Fríos, escándalos y errores

16/02/2010

Artículo en La Gaceta.


Entrevista en La Gaceta sobre cambio climático

20/12/2009

Aquí


Rafael Méndez y los efectos “imprevisibles” del cambio climático

20/11/2009

Según Rafael Méndez:

La lucha contra el cambio climático está llena de ironías y de efectos imprevisibles. Uno de ellos es el que ha detectado la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), el organismo oficial con sede en Copenhague que verifica y controla las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE. Las emisiones de gases de efecto invernadero de los hogares (principalmente por el uso de gasóleo o gas para la calefacción) cayeron un 17% entre 1990 y 2007 (último año con datos oficiales). La AEMA considera que hay factores que lo explican, como que las viviendas están mejor aisladas o el cambio hacia combustibles menos contaminantes que el carbón. Pero añade que esa reducción no habría sido posible sin el aumento de la temperatura que se ha producido principalmente en invierno en las últimas dos décadas.

Un efecto imprevisible es un efecto que no podía ser previsto. Así que todos los que habíamos previsto que el aumento de la temperatura en invierno implicaría ahorros de energía en calefacción (y por lo tanto menos emisiones de gases de efecto invernadero por esa causa) simplemente no existimos o hemos logrado algo imposible.


Nuevas sandeces de Antonio Ruiz de Elvira

12/10/2009

Aquí

Me dice un amigo que solo debería hablar de lo que sé, y me encuentro totalmente perdido. ¿De qué sé? Sé un poquito de física. Conozco algo del problema del clima. Pero lo que realmente sé es que no sé nada, y siguiendo a Sócrates quizá al saber eso ya estoy en el camino de la sabiduría.

Es verdad que Ruiz de Elvira está totalmente perdido y que no sabe nada, pero le da igual. Un amigo le sugiere que no sea tan bocazas hablando de lo que no sabe y él sigue sermoneando sin parar.

El problema es que los expertos no suelen servir de nada. ¿Ejemplo? Revisen los lectores las páginas de El Mundo de los años 2006, 2007, 2008. Ningún “experto” fue capaz de predecir la crisis, ni de señalar caminos alternativos. Y, antes del mayor desarrollo de la ciencia y la tecnología, en 1900, los expertos en física, los catedráticos de Berlín, dijeron a Max Planck que buscase otra profesión: La física se había acabado. ¡Expertos!

Parece que cree que conoce a todos los expertos en economía. O quizás insinúa que los expertos de El Mundo son muy malos…

Pues bien, un no experto, yo mismo, sugiero ahora la solución al problema económico y al problema de clima.

No tiene ni idea de economía pero va a opinar con su contundencia y estulticia habitual.

Pero existe alternativa: Se llama lanzar la tercera revolución energética. La segunda, la única que conocemos bien, la del carbón, tuvo sus tremendos detractores, esencialmente los terratenientes atrincherados que veían con horror la posibilidad de que otros ganasen como ellos, de que otros, los “comerciantes” se convirtieran en señores. Pero la revolución triunfó, (sin guerras, muertes, sin REVOLUCIÓN) y la disponibilidad de energía, que es lo mismo que riqueza, nos trajo el bienestar, trabajo para casi todos, y desarrollo personal.

¿Qué tendrán que ver los comerciantes con el carbón? ¿Desde cuándo energía es lo mismo que riqueza?

Podemos lanzar en cualquier momento la tercera revolución energética. Basta con cerrar los oídos a los que se agarran a sus privilegios.

O sea que los sordos lo tienen más fácil para la tercera revolución energética. Yo haría un esfuerzo y dejaría de escuchar a Antonio Ruiz de Elvira a ver si así también ayudo al progreso: porque él tal vez sea un funcionario agarrado a sus privilegios…

Sobre la incapacidad de aprender, algo que él domina a la perfección

Podemos invertir, en vez de subvencionar. Podemos plantar mil millones de árboles. Podemos montar centrales eléctricas solares. Podemos llenar las fachadas de las casas de celdas solares. Eso es pagar por dar trabajo, no pagar a cambio de nada. Acabo de comprar un Prius de Toyota, híbrido. ¿Por qué? Porque he comprobado que gasta la mitad de gasolina que cualquier otro. He pagado a cambio de un beneficio real. Recuperaré lo pagado en 4 años. Pagaré yo la deuda. No otro. Y emitiré el mínimo posible.

Podemos parar el cambio climático y al tiempo crear empleo. Para ello hay que fajarse y ponerse a trabajar.

Parece que no entiende que subvención e inversión no son contradictorios: muchas subvenciones son fondos dedicados a la inversión. El problema es que las inversiones sean inteligentes, que produzcan beneficios. Él está seguro de que sus inversiones recomendadas son acertadas, y ahí está su error: es imposible asegurar con certeza que una inversión es correcta, y por eso la empresarialidad es difícil e imprescindible.

Al menos se agradece que quiera pagar él su deuda y no pasársela a otros. Lástima que las subvenciones a su energía favorita, la solar, no las paga él, y suponen un coste que sí se carga sobre los contribuyentes sin su consentimiento.

Crear empleo es trivial. Lo difícil es que crear empleos en proyectos empresariales financieramente sostenibles, es decir que den beneficios. Y los empleos que se quieren crear para presuntamente parar el cambio climático no son sostenibles y encima implican mayores destrucciones de empleo (o no creación de más puestos de trabajo) en otros sectores de la economía.

Así trata a los presuntos “Expertos”:

El report de Bjorn Lomborg del ‘Copenhagen Consensus’ sobre gastos en Cambio Climático no puede ser más ignorante. Lo firman 3 premios Nobel y 2 profesores de universidades americanas. Es decir “expertos”, es decir, gente a la que hay que creer.

Siempre se puede ser más ignorante. Ruiz de Elvira se supera en esa tarea cada día sin desfallecer nunca. ¿Quién le obliga a creer a nadie?

Ahora, las ideas vertidas en el mencionado report, no se sostienen. La idea básica es que frenar el cambio climático “cuesta” mucho. En El Mundo tendremos, en noviembre, un seminario en el cual la cuestión del “coste” quedará completamente clara.

