Óscar Martín, Ecoembes y el reciclaje en España

17/05/2016

Entrevista a Óscar Martín, consejero delegado de Ecoembes (la empresa sin ánimo de lucro que se encarga del reciclaje de envases en España).

Quiere resolver problemas ecológicos ignorando que hay métodos quizás más eficientes que reciclarlo todo. Dice que se pierden oportunidades de negocio, seguramente asociadas a subvenciones que tienen que pagar otros. Habla de ahorro en la producción y consumo, pero las empresas no son idiotas y ya intentan ahorrar en materiales; los consumidores no son bobos y prefieren ciertos envases o empaquetados por su comodidad y conveniencia (limpieza, transporte). Menciona los puestos de trabajo que se pueden crear, olvidando que el trabajo es un coste y que se trata de generar riqueza, no de trabajar para destruirla o dificultar su creación. Insiste en el aprovechamiento de los residuos, como si todos se pudieran aprovechar y no fueran residuos.

Es absurdo pretender que todo lo utilizado debe ser reciclable y sostenible: entonces no emplearías ningún recurso no reciclable o renovable, por lo cual estos no se usarían nunca y quedarían sin aprovechar. Exigir que todo sea reciclable puede implicar mayores costes de producción y de gestión de residuos, no más eficiencia y ahorro. Hay recursos que tiene sentido reciclar y otros que no, depende de sus costes de obtención y eliminación segura de residuos. Se trata de internalizar los costes de la producción de bienes y de la gestión de recursos, no de empeñarse en que no debe haber residuos sin reciclar.

Que Ecoembes sea una empresa sin ánimo de lucro no significa que no tenga intereses: en seguir existiendo e incrementar su poder y prestigio, en conservar sus puestos de trabajo, en incrementar sus salarios, en mejorar sus condiciones laborales.

El ecologismo es una señal costosa cuando se practica, aunque suele consistir en que los costes los asuman otros. Cuando solamente se habla de ecologismo es una señal barata y poco fiable.


Pensamiento verde

09/11/2009

Efectivamente, pensamiento inmaduro.

Según Anatxu Zabalbeascoa:

La crisis económica ha destapado barrios enteros de edificios vacíos cimentados en la especulación, paisajes destrozados por la codicia y un modelo de desarrollo insostenible. Sin embargo, el desastre podría ser el detonante para lograr un cambio de valores y un mundo más verde. La oportunidad de repensar el planeta empieza en nuestra casa. Gestos mínimos y actitudes individuales pueden llegar a cambiar la faz de la Tierra por la fuerza de los hechos.

Qué mala es la especulación y la codicia, qué mal se entienden y cómo sirven para sermonear y culpar de todo a los malos malosos sin nombrarlos en concreto con nombres y apellidos. ¿Un paisaje se destroza cuando se construyen edificios? ¿Los cambios de valores van a ser libres y no violentos o se va a respetar a quienes tienen valores diferentes? ¿Hay alguna mente capaz de pensar todo el planeta? ¿Un mundo más verde es necesariamente mejor? ¿Según la valoración de quién?

Según Alex Rovira, profesor de ESADE y autor de “La buena crisis”, es necesaria una visión más ecológica del mundo y la expansión de la conciencia. Todos a meditar, aunque tal vez para introducir en la conciencia conceptos y percepciones que no coinciden con sus propuestas.

Estamos en esta situación porque comprábamos cosas que no necesitábamos, para impresionar a gente que no conocíamos o no nos caía bien, y avalando con activos cuyo valor no era el que creíamos. Todo era una gran mentira y estamos pagando las consecuencias. La Tierra es el cuerpo que nos alberga y nosotros somos su consciencia, pero nos habíamos convertido en su cáncer. La clave es la responsabilidad: si encendiste, apaga; si consumiste, recicla… Hay que completar la acción, respetar el medio y a las personas.

