Café Viena del Instituto Juan de Mariana

28/07/2018

Café Viena del Instituto Juan de Mariana (podcast con José Augusto Domínguez).


El objetivismo y sus problemas (I)

20/07/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El objetivismo

El objetivismo es la filosofía de Ayn Rand y sus seguidores. Los objetivistas afirman que se trata de un sistema filosófico completo y consistente (un conjunto bien integrado de ideas sobre cómo el ser humano debe pensar y actuar), y que tiene utilidad práctica porque sirve para prosperar y ser feliz en el mundo real.

Se basa en los principios de realidad objetiva (metafísica, ontología), razón (epistemología), interés propio individual o egoísmo virtuoso (ética), y capitalismo (política):

– La realidad existe y es como es (los hechos son los que son y no de otra manera) independientemente de la mente, de las percepciones y deseos de los humanos: querer algo no lo hace real. El universo existe aparte de cualquier conciencia, la cual no crea la realidad sino que la percibe, la comprende, la conoce. Se opone al misticismo religioso (la realidad como ilusión, lo sobrenatural como fundamento más real), al idealismo platónico, y al constructivismo que afirma que la realidad es construida arbitrariamente de forma subjetiva y social.

– La razón es la única herramienta para conocer la realidad (procesando, integrando e interpretando la información percibida por los sentidos para conseguir identificaciones no contradictorias) y guiar la acción: es el medio básico de supervivencia para un ser humano. El racionalismo filosófico del objetivismo no es opuesto al empirismo, la observación y la experimentación como formas de obtención de conocimiento sobre el mundo exterior a la mente, sino que los engloba dentro de las funciones de percepción sobre las cuales actúa la razón. Se opone a la revelación o iluminación divina y al escepticismo radical que afirma que no es posible conocer la realidad.

– Cada individuo debe actuar en su propio provecho, sin sacrificarse por otros y sin sacrificar a otros, persiguiendo su propio interés egoísta racional y su felicidad como el más alto objetivo moral de su vida: cada ser humano es un fin en sí mismo y no un medio para los fines de otros. Se opone claramente al altruismo coactivo del colectivismo, y aparentemente al altruismo en general.

– El sistema político y económico ideal es el capitalismo liberal, con intercambios libres y voluntarios para beneficio mutuo, sin agresiones y con un gobierno mínimo que proteja la vida, la libertad y la propiedad. Se opone a los totalitarismos autoritarios (socialismo, comunismo, fascismo), a la socialdemocracia (redistribución de riqueza, estado del bienestar), y al anarcocapitalismo.

En estética defiende un realismo romántico: el arte sirve para plasmar ideas en formas físicas (obras de arte) que ilustran esas ideas y provocan respuestas emocionales; se enfatiza el carácter heroico del ser humano.

Los seguidores del objetivismo suelen considerarlo un sistema verdadero, correcto, completo y cerrado, al cual no ven ningún problema: así es inmune a críticas, y se convierte en un dogma estático incapaz de corregir posibles errores, crecer, enriquecerse, adaptarse y mejorar. La incapacidad crítica puede deberse a sesgos cognitivos (como el sesgo de confirmación) o a dinámicas sectarias en los grupos objetivistas.

Sobre la utilidad práctica, es cierto que a nivel económico, político y social el capitalismo o liberalismo es el único sistema ético (compatible con la libertad individual) y que más prosperidad consigue; sin embargo la promoción del egoísmo para la consecución individual de la felicidad puede implicar problemas de integración social y relaciones públicas, y además requiere un apoyo empírico y científico del cual el objetivismo carece (teorías y datos).

Metafísica objetivista

El objetivismo utiliza una metafísica (ontología) y una lógica clásicas (aristotélica, tomista) relativamente elementales: hay ideas de identidad (A es A) y de no contradicción, pero las definiciones se presentan como verdaderas o falsas, los conceptos aparecen como categorías perfectas, sin problemas de imprecisión en la definición, sin límites difusos o zonas grises, y como si solo existiera un único modelo correcto del mundo. Defiende una idea de causalidad determinista de la acción de cada entidad según su naturaleza en la que no tiene lugar el azar (indeterminismo, aleatoriedad, probabilidades), en conflicto con ideas científicas modernas como la mecánica cuántica. El objetivista no se da cuenta de que la ontología es una forma de pensar acerca del mundo real, y que su pensamiento puede ser erróneo al intentar imponer una estructura o categorización descriptiva inadecuada (algunos llegan a criticar la mecánica relativista y la mecánica cuántica como irracionales): critica a quien niega la realidad simplemente mediante el deseo, pero impone las afirmaciones de su propio pensamiento lógico racional sobre el mundo.

El objetivismo enfatiza la existencia de lo que existe con una determinada identidad concreta y específica, y que esto implica una causalidad en las acciones o interacciones de esas cosas: tal vez convendría además preguntarse por qué existen una cosas y no otras, enfatizar que hay cosas que simplemente no existen, que hay términos o conceptos imaginarios, sin referentes reales (dioses, demonios, ángeles, milagros, almas inmortales), e investigar por qué esas ideas imaginarias son tan frecuentes e importantes para los seres humanos.

La búsqueda de axiomas verdaderos, absolutos, tautológicos, irrefutables, que no puedan negarse sin contradecirse (contradicción performativa), y de definiciones categóricas perfectas, claras y precisas, tal vez ignora otras cosas relevantes, especialmente los problemas del uso del lenguaje y los significados y referentes de las palabras usadas: problemas de límites graduales y difusos, o de usos semánticos múltiples y no compartidos: ¿qué es un ser humano o una montaña, dónde comienza y dónde acaba, cuándo empieza a existir y deja de hacerlo?

Igual que a la realidad le da igual lo que uno sienta por ella, a la realidad le da igual cómo uno piense que es, cómo la categorice o conceptualice, o cómo utilice el lenguaje para describirla: tal vez los pensamientos presuntamente lógicos y racionales son desacertados y no describen ni explican adecuadamente la realidad; quizás las teorías relativista y cuántica no violan principios metafísicos irrefutables sino que muestran que estos principios son, al menos en parte, defectuosos o problemáticos, y que deben ser revisados.

El objetivismo y la razón

El objetivismo defiende la ciencia pero se queda en una filosofía clásica limitada y no incorpora conocimientos científicos relevantes: biología, evolución, psicología (evolucionista, social, moral), memética (imitación, cultura), sociología, ciencia cognitiva, neurociencia, economía conductual, teoría de juegos, cibernética, computación, inteligencia artificial. Pretende conocer la naturaleza humana pero tiene una visión poco científica de la conciencia e ideas erróneas sobre el inconsciente (o subconsciente).

