Recopilación de artículos y conferencias sobre dinero, crédito, banca y finanzas (actualización Julio 2018)

13/07/2018

– Artículos en Instituto Juan de Mariana e intelib:

¿Y si el Banco de España no existiese?

La banca con reserva fraccionaria (o aquí, o aquí)

Asientos reservados

Dinero, deuda, banca y reserva fraccionaria

Producción, preservación e intercambio de valor: los intermediarios

Producción, preservación e intercambio de valor: el dinero

Servicios e información no pueden ser dinero

El dinero mercancía

Dinero, unidad de cuenta y cálculo económico

El dinero como institución evolutiva

La producción de dinero

Problemas del dinero mercancía

Dinero y deuda

Nociones básicas de finanzas

Plazos, coste y riesgo del crédito

Dinero, deuda y banca

Banca, pagos y finanzas

El dinero interno bancario

La estabilidad de la banca

Dinero, finanzas y economía: (I) el mercado libre

Dinero, finanzas y economía: (y II) la intervención estatal

Crisis: dinero, crédito, banca, Estado

El descalce de plazos y riesgos (1)

El descalce de plazos y riesgos (y 2)

Bitcoin (I)

Bitcoin (II)

Bitcoin (y III)

Crítica a Leonardo Ravier sobre la reserva fraccionaria

Deuda, interés y descuento

Dos cuestiones monetarias

Más sobre dinero fiat y el billete del banco central

Más buenas ideas, algunos errores repetidos y otros nuevos sobre el billete fiat del banco central

Rallo insiste en errar

Últimas ideas sobre activo y pasivo, dinero y coacción estatal

Posibles causas de los errores contra la reserva fraccionaria

Reserva fraccionaria, descalce de plazos y riesgos, cucharas y veneno

Bienes económicos: tiempo, riesgo y normas

Capital: producción y finanzas

Fernando Herrera no entiende la reserva fraccionaria

Rallo vs. Mises y el teorema regresivo del dinero

Sobre el debate entre Juan Ramón Rallo y Adrián Ravier acerca del ciclo económico, el descalce de plazos, la banca libre y el intervencionismo estatal

Miguel Ángel Fernández Ordóñez y su dinero revolucionario

Dinero: naturaleza, funciones, tipos y representación

– Artículos en Libre Mercado (Libertad Digital):

Dominique Strauss-Kahn, el FMI y la estabilidad financiera

Finanzas, producción y dirección económica

Disparates sobre finanzas y pasiones tranquilas

El riesgo de la deuda pública

– Conferencias (videos):

El papel del dinero, el crédito y la banca en la génesis de la crisis

Banca y estado: una historia de amor: Paco Capella en TEDxCanarias 2012

Entrevista: La escabrosa historia de amor entre la banca y el Estado

La escabrosa historia de amor entre la banca y el estado

La psicología de los errores económicos y financieros

Dinero, deuda y banca (Universidad de Verano IJM 2013)

Dinero, deuda, banca (Universidad de Verano IJM 2014)

Moderación del debate entre Adrián Ravier y Juan Ramón Rallo – ¿Desaparecerían los ciclos económicos con un sistema de banca libre?

Entrevista: Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades

– Audio:

Finanzas, banca y ciclos económicos (podcast con Luis Alberto Iglesias de Educación para la Libertad)

Una breve historia del dinero (podcast con Luis Alberto Iglesias de Educación para la Libertad)

En defensa de la reserva fraccionaria de la banca (podcast con Luis Alberto Iglesias de Educación para la Libertad)

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Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (videos)

02/07/2018

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (video de la conferencia en el Instituto Juan de Mariana)

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (video de la entrevista en el Instituto Juan de Mariana)


Dinero: naturaleza, funciones, tipos y representación

21/05/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El dinero es una institución social fundamental que facilita la coordinación y la cooperación: cada individuo usa el dinero porque sabe que los demás también lo utilizan para pagar y cobrar en sus intercambios.

El buen dinero es el mejor invariante de valor posible en una economía que permite costes de producción y uso mínimos (almacenamiento, transporte, transacción). Idealmente su valor o poder adquisitivo es invariante o estable ante cambios de persona, tiempo, lugar, cantidad y rol del agente; es el bien más líquido, que se compra o vende rápidamente y en grandes cantidades sin alterar apenas su precio o poder adquisitivo; lo usa, demanda y ofrece todo el mundo todo el tiempo (su oferta y demanda general son amplias, profundas y constantes, con posibles variaciones según cambios en la actividad económica); su valor no fluctúa a corto plazo ni presenta tendencias a largo plazo (no es un instrumento de inversión especulativa con el cual se intenta incrementar el patrimonio asumiendo algún tipo de riesgo e incertidumbre); su ámbito geográfico o espacial es amplio (puede ser limitado según la integración económica y política); su utilidad marginal es prácticamente constante; tiene el mínimo diferencial posible entre precio pedido por el vendedor y precio ofrecido por el comprador; su oferta y demanda están acopladas a la oferta y demanda de bienes y servicios y a los mercados financieros; los flujos de nuevo dinero son bajos y estables en relación con las existencias.

El dinero tiene tres funciones: medio de intercambio indirecto de aceptación generalizada (para pagar por bienes y servicios y saldar deudas), depósito de valor (atesorar sin intercambiar, sin ganar ni perder valor), y unidad de cuenta (referencia de precios y contabilidad financiera con registros, apuntes o asientos contables de tenencia o movimientos de dinero y bienes valorados en dinero: ingresos y gastos, resultados, activos y pasivos, patrimonio neto, beneficios o pérdidas).

Para cumplir sus funciones de forma eficiente el dinero debe tener ciertas características ideales (no todas las cosas son buenos dineros): duradero (persistente, resistente, no se gasta o estropea con el uso); costes de transacción pequeños; fácil de transmitir y proteger y difícil de robar; fácil de identificar y difícil de falsificar; existe de forma natural o se puede producir, manipular y dividir en diferentes unidades fungibles (homogéneas, sustituibles, intercambiables unas por otras) a su vez agregables para ajustarse a muy diversos precios de intercambio; relativamente escaso y con alto valor por unidad de peso y volumen para fácil uso, almacenamiento y transporte (no tan escaso que no haya suficiente y su densidad de valor sea excesiva).

Diversas entidades satisfacen estos requisitos en mayor o menor medida, y nunca de forma perfecta o absoluta: el dinero es una cualidad que se tiene en diversos grados. No hay un solo dinero universal posible: pueden existir diversos tipos de dinero más o menos útiles y eficientes según diferentes circunstancias tecnológicas, culturales, sociales, económicas, políticas y legales, las cuales son variables en el espacio y en el tiempo. En una misma economía pueden coexistir diferentes formas de dinero (en sentido estricto o amplio), unas más importantes y otras accesorias, unas básicas y otras derivadas (sustitutos o complementos definidos en función de un dinero más fundamental). Históricamente unas formas de dinero sustituyen o complementan a otras.

Lo que se entiende por medios de pago es problemático: conviene distinguir el dinero (lo que se atesora o intercambia) de los sistemas utilizados para su uso. Las tarjetas de débito o crédito permiten ordenar transacciones pero no son dinero sino formas de facilitar pagos y cobros; las tarjetas prepago o monederos electrónicos contienen dinero pero no son dinero (salvo que puedan intercambiarse y circular, en cuyo caso serán complementos monetarios).

Los distintos tipos de dinero se diferencian según varios criterios y propiedades (que pueden ser independientes o combinarse o solaparse parcialmente).

– Si tiene valor de uso (como una mercancía) además del valor de intercambio monetario. El oro y la plata tienen usos ornamentales o industriales; el ganado puede trabajar o utilizarse como alimento; el papel moneda, los apuntes contables, o los bitcoins no tienen valor de uso.

– Desde el punto de vista físico puede ser: un bien u objeto meramente material cuyo valor depende de sus cualidades (físicas, químicas, biológicas) y de su cantidad (monedas o lingotes de oro o plata, caparazones de algunos moluscos); un bien material en forma de objetos discretos transferibles cuyo valor no depende estrictamente de la naturaleza de su soporte físico (el cual podría ser otro diferente), sino de alguna representación simbólica convencional (un billete de banco, una ficha o monetiforme, una moneda metálica en un sistema de dinero fiat); un intangible que no existe en forma de múltiples objetos transferibles sino solo como parte abstracta de un sistema de representación de información basado en diferentes tecnologías (un depósito bancario en un libro de contabilidad en papel o en un formato electrónico, una moneda virtual en su libro contable).

– Desde el punto de vista financiero, si es un activo que no es el pasivo de nadie (no es deuda) o si es un activo que sí que es deuda de alguien. Si no es deuda, qué tipo de cosa es: un bien material o mercancía física de una determinada calidad y cantidad (oro o plata en monedas o lingotes; sal; ganado; tabaco); un certificado de la propiedad de un bien específico o de una cantidad de un bien fungible (un recibo de la custodia de algo en depósito); un certificado de una participación de la propiedad de algo (la acción de una empresa); o una entidad virtual, intangible (dinero electrónico que no sea deuda, criptomoneda). Si es deuda, de quién es el pasivo (el deudor o emisor, quién debe) y de qué es esa deuda (qué debe); si es convertible (se puede reclamar el pago de la deuda en otro derecho de cobro de otro agente o en algo que eventualmente no es deuda) o no convertible (la deuda da ciertos derechos como el pago de impuestos, cancelando una deuda con otra, pero no es deuda definida en términos de una cantidad de algo específico exigible). Para el análisis financiero del valor del dinero deuda es necesario conocer qué activos corresponden a estos pasivos monetizados.

