Tonterías selectas de Teresa Galeote, Comisión Política del Partido Feminista de España

26/11/2019

Tonterías selectas de Teresa Galeote, Comisión Política del Partido Feminista de España

¿Por qué matar mujeres importa tan poco?

La cifra oficial rebaja el número para no hacer tan ostensible la tragedia.

cultura patriarcal, en perfecto maridaje con el perverso sistema económico que padecemos

status de cosificación que se dio a las mujeres

agresiva cultura patriarcal, desencadenante de todo tipo de conflictos.

En nuestro país las violaciones, los maltratos y los asesinatos dan cifras alarmantes, pero a los sucesivos gobiernos, al parecer, les parece que son efectos colaterales de nuestra compleja sociedad.

la actual Ley de violencia de género … no es buena porque permite seguir asesinando mujeres impunemente. No es buena porque cuando las mujeres denuncian los continuos malos tratos y las amenazas de muerte no se pone suficientes mecanismos en marcha para abortar los asesinatos anunciados. No es buena porque se exige la carga de la prueba a la mujer y no al agresor y presunto asesino.

Las mujeres merecemos una ley integral que nos proteja de violadores y de asesinos, pero eso no está entre las prioridades del gobierno. Hacen falta leyes que penalicen la violencia machista, leyes que no puedan ser interpretadas de diversas formas, leyes que protejan a la mujer y que condenen al agresor. La paridad de hombres y mujeres en la representación política no es suficiente si no se logran leyes que saquen a la mujer del estado de servicio y cosificación que aún perdura; leyes que garanticen el respeto que las mujeres merecemos como protagonistas de nuestra vida, y sin peligro de ser asesinadas. Los crímenes de mujeres deben tipificarse como crímenes de lesa humanidad, por cuanto se ejerce terrorismo sobre una determinada población.

somos mujeres, seres incompletos según algunos filósofos antiguos y contemporáneos, seres para satisfacer a prostituidores y proxenetas, o para alquilar vientres, (vasijas, según Platón y Aristóteles).

Los políticos, con algunas dignas excepciones, no entienden la situación porque asumen la ideología patriarcal. Y ese virus les lleva a decir que debe legalizarse la prostitución, aunque ésta sea la nueva esclavitud del siglo XXI (de cada diez víctimas de la trata de mujeres siete son menores de edad). Y compruebo, con mucha tristeza, que cuando las mujeres llegan al poder utilizan los mismos parámetros mentales que los hombres, que no es otro que afianzar la milenaria cultura patriarcal que rige el mundo.

La cosificación de la mujer llega al paroxismo cuando los anuncios que denigran a la mujer están permitidos, cuando la mujer se expone como un objeto que pueden comprar los hombres para afianzar su masculinidad y su poder. La realidad es que se fomenta la violencia machista desde diversos ámbitos del Estado y de la sociedad, normalizando actitudes que deberían ser condenadas con contundencia.


Tonterías selectas de Elena San José sobre feminismo y liberalismo

24/11/2019

Tonterías selectas de Elena San José:

Feminismo liberal

… que el feminismo esté de moda significa que el mercado, el poder, va a intentar utilizarlo a su favor hasta haber conseguido absorberlo por completo.

Amancio Ortega … trampea la ley para pagar menos impuestos y deslocaliza negocios para producir más barato a costa de los derechos humanos…

… cada vez que abrimos un mercado estamos obligando a los pobres a entrar en él. Da igual si se trata de los vientres de alquiler o de la prostitución: ambos constituyen un gigantesco negocio internacional de explotación de mujeres pobres.

… lo más falaz de todo es el enfoque, que siempre es el de la oferta, como si la causa de que exista la prostitución fuera la existencia de mujeres que se prostituyen y no la existencia de hombres dispuestos a pagar por consumir el cuerpo de mujeres que no les desean. Quizá lo que hay que hacer es empezar a cambiar el sujeto de las preguntas: ¿quién demanda la prostitución?, ¿por qué las mujeres no acceden a este servicio en la medida en la que lo hacen los hombres?, ¿por qué no hay apenas oferta masculina?, ¿es apropiado hablar de consentimiento o deberíamos hablar de deseo?

… El capitalismo disfraza de modernidad y empoderamiento las prácticas más viejas y deshumanizantes (precariedad laboral, mercantilización de la vida), y lo hace además enarbolando la bandera de la incorrección política. Pero si nos desprendemos del envoltorio y las capas de barniz, comprobamos que las relaciones de poder siguen intactas, da igual si el instrumento es una fábrica industrial o una plataforma de comida a domicilio. En el decálogo del partido naranja se lee: «nunca habrá igualdad sin libertad», pero lo cierto es que la única manera de llegar a la libertad es mediante la igualdad, pues solo entre iguales se puede ser libre.

… El feminismo teoriza sobre lo que une a las mujeres, también a las de las clases más altas, pues todas compartimos una historia de opresión, en palabras de la teórica Ana de Miguel, pero también teoriza y se rebela contra la alianza entre patriarcado y capital, cuyos efectos no solo no se reparten equitativamente sino que siempre recaen en las mismas: las de abajo y las de fuera.

… el feminismo trabaja por la libertad de todas, no por el beneficio de unas pocas a costa de la libertad de las demás.

… Capitalismo y patriarcado son dos sistemas autónomos, cada uno trasciende al otro, pero también lo refuerza. Y cabe recordar, volviendo a la ya citada Ana de Miguel, que la teoría feminista es una teoría crítica del poder y no una teoría neoliberal de la preferencia individual. No se pueden defender los derechos humanos desde un sistema que priva de ellos a la mayoría social. El mal llamado feminismo liberal: ni es feminista, ni es liberal.