Como habla en primera persona del plural, se está acusando a sí mismo, por lo cual resulta sorprendente que ahora quiera dar lecciones. Pero ¿quiénes son los demás a quienes incluye en su discurso? ¿Qué diferencias hay entre querer, desear y necesitar? ¿Sólo se necesita pan, agua, algo de vestir y poco más? ¿Prescindimos de la cultura y el arte por superfluos? ¿Es malo aspirar a más, a mejor calidad y más cantidad? ¿Realmente hay gente tan tonta que quiere impresionar a quienes no les caen bien? Porque lo de la búsqueda del estatus sí que es consustancial al ser humano, frente a conocidos y desconocidos, y va a ser difícil de cambiar porque está en nuestros genes. Acierta en la valoración inadecuada de los activos. Lo de la conciencia y el cáncer de la Tierra es una memez que se repite mucho. ¿Siempre merece la pena reciclar? Muy bien lo de respetar a las personas: sobre todo sus derechos de propiedad y su libertad. Y a ser posible su inteligencia.

Jordi Pigem, doctor en Filosofía, y autor de “Buena crisis. Hacia un mundo posmaterialista”, describe un mundo en el que ha imperado la razón por encima del cuerpo y las emociones, el ser humano por encima de la naturaleza y el hombre por encima de la mujer.

Ahora toca cambio, y eso atañe a nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Ni el egoísmo ni la codicia funcionan. La tendencia que está creciendo con más rapidez en estos momentos es la de la generosidad, se manifiesta en la banca ética, en la cantidad de ONG que funcionan en el mundo, en el comercio justo, en redes sociales preocupadas por compartir… y todo se articula dentro de una visión del mundo en el que las personas no estamos por encima de la naturaleza. No se puede volver a donde estábamos porque no es sostenible.

Otra vez el egoísmo y la codicia. El crecimiento de los muy mal llamados banca ética y comercio justo son de momento testimoniales. Muchas ONGs son entre prescindibles y nocivas.

Según Domingo Jiménez Beltrán, que fue director general de Medio Ambiente con la ministra Cristina Narbona y primer director del Observatorio de la Sostenibilidad en España:

Todo el mundo sabía que teníamos un modelo de desarrollo de corto recorrido que ha generado beneficios, pero no para todos. Se han privatizado las ganancias y hemos socializado las pérdidas.

Otro listo que conoce a todo el mundo y sabe lo que piensan. Qué raro que siendo todos tan sabios y previsores, tantos picaran en las burbujas financieras e inmobiliarias. Lo de la socialización de las pérdidas ¿no tendrá algo ver con la intervención estatal coactiva?

Mientras el PIB crece al ritmo del 4%, a los políticos les da miedo decir que eso lleva al desastre porque piensan que hacerlo va a frenar abruptamente la inversión. Todo el mundo se había puesto como meta que la burbuja, antes de que llegara a estallar, se desinflara suavemente. Ahora no vale lamerse las heridas. Hay que aprovechar la crisis para salir de ella con un modelo de desarrollo reforzado.

De nuevo sale todo el mundo, esto es una obra coral con coro universal. Ese modelo de desarrollo ¿está en la mente de algún planificador central?

El filósofo Jorge Riechmann asegura que los efectos de nuestras acciones llegan muy lejos en el tiempo y en el espacio, comenzando por actos de consumo tan básicos como comer y beber.

Una dieta  predominantemente vegetariana reduce notablemente nuestro pisotón  ecológico. En cambio, una  dieta rica en carne y grasas animales multiplica nuestro impacto sobre los ecosistemas y reduce las opciones vitales de muchos seres humanos. Deberíamos acostumbrarnos a ver las invisibles mochilas ecológicas que arrastran consigo los bienes de consumo.

De la huella ecológica pasamos al pisotón ecológico. Comer carne quizás amplíe las opciones vitales de muchos seres humanos. Las mochilas ecológicas se conocen como externalidades, y en la medida en que sean agresiones pueden resolverse con un marco institucional adecuado y no con sermones.

Vuelve Domingo Jiménez:

Mucha parte del falso desarrollo económico español se ha hecho a cuenta de destrozar activos importantes, como las Tablas de Daimiel. La especulación es la prueba más grande de la ignorancia. Nos hemos descapitalizado en conocimiento. La prueba es el abandono escolar en España, más frecuente en las áreas de costa con desarrollo especulador.