El objetivismo tiene una base natural (a favor de lo real y contra lo sobrenatural) y cierto contenido biológico: el fundamento de la ética es la supervivencia y prosperidad del ser humano, cuya vida es un proceso de acción automantenida y autogenerada (ideas semejantes o equivalentes a la agencia, la autopoyesis y la autonomía). Sin embargo no profundiza en lo biológico y carece de ideas evolutivas (reproductores, vehículos, interactores, selección, adaptación), especialmente las relacionadas con niveles de integración y organización y sus transiciones (genes, cromosomas, células, organismos, grupos). Suele hacer afirmaciones erróneas como que los animales solo tienen instintos innatos automáticos (esto es falso porque tienen cierta capacidad para aprender y desarrollar cultura), mientras que el ser humano tiene una mente que comienza como una tabula rasa y que solo dispone de la razón como herramienta esencial de supervivencia: esto es falso porque existen múltiples capacidades instintivas y habilidades esenciales como las emociones (que no son caprichos irracionales y que son la fuente de las preferencias o afectos) y los sentimientos morales (la moral no es solamente racionalidad), la capacidad de imitar (copiar, cultura), la capacidad innovadora o creativa, la capacidad de pensamiento analógico (metáforas, traspaso de conocimiento entre diferentes dominios), y las habilidades sociales para la acción en grupos cooperativos.

Según el objetivismo la razón es la capacidad intelectual identificadora y clasificadora mediante la abstracción, la detección de semejanzas y diferencias y la producción y utilización de conceptos y leyes mediante inducción y deducción. La razón es considerada el único absoluto del hombre y se critica la irracionalidad de creencias absurdas como las religiosas, pero no queda claro qué significa que la razón es un absoluto (¿una capacidad universal perfecta?). El objetivismo reconoce la falibilidad, la no omnisciencia y la posibilidad de avance del conocimiento humano, pero tiene una visión ingenua de la percepción de la realidad como un proceso directo o inmediato (realiza una crítica desacertada de la síntesis kantiana entre racionalismo y empirismo para la explicación del conocimiento mediante el uso de representaciones y categorías básicas innatas), e ignora las ilusiones perceptuales (alucinaciones o espejismos, inevitables aunque se comprendan conscientemente), las heurísticas y los sesgos cognitivos en la toma de decisiones.

Es cierto que la mente no crea la realidad, pero sí crea las representaciones, percepciones o visiones de la realidad, los modelos, las teorías que se utilizan para describir, conocer, comprender, explicar y predecir la realidad; esta construcción no es arbitraria, pero sí puede presentar algunas diferencias subjetivas entre individuos, y se ve afectada por influencias sociales y culturales (la lógica formal puede ser universal, pero la lógica entendida como la forma de pensar y argumentar de la gente no lo es).

El objetivismo critica la versión extrema y absurda del escepticismo que afirma que el mundo no puede conocerse en absoluto. Sin embargo el escepticismo sensato y el racionalismo crítico lo que proponen es dudar y criticar como estrategia para no equivocarse de forma grave. Es posible conocer la realidad, pero no es posible (o es extremadamente difícil) conocer perfectamente la realidad; además es fácil autoengañarse, engañar a otros y ser engañado por otros; conviene tener un talante crítico y tener cuidado con las sensaciones de certeza absoluta y los axiomas presuntamente irrefutables (pueden ser verdaderos pero vagos o incompletos).

El objetivismo pone tanto peso y énfasis en lo racional, no solo como algo descriptivo sino también prescriptivo, que ignora o desprecia el ámbito de lo emocional (afectos, sentimientos): insiste en que el individuo debe pensar, que es una obligación moral, en lugar de una posibilidad. Si decide no pensar entonces simplemente se deja dominar por sus emociones o sentimientos: ignora el papel esencial y el valor adaptativo de las emociones y los sentimientos como procesadores de información y generadores de conducta exitosa; la razón es un instrumento que no puede operar solo, sin motivaciones, sin mecanismos generadores de preferencias, sin reacciones emocionales. El objetivismo habla de interés racional, como si la razón determinara objetivamente o fuera juez último de los intereses; no entiende que razón y emoción no son contradictorias o enemigas sino que son complementarias, ambas son necesarias y ninguna es suficiente; las emociones no son arbitrarias, y en último término la razón es sierva o instrumento de las emociones o valoraciones (porque razonar o pensar reflexivamente es un tipo de acción intencional, y toda acción intencional requiere una motivación que la impulse y dirija). La razón es muy importante y distintiva de los seres humanos, pero no lo es todo ni es el único rasgo fundamental de la humanidad.

El racionalismo del objetivismo a veces parece un discurso de la razón diciéndose a sí misma (y a sus equivalentes en otros individuos) lo estupenda y potente que es, ignorando el conflicto de interés implicado en esta afirmación. El objetivismo no entiende que no pensar (no razonar) puede ser una estrategia de acción óptima en determinadas circunstancias según enseñan la economía de la cognición, la memética, la sociología y la teoría de juegos: pensar es costoso (consume recursos) y arriesgado (son posibles el error, el fracaso de no alcanzar ningún resultado y las consecuencias imprevistas no deseadas), por lo cual no siempre es beneficioso; puede ser más eficiente copiar automáticamente lo que opinan o hacen otros (aunque no se entienda por qué) por ser una conducta frecuente exitosa, o para mostrar conformidad y no ser el diferente o heterodoxo; el autoengaño y la hipocresía pueden ser adaptativos para engañar mejor a otros y para integrarse en un entorno social en el cual muchos creen en cosas absurdas como señal honesta costosa de pertenencia, compromiso y lealtad a un grupo (la racionalidad crítica puede ser letal en ámbitos de fanatismo religioso, y la vida es previa a la razón); el objetivismo acierta en su ateísmo (los contenidos sobrenaturales o milagrosos de la fe son falsos, absurdos o sinsentidos), pero no entiende la función de la religión como autoengaño compartido funcional para la cohesión social; la irracionalidad puede ser una buena estrategia para garantizar la honestidad en ciertas interacciones cooperativas (pasiones desatadas como el enamoramiento y los celos son garantías de fidelidad y confianza o de represalias ante la traición en relaciones humanas muy importantes).

Las creencias fantasiosas o autoengaños pueden ser resultado de un funcionamiento inadecuado de la mente humana (la imaginación puede ser creativa pero también generar descripciones o explicaciones erróneas), pero también pueden ser mecanismos de protección ante realidades dolorosas inevitables, de evasión, de consuelo, de distracción, o de entretenimiento. La insistencia en desear algo intensamente para que se realice sin necesidad de hacer nada más puede ser un timo pseudocientífico (típico de manipuladores y de manuales de autoayuda de baja calidad), pero la insistencia en el deseo también puede ser un mecanismo para el mantenimiento de la motivación para la realización efectiva de una acción muy extendida en el tiempo y muy costosa (los deseos pueden contribuir a cambiar la realidad de forma limitada si guían la acción de forma adecuada).