– Cómo se sabe o determina quién posee, gasta o ingresa cuánto dinero, y cómo se efectúan las transacciones o transferencias monetarias, de forma más o menos centralizada o descentralizada (a uno o varios niveles), con o sin intermediarios o gestores, de forma anónima o con identificación personal. En algunos sistemas monetarios el dinero y sus transacciones están separados, mientras que en otros están íntimamente asociados. Con las monedas de oro o plata o billetes de banco al portador (el efectivo) en principio solo cada individuo sabe cuánto dinero tiene y puede transferirlo físicamente de forma relativamente anónima y descentralizada (salvo que existan leyes obligando de forma efectiva a revelar patrimonios y transacciones); la moneda no depende de ningún banco, mientras que el billete depende de un banco emisor. Con el dinero interno bancario (banco privado o banco central público) en forma de cuentas corrientes y sus saldos, el banco sabe cuánto dinero tiene, ingresa y gasta cada cliente, y el cliente debe ordenar al banco las operaciones que desea hacer; algunas cuentas bancarias especiales pueden usarse de forma relativamente anónima; el secreto bancario puede estar prohibido o permitido, de forma que el Estado conoce o no la actividad bancaria de los ciudadanos. Los diferentes dineros virtuales y criptomonedas solo existen dentro de un sistema informático (distribuido o centralizado) que gestiona su posesión y transferencia con diferentes posibilidades en cuanto a privacidad o anonimato. La existencia de dineros y medios de pago centralizados y con información personal (y la no existencia de dineros alternativos descentralizados y anónimos) es útil para la labor de regulación, vigilancia y fiscalización del Estado, y esto es frecuentemente un problema para la libertad de los individuos. El funcionamiento de los sistemas centralizados depende de la conducta del agente gestor, que puede cometer errores o abusos (apropiación o redistribución de dinero).

– Cómo se produce el dinero, si de forma centralizada o descentralizada (a uno o varios niveles), si se exige algún tipo de licencia o no, si es un monopolio u oligopolio o un sistema libre, abierto y competitivo. El Estado puede apropiarse de la producción de dinero en diversas formas (dinero fiat) o conceder monopolios u oligopolios a cambio de alguna contraprestación (como financiación en mejores condiciones por los bancos centrales).

– Cómo se consigue que el dinero sea aceptado y usado como tal, especialmente si se utiliza algún tipo de coacción legal o no: dinero como institución evolutiva espontánea que emerge en un mercado libre, o curso legal forzoso y coactivo para compraventas o saldar deudas, especialmente el pago de impuestos.

– Desde un punto de vista normativo o legal, cuáles son las reglas de uso del dinero (prohibiciones, obligaciones en pagos o cobros como leyes de curso legal forzoso en dinero fiat), especialmente a qué da derecho su posesión (pago de impuestos, acceso a servicios de una criptomoneda como bitcoin y su cadena de bloques).

– Si es un dinero sin necesidad de representación simbólica (ganado, sal, tabaco, conchas) o con algún tipo de representación simbólica asociada (marcas, documentos, soportes informáticos):

* marcas que informan de la calidad y cantidad de dinero mercancía según han sido certificadas por algún agente: imágenes (animales que pueden representar un valor equivalente aproximado en ganado, útiles para uso por analfabetos; busto de algún individuo poderoso, como un rey; logotipo de un emisor), texto y números en monedas o lingotes (inscritas o asociadas de forma inseparable a cada unidad de bien físico); son útiles para su identificación pero podrían ser falsas y no son estrictamente necesarias, ya que el bien en sí mismo tiene valor intrínseco. Una confusión común en diversas teorías monetarias es creer que el valor de ciertas unidades como monedas de oro y plata procede de los símbolos inscritos, los cuales presuntamente representan una cantidad necesaria para saldar una deuda. Ciertas marcas de figuras (reyes) o instituciones (un banco central) no indican quién es el dueño del dinero, sino quién lo produce o respalda. El poder político puede adulterar estas marcas y exigir que el dinero se use según valores legalmente establecidos que no coinciden con la valoración de mercado libre de la mercancía real subyacente (envilecimiento de la moneda).

* documentos necesarios para certificar propiedad o deuda de algo: textos en diversos soportes como cerámica, papel y tinta, soportes informáticos (normalmente electrónicos). Como documentos con un referente no tienen valor intrínseco sino que este procede del valor del referente (la cosa poseída o debida en calidad y cantidad): el valor de un billete no depende de la cantidad o calidad de su papel sino del mensaje escrito en el mismo. Estos documentos pueden existir en forma centralizada (único registro de la propiedad, libros contables de un banco con depósitos o cuentas de los clientes) o descentralizada (certificados con identificación personal o al portador, billetes de banco). Las deudas y las relaciones de propiedad podrían existir sin forma documental objetiva, solamente en las memorias de los agentes, pero de este modo son posibles los errores, engaños y conflictos.

* sistemas informáticos que representan entidades virtuales abstractas y sin referente externo (no son propiedad ni derecho de cobro de nada) y que gestionan su posesión y sus transacciones, como los dineros puramente virtuales o las criptomonedas.

El dinero actual utilizado por la gente está constituido por billetes y monedas fiat producidas por algún banco central (no convertibles) y depósitos bancarios a la vista (esencialmente saldos en cuentas corrientes) que son pasivos de la banca comercial privada (convertibles en billetes y monedas fiat); los bancos privados a su vez utilizan depósitos con reservas en el banco central. La naturaleza del dinero producido por el banco central es problemática, ya que puede interpretarse como un pasivo suyo, pero es inconvertible en algo externo en calidad y cantidad predeterminadas.

La naturaleza elástica del dinero bancario como deuda que se crea y destruye con relativa facilidad, generando inflación o deflación y descoordinaciones crediticas y financieras, está relacionada con los ciclos económicos. Algunos economistas proponen eliminar el dinero bancario privado (o incluso todas las formas de efectivo como los billetes, especialmente los de alta denominación), dejando como única posibilidad el uso de cuentas personales con dinero digital virtual producido y controlado por un banco central: así se controlaría fácilmente la cantidad de dinero, se evitarían las corridas y quiebras bancarias, se fiscalizarían los patrimonios y las rentas monetarias de los ciudadanos, y se aplicarían eficazmente medidas de represión financiera. Aseguran que así se lucha contra el crimen (terrorismo, narcotráfico) y contra la evasión fiscal, y se facilitan las políticas monetarias necesarias para estimular o estabilizar la economía, garantizar el pleno empleo y evitar los ciclos económicos, posibilitando herramientas heterodoxas como los helicópteros monetarios, la destrucción de dinero o los tipos de interés negativos. Estos autores no suelen ser muy respetuosos con la propiedad privada y la libertad individual, ignoran el papel del Estado en la generación de los ciclos económicos, desconocen los peligros asociados a los descalces de plazos y riesgos, y no reconocen los enormes riesgos asociados a la planificación central coactiva y el monopolio de algo tan importante como el dinero y los sistemas de pagos.

Contra el intervencionismo monetario existen posibilidades clásicas, como los dineros mercancía (oro, plata) complementados por billetes y depósitos bancarios convertibles de bancos privados sin protecciones o garantías estatales y que puedan quebrar; y posibilidades tecnológicas modernas y futuristas, como las criptomonedas descentralizadas. Los Estados se oponen a ambas porque limitan su poder coactivo.

 


Miguel Ángel Fernández Ordóñez y su dinero revolucionario

20/04/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), el no muy competente exgobernador del Banco de España, defiende un dinero revolucionario:

Un fantasma recorre el sistema monetario y financiero: la posibilidad de cambiar el actual sistema de dinero frágil creado por los bancos privados por un dinero seguro. La reforma supone dejar a todos los ciudadanos y empresas depositar su dinero en el Banco Central donde estaría absolutamente seguro. Ahora solo los bancos privados pueden depositar su dinero en el Banco Central y esto, que hoy es un privilegio, se extendería a todos.

Tras la pobre referencia literaria al Manifiesto del Partido Comunista MAFO no se molesta en distinguir entre dinero, promesas de pago de dinero (pasivos de diversos agentes económicos) y medios de pago; no aclara si el dinero actual es frágil exclusivamente porque lo crean los bancos privados; habla de un dinero que se depositaría en el Banco Central, como si pudiera existir de forma independiente del Banco Central; no aclara cuál es la naturaleza de ese dinero que ahora los bancos privados pueden depositar en el Banco Central; promete seguridad sin explicar cómo estaría garantizada, simplemente porque sí, tal vez porque el Banco Central es un ente estatal y asume que no puede fallar ni quebrar; y olvida lo peligroso que puede ser un sistema en el cual todo el dinero dependa de un agente central que puede equivocarse o corromperse (por ejemplo apropiándose de parte del dinero “depositado”).

La principal ventaja de la reforma sería que, al ser un dinero seguro, no causaría los costes presupuestarios, de desempleo, de pérdidas de PIB y de destrucción de empresas que ocasionan las crisis bancarias.