De la misma manera que el Informe Calzada de hace unos meses, este informe Lomborg se basa en el concepto antiguo y superado del “coste de oportunidad”, la idea de que si uno gasta en una cosa no puede gastar en otra. Parece que estos dos economistas no son capaces de aprender más que lo que leyeron cuando eran estudiantes.

La realidad es que gastamos en toda clase de cosas simultáneamente.

Todo esto por alguien que no entiende ni de lejos el concepto de coste y quiere dar un seminario al respecto. Yo puedo gastar en una cosa y en otra si tengo recursos para ambas: pero si no es así, tendré que elegir y gastar en una cosa o en la otra. Y los recursos siempre son escasos en relación con los deseos. Gracias a la economía de mercado libre somos bastante ricos y podemos gastar en muchas cosas simultáneamente: qué gran descubrimiento.

El problema del gasto, que no del costo, es para qué se emplea ese gasto. Podemos emplear los dineros que tenemos en hacer más dinero: Inversiones productivas. O podemos emplear esos dineros en consumo suntuario. Un ejemplo lo puede dejar claro. Si yo gasto dinero en un molino de viento, la energía que me da no la tengo que pagar a ninguna compañía eléctrica. Estoy produciendo dinero a partir de un gasto.

Si el mismo dinero que he gastado en comprar o fabricar un molino de viento lo empleo en una serie de comilonas o en un crucero, cuando acabo tendré satisfacción, pero no más dinero. De la misma manera, si gasto el dinero que tengo en subvenciones miserables, mantendré a personas con una vida miserable, pero no generaré puestos de trabajo, es decir, no generaré más dinero. Si doy dinero para el hambre en África, mantendré con una vida miserable a algunas personas, cuando lo que tendría que hacer es comprarles sus productos para generar trabajo, es decir, conseguir que mi gasto genere dinero.

Tanto el informe Calzada, como este de Lomborg, consideran, sin más, que el dinero empleado en frenar el cambio climático es gasto suntuario.

Está muy bien que se dé cuenta de que los recursos pueden consumirse (como seres vivos jamás podremos reducir esto a cero) o pueden utilizarse para producir más recursos (inversión). No todo consumo es suntuario, y ese calificativo lo usa para criticar el consumo que hacen otros y a él no le gusta.

También está muy bien que sustituya las limosnas a África por el comercio con ellos, aunque no lo expresa demasiado bien con eso de que el gasto genera dinero. Ya que quiere comerciar con África no queda claro por qué no quiere comerciar con una compañía eléctrica. Si cada uno se monta su propio molino de viento, ¿por qué no también cultivar la propia comida, construir nuestras propias casas, tejer nuestra propia ropa? No entiende las ganancias de eficiencia que se obtienen con la división del trabajo, la cual implica que siempre tendremos que pagar a otros (gasto).

Ruiz de Elvira no parece entender que no todas las inversiones (eso que él llama a su manera generadores de dinero) merecen la pena: algunas destruyen valor (los productos finales valen menos que lo que ha costado producirlos), generan pérdidas.

Ni Lomborg ni Calzada tratan el gasto en cambio climático como suntuario: simplemente observan que existen mejores alternativas para utilizar esos recursos.

La realidad es la contraria: Para frenar el cambio climático las medidas son no tirar el dinero al mar (aislar las casas, por ejemplo, construir un sistema de transporte eficiente basado en trenes, plantar árboles) y generar energía, es decir, producir dinero.

Ni se molesta en evaluar cuánto cuesta aislar una casa (¿debe hacerse de forma perfecta o qué fugas son aceptables) y da por hecho que el tren es eficiente, lo que no es cierto.

A Antonio Ruiz de Elvira Madrid le da asco, no puede resistirlo y tiene que compartirlo con todos.

…la atmósfera de Madrid es irrespirable, es una masa de aceite de moto y de gasóleo mal quemado que sale de los tubos de escape, y de monóxido de carbono de la combustión de la gasolina.

Para ser irrespirable resulta curioso comprobar cuántos millones de personas la respiran…

Me gustaría, ya que no puedo ir al trabajo en bicicleta en Madrid, al menos poder nadar un kilómetro todos los días, en invierno. ¿Dónde lo puedo hacer? Madrid solo tiene una piscina olímpica cubierta para 5 millones de personas. ¿Cómo poder conseguir una calle para nadar?

Pobrecito que no tiene una calle en piscina de cincuenta metros para él solo… ¡Qué gran oportunidad empresarial que seguramente no va a aprovechar!

Espero que el Comité Olímpico reconozca la realidad de Madrid: Aire contaminado, falta de posibilidad para el deporte, coches que rechazan con ira a los ciclistas, ruido insoportable en las calles, diversión para la cual es preciso hacer oposiciones, museos para entrar en los cuales es preciso hacer cola, música para escuchar la cual es preciso abonarse a la orquesta.

¿Música para escuchar la cual? ¿Mande? Todo lo de las colas y demás lloros, básicamente por una noche anómala, la Noche en blanco, que toma como representativa. Qué gran científico observador de la realidad social.


Alarmismo climático de Durao Barroso

22/09/2009

Titular de Jose Manuel Durao Barroso:

El planeta, al borde del abismo

El cambio climático se está produciendo mucho más rápido de lo que creíamos hace solamente dos años. Continuar como si no pasara nada significa casi, con certeza, encontrarnos ante un calentamiento del planeta peligroso, quizá catastrófico, durante el curso de este mismo siglo. Éste es, sin duda, el desafío más importante para la actual generación de políticos del mundo.

Mañana volverán a asustarnos, a intentar captar nuestra atención y a justificar sus incrementos de poder asegurando que el cambio climático sucede aun más rápido de lo que creemos hoy. Y como los políticos se creen ungidos para resolver los problemas del mundo, seguirán siendo incapaces de imaginar que tal vez la acción política sea peor que la adaptación distribuida y libre a las situaciones potencialmente cambiantes y problemáticas.


Tonta analogía sobre el cambio climático

20/09/2009

Según Rafael Méndez, periodista:

El secretario de Energía de EE UU, el premio Nobel Steven Chu, definió el problema del cambio climático como pocos: “Imaginemos que un electricista te dice que tienes un fallo en la instalación eléctrica y hay un 50% de probabilidades de que tu casa se incendie en los próximos años a no ser que te gastes 20.000 dólares. Puedes hacer dos cosas: cambiar la instalación o seguir buscando electricistas hasta que uno entre un millar te diga la respuesta que deseas: ‘No pasa nada, tu familia está segura’. La elección es obvia. Al menos cuando se trata de tu casa.”

