Feminismo liberticida contra la gestación subrogada

08/07/2015

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El manifiesto “No somos vasijas” se opone a la regulación o legalización de la maternidad o gestación subrogada. Según este escrito, “Las mujeres no se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial”: se trata de una afirmación entre tonta y tramposa, ya que la gestación subrogada es la prestación de un servicio y no una compraventa o alquiler (lo de alquilar úteros o vientres de mujeres es una expresión popular pero desafortunada).

Los redactores de este manifiesto y quienes lo suscriben pretenden, en un tono típicamente autoritario y desde una presunta superioridad moral, prohibir a todo el mundo ciertas relaciones o interacciones sin tener en cuenta las opiniones o las valoraciones de las partes involucradas, es decir en contra de su libertad personal particular y concreta: “mostramos nuestro absoluto rechazo a la utilización de los vientres de las mujeres con fines de gestación para otros”. Creen que los que no opinan como ellos pretenden engañar a los políticos mediante campañas mediáticas parciales e interesadas: sólo ellos son puros, altruistas y tienen razón. Aseguran defender los derechos de las mujeres y los menores cuando en realidad o se los inventan por la cara o los violan de forma sistemática.

Su razonamiento moral es chapucero: “El deseo de ser padres-madres y el ejercicio de la libertad no implica ningún derecho a tener hijos”. ¿Se refieren a un derecho negativo a que no exista coacción externa o a un derecho positivo que legitima a exigir algo a otros? ¿Dónde está la coacción o a quién se está obligando a participar? ¿Los deseos no generan derechos en general o sólo en este caso particular de forma arbitraria? ¿Querer reproducirse es un deseo o una necesidad o imperativo biológico? ¿Contratar con otro para que proteja y alimente tu embrión viola el derecho de alguien? ¿Contratar con otro para que proteja y alimente a tu hijo ya nacido viola el derecho de alguien?

Porque abogamos por el derecho a decidir de las mujeres en materia de derechos sexuales y reproductivos. La maternidad por sustitución niega a las mujeres gestantes el derecho a decidir durante el proceso de embarazo y en la posterior toma de decisiones relativas a la crianza, cuidado y educación del menor o la menor.

La libertad sexual y reproductiva están muy bien: pero los contratos suelen establecer restricciones voluntariamente aceptadas por las partes; es normal que los padres biológicos quieran asegurar un embarazo sano controlando de algún modo adecuado la vida de la gestante, y esta es libre de aceptar ciertas condiciones o no hacerlo; en principio y salvo que se pacto algo diferente, la mujer gestante no tiene ningún vínculo legal o derecho sobre el embrión o niño, no pinta nada decidiendo sobre su crianza posterior.

Porque elegir es preferir entre una serie de opciones vitales. La elección va acompañada, a su vez, de la capacidad de alterar, modificar o variar el objeto de nuestras preferencias. La maternidad subrogada no sólo impide a las mujeres la capacidad de elección, sino que además contempla medidas punitivas si se alteran las condiciones del contrato.

Cuando uno pacta un contrato reconoce que no tiene derecho a alterar de forma unilateral lo pactado aunque sus preferencias hayan cambiado: no entender esto es no comprender qué es un contrato. La legalización de la maternidad subrogada permite a las mujeres elegir libremente si quieren o no prestar un servicio en las condiciones que negocien y acuerden con la otra parte involucrada.

Porque la llamada “maternidad subrogada” se inscribe en el tipo de prácticas que implican el control sexual de las mujeres: si en las sociedades tradicionales, los matrimonios concertados o la compra por dote, son las típicas formas en que se ejerce el control sexual de las mujeres, en las sociedades modernas, la prohibición del aborto, la regulación de la prostitución y la maternidad subrogada son sus más contundentes expresiones.

El control sexual de las mujeres en ciertas sociedades ha existido y existe, pero es un tema complejo y que no se manifiesta en la prohibición del aborto o la regulación de la prostitución, y mucho menos en la maternidad subrogada. Los y las feministas tienen algunos temas con los que están obsesionados, tal vez traumatizados, y no pueden evitar mencionarlos aunque no vengan a cuento. El asunto del aborto es interesante: quien se atreva a oponerse a la gestación subrogada por algún presunto derecho del embrión tendrá complicado defender el aborto libre, uno de los dogmas sagrados del feminismo más típico.

