Recomendaciones

El riesgo de la deuda pública y los sufridos contribuyentes europeos, de Francisco Cabrillo

Adm. Mullen’s Spinning vs. Prof. Hayek’s Insight, by David Henderson

Salgado ya admite que nos despeñamos, por Juan Ramón Rallo

Capital Strike, by Mike Munger

Economists’ Grail: A Post-Crash Model

Basura selecta

The Four Horsemen of the Teapocalypse, by Brad DeLong

Terapia Magnética

Un casino sobre el Titanic, de Alfonso Palomares

What’s wrong with our food system: Birke Baehr on TED.com

Turbulencias y sobresaltos, de Miren Etxezarreta

Las razones de fondo realmente responden a los intereses dominantes de la economía mundial, como disminuir las remuneraciones y estabilidad de los empleos, subordinar a los trabajadores a las estrategias de las empresas, debilitar el Estado del bienestar y los derechos sociales. En una palabra, consolidar unas condiciones estructurales extremadamente propicias para los capitales y muy desfavorables a las clases populares justificándolas con las necesidades de salida de la crisis.

El proteccionismo vuelve a ser discutido abiertamente. Nunca ha dejado de existir, especialmente en los países más poderosos, siempre capaces de disimularlo con distintos ropajes. Ahora renuevan antiguas fórmulas como la política monetaria para devaluar la divisa (Estados Unidos) o la presión sobre los salarios (Alemania), para seguir compitiendo en mercados cada vez más agresivos. ¿No sería mucho más eficiente que este proteccionismo vergonzante, aparentemente denostado pero siempre practicado, fuese aceptado como lo que es, es decir, una medida de política económica a la que recurren todos los países que pueden hacerlo (siendo estos quienes más exigen a los demás que abran sus fronteras) y que los conflictos se dirimieran abiertamente? Las tan ensalzadas virtudes del libre comercio se están demostrando bien fútiles y habrían de dar paso a considerar las ventajas de un comercio mundial más regulado. Es curioso que se acepta, al menos retóricamente, una cierta regulación de los flujos de capitales globales, pero es tabú siquiera la mención de esa misma regulación para el comercio de mercancías.

Finalmente, la inestabilidad e inseguridad de la economía global. La más mínima alteración envía sacudidas de temor a todo lo largo y ancho del capitalismo mundial.

Si esto es todo lo que el capitalismo del siglo XXI puede ofrecer a la salida de la crisis, más vale que empecemos rápido a buscar alternativas.

Basura selecta

La alternativa republicana, de José Luis Centella, secretario general del PCE

The Instability of Moderation, by Paul Krugman

¿Demasiadas renovables o demasiado pocas?, de Domingo Jiménez Beltrán y Joaquín Nieto, patronos fundadores de la Fundación Renovables

La enfermedad alemana, de Juan Urrutia

Opio del pueblo, de Manuel Rivas

Las teorías de Keynes, que inspiraron el New Deal del presidente Roosevelt (el tío Franklin), ayudaron a salir de la Gran Depresión que siguió al crack de 1929 y a poner en Occidente los cimientos de la sociedad del bienestar, el mayor esfuerzo igualitario en un marco de libertad. Conviene no olvidar que al tío Franklin le llamaron de todo, como a Obama, incluido “cerdo comunista”. En realidad, el Tea Party es muy antiguo: la “hiel sempiterna”, que diría Luis Cernuda.

Y al tío Keynes tampoco pararon de darle la vara los fanáticos del money o monetaristas, empezando por el pelma de Von Hayek. En su día, Keynes tuvo que recordarles que en el planeta Tierra existía una curiosa especie, la humana, capaz de ser solidaria y de controlar los instintos depredadores. El keynesianismo es sinónimo de prosperidad y humanismo. Por el contrario, cada vez que se han aplicado literalmente las teorías de Von Hayek lo que ha quedado detrás es una estela de destrozos, desigualdad social e inseguridad. Véase el mea culpa de los ex jefes del FMI que, con sus cómplices interiores, hundieron a Argentina en 2001.

Lo asombroso es que los depredadores vuelven a las andadas, esta vez para arrasar a Europa. Son muy ingenuos los que piensan que la caza se limitará a la periferia. Si cae España, irán a por Francia… De Keynes ya solo se habla para recordar una frase: “A largo plazo todos estaremos muertos”. En este totalitarismo transgénico, se busca que no haya lugar para la semilla solidaria ni una oportunidad más para el polen de un socialismo democrático. Curioso liberalismo este de medicamento único y obligatorio, donde ya nadie se atreve a hablar de mayor fiscalidad e inversión pública. Sí, este capitalismo fúnebre se ha cargado al viejo Keynes, pero nos queda el fútbol, tíos. ¡Me voy a poner morado de opio del pueblo!