El objetivismo entiende la razón como una capacidad individual para conocer el mundo y tomar mejores decisiones personales. Sin embargo la ciencia cognitiva muestra que la razón es sobre todo una herramienta de argumentación, persuasión y justificación en un entorno social: es mucho más eficiente pensar con y contra otros, y muchos argumentos son racionalizaciones para manipular a los demás, legitimar la conducta propia y criticar la ajena. Las inteligencias individuales suelen ser muy limitadas y el progreso humano se debe sobre todo a la inteligencia social o colectiva como agregación o coordinación de todas las capacidades individuales (división del trabajo intelectual, uno acepta que no puede pensarlo todo por sí mismo y tiene cierta confianza en el pensamiento de otros). Los humanos no son poderosos solamente porque son racionales, sino también porque son sociales y se agrupan para ser muchos, hacer cosas juntos (como la guerra contra otros humanos) y ayudarse unos a otros. La razón sola, sin las emociones prosociales, no podría conseguir esta socialización, y la razón se utiliza especialmente para la interacción social humana y no tanto para el conocimiento del mundo físico y biológico.


Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (videos)

02/07/2018

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (video de la conferencia en el Instituto Juan de Mariana)

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (video de la entrevista en el Instituto Juan de Mariana)


Mi participación en Liberacción 2018 (IJM)

20/06/2018

Videos de mi participación en Liberacción 2018 del Instituto Juan de Mariana:

¡Hits del año! + recomendaciones (con Luis Torras)

Formación a la carta: hacia una mayor independencia y libertad (con Antonio de la Hoz del Club de los Viernes, Irune Ariño de Students for Liberty, Laura Mascaró, y José Rodríguez de Value Kids)


Eric Beinhocker y la economía de la complejidad

20/06/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

En su libro The Origin of Wealth: Evolution, Complexity, and the Radical Remaking of Economics, Eric Beinhocker estudia en profundidad la economía de la complejidad y sus implicaciones para los negocios, las finanzas, la sociedad y la política.

Resalta que la riqueza y la complejidad de la economía, manifestadas en la cantidad, calidad y diversidad de bienes y servicios, han crecido de forma repentina y explosiva desde la Revolución Industrial, y que esto ha sucedido de forma espontánea, sin nadie al mando. La economía neoclásica tradicional no puede explicar esto, ya que estudia sistemas en equilibrio que no pueden crecer bruscamente, innovar de forma creativa o autoorganizarse.

El concepto o hipótesis de equilibrio se hace predominante en la ciencia económica cuando a finales del siglo XIX marginalistas como Walras y Jevons incorporan ideas procedentes de la física del momento (física clásica), ya que las matemáticas de los sistemas aislados y en equilibrio permiten plantear y resolver modelos económicos sencillos. Sin embargo, estos modelos implican simplificaciones excesivas y se basan en suposiciones o aproximaciones a menudo muy poco realistas. Las ideas de equilibrio han sido parcialmente revisadas con ideas como perturbaciones externas, fricciones, rigideces y desfases temporales (ajustes no instantáneos), pero estas correcciones son insuficientes.

En la economía real los precios raramente vacían totalmente los mercados: suele haber excesos de inventarios sin vender o pedidos pendientes de cumplir, los precios no se determinan mediante subastas y las estrategias comerciales de las empresas dificultan sus ajustes instantáneos. La ley de un solo precio no se cumple: hay diferenciación de productos (no son homogéneos, hay marcas comerciales), discriminación de precios por los vendedores según la capacidad de pago y la intensidad del deseo de los compradores, y es importante la experiencia de compra. Los agentes no siempre operan a su máximo potencial de eficiencia: la capacidad de producción no suele utilizarse totalmente sino que algunos recursos se mantienen en reserva por precaución ante imprevistos. La oferta y la demanda no se encuentran directamente sino que lo hacen a través de intermediarios o especialistas en mercados organizados. Existen costes de transacción y los arbitrajes tienen costes y riesgos. No todos los intercambios imaginables son posibles. Los agentes no siempre intentan optimizar, sino que a veces se contentan con soluciones meramente satisfactorias. Algunos procesos que se suponen aleatorios o estocásticos (como el presunto paseo aleatorio de las cotizaciones bursátiles) en realidad no lo son o tienen distribuciones de probabilidad diferentes de la normal.

Beinhocker propone que la economía es un sistema complejo adaptativo: está constituida por múltiples agentes diferentes y heterogéneos que actúan e interaccionan de muchas formas distintas cooperando o compitiendo, y que se asocian y organizan de formas variadas y a diversos niveles; las instituciones sociales y los patrones macroeconómicos emergen espontáneamente a partir de conductas microeconómicas individuales (orden desde abajo hacia arriba); los planes, diseños y estrategias de los diversos agentes individuales y colectivos evolucionan en el tiempo, cambian de forma creativa e innovadora para adaptarse de forma más exitosa a las circunstancias que sus propias conductas generan.

Es necesario un cambio de paradigma de la ciencia económica basado en ideas de complejidad procedentes de la biología y de la física moderna más avanzada: caos (no linealidad, regularidades o patrones complejos, atractores dinámicos, cuasioscilaciones, sensibilidad a condiciones iniciales o efecto mariposa, dependencia del camino, accidentes congelados, rupturas espontáneas de simetría, equilibrios puntuados); catástrofes (discontinuidades, cambios de fase, transiciones bruscas, avalanchas, ráfagas de actividad); cibernética (agentes inteligentes con sistemas de control y coordinación de la conducta basados en construcción de modelos y obtención, procesamiento y transmisión de información); sistemas abiertos y en no equilibrio (energía y entropía); dinámica interna propia (no solo perturbaciones exógenas) con posibles bucles de realimentación negativa (amortiguadores, equilibradores) y positiva (amplificadores, desequilibradores); estructuras y efectos de red con diferentes topologías posibles; agentes heterogéneos y capaces de aprender; evolución (algoritmo generador de orden sin diseñador y basado en diversidad, selección y reproducción o amplificación) y adaptación (ajuste exitoso a las circunstancias del entorno); patrones emergentes y órdenes espontáneos (autoorganización, sincronización).

La ciencia económica no puede ignorar sus fundamentos físicos, biológicos y evolutivos. La actividad humana tiende a generar más orden, valor y complejidad. La acción produce orden (menor entropía) mediante procesos irreversibles, lo cual termodinámicamente implica que se consume o disipa energía libre y se generan residuos e incrementos globales de entropía (más desorden neto, polución). No todos los órdenes producidos son valiosos, sino que son seleccionados según su utilidad o aptitud para satisfacer deseos y necesidades humanas: la riqueza es orden valioso. El control de la producción de riqueza requiere inteligencia y conocimiento: la actividad económica es esencialmente cognitiva. Los órdenes más complejos tienden a producirse progresiva y gradualmente mediante la combinación o modificación evolutivas de órdenes más simples.