Porque alquilar el vientre de una mujer no se puede catalogar como “técnica de reproducción humana asistida”. Las mujeres no son máquinas reproductoras que fabrican hijos en interés de los criadores. Es, por el contrario, un evidente ejemplo de “violencia obstétrica” extrema.

No sólo pretenden prohibir qué hacer sino cómo catalogar los hechos: sin embargo sí se trata de una técnica de reproducción humana asistida, y todos los seres vivos somos agentes o máquinas que actuamos para sobrevivir y reproducirnos o, en este caso, ayudar a otros a reproducirse. Lo de la violencia obstétrica extrema es simplemente una estupidez más entre otras muchas.

Porque el “altruismo y generosidad” de unas pocas, no evita  la mercantilización, el tráfico y las granjas de mujeres comprándose embarazos a la carta. La recurrencia argumentativa al “altruismo y generosidad” de las mujeres gestantes, para validar la regularización de los vientres de alquiler, refuerza la arraigada definición de las mujeres, propia de las creencias religiosas, como “seres para otros” cuyo horizonte vital es el “servicio”, dándose a los otros. Lo cierto es que la supuesta “generosidad”, “altruismo” y “consentimiento” de unas pocas solo sirve de parapeto argumentativo para esconder el tráfico de úteros y la compra de bebés estandarizados según precio.

Además de que no hay ningún tráfico de úteros ni compra de bebés estandarizados según precio, aquí muestran que son enemigos del mercado y del comercio, algo nada sorprendente, y que no entienden gran cosa de biología y psicología evolucionista: la mujer sí suele ser más altruista porque tiende de forma natural a asumir una inversión parental mayor. Resulta raro observar cómo alguien intenta defender a la mujer diciendo que su generosidad y altruismo son solamente “supuestos”.

Porque cuando la maternidad subrogada “altruista” se legaliza se incrementa también la comercial. Ningún tipo de regulación puede garantizar que no habrá dinero o sobornos implicados en el proceso. Ninguna legalización puede controlar la presión ejercida sobre la mujer gestante y la distinta relación de poder entre compradores y mujeres alquiladas.

Más fobia a los intercambios monetarios, y preocupación por que a alguna mujer pobre algún rico pueda atreverse a ofrecerle dinero a cambio de servicios de gestación, ¡qué horror! Ignoran que las muy éticamente ilegítimas pero vigentes leyes sobre donación altruista de órganos van en este mismo sentido: ¿se oponen a ellas con los mismos argumentos?

Porque no aceptamos la lógica neoliberal que quiere introducir en el mercado “los vientres de alquiler”, ya que se sirve de la desigualdad estructural de las mujeres para convertir esta práctica en nicho de negocio que expone a las mujeres al tráfico reproductivo.

Efectivamente no aceptan muchas cosas, ni siquiera la lógica o el rigor argumental: son profundamente intolerantes y totalitarios. El tráfico reproductivo suena muy mal, como el de drogas, y las mujeres quedan expuestas a él sin ninguna protección y quizás sufran alguna colisión fatal. Lo de los nichos de negocios tampoco puede ser algo bueno: no a los negocios, todo debe ser ocio.

Porque las mujeres no se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial. La llamada “maternidad subrogada” tampoco se puede inscribir, como algunos pretenden, en el marco de una “economía y consumo colaborativo”: la pretendida “relación colaborativa” sólo esconde “consumo patriarcal” por el cual las mujeres se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial.

O sea que cuando las personas comercian, intercambian, compran, venden, alquilan, se prestan servicios unos a otros, no colaboran: sólo colaboran cuando nosotros decidamos que es así. ¿Y qué pasa si una mujer contrata ella sola con otra mujer una gestación subrogada? ¿También se trata de consumo patriarcal? ¿Qué es lo que se consume y dónde está el patriarca?

Porque nos mostramos radicalmente en contra de la utilización de eufemismos para dulcificar o idealizar un negocio de compra-venta de bebés mediante alquiler temporal del vientre de una mujer, viva ésta en la dorada California o hacinada en un barrio de la India. Así es que nos afirmamos en llamar a las cosas por su nombre, no se puede ni se debe describir como “gestación subrogada” un hecho social que cosifica el cuerpo de las mujeres y mercantiliza el deseo de ser padres-madres.