Tuitioteces feministas

22/05/2019

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Feministeria y feministerio

13/03/2019

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Feministeria y feministerio

Feministeria y feministerio: uso del lenguaje inclusivo y equitativo, con una palabra de género femenino, colocada además en primer lugar, y otra de género masculino; es una expresión que concentra información relevante en solo dos términos clave para entender el feminismo radical hegemónico.

Feministeria: histeria feminista, o feminismo histérico. La exageración, la distorsión, la excitación acelerada, el hiperactivismo catastrofista, irreflexivo y acrítico, son características esenciales del feminismo antiliberal hegemónico en la actualidad. No se trata de que la mujer sea histérica por su propia naturaleza, como insinúa la etimología de ese término al referirse a la matriz o útero: la histeria como neurosis no es algo exclusivamente femenino.

Las auténticas víctimas de agresiones, que obviamente existen, gritan por pánico y dolor para llamar la atención y pedir ayuda. Las feministas radicales hacen trampa, engañan, mienten, se hacen pasar por víctimas y aseguran que las mujeres están oprimidas por el machismo, el patriarcado y el capitalismo. Hablan en nombre de todas las mujeres, a quienes no representan, y se proclaman altruistas y heroicas defensoras de las débiles y vulnerables frente a los malvados y poderosos opresores. Chillan, protestan, repiten eslóganes, acusan sin pruebas, estigmatizan a sus rivales, se felicitan unas a otras, practican el postureo ético y hacen ostentación de su presunta superioridad moral. Su lenguaje es visceral, pasional y manipulador: tal vez porque el pensamiento razonado y riguroso, del que parecen no ser capaces, mostraría sus errores y falacias. El feminismo es bueno y todo lo que se le oponga es malo por definición: los que crispan, desunen y odian son los otros, los críticos del feminismo radical.

Ejemplos de feministeria: el eslogan “Nos están matando”; las referencias a la distopía “El cuento de la criada” al tratar la legalización de la gestación subrogada, las restricciones al aborto, o el partido político Vox; el análisis de la prostitución como algo siempre forzado y esencialmente violencia y esclavitud.

Una alternativa a la feministeria es la feministoria: las feministas radicales afirman que están haciendo historia, y esto es parcialmente cierto; sin embargo la historia no consta solamente de eventos positivos, y el feminismo radical claramente no lo es, aunque se considere a sí mismo “progresista”; por otro lado las historias de las feministas radicales tienen mucho de drama o tragedia, y esto es porque tienen mucho de cuentos o ficciones, y además de baja calidad.

Feministerio: politiqueo y demagogia feminista, o ministerio del feminismo. Lo personal es político, lo sexual es político, lo reproductivo es político, lo familiar y doméstico es político: todo debe quedar politizado y colectivizado, sin ningún lugar para la libertad individual, la responsabilidad y la tolerancia. El feminismo liberal se critica por imposible, contradictorio, o propio de ricas insolidarias que no practican la sororidad. El feminismo radical es hoy una herramienta electoralista y sectaria para alcanzar el poder político y expandir la coacción estatal. Tras el fracaso del socialismo y el comunismo se ha convertido en parte fundamental de la ideología antiliberal y de las políticas de identidad empleadas para polarizar, motivar y aglutinar a los votantes.

Sirve como excusa para la búsqueda de todo tipo de privilegios en forma de cuotas o subsidios y subvenciones a individuos, grupos de interés y redes clientelares corporativistas a costa del bolsillo de los contribuyentes. Hay ministerios o secretarías de la mujer o de la igualdad: no de la igualdad ante la ley sino mediante la ley. También abundan institutos, observatorios, fundaciones, organismos, informes y talleres para la formación en perspectiva de género (está mal decir ideología de género): teóricamente muchos son no gubernamentales, pero están enchufados a los presupuestos, bien regados con dinero público y siempre exigen más.

El feminismo antiliberal es marxista, intervencionista, estatista, posmoderno, colectivista, socialista, comunista, de izquierda o de extrema izquierda: decreta de forma obsesiva que el feminismo debe ser anticapitalista y opuesto al liberalismo (o al neoliberalismo, lo que suene peor). Es autoritario e intolerante: pretende defender la libertad y no para de obligar y prohibir, de decir lo que se debe y no se puede hacer.

Repite de forma acrítica e irreflexiva eslóganes y dogmas de fe absurdos que sirven como señal de pertenencia leal a un grupo cohesionado cuyos miembros compiten por demostrar su alto estatus como virtuosos progresistas. Defiende que las diferencias entre hombres y mujeres no existen o que son constructos sociales arbitrarios resultado de la educación sexista para el control patriarcal del hombre sobre la mujer: todo es cultural o sociológico; nada es biológico, natural, genético o innato. Manipula el lenguaje con descaro y no le preocupa mucho el conocimiento de la verdad porque su activismo político se basa en el engaño y el autoengaño y en ignorar o distorsionar los hechos para imponer sus valores, sus criterios y sus intereses sobre los demás.

Asegura que las mujeres están oprimidas y explotadas por el patriarcado y que todos los hombres son machistas: si alguna mujer no está de acuerdo es que está alienada, abducida, no tiene la conciencia correcta. Afirma que las mujeres que escogen voluntariamente ciertas cosas (prostitución, gestación subrogada, dedicación a la familia, preferir ciertas profesiones a otras) no lo hacen de forma realmente libre: no son autónomas, están obligadas por la necesidad o la presión social (los estereotipos, las expectativas ajenas); lo que esas mismas mujeres digan sobre sus propias decisiones no importa, no es válido y no debe tenerse en cuenta.