Es necesaria una transición desde suposiciones de una realidad simple con agentes omniscientes (racionalidad perfecta) a una realidad compleja con agentes limitados (racionalidad acotada, ecológica, con los sesgos y heurísticas que estudia la economía del comportamiento). La información es imperfecta, incompleta, quizás incorrecta, ambigua, costosa y cambiante; la capacidad cognitiva de los agentes es limitada y falible. Los agentes no son solamente egoístas: también pueden actuar por altruismo recíproco como cooperadores condicionales. Hacen falta teorías que expliquen los procesos de generación acumulativa de coordinación social partiendo de lo imperfecto, parcial y local, en lugar de asumir una coordinación perfecta, total y global que luego se relaja de algún modo.

Este cambio de paradigma tiene importantes consecuencias empresariales, sociales y políticas. Como sistema hipercomplejo la economía no se puede predecir, controlar o planificar de forma centralizada. La evolución es la idea fundamental para el crecimiento. Las soluciones innovadoras a los problemas se encuentran y mejoran mediante generación y comprobación de múltiples propuestas (prueba y error dispersa, descentralizada), en un proceso de búsqueda gradual y en paralelo en el espacio de estados o de posibilidades de diseño de las diferentes entidades involucradas: tecnologías físicas (recetas de producción, diseño de máquinas), tecnologías sociales (instituciones como lenguaje, derecho, dinero, familia; formas de gestión o administración de recursos y equipos humanos; cultura de sociedades y empresas; importancia de la reciprocidad, la confianza, el capital social) y planes de negocio (estrategias empresariales de búsqueda de ventajas competitivas como concepto económico, ejecutadas por firmas o corporaciones como concepto legal).

Existen equivalencias o analogías entre la evolución biológica (de genomas formados por genes e interactuando a través de organismos) y la evolución económica (de planes de negocios formados por elementos modulares intercambiables y ejecutados por empresas): en la evolución biológica el éxito en la supervivencia y reproducción de los organismos gracias a su genotipo y fenotipo implica más copias de los genes y más control de recursos (biomasa); en la evolución económica el éxito de las empresas debido a planes de negocio acertados implica la copia de sus elementos modulares acertados por otras empresas y el crecimiento e incremento del poder económico de la empresa por la acumulación de beneficios.

Los procesos evolutivos incluyen actividades complementarias de exploración y explotación: búsqueda de oportunidades (exploración) y aprovechamiento de las mismas (explotación); estas actividades implican un conflicto o tensión entre el carácter más específico y estático de los recursos dedicados a un aprovechamiento óptimo de oportunidades existentes (estrategias que implican compromisos a largo plazo en forma de capital fijo y organización burocrática) y la necesidad de adaptabilidad, flexibilidad y asunción de riesgos de los procesos de búsqueda innovadora en entornos inciertos y cambiantes. Como las oportunidades tienden a agotarse y las ventajas competitivas se pierden por el avance de los competidores, la estrategia empresarial adecuada es la que combina con acierto la explotación presente y la exploración de nuevos objetivos para el futuro.

La organización y los recursos de una empresa deben estar adaptados a sus objetivos, a sus planes de negocio en los nichos en los cuales opera. La estructura empresarial debe combinar adecuadamente las necesidades de jerarquía y burocracia con las posibilidades de libertad y espontaneidad. Como es difícil cambiar objetivos con recursos dados, ambos deben coevolucionar: un nuevo objetivo requiere nuevas habilidades, las cuales a su vez pueden permitir otros nuevos objetivos. El proceso evolutivo de adaptación e innovación funciona a tres niveles: individuos, organizaciones empresariales y mercados. Los individuos aprenden para mantener o mejorar su puesto de trabajo en las empresas; las empresas aprenden para obtener beneficios y mantenerse o crecer; y el mercado selecciona las mejores empresas y elimina a las menos capaces. La adaptación es difícil y se enfrenta a problemas en todos los niveles: incapacidad de reconocer la necesidad del cambio, aversión a riesgos y pérdidas, intereses creados opuestos al cambio, rigidez o reducción de flexibilidad al optimizarse para una tarea específica, promoción de lo exitoso en el pasado frente a la necesidad de cambios para un futuro diferente.

En el ámbito político Beinhocker propone superar la dicotomía entre izquierda y derecha y las batallas ideológicas estériles de eficiencia vs. justicia o Estado vs. mercado: ambos son necesarios y complementarios en dosis adecuadas para conseguir procesos evolutivos eficientes. Cree que la derecha defiende siempre a los mercados como la solución a todos los males porque se basa en teorías económicas tradicionales demasiado simples. Sin embargo, los mercados no son perfectos y funcionan dentro de instituciones sociales que, según él, requieren de gobiernos: leyes mercantiles, de protección del consumidor, de seguridad en el trabajo, de equilibrio entre cooperación y competencia (leyes antimonopolio). Beinhocker reconoce que el Estado puede causar daños con regulaciones desacertadas, pero ignora cómo estos problemas pueden ser resueltos en ausencia de un monopolio de la violencia y la jurisdicción; de forma algo sorprendente no profundiza lo suficiente en los procesos de autoorganización y órdenes espontáneos, y menciona de forma superficial algunos ejemplos poco convincentes o relevantes de fallos de privatizaciones o liberalizaciones. Su análisis moral utilitarista es entre pobre e ingenuo: los derechos de propiedad y los mercados son solamente herramientas sociales muy poderosas, no normas éticas universales para evitar conflictos y permitir la división del trabajo; cree que las normas de reciprocidad fuerte entre individuos obligan al Estado a ofrecer una red de seguridad y a garantizar que todos los ciudadanos tengan iguales oportunidades para participar en el sistema económico, ignorando los mecanismos no estatales de ayuda mutua y caridad; analiza la desigualdad y la movilidad social y cree que el liberalismo puro no parece correcto porque condena a muchas personas a la pobreza de por vida; defiende los mercados, la ciencia y la democracia sin analizar los problemas de esta última (teoría de la elección pública). Ignora que la crítica al Estado no es solo por ineficiencia: también es por injusticia y por la posibilidad siempre presente de corrupción. Sus propuestas de cambio de paradigma social y político son parcialmente sensatas pero muy poco radicales o revolucionarias.

Es interesante comprobar que en este libro no se mencionan los fallos de mercado, las externalidades positivas o negativas, o los bienes públicos, ideas importantes y presentes en la ciencia económica dominante. Falta también un concepto esencial de la ciencia de la complejidad como la autorreferencia (recursividad, reflexividad). Muestra ciertos sesgos profesionales como consultor empresarial: dedica muchas páginas a los planes de negocio y a la cultura empresarial, y estudia por qué existen empresas, pero no analiza por qué existen asociaciones políticas (esencialmente, el problema de la guerra o violencia a gran escala y las transiciones evolutivas entre niveles de asociación y organización). Su comprensión de la teoría del valor es en parte defectuosa y no suficientemente subjetiva: cree que el uso de una bomba no puede considerarse como una transformación generadora de valor, ignorando que la destrucción de males (el enemigo y su poder) es beneficiosa (lo que es bueno para unos puede ser malo para otros). Cree que la economía de la complejidad puede ayudar a gestionar mejor los ciclos macroeconómicos y critica la teoría de la eficiencia de los mercados, pero ignora el rol pernicioso del intervencionismo monetario, los bancos centrales y los descalces de plazos y riesgos.