Si queremos llamar a las cosas por su nombre, ¿podemos calificar a los idiotas liberticidas como tales o hay que callar o usar algún eufemismo para no herir sensibilidades exquisitas? ¿El cuerpo de las mujeres no es una cosa? ¿Es una propiedad abstracta o un ente metafísico intangible? ¿Acaso alguien se apropia del cuerpo de la mujer gestante como si fuera un objeto sin derechos o libertad? El deseo de que alguien me ayude a cuidar, vestir, alimentar, vigilar y educar a mi hijo, satisfecho mediante múltiples relaciones en el mercado ¿es algo horrible?

No hay compra-venta de bebés porque el niño nacido nunca ha sido propiedad de la mujer gestante, quien no puede transferir lo que no es suyo: recibir físicamente al embrión no equivale a convertirse en su dueña o tutor legal. Una madre que deja a su hijo en la guardería, o que envía a su hijo interno a un colegio una temporada, no está transfiriendo la propiedad o derecho de tutela de su hijo. Un caso diferente serían los mercados de adopción, algo legítimo que escandaliza y pone histéricos a muchos y que no es lo mismo que la prestación de servicios de gestación.

Porque la perspectiva de los Derechos Humanos supone rechazar la idea de que las mujeres sean usadas como  contenedoras y sus capacidades reproductivas sean compradas. El derecho a la integridad del cuerpo no puede quedar sujeto a ningún tipo de contrato.

Derechos Humanos con mayúsculas, faltaría más, pero nunca el de propiedad, el de no agresión o el de libertad contractual. ¿Qué parte del cuerpo de la mujer pierde su integridad en un contrato de gestación subrogada? Si una modelo que por contrato voluntariamente aceptado se agujerea la oreja para colocarse un pendiente ¿alguien ha violado el derecho a la integridad de su cuerpo? Si acepto contractualmente que un cirujano afecte a la integridad de mi cuerpo al operarme ¿estamos él o yo atentando contra los derechos humanos?

Entre las firmantes de este manifiesto están las filósofas y catedráticas Amelia Valcárcel y Victoria Camps, lo que viene a reflejar el patético estado intelectual de la filosofía moral en la universidad.

Más tonterías liberticidas sobre este tema:

Vientres de alquiler: consecuencias éticas y jurídicas, de Alicia Miyares, filósofa, portavoz de NoSomosVasijas.

Mercado, vientres de alquiler, prostitución, aborto… El mismo debate, de Beatriz Gimeno

Algo más sensato:

¿Mi útero, mi decisión? Maternidad subrogada, prostitución y aborto, de Emilia Arias.


Lidia Falcón quiere la abolición de la prostitución

10/10/2009

Lidia Falcón, feminista liberticida, se pregunta “Qué hacer con la prostitución”. Al parecer su abuela “luchó por organizar a los trabajadores en defensa de sus intereses y contra las explotaciones del capital a través del cooperativismo y el sindicalismo”. Los trabajadores tienen intereses y cooperan; el capital (tal vez no los capitalistas) explota. Idioteces marxistas en estado puro.

La abuela también luchó por “la abolición de la prostitución”, “esa infame actividad”, “esa infame esclavitud”. No queda claro si se refiere a que todos los esclavos se prostituyen (y quizás alguna persona libre también lo hace) o a que todas las personas que se dedican a la prostitución son esclavos (pero quizás hay esclavos que no lo hacen). Lo de infame seguro que no representa una valoración personal subjetiva: nadie debería valorar la prostitución de otra manera diferente según ella.

Falcón cree que parte de la visión de los defensores de la prostitución como una actividad libre es que:

Según esta visión del problema, mientras los hombres sigan necesitando mujeres para liberar a todas horas sus irreprimibles instintos sexuales, será bueno que haya prostitutas. Y como los vecinos de los barrios afectados están hartos de que los clientes se sirvan de aquellas en plena calle, habrá que estabularlas en burdeles y prostíbulos, fuera de la visión de niños y gentes de orden.

Instintos sexuales irreprimibles a todas horas: qué desenfreno erótico y cuánta resistencia para la actividad sexual; realismo pornográfico puro. Lo de pretender que no se abuse de las calles como espacios comunes para el tránsito no parece equivalente a querer “estabular” a nadie en “burdeles y prostíbulos” (cuya diferencia por cierto desconozco). Los trabajadores que realizan sus tareas en fábricas, o en despachos, no suelen denominarse “estabulados”. Quizás Falcón no sea una pensadora ecuánime; tal vez ni siquiera sea especialmente inteligente y ducha con el lenguaje.

