Tonterías selectas

30/04/2018

José Manuel Sánchez Fornet, ex secretario general del SUP (Sindicato Unificado de la Policía): “No fue violación, ni abuso, fue una orgía promovida por ella”

La cultura de la violación, de Amparo Díaz Ramos, abogada especialista en violencia de género

#Cuéntalo: la memoria de las mujeres, de Ruth Toledano

Las mujeres creíamos a la víctima de Pamplona porque todas, repito, todas las mujeres hemos vivido la agresión machista a lo largo de nuestras vidas, y cuestionar a la joven de los sanfermines no era sino la respuesta habitual del patriarcado: culparla a ella. Más allá de que las pruebas apoyaran su denuncia, el hecho mismo de denunciar una violación, grupal en este caso, nos obligaba a creerla. Por la sencilla razón de que, digan lo digan los agentes del mal patriarcal, las mujeres no vamos por las comisarías denunciando violaciones que no hemos sufrido. No lo hacemos. Quien lo diga, miente interesadamente. Denunciamos violaciones porque sufrimos violaciones. O no las denunciamos aunque las hayamos sufrido…

… todas las mujeres somos víctimas. Incluso las que no lo han sido de manera explícita. Incluso las que creen que no lo han sido. Lo hemos sido todas, más allá de haber sido o no violadas en un descansillo, porque el relato opresor, la historia del patriarcado nos incluye a todas. A todas nos ha sobado un jefe. A todas nos ha perseguido un hombre por la calle. A todas nos ha tocado un padrastro por debajo de la falda cuando teníamos seis años. A todas nos ha penetrado un abuelo. A todas nos ha dado el ginecólogo un cachete en la nalga. A todas nos ha acosado un vecino en el ascensor siendo adolescentes. A todas nos ha toqueteado un profesor. A todas nos ha sacado un tío la polla en un parque. Todas hemos visto como se masturbaba un hombre en el autobús mientras nos miraba fijamente. A todas nos ha tocado un tío el culo en el metro. A todas nos ha magreado un amigo estando borrachas. Nuestros compañeros de trabajo han hecho comentarios rijosos delante de todas. Todas hemos sentido miedo al entrar a nuestro portal. Todas hemos simulado hablar por teléfono cuando caminamos solas de noche. A todas nos ha violado nuestro hermano. A todas nos ha violado nuestro tío. A todas nos ha violado nuestro padre. A todas nos ha violado el amigo de la familia que venía a comer los domingos. A todas nos han secuestrado, arrastrado a un coche, estrangulado, quemado, descuartizado, tirado a un pozo.

Todas las mujeres hemos sido víctimas de la violencia machista porque el patriarcado (la familia, el colegio, la pandilla, la empresa, las instituciones) han consentido y minimizado el trauma histórico de nuestra existencia lanzándonos el mensaje de que nuestro cuerpo, nuestra libertad, nuestra independencia no nos pertenecían. Que nuestra versión no contaba. Como no contaba nuestro trabajo, como no contaba nuestra capacidad, como no contaba nuestra opinión, como no contaba nuestra mera presencia.

… El agresor de las mujeres es un sistema que se sustenta en que lo normal sea que las mujeres seamos agredidas, que lo normal sea el abuso de poder. En esa opresión, somos agredidas todas las mujeres. El monstruo, el psicópata, el enfermo es el sistema patriarcal.

Por eso cuando tocan a una nos tocan a todas, como gritamos en las manifestaciones feministas. Por eso con la sentencia de Pamplona nos han juzgado a todas: porque la han juzgado a ella, que es la víctima. Por eso la repulsa a esa sentencia ha sido unánime y contra ella se han expresado toda clase de mujeres, incluidas monjas como las Carmelitas de Hondarribia o banqueras como Ana Patricia Botín. Porque más allá de los privilegios de clase o de las circunstancias de vida, todas las mujeres hemos sido niñas, adolescentes, jóvenes, y todas sabemos lo que es la violencia machista. Si al hecho de ser mujer le añades el hecho de ser negra, migrante, trabajadora precaria, desahuciada de tu casa, refugiada, prostituta; si además de ser mujer eres pobre, no tienes formación, careces de recursos: violencia sobre violencia.

Linchamiento judicial de 5 inocentes: La única que tendría que estar en la cárcel es la joven, de Rambla Libre

Todos somos parte de ‘la manada’, de Octavio Salazar


Recomendaciones

30/04/2018

La deuda pública española no asciende al 140% del PIB, de Juan Ramón Rallo

Hope Locally, Hate Globally, by Andrés Velasco

Why We Haven’t Met Any Aliens, by Geoffrey Miller

Jordan Peterson as the Nietzschean Hero of His Atheistic Personal Religion, by Larry Arnhart

Violencia estructura, por Tsevan Rabtan


Tonterías selectas

29/04/2018

La perversión del sistema judicial español y la infame sentencia de ‘La Manada’, de Lidia Falcón

Una sentencia peor que el delito, de Javier Pérez Royo

Acaben con esta insoportable pesadilla, de Rosa María Artal

Marx cumple 200 años, el “diablo” sigue vivo, de Ramón Reig, catedrático de Estructura de la Información, director de “Ámbitos. Revista Internacional de Comunicación”, director de Ladecom

El Código Penal como pilar del neoliberalismo, de Eduardo Santos Itoiz, portavoz de Justicia de Unidos Podemos en el Congreso y secretario general en Navarra


Tonterías selectas

28/04/2018

Poned boca y culo, jueces y periodistas, de Aníbal Málvar

Twenty good arguments for Christianity, by Peter Saunders

El Derecho del Trabajo, de Juan Ignacio Marín Arce y Fermín Yébenes Saelices, representantes de la Unión Progresista de Inspectores de Trabajo