Un posible problema con sus críticas a la economía neoclásica es que tal vez sean, al menos en parte, caricaturas u hombres de paja que no reflejen fielmente el estado actual de la ciencia económica en su cuerpo dominante principal, el cual puede haber asumido parte de las ideas de la economía de la complejidad. Afirma que el modelo económico neoclásico no reconoce los límites termodinámicos explícitamente, pero sí lo hace de forma indirecta a través del reconocimiento de la necesidad de factores escasos y costosos para la producción (especialmente energía), sus costes y externalidades; además los límites entrópicos a la acción económica están muy lejos y son poco relevantes porque existen fuertes de energía libre relativamente abundantes; y existe una ciencia económica de los recursos naturales, su búsqueda, obtención, uso y conservación. La idea de equilibrio termodinámico (igualdad de fuerzas o procesos que se contraponen y anulan mutuamente de modo que no hay cambio neto ni trabajo) es análoga pero no equivalente a la idea de equilibrio en los mercados (mecanismos de ajuste (más o menos rápidos y potentes) para que los mercados se vacíen, quizás en un entorno de capacidades y preferencias cambiantes, no constantes).

La escuela austriaca de economía y la economía de la complejidad tienen muchos puntos en común y pueden enriquecerse mutuamente: Beinhocker menciona con frecuencia y aprobación a Friedrich Hayek; Roger Koppl es un economista austriaco interesado en la teoría de la complejidad; J. Barkley Rosser es un economista especializado en complejidad que se interesa por la economía austriaca. Las diferencias principales están en que la economía de la complejidad se apoya en las ciencias naturales (no las separa de las sociales), es pragmática y no se obsesiona con purismos metodológicos (apriorismo praxeológico), y recurre sistemáticamente al uso de las matemáticas sin renunciar al realismo (simulaciones informáticas o modelos basados en agentes) y a la contrastación empírica.

REFERENCIAS:

Beinhocker, Eric, The Origin of Wealth: Evolution, Complexity, and the Radical Remaking of Economics (2006, Boston: Harvard Business School Press)

Presentación (pdf) de Eric Beinhocker de The Origin of Wealth

Eric Beinhocker

The Radical Remaking of Economics, with David Sloan Wilson & Eric Beinhocker (at Evonomics)

Para profundizar:

Complexity economics en Wikipedia.

Complexity Economics en Exploring Economics.

Koppl, Roger (2009), “Complexity and Austrian Economics”, Handbook of Research on Complexity, chapter 15, Edward Elgar.

Rosser, J. Barkley (2010), “How complex are the Austrians?”, in What is so Austrian about Austrian Economics? edited by Roger Koppl, Steven Horwitz & Pierre Desrochers (Advances in Austrian Economics, Volume 14), Emerald Group Publishing Limited, pp.165–179.

Rosser, J. Barkley (2012), “Emergence and complexity in Austrian economics”, Journal of Economic Behavior & Organization, Elsevier, vol. 81(1), pp. 122-128.

Rosser, J. Barkley (2015), “Complexity and Austrian Economics”, The Oxford Handbook of Austrian Economics, edited by Christopher J. Coyne & Peter J. Boettke, Oxford University Press.


Dinero: naturaleza, funciones, tipos y representación

21/05/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El dinero es una institución social fundamental que facilita la coordinación y la cooperación: cada individuo usa el dinero porque sabe que los demás también lo utilizan para pagar y cobrar en sus intercambios.

El buen dinero es el mejor invariante de valor posible en una economía que permite costes de producción y uso mínimos (almacenamiento, transporte, transacción). Idealmente su valor o poder adquisitivo es invariante o estable ante cambios de persona, tiempo, lugar, cantidad y rol del agente; es el bien más líquido, que se compra o vende rápidamente y en grandes cantidades sin alterar apenas su precio o poder adquisitivo; lo usa, demanda y ofrece todo el mundo todo el tiempo (su oferta y demanda general son amplias, profundas y constantes, con posibles variaciones según cambios en la actividad económica); su valor no fluctúa a corto plazo ni presenta tendencias a largo plazo (no es un instrumento de inversión especulativa con el cual se intenta incrementar el patrimonio asumiendo algún tipo de riesgo e incertidumbre); su ámbito geográfico o espacial es amplio (puede ser limitado según la integración económica y política); su utilidad marginal es prácticamente constante; tiene el mínimo diferencial posible entre precio pedido por el vendedor y precio ofrecido por el comprador; su oferta y demanda están acopladas a la oferta y demanda de bienes y servicios y a los mercados financieros; los flujos de nuevo dinero son bajos y estables en relación con las existencias.

El dinero tiene tres funciones: medio de intercambio indirecto de aceptación generalizada (para pagar por bienes y servicios y saldar deudas), depósito de valor (atesorar sin intercambiar, sin ganar ni perder valor), y unidad de cuenta (referencia de precios y contabilidad financiera con registros, apuntes o asientos contables de tenencia o movimientos de dinero y bienes valorados en dinero: ingresos y gastos, resultados, activos y pasivos, patrimonio neto, beneficios o pérdidas).

Para cumplir sus funciones de forma eficiente el dinero debe tener ciertas características ideales (no todas las cosas son buenos dineros): duradero (persistente, resistente, no se gasta o estropea con el uso); costes de transacción pequeños; fácil de transmitir y proteger y difícil de robar; fácil de identificar y difícil de falsificar; existe de forma natural o se puede producir, manipular y dividir en diferentes unidades fungibles (homogéneas, sustituibles, intercambiables unas por otras) a su vez agregables para ajustarse a muy diversos precios de intercambio; relativamente escaso y con alto valor por unidad de peso y volumen para fácil uso, almacenamiento y transporte (no tan escaso que no haya suficiente y su densidad de valor sea excesiva).

Diversas entidades satisfacen estos requisitos en mayor o menor medida, y nunca de forma perfecta o absoluta: el dinero es una cualidad que se tiene en diversos grados. No hay un solo dinero universal posible: pueden existir diversos tipos de dinero más o menos útiles y eficientes según diferentes circunstancias tecnológicas, culturales, sociales, económicas, políticas y legales, las cuales son variables en el espacio y en el tiempo. En una misma economía pueden coexistir diferentes formas de dinero (en sentido estricto o amplio), unas más importantes y otras accesorias, unas básicas y otras derivadas (sustitutos o complementos definidos en función de un dinero más fundamental). Históricamente unas formas de dinero sustituyen o complementan a otras.