Las crisis bancarias y económicas (con el desempleo, destrucción de empresas y reducción del PIB asociados) se deben fundamentalmente al intervencionismo estatal en materia monetaria, bancaria y financiera, que defiende y promueve un peligroso e insostenible descalce de plazos y riesgos en los balances de los bancos y otros intermediarios financieros; los costes presupuestarios se deben a los innecesarios rescates bancarios (bail out) que evitan que los acreedores asuman sus merecidas pérdidas (bail in) y quiebren (privatización de beneficios y socialización de pérdidas).

Y además tendría otro efecto positivo ya que permitiría desregular y liberalizar la actividad crediticia hoy fuertemente protegida e intervenida por el Estado.

Desregular y liberalizar la actividad crediticia es un objetivo muy positivo, pero para hacerlo es innecesario recurrir a la propuesta monetaria de MAFO. Basta con abandonar el intervencionismo monetario estatal, dejar que las empresas fracasadas sean liquidadas y tal vez volver a algo parecido al patrón oro.

Cerrando la puerta a una posible alternativa a su propuesta, MAFO asegura que “el bitcoin no sirve para realizar transacciones y por eso no puede sustituir al dinero creado por los bancos privados.” El bitcoin puede tener problemas de volatilidad y escalabilidad, y tal vez no sea el dinero óptimo, pero obviamente sí que sirve para realizar transacciones como demuestra la gente que diariamente las efectúa.

Según MAFO “los depósitos en los Bancos Centrales sí pueden sustituir a los depósitos en los bancos privados.” Sin más explicaciones nos propone una revolución. Aunque no lo dice, se supone que el Banco Central sería algo así como el gestor de los pagos y los cobros de todos los ciudadanos, empresas u otras entidades, que tendrían una cuenta en el Banco Central. Tal vez se trate de una labor demasiado importante como para dejarla en manos de funcionarios, burócratas y políticos.

Con el actual dinero-digital (esto es, los registros en los ordenadores de los bancos) puede suceder lo mismo que sucedió en el siglo XIX con el dinero-papel, los billetes de los bancos. Entonces el dinero en papel era emitido por bancos privados y se decidió que fuera emitido exclusivamente por los Bancos Centrales. Hoy el dinero digital —el de los depósitos— es creado por los bancos privados y pasaría a ser emitido exclusivamente por los Bancos Centrales.

MAFO habla de dinero digital como si lo importante fuera que la información se gestione mediante ordenadores: en realidad lo esencial es que se trata de apuntes contables de pasivos y activos en los balances de los bancos (pasivo de un banco, activo de su tenedor), igual que lo era el dinero papel. Es interesante leer cómo se refiere a que “se decidió” que el papel moneda “fuera emitido exclusivamente por los Bancos Centrales”. ¿Quién lo decidió y en qué consistió esa decisión? El Estado de forma coactiva otorgó un monopolio de emisión de billetes a la banca central a cambio de que esta lo financiara en mejores condiciones. ¿Es esto lo que propone ahora, un monopolio público gigantesco de emisión monetaria, prohibiendo alternativas privadas en competencia que los ciudadanos podrían querer libremente escoger?

Las entidades privadas sucesoras de los bancos actuales seguirían prestando sus valiosos servicios a empresas y familias pero ya no podrían disponer del dinero de sus depositantes sin que estos se enteren, sino que tendrían que solicitárselo para poder prestarlo a otros.

¿Qué tontería es esta de “disponer del dinero de los depositantes sin que estos se enteren”? ¿Es que lo hacen a escondidas o disimulando? ¿No saben los depositantes lo que son sus cuentas corrientes en los bancos? ¿En los actuales contratos de cuenta corriente y en la legislación vigente no está suficientemente claro que un depósito bancario es en realidad un pasivo bancario, un préstamo del cliente al banco, una deuda del banco con el cliente? ¿No sería mejor un poco de educación económica, monetaria y financiera y exigir que cada uno asuma su responsabilidad para vigilar la conducta de su banco?

[…] este cambio tiene unas ventajas muy importantes pues mientras el dinero actual es frágil e inseguro, ya que depende del éxito o fracaso de las inversiones de los bancos, pasaríamos a tener un dinero totalmente seguro e independiente de los azares del mercado de préstamos porque el Banco Central no prestaría el dinero depositado en el mismo.

Para conseguir que el dinero bancario actual fuera sólido y seguro bastaría con que las inversiones de los bancos realizadas con los depósitos a la vista de sus clientes fueran a muy corto plazo y muy seguras, que es lo que se conseguía en la banca tradicional cuando en su activo tenían letras reales (letras comerciales muy líquidas respaldadas por mercancías a punto de venderse a precios estables y con buenos márgenes de seguridad en su valoración). Los bancos tienden a realizar inversiones o préstamos seguros si saben que pueden quebrar porque no se les garantiza explícita o implícitamente un rescate o financiación a bajo coste.

¿Y qué es eso de que el Banco Central no prestaría el dinero depositado en él? ¿Qué naturaleza tendría este dinero? ¿Sería un activo sin ningún pasivo correspondiente, como por ejemplo una moneda de oro o plata o un bitcoin? ¿O se trataría de un pasivo del propio Banco Central? Si fuera un pasivo, le correspondería algún activo en forma de préstamo realizado por el Banco Central, probablemente comprando deuda pública, como se hace ahora. ¿Es la deuda pública totalmente segura e independiente de azares del mercado? MAFO asegura que con su sistema “los depósitos en el Banco Central son de verdad depósitos”. Muy bien: ¿depósitos de qué? ¿Qué es lo que se “deposita” en el Banco Central? ¿Tendrían los clientes derecho a recuperar lo que sea que han depositado en el Banco Central y sacarlo de allí? ¿Serían depósitos convertibles en algo?

Según él “desaparecerían las crisis bancarias con los costes monstruosos que hemos sufrido” pero “no desaparecerían las crisis financieras, pues en el momento en que se asume un riesgo existe la posibilidad de fracaso”. Tal vez no entiende que los bancos son entidades financieras. Quizás ignora que esta crisis ha tenido muy poco o nada que ver con los depósitos a la vista de la banca privada. Convendría que explicara, porque probablemente lo sabe, qué es un repo o una titulización, y qué es la banca en la sombra.

Esta fragilidad de los depósitos en los bancos privados es la que exige que los Estados mantengan hoy dos voluminosos paquetes regulatorios que hacen que el sistema bancario sea actualmente el sector más protegido e intervenido de todos los sectores económicos. Por un lado hay un paquete regulador protector por el cual se le aseguran los depósitos y, si no es suficiente, se les garantiza la liquidez y, finalmente, si es necesario, se inyectan fondos públicos para evitar su quiebra. Por otro lado, hay un paquete regulatorio intervencionista, que impone a los bancos unas restricciones a su libertad de empresa en casi todos sus ámbitos de actuación (capital, liquidez, remuneración de directivos, etcétera) que dificultan la innovación y la competencia. Y además de esta voluminosa regulación, el Estado tiene que mantener una policía —los supervisores— para evitar que incumplan estos requerimientos. La ventaja de contar con un dinero seguro emitido por los Bancos Centrales es que se podría reducir enormemente esa regulación y su supervisión. Y la desregulación de la actividad crediticia y de pagos produciría las ganancias de eficiencia que se producen siempre que se liberaliza un sector.

MAFO acierta al proponer liberalizaciones y desregulaciones, pero presenta la relación entre causa y efecto justo al revés. No es la fragilidad de la banca privada lo que origina la intervención estatal: es la intervención estatal, en forma de garantías de depósitos, de liquidez y de financiación, lo que provoca riesgo moral y lleva a la banca privada a tomar riesgos excesivos.

El sistema tiene otras presuntas virtudes, como una política monetaria más efectiva que no se explica en absoluto más allá de asegurar que no fomenta el endeudamiento, o como el señoreaje como ingreso estatal.

Después de asegurar que su propuesta es un cambio monetario revolucionario, cuando en realidad es una propuesta antigua, no original, ineficiente y mal explicada, advierte de que el cambio no puede ser revolucionario sino que se tiene que proceder con prudencia y estudio, poco a poco, mediante reformas graduales adaptativas. Podría haber empezado contando mínimamente cómo se produciría su dinero revolucionario, o cómo se determinaría cuál es su cantidad óptima. Seguramente cree que en su Banco Central ideal habría grandes tecnócratas expertos capaces de contestar a estos detalles: expertos como él, claro, con su mismo historial constatado de fracasos.


Dinero, crédito y banca (video)

25/08/2014

Dinero, crédito y banca, ponencia en la IX Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana.


Crítica a Leonardo Ravier sobre la reserva fraccionaria

02/02/2014

Este artículo es una crítica detallada a la “Carta contra-argumentativa al freebanking con reserva fraccionaria” de Leonardo Ravier (Leo) en Procesos de Mercado (Vol. IX, n.º 2, Otoño 2012, pp. 283 a 296), disponible aquí. En dicha carta los malos argumentos se repiten una y otra vez y además abundan erratas, errores ortográficos, sintácticos y de estilo: la selección y la edición de textos en Procesos de Mercado no parecen funcionar de forma adecuada.

Leo asegura que las teorías de Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto en este ámbito son poco entendidas. En realidad son muy bien entendidas… por quienes las critican y defienden la banca libre con reserva fraccionaria. Quienes no parecen entender sus limitaciones, imperfecciones y errores son los empecinados que exigen tercamente reservas 100%.

