Francisco Capella y César Martínez Meseguer: diálogo debate sobre ética, política y metodología de la Escuela Austriaca en el IJM

05/10/2016

Francisco Capella y César Martínez Meseguer: diálogo debate sobre ética, política y metodología de la Escuela Austriaca en el Instituto Juan de Mariana:

Entrevista (video)

Diálogo debate (video)

Podcast (audio)


Problemas de la Escuela Austriaca de Economía (II)

30/06/2016

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Continúo comentando las críticas de Bryan Caplan a la Escuela Austriaca de Economía (EAE) en “Why I Am Not an Austrian Economist” (y en el artículo prácticamente idéntico “The Austrian Search for Realistic Foundations”, Southern Economic Journal 65(4), April 1999, pp. 823-838).

Funciones de utilidad y escalas de valores

Sobre las funciones de utilidad vs. las escalas de valores como herramientas para representar las preferencias individuales, Rothbard insiste en que la utilidad es algo ordinal, no cardinal, y asegura rotundamente: “there is no way whatever of measuring the distance between the rankings; indeed, any concept of such distance is a fallacious one”. ¿Cómo sabe que no hay absolutamente ninguna forma de medir la distancia entre los elementos de una escala de valor y que cualquier concepto de esa distancia es falaz? Si esto es una cuestión empírica del ámbito de la psicología, en la cual la praxeología no entra y sobre la cual él no tiene experiencia, ¿cómo está Rothbard tan seguro de qué es posible o no medir o conceptualizar? Tal vez medir la satisfacción psíquica sea algo difícil, caro y poco realista pero no imposible: internamente un agente sabe que prefiere una cosa a otra, pero también sabe si la prefiere sólo un poco, bastante, mucho o muchísimo (quizás no se pueda medir con precisión pero sí estimar); también podemos observar expresiones emocionales en otras personas para saber cuánto valoran o prefieren las cosas (con la posibilidad siempre presente del engaño, reprimiendo o simulando la expresión de las emociones); quizás sea muy difícil cuantificar de forma simple estas diferencias, y es cierto que aún no se ha conseguido, pero resulta muy arriesgado, sobre todo desde una posición de ignorancia sobre la psicología, afirmar que hacerlo es completamente imposible y que ni siquiera tiene sentido. Las preferencias son generadas en la intimidad de la mente por el sistema nervioso mediante fenómenos físicos y químicos: puede ser una realidad compleja, de difícil acceso, y cuyo conocimiento preciso sea tan caro y ambiguo que no resulte práctico, pero convendría conocerla mejor antes de realizar afirmaciones tan rotundas al respecto.

Rothbard critica a los neoclásicos por utilizar utilidades cardinales, pero según Caplan esto se debe a no entenderlos, ya que estos insisten sistemáticamente en que las utilidades son ordinales aunque puedan representarse por conveniencia de formas diferentes. Caplan afirma que Rothbard utiliza el instrumental neoclásico que rechaza para alcanzar ciertos resultados como las demostraciones del efecto renta y el efecto sustitución: según Predrag Rajsic esto no es cierto (Did Rothbard “Borrow” the Income and Substitution Effects?).

Continuidad

Tanto Mises como Rothbard critican la suposición de continuidad de las funciones de utilidad y de las curvas de demanda y de oferta de los economistas neoclásicos, porque el ser humano actúa en función de cosas relevantes y lo infinitesimal no puede ser percibido ni considerado en la acción. Una posible réplica contra este argumento es que la suposición de continuidad (y diferenciabilidad) es una aproximación útil para poder utilizar el análisis matemático (cálculo, límites, derivadas, integrales, funciones analíticas de variable real) en lugar de usar matemáticas discretas (diferencias finitas, cocientes, métodos numéricos) o mera lógica verbal: no se trata de pretender que los agentes son capaces de percibir cambios infinitesimales sino de emplear un aparato matemático siendo conscientes de que se trata de una aproximación o una representación no completamente realista. Este problema aparece también en otros ámbitos científicos que deben decidir si utilizar matemáticas discretas o continuas como representación fiel de la realidad o como buena aproximación. Si la representación es útil o no es algo que no puede decidirse a priori sino en función de los resultados obtenidos. Además, ¿cómo sabe Rothbard cómo de grandes o intensas deben ser las diferencias entre valoraciones para que produzcan una acción voluntaria? Si conociera algo de dinámica no lineal (teoría del caos) sabría que muy pequeñas diferencias iniciales (entre las actividades de los subsistemas mentales que representen el valor de cada posible fin) pueden resultar en grandes diferencias finales (conducta observable, preferencias y acciones como atractores en el espacio de posibilidades); y como muestra la teoría de catástrofes, es posible utilizar matemáticas continuas para describir fenómenos con discontinuidades o transiciones bruscas como cambios de fase.