Efectivamente Chu es premio Nobel, pero de física, no de economía, y su especialidad no tiene nada que ver con el clima. No son precisamente pocos los que definen tan penosamente mal el presunto problema del cambio climático. Si un electricista te da un diagnóstico tan catastrófico, parece natural buscar una segunda opinión, sobre todo de alguien imparcial que no sea potencial receptor de esos 20,000 dólares; no se nos informa de cuánto vale la casa, y así es difícil estimar si las gastos en su seguro merecen la pena o no. Chu parece insinuar que la Tierra va a sufrir una catástrofe mortal con un 50% de probabilidades (un número muy preciso, casualmente justo la mitad, y completamente irreal) en los próximos años (una fecha un tanto abierta y difusa); y quizás pretende que los escépticos y críticos son uno entre mil, lo cual es totalmente falso. Véase Bjorn Lomborg y el Consenso de Copenhague.

Inspirado por la memez de Chu, el periodista se lanza al ataque:

Los Gobiernos del mundo, sin embargo, siguen buscando fórmulas para retrasar, o al menos mitigar, la necesaria reparación contra el calentamiento global y evitar que la temperatura del planeta suba más de dos grados, lo que causaría una interrupción peligrosa con el clima.

Una interrupción peligrosa con el clima: el juntaletras parece tener serios problemas con el lenguaje, sobre todo con las preposiciones. O quizás quiere realmente decir chapuceramente que el clima se va a parar…


Más necedades de Antonio Ruiz de Elvira

23/08/2009

No resulta especialmente sorprendente que Antonio Ruiz de Elvira se haga un lío aquí con los derechos de propiedad:

En contra de las propuestas que continuamente leemos: ‘Mi’ caja, ‘mi’ aeropuerto, ‘mi’ lengua, voy a hacer una para todos: ‘la’ energía de todos y para todos.

Frenar el cambio climático exige dejar de explorar los mares en busca de petróleo, como se quiere hacer en Guinea, y aceptar, sencillamente, -aceptar- (lo que no es tan difícil) que hay otras energías y que esas energías no son de empresas particulares, ni de regiones concretas: Que una vez instaladas son de cada uno y funcionan en todas las regiones: Que son de todos y que no tienen barreras.

Frenar el cambio climático no requiere dejar de buscar petróleo. Ni siquiera requiere dejar de utilizarlo como combustible. Si el CO2 atmosférico es un problema no es imprescindible dejar de añadirlo a la atmósfera: también se puede retirar de ella tanto como se añada (o incluso más), o compensar sus efectos térmicos con otras medidas de geoingeniería. Qué acciones sean más acertadas dependerá de sus costes relativos.

Dudo que haya mucha gente que no acepte que haya otras energías. Además como la física es universal, funcionan en todas las regiones. El problema es si son económicamente competitivas o no. Aparte de que las energías no se instalan: lo que se instala son dispositivos para captarlas, almacenarlas, procesarlas, transportarlas y aprovecharlas.

No queda muy claro que la energía sea de todos y de cada uno: ¿quiere eso decir que cualquiera puede enchufarse a mi panel solar o a mi molino de viento? Si algo es mío ¿no significa que puedo excluir a otros de su uso? El viento y la luz solar son tan abundantes que son casi bienes libres; pero una vez transformados en energía eléctrica, ¿es esta mía o es de todos y para todos? Lo de la ausencia de barreras, ¿se refiere a que no hay ningún límite físico o de nuevo se trata de que los propietarios no pueden construir barreras para delimitar sus posesiones?

Necesitamos, y podemos, montar 5 gigavatios de energía solar al año. De molinos de viento, de celdas solares, de energía solar térmica, de biocombustibles. Algunos ingenieros con quien he hablado me dicen: “Muy difícil”. Esos no son ingenieros. Los ingenieros son aquellos que dicen: “Vamos a hacerlo”. Como Watt, como Telford, como von Braun, como Gates y Steve Jobs.

Algunos economistas me dicen: “Es muy costoso”, y no los entiendo. Montar, por ejemplo, un gigavatio al año de celdas solares en los tejados de las casas exige cinco mil montadores, cinco mil preparadores, los trabajadores de las fábricas de celdas, los transportistas, etc. Podemos calcular que unos cincuenta mil empleados. Dar trabajo a cincuenta mil personas significa generar empleo para quinientas mil. Y ese empleo es reciclable: No es dar dinero para hacer un jardín, un camino o montar una feria: Actividades que mueren cuando el jardín acaba, o se termina el camino. No. Significan crear infraestructura industrial.

Antonio Ruiz de Elvira decide por todos nosotros lo que necesitamos o no (si lo pagara él de su bolsillo, tal vez hasta le podríamos dejar jugar un ratito). Y además determina quién es ingeniero y quién no. Ya no hace falta estudiar y examinarse: basta con decir “Vamos a hacerlo”. No está claro que las personas que menciona, que quizás se avergonzarían de ser alabadas por un necio integral, tuvieran éxito simplemente con esas tres palabras: quizás también se preguntaron si merecía la pena hacerlo, si los costes eran asumibles para lo que se iba a obtener. El sesgo del éxito es muy común entre quienes ponen como ejemplo a los que han triunfado pero olvidan mencionar a todos aquellos que han fracasado intentando cosas relativamente parecidas.

Ruiz de Elvira reconoce y demuestra una y otra vez que no entiende el concepto de costes, pero no importa: él sigue pontificando como si supiera algo de economía. Aquí confunde generar empleo (con números inventados completamente arbitrarios) con producir riqueza, y además ignora lo que no se ve: lo que podría haberse hecho con esos recursos escasos utilizados de otra manera.

La energía solar exige vehículos de hidrógeno. Un plan Manhattan que resuelva el problema que queda en un plazo de cuatro años. Un plan Manhattan significa sueldos para diez mil personas: Esos sueldos se multiplican en otros cincuenta mil empleos. Es claro que hay que pagar. Pero esos pagos vuelven a los bolsillos de quien paga, o las arcas del estado, en un plazo de cuatro años, a base de impuestos directos e indirectos en una economía relanzada, mientras que el dinero del paro desaparece sin dejar rastro.