El P-Lib exige el coeficiente de caja del 100% dentro de las reformas bancarias propuestas en su Programa Político Marco. Esto es un grave error que daña la reputación intelectual del P-Lib. Sus miembros pueden tener muy buenas intenciones y ser muy liberales, pero hacen propuestas desde la ignorancia sobre los asuntos monetarios y bancarios. A Leo le “interesa especialmente que el Partido de la Libertad Individual mantenga y sostenga este principio de coherencia económica-bancaria.” Sin embargo este principio no tiene nada que ver con la “coherencia económica-bancaria”; por lo menos Leo está siendo muy explícito y sincero al reconocer que se trata de un interés suyo; interés que causa un daño considerable al P-Lib.

Según Leo esta afirmación es incorrecta:

“[…] algunos liberales modernos no entienden, o no aceptan, que en el libre mercado cada entidad (individuo o institución) es libre de ofrecer absolutamente lo que quiera; y que son los consumidores —los compradores y clientes— los que deciden si les interesa esa forma de hacer negocio o no.”

Sin embargo la afirmación es correcta, y además lo es en dos niveles: porque en el libre mercado efectivamente todo agente puede ofrecer (o no) y aceptar (o no) lo que quiera; y porque existen algunos liberales modernos que no entienden esta libertad (él mismo, por ejemplo).

Menciona Leo que “los detalles históricos […] mostrarían más bien lo contrario, que hasta el siglo pasado la jurisprudencia europea seguía manteniendo, de alguna manera, la idea del coeficiente de caja del 100%.” Esto es erróneo de varias maneras: porque la banca libre y no libre ya operaba legalmente con reserva fraccionaria sobre los depósitos a la vista desde bastante antes del siglo XX; porque la jurisprudencia a menudo se refiere a depósitos (de guarda y custodia) en general pero se ignora que el depósito bancario, aunque tenga en común el término “depósito”, es una entidad conceptualmente diferente (algunos juristas siguen muy confundidos al respecto y tal vez no conocen aquello que juzgan); y porque el hecho de que la legislación o la jurisprudencia prohíban ciertas prácticas es indicativo de que el mercado en realidad no es libre.

Sigue Leo: “decir que uno es «libre de ofrecer absolutamente lo que quiera» es una generalización inapropiada. Estoy seguro en que estarás conmigo en que yo no puedo ofrecer en el mercado la casa de mi vecino, el corazón de mi vecina, o el dinero de un tercero, porque dichas «ofertas» implicarían la violación del derecho natural y racional de la propiedad privada. Por tanto, no todo es susceptible de ser ofrecido en el mercado. Sino más bien, solo aquello que le es a uno propio.”

En realidad es una generalización que, bien entendida, es perfectamente apropiada. No conozco a su interlocutor, pero yo no estaría tan seguro de que vaya a estar de acuerdo con él. Yo puedo ofrecer en el mercado la casa de mi vecino, el corazón de mi vecina, o el dinero de un tercero, y ninguna de estas ofertas implicaría necesariamente “la violación del derecho natural y racional de la propiedad privada.”

Lo que yo no puedo hacer es vender lo que no es mío o estafar en un intercambio. Pero yo sí que puedo ofrecer algo que no me pertenece, con tal de que esté en mi posesión legítima en el momento de realizar el intercambio; o, sin estar en mi posesión, actuando como intermediario, representante legal o agente de un principal que sea quien realmente realice la venta. Si se considera que una oferta obliga al ofertante, lo ilegítimo no sería realizar esa oferta sino incumplirla, y entonces si se trata de un contrato bien hecho se aplicaría la penalización o arbitraje correspondiente explicitado en el mismo. Una oferta podría considerarse también como el comienzo de una negociación, en el transcurso de la cual yo puedo informar al potencial comprador, si lo considero conveniente, de que la casa en ese momento no es mía pero que puedo conseguirla en un plazo determinado: no es lo mismo callar este hecho, que puede resultar irrelevante, que mentir al respecto, lo que sería fraude.

Esta aclaración es relevante porque en los mercados bancarios y financieros frecuentemente se realizan contratos perfectamente legítimos, legales y funcionales, sobre bienes que o no existen (ahora, o aún) o no están en ese momento en posesión de ninguna de las partes contratantes. Esto sucede en derivados como futuros, opciones y permutas; y en el contrato de depósito a la vista, en el cual el banco se compromete a entregar a todos sus clientes unas cantidades de dinero que en su conjunto son mayores que las que tiene en sus reservas de efectivo. Lo ilegítimo no es la oferta o el contrato en sí, sino su incumplimiento. Y en el caso del depósito a la vista el banco puede cumplir todos sus compromisos contractuales con sus depositantes sin ningún problema, aunque esto a muchos aún les parezca un hecho misterioso, si además de las reservas de dinero tiene otros activos líquidos que puede vender rápidamente y sin pérdidas.

Leo insiste erróneamente en que la oferta de un depósito a la vista con reserva fraccionaria por un banco a un cliente es ilegítima porque se trata de fraude y además viola los derechos de otras personas. Ni es fraude, ni viola derechos de terceros.

Algunos liberales austriacos recurren frecuentemente a lo que para ellos son contundentes e irrefutables argumentaciones lógicas: en realidad se trata de trucos a menudo irrelevantes y que seguramente sólo consiguen engañar a los incautos; sobre todo a ellos mismos, ya que son víctimas de autoengaño persistente.

Se refieren por ejemplo a una mujer virgen y prostituta a la vez como algo imposible. Tal vez no han considerado que una mujer podría empezar a prostituirse siendo virgen, y desconocen que en el mercado del sexo las vírgenes son muy valoradas; quizás es que consideran que la mujer sólo comienza a ser prostituta justo en el momento en que deja de ser virgen (si es que tal momento puede establecerse con precisión y sin ambigüedades); tal vez creen que sólo es prostituta mientras practica el sexo a cambio de dinero. También menciona Leo helados calientes, pinturas simultáneamente completamente blancas y negras y agua simultáneamente salada y dulce: son ejemplos problemáticos o desacertados ya que en realidad un helado podría ser caliente y lo salado y lo dulce no son opuestos ni contradictorios.

Como si con estos malos ejemplos no fuera suficiente, Leo ofrece otro más:

“¿Es posible que el dueño de un local de restauración ofrezca la misma sala para fumadores y no fumadores? (y cuando digo «misma sala» me refiero a exactamente el mismo espacio tiempo —no una separación espacial y/o temporal entre uno y otro). La respuesta es tajante. No. No es posible.”

Es perfectamente posible realizar tal oferta. De nuevo, una cosa es lo que se ofrece y otra lo que la otra parte efectivamente recibe, y allí podría haber, o no, un incumplimiento de contrato. Pero es que además Leo ha olvidado un detalle que en lógica es muy importante, en este caso la palabra “exclusivamente”. Si yo ofrezco una sala a la vez para fumadores y no fumadores, entonces todo el mundo puede acceder y nadie tiene derecho a quejarse. Otra cosa sería si la ofrezco exclusivamente a unos y a otros, y entonces si la situación final se produce y se juntan ambos yo estaría incumpliendo el contrato. Si se tratara de grupos conocidos, puedo evitar esto ofreciendo inicialmente la sala en exclusividad a ambos colectivos y retirando la oferta cuando uno de los dos la acepte; si ambos la aceptan inicialmente aún puedo compensarles o recomprar su derecho antes del momento de ocupación para evitar el conflicto.

Tras estas analogías enfatiza Leo que “la reserva fraccionaria se encuentra dentro de este tipo de naturaleza incompatible, irreal, de imposible cumplimiento, y por tanto absolutamente irracional.” Es común para los que no entienden algo tacharlo de irracional: confunden su incomprensión como imposibilidad. La reserva fraccionaria es real, compatible con casi todo, no implica ninguna contradicción ni catástrofe lógica, no es ningún absurdo y su cumplimiento no sólo no es imposible sino que incluso resulta fácil.

Para Leo “es curioso que la posición objetivista no vea la falta de racionalidad y la absoluta incoherencia en la defensa de la libertad contractual aún en los casos de objetiva imposibilidad (como el caso mencionados [sic]).” Sin embargo la reserva fraccionaria es racional, coherente, respeta la libertad contractual y es claramente posible. Además, que el cumplimiento de un contrato fuera objetivamente y sin duda imposible (algo bastante difícil de demostrar), no lo haría ni ilegítimo, ni irracional, ni ilógico, ni disfuncional. Imposibilidad de incumplimiento no implica ilegitimidad. Tal vez las partes quieren explorar los límites de lo que es o no posible, o quieren comprobar qué sucede contratando imposibles, o quieren garantizarse que lo pactado no pueda cumplirse para que se activen las cláusulas aplicables a esa situación (por ejemplo, cuando la usura estaba prohibida a menudo se pactaban penalizaciones por pago atrasado equivalentes a los intereses que no podían acordarse explícitamente, y los pagos casi siempre se atrasaban intencionalmente; habría sido útil garantizar de algún modo que los plazos no podían cumplirse).

Resalta Leo “la ignorancia respecto de la naturaleza del dinero, su uso y abuso es terrorífica en nuestra sociedad actual”. Desgraciadamente él (y otros con semejantes opiniones y creencias) la ejemplifica; con el agravante de que pretende conocer el tema. “Podemos empezar por la simple comprensión de que el dinero es un bien —como cualquier otro bien material— con su precio, ofreta [sic] y demanda.” ¿Acaso hay muchos que no saben que el dinero es un bien con precio, oferta y demanda? Precisamente si conviene resaltar algo sobre el dinero es que es un bien muy peculiar: lo esencial del dinero no es lo que tiene en común con otros bienes sino lo que lo diferencia y lo hace especial.