Rothbard no acepta la suposición de continuidad que, siendo útil en ámbitos como la física, no sería aplicable a la economía: “The crucial difference is that physics deals with inanimate objects that move but do not act”. Cree que la economía es algo completamente distinto de la física y no se da cuenta de que el mundo de lo económico, cerebros incluidos, también es físico: todo actuar, intencional o no, es un moverse de objetos físicos (de señales entre neuronas, de músculos, de glándulas, de vísceras, de máquinas). No hay por un lado los movimientos de objetos inanimados y por otro lado desconectado e independiente está el mundo de las acciones de agentes animados, sino que las acciones son tipos particulares de movimiento en sistemas con características específicas adecuadas (seres vivos como agentes autónomos autopoyéticos). Esta afirmación es un error muy común entre muchos economistas austriacos que no comprenden las relaciones entre el mundo de lo natural, físico y biológico, y el mundo de la acción humana: creen que han descubierto una verdad profunda (movimientos vs. acciones) cuando sólo están manifestando su ignorancia en este ámbito. En realidad no saben qué es acción (movimiento y trabajo termodinámico) y no comprenden cómo lo intencional es un modo particular (no el único posible) de control cibernético de la acción que requiere un soporte físico.

Caplan resalta además que si se insiste en rechazar la continuidad entonces no deben usarse nunca gráficos con funciones continuas (especialmente después de asegurar que son un peligroso error), y es falaz pretender que la oferta y la demanda puedan igualarse y los mercados vaciarse de forma exacta: Rothbard hace todo esto, aunque podría excusarse con que es meramente una simplificación gráfica.

Economía del bienestar

Sobre la economía del bienestar Mises y Rothbard defienden que sólo los intercambios libres benefician a todos los participantes (+, +), mientras que la intervención estatal beneficia a unos a costa de otros (+, −). El análisis de los intercambios libres es incompleto, ya que no dice nada acerca de cómo afecta a los no participantes en cada intercambio, quienes podrían sentirse perjudicados (por envidia, o por no haber podido participar en un intercambio que deseaban, como el vendedor que quería venderte lo que has comprado en otro sitio) o beneficiados (por empatía o altruismo): que no demuestren ese perjuicio o beneficio en alguna acción propia no significa que este no exista.

Sobre el análisis de la intervención estatal los austriacos insisten en no medir o estimar beneficios o perjuicios, no hacer comparaciones interpersonales de utilidad y no sumar o restar beneficios y perjuicios para obtener resultados netos: según Caplan esto les impide criticar algunas intervenciones estatales claramente ineficientes porque su resultado neto sería negativo. Aquí Caplan tiene un problema serio: no explica cómo se miden y conocen los beneficios o perjuicios de la intervención estatal para evaluar su eficiencia o ineficiencia; si los austriacos no tienen noción de intensidad y sólo comparan una situación en la que todo es positivo y otra en la que algo es positivo y algo es negativo (considerando sólo a los directamente involucrados), los neoclásicos asumen con demasiada ingenuidad que pueden conocer todos los beneficios y las pérdidas y su resultado neto (y que tiene sentido esa agregación de valoraciones). Además después de haber asegurado que las utilidades son ordinales y subjetivas aquí parece que se están sumando y restando como si fueran magnitudes objetivas y cardinales (a menudo son sustituidas por algún tipo de magnitud monetaria).

Valor subjetivo

Los austriacos insisten a menudo en que el valor es subjetivo. Pero esto es compartido por los neoclásicos, quienes saben que el valor depende de los individuos y no está en las cosas en sí mismas: a veces realizan simplificaciones, como suponer que todos los individuos tienen las mismas valoraciones, igual que los austriacos recurren a simplificaciones como analizar las interacciones entre dos agentes aislados (Robinson y Viernes). Aunque los austriacos abusan a veces de la subjetividad como argumento (parece que no saben decir otra cosa o profundizar un poco), y no se fijan en que algunas preferencias son más homogéneas y estables que otras (lo que es esencial para entender la liquidez y el dinero), a mi juicio la heterogeneidad y dinamismo de las preferencias no suele estar representada de forma realista en los modelos neoclásicos.