Damos por supuesto que las africanas, las latinoamericanas, las europeas del Este, se pasean por nuestras calles y se ofrecen en los clubs libremente porque eligieron esta opción, contentas de tener un puesto de trabajo. Y también, mientras tanto, aceptamos que hay unas mujeres que sirven para eso –que, por supuesto, no somos ni nosotras ni nuestras madres ni nuestras hijas–, porque los hombres necesitan carne femenina para sus desahogos sexuales y nadie debe inmiscuirse en las transacciones consentidas entre las personas en un país de libre comercio.

O sea que ella (y algunos más no identificados) dan todo eso por supuesto: qué poca capacidad para la observación; obviamente hay trata de mujeres por las mafias para la prostitución. Olvida que quizás no todos los hombres “necesitan carne femenina para sus desahogos sexuales”; algunos quizás recurran a carne masculina, y otros tal vez no utilizan los servicios de las meretrices. También olvida mencionar que quizás hay mujeres que no son trabajadoras sino clientas de la prostitución: qué curiosa omisión.

Pero es verdad que “nadie debe inmiscuirse en las transacciones consentidas entre las personas en un país de libre comercio”: se llama libertad, un concepto que le es completamente ajeno. Y desgraciadamente algo poco común en el mundo actual profundamente intervencionista.

Como, de momento, la prostitución no se va a abolir, sin que por lo menos yo entienda por qué, mientras tanto, podemos habilitar enormes edificios donde encerrar a las prostitutas para que su presencia no sea visible, hacerles pasar controles sanitarios semanales, cobrarles impuestos y cuotas de la Seguridad Social y dejarlas inermes a la disposición de proxenetas, chulos y clientes, allí donde nadie sabrá qué les sucede. Buena solución para la mala imagen de la ciudad, que ya el Ayuntamiento de Barcelona está habilitando, y que colmará los mejores deseos de las mafias de la prostitución.

No sorprende gran cosa que ella no entienda por qué. Sus entendederas son así y no dan para mucho más. Lo de encerrar a las prostitutas ¿es para no dejarlas salir nunca? ¿O a qué se refiere con eso de encerrarlas? ¿Pasar controles sanitarios es malo? Cobrar impuestos sí, eso es feísimo. ¿Todas las prostitutas están “inermes a la disposición de proxenetas, chulos y clientes”? ¿Es que todos son violentos? ¿No hay ninguna prostituta que gane dinero para sí misma sin coacción ajena? ¿O es que estas últimas sólo pueden ser las que ejercen en la calle y no están encerradas, con controles sanitarios y todo lo demás? Lo de que nadie sabrá qué les sucede suena muy dramático pero poco realista: ¿no hemos quedado que van a tener controles sanitarios, que van a pagar impuestos y demás peajes estatales?

Y ya que, según el Gobierno, es imposible aprobar la abolición que el feminismo exige en España desde hace 150 años (en tal reclamación llevamos mucha anticipación a Suecia –aunque nuestro esfuerzo haya obtenido menos resultado–, cuando desde Concepción Arenal hasta mi abuela esa era la única opción posible para los defensores de la libertad de todos los seres humanos), es mejor que, mientras tanto, las mujeres prostituidas entren en el censo de los trabajadores y quizá hasta se creen cursillos de formación profesional como para otros oficios.

Lidia Falcón habla en nombre del feminismo. No hay otro feminismo posible, al menos en España. Las feministas liberales (o liberales feministas) no existen. Y es que hay gente que lleva muchos años, quizás toda su vida, reclamando: quizás no saben hacer otra cosa; tal vez les cuesta mucho pedir por favor, u ofrecer alguna idea sensata.


Beatriz Gimeno contra Jesús Neira

24/06/2009

Beatriz Gimeno, ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, afirma:

Me alegro de que este medio haya explicado cómo es Jesús Neira. La verdad es que yo no me atrevía a hacerlo. Y no hablo ahora de sus ideas políticas que por lo que nos hemos enterado, son cuanto menos curiosas. Hablo, precisamente de aquello por lo que más se le valora socialmente, su supuesta defensa de las mujeres. En realidad, Neira es un machista de los de antes. Eso no quiere decir que yo le niegue cierto valor personal, pero el valor no es suficiente para ocupar un cargo público. Una persona como él, por más méritos al valor que tenga, de ninguna manera debería estar al frente de ningún organismo ni institución dedicada a luchar por la igualdad de género. Quiero creer que muchas personas saldrían en defensa de una mujer -o de cualquier persona- a quien se esté pegando en plena calle. Pero de ahí a ser un héroe feminista hay un trecho muy largo en el que, por lo menos, hay que hablar con la persona en cuestión a ver qué opina de las cosas. Con Jesús Neira no habló nadie y ahora pasa lo que pasa.