¿Y cuál es el valor de ese activo para decidir si merece la pena mantenerlo y a qué coste? ¿Cómo es que la especulación prueba la ignorancia? ¿Se refiere a la nula formación financiera de los ciudadanos, a su desconocimiento de las teorías de los ciclos económicos? El abandono escolar ¿no tendrá más que ver con la deplorable calidad de la enseñanza pública a cargo del Estado, esa que es tan buena que hay que hacerla obligatoria?

Jiménez tiene una vivienda energéticamente autosuficiente que produce energía fotovoltaica y eólica y en la que se desala agua para regar una pequeña huerta. “Cuando algún vecino me pregunta si me salen las cuentas de la inversión, le pregunto yo si le salen a él las de su Porsche. Depende de las prioridades”. O sea que seguramente ha recibido cuantiosas subvenciones a cargo de los demás, esos que quizás no todos tengan un Porsche. “Si hay que dar la bienvenida a la crisis es porque ha dado la cara a todos los vicios que tenía el sistema y nos abocaban al desastre seguro. Eso sí, el vuelco al sistema tiene que ser total”. Llamando a la revolución.

Según Deyan Sudjic, director del Design Museum de Londres, “tras constatar lo cerca que nos han llevado nuestras costumbres de consumo compulsivo de los límites de los recursos mundiales, hoy el mayor lujo podría ser liberarnos de vivir con tantas cosas”. Él y unos cuantos más son consumidores compulsivos incapaces de “liberarse” de vivir con tantas cosas: yo le ayudaría gustoso en su tarea de desprendimiento. Lo de los límites de los recursos naturales, la misma tontería de siempre.

De nuevo Jorge Riechmann: “El pensamiento de inspiración ecológica lleva cuatro decenios insistiendo sobre una obviedad: ningún sistema económico puede crecer indefinidamente dentro de una biosfera finita. ¿Hasta cuándo nos obstinaremos en perseguir imposibles?

No entienden (les es obviamente imposible) que el crecimiento económico es en valor, no necesariamente en cantidad. Se trata de recombinar la realidad según las preferencias de los seres humanos, y mientras haya materia y fluya energía la combinatoria permite límites muy lejanos. La biosfera es finita, pero los seres humanos no sólo consumen como depredadores sino que también producen.

El ingeniero donostiarra Jesús Gasca quiere “recuperar la localización”, o sea básicamente caerles bien a sus vecinos. No fabrica en China, y no quería prescindir de sus trabajadores locales porque “¿Y quién comprará mis sillas si los trabajadores se quedan sin trabajo?”. ¿Sólo compraban sillas sus propios trabajadores? ¿Los trabajadores chinos no pueden comprar sus sillas? ¿Si son demasiado caras para ellos no podría bajar el precio fabricándolas a menores costes en China? Gasca se muestra “a favor de la globalización, pero absolutamente en contra de la deslocalización”. O sea que nunca cierre una fábrica aunque la producción pueda ser más económica en otro sitio.

Riechmann no descansa:

No podemos pensar el consumo separado de la producción. Nuestro problema de fondo es una organización de la economía donde la acumulación de capital (y la búsqueda de beneficio que lleva consigo) son los fines, y el bienestar de las personas o la salud de los ecosistemas se dan, cuando se dan, por añadidura, como una especie de accidente.

Tanta tontería procedente de una amigo de la sabiduría… Las personas son tontas que consiguen bienestar de forma accidental, acumulan capital no por su productividad sino para valorarlo en sí mismo, y los beneficios lo mismo.

Pedro Rubio, responsable del área de medio ambiente de La Casa Encendida: “La ley obliga a las compañías eléctricas a comprar a los vecinos la energía producida por sus placas solares”. Podemos estar bien orgullosos de esta ley. También hay otra que obliga a comprar carbón español de las cuencas mineras que llevan decenios chupando de la teta del Estado. Todo muy verde, aunque tal vez verde oscuro.