El día que un tribunal nos violó a tod@s, de David Bollero

Violación y sentencia. De aquellos barros, estos lodos, de EconoNuestra


Recomendaciones

26/04/2018

Using molecular codes, plants cry for help, ward off bugs, and save each other, by Elizabeth Preston

Jordan Peterson’s Unscientific Faith in Carl Jung, by Larry Arnhart

La edad de la penumbra: cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico, de Daniel Arjona

Estos son los ocho mitos sobre vacunas que debes dejar de creer, de Roberto Méndez

What Is It Like to Be a Dolphin?, by Maggie Ryan Sandford


Tonterías selectas

26/04/2018

Las feministas ante el Congreso: “Menos lacito y más dinerito”

Necropensiones, de Antoni Aguiló, filósofo político del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra

Entrevista a Rosa Cobo Bedía, directora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de A Coruña y autora del libro ‘La prostitución en el corazón del capitalismo’

La pornografía es la pedagogía de la prostitución, porque la pornografía no sólo es una parte indispensable de la industria del sexo, sino que, además, los varones que ven pornografía quieren llevar luego esas prácticas sexuales con las mujeres prostituidas. No acaba solamente ahí. A las mujeres que van a entrar en la prostitución les ponen muchas películas porno para que aprendan el oficio.

P: Establece un paralelismo entre perforar el suelo del mar y las montañas para extraer petróleo y penetrar los orificios de las mujeres para extraer placer y dominio sexual. ¿Qué quiere decir concretamente?

Lo que quiero sugerir es que neoliberalismo ha encontrado en la prostitución de mujeres la lógica extractivista, característica de la fase de capitalismo que vivimos actualmente. Es decir, la lógica de sacar beneficios a toda costa en ausencia de una economía productiva.

P: Rechaza el término ‘cliente’ para los consumidores de prostitución, ¿por qué?

El término ‘cliente’ despolitiza la realidad del putero y transmite la idea de que la prostitución es el resultado de un contrato mercantil desprovisto de cualquier tipo de moralidad. El ‘cliente’ accede al cuerpo de una mujer con la misma actitud con la que se compra unos zapatos. Sin embargo, no es lo mismo comprarse un jersey que explotar sexualmente a una mujer pobre. Los puteros son también responsables de la explotación sexual y económica que entraña la prostitución. Sin puteros no hay prostitutas y sin puteros no hay prostitución.

P: ¿Quiénes están detrás de las campañas a favor de legalizar la prostitución?

La legalización de la prostitución es un objetivo largamente deseado por los proxenetas y todos los actores económicos que se benefician de la industria del sexo.

P: Hay feministas que mantienen que precisamente las prostitutas son mujeres libres, empoderadas y dueñas de su cuerpo y que desde esa posición sería más útil enfrentarse a la sociedad patriarcal.

Las feministas que hacen esa afirmación son muy pocas. Quienes difunden esta idea son los grupos que están interesados en que siga existiendo la industria del sexo. Bien porque tienen intereses económicos concretos, anuncios de prostitución en periódicos, dueños de burdeles, hoteles donde se desarrolla la prostitución o agencias de turismo sexual, o bien porque son demandantes de prostitución, es decir, puteros. En el capitalismo neoliberal se enmascara la explotación también a través del lenguaje. Si decimos que lo hacen porque quieren y no porque no tienen recursos, si decimos que están empoderadas en lugar de hablar de su vulnerabilidad, estamos invisibilizando la explotación sexual y económica que es la prostitución.

P: ¿Por qué el movimiento feminista está tan dividido en la cuestión de la prostitución?

La clave tiene que ver con la diferente concepción que tenemos unas y otras sobre la sexualidad. La mayoría del movimiento feminista estima que la prostitución es explotación económica y sexual y señala que no es aceptable un intercambio sexual en el que la parte masculina obtiene gratificación y la otra sólo asco y violencia. Una gran parte de las mujeres en prostitución beben y toman drogas antes de los encuentros sexuales para poder sobrellevarlos. El asco y el malestar invaden la vida de estas mujeres. Sin embargo, una minoría del feminismo estima que no hay explotación sino intercambio libre de sexualidad por dinero. Este grupo de mujeres feministas no pone el foco en las estructuras de poder capitalistas, patriarcales y raciales que envuelven la prostitución, sino en los individuos que participan en este intercambio y los conceptualiza como individuos libres que toman decisiones racionales a su propia biografía. Unas y otras ponemos el foco en lugares distintos y por ello el análisis es diferente. Sin embargo, no tengo duda de que algunas personas de buena fe, que hoy consideran que la regulación de la prostitución humaniza las condiciones de vida de las mujeres prostituidas, se verán obligadas a tomar conciencia más adelante, porque la regulación empeora las condiciones, como muestran los casos de Alemania y Holanda.

P: ¿Llegará un día en el que se presente un proyecto de ley para abolir la prostitución en España como se llegó a aprobar en Suecia?

No tengo duda de que llegará. Tardará más o menos, pero llegará. Cuando dentro de medio siglo echemos la vista atrás, comprenderemos que la prostitución ha sido una de las barbaries que han caracterizado el siglo XXI, como fue la esclavitud en tiempos pasados.

El Papa arremete contra el capitalismo “desenfrenado” que “genera nuevas precariedades y esclavitudes”

“Veo alguien detrás de ti”: una perturbadora historia paranormal, de Adrián López


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23/04/2018

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Earth Day and the Plastics Pollution Problem, by Ronald Bailey

De vuelta a los orígenes del antitrust, de Fernando Herrera