Una economía de hidrógeno exige montar las generadoras, los gasoductos, los nuevos motores, las ‘hidrogeneras’ que deben reemplazar en su día, pero que durante un tiempo deben coexistir con, las gasolineras. Los talleres de reparación, las ventas, etc. Negocio y empleo.

La energía solar no exige vehículos de hidrógeno. Quizás funcionen mejor las baterías eléctricas. O quizás sea más rentable utilizar energía solar para sintetizar algún tipo de combustible, o para cualquier otro sistema aún no inventado.

Pretender relanzar una economía con un plan Manhattan es propio de un completo ignorante que no entiende los problemas de la planificación central del socialismo, pero éste además se cree muy listo al tiempo que no para de meter la pata. El dinero del paro no desaparece sin dejar rastro: o se atesora, o se ahorra e invierte, o se gasta en consumo.

Si él está tan seguro de que hay que gastar más y más dinero no importa en qué porque el dinero circula automáticamente y siempre vuelve a su origen, que predique con el ejemplo, que gaste de forma alocada y se siente a esperar. Tal vez le sorprenderá ver lo mal que funciona el multiplicador del gasto.

Frenar el cambio climático es un negocio de todos y para todos: Es creación de empleo. Se olvida constantemente, sobre todo por el nuevo primer estado, los nuevos nobles, que no hay riqueza si no la tiene el pueblo. Que la riqueza concentrada dura lo que un porro a la puerta de un colegio.

Frenar el cambio climático es un negocio para unos pocos grupos de interés que apuestan por seguir recibiendo subsidios, como las energías renovables. Los empleos que se crean hay que pagarlos, suponen costes, y esos recursos gastados no pueden dedicarse a otros sectores seguramente más productivos. Si queremos sólo crear empleo, destruyamos todas las herramientas.

Se nota que Ruiz de Elvira no entiende gran cosa de lo que es la riqueza. Algún millonario podría explicarle que la riqueza existe aunque esté concentrada, que uno puede ser rico y otros no.

Aquí se pregunta si vivimos en la Tierra. Anda un poco despistado.

Cada día entiendo menos de la economía que nos gobierna.

No hace falta que lo jure. Lo demuestra cada vez que escribe.

Un editorial del New York Times se queja de que China protege su industria de energía solar. Es de sobra conocido que la única manera que tiene cualquier país de acceder a la riqueza, es desarrollar su propia industria, y para ello necesita cuidarla en invernadero como se cuida a las plantas antes de trasplantarlas. Lo hizo Inglaterra durante la revolución industrial, lo hicieron los EEUU en el siglo XX, Japón y recientemente Corea. Es imprescindible.

“Es de sobra conocido” es la muletilla previa a todo tipo de disparates. El del proteccionismo “imprescindible” es de los que demuestran ignorancia económica de la buena, de los mercantilistas proteccionistas de todos los tiempos. Que muchos países hayan sido y sean proteccionistas no significa que eso les haya beneficiado colectivamente: sólo ha supuesto un trasvase coactivo de recursos de los ciudadanos a los sectores protegidos. Y a las plantas se las cuida en viveros, no necesariamente en invernaderos (qué obsesión con el cambio climático).

Y sin embargo las quejas surgen siempre. Que si las empresas europeas no pueden competir, que si es injusto, etc. Derivan estas quejas de dos tremendos errores de las hipótesis implícitas (y nunca explicitadas) del pensamiento económico: Uno de ellos, que la riqueza es escasa y si la tiene otro no la tengo yo. Y por tanto para ser rico yo los demás tienen que ser pobres. El segundo, que uno solo puede competir en lo que ya sabe, que no hay cambio en el mundo y que las empresas no se adaptan.

¿Nunca se ha explicitado que la riqueza es escasa? ¿Pero qué ha leído este personaje? Lo de que para ser rico yo los demás deben ser pobres efectivamente es una falacia, pero no está claro que todos los economistas la cometan: con el libre comercio ambas partes se benefician y es posible que todos se enriquezcan de forma interdependiente. Pero si yo tengo un objeto físico que es un bien económico, otro no lo tiene: mi bicicleta la tengo yo, no otro.

Hay algunas visiones estáticas de la economía (giro uniforme, equilibrio general) en las que no hay cambios, pero no todo el pensamiento económico ignora la empresarialidad.

Ambos errores nos han traído hasta aquí, a la enésima crisis aceptada como natural por los economistas profesionales. Es como si los médicos aceptaran como lo más natural del mundo que cada diez años un cuarto de la población debiese sufrir una pandemia sin hacer, para controlarla, otra cosa más que esperar a que pase.

Parece que conoce a todos los economistas profesionales y que todos piensan lo mismo.

Pues bien: Los desastres económicos de España (y como los nuestros, los de los demás) se han basado siempre en insistir en la hipótesis de ‘estaticidad’: Siempre se iba a necesitar acero, siempre se podrían vender barcos baratos, siempre venderemos fresa, vino, etc.

Esta es la idealidad de Marte. En la Tierra las cosas cambian, cambian constantemente y cambian muy deprisa. No solo ahora. En el siglo XVII las pañerías españolas, ancladas en tradiciones antiguas, tuvieron que cerrar porque la tecnología (holandesa) había cambiado y las nuestras ya no podían competir (lo mismo pasó en Florencia y las ciudades italianas).

¿La solución? Cambiar más deprisa de lo que cambia el entorno, el medio donde vivimos, el medio ambiente. Adaptarnos. Estudiar, trabajar.

La idea antigua es que una vez acabado el colegio, la universidad, ya no hay que estudiar más. Los ejecutivos de la naval, de los altos hornos, que no estudiaban constantemente, tuvieron que cerrar.

Está muy bien insistir en que las cosas cambian. El problema es que no todo cambia igual de deprisa, algunas cosas casi son constantes, y no basta con afirmar que las cosas pueden cambiar, lo interesante es prever los cambios y anticiparse a ellos con perspicacia empresarial, para lo cual no hay garantías de acierto. Estudiar e innovar consume recursos, es una actividad que tiene el coste de reducir la producción presente: por eso no se hace sin más.