Feminismo y liberalismo

La libertad individual significa respeto a derechos de propiedad (especialmente la posesión de uno mismo), rechazo a la violencia y la amenaza de la misma, y derecho a compensación por daños sufridos; también implica la posibilidad de contratar con otros y la obligación de cumplir los acuerdos voluntariamente pactados. Libertad es responsabilidad y tolerancia: responsabilidad para asumir las consecuencias de las decisiones tomadas, reparar los posibles daños causados y no vivir a costa de los demás; tolerancia para respetar las decisiones ajenas que no supongan agresiones o violaciones de la libertad de nadie.

El feminismo ha sido un movimiento muy positivo y compatible con el liberalismo en la medida en que ha trabajado por la libertad de la mujer y por la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres. La causa de la libertad de la mujer es parte de la causa más amplia de la libertad del ser humano. El liberalismo defiende los derechos y deberes individuales de la mujer igual que los del hombre porque son los mismos: el sexo o el género son irrelevantes para el carácter de sujeto ético o la ciudadanía política.

Las mujeres tienen múltiples semejanzas con los hombres y también presentan diferencias en cuanto a sus capacidades y sus intereses que no son meros constructos culturales impuestos por la sociedad. Estas diferencias no implican un trato moral o legal distinto, ni a favor ni en contra. El liberalismo se basa en la igualdad ante la ley, no mediante la ley, y rechaza derechos especiales o privilegios de unos a costa de otros. Hombres y mujeres son complementarios y pueden cooperar voluntariamente sin necesidad de constituirse en clases o grupos enfrentados según su sexo.

La historia pasada de la humanidad, y el presente en algunos países, muestra abundantes ejemplos de agresiones, sumisión o discriminación legal contra las mujeres. Las mujeres pueden tener problemas específicos por su mayor vulnerabilidad frente a los hombres y su carácter de víctimas ante ciertos ataques contra su libertad como las violaciones, la esclavitud sexual, los abusos o acosos sexuales y las agresiones físicas, desde el maltrato hasta el asesinato. En algunas sociedades menos desarrolladas se dan fenómenos como la mutilación genital a niñas, los ataques por rechazo de propuestas afectivas, sexuales o matrimoniales (desfiguraciones con ácido), los matrimonios forzados y de menores, los castigos discriminatorios y violentos por adulterio (como la lapidación), el control de la conducta, la vestimenta o la actividad sexual de la mujer, o su sumisión a su padre, a sus hermanos o a su marido.

Algunas agresiones son especialmente problemáticas porque se cometen en el marco íntimo de relaciones familiares, afectivas y de convivencia doméstica: están relacionadas con conflictos de parejas, con el paso del amor al odio, los celos, las infidelidades, los rechazos, las rupturas. Sus perpetradores y sus víctimas pueden ser tanto hombres como mujeres en parejas heterosexuales u homosexuales. Dada la diferencia relativa en fuerza y agresividad física, normalmente los daños sufridos por la mujer atacada por un hombre son mayores.

La agresión violenta es algo ilegítimo y rechazado por todos, especialmente los liberales, y existen mujeres víctimas de la misma, al igual que hombres. Sin embargo las feministas radicales parecen dar importancia exclusiva a las mujeres como víctimas y a los hombres como atacantes, e incluyen en las categorías de agresión o de violencia hechos muy diferentes a los daños físicos, como la conducta verbal, o simplemente inventados, como la presunta violencia estructural opresora contra las mujeres.

Los asesinatos, las violaciones y las agresiones contra la integridad física son crímenes violentos especialmente graves. Pero la violencia física no es lo mismo que la llamada violencia psicológica en forma de insultos, menosprecios, comentarios desagradables o no deseados. Contra la violencia real la víctima puede quedar indefensa por su incapacidad física de defenderse de forma efectiva; las ofensas verbales pueden resultar dolorosas, pero se resuelven con cierta facilidad ignorando al interlocutor, alejándose de él, o mostrando al público el tipo de persona que es poniendo en conocimiento de otros su comportamiento. Las mujeres son libres y capaces para escoger con quién se relacionan y para abandonar a quienes las desprecian.

Las feministas radicales se apropian del lenguaje para imponer su terminología con el asunto de la violencia de género, que solo incluye las agresiones de hombres contra mujeres en una relación de pareja: excluye las agresiones de hombres contra mujeres fuera de la relación de pareja (violaciones o abusos sexuales contra desconocidas) y las agresiones de pareja de hombres contra hombres, de mujeres contra mujeres o de mujeres contra hombres.

Si los poderes públicos tienen como una de sus funciones principales la defensa de las personas ante posibles agresiones con mecanismos preventivos y punitivos, tiene sentido que se concentren recursos para la protección de los individuos más vulnerables y amenazados, que se controle a los agresores potenciales y se castigue con dureza a los agresores efectivos, y que se compense a las víctimas con cargo a sus agresores. Sin embargo la ley justa no puede discriminar según el sexo de las personas: no puede ni privilegiar ni perjudicar a hombres o mujeres por el mero hecho de ser hombres o mujeres; no puede castigar más a un hombre que a una mujer por los mismos hechos y resultados; las leyes que afectan a todos deben tratar a todos por igual. La ley justa tampoco puede atribuir motivaciones generalizadas a todos los casos sin conocer su realidad, como el presunto machismo en todas las agresiones contra mujeres y la esencialmente inexistente opresión patriarcal de la mujer.

El sexismo y el machismo como actitudes y conductas son posibles, y hay individuos con opiniones denigratorias contra las mujeres. Pero aunque resulte desagradable para muchos, parte esencial de la libertad individual consiste en poder elegir con quién uno quiere relacionarse o no, y esto incluye la posibilidad de discriminar de forma sistemática por algún rasgo como el sexo; para luchar contra el sexismo también es posible discriminar o boicotear a aquellos que tienen actitudes o conductas sexistas y promover cambios culturales espontáneos sin necesidad de intervencionismo estatal.