Jesús Neira supuestamente defiende a las mujeres. Beatriz Gimeno supuestamente tiene cerebro. Eso sí, es una feminista de las de ahora, de lo más progre y políticamente correcta.

Existe un machismo criminal y delictivo que es el de aquellos que maltratan y asesinan a las mujeres y que, afortunadamente, son los menos.

Existe un feminismo criminal y delictivo que es el de aquellas que maltratan y asesinan a los hombres y que, afortunadamente, son las menos.

Después hay un machismo de menor intensidad, el de toda la vida, el de aquellos que piensan que las mujeres son distintas de los hombres y que merecen un trato diferente.

Después hay un feminismo de menor intensidad, el de ahora mismo, el de aquellas que piensan que las mujeres son iguales a los hombres, y que cuando no lo son exigen que la igualdad se lleve a cabo mediante la coacción estatal.

Es el machismo de todos aquellos que están a favor de diferenciar a niños y niñas en la escuela, aquellos que defienden que hombres y mujeres -iguales en dignidad, como dice la Iglesia- tienen sin embargo distintas capacidades y por tanto deben ocupar esferas sociales distintas, lo que al final se traduce en el machismo de toda la vida: ellas en casa, ellos a trabajar fuera.

¡Cómo se le ocurre a alguien pensar que las capacidades de hombres y mujeres puedan ser diferentes! Lo que no queda claro es cómo se pasa de allí al deber de ocupar una esfera social distinta. Las personas suelen hacer y ser lo que quieren y pueden: el deber suele imponerse desde fuera, sobre todo desde el Estado que se supone debe garantizar la maravillosa igualdad.

Esta última postura no excluye sino que, al contrario, muchas veces lleva aparejado una especie de trato supuestamente deferente hacia las mujeres. Se nos cede al paso al llegar a una puerta, pero no se nos cede ni una pizca de poder; se nos hace reinas de la casa, pero para que nos quedemos dentro. Es el machismo de nuestros abuelos y de muchos de nuestros padres (en el mejor de los casos).

Obsérvese cómo utiliza la voz pasiva para ocultar quién no les da poder y hacerse la víctima. Al hablar de sus padres y sus abuelos obviamente está mostrando que ha tenido ciertos problemas con su historia personal que ella traspasa a todos los demás.

Yo ya me había dado cuenta de que Jesús Neira es de estos cuando recién salido del coma, en la primera entrevista que le hicieron, le preguntaron por su opinión sobre el machismo que se observaba en los colegios y en los jóvenes y sobre cómo erradicarlo. Al hombre no se le ocurrió otra cosa que afirmar que hay que enseñar a los niños a tratar a las niñas con “deferencia”. Ni una sola vez en toda la entrevista pronunció la palabra “igualdad”, que es lo que hay que enseñar a los niños, y no deferencia. En todo caso habrá que enseñar a niños y niñas a tratar a cualquier otra persona con educación, pero en ningún caso las niñas merecen ningún trato especial que enmascare la desigualdad. Las mujeres no queremos deferencia, queremos igualdad y eso es lo que hay que enseñar. Por eso me parece nefasto que alguien al que sólo se le ocurre eso de la deferencia esté al frente de un organismo de igualdad, aunque tratándose de un organismo de Esperanza Aguirre no me extrañaría que se dieran clases de ceder el paso y después se hicieran exámenes. En fin, que Jesús Neira no es partidario de la igualdad entre hombres y mujeres y estoy segura de que estará de acuerdo con que el feminismo es un mal que extiende eso que la iglesia llama “la perversa ideología de género”. Neira no cree en la igualdad de género y Aguirre le ha puesto a cuidar de ella. Fabuloso.

Esta doña nadie se considera representante de todas las mujeres y habla en su nombre para informarnos de lo que todas quieren. Además desde su superioridad moral nos ordena lo que hay que enseñar: igualdad. Dada su ínfima calidad intelectual y personal es dudoso que pueda entender que muchos se resistan a igualarse a ella.