Por otro lado parece que asume que el medio ambiente puede cambiar y que podemos adaptarnos: entonces ¿a qué viene tanta histeria respecto al cambio climático? ¿Por qué insistir en frenarlo a cualquier precio?

Las empresas solares europeas pueden competir con las chinas, siempre que ofrezcan mejores productos. Si han invertido mucho en los productos anteriores, tendrán que invertir más en los nuevos ¿pasa algo?

No se trata sólo de ofrecer mejores productos, también hay que tener en cuenta los precios. Y si otro país subsidia a sus exportadores (a costa de sus ciudadanos contribuyentes) quizás la competencia no sea muy justa. Respecto a invertir siempre más, Ruiz de Elvira parece no entender que el capital es escaso y que hay usos alternativos, no se trata de invertir más sin ton ni son, sino de decidir en qué se invierte. Aparte de que también está el consumo presente que limita lo que se ahorra e invierte.

El primer error es peor aun: Henry Ford explicó, con el ejemplo, que la riqueza es general. Que para hacerse él rico no tenía que hacer pobres a los demás, a sus trabajadores. Al revés: El negocio está en que no solo 200 millones de chinos, sino 1400 millones se hagan ricos: Así nos comprarán los productos que, mediante el estudio y la adaptación, fabriquemos nosotros.

Henry Ford nunca pensó que tuviera la opción de empobrecer a sus trabajadores. Lo que hizo fue fabricar un producto al cual podían acceder sus trabajadores, popularizando así el automóvil. Se repite mucho la tontería de que decidió pagar bien a sus empleados para que pudieran permitirse comprar sus productos: sus empleados son una fracción ínfima de los consumidores potenciales; un empresario no puede decidir unilateralmente cuánto paga a sus empleados, ya que si les paga poco se los lleva la competencia y si les paga demasiado quiebra.

Es estupendo que todos nos hagamos ricos, pero esto no sucederá gastando a lo loco e invirtiendo a ciegas.

La riqueza no es escasa: Se ha multiplicado por veinte en 200 años, se puede multiplicar por 100 en los próximos 200 años.

La riqueza es escasa: nunca hay suficiente para satisfacer todos los deseos de los seres humanos. Mañana seguramente habrá más riqueza que hoy, y seguirá siendo escasa.

¿Corregimos las hipótesis?

¿Pueden los necios corregir el pensamiento de los demás?

La última serie de sandeces de Ruiz de Elvira criticadas en esta entrada las ha publicado en su artículo “El penoso informe del doctor Calzada” (ese tan famoso del Instituto Juan de Mariana sobre la destrucción de empleo por las subvenciones a las energías renovables), aparecido en la revista Integral (número 355) junto a otros artículos de alto nivel científico como “Curarse con flores de Bach”. En su reseña biográfica además nos avisa (o amenaza) de que está desarrollando nuevos modelos económicos dinámicos para el problema del cambio climático.

Según Ruiz de Elvira el IJM se basa en el fundamentalismo liberal: o sea que somos liberales con fundamentos, muchas gracias por el reconocimiento intelectual. Pero el informe tiene “varios errores de bulto, desde el punto de vista de la mejor teoría económica actual”. No me queda claro cómo alguien absolutamente negado y ciego para la economía puede entender o dominar “el punto de vista de la mejor teoría económica actual”. A ver por dónde nos quiere llevar.

Empieza por criticar que no se use o cite ningún modelo económico, que prácticamente sólo se recopilan datos históricos. Claro, si no tienes una simulación matemática de la economía no puedes hacer ciencia en serio: habrá modelos malos y los habrá peores, pero son ineludibles según este experto en metodología y epistemología de la economía. Si no usas un modelo, no mereces crítica científica, y además no te van a entender.

Además las conclusiones son inválidas para una economía antigua y más para la economía moderna.

Supongo que no se refiere a la economía como ciencia, cuyos principios son universales, sino a la situación económica, a la coyuntura histórica.

El trabajo está basado en la filosofía defectuosa que subyace los trabajos del Instituto Juan de Mariana: la filosofía de que nada cambia en este mundo. Por lo tanto, ni hay cambio climático ni destrucción de la naturaleza ni cambio económico.

Ante esta afirmación uno se pregunta si estamos ante un completo inepto que no se entera de nada o ante un mentiroso sin ninguna vergüenza. ¿Conoce algún otro trabajo del IJM para poder hablar en plural de sus trabajos? ¿Conoce la filosofía en la que se basa su pensamiento? ¿Entiende que si por algo se caracteriza la escuela austríaca de economía y el liberalismo como filosofía política es por su insistencia en la empresarialidad, el cambio, el dinamismo, la creatividad? Por otro lado, la existencia o no de cambio climático es una cuestión empírica que poco tiene que ver con la ciencia económica. Que las cosas puedan cambiar no implica que tengan que cambiar constantemente o que esos cambios sean relevantes o perjudiciales.

Los modelos económicos actuales incluyen las derivadas en el tiempo, la evolución económica y social. Una realidad básica de la economía es que las fuentes energéticas cambian en el tiempo. Antes de 1800 derivaban de la madera viva. En el siglo XIX de la madera fósil, el carbón. En el XX, de la microfauna fósil, el petróleo. Hoy deben derivar directamente del sol actual, no del fósil.

Ruiz de Elvira ha descubierto América y nos informa de la existencia de derivadas en el tiempo en los modelos económicos actuales: quedamos a la espera de que nos aclare si son derivadas parciales o totales, y si existen también derivadas de órdenes superiores (derivadas de las derivadas).

Que las fuentes energéticas cambian en el tiempo no es un principio fundamental de la ciencia económica sino un rasgo coyuntural de la historia económica, resultado del principio fundamental de que tienden a usarse los medios de producción más económicos según la tecnología, el capital y la demanda existentes.

Es interesante observar cómo pasa de describir cambios que sucedieron en el pasado, a prescribir lo que debe hacerse en el presente (a sus órdenes, jefe). Típico de necios sermoneadores que quizás en sus limitadas mentes no perciben lo que han hecho, o que sí lo hacen y pretenden engañar a algún incauto que no se dé cuenta de la jugada.