No es cierto que los hombres estén matando a las mujeres. Ni todos los hombres son agresores por el mero hecho de ser hombres, ni todas las mujeres son víctimas por el mero hecho de ser mujeres. La violencia contra la pareja íntima se concentra contra la persona concreta por el carácter específico de la relación afectiva, y no se produce contra individuos aleatorios del sexo adecuado. Las agresiones no se deben al machismo ni al patriarcado, y más bien reflejan la dificultad de erradicar completamente la violencia y la incompetencia de los poderes públicos (políticos, legisladores, policías, jueces, burócratas, funcionarios), que son incapaces de realizar de forma eficaz y eficiente sus funciones más elementales de protección de los ciudadanos.

En países avanzados y desarrollados como España las mujeres viven seguras y mejor que en otras partes del mundo donde son agredidas o discriminadas sistemáticamente: el feminismo radical es especialmente activo donde es menos necesario. La situación de las mujeres puede mejorar, igual que la de cualquier ser humano, pero no con menos sino con más libertad para todos.

La sociedad libre, el libre mercado y el capitalismo son beneficiosos para las mujeres. En la sociedad libre la mujer es un sujeto ético autónomo y responsable con los mismos derechos y obligaciones que el hombre, ni más ni menos. Es dueña de sí misma, tiene derechos de propiedad y puede contratar voluntariamente con otros. No es tratada como una menor de edad que debe ser tutelada, como una dependiente incapaz de valerse por sí misma, o como una víctima sistemática que necesita protección especial. Es libre en su actividad sexual y puede vivir sola, en pareja o con quien quiera, casándose o no, y teniendo hijos o no.

En el ámbito económico el libre mercado es el mejor sistema para el avance y la emancipación de la mujer. Le permite ser productiva y creativa y decidir según sus preferencias y capacidades si quiere emprender o trabajar y en qué, o si prefiere dedicarse a su familia y su hogar, o combinar ambas cosas, siempre asumiendo de forma responsable los costes y las consecuencias de sus decisiones, como el posible menor avance profesional en caso de dedicar más tiempo a lo personal y doméstico, o un menor salario por menos horas de trabajo o por dedicarse a profesiones menos demandadas. En su actividad laboral el mercado competitivo la recompensa con un salario determinado esencialmente por su productividad igual que lo hace con el hombre. La discriminación positiva es injusta y fomenta la sospecha de que algunas mujeres tienen ciertos cargos de responsabilidad no por su capacidad sino por su sexo.


Mitos y realidades del feminismo

04/03/2019

Mitos y realidades del feminismo: informe del Instituto Juan de Mariana, por Irune Ariño, Santiago Calvo, Francisco Capella y Cuca Casado.

Mi parte es sobre la ciencia de las diferencias sexuales (capítulo IV y anexos).


Día de la mujer: poca libertad

09/03/2017

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La causa de la libertad de la mujer es parte de la causa más amplia de la libertad en general. El liberalismo defiende los derechos y deberes de la mujer igual que los del hombre porque son los mismos: libertad, propiedad, no agresión (y compensación por las agresiones sufridas), y cumplimiento de los contratos voluntariamente pactados; lo que no acepta es derechos especiales o privilegios de unos a costa de otros. La igualdad ante la ley que respete la libertad individual y los derechos de propiedad ya incluye los derechos de las mujeres como idénticos a los de los hombres, porque el género o sexo son irrelevantes para el carácter de sujeto ético.

De forma variable según los diferentes grupos humanos, las mujeres han sido y son víctimas relativamente más frecuentes o sistemáticas de agresiones, discriminaciones, prohibiciones u obligaciones contrarias a la libertad: asesinatos, violaciones, abusos sexuales, mutilación genital, diferentes derechos civiles o políticos, subordinación coactiva a los hombres. Estas mujeres tienen derecho a reclamar su libertad y a quitarse de encima a sus opresores, posiblemente con ayuda de otras personas que quieran solidarizarse con ellas. Sin embargo ninguna persona tiene ningún derecho a exigir nada a quienes no las han agredido ni son responsables de sus problemas, y algunas personas pueden hacerse las víctimas sin serlo en realidad para de este modo conseguir simpatías y ventajas.

Muchas agresiones contra la mujer son directamente responsabilidad de ciertos Estados más o menos autoritarios, y en otras el Estado burocrático y funcionarial (policía, justicia) muestra su incompetencia para defenderlas. Muchas situaciones de pobreza, que afectan más intensamente a las mujeres, se deben al carácter nocivo de ideologías colectivistas, socialistas y comunistas. Por otro lado algunos Estados discriminan de forma ilegítima a favor de las mujeres, con obligaciones como cuotas o leyes de paridad.

En el Día Internacional de la Mujer han abundado las declaraciones solemnes, altisonantes, grandilocuentes; lo políticamente correcto, la indignación moral, la protesta reivindicativa, la pose progresista y el feminismo colectivista e intervencionista; las declaraciones de solidaridad sin asumir ningún coste real; el postureo, la superioridad moral, el aplauso a uno mismo y a los de mi cuerda, las señales de lealtad y pertenencia al grupo, los intentos de mejorar la propia reputación y el estatus social estando a favor del bien y en contra del mal; los guiños a las mujeres para caerles mejor y quizás así ligar más. Se ha reclamado igualdad, pero no ante la ley, sino mediante la ley. Han escaseado la libertad y la inteligencia, y ha habido poca o nula defensa de la responsabilidad y la tolerancia: los culpables siempre son otros y el razonamiento económico correcto ha brillado por su ausencia.