Lo que se entiende por medios de pago es problemático: conviene distinguir el dinero (lo que se atesora o intercambia) de los sistemas utilizados para su uso. Las tarjetas de débito o crédito permiten ordenar transacciones pero no son dinero sino formas de facilitar pagos y cobros; las tarjetas prepago o monederos electrónicos contienen dinero pero no son dinero (salvo que puedan intercambiarse y circular, en cuyo caso serán complementos monetarios).

Los distintos tipos de dinero se diferencian según varios criterios y propiedades (que pueden ser independientes o combinarse o solaparse parcialmente).

– Si tiene valor de uso (como una mercancía) además del valor de intercambio monetario. El oro y la plata tienen usos ornamentales o industriales; el ganado puede trabajar o utilizarse como alimento; el papel moneda, los apuntes contables, o los bitcoins no tienen valor de uso.

– Desde el punto de vista físico puede ser: un bien u objeto meramente material cuyo valor depende de sus cualidades (físicas, químicas, biológicas) y de su cantidad (monedas o lingotes de oro o plata, caparazones de algunos moluscos); un bien material en forma de objetos discretos transferibles cuyo valor no depende estrictamente de la naturaleza de su soporte físico (el cual podría ser otro diferente), sino de alguna representación simbólica convencional (un billete de banco, una ficha o monetiforme, una moneda metálica en un sistema de dinero fiat); un intangible que no existe en forma de múltiples objetos transferibles sino solo como parte abstracta de un sistema de representación de información basado en diferentes tecnologías (un depósito bancario en un libro de contabilidad en papel o en un formato electrónico, una moneda virtual en su libro contable).

– Desde el punto de vista financiero, si es un activo que no es el pasivo de nadie (no es deuda) o si es un activo que sí que es deuda de alguien. Si no es deuda, qué tipo de cosa es: un bien material o mercancía física de una determinada calidad y cantidad (oro o plata en monedas o lingotes; sal; ganado; tabaco); un certificado de la propiedad de un bien específico o de una cantidad de un bien fungible (un recibo de la custodia de algo en depósito); un certificado de una participación de la propiedad de algo (la acción de una empresa); o una entidad virtual, intangible (dinero electrónico que no sea deuda, criptomoneda). Si es deuda, de quién es el pasivo (el deudor o emisor, quién debe) y de qué es esa deuda (qué debe); si es convertible (se puede reclamar el pago de la deuda en otro derecho de cobro de otro agente o en algo que eventualmente no es deuda) o no convertible (la deuda da ciertos derechos como el pago de impuestos, cancelando una deuda con otra, pero no es deuda definida en términos de una cantidad de algo específico exigible). Para el análisis financiero del valor del dinero deuda es necesario conocer qué activos corresponden a estos pasivos monetizados.

– Cómo se sabe o determina quién posee, gasta o ingresa cuánto dinero, y cómo se efectúan las transacciones o transferencias monetarias, de forma más o menos centralizada o descentralizada (a uno o varios niveles), con o sin intermediarios o gestores, de forma anónima o con identificación personal. En algunos sistemas monetarios el dinero y sus transacciones están separados, mientras que en otros están íntimamente asociados. Con las monedas de oro o plata o billetes de banco al portador (el efectivo) en principio solo cada individuo sabe cuánto dinero tiene y puede transferirlo físicamente de forma relativamente anónima y descentralizada (salvo que existan leyes obligando de forma efectiva a revelar patrimonios y transacciones); la moneda no depende de ningún banco, mientras que el billete depende de un banco emisor. Con el dinero interno bancario (banco privado o banco central público) en forma de cuentas corrientes y sus saldos, el banco sabe cuánto dinero tiene, ingresa y gasta cada cliente, y el cliente debe ordenar al banco las operaciones que desea hacer; algunas cuentas bancarias especiales pueden usarse de forma relativamente anónima; el secreto bancario puede estar prohibido o permitido, de forma que el Estado conoce o no la actividad bancaria de los ciudadanos. Los diferentes dineros virtuales y criptomonedas solo existen dentro de un sistema informático (distribuido o centralizado) que gestiona su posesión y transferencia con diferentes posibilidades en cuanto a privacidad o anonimato. La existencia de dineros y medios de pago centralizados y con información personal (y la no existencia de dineros alternativos descentralizados y anónimos) es útil para la labor de regulación, vigilancia y fiscalización del Estado, y esto es frecuentemente un problema para la libertad de los individuos. El funcionamiento de los sistemas centralizados depende de la conducta del agente gestor, que puede cometer errores o abusos (apropiación o redistribución de dinero).

– Cómo se produce el dinero, si de forma centralizada o descentralizada (a uno o varios niveles), si se exige algún tipo de licencia o no, si es un monopolio u oligopolio o un sistema libre, abierto y competitivo. El Estado puede apropiarse de la producción de dinero en diversas formas (dinero fiat) o conceder monopolios u oligopolios a cambio de alguna contraprestación (como financiación en mejores condiciones por los bancos centrales).

– Cómo se consigue que el dinero sea aceptado y usado como tal, especialmente si se utiliza algún tipo de coacción legal o no: dinero como institución evolutiva espontánea que emerge en un mercado libre, o curso legal forzoso y coactivo para compraventas o saldar deudas, especialmente el pago de impuestos.

– Desde un punto de vista normativo o legal, cuáles son las reglas de uso del dinero (prohibiciones, obligaciones en pagos o cobros como leyes de curso legal forzoso en dinero fiat), especialmente a qué da derecho su posesión (pago de impuestos, acceso a servicios de una criptomoneda como bitcoin y su cadena de bloques).

– Si es un dinero sin necesidad de representación simbólica (ganado, sal, tabaco, conchas) o con algún tipo de representación simbólica asociada (marcas, documentos, soportes informáticos):

* marcas que informan de la calidad y cantidad de dinero mercancía según han sido certificadas por algún agente: imágenes (animales que pueden representar un valor equivalente aproximado en ganado, útiles para uso por analfabetos; busto de algún individuo poderoso, como un rey; logotipo de un emisor), texto y números en monedas o lingotes (inscritas o asociadas de forma inseparable a cada unidad de bien físico); son útiles para su identificación pero podrían ser falsas y no son estrictamente necesarias, ya que el bien en sí mismo tiene valor intrínseco. Una confusión común en diversas teorías monetarias es creer que el valor de ciertas unidades como monedas de oro y plata procede de los símbolos inscritos, los cuales presuntamente representan una cantidad necesaria para saldar una deuda. Ciertas marcas de figuras (reyes) o instituciones (un banco central) no indican quién es el dueño del dinero, sino quién lo produce o respalda. El poder político puede adulterar estas marcas y exigir que el dinero se use según valores legalmente establecidos que no coinciden con la valoración de mercado libre de la mercancía real subyacente (envilecimiento de la moneda).