Una de las afirmaciones, curiosa, es que montar molinos de viento impide montar tenderetes de venta de hamburguesas, por tanto destruye puestos de trabajo y dificulta el desarrollo económico y la actividad productiva. Muestra que los autores de este estudio, doctores y licenciados en Ciencias Económicas, han pasado por las facultades como la luz por el cristal: sin entender nada de economía. ¿Cómo pueden ser actividades productivas” fabricar y vender hamburguesas? Producir quiere decir obtener algo que no existe antes, es decir, capturar energía no previamente almacenada. Fabricar y vender hamburguesas son esencialmente actividades transformadoras, que implican exclusivamente un flujo de dinero que circula una y otra vez, disipándose al cabo de algunos ciclos como cualquier actividad natural.

¿Puede un incompetente sumo en el ámbito de la economía distinguir quién sabe economía y quién no? Obviamente no. Si producir es obtener algo que no existe antes, fabricar hamburguesas es productivo (la carne picada no es una hamburguesa; la carne picada con forma de hamburguesa pero aún no cocinada no es una hamburguesa); incluso venderlas es productivo, se presta el servicio de hacer llegar al consumidor potencial un bien económico (no es lo mismo una hamburguesa inalcanzable o que una persona hambrienta no sabe dónde está que una hamburguesa en un restaurante).

Confunde producir con capturar energía no previamente almacenada: tal vez está un poco obsesionado con la física y con la energía solar. Lo del flujo de dinero que circula y se disipa es una de las analogías con la física más desafortunadas: el dinero no se diluye inevitablemente.

Obviamente Ruiz de Elvira no ha entendido el meollo del informe. Montar molinos de viento impide montar restaurantes igual que montar restaurantes impide montar molinos de viento: los recursos productivos en un momento dado (capital y bienes de capital) son escasos y no es posible satisfacer todos los planes empresariales imaginables; lo que se dedica a una cosa no puede dedicarse a otra (noción de coste de oportunidad, que este genio a menudo confiesa que no entiende).

Lo que destruye (de forma neta) puestos de trabajo y dificulta el desarrollo económico son las subvenciones al sector de las energías renovables: porque requieren mucho capital por cada empleo generado allí (ese capital habría creado más empleo en otros ámbitos) y porque es una decisión política centralizada no conforme con los deseos y capacidades de los ciudadanos.

Es verdad que el estudio no considera el futuro sino sólo el pasado. Sus autores no aspiran a adivinos, sólo quieren describir y explicar qué ha pasado en realidad: se ha destruido empleo, en contra de las reiteradas aseveraciones de la propaganda gubernamental, que sólo menciona lo que se ve (los puestos de trabajo en el sector renovable) y no lo que no se ve (los puestos de trabajo que no han podido crearse en otros sectores por falta de capital).

Parece que el estudio insiste en el “mercado”, “una entelequia que ni siquiera funciona en la teoría”. Abundan las teoría erróneas en las que el mercado no funciona (se le exige que sea perfecto, y eso es mucho pedir). Pero también hay teorías qué explican cómo funciona y por qué no hay alterativas (salvo que se prefiera el empobrecimiento generalizado).

Las empresas energéticas actuales viven de las rentas de las inversiones públicas (guerras, entre otras) de los años 40 del siglo XX. La única solución para generar riqueza para el futuro es que la sociedad invierta hoy sin esperanza de beneficios en unos años. Puesto que los empresarios que viven hoy de la inversión pública pasada no lo van a hacer, lo tienen que hacer los estados.

Ruiz de Elvira no es de los que acumulan múltiples estupideces entre algún que otro acierto al principio y al final. Él se zambulle en seguida en la idiotez y no para hasta la traca final.

Resulta curioso entender la guerra como una inversión pública. Supongo que se refiere a que de algunos programas bélicos (bomba atómica) se ha obtenido conocimiento científico y tecnológico que luego se ha aplicado a campos civiles como es el caso de la energía nuclear. Pero las empresas energéticas (que obviamente no son todas nucleares), aun siendo públicas muchas de ellas, han tenido que seguir invirtiendo, no se han limitado a vivir de las rentas de hace ¡seis décadas! El capital se amortiza.

En la economía actúan personas y empresas, no actúa “la sociedad”. No es la sociedad quien invierte (a veces lo hace el Estado, pero eso tiene poco que ver con la sociedad y es más gasto que inversión productiva rentable). Es posible que algunas inversiones tarden en madurar: hay que asumir unos años de pérdidas hasta lograr beneficios. El problema es que este lumbrera no especifica cuántos años van a ser (decenas, cientos, miles) ni en qué hay que invertir. Pero seguro que acertamos si nos fiamos de él, por su vasta (o quizás basta) experiencia empresarial jalonada de múltiples éxitos por todos conocidos.

Naturalmente que hay muchos presuntos “empresarios” que no hacen más que vegetar a la sombra del Estado. Pero asegurar que la única solución es que el Estado haga de empresario demuestra estar en la más absoluta inopia: quizás por no entender qué es y qué hace un auténtico empresario. Algo completamente ajeno a sus conocimientos teóricos (si es que hay alguno) y a su experiencia personal.


Tonterías políticamente correctas sobre el cambio climático

21/08/2009

Karl-Heinz Florenz, diputado alemán al Parlamento Europeo del Partido Popular Europeo y ponente sobre el cambio climático, perpetra este engendro de artículo, Cambio climático: actos para un futuro mejor.

Se ha dicho muchas veces a lo largo de los años que la juventud es nuestra esperanza. Sin embargo, en la carrera por asegurar los escasos recursos y proteger nuestro clima, el tiempo se ha acabado y no podemos esperar a que las generaciones futuras encuentren soluciones a los problemas actuales. A menos que encontremos soluciones sostenibles (y las pongamos en práctica) pronto, nuestros hijos no tendrán materias primas con las que calentar sus hogares o producir bienes; ahora más que nunca su futuro está en nuestras manos. Es una gran responsabilidad, pero también una oportunidad única para que esta generación de dirigentes sean los arquitectos del mañana.

Juventud, divino tesoro. La juventud actual, tras sufrir la estupidificación pública obligatoria que se conoce como educación obligatoria estatal, difícilmente puede ser la esperanza de nadie. Quizás de los pensionistas que esperen saquear a otros como ellos han sido saqueados. Eso sí, la juventud es el futuro sin hacer ningún esfuerzo: el tiempo pasa.