Se han metido en un mismo saco cuestiones tan diferentes como los piropos (“acoso callejero”), los “micromachismos” de moda, los asuntos económicos (la falaz brecha salarial o de ingresos), y crímenes muy graves como las violaciones, la esclavitud sexual o los asesinatos. Se ha insistido en afirmar que todo son cuestiones meramente culturales o socioeconómicas (el patriarcado, el heteropatriarcado), ignorando realidades biológicas y olvidando mencionar que países tan avanzados como los escandinavos tienen cifras comparables de asesinatos por violencia de género.

Se ha reclamado igualdad en las tareas domésticas y de cuidado de dependientes como si fuera un problema colectivo cuando se trata de un asunto que cada familia puede y debe resolver por sí misma: si una mujer no está de acuerdo con la contribución de su pareja (o del resto de la familia), puede abandonarlo y buscar a otro (escogiendo mejor esta vez), proponer algún acuerdo contractual sobre la distribución del trabajo doméstico, o exigir algún tipo de compensación a cambio de su mayor dedicación. Conviene recordar que la división del trabajo y la especialización son estrategias de optimización de recursos que tienden a incrementar la eficiencia y la productividad, y que algunas personas pueden trabajar menos en casa porque trabajan más fuera de casa o aportan más dinero al hogar.

Es interesante observar cómo las críticas en este ámbito suelen ser a bulto, al hombre en general y no a alguno concreto en particular con nombres y apellidos: casualmente los familiares o parejas de las denunciantes casi siempre parecen estar exentos de culpa o al menos no son mencionados, de modo que los malos deben de ser otros; o quizás se trata de críticas a ellos pero sin atreverse a señalarlos con el dedo.

Se ha insistido en que es injusto que las mujeres no puedan desarrollar su trabajo y su carrera profesional en igualdad de condiciones con los hombres por los problemas de las cargas familiares (embarazo y cuidado de niños): pero la justicia compatible con la libertad consiste en que las reglas sean las mismas para todos, no que los resultados o las circunstancias personales sean todos iguales. Las diferencias biológicas y psicológicas existen pero no son injusticias. En una sociedad libre nadie está obligado a reproducirse ni a financiar la reproducción de los demás: quien quiere tener hijos asume sus costes y sus consecuencias y no pretende que son un bien público que debe ser subvencionado.

Se ha hablado de compensar económicamente el trabajo doméstico de las amas de casa, obviando que este se hace para uno mismo o sus allegados y no para la sociedad en su conjunto. Si uno quiere un sueldo por esta labor, que se lo pida o exija a sus directos beneficiarios y que no busque desvergonzadamente una subvención a costa de todos los demás. Si lo que quieren es reconocimiento, pues muchas gracias.

Se han criticado las actitudes o declaraciones verbales machistas, que existen, pero estas frecuentemente no son agresiones delictivas sino meras groserías, valoraciones particulares o ideas falsas o arbitrarias de descerebrados o maleducados que muchos rechazan (“el hombre es superior a la mujer”, “la mujer debe quedarse en casa y obedecer al hombre”). En lugar de fomentar la hipersensibilidad tal vez convendría aprender algo de imperturbabilidad, o quizás recurrir a la burla y al repudio social (lo que entraría en conflicto con que todo el mundo es bueno, honorable o digno).

Se ha hablado de violencia machista o de género cuando (salvo en las violaciones) no se trata de hombres que maltraten, ataquen o asesinen mujeres al azar simplemente porque son mujeres, sino que son crímenes pasionales específicos, agresiones dirigidas a sus parejas afectivas por problemas de celos patológicos, infidelidades o rupturas de la relación. Se trata de situaciones difíciles de resolver por la dependencia económica, por el miedo a represalias, por la vergüenza de reconocer el fracaso de la relación, por la baja autoestima y por la toxicidad de muchas relaciones de dependencia psicológica.

El maltrato físico a una mujer es claramente una agresión, y el asesinato de una mujer es un crimen muy grave, del mismo modo que el maltrato físico a un hombre es una agresión y el asesinato de un hombre es un crimen muy grave. En el ámbito de las relaciones de pareja estos delitos o crímenes suelen ser perpetrados de forma muy mayoritaria por el hombre contra la mujer porque este tiende a ser más fuerte y violento que aquella, más débil y vulnerable. Para reducir estos crímenes hace falta menos postureo y más soluciones eficaces: mejor vigilancia y quizás sanciones más graves para los agresores (teniendo en cuenta que en los crímenes pasionales los desincentivos penales pueden ser muy poco efectivos). Estas soluciones pueden ser muy complicadas por la naturaleza íntima del hogar y de las relaciones de pareja: existe la posibilidad de fallar en ambos sentidos, no protegiendo adecuadamente a víctimas potenciales o condenando a inocentes (por las posibles denuncias falsas, cuya inexistencia o irrelevancia no ha quedado demostrada).

Se ha denunciado que el número de víctimas de estos crímenes es inaceptablemente alto, que una sola víctima ya es demasiado, y que se trata de un problema que afecta o debe concernir a todos. Obviamente para las víctimas y sus allegados esto es un problema muy grave. Sin embargo estos problemas son localizados, la mayoría de la sociedad no los sufre directamente, y las posibilidades de ayudar son limitadas e imperfectas. Las campañas de sensibilización suelen ser poco realistas y efectivas y sirven más como señal de superioridad moral.

Se ha criticado la cosificación de la mujer como adorno u objeto sexual, el uso de mujeres atractivas como reclamo en publicidad, eventos deportivos o programas de televisión. Les disgusta que mucha gente preste atención al físico de las mujeres, lo cual tiene una explicación psicológica evolutiva que se ignora o rechaza (señal de salud y aptitud biológica), asegurando que la “tiranía de la imagen” es algo meramente cultural y socioeconómico. Sin embargo no se trata de que la publicidad pervierta las preferencias de hombres y mujeres para vender productos de belleza, sino que se reconocen una preferencias naturales y se ofrecen medios para satisfacerlas.