* documentos necesarios para certificar propiedad o deuda de algo: textos en diversos soportes como cerámica, papel y tinta, soportes informáticos (normalmente electrónicos). Como documentos con un referente no tienen valor intrínseco sino que este procede del valor del referente (la cosa poseída o debida en calidad y cantidad): el valor de un billete no depende de la cantidad o calidad de su papel sino del mensaje escrito en el mismo. Estos documentos pueden existir en forma centralizada (único registro de la propiedad, libros contables de un banco con depósitos o cuentas de los clientes) o descentralizada (certificados con identificación personal o al portador, billetes de banco). Las deudas y las relaciones de propiedad podrían existir sin forma documental objetiva, solamente en las memorias de los agentes, pero de este modo son posibles los errores, engaños y conflictos.

* sistemas informáticos que representan entidades virtuales abstractas y sin referente externo (no son propiedad ni derecho de cobro de nada) y que gestionan su posesión y sus transacciones, como los dineros puramente virtuales o las criptomonedas.

El dinero actual utilizado por la gente está constituido por billetes y monedas fiat producidas por algún banco central (no convertibles) y depósitos bancarios a la vista (esencialmente saldos en cuentas corrientes) que son pasivos de la banca comercial privada (convertibles en billetes y monedas fiat); los bancos privados a su vez utilizan depósitos con reservas en el banco central. La naturaleza del dinero producido por el banco central es problemática, ya que puede interpretarse como un pasivo suyo, pero es inconvertible en algo externo en calidad y cantidad predeterminadas.

La naturaleza elástica del dinero bancario como deuda que se crea y destruye con relativa facilidad, generando inflación o deflación y descoordinaciones crediticas y financieras, está relacionada con los ciclos económicos. Algunos economistas proponen eliminar el dinero bancario privado (o incluso todas las formas de efectivo como los billetes, especialmente los de alta denominación), dejando como única posibilidad el uso de cuentas personales con dinero digital virtual producido y controlado por un banco central: así se controlaría fácilmente la cantidad de dinero, se evitarían las corridas y quiebras bancarias, se fiscalizarían los patrimonios y las rentas monetarias de los ciudadanos, y se aplicarían eficazmente medidas de represión financiera. Aseguran que así se lucha contra el crimen (terrorismo, narcotráfico) y contra la evasión fiscal, y se facilitan las políticas monetarias necesarias para estimular o estabilizar la economía, garantizar el pleno empleo y evitar los ciclos económicos, posibilitando herramientas heterodoxas como los helicópteros monetarios, la destrucción de dinero o los tipos de interés negativos. Estos autores no suelen ser muy respetuosos con la propiedad privada y la libertad individual, ignoran el papel del Estado en la generación de los ciclos económicos, desconocen los peligros asociados a los descalces de plazos y riesgos, y no reconocen los enormes riesgos asociados a la planificación central coactiva y el monopolio de algo tan importante como el dinero y los sistemas de pagos.

Contra el intervencionismo monetario existen posibilidades clásicas, como los dineros mercancía (oro, plata) complementados por billetes y depósitos bancarios convertibles de bancos privados sin protecciones o garantías estatales y que puedan quebrar; y posibilidades tecnológicas modernas y futuristas, como las criptomonedas descentralizadas. Los Estados se oponen a ambas porque limitan su poder coactivo.

 


Miguel Ángel Fernández Ordóñez y su dinero revolucionario

20/04/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), el no muy competente exgobernador del Banco de España, defiende un dinero revolucionario:

Un fantasma recorre el sistema monetario y financiero: la posibilidad de cambiar el actual sistema de dinero frágil creado por los bancos privados por un dinero seguro. La reforma supone dejar a todos los ciudadanos y empresas depositar su dinero en el Banco Central donde estaría absolutamente seguro. Ahora solo los bancos privados pueden depositar su dinero en el Banco Central y esto, que hoy es un privilegio, se extendería a todos.

Tras la pobre referencia literaria al Manifiesto del Partido Comunista MAFO no se molesta en distinguir entre dinero, promesas de pago de dinero (pasivos de diversos agentes económicos) y medios de pago; no aclara si el dinero actual es frágil exclusivamente porque lo crean los bancos privados; habla de un dinero que se depositaría en el Banco Central, como si pudiera existir de forma independiente del Banco Central; no aclara cuál es la naturaleza de ese dinero que ahora los bancos privados pueden depositar en el Banco Central; promete seguridad sin explicar cómo estaría garantizada, simplemente porque sí, tal vez porque el Banco Central es un ente estatal y asume que no puede fallar ni quebrar; y olvida lo peligroso que puede ser un sistema en el cual todo el dinero dependa de un agente central que puede equivocarse o corromperse (por ejemplo apropiándose de parte del dinero “depositado”).

La principal ventaja de la reforma sería que, al ser un dinero seguro, no causaría los costes presupuestarios, de desempleo, de pérdidas de PIB y de destrucción de empresas que ocasionan las crisis bancarias.

Las crisis bancarias y económicas (con el desempleo, destrucción de empresas y reducción del PIB asociados) se deben fundamentalmente al intervencionismo estatal en materia monetaria, bancaria y financiera, que defiende y promueve un peligroso e insostenible descalce de plazos y riesgos en los balances de los bancos y otros intermediarios financieros; los costes presupuestarios se deben a los innecesarios rescates bancarios (bail out) que evitan que los acreedores asuman sus merecidas pérdidas (bail in) y quiebren (privatización de beneficios y socialización de pérdidas).

Y además tendría otro efecto positivo ya que permitiría desregular y liberalizar la actividad crediticia hoy fuertemente protegida e intervenida por el Estado.

Desregular y liberalizar la actividad crediticia es un objetivo muy positivo, pero para hacerlo es innecesario recurrir a la propuesta monetaria de MAFO. Basta con abandonar el intervencionismo monetario estatal, dejar que las empresas fracasadas sean liquidadas y tal vez volver a algo parecido al patrón oro.

Cerrando la puerta a una posible alternativa a su propuesta, MAFO asegura que “el bitcoin no sirve para realizar transacciones y por eso no puede sustituir al dinero creado por los bancos privados.” El bitcoin puede tener problemas de volatilidad y escalabilidad, y tal vez no sea el dinero óptimo, pero obviamente sí que sirve para realizar transacciones como demuestra la gente que diariamente las efectúa.

Según MAFO “los depósitos en los Bancos Centrales sí pueden sustituir a los depósitos en los bancos privados.” Sin más explicaciones nos propone una revolución. Aunque no lo dice, se supone que el Banco Central sería algo así como el gestor de los pagos y los cobros de todos los ciudadanos, empresas u otras entidades, que tendrían una cuenta en el Banco Central. Tal vez se trate de una labor demasiado importante como para dejarla en manos de funcionarios, burócratas y políticos.