Si el tiempo se ha acabado ¿para qué seguimos corriendo? ¿Sabe este diputado que todos los recursos económicos son escasos por definición? ¿Conoce el funcionamiento de los mercados de futuros? ¿No se cansa de repetir la tontería del agotamiento de los recursos? ¿Qué problemas hay actualmente tan graves que tenemos que transportar en el tiempo a las generaciones futuras para que nos los resuelvan?

La muletilla política de moda es “sostenible”. Si lo que se propone es sostenibilidad ya no hace falta pensar con un mínimo de rigor, todo estará bien, hasta la memez más extrema. Nuestros hijos (“todo es por los niños”), pobrecitos, podrían carecer de materias primas para calentar sus hogares y para producir bienes, ¡qué desastre! Repitan conmigo: la energía fluye, la materia se recicla (física); derechos de propiedad y precios (ética y economía).

Efectivamente gran parte del futuro está en manos de los burócratas aborregados y aborregantes que aspiran a convertirse en los arquitectos del mañana, necios que se creen sabios y responsables.

Garantizar que tomamos las decisiones acertadas es una tarea compleja, entran en juego numerosos factores y no nos quedan muchas oportunidades para asegurarnos de que hacemos las cosas bien.

Es prácticamente imposible que dada su incompetencia puedan hacer las cosas bien. Pero ni se plantean que la solución es que ellos dejen de tomar decisiones en nombre de cientos de millones de personas y se las impongan coactivamente.

Cabe esperar que la cumbre de Copenhague de diciembre dé a luz un nuevo acuerdo internacional que sustituya al Protocolo de Kioto. Esperamos que la cumbre también ayude a dejar claro que la acción contra el cambio climático no es solo una necesidad para garantizar el desarrollo en el futuro, sino que resulta imprescindible para superar la actual crisis económica y financiera. Mediante acciones concretas, no solo protegeremos el clima, el medio ambiente y ayudaremos a fortalecer nuestra economía, sino que también garantizaremos un futuro mejor y más justo para todos los ciudadanos.

Esta estupidez se repite mucho: como estamos endeudados hasta las cejas y con la estructura productiva descoordinada, démonos el lujazo de utilizar energías caras y así reactivaremos las finanzas y la economía. También podríamos salir en procesión para que llueva (esto último al menos no hace menos probable que llueva).

Qué graciosos y originales resultan los políticos garantizando “un futuro mejor y más justo para todos los ciudadanos”. ¿Dónde se puede reclamar por el incumplimiento de esta garantía?

La Unión Europea debe dar ejemplo. Para ello, ha fijado unos niveles de referencia para que los demás sigan el objetivo de reducir para 2020 las emisiones de carbono en un 20 % (y el 30 % en el marco de un acuerdo internacional). No podemos mostrar signos de flaqueza si queremos avanzar hacia dichos objetivos; pero es necesario emprender acciones comunes y con perspectivas de futuro.

Los líderes europeos se creen moralmente superiores cuando son los responsables de sociedades envejecidas y carentes de impulso emprendedor. Pero no mostremos signos de flaqueza, que se nos puede notar que todo es fachada. Sigamos sacando pecho hasta asfixiarnos.

Si bien es verdad, con políticas tan específicas se corre el riesgo de crear de manera inadvertida desequilibrios en otros ámbitos. Es importante que todas las partes interesadas trabajen duro y de forma coordinada para evitar que esas desigualdades ocurran. Por lo tanto, me complace participar en un proyecto de la Fundación Rey Balduino en cuyo marco se organizarán una serie de debates que reunirán a expertos en materia de política social y cambio climático. Las conclusiones extraídas del proyecto representarán una valiosa contribución para los responsables políticos europeos sobre el mejor modo de incluir cuestiones en la agenda social y los objetivos de reducción del cambio climático.

Vamos a esforzarnos y a coordinarnos bien y todo saldrá de maravilla. Debatamos mucho, hagamos la pelota a quienes organicen proyectos que nos permitan lucirnos y presentarnos como expertos. Y luego justifiquemos nuestro intervencionismo político en las conclusiones de esos programas que previamente hemos apoyado.

Aunque las políticas de reducción no tienen como finalidad abordar la desigualdad social, una buena gestión de esta cuestión puede ofrecer muchas oportunidades. Tiene la capacidad de crear nuevos empleos, infundir nuevo vigor a las economías y, en colaboración con otros ámbitos políticos, abrir el camino hacia un futuro mejor menos marcado por las desigualdades. Sin embargo, para conseguir beneficios a largo plazo se requiere una estrategia a corto plazo; todos debemos apoyar iniciativas como la de la Fundación Rey Balduino para poder tomar las decisiones correctas hoy.

Mezclémoslo todo, el clima, la igualdad y la economía. Hemos recibido una orden: hay que apoyar estas iniciativas, y no se hable más. Todos, que nadie se escaquee. Porque no vamos a dejar que los ciudadanos decidan cada uno en su ámbito e intenten acertar por su cuenta y riesgo. Nosotros, los políticos, vamos a decidir correctamente por ellos. Palabra de Karl-Heinz Florenz.


Más viñetas de Ramón sobre el cambio climático

13/07/2009

Las viñetas de Ramón en El País siguen constituyendo una recopilación segura de estupideces.

Aquí:

Yo soy un país rico porque llevo muchísimos años contaminando sin pagar nada a cambio.

No aclara a qué país se refiere: quizás escribe de forma genérica, o tal vez juega a que sus lectores lo adivinen. Seguro que contaminar sin pagar nada a cambio es la única razón de que ese país sea rico: ciencia económica de alta calidad. No aclara tampoco a qué contaminación se refiere, pero se supone por lo siguiente que es la emisión de dióxido de carbono, cuya categorización como contaminante está entre problemática y absurda.

Me acusan de calentar el planeta, pero yo lo niego y compro opiniones escépticas al respecto.

¿Pero no eran las malvadas industrias energéticas de los combustibles fósiles las que hacían todo esto? ¿Las acusaciones son ciertas? ¿Quién las hace? ¿Calentar el planeta es un crimen, algo malo con toda seguridad para todo el mundo en todas las circunstancias? ¿Hay alguna prueba de la compra de opiniones escépticas? ¿El escepticismo es malo? ¿Tenemos que creernos la versión oficial sin rechistar? ¿No hay algunos países comprando opiniones no escépticas al respecto?