Estos críticos menosprecian a las mujeres que quieren sacar partido de su belleza con algún trabajo como modelo, para el cual la imagen suele ser muy importante. En realidad no todas las mujeres son vistas como objetos sexuales o decorativos, sino que esto es función de su atractivo físico y sexual: como no todas lo son igualmente, quizás estos ataques contengan algo de envidia inconfesable o de mecanismo para limitar o prohibir la competencia en este ámbito (si no puedes ganar, que nadie juegue). Por otro lado también hay hombres objeto que triunfan por su atractivo físico, y las mujeres tienden a preferir en los hombres atributos parciales como riqueza, poder, éxito y estatus.

Se ha repetido de forma acrítica el topicazo de la brecha salarial, a menudo asegurando con nulo rigor que las mujeres cobran mucho menos por el mismo trabajo en las mismas condiciones, lo cual es empíricamente falso y teóricamente paradójico: ¿a qué están esperando los empresarios ávidos de beneficios para contratar a todas estas mujeres más productivas, eficientes y competitivas que los varones? Cuando se desmonta este discurso se cambia de tema y se habla de brecha de ingresos: las mujeres y los hombres deben ganar lo mismo independientemente del valor que aporten, o deben ganar lo mismo como conjunto. También se ha criticado que la sociedad o el mercado no valoran adecuadamente la aportación laboral femenina, pero esto es simplemente un berrinche camuflado, la protesta carente de argumentos sólidos de quien no está de acuerdo con las preferencias ajenas.

Se ha insistido en que es un grave error económico el desperdiciar la mitad del talento de la población, como si esa mitad estuviera de manos cruzadas sin hacer nada, o como si el trabajo por cuenta ajena en el mercado laboral fuera siempre mejor idea que el trabajo doméstico. Se ha recordado que las mujeres tienen mayor educación pero ganan menos: quizás porque no han adquirido el capital intelectual más valorado en el mercado laboral, porque sus preferencias de ocupación profesional son diferentes a las de los hombres, o porque han desperdiciado el gasto en su educación. Es interesante que no se mencione la brecha en accidentes laborales mortales: adivinen qué sexo los sufre de forma casi total.

Se ha hablado de conciliación laboral, obviando que las rigideces a menudo proceden de la regulación estatal y del intervencionismo sindical. Se olvida que el trabajo consiste en servir a otros (empleadores, clientes), y que estos otros tienen algo que decir sobre cuándo y cómo desean ser servidos.

Algunos ejemplos:

Lidia Falcón, líder del feminismo español más antiliberal, y que aparentemente se cree dueña del movimiento, protesta contra “Las últimas perversiones del feminismo”:

… lo que desconcierta y desanima es comprobar cómo en este Primer Mundo, que disfruta de los avances que los movimientos sociales han alcanzado en siglos de cruentas batallas, un sector del MF, más desinteresado hoy de la lucha por la subsistencia, está derivando a defender reclamaciones que contradicen la esencia misma del feminismo.

Cuando reclamábamos el derecho al amor libre, vindicación que ha cumplido más de un siglo, no pudimos ni imaginar, ni nosotras ni nuestras heroicas antepasadas, pioneras de todas las luchas, que tal reclamación se pervirtiera de tal modo que se defendiera la prostitución como un trabajo aceptable, o incluso deseable, ignorando la degradación moral y la explotación económica que supone dicha esclavitud para las mujeres.

… un sector del feminismo ve con complacencia la explotación de las víctimas, haciendo una infame campaña a favor de legalizarla, montando incluso una Escuela de Prostitución en Barcelona…

… Cuando aún no hemos logrado abolir la prostitución y situarnos entre los países avanzados moralmente, nos encontramos con que unos sectores del movimiento LGTB defienden legalizar “los vientres de alquiler” Es decir, la mercantilización más absoluta del cuerpo de la mujer. Y como esa es una demanda del movimiento homosexual, predominantemente masculino, que tiene influencia en muchos de los partidos políticos, y dinero para financiar sus campañas, han logrado que la mayoría de ellos no se defina en contra, a la espera de ver cuántos votos logran.

Mariano Rajoy Brey, presidente del gobierno:

… en cada una de las decisiones que tomemos ahora, tenemos la oportunidad de hacer frente a la sinrazón que, históricamente, ha dejado a tantas mujeres fuera del mercado laboral o ha minusvalorado su contribución con salarios más bajos que los de sus compañeros varones.

… tampoco puede permitirse desperdiciar el talento de la mitad de la población.

Queremos que la sociedad española supere las desigualdades salariales injustificadas, y estamos comprometidos con la puesta en marcha de medidas que estimulen la conciliación de la vida familiar y laboral, y la corresponsabilidad en las tareas del cuidado de los hijos.

Aún persisten, en efecto, importantes desigualdades entre mujeres y hombres. Destacan las relativas al cuidado de hijos o de familiares en situación de dependencia, que colocan a las mujeres en situación de desventaja en sus carreras profesionales y contribuyen a que al final de su vida laboral alcancen unos ingresos más bajos que los de sus compañeros varones. Para compensar esta diferencia, el Gobierno ha introducido un complemento de hasta un 15% en la cuantía de las pensiones que reciben las mujeres que han sido madres.

Me gustaría también tener en el día de hoy un sentido recuerdo por todas y cada una de las mujeres asesinadas por sus parejas o ex parejas y por las que todavía siguen inmersas en la mayor y más insoportable manifestación de desigualdad, la violencia de género.

Porque si hoy es el Día Internacional de la Mujer, queremos que todos los días del año sean su día: el de las mujeres y los hombres en condiciones de igualdad.