Los falsificadores no suelen ser tan tontos como para ofrecer a sus víctimas cosas obviamente imposibles de cumplir, lo cual debería hacerles sospechar. Al argumento de “¿Qué pasaría si todos los bancos hacen que cada depositante, en la apertura de su cuenta, firmen un documento diciendo que él se da cuenta de la disposición y consiente en asumir el riesgo?” Leo responde que “La naturaleza incoherente del producto/servicio ofrecido lo hace jurídicamente inválido. Por más que yo ofrezca agua «salada-dulce» y el usuario firme el contrato aceptándolo, no cambia la falsificación de la oferta; y la imposibilidad de su cumplimiento.”

Contundencia e ignorancia van de la mano: Leo se cree competente como para declarar tajantemente qué es jurídicamente válido o inválido; él sabe más que las partes contratantes, pobres tontos engañados que no saben lo que hacen, y declara la oferta falsa y el cumplimiento imposible. ¿Por qué? Porque lo dice él, y Rothbard, Huerta de Soto y unos cuantos más. Leo lo asegura firmemente:

“La imposibilidad de dicho cumplimiento (no reconocido por los defensores del freebanking con reservas fraccionarias) que hace en sí mismo [sic] nulo [sic] de pleno derecho dichos contratos, se traduce, además, en la particularidad irracional de querer tergiversar la realidad insinuando que una cosa puede ser propiedad íntegra de dos personas a la vez.”

Los defensores inteligentes de la banca libre (los anglicismos sobran cuando existen expresiones propias equivalentes) no reconocen esa imposibilidad porque no existe y si lo hicieran estarían mintiendo o equivocándose. Y todo el cuento de irracionalidad y tergiversación de la realidad es resultado de la proyección psicológica del propio crítico de la banca libre con reserva fraccionaria. No se trata de que una cosa sea propiedad íntegra de dos personas a la vez, sino de que el banco tiene un dinero que le ha prestado el depositante y una deuda frente al mismo, y el depositante es acreedor del banco, posee un derecho de cobro contra el mismo.

Leo resalta “lo surrealista de esta sociedad, es que el 99,9% de la gente piensa que su dinero es suyo, cuando la realidad dista mucho de dicho hecho.” Probablemente ha medido ese porcentaje con precisión aunque no explica cómo lo ha obtenido; resulta algo sorprendente, porque los austriacos son un poco aversos a los datos empíricos. Tal vez es simplemente una forma de hablar, para entendernos, sin demasiado rigor, para seguir con el tono de falta de rigor intelectual del artículo. En realidad la gente piensa correctamente que su dinero es suyo. Por definición: mi dinero, mío; tu dinero, tuyo; su dinero, suyo. Cuando hablamos del dinero que tenemos en la cuenta del banco (cuando su saldo es positivo), en realidad nos estamos refiriendo a los derechos de cobro de dinero que tenemos frente al banco.

Insiste Leo en que “los argumentos a [sic] la prohibición de dichos contratos no se basa [sic] en la falta de acuerdo, al [sic] uso de la fuerza o coerción; sino a [sic] la propia imposibilidad, irrealidad, incoherencia, irracionalidad de ofrecer un producto que es, a la vez, dos cosas opuestas (en este caso depósito a la vista y préstamo) a varias personas a la vez; y todas ellas siendo propietarias íntegras del mismo bien.”

En el caso de una cuenta bancaria, depósito a la vista y préstamo no sólo no son cosas opuestas sino que son… la misma cosa. No importa cuántas personas haya, no se da el caso de múltiples derechos de propiedad completos y excluyentes sobre un mismo bien.

Pero Leo insiste obcecadamente y repite:

“El fraude y la falsificación está [sic] en que se están vendiendo contratos que por naturaleza son de imposible cumplimiento. Que nadie puede ofrecer un préstamo que a la vez sea depósito a la vista porque ambos son radicalmente distintos. Y además, que no solo lo están ofreciendo a una misma persona (aspecto este ya ilegítimo por la naturaleza incompatible del contrato) sino que lo ofrecen a varias personas, alegando que todas ellas son propietarias íntegras del mismo bien (y cuando digo «propietarias íntegras del mismo bien», me estoy refiriendo a que el 100% del mismo bien estaría en propiedad de más de una persona a la vez, no de fracciones del mismo).”

Al menos el párrafo anterior tiene la original expresión de “vender contratos”. Y lo de la naturaleza incompatible suena algo raro: ¿incompatible con qué? Incompatible no es lo mismo que imposible, inconsistente, incoherente, contradictorio.

Por si el lector no se ha enterado todavía, vuelve a repetir:

“La oferta de imposible cumplimiento de contratos de depósito irregular de dinero que a la vez hacen de préstamos deriva en una transgresión ipso facto de la propiedad privada (derecho fundamental del capitalismo que dice [sic] defender el autor o los defensores del freebanking con reserva fraccionaria) del dinero de dichos contratantes. Por tanto, resulta ilegítimo y prohibitivo el realizarlos en una economía de mercado.”

Ahora además de un anglicismo tenemos un latinajo. “Prohibitivo” significa, según la RAE, que prohíbe o cuyo precio es muy alto: no parece encajar aquí, donde quizás se quiere decir que está prohibido o que debería estar prohibido.

“[…] hay doble fraude. El primero, el contrato ilegítimo al ofrecer dos cosas de naturaleza opuesta como de posible coexistencia; atentando contra la razón aplastante de que A es A, y que A no puede ser A y B simultáneamente. El segundo, su oferta múltiple como bien de propiedad íntegra para cada uno de los contratantes, atentando contra la razón aplastante de que un mismo bien no puede pertenecer íntegramente, al 100%, a más de una persona a la vez.”

No hay ni un fraude ni dos: no hay ningún fraude. La razón aplastante de que A es A es muy aplastante pero muy poco informativa. También B es B, y C es C, etc. Sin embargo A puede ser A y B simultáneamente, como sabe cualquier principiante de lógica: un hombre puede ser un hombre y un animal; lo que suele ser imposible es ser A y no A (principio de no contradicción, que después de tanto mencionar la lógica resulta que no se domina). La razón aplasta, sí, a quienes no saben usarla.

Que “un mismo bien no puede pertenecer íntegramente, al 100%, a más de una persona a la vez” es correcto pero irrelevante, ya que no es el caso, por mucho que insistan en querer distorsionar así la realidad del depósito bancario.

Leonardo menciona a Harry Biswanger, quien afirma:

“Disculpen mi falta de temperamento, pero he estado respondiendo a los mismos ignorantes argumentos anti reserva franccionaria durante 40 años.”

Entiendo perfectamente a Biswanger. Yo, aunque llevo bastantes menos años, no voy a pedir disculpas por mi temperamento: los necios testarudos que ya han recibido explicaciones claras y detalladas y las han ignorado una y otra vez no merecen delicadezas ni esfuerzos extraordinarios adicionales. Leo replica a Biswanger que “La razón no se consigue por repetición.” Pero Biswanger tiene razón sin repetirse, y él está equivocado una y otra vez.

Según Leo “la tradición de la defensa del coeficiente de caja del 100% tiene mucho más que 40 años, y son pricisamente [sic] los «liberales modernos» del freebanking con reserva fraccionaria quienes están defendiendo, desde no hace mucho tiempo, lo indefendible.” Lo de “defendiendo lo indefendible” me suena de otro famoso aunque no muy brillante crítico de la reserva fraccionaria. Y es normal que los «liberales modernos» defiendan algo desde hace no mucho; si no fuera así… no serían modernos. Unos cuantos liberales no tan modernos (escuela bancaria, por ejemplo) ya indicaban hace mucho sus errores a los críticos de la reserva fraccionaria, pero parece que meme malo nunca muere.

Otro breve ejemplo de errata y error sintáctico (la coma):

“Los argumentos utlizados [sic] por Yaron Brook, son los siguientes:”

Del hecho de que el banco no te entregue el dinero inmediatamente cuando quieras (físicamente se tarda algo en cogerlo, contarlo y entregarlo; puede haber colas en las ventanillas; el banco puede estar cerrado porque tiene un horario limitado, o el cajero haberse quedado sin efectivo; para cantidades grandes es necesario preaviso según cláusula contractual) Leo afirma que:

“esto no es un argumento. Es un hecho de la tergiversada realidad del uso y abuso del dinero que no dice nada sobre el fraude que se está cometiendo, sino que precisamente afirma y confirma que se sigue ofreciendo como válido un contrato de imposible cumplimiento, y a múltiples personas simultáneamente.”

¿Dónde hemos leído todo esto antes? No va a ser la última vez.

“El que las personas reciban su dinero cuando acuden a retirarlo del banco, que precisamente es un fenómeno estadístico, nuevamente nada tiene que ver con el incumplimiento ipso facto del contrato firmado (que es en sí mismo de imposible cumplimiento).”

Espectacular: o sea que el hecho de que un contrato se cumpla no indica nada sobre ese presunto incumplimiento ipso facto, porque está claro que la idea de que el contrato es de imposible incumplimiento no puede ser demostrada falsa cumpliendo el contrato, faltaría más. La realidad jamás debe estropear tus teorías. Da vergüenza ajena lo mucho que insisten algunos austriacos con la lógica y lo torpes que son con ella. Así no resulta extraño que se trate de una escuela minoritaria que necesita una buena limpieza en profundidad. Sé que afirmar esto es muy duro, pero es lo que hay.