Mi intención es llevar a la humanidad hasta el mismo borde del abismo climático.

Aquí la estupidez ya se desborda. Es dudoso que un colectivo como un país pueda tener intenciones como un ser humano individual. Ramón quizás no sabe o no considera aquí que además de las intenciones deseadas y previstas, existen consecuencias no deseadas, no previstas, efectos colaterales no intencionados. Es imposible conocer con absoluta certeza los contenidos concretos de la intencionalidad de un agente, como mucho pueden realizarse suposiciones inteligentes. La imputación de maldad catastrofista de Ramón muestra que su capacidad en este ámbito es más bien defectuosa: hay un país que activamente intentar causar una catástrofe climática que afecte a toda la humanidad. ¿Algún documento o prueba que demuestre este plan diabólico?

Ahora ya no me piden que pague: ahora soy yo el que digo: “¡¿Remamos todos juntos o no remamos?!”

¿Ya no le piden que pague? ¿Está seguro? ¿O sea que puede hacer lo que quiera? ¿Es Ramón un colectivista criticando una propuesta de acción colectiva?

Aquí:

“… Y el que venga detrás, que arree.” Dijo el pronuclear.

¿Algún pronuclear dice eso? ¿Podría dar algún nombre y cita específica? ¿Se refiere al presuntamente horrible problema de los residuos?

Aquí:

Frenar el calentamiento es muy fácil. Sólo tienen que dejar de contaminar.

Los sucios dicen que es imposible.

Porque no quieren cambiar.

¿Seguro que es tan fácil frenar el calentamiento? ¿Emitir dióxido de carbono es contaminar? ¿No emitir más dióxido de carbono no tendrá alguna que otra consecuencia no deseada, algún coste económico? ¿Él es limpio y se dedica a insultar a los demás llamándoles sucios?

Si no quieren cambiar, ¿por qué obligarles e ir en contra de sus preferencias?

Aquí:

¿Por qué los que han provocado el calentamiento siguen sin hacer nada?

El problema no es que no hagan nada. El problema es que no sienten nada.

¿Realmente no hacen nada? ¿Absolutamente nada? ¿Los costosos subsidios a las energías renovables, el gravar las emisiones de dióxido de carbono y las continuas campañas mediáticas moralizantes no son nada en absoluto?

El problema no es hacer o no lo correcto sino sentir o no: esto es típico de los imbéciles, que sustituyen todo lo que ignoran por lo mucho que sienten, y además acusan a los demás de no sentir nada (no de sentimientos inadecuados, sino de ausencia de sentimientos, como máquinas impersonales).


Joaquín Estefanía y el cambio climático

24/05/2009

Joaquín Estefanía nos recuerda una cita de la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU, que “declaró que el dióxido de carbono, junto con otros cinco gases contaminantes, supone una seria amenaza contra la salud”:

En las actuales circunstancias, la conclusión de que los gases de efecto invernadero en la atmósfera suponen un peligro para la salud y el bienestar público es convincente y apabullante.

El dióxido de carbono, a diferencia de otros gases tóxicos, no es contaminante. Puede contribuir al incremento de la temperatura, pero esto no implica automáticamente amenazas o peligros para la salud. Muere más gente en invierno por el frío que en verano por el calor. No vivimos en todas partes en climas óptimos cuya alteración sólo pueda producir perjuicios.

Según Estefanía:

Estas tesis corrigen las doctrinas negacionistas de los neocons sobre el CC, que tuvieron su principal manifestación en el hecho de que Bush abandonó la Casa Blanca sin ratificar el Protocolo de Kioto. Ya sólo una minoría muy ideologizada (como el presidente checo Václav Klaus o Aznar) sigue sin reconocer el CC como producto de la acción del hombre y plantea el falso dilema de dedicar los recursos escasos del planeta a otros problemas aparentemente más urgentes (lucha contra el terrorismo, ayuda al desarrollo, malaria, sida, etcétera). A estas alturas, existe un consenso en que el CC no debe tratarse como una posibilidad de elección entre varias alternativas, sino como un fallo de mercado, teniendo en cuenta sus características más negativas: globalidad, largo plazo, incertidumbre e irreversibilidad de sus efectos.

Qué malos son los que no hacen profesión de fe de las verdades oficiales promulgadas por las agencias gubernamentales. Si la principal manifestación de un negacionista es abandonar la Casa Blanca sin ratificar el Protocolo de Kioto, resulta que Al Gore (vicepresidente con Bill Clinton) es sospechoso de negacionista: toda su retórica sobre la verdad incómoda debe de ser una cortina de humo, pues mientras pudo no hizo gran cosa al respecto.

Los recursos escasos no son del planeta (a quien es absurdo asignar posesiones), sino de personas concretas que pueden usarlos para unas cosas o para otras: el coste de oportunidad existe, y es muestra de ineptitud económica pretender que se trata de un falso dilema. La urgencia y la importancia de los problemas no las deciden presuntos expertos como Estefanía, sino cada ser humano en su ámbito de actuación. Para los economistas del Consenso de Copenhague el cambio climático resulta ser el menos importante y urgente entre muchos otros problemas que reclaman recursos económicos escasos.

Ese presunto “fallo de mercado” ¿no será en realidad un fallo del Estado al no saber determinar y defender adecuadamente los derechos de propiedad? Respecto a los efectos del cambio climático, a Estefanía se la ha escapado que son inciertos, que no están claros: quizás va a ser que el debate científico tiene sentido después de todo. Y tal vez no entiende que el hecho de que el cambio climático sea global, a largo plazo e irreversible (siendo esto último falso) no lo hace automáticamente negativo.

Estefanía aplaude que PP y PSOE olviden “los cantos de sirena de los que entienden que el CC será algo que sólo afectará a nuestros tataranietos”. Ha construido un hombre de paja, porque el argumento real es que los costes o beneficios futuros son valorados con un descuento respecto a los costes o beneficios presentes o más cercanos, y además nuestros descendientes serán más ricos que nosotros y por lo tanto mejor preparados para afrontar esos posibles costes.