David Bollero

Rosa María Artal

Cristina Antoñanzas, vicesecretaria general de UGT

Miguel Lorente Acosta

Berna González Harbour

Editorial de El País

Jose Ignacio Torreblanca, jefe de Opinión de El País (algo más razonable en comparación con los anteriores)


Feminismo liberticida contra la gestación subrogada

08/07/2015

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El manifiesto “No somos vasijas” se opone a la regulación o legalización de la maternidad o gestación subrogada. Según este escrito, “Las mujeres no se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial”: se trata de una afirmación entre tonta y tramposa, ya que la gestación subrogada es la prestación de un servicio y no una compraventa o alquiler (lo de alquilar úteros o vientres de mujeres es una expresión popular pero desafortunada).

Los redactores de este manifiesto y quienes lo suscriben pretenden, en un tono típicamente autoritario y desde una presunta superioridad moral, prohibir a todo el mundo ciertas relaciones o interacciones sin tener en cuenta las opiniones o las valoraciones de las partes involucradas, es decir en contra de su libertad personal particular y concreta: “mostramos nuestro absoluto rechazo a la utilización de los vientres de las mujeres con fines de gestación para otros”. Creen que los que no opinan como ellos pretenden engañar a los políticos mediante campañas mediáticas parciales e interesadas: sólo ellos son puros, altruistas y tienen razón. Aseguran defender los derechos de las mujeres y los menores cuando en realidad o se los inventan por la cara o los violan de forma sistemática.

Su razonamiento moral es chapucero: “El deseo de ser padres-madres y el ejercicio de la libertad no implica ningún derecho a tener hijos”. ¿Se refieren a un derecho negativo a que no exista coacción externa o a un derecho positivo que legitima a exigir algo a otros? ¿Dónde está la coacción o a quién se está obligando a participar? ¿Los deseos no generan derechos en general o sólo en este caso particular de forma arbitraria? ¿Querer reproducirse es un deseo o una necesidad o imperativo biológico? ¿Contratar con otro para que proteja y alimente tu embrión viola el derecho de alguien? ¿Contratar con otro para que proteja y alimente a tu hijo ya nacido viola el derecho de alguien?

Porque abogamos por el derecho a decidir de las mujeres en materia de derechos sexuales y reproductivos. La maternidad por sustitución niega a las mujeres gestantes el derecho a decidir durante el proceso de embarazo y en la posterior toma de decisiones relativas a la crianza, cuidado y educación del menor o la menor.

La libertad sexual y reproductiva están muy bien: pero los contratos suelen establecer restricciones voluntariamente aceptadas por las partes; es normal que los padres biológicos quieran asegurar un embarazo sano controlando de algún modo adecuado la vida de la gestante, y esta es libre de aceptar ciertas condiciones o no hacerlo; en principio y salvo que se pacto algo diferente, la mujer gestante no tiene ningún vínculo legal o derecho sobre el embrión o niño, no pinta nada decidiendo sobre su crianza posterior.

Porque elegir es preferir entre una serie de opciones vitales. La elección va acompañada, a su vez, de la capacidad de alterar, modificar o variar el objeto de nuestras preferencias. La maternidad subrogada no sólo impide a las mujeres la capacidad de elección, sino que además contempla medidas punitivas si se alteran las condiciones del contrato.

Cuando uno pacta un contrato reconoce que no tiene derecho a alterar de forma unilateral lo pactado aunque sus preferencias hayan cambiado: no entender esto es no comprender qué es un contrato. La legalización de la maternidad subrogada permite a las mujeres elegir libremente si quieren o no prestar un servicio en las condiciones que negocien y acuerden con la otra parte involucrada.

Porque la llamada “maternidad subrogada” se inscribe en el tipo de prácticas que implican el control sexual de las mujeres: si en las sociedades tradicionales, los matrimonios concertados o la compra por dote, son las típicas formas en que se ejerce el control sexual de las mujeres, en las sociedades modernas, la prohibición del aborto, la regulación de la prostitución y la maternidad subrogada son sus más contundentes expresiones.

El control sexual de las mujeres en ciertas sociedades ha existido y existe, pero es un tema complejo y que no se manifiesta en la prohibición del aborto o la regulación de la prostitución, y mucho menos en la maternidad subrogada. Los y las feministas tienen algunos temas con los que están obsesionados, tal vez traumatizados, y no pueden evitar mencionarlos aunque no vengan a cuento. El asunto del aborto es interesante: quien se atreva a oponerse a la gestación subrogada por algún presunto derecho del embrión tendrá complicado defender el aborto libre, uno de los dogmas sagrados del feminismo más típico.

Porque alquilar el vientre de una mujer no se puede catalogar como “técnica de reproducción humana asistida”. Las mujeres no son máquinas reproductoras que fabrican hijos en interés de los criadores. Es, por el contrario, un evidente ejemplo de “violencia obstétrica” extrema.

No sólo pretenden prohibir qué hacer sino cómo catalogar los hechos: sin embargo sí se trata de una técnica de reproducción humana asistida, y todos los seres vivos somos agentes o máquinas que actuamos para sobrevivir y reproducirnos o, en este caso, ayudar a otros a reproducirse. Lo de la violencia obstétrica extrema es simplemente una estupidez más entre otras muchas.

Porque el “altruismo y generosidad” de unas pocas, no evita  la mercantilización, el tráfico y las granjas de mujeres comprándose embarazos a la carta. La recurrencia argumentativa al “altruismo y generosidad” de las mujeres gestantes, para validar la regularización de los vientres de alquiler, refuerza la arraigada definición de las mujeres, propia de las creencias religiosas, como “seres para otros” cuyo horizonte vital es el “servicio”, dándose a los otros. Lo cierto es que la supuesta “generosidad”, “altruismo” y “consentimiento” de unas pocas solo sirve de parapeto argumentativo para esconder el tráfico de úteros y la compra de bebés estandarizados según precio.