Con el actual dinero-digital (esto es, los registros en los ordenadores de los bancos) puede suceder lo mismo que sucedió en el siglo XIX con el dinero-papel, los billetes de los bancos. Entonces el dinero en papel era emitido por bancos privados y se decidió que fuera emitido exclusivamente por los Bancos Centrales. Hoy el dinero digital —el de los depósitos— es creado por los bancos privados y pasaría a ser emitido exclusivamente por los Bancos Centrales.

MAFO habla de dinero digital como si lo importante fuera que la información se gestione mediante ordenadores: en realidad lo esencial es que se trata de apuntes contables de pasivos y activos en los balances de los bancos (pasivo de un banco, activo de su tenedor), igual que lo era el dinero papel. Es interesante leer cómo se refiere a que “se decidió” que el papel moneda “fuera emitido exclusivamente por los Bancos Centrales”. ¿Quién lo decidió y en qué consistió esa decisión? El Estado de forma coactiva otorgó un monopolio de emisión de billetes a la banca central a cambio de que esta lo financiara en mejores condiciones. ¿Es esto lo que propone ahora, un monopolio público gigantesco de emisión monetaria, prohibiendo alternativas privadas en competencia que los ciudadanos podrían querer libremente escoger?

Las entidades privadas sucesoras de los bancos actuales seguirían prestando sus valiosos servicios a empresas y familias pero ya no podrían disponer del dinero de sus depositantes sin que estos se enteren, sino que tendrían que solicitárselo para poder prestarlo a otros.

¿Qué tontería es esta de “disponer del dinero de los depositantes sin que estos se enteren”? ¿Es que lo hacen a escondidas o disimulando? ¿No saben los depositantes lo que son sus cuentas corrientes en los bancos? ¿En los actuales contratos de cuenta corriente y en la legislación vigente no está suficientemente claro que un depósito bancario es en realidad un pasivo bancario, un préstamo del cliente al banco, una deuda del banco con el cliente? ¿No sería mejor un poco de educación económica, monetaria y financiera y exigir que cada uno asuma su responsabilidad para vigilar la conducta de su banco?

[…] este cambio tiene unas ventajas muy importantes pues mientras el dinero actual es frágil e inseguro, ya que depende del éxito o fracaso de las inversiones de los bancos, pasaríamos a tener un dinero totalmente seguro e independiente de los azares del mercado de préstamos porque el Banco Central no prestaría el dinero depositado en el mismo.

Para conseguir que el dinero bancario actual fuera sólido y seguro bastaría con que las inversiones de los bancos realizadas con los depósitos a la vista de sus clientes fueran a muy corto plazo y muy seguras, que es lo que se conseguía en la banca tradicional cuando en su activo tenían letras reales (letras comerciales muy líquidas respaldadas por mercancías a punto de venderse a precios estables y con buenos márgenes de seguridad en su valoración). Los bancos tienden a realizar inversiones o préstamos seguros si saben que pueden quebrar porque no se les garantiza explícita o implícitamente un rescate o financiación a bajo coste.

¿Y qué es eso de que el Banco Central no prestaría el dinero depositado en él? ¿Qué naturaleza tendría este dinero? ¿Sería un activo sin ningún pasivo correspondiente, como por ejemplo una moneda de oro o plata o un bitcoin? ¿O se trataría de un pasivo del propio Banco Central? Si fuera un pasivo, le correspondería algún activo en forma de préstamo realizado por el Banco Central, probablemente comprando deuda pública, como se hace ahora. ¿Es la deuda pública totalmente segura e independiente de azares del mercado? MAFO asegura que con su sistema “los depósitos en el Banco Central son de verdad depósitos”. Muy bien: ¿depósitos de qué? ¿Qué es lo que se “deposita” en el Banco Central? ¿Tendrían los clientes derecho a recuperar lo que sea que han depositado en el Banco Central y sacarlo de allí? ¿Serían depósitos convertibles en algo?

Según él “desaparecerían las crisis bancarias con los costes monstruosos que hemos sufrido” pero “no desaparecerían las crisis financieras, pues en el momento en que se asume un riesgo existe la posibilidad de fracaso”. Tal vez no entiende que los bancos son entidades financieras. Quizás ignora que esta crisis ha tenido muy poco o nada que ver con los depósitos a la vista de la banca privada. Convendría que explicara, porque probablemente lo sabe, qué es un repo o una titulización, y qué es la banca en la sombra.

Esta fragilidad de los depósitos en los bancos privados es la que exige que los Estados mantengan hoy dos voluminosos paquetes regulatorios que hacen que el sistema bancario sea actualmente el sector más protegido e intervenido de todos los sectores económicos. Por un lado hay un paquete regulador protector por el cual se le aseguran los depósitos y, si no es suficiente, se les garantiza la liquidez y, finalmente, si es necesario, se inyectan fondos públicos para evitar su quiebra. Por otro lado, hay un paquete regulatorio intervencionista, que impone a los bancos unas restricciones a su libertad de empresa en casi todos sus ámbitos de actuación (capital, liquidez, remuneración de directivos, etcétera) que dificultan la innovación y la competencia. Y además de esta voluminosa regulación, el Estado tiene que mantener una policía —los supervisores— para evitar que incumplan estos requerimientos. La ventaja de contar con un dinero seguro emitido por los Bancos Centrales es que se podría reducir enormemente esa regulación y su supervisión. Y la desregulación de la actividad crediticia y de pagos produciría las ganancias de eficiencia que se producen siempre que se liberaliza un sector.

MAFO acierta al proponer liberalizaciones y desregulaciones, pero presenta la relación entre causa y efecto justo al revés. No es la fragilidad de la banca privada lo que origina la intervención estatal: es la intervención estatal, en forma de garantías de depósitos, de liquidez y de financiación, lo que provoca riesgo moral y lleva a la banca privada a tomar riesgos excesivos.

El sistema tiene otras presuntas virtudes, como una política monetaria más efectiva que no se explica en absoluto más allá de asegurar que no fomenta el endeudamiento, o como el señoreaje como ingreso estatal.

Después de asegurar que su propuesta es un cambio monetario revolucionario, cuando en realidad es una propuesta antigua, no original, ineficiente y mal explicada, advierte de que el cambio no puede ser revolucionario sino que se tiene que proceder con prudencia y estudio, poco a poco, mediante reformas graduales adaptativas. Podría haber empezado contando mínimamente cómo se produciría su dinero revolucionario, o cómo se determinaría cuál es su cantidad óptima. Seguramente cree que en su Banco Central ideal habría grandes tecnócratas expertos capaces de contestar a estos detalles: expertos como él, claro, con su mismo historial constatado de fracasos.