Cálculo económico, imposibilidad del socialismo y constantes en economía

Caplan critica a Mises porque por un lado insiste en que la teoría económica sólo produce leyes cualitativas (no cuantitativas porque no hay constantes), y por otro asegura que la imposibilidad del cálculo económico es el factor clave para el fracaso del socialismo: ¿cómo sabe Mises cómo de importante o relevante es ese problema en comparación con otros como incentivos inadecuados, corrupción, economía sumergida, falta de innovación? El problema del cálculo económico sin derechos de propiedad y precios libres de mercado existe, pero sin un análisis más profundo es difícil saber cómo de grave es: de hecho bastantes economistas austriacos, incluso el propio Mises, reconocen o parecen reconocer que el problema del socialismo se agrava con la escala y la complejidad. El teorema de la imposibilidad del socialismo es cierto e importante, pero no es deducible de la mera praxeología sino que es necesario conocer detalles empíricos concretos acerca de la complejidad de los sistemas a coordinar y de los posibles mecanismos de coordinación y sus límites o problemas: es un problema que requiere algo de conocimiento sobre control cibernético y ciencias cognitivas.

Sobre las constantes en economía: ¿cómo sabe Mises que no las hay? Obviamente no mediante una deducción praxeológica. Si se trata de algo observado, ¿dónde están los datos empíricos y los análisis exhaustivos que demuestren que no hay ninguna constante? ¿Y si existieran relaciones cuantitativas complejas que no hemos sido capaces de descubrir? Aceptando que existen variaciones y cambios en las preferencias, en las capacidades y en las circunstancias de los agentes económicos, ¿cómo sabemos si son importantes o no? ¿Y si algunas variaciones resultan ser tan pequeñas que son irrelevantes?

Monopolio

Sobre la teoría del monopolio, Caplan resalta el desacuerdo entre Mises y Rothbard sobre si son posibles o no los monopolios en el mercado libre o si requieren intervención estatal. Caplan reconoce el acierto inicial de Rothbard pero asegura que la economía neoclásica, inicialmente aferrada al mal modelo de la competencia perfecta, ahora es superior en este ámbito y puede utilizar modelos de competencia imperfecta.

Bienes públicos y externalidades

Rothbard insiste en que las preferencias sólo pueden conocerse a través de acciones concretas, rechaza la idea neoclásica de los bienes públicos e interpreta las externalidades negativas como fallos en las definiciones de los derechos de propiedad, además de desconectarlas de las externalidades positivas. Sin embargo las preferencias existen aunque no se manifiesten en acciones: lo ajeno puede afectarme aunque no invada mi propiedad; la importancia económica de este hecho se refleja por ejemplo en la valoración del patrimonio inmobiliario, que depende fuertemente de la localización, del entorno de la propiedad (externalidades positivas o negativas), de lo que está fuera pero cerca y puede afectarla.

Existen ciertos bienes con características peculiares (no excluibles, no rivales) que pueden resultar difíciles de producir por un mercado libre y que pueden requerir algún tipo de gestión colectiva: en vez de rechazar la idea como absurda conviene conocerla y comprobar cómo sus problemas afectan también al gobierno. Ciertos bienes o servicios, como la defensa o el entorno común (calles, plazas) tienden a ser producidos y disfrutados de forma colectiva porque su individualización o externalización puede ser problemática (las calles son difícilmente separables) o peligrosa (los mercenarios pueden defenderte o atacarte). Los bienes públicos no justifican automáticamente al Estado, el cual puede agravar los problemas en lugar de resolverlos, pero es útil entender por qué su tratamiento es peculiar.

La teoría austriaca del ciclo económico

La parte más problemática y floja de la crítica de Caplan a los austriacos es la crítica a la teoría austriaca del ciclo económico: muchas de los comentarios que hace no son especialmente acertadas o no van a lo esencial, y al no conocer la teoría de la liquidez y el problema del descalce de plazos y riesgos no es capaz de detectar ciertos problemas graves de la teoría austriaca del ciclo económico y de sus propias críticas a la misma.