Además de que no hay ningún tráfico de úteros ni compra de bebés estandarizados según precio, aquí muestran que son enemigos del mercado y del comercio, algo nada sorprendente, y que no entienden gran cosa de biología y psicología evolucionista: la mujer sí suele ser más altruista porque tiende de forma natural a asumir una inversión parental mayor. Resulta raro observar cómo alguien intenta defender a la mujer diciendo que su generosidad y altruismo son solamente “supuestos”.

Porque cuando la maternidad subrogada “altruista” se legaliza se incrementa también la comercial. Ningún tipo de regulación puede garantizar que no habrá dinero o sobornos implicados en el proceso. Ninguna legalización puede controlar la presión ejercida sobre la mujer gestante y la distinta relación de poder entre compradores y mujeres alquiladas.

Más fobia a los intercambios monetarios, y preocupación por que a alguna mujer pobre algún rico pueda atreverse a ofrecerle dinero a cambio de servicios de gestación, ¡qué horror! Ignoran que las muy éticamente ilegítimas pero vigentes leyes sobre donación altruista de órganos van en este mismo sentido: ¿se oponen a ellas con los mismos argumentos?

Porque no aceptamos la lógica neoliberal que quiere introducir en el mercado “los vientres de alquiler”, ya que se sirve de la desigualdad estructural de las mujeres para convertir esta práctica en nicho de negocio que expone a las mujeres al tráfico reproductivo.

Efectivamente no aceptan muchas cosas, ni siquiera la lógica o el rigor argumental: son profundamente intolerantes y totalitarios. El tráfico reproductivo suena muy mal, como el de drogas, y las mujeres quedan expuestas a él sin ninguna protección y quizás sufran alguna colisión fatal. Lo de los nichos de negocios tampoco puede ser algo bueno: no a los negocios, todo debe ser ocio.

Porque las mujeres no se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial. La llamada “maternidad subrogada” tampoco se puede inscribir, como algunos pretenden, en el marco de una “economía y consumo colaborativo”: la pretendida “relación colaborativa” sólo esconde “consumo patriarcal” por el cual las mujeres se pueden alquilar o comprar de manera total o parcial.

O sea que cuando las personas comercian, intercambian, compran, venden, alquilan, se prestan servicios unos a otros, no colaboran: sólo colaboran cuando nosotros decidamos que es así. ¿Y qué pasa si una mujer contrata ella sola con otra mujer una gestación subrogada? ¿También se trata de consumo patriarcal? ¿Qué es lo que se consume y dónde está el patriarca?

Porque nos mostramos radicalmente en contra de la utilización de eufemismos para dulcificar o idealizar un negocio de compra-venta de bebés mediante alquiler temporal del vientre de una mujer, viva ésta en la dorada California o hacinada en un barrio de la India. Así es que nos afirmamos en llamar a las cosas por su nombre, no se puede ni se debe describir como “gestación subrogada” un hecho social que cosifica el cuerpo de las mujeres y mercantiliza el deseo de ser padres-madres.

Si queremos llamar a las cosas por su nombre, ¿podemos calificar a los idiotas liberticidas como tales o hay que callar o usar algún eufemismo para no herir sensibilidades exquisitas? ¿El cuerpo de las mujeres no es una cosa? ¿Es una propiedad abstracta o un ente metafísico intangible? ¿Acaso alguien se apropia del cuerpo de la mujer gestante como si fuera un objeto sin derechos o libertad? El deseo de que alguien me ayude a cuidar, vestir, alimentar, vigilar y educar a mi hijo, satisfecho mediante múltiples relaciones en el mercado ¿es algo horrible?

No hay compra-venta de bebés porque el niño nacido nunca ha sido propiedad de la mujer gestante, quien no puede transferir lo que no es suyo: recibir físicamente al embrión no equivale a convertirse en su dueña o tutor legal. Una madre que deja a su hijo en la guardería, o que envía a su hijo interno a un colegio una temporada, no está transfiriendo la propiedad o derecho de tutela de su hijo. Un caso diferente serían los mercados de adopción, algo legítimo que escandaliza y pone histéricos a muchos y que no es lo mismo que la prestación de servicios de gestación.

Porque la perspectiva de los Derechos Humanos supone rechazar la idea de que las mujeres sean usadas como  contenedoras y sus capacidades reproductivas sean compradas. El derecho a la integridad del cuerpo no puede quedar sujeto a ningún tipo de contrato.

Derechos Humanos con mayúsculas, faltaría más, pero nunca el de propiedad, el de no agresión o el de libertad contractual. ¿Qué parte del cuerpo de la mujer pierde su integridad en un contrato de gestación subrogada? Si una modelo que por contrato voluntariamente aceptado se agujerea la oreja para colocarse un pendiente ¿alguien ha violado el derecho a la integridad de su cuerpo? Si acepto contractualmente que un cirujano afecte a la integridad de mi cuerpo al operarme ¿estamos él o yo atentando contra los derechos humanos?

Entre las firmantes de este manifiesto están las filósofas y catedráticas Amelia Valcárcel y Victoria Camps, lo que viene a reflejar el patético estado intelectual de la filosofía moral en la universidad.

Más tonterías liberticidas sobre este tema:

Vientres de alquiler: consecuencias éticas y jurídicas, de Alicia Miyares, filósofa, portavoz de NoSomosVasijas.

Mercado, vientres de alquiler, prostitución, aborto… El mismo debate, de Beatriz Gimeno

Algo más sensato:

¿Mi útero, mi decisión? Maternidad subrogada, prostitución y aborto, de Emilia Arias.