, by Julien Noizet

What animals can teach us about politics, by Frans de Waal


Tonterías selectas

21/03/2019

El estancamiento natural del capitalismo, de Yanis Varoufakis

Un acto de amor por la vida y con la gente, de Yayo Herrero

La demonización de la política, de Lidia Falcón

New Deal verde, y morado, de Nacho Álvarez y Jorge Uxó, de Podemos

Entrevista a Silvia Federici

P: ¿Se puede ser feminista y no estar en contra del capitalismo?

R: No. No se puede. El feminismo no es una escalera para que la mujer mejore su posición, que entre en Wall Street, no es un camino para que encuentre un lugar mejor dentro del capitalismo. Soy completamente contraria a esta idea. El capitalismo crea continuamente jerarquías, formas diferentes de esclavización y desigualdades. Entonces, no se puede pensar que sobre esta base se pueda mejorar la vida de la mayoría de las mujeres, ni de los hombres. El feminismo no es solamente mejorar la situación de las mujeres, es crear un mundo sin desigualdad, sin la explotación del trabajo humano que, en el caso de las mujeres, se convierte en una doble explotación.

… el acoso sexual es estructural de la relación entre hombres y mujeres en la sociedad capitalista. Estas siempre han tenido una situación económica más precaria, siempre han sido más dependientes de ellos y se han visto obligadas a negociar servicios sexuales. Esto sigue hoy, a pesar de que la mujer haya tenido más acceso al trabajo asalariado.

Hay toda una historia de mujeres que deben vender su cuerpo, no solamente en la prostitución, en todas las profesiones. No ver este aspecto cultural es una mistificación. Se da una gran publicidad, pero no va a la raíz del problema. Un ejemplo sencillo, las camareras en Estados Unidos viven de las propinas y les dan muy poco. Ellas saben que su postura sexual con los clientes interviene. Hay algunas que me han contado que a fin de mes, cuando tienen que pagar la renta, se exponen más porque sube la propina. Esta venta continua sexual del cuerpo es parte de una situación económica histórica. Si no vamos a denunciar estos casos estamos distorsionando.

… En la sociedad capitalista las mujeres siempre han tenido un acceso muy débil al sustento, siempre han necesitado vender su cuerpo. No comprendo la postura de aquellas feministas que aíslan la prostitución como una cosa particularmente degradante y no ver las miles de formas de degradación a las cuales las mujeres están sujetas. No lo comprendo, me parece que penaliza sobre todo a aquellas más pobres que son aquellas que han necesitado más recurrir a la prostitución. Por eso digo que en esta sociedad en la que todo se vende es peor vender tu cerebro, tu integridad moral e intelectual, no solo que una mujer venda su vagina.

Hay mujeres que se casan con hombres no porque los aman, sino porque es una solución económica o que las maltratan y que se ven en la obligación de practicar sexo con ellos. ¿Por qué no se quiere ver todo esto? Si soy abolicionista lo soy con todas las formas de explotación del trabajo humano. Este es para mí el objetivo, que no debemos vendernos de ninguna manera, que se puede vivir en una sociedad en la cual la venta de nuestro cuerpo, corazón, cerebro o vagina no sea necesaria.

P: Sobre los vientres de alquiler, ¿se puede ser madre o padre a cualquier precio?

R: Es una abominación. No se vende solamente un útero, se vende también un bebé. No se puede vender a otra persona. La maternidad subrogada es producir una persona solamente para venderla, sin responsabilizarse de ella. En Estados Unidos hay un mercado subterráneo no reglado de familias que tienen bebés subrogados que nacen con malformaciones, el producto no es perfecto, o no es del sexo deseado, y los hacen circular por Internet.

Hay mujeres que se dicen feministas que lo apoyan, como la capacidad de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Y hay otras que lo legitiman diciendo que da a las parejas de hombres la posibilidad de ser padres, pero la paternidad no es un derecho a cualquier precio.


Tonterías selectas

19/03/2019

La nueva teología neoliberal, de Javier Díez Gutiérrez, profesor de la Universidad de León, doordinador del Área Federal de Educación de Izquierda Unida

Frente a ortodoxia deshonesta, la Teoría Monetaria Moderna (II), de Juan Laborda

El capitalismo está destruyendo la Tierra: necesitamos un nuevo derecho humano para las generaciones futuras, de George Monbiot

¿Será el verde el nuevo rojo?, de José Miguel Contreras

El feminismo y las etiquetas, de Miriam González


Tonterías selectas

17/03/2019

La renta básica universal y su aplicación en España, de Jorge Hernando Cuñado, profesor de Economía y Empresa, Universidad Nebrija

Las familias, el sector público y las empresas están conectados. Los consumidores compran los bienes y servicios que producen las empresas que a la vez necesitan trabajadores a los que pagan salarios. En paralelo el Estado redistribuye la riqueza por medio de impuestos.