Caplan asegura que los aspectos correctos de esta teoría son los relacionados con el desempleo provocado por salarios reales excesivos y rígidos a la baja, y que la inflación es una mala respuesta a este problema. Mises y Rothbard enfatizan el intervencionismo del Estado y los sindicatos en la determinación de los salarios, mientras que otros economistas añaden otros factores: psicológicos (moral de los trabajadores, sabotajes), rigideces contractuales, o costes de negociación.

El problema es que lo esencial de la teoría austriaca del ciclo no es la explicación del desempleo sino la conexión causal entre periodos de auge insostenible y crisis subsiguientes mediante manipulaciones y distorsiones monetarias y crediticias. Caplan acepta que la política monetaria expansiva tiende a reducir los tipos de interés (al menos en el corto plazo), y que esto podría hacer que algunas inversiones, especialmente las de horizonte temporal más lejano, parezcan atractivas al cambiar el tipo de interés utilizado al descontar su valor presente. Pero los empresarios deben darse cuenta de que estas manipulaciones no son sostenibles en el tiempo, y además pueden utilizar los tipos de interés a largo plazo como guía fiable y no distorsionada, de modo que sus inversiones serán por lo general acertadas (no habrá cúmulos de errores sistemáticos).

Si el razonamiento de Caplan fuera correcto ninguna manipulación monetaria o crediticia podría distorsionar jamás la estructura de producción, ya que los empresarios pueden preverlas todas y adaptarse: las distorsiones son impotentes y los empresarios omniscientes. En la realidad la racionalidad de los agentes económicos es muy limitada (véase todo el área de la economía conductual con sus catálogos de errores, sesgos y heurísticas) y las distorsiones son múltiples y difíciles de conocer y predecir. Los empresarios reales suelen saber de lo suyo, de su sector, de tratar con clientes y proveedores (trabajadores, otras empresas, bancos); pero no suelen ser expertos en teoría monetaria, no conocen las causas de los ciclos económicos y seguramente confían en que su banco les mantendrá la financiación cuando haga falta. Algunos empresarios pueden intentar aprovechar las oscilaciones del ciclo económico para aprovecharse de otros participantes en los mercados más incautos que crean que la bolsa y la vivienda siempre suben: en los excesos crediticios también tienen culpa muchos especuladores bursátiles sin conocimiento y compradores de vivienda que se hipotecan en exceso, con malas garantías y a tipos variables. En muchas empresas hay problemas entre principal (accionistas) y agente (directivos): los directivos pueden escoger estrategias financieras arriesgadas que incrementen su compensación a corto plazo pero que pongan en peligro a la empresa a largo plazo; por otro lado los directivos pueden ser presionados por los consejos de las empresas o los accionistas para obtener resultados a corto plazo en un entorno de crecimiento y confianza generalizados que no se sabe que son insostenibles. Algunos sectores como la banca (el principal canal de transmisión de las distorsiones monetarias y crediticias) están mal supervisados y muy protegidos por el gobierno con garantías explícitas e implícitas de rescate, lo que causa un riesgo moral que les lleva a ser sistemáticamente imprudentes, confiando en la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas. Los políticos suelen preferir políticas monetarias inflacionistas permanentes que creen ilusión de prosperidad en vez de asumir la realidad de los ajustes necesarios (fracasos empresariales, paro, decrecimiento). Los tipos de interés a largo plazo no son una guía fiable porque también están distorsionados por el descalce sistemático de plazos que realiza la banca: la transformación de plazos es además considerada por los economistas neoclásicos como una función útil y esencial, lo que demuestra su desconocimiento sobre finanzas. Muchos modelos económicos neoclásicos problemáticos (VAR, CAPM) son utilizados por el sector financiero para intentar estimar los riesgos de préstamos e inversiones.

Caplan cree que la teoría austriaca del ciclo, al menos en ciertas versiones, no predice ni la caída de la producción ni el desempleo durante la crisis, ya que simplemente deberían redistribuirse entre industrias de bienes de capital e industrias de bienes de consumo: ignora que las descoordinaciones de la estructura económica pueden tardar bastante tiempo en corregirse (liquidación de empresas fallidas, ajustes de precios, formación y crecimiento de nuevas empresas), y que los problemas de endeudamiento excesivo son difíciles de arreglar e incluso pueden agravarse en entornos recesivos; es normal que durante la crisis haya recursos inutilizados en espera de poder ser aprovechados, lo cual incrementa el paro y reduce la producción.

Caplan acierta al señalar que