“[…] la realidad (que no la estadística y casuística) muestra que si todos acudimos a solicitar «nuestro» dinero, dicho dinero no existe.”

No es que el dinero no esté ahí sino que no existe: se supone que en ninguna parte del Universo universal o del mundo mundial. Toda la masa monetaria disponible no es suficiente, a ninguna velocidad de circulación, para cumplir con todos los depositantes: si al final van a tener razón los que dicen que el problema económico es que no hay suficiente dinero y hay que producir más…

Continúa Leo mezclando y confundiendo el problema de la reserva fraccionaria con las casas en multipropiedad, dos realidades diferentes. En la multipropiedad los múltiples propietarios se ponen de acuerdo según unos estatutos sobre cuándo utiliza cada uno la propiedad, probablemente de forma simétrica entre iguales. En el depósito bancario la situación es asimétrica y no se trata de multipropiedad sino préstamo (alquiler): el prestamista o depositante entrega un dinero a cambio de un derecho de cobro a la vista contra el banco (y eso es lo que luego utiliza como medio de pago si otros se lo aceptan: no el dinero, que puede recuperar cuando quiera pero debe reclamarlo antes, sino la promesa del banco de entrega de dinero a la vista); el banco dispone del dinero hasta que el depositante se lo reclame. No hay doble disponibilidad simultánea sobre la misma cosa: el banco lo tiene hasta que se lo reclamen; el depositante lo tiene desde que lo reclame. Y además del dinero existe otra cosa importante, la deuda generada por el depósito como préstamo, que se utiliza como dinero fiduciario (crédito circulante).

Sigue: “un bien que al ser fiduciario, en realidad genera una expansión, multiplicación del mismo, que produce, como ya sabes, los tan temidos ciclos económicos, con sus consiguientes inconvenientes para la sociedad.” Parece que Leo no tiene claro qué es un bien fiduciario, ya que ese hecho no tiene que ver con su expansión insostenible ni con los ciclos económicos. El “como ya sabes” es dudoso: no se puede saber lo que es falso.

Continúa el desastre intelectual:

“el problema económico de no comprender los argumentos jurídicos de la naturaleza de los contratos, y de la legítima y correcta defensa de [sic] propiedad privada del bien de intercambio, radica en que realmente ya no se usa el mismo bien, sino que se multiplica (algo que solo ocurre con el dinero fiduciario sin anclaje y sin reservas). Estamos asistiendo a uno de los mayores engaños jamás visto en la historia de la humanidad.”

Efectivamente los críticos de la reserva fraccionaria no comprenden los argumentos jurídicos de la naturaleza de los contratos, no saben defender de forma correcta la propiedad privada y sus criterios de legitimidad son defectuosos. El dinero fiduciario tiene anclaje y reservas: es un pasivo respaldado por un activo (estos términos contables y financieros pueden resultar sorprendentes y desconocidos para algunos críticos de la reserva fraccionaria, y esto quizás pueda explicar su grave confusión). No conozco en profundidad toda la historia de toda la humanidad, pero en efecto el autoengaño de los críticos de la reserva fraccionaria probablemente está entre los mayores que ha habido, hay y habrá.

Si Yaron Brook afirma que “Que en un sistema de freebanking habría la posibilidad de bancos con y sin reserva fraccionaria.”, Leo replica que eso “Tampoco dice nada sobre la legitimidad de los bancos con reserva fraccionaria.” ¿Y qué? Hay una cantidad ingente de cosas sobre las cuales esa frase no dice nada. Brook está diciendo que la reserva 100%, si alguien la quiere, es legítima; la reserva fraccionaria es obvio, para quien la entiende, que lo es.

Protesta Leo porque los freebanking [sic] “quieren hacer creer que en su sistema de freebanking, los bancos podrán o no tener la fracción de depósitos que quieran”. Eso de “querer hacer creer” se usa cuando intentas engañar a alguien, y aquí no es el caso aunque Leo así lo insinúe. Efectivamente, cada banco puede guardar como reservas de efectivo la fracción que considere conveniente según su decisión empresarial. Critica esto Leo:

“Lo cierto, [sic] es que en un sistema tal, lo único que estarán defendiendo dichas personas es un sistema corrupto, en el que el incentivo de fraccionar las reservas será tan alto, que el resultado jurídico y económico sería incluso peor que el actual (donde directamente la mayoría de dichos bancos no tendrían reservas ninguna [sic]).”

De nuevo una gran ligereza y desfachatez al hablar de corrupción. Y lo de “fraccionar las reservas” no tiene mucho sentido. No tener ninguna reserva puede ser muy ineficiente porque resulta difícil atender a los clientes que quieran hacer retiradas por ventanilla si no se dispone de nada de efectivo en la caja de la sucursal. Y los cajeros automáticos suelen requerir algo de efectivo para funcionar. Reducir los costes de oportunidad de mantener reservas de dinero (saldos de tesorería) no es lo mismo que reducir las reservas a cero.

Insiste Leo en lo malos que somos los defensores de la reserva fraccionaria:

“Es básicamente lo mismo que legitimar el robo en una sociedad.”

Si no entiendes algo, no intentes razonar sobre su moralidad: aparenta que razonas, sermonea y acusa.

“Desde ya las incoherencias del sistema de freebanking con reservas fraccionarias llega a extremos ridículos.”

Incoherencias y ridículo extremo: una buena descripción de los críticos de la reserva fraccionaria.

Yaron Brook afirma que “[…] los economistas austriacos están en contra de las reservas fraccionarias porque crean incertidumbre respecto de la cantidad de dinero en la economía.” Es una apreciación que a mi juicio puede ser correcta: a algunos austriacos les preocupa que se produzca dinero (en realidad sustitutos monetarios), lo critican como inflacionario y prefieren una cantidad dada cualquiera fija y un incremento progresivo de su poder adquisitivo. Pero Leo, que no domina la teoría monetaria, se sale por la tangente e insiste en el problema jurídico y ético, que en realidad es inexistente más allá de su imaginación.

“[…] los derechos de propiedad privada del dinero son violados toda vez que se legitima el contrato de doble naturaleza (depósito/préstamo) simultáneamente, y se entrega un mismo bien, de manera íntegra, a distintas personas, en los sistemas bancarios de reservas fraccionarias.”

Resulta muy pesado y deprimente leer los mismos errores una y otra vez.

“Lo curioso es que Brook reconoce que el dinero se duplica, sin darse cuenta [sic] que dicho efecto, más allá del fenómeno cuantitativo y económico del dinero, implica el resultado propio del fraude que se consigue cuando «una cosa» se transforma, por arte de magia, en «dos cosas», sin haber cambiado en nada la realidad de la cosa en sí misma.”

No sé qué es lo que Brook reconoce o no reconoce, aunque dudo que sea eso. El dinero no se multiplica sino que se crean medios de pago o sustitutos monetarios adicionales, que no son dinero en sentido estricto. Y la implicación que se menciona en esa frase no sólo es errónea en cuanto al fraude sino que además está al revés, lo que en lógica es un error muy grave.

“[…] es como si Brook reconociera que ante sus ojos cabe la posible existencia de algo (una cosa) que es A y B simultáneamente.”

De nuevo encontramos a nuestros amigos A y B. ¿Dónde han aprendido lógica algunos austriacos? ¿Realmente saben lógica o sólo creen que saben lógica? Va a resultar que la praxeología tiene algo que ver con la praxis pero muy poco con el logos. Va acabar siendo algo así como una teoría de la chapuza humana.

“Para Brook uno es igual a dos (y éste último multiplicado por todas las veces que el mismo bien es utilizado en la economía con reservas fraccionarias). ¿Es esto racional, lógico, coherente u objetivo? Y todo esto lo hace, paradójicamente, en nombre de la justicia, el derecho, y la racionalidad; todos ellos aspectos que faltan en el video que he escuchado.”

No creo que Yaron Brook sea tan tonto como para confundir uno y dos. La “economía con reservas fraccionarias” no utiliza múltiples veces el mismo bien. Los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria son racionales, lógicos, coherentes, objetivos, y entienden de justicia y derecho: los críticos no, pero creen ferviente y ciegamente que sí. Son como el conductor del chiste que cree que hay cientos de vehículos en su lado de la carretera que circulan en sentido contrario.

“A esta altura [sic] estarás esperando que justifique, o más bien argumente, el porqué [sic] el contrato en el sistema de reserva fraccionaria es ilegítimo, y porqué se transgreden los derechos de propiedad. Te lo explico, [sic] brevemente, [sic] a continuación.”

O sea que todo lo anterior no eran breves explicaciones. El resto del artículo no añade nada nuevo y es simplemente una repetición cansina de los errores que comete Jesús Huerta de Soto en Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. En lenguaje muy solemne se asegura que el contrato de depósito bancario con reserva fraccionaria es un “contrato nulo de pleno derecho”: “lo que es incompatible y de imposible cumplimiento no es legítimo, y por tanto es nulo de pleno derecho.” Es cosa juzgada y definitivamente cerrada sin posibilidad de recurso de apelación.

A los abogados litigantes principiantes se les aconseja que durante el juicio no hagan nunca una pregunta cuya respuesta no conocen, porque pueden obtener una respuesta inesperada contraria a sus intereses. Se pregunta Leo:

“¿Qué riesgo está asumiendo una persona que entrega un dinero sabiendo que el banco lo usará, pero que a la vez tiene obligación de entregárselo cuando éste lo pida?”