Si los trabajadores fueran en su mayoría sustituidos por máquinas, tendría sentido implantar una Renta Básica Universal para que los trabajadores puedan subsistir y de esta manera mantener el consumo y la economía.

… esta política tiene también un componente ético. Supondría reconocer actividades que el mercado actualmente no remunera, como el cuidado de familiares o de los hijos, y asegurar que todas las personas cubrieran sus necesidades básicas.

… La sostenibilidad del Estado de Bienestar y la aplicación de ideas como la Renta Universal Básica podría llegar por esa vía: incremento de la productividad y pago de impuestos por parte de las máquinas.

Alternativas al corsé monetario del euro, de Wolfgang Streeck

Impuestos necesarios para el Estado del Bienestar, de Carles Manera, de Economistas Frente a la Crisis

El mercado eléctrico, de Montero Glez

Luces largas para las generaciones futuras, de Lina Gálvez


Tonterías selectas

17/03/2019

El cuerpo es un campo de batalla y la maternidad es política, de Ana Requena Aguilar

Os habéis quedado sin excusas, de Joaquín Estefanía

Por qué soy feminista radical (y quizás tú también), de Lorena G. Maldonado

A favor de las cuotas y de las leyes de género:

A diferencia de las feministas liberales, yo, como feminista radical, entiendo que el machismo institucional y laboral no se combate sólo con la igualdad legal entre hombres y mujeres -buena prueba de ello es que la Constitución nos garantizó los mismos derechos a unos y otras hace más de 40 años, pero la herencia machista recibida sigue marginándonos socialmente-. No partimos del mismo sitio. En realidad, ya existen cuotas, ¡y son masculinas!, perpetuadas culturalmente. Se manifiestan, por ejemplo, en el fenómeno de la cooptación, esto es, que los hombres -que dominan las estructuras económicas- sigan prefiriendo promocionar a otros hombres. La feminista radical no confía sólo en la educación para resarcir esta feroz tendencia -que expulsa a las mujeres de los puestos representativos en un país donde, además, el empobrecimiento es femenino-. Cree que hay que intervenir e implantar cuotas para acelerar el hervir de la conciencia social.

Las cifras nos avalan: no es que con las cuotas queramos suplir nuestra falta de excelencia. Según los datos del Ministerio y la OCDE, las mujeres en España tienen mejor rendimiento académico que los hombres en la enseñanza obligatoria, en el Bachillerato y también en la Universidad -en esta última etapa, la brecha se agudiza: la nota media de ellas es de un 7,04 frente al 6,83 de ellos-. ¿Qué sucede después? ¿En qué clase de agujero negro caemos: nos exiliamos, desaparecemos, nos idiotizamos? Si nuestro currículum es superior al de ellos, ¿cómo se explica entonces la brecha salarial y el techo de cristal? (en este enlace puedes encontrar más datos sobre estos dos últimos conceptos).

En este contexto, claro que tienen sentido las cuotas como medida transitoria hacia la igualdad. Con ellas no se margina al hombre, se deja de arrinconar a la mujer. No consiste en infantilizar a la hembra -y así perpetuar el tópico-, sino en neutralizar los privilegios sociales de los varones por el hecho de ser varones. Ante una situación excepcional, una medida excepcional. La lógica de la auténtica justicia, como escribió Aristóteles en Ética a Nicómaco, es “tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales”. Este mismo argumento, entendido en términos de violencia física y sexual, sirve para explicar la necesidad de leyes de género -a pesar de que sean, como hoy, imperfectas-. Disculpa que no me levante, Vox.

Contra la prostitución:

Partimos de la base de que perseguir la prostitución es más eficaz que regularla a la hora de acabar con el esclavismo femenino. Pero, más allá de la tragedia de la trata -que sustenta la mayor parte de este negocio-, a mis ojos, que haya hombres que paguen por tener sexo con mujeres es el síntoma de una sociedad enferma. Las que hemos tenido otras oportunidades, las que no nos hemos visto abocadas a recurrir a ello, no podemos hacernos las sordas ante esta problemática. La prostitución es una forma de abuso: entendida como un contrato, anula el concepto de “consentimiento” por la coacción monetaria -teniendo en cuenta que la mayor parte de mujeres prostituidas son mujeres inmigrantes y de clase social baja, en especial situación de vulnerabilidad-.