No impact man, not much brain man

20/09/2009

Colin Beavan, “No impact man”, es un “progre con complejo de culpa que intenta salvar el planeta”. Se propuso vivir un año sin electricidad, sin comida preparada ni servida a domicilio (sólo consumió comida producida localmente), sin pañales de usar y tirar para su hija pequeña, sin papel higiénico y sin salir de su ciudad para descubrir si es posible vivir reduciendo al mínimo la cantidad de residuos y efectos nocivos para el medio ambiente generados por el consumo personal. Y no sólo eso, ahora quiere contarlo y captar prosélitos.

Nos educan pensando que la felicidad consiste en acumular cosas. Pero el día a día del experimento me enseñó que son las relaciones humanas lo que realmente me hace sentir bien. Además, comencé a leer sobre psicología de la felicidad. Una vez que tienes tus necesidades básicas cubiertas, cuando tu salario llega a unos 35.000 euros al año, todo lo que le añadas no aumenta tu calidad de vida. Pero, claro, eso nadie te lo dice. Te convencen para que trabajes sin parar para que ganes más dinero para poder seguir consumiendo, y resulta que lo realmente importante, estar con familia y amigos, lo descuidas.

¿Quién le ha educado tan mal? ¿Está acusando a sus padres o a sus profesores? Las relaciones humanas pueden proporcionar felicidad, pero también son fuente de desdicha, no son siempre un cuento de hadas. Curiosamente los psicólogos a veces recomiendan contra la depresión el salir a comprar algún capricho.

Beavan parece creer que su experiencia personal es extrapolable a todo el mundo, y que un salario tope determinado es ideal, de modo que mayores ingresos no mejoran en nada la calidad de vida, en contra de las preferencias demostradas por millones de seres humanos. Asegura que nadie le dice algo que acaban de decirle: ¿no sería mejor aclarar que nadie se lo había dicho a él hasta entonces?

¿Quién le ha convencido para que trabaje sin parar? ¿No estará intentando excusarse con inexistentes o dudosas influencias externas por sus pasadas decisiones personales que ahora cree equivocadas? Estar con familia y amigos ¿es lo único realmente importante? ¿Volvemos a las tribus pequeñas primitivas donde estamos todo el rato juntos y somos felizmente pobres?

Según la reportera, “Beavan creció pensando, como muchos de sus compatriotas, que la libertad de un país se mide en función de la cantidad de productos a elegir en el supermercado”. Otro que confunde riqueza con libertad: suelen ir asociadas, pero no son lo mismo. Parece que su mujer descubrió que “renunciar a algunas de sus debilidades la convertía de hecho en una persona más feliz y más sana”. Esto nos pasa a todos, solo que nuestras debilidades son diferentes: lo que para uno es un lastre para otro es una fuente de placer (la televisión, por ejemplo).

Según Beavan “El planeta está al borde de un cataclismo” y “es esencial que la gente dé pasos individuales para salvar al planeta. Lo único que tenemos para contrarrestar el poder de la industria energética que quiere mantener el statu quo es gente”. La misma moralina supersticiosa de siempre de las catástrofes y la salvación. Viva la gente ecoactivista o ecofanática que lucha contra la malvada industria energética.

Cada uno de nosotros tiene que contribuir al cambio, lo que pasa es que somos muy autocomplacientes.

A sus órdenes, faltaría más. Hay que, es necesario, todos tenemos que. Pero somos muy comodones, o quizás es que nos están intentando colar una gran mentira para manipularnos y no están respetando nuestras preferencias reales. Porque en realidad se trata de “convencer a toda esa gente, de que el coche o los pañuelos de papel son lujos que deberíamos aprender a tratar como tales y no como artículos de uso diario e imprescindible”. No hay valoraciones subjetivas, sino sólo necesidades o lujos objetivos.

Hay que demostrarles que consumir no les hace más felices. Es una cuestión cultural, así que hay que comenzar por cambiar nuestra cultura de consumo. Mi hija tiene ahora cuatro años y no quiere consumir. Creo que las personas no tenemos ese instinto de acumular cosas. Nos lo enseñan porque nuestras economías dependen del consumo.

¿Hay que demostrárselo como si fuera un axioma objetivo igualmente válido para todos? Resulta que a algunos tal vez sí les hace más felices consumir. No es algo simplemente cultural, puede tener que ver con el afán instintivo de superación de la especie humana, que tiene parte de dependencia de cosas materiales.

Su hija está copiando su actitud ante la vida, y esa debe ser toda la extensión de la evidencia empírica que le lleva a sus peculiares creencias.

Las economías intervenidas por la nefasta influencia keynesiana dependen del consumo: las economías libres dejan que cada cual consuma o no según sus preferencias siempre que respete los ámbitos de dominio de los demás.

Desde la Quinta Avenida de Nueva York y sin un trabajo real conocido, Beavan nos recuerda que “Medio planeta vive sin papel higiénico. Se lavan con agua”. Ni siquiera se plantea que tal vez preferirían lavarse con papel higiénico, a ser posible suave y aromatizado.


Disparates de Pedro Casaldáliga

18/09/2009

Respecto a la ecología, afirma Pedro Casaldáliga, obispo emérito:

El tema es nuevo, pues, y desesperadamente urgente. Acabamos de descubrir la Tierra, nuestro Planeta, como la casa común, la única que tenemos, y estamos descubriendo que somos una unidad indisoluble de relaciones y de futuro.

Alarmismo y colectivismo: repetición acrítica de tópicos sobre el cambio climático y misticismo unificador colectivista.

La última gran crisis, hija del capitalismo neoliberal, embrutecido en la usura y en el despilfarro, que ha ignorado cínicamente tanto el sufrimiento de los pobres como las limitaciones reales de la Tierra, nos está ayudando a abrir los ojos y esperamos que también el corazón.

Absoluta estulticia económica y crítica moralista tontorrona contra la usura y el despilfarro. Crisis económica y financiera confundida con limitaciones físicas ambientales.

“Durante miles de años, dice Lovelock, la Humanidad ha explotado la Tierra sin tener en cuenta las consecuencias. Ahora que el calentamiento global y el cambio climático son evidentes para cualquier observador imparcial, la Tierra comienza a vengarse”.

Lovelock dice alguna estupidez que otra, sí. El cambio climático no es ninguna venganza, sino un cambio en las condiciones ambientales que puede tener aspectos positivos o negativos y que puede merecer la pena mitigar o no.

Estamos tratando la Tierra como un asunto apenas económico y le exigimos a la Tierra muchos deberes e ignoramos los derechos de la Tierra.

Es difícil asignar derechos a una entidad que no tiene inteligencia normativa, que no entiende de legitimidad, que no capta la abstracción de lo que es un derecho.

Ciertos especialistas y ciertas instituciones internacionales nos han ido mintiendo. La mano invisible del mercado no resolvía el desastre mundial. Cuanto más libre era el comercio, más real era el hambre.

Lo anterior es falso: ¿Casaldáliga lo sabe y miente o es profundamente ignorante pero moralmente altanero?

Según la FAO, en 2007 había 860 millones de hambrientos; en enero de 2009 ciento nueve millones más.

En medio de una gran crisis económica es normal que los pobres se resientan. Pero conviene mirar a más largo plazo y sobre todo saber algo de teoría económica sobre las causas de la riqueza y la pobreza.

Una decena de empresas multinacionales controlan el mercado de semillas en todo el mundo.

¿Acaso obligan a alguien a comprar sus productos? Quizás diez es un número suficiente para que haya competencia.

Esa ecología profunda, integral, debe incluir todos los aspectos de nuestra vida personal, familiar, social, política, cultural, religiosa… Y todas las instituciones políticas y sociales, a nivel local, nacional e internacional, han de hacer programa suyo fundamental “la salvación del Planeta”.

Se impone una globalización de signo positivo, trabajando por la mundialización de la ecología. Rechazando y superando la actual democracia de baja intensidad, urge implantar una democracia de intensidad máxima y, más explícitamente, una “biocracia cósmica”.

A sus órdenes, visionario enloquecido perpetrador de ilimitados disparates.

El ecofeminismo sale al encuentro de un desafío fundamental, Gaia es femenina.

La hipótesis científica de Gaia se transforma en charlatanería feminista.

Lo mejor que tiene la Tierra es la Humanidad, a pesar de todas las locuras que hemos cometido y seguimos cometiendo, verdaderos genocidios y verdaderos suicidios colectivos.

Y sin embardo la población humana y su riqueza no dejan de crecer.

Propiciando ese cambio radical que se postula y proclamando que es posible otra ecología en otra sociedad humana, hacemos nuestros estos dos puntos del Manifiesto de la Ecología Profunda:

“El cambio ideológico consiste principalmente en valorizar la calidad de la vida -de vivir en situaciones de valor intrínsecas- más que en tratar sin cesar de conseguir un nivel de vida más elevado. Tendrá que producirse una toma de conciencia profunda de la diferencia que hay entre crecimiento material y el crecimiento personal independiente de la acumulación de bienes tangibles”.

Nos van a decir qué tenemos que preferir.

Militantes e intelectuales comprometidos con las grandes causas están preparando una Declaración Universal del Bien Común Planetario.

Sólo los individuos valoran y lo hacen de forma subjetiva. Si el bien común suele ser un concepto problemático del que se abusa a conciencia, el bien común planetario será un disparate de proporciones planetarias.


Necedades de Antonio Ruiz de Elvira

13/05/2009

Antonio Ruiz de Elvira es catedrático de Física Aplicada por la Universidad de Alcalá y activista en favor de las políticas más radicales contra el cambio climático. Escribe frecuentemente en su blog de El Mundo (Este otro parece inactivo). Como el caudal de sus necedades parece no tener fin, merece una recopilación.

Ya escribí sobre él aquí.

Aquí afirma:

¿En qué país vivimos? El Sr. fiscal (sea quien sea) del caso archiva el caso de El Algarrobico porque han pasado 10 años. Basta con dejar pasar el tiempo, en nuestro maravilloso país, para que los delitos no castigados queden impunes. Fiscales y jueces pueden decir lo que quieran. Como a las 12 del mediodía es de día, ese pedazo de construcción es esencialmente ilegal. No se puede construir sobre el mar.

Sí, la prescripción de los delitos al cabo de cierto tiempo es algo discutible, pero no es una rareza española como parece insinuar. Dados sus apabullantes conocimientos jurídicos y su inapelable sentencia de ilegalidad, se espera que fiscales y jueces peregrinen a su presencia, se flagelen y le pidan perdón. Lo de que no se puede construir sobre el mar no queda claro: ¿quiere decir que es imposible? Seguramente no, se pueden poner pilares hasta el fondo del mar o usar mecanismos flotantes; seguramente se refiere a que no está permitido, pero ¿qué tiene eso que ver con ese hotel cuyos cimientos claramente están sobre tierra firme?

Aquí, en California, con gente inmensamente rica, los edificios más cercanos al mar están a 100 metros de la playa.

¿De verdad? ¿Conoce Malibú, o Venice Beach? ¿Miente o es que su capacidad de observación es escasa e induce de forma muy arriesgada y chapucera?

Los bienes comunales, la única riqueza real de cada uno de los seres humanos, porque es la única que cada uno de nosotros no podemos destruir a nuestro antojo, debe conservarse por encima de cualquier capricho de cualquier logrero, que sin esfuerzo alguno, sólo por una recalificación arbitraria, pasa, sin trabajar, de pobre a rico.

Ya lo saben, todos esos bienes privados que ustedes poseen no son riqueza, o son riqueza falsa. Por cierto, si no han destruido ustedes a su antojo riqueza hoy, ¿a qué esperan? O quizás Ruiz de Elvira no entiende que las personas tienden a cuidar lo que poseen, y a transformarlo para generar más valor. Quizás no conozca el asunto de la tragedia de los bienes comunes, ese que dice que los bienes comunales tienden a deteriorarse. Atentos, que cuando dice “debe conservarse” (aparte de la falta de concordancia con el sujeto) les está dando una orden o se está sacando de su chistera un particular deber: todo lo que sea común es intocable: las calles, que vuelvan a su estado original; los parques, arrasemos todo lo artificial para que parezcan ser ámbitos realmente naturales. Efectivamente los trapicheos de las recalificaciones son muy feos: pero él pretende que no se pueda recalificar nada y otros pretendemos que los propietarios sean soberanos en su propiedad y no necesiten pedir permiso al poder político.

Las empresas de energías renovables no saben a que atenerse con respecto a leyes movedizas, similares a las leyes que avanzan y retroceden las distancias a las arenas de las playas de los hoteles y edificios que han destrozado, mediante hipotecas, a cambio de una crisis de 4 millones de parados, el litoral español, uno de nuestros bienes comunales convertido en bien privado de unos cuantos.

Qué mal usan algunos el “qué” y el “que”. Efectivamente los marcos normativos estables son buen derecho. El problema es que él pretende subvenciones para siempre (o hasta cuando haga falta según su particular criterio) y otros rechazamos todas las subvenciones. El litoral español sólo es bien comunal porque lo dice la ley, como podría decir lo contrario. No tiene ninguna de las características económicas que lo convertirían en bien público. El litoral ha sido transformado, unos opinan que para peor (y entonces aseguran con gran descaro que hay sido destruido), para otros será para mejor (porque ahora hay edificios donde vivir o pasar las vacaciones). La crisis económica actual poco tiene que ver con la transformación del litoral. De hecho, la crisis inmobiliaria es más grave donde las restricciones urbanísticas son mayores.

Necesitamos la convicción de que hay que cambiar de rumbo. Que hay que generar empleo y producción, no subsidios ni pelotazos. Que hay que eliminar los pelotazos, la riqueza fácil, los sueldos de millones a cambio de nada. Necesitamos una fuerza de trabajo que, desde hoy, día a día, cambie radicalmente esta España de columpio que no acaba de decidirse a entrar en el siglo XXI.

El problema es cuál va a ser el nuevo rumbo, y él no parece un capitán competente. Generar empleo no es obligatorio, normalmente la actividad económica eficiente es la que se hace de forma muy productiva (usando tan pocos recursos, incluido el laboral, como sea posible). Y respecto a los subsidios, Ruiz de Elvira no es muy coherente, ya que defiende los que le interesan, a las energías renovables.

Aquí hay más.

La ciencia actual (y las religiones dominantes) han inducido a los seres humanos a un error de bulto: A pensar que cada cachito del universo es algo independiente de los demás. La ciencia, desde hace 400 años, aísla los fenómenos, separa los entes. Sólo desde hace muy pocos años la física de los sistemas complejos, y la ecología, han traído la ciencia a la realidad.

Lo actual es lo de ahora, así que parece que Ruiz de Elvira se hace un pequeño lío temporal. Su representación de la ciencia más tradicional como de reduccionismo en partes independientes es profundamente errónea: lo que hacía era reducir y linealizar las interacciones (no había capacidad matemática y de cómputo para más). Hoy se tienen modelos más ricos y complejos con relaciones no lineales; pero sigue siendo muy impreciso aquello de que “todo está relacionado con todo”, porque no todas las interacciones son igualmente importantes o intensas.

La realidad es que todo está relacionado con todo en el universo. Los problemas de los caracoles marinos en las aguas acidificadas repercutirán en la salud humana dentro de algún tiempo. Y la retirada de los glaciares es un síntoma de que la ciudad de Cádiz desaparecerá debajo de las aguas o vivirá tras enormes diques La realidad es que todo está relacionado con todo en el universo. Los problemas de los caracoles marinos en las aguas acidificadas repercutirán en la salud humana dentro de algún tiempo. Y la retirada de los glaciares es un síntoma de que la ciudad de Cádiz desaparecerá debajo de las aguas o vivirá tras enormes diques de aquí a unos años. .

Holismo barato y con ejemplos como lo de los caracoles completamente arbitrarios y sin explicación. Ese “de aquí a unos años” ¿no podría ser un poco más preciso? Porque si es pasado mañana quizás merezca la pena hacer algo al respecto, pero si es dentro de mucho tiempo tal vez no (pista: preferencia temporal). Por otro lado ¿es muy malo usar diques? Media Holanda está protegida por ellos (se llaman Países Bajos por algo), y no les va tan mal.

Podemos arreglarlo. Pero las soluciones que dan los gobiernos, el americano y el español, son pacatas, dudosas. Las subvenciones no sirven. Necesitamos, para la crisis climática y para la crisis económica, un trabajo tipo proyecto Manhattan: Un esquema empresarial, con objetivos claros, metas semanales, chequeos diarios sobre el avance del esquema. En la crisis económica: ¿Cuántas empresas nuevas se montan cada día, cuántos empleos se crean de semana en semana? En la crisis climática: ¿Cuántos coches de petróleo han sido sustituidos por híbridos, cómo ha bajado el consumo de carbón y de gas semana a semana en las centrales, cuántos kilovatios renovables están entrando día a día en la red? ¿Cuántos árboles se han plantado esta semana? ¿Cuántas casas solares se han iniciado?

Tal vez podamos arreglarlo, pero parece no importarle el coste. Ese pequeño inconveniente que suelen ignoran los necios en economía. Quizás las dudas tienen sentido, más vale no estar seguro de una acción errónea. Lo absurdo de su “pensamiento” es que mezcla la empresarialidad (especular y arriesgarse en proyectos en un mercado libre que satisfagan los deseos futuros de los consumidores) con la planificación de un proyecto estatal como fue el proyecto Manhattan de la bomba atómica (y aquello era una guerra, pero respecto a la crisis económica cualquier tontería keynesiana cuela). Como Bastiat quizás no le suena sólo se fija en lo que se ve (y quiere contarlo, lo cual a veces es difícil) y olvida cuidadosamente lo que no se ve: todo eso ¿cuánto ha costado?, ¿qué es lo que no tenemos que podríamos haber tenido en lugar de esto que vemos?

Esforzarse contra el cambio climático es crear empleo, porque las tecnologías nuevas exigen mucha mano de obra. Pero las noticias no son esperanzadoras. Se pretende relanzar la industria del automóvil de petróleo, se pretende reducir el apoyo a la industria solar. La visita del Sr. Sarkozy hace un par de semanas, ¿no sería para vendernos centrales nucleares francesas? Inglaterra se pronunció por la nuclear unas semanas después de la visita del Sr. Sarkozy a aquel estado. La tecnología nuclear exige una enorme inversión, no crea empleo y es extranjera el revés que la tecnología solar en todas sus vertientes, que es española.

Vaya, vaya. Resulta que este estudio del Instituto Juan de Mariana demuestra que las subvenciones a las energías renovables están destruyendo empleo neto (crean algunos pero destruyen más de los que crean). Que algo requiera mucha mano de obra no lo hace fantástico: si no es así, construyamos pirámides, o hagamos las obras públicas sin herramientas (como mucho con cucharas para remover la tierra). Respecto al comercio entre diversas naciones, quizás Ruiz de Elvira no sabe aquello de las ventajas comparativas, y olvida que en España hay aún algo de tecnología nuclear. Pero le sale la vena patriótica, el “lo nuestro” mejor que “lo de otros”: profunda sabiduría económica.

No podemos estar a verlas venir. A ver si se arregla. Tenemos que trabajar de verdad, con objetivos, plazos, equipos. Es de la única manera en que se realiza un proyecto y se consiguen resultados. Tenemos que convertir España en un país solar, con pleno empleo. Necesitamos una fuerza de trabajo que lo consiga. Ya.

Tras tanta cháchara grandilocuente, y al final nos obliga, nos exige (no hay alternativa) a ser un país solar, y ¡con pleno empleo! Y ya. A sus órdenes… mi cabo (es que para más mando no le llega la categoría intelectual, y eso que es catedrático funcionario de universidad pública). Este individuo tiene una obsesión patológica a favor de la energía solar; eso, o algún interés oscuro (sólo es una hipótesis, seguro que no es eso).