La respuesta es: el riesgo de que la obligación de entrega se incumpla (total o parcialmente) o se retrase. Nadie sabe que “tiene seguridad plena de que el banco se lo devolverá a la vez que asume un riesgo.” Se tiene la seguridad de que el banco tiene esa obligación, pero el riesgo y la incertidumbre de incumplimiento, por pequeños que sean, existen. Por eso es distinto tener dinero que tener un derecho de cobro de una cantidad de dinero.

Luego Leo repite la confusión habitual sobre la propiedad íntegra del mismo bien. Cuando se niega a aceptar, o al menos intentar entender, que el depósito bancario es un préstamo, y no un contrato de guarda y custodia, pasan estas cosas.

“Lo que ocurre, es que el hecho de que actualmente estemos bajo un sistema monetario fiduciario, en el que gran parte del «bien de intercambio» en sí mismo no existe (porque no hay anclaje ninguno, y porque gran parte de dicho dinero no son más que apuntes contables del banco), sumado el hecho de que haciendo uso de la probabilística es posible engañar a la sociedad respecto de la disponibilidad (objetivamente de imposible cumplimiento), nadie percibe la realidad objetiva e incoherente en el que está inmerso el sistema monetario actual. Sistema, por cierto, que no nace de la libertad bancaria, sino precisamente de su contrario: del privilegio y casamiento estado-banco […]”

Nadie percibe la realidad… salvo los sabios, justos, legítimos, racionales, coherentes, compatibles, lógicos y liberales críticos de la reserva fraccionaria. Que resulta que no son capaces de distinguir el dinero fiduciario del dinero fiat. Que afirman que algo no existe pero al mismo tiempo se usa e intercambia. Que aseguran que no hay anclaje alguno, sin saber cuál es el anclaje y probablemente sin entender qué es eso del anclaje. Que confunden un posible incumplimiento con un imposible cumplimiento.

No podríamos acabar sin mencionar lo de “crear dinero de la nada”:

“Crear dinero de la nada y prestarlo es una actividad criminal que solo favorece al banco, y en el corto plazo al prestatario. Dicha transacción se realiza depreciando la moneda, principalmente a través de apuntes contables que son nulos de pleno derecho, pero que están institucionalmente validados por el privilegio estatal que éste concede exclusivamente a los bancos, y a ningún otro tipo de negocio, empresa o institución.”

Actividad criminal. No es sólo falta o delito común sino algo propio del código penal, aunque no se especifique la pena. La reserva fraccionaria no es ningún privilegio concedido por el Estado sino la forma normal de proceder de la banca comercial como gestora de pagos y cobros mediante su propia deuda ofrecida a sus clientes. En otros negocios, empresas o instituciones no es que no esté permitida sino que no tiene sentido porque no son emisores de deuda utilizable como medio de pago. Y una de las preguntas del millón: si los bancos pueden crear dinero de la nada… ¿cómo es que corren riesgo de quiebra y deben ser rescatados? Algo no encaja, y es el no saber distinguir entre dinero y sustitutos monetarios: los bancos crean pasivos monetarios contra sí mismos.

También menciona Leo los efectos sobre terceros no participantes voluntarios, es decir la presunta (en realidad inexistente) pérdida de poder adquisitivo del “ciudadano de a pié [sic]” que tiene dinero o “población apoderada [sic] de dicho bien”.

Concluye Leo:

“La única alternativa a una libertad bancaria real (no ilusoria), radica en terminar con el dinero fiduciario, abrir la competencia monetaria, exigir un anclaje que realmente haga de «bien de intercambio» real, y exigir el coeficiente de caja del 100% para los depósitos a la vista. Esto es lo que exige la lógica jurídica de los contratos legítimos, y de las defensas de la propiedad privada propias de sociedades realmente libres.”

Quienes no entienden la realidad y sus posibilidades quieren imponer su única alternativa, la única que son capaces de ver o más bien alucinar: acabar con los sustitutos monetarios (eso son los medios fiduciarios, que además son la inmensa mayoría de los medios de pago por razones de eficiencia económica) y convertir a los bancos por imperativo legal en almacenes de oro o cualquier otro bien que la sociedad elija como dinero en sentido estricto.

Leo realmente necesita (o al menos lo hacía a la fecha de publicación de su carta) aplicarse lo que él mismo recomienda: “reconsiderar qué es realmente la libertad bancaria y monetaria en términos económicos, y qué implicaciones jurídicas (principios generales del derecho) le son propias.” Y no sólo él.


Posibles causas de los errores contra la reserva fraccionaria

14/01/2014

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Uno de los errores intelectuales más graves y llamativos de algunos liberales de la escuela austriaca de economía es su oposición a la reserva fraccionaria de la banca. Dos pensadores brillantes, influyentes y fructíferos, pero obsesionados contra la reserva fraccionaria y equivocados al respecto, son los principales responsables: Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto. Ambos cuentan con múltiples seguidores más o menos significativos que contribuyen a la propagación de este error.

Dada la metodología científica de la escuela austriaca de economía el error es especialmente preocupante porque podría parecer que la crítica contra la reserva fraccionaria no se plantea como una hipótesis provisional potencialmente explicativa, abierta a crítica y revisión, sino como un axioma apodíctico demostrable lógicamente mediante deducción y presuntamente irrefutable. En este caso, o la lógica no funciona o algunos pensadores que insisten mucho en su importancia en realidad no saben utilizarla con suficiente rigor.

Los errores sistemáticos en este ámbito pueden proceder de sesgos y limitaciones del proceso de enseñanza a los economistas sobre los intercambios, el dinero, el crédito, la deuda, la banca y las finanzas: se confunde una simplificación explicativa de por qué el dinero supera al trueque con la idea de que sólo hay esas dos posibilidades. Es común explicar el origen del dinero por las limitaciones del trueque, lo cual tiene parte de verdad pero es una visión incompleta. El alumno queda con la impresión de que sólo existen dos tipos de intercambios: los directos (trueque), y los indirectos (con dinero). No se menciona, y por lo tanto se ignora, la posibilidad de que se produzcan intercambios incompletos, a crédito, diferidos en el tiempo, en los cuales se entrega un bien o servicio a cambio de una promesa de entrega de dinero en el futuro, generándose así una deuda entre quien da el bien (ahora acreedor) y quien lo recibe (ahora deudor).

La escuela austriaca enfatiza la subjetividad y el carácter dinámico y heterogéneo de las valoraciones de los individuos sobre los bienes, pero no investiga cómo de variables o invariantes son esas preferencias: por lo general ignora la teoría de la liquidez del dinero como invariante de valor.

Al tratar los bancos, se los considera erróneamente como meros almacenes de dinero (con analogías espurias, engañosas y desorientadoras, como depósitos de materias primas, garajes o guardarropas): se asegura, sin presentar evidencias, que los billetes que entregan a sus clientes son certificados de guarda y custodia, y que en los intercambios los individuos en vez de entregar dinero entregan los billetes que dan derecho al mismo. En realidad el billete de banco tiene mucho más que ver con la letra de cambio. También se acusa a los bancos de falsificadores y de cometer fraude al producir más billetes que el que tienen en tesorería, olvidando que el banco tiene otros activos líquidos convertibles rápida y fácilmente en dinero. El desconocimiento sobre contabilidad puede estar en la base de este problema.

Tampoco se considera la posibilidad de que se utilice la deuda como medio de pago (crédito circulante), como complemento o sustituto monetario: la deuda muy segura y a muy corto plazo se monetiza (se usa como dinero entendido en sentido amplio), y así se economiza el dinero en sentido estricto, evitando parte de sus costes y riesgos de producción y atesoramiento. Los bancos, además de intermediarios financieros, son gestores del sistema de pagos y cobros de una sociedad: las deudas entre los individuos pueden cancelarse o compensarse unas con otras sin necesidad de que circule el dinero, el cual sólo se transfiere para los saldos netos no compensados.

La teoría austriaca del ciclo económico enfatiza la expansión crediticia insostenible, la dimensión temporal de la acción y las descoordinaciones de la estructura de producción en relación con el ahorro disponible y las preferencias de consumo: pero no considera que el ahorro, la deuda y la inversión en general tienen una componente temporal y de riesgo, y que al haber intermediarios financieros es posible que se produzca un desajuste entre el plazo y riesgo al que prestan los acreedores al banco (depositantes a la vista y a plazo y obligacionistas) y el plazo y riesgo al cual el banco presta a sus deudores. No hay un solo tipo de interés que la banca central reduzca artificialmente, sino una curva de tipos que la banca en general (privada y pública) manipula de forma insostenible al intercambiar rendimientos por riesgo. Estos desajustes pueden efectuarlos también otros intermediarios financieros: en la crisis actual ha sido principalmente la banca en la sombra, que no utiliza depósitos a la vista.

A los errores económicos se añaden errores legales y éticos: una teoría de la ética de la libertad que interpreta equivocadamente los contratos como transferencias plenas de derechos de propiedad sobre objetos; la confusión entre títulos de propiedad y títulos de deuda; la confusión entre el derecho romano y los principios generales del derecho; la aplicación de normas relativas a contratos de guarda y custodia a entidades de naturaleza diferente.