Hay muchas formas de presionar: apuntar con una pistola es una, el dinero es otra. A quien alegue que “también prostituye sus manos, entonces, la fisioterapeuta”, le pediré que se deje de memeces y cinismos: en nuestra sociedad, la genitalidad posee una connotación concreta. ¿Es esto una moralidad? Sí, pero la ley también se dictamina en base a criterios morales -recuerdo a Julián Vara y Armando Zerolo, mis dos excelentes profesores de Filosofía del Derecho-.

La prostitución no puede ser otra cosa que machista porque se nutre de la desigualdad de género: la demanda es espesamente masculina -¿dónde están los prostíbulos para mujeres? Los chicos de compañía son residuales, y, además, se contratan en condiciones mucho más emocionales: más cercanas al “vayamos juntos a cenar” que al “¿cuánto cobras por una cubana?”-. Afecta a más de 40 millones de personas en todo el mundo, siendo la inmensa mayoría de quienes se prostituyen mujeres y niñas. Lo decía Clara Campoamor ya en 1935, cuando abogaba por el abolicionismo: “Es una crueldad y hasta una ironía formidable ver a nuestras leyes civiles protegiendo al menor, privándole de personalidad hasta para celebrar un contrato, para adquirir dinero a préstamo, para enajenar un inmueble, para expresar su voluntad, y que, en cambio, no le rindan protección alguna cuando se trata de la libertad de tratar su cuerpo como una mercancía”. El cuerpo como mercancía: ahí el germen de la perversión.

España, desde su alegalidad, es el gran puticlub de Europa. Nos queda mucho que aprender de países como Suecia, Francia, Noruega, Islandia o Canadá, que ya persiguen activamente esta práctica. ¿Por qué, a pesar de todo ello, hay ciertas mujeres que dicen que son libres y que, desde esa libertad, eligen ser prostitutas? Antídoto Simone de Beauvoir: “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Chute de Kate Millet: “Muchas mujeres no se reconocen como discriminadas: no se puede encontrar una prueba mejor de la totalidad de su condicionamiento”. Para todo lo demás, la filósofa Ana de Miguel. Su lectura es imprescindible.

Contra los vientres de alquiler:

Lo de “gestación subrogada” es un eufemismo. Como feminista radical, estoy en contra de los vientres de alquiler porque la maternidad es un deseo, no un derecho -los derechos se regulan, los deseos no-. Estoy en contra de los vientres de alquiler porque no quiero vivir en un mundo donde los hijos puedan comprarse y donde las mujeres pobres den a luz para las ricas. Aquí no cabe el altruismo: de hecho, lo que hace es propiciar un mercado negro de vástagos en el momento en el que pone en contacto a la potencial gestante y a los potenciales padres compradores.

Creo que la dignidad debe sortear las exigencias del mercado, más cuando en este sistema el cuerpo de la hembra y del varón no cotizan del mismo modo: es el primero el que se rentabiliza, cosifica y denigra constantemente. Estoy en contra de los vientres de alquiler igual que estoy en contra del tráfico de órganos.

Soy feminista radical, entre otras muchas más razones -que dan y han dado para ensayo, no para columna-, porque busco cambios profundos, porque creo en las actitudes movilizantes. Soy feminista radical porque no acabo de entender qué propone el feminismo liberal para erradicar la desigualdad, aparte de confiar en la educación -¿es que piensa intervenirla?, ¿cómo?, nada, no, no se moja-. Porque tiene mucho de liberal y poco de feminista. Soy feminista radical, entiéndanme, porque sé quiénes son mis adversarios ideológicos: y pocas cosas me excitan más que estar en la lista negra de Hazte Oír.

Ser madre en la España de la triple derecha, de Rosa María Artal

Modern Monetary Realism, by James K. Galbraith


Recomendaciones

16/03/2019

Cómo funciona la mente según F. A. Hayek, de José Carlos Rodríguez

La estadística que ‘oculta’ Trabajo: la discriminación salarial real afecta a menos del 1% de las mujeres, de Domingo Soriano

Science Denial Won’t End Sexism, by Debra Soh

El populismo es hijo de la democracia ilimitada, de Juan Ramón Rallo

Pasen y lean: desmontando mitos del feminismo, de María Blanco


Tonterías selectas

15/03/2019

Un horizonte verde para cambiarlo todo, de Ione Belarra, de Podemos

No podemos esperar, de Greta Thunberg

Nosotros vamos a tomar las riendas, de Pierre Ducrozet

Economistas frente a la crisis: “Frente a la desigualdad, economía feminista”

El feminismo es imparable, de Carmen Calvo