La crítica contra la reserva fraccionaria de la banca se basa en diversos argumentos económicos y éticos falaces ya refutados. Son falacias porque parecen correctos y sus apariencias engañan: están construidos de tal manera que consiguen convencer y confundir al incauto; no sobrevivirían si sus defectos fueran obvios para todos, tanto novatos como expertos en teoría, historia y práctica monetaria y bancaria.

Diferentes factores epistémicos, psicológicos y económicos, muchos de ellos aplicables a otros ámbitos, permiten explicar por qué se produce este error y por qué se mantiene a pesar de que es un tema que ha sido y sigue siendo conveniente y claramente explicado en numerosos lugares y ocasiones. Los individuos equivocados han asumido ideas erróneas y no las corrigen, y este proceso puede estudiarse como un problema de capacidades e intereses: normalmente uno no cae en el error queriendo, sino por falta de capacidad para detectarlo; mantenerse en él implica no poder o no querer reconocerlo y abandonarlo.

En la generación, mantenimiento y propagación de ideas o memes intervienen emisores y receptores, maestros y alumnos, innovadores y seguidores. Aparte de la aparición original y creativa de una nueva idea, la asimilación inicial de errores se produce generalmente cuando un estudiante es confundido, dirigido por mal camino por un profesor equivocado. Esta circunstancia puede resultar muy nociva: igual que cuando se aprende alguna habilidad psicomotriz, como a tocar algún instrumento musical, es importante no adquirir vicios o manías que luego se enquistan y son difíciles de corregir. Conviene recibir la instrucción adecuada desde el comienzo y no acumular errores y perseverar en ellos: la constancia no siempre es una virtud; a veces es simple obcecación, testarudez, fanatismo.

El equivocado puede estar en una situación peor que el que no sabe nada y al menos reconoce su ignorancia; es mejor no haberse movido que avanzar en dirección contraria a la deseada. Si reconoce su error, entonces sabe cómo no es la realidad, y tal vez además sepa por experiencia propia por qué algunas ideas son falaces y pueden engañar a otros. Muchos especialistas en procesos de aprendizaje y en empresarialidad recomiendan equivocarse mucho y rápido: pero este consejo sólo tiene sentido si se obtiene alguna lección de los fracasos.

La economía conductual muestra la importancia del sesgo de confirmación en los seres humanos: se tiende a buscar pruebas de que uno tiene razón, se evita o distorsiona la información que es inconsistente con lo que uno previamente cree, se ignoran los argumentos que provocan el dolor de reconocer que uno se ha equivocado y no es tan inteligente como creía. No es lo mismo no saber nada sobre un tema que tener ideas preconcebidas incorrectas acerca del mismo. Si un alumno tiene interés y capacidad, aun partiendo de cero es posible enseñarle y conseguir que aprenda. Pero si lo que cree saber y le sirve de fundamento es lo opuesto a la realidad, si tiene ciertos prejuicios erróneos que no está dispuesto a abandonar, entonces su progreso intelectual será difícil o imposible: su apego, tal vez fervoroso, por las pseudoexplicaciones en las que cree, le impedirá comprender las explicaciones correctas y otras ideas que conectan con ellas. Para conseguir avanzar primero debe revisar lo que cree saber, reconocer sus errores y superarlos.

No hay ninguna forma de garantizar por completo que los maestros no se equivocan, y cuando un aprendiz comienza con algo, por definición no sabe, y por tanto tal vez no puede juzgar, analizar críticamente y filtrar adecuadamente las ideas recibidas. Si el profesor comete algún error el alumno tal vez lo asuma y lo haga suyo: es común memorizar sin comprender. Si se recibe gran cantidad de información e ideas, tal vez no sea posible comprobarlo todo; si hay muchas partes del conocimiento válidas tal vez se crea que todo el conjunto es correcto, que todas las piezas encajan, y no se detecten los detalles problemáticos.

El maestro no tiene por qué ser un estafador: seguramente está autoengañado, convencido de la corrección e importancia del presunto conocimiento que transmite. Abundan los economistas que afirman cosas contradictorias, luego algunos pensadores necesariamente están equivocados y sin embargo enseñan e incluso crean escuela, reciben premios y reconocimiento público. Quizás el profesor tiene mucho carisma, comunica con pasión, es simpático, generoso, atractivo, persuasivo, seduce al alumno. Tal vez el aprendiz cree que conviene no llevarle la contraria para tener una buena relación con él y obtener buena nota o algún avance académico o profesional.

El riesgo de transmisión de errores es mayor cuando se aprende de una sola fuente o de un conjunto de fuentes homogéneas y dependientes unas de otras, como puede ser el caso de un grupo cerrado y sectario que no fomente la crítica autónoma. Los grupos humanos formados por individuos con ideas o intereses semejantes tienden a cerrar filas: los miembros comparten dogmas, se apoyan mutuamente y fomentan la conformidad, rechazando al heterodoxo, hereje o blasfemo. Si se asimila una explicación convincente pero errónea, para corregirla será necesario recibir una argumentación contraria que tal vez no exista o que no esté disponible para el individuo, que suele rodearse de quienes piensan igual que él y comparten sus mismas limitaciones.

Algunos memes consiguen permanecer en las mentes de sus portadores, a pesar de su falsedad o incorrección, porque consiguen conectar con sus mecanismos emocionales y ser queridos. Son ideas que no dan igual, sino que el sujeto las aprecia como suyas, valiosas e importantes, y no quiere perderlas. Son memes atrincherados que defienden su posición privilegiada dentro de la mente contra invasores externos que podrían expulsarlos y eliminarlos: el individuo no tiene ideas sino que las ideas lo tienen a él. El componente emocional puede reforzarse mediante mecanismos de indignación moral que dificultan el análisis imparcial y objetivo.

Ciertos errores intelectuales, como el socialismo y el estatismo, persisten porque benefician a determinados grupos de interés: algunos de sus defensores se autoengañan porque su sustento depende de la incomprensión de ciertos asuntos. Otros errores permanecen porque sus portadores no desean asumir el dolor psíquico de su reconocimiento.

Algunas ideas absurdas distintivas sirven como identificadores de pertenencia a un grupo y prueba de lealtad al mismo, de modo que se defienden con orgullo porque abandonarlas implica desertar o traicionar al colectivo, ser desleal y arriesgarse a ser repudiado, perdiendo posibles relaciones de cooperación y capital social. Al reconocer un error uno no sólo se humilla a sí mismo sino que deja en evidencia a todos los demás que comparten dicho error. Es común no realizar ciertas críticas o suavizarlas por el deseo de llevarse bien o por el miedo a individuos en posiciones de poder y a la reacción de todos sus fieles seguidores. Los dogmas de fe y los líderes sirven como focos para coordinar y cohesionar un grupo. Atacar esas ideas y a esos líderes es atacar al grupo y a todos sus miembros, lo cual seguramente provocará un contraataque, que algunos realizarán con especial dedicación e intensidad para demostrar su lealtad y ganar puntos ante los correligionarios.

Las críticas correctoras pueden doler, molestar o incluso resultar ofensivas para algunos. Pero la solución de ciertos problemas requiere hablar clara y abiertamente aunque las verdades resulten inconvenientes o incómodas: censurar, contemporizar y callar para llevarse bien quizás sólo sirva para que la situación se mantenga o se agrave. Conviene practicar el sentido del humor, reírse uno de sí mismo y sus naturales limitaciones, no tomarse demasiado en serio.

En teoría la ciencia funciona mediante prueba y error objetivas, generación, crítica y comprobación imparcial de ideas: en realidad muchos pensadores (seguramente casi todos) quieren dejar huella, ser aplaudidos, crear escuela, conquistar muchos seguidores, incrementar su prestigio e influencia, mostrar lo brillantes que son, cuánta razón tienen y lo mucho que saben en comparación con otros competidores, que naturalmente están equivocados por no tener las mismas ideas (el estatus intelectual es un bien posicional). Cuanto más poder tenga un científico, más daño puede hacer si está equivocado y utiliza su prestigio e influencia para propagar sus errores y bloquear su revisión. De ahí el dicho de que en ocasiones la ciencia avanza tras los funerales de aquellos intelectuales dominantes que obstaculizan su progreso.

La argumentación racional surge evolutivamente no tanto para conocer la realidad sino como herramienta para vencer y convencer en discusiones contra otros y defender el estatus del individuo como pensador inteligente e influyente. Por este motivo para muchas personas reconocer errores es emocionalmente difícil, sobre todo si estos son importantes: no sólo implica perder referencias y fundamentos y quedar desorientado; también supone una posible pérdida de estatus, algo muy importante para los seres humanos como animales hipersociales.

Reconocer públicamente los propios errores y responsabilizarse de ellos es un acto de gran integridad intelectual; pero algunos individuos quizás se avergüenzan, estiman que eso implica una pérdida de capital intelectual y personal que no están dispuestos a asumir, de modo que prefieren distraer la atención, no darse por enterados, no dar la razón al otro; pueden también tratar de huir hacia adelante, seguir engañados, repetir los malos argumentos una y otra vez, recurrir al principio de autoridad, proponer ideas progresivamente más absurdas y disparatadas, enfatizar, resaltar y perseverar en las mismas malas ideas. El problema de no reconocer los errores es mayor cuanto más haya insistido un pensador en la corrección, importancia y originalidad de las ideas que resulten ser falsas y cuantas más oportunidades haya desaprovechado para revisarlas: hay más evidencias y el daño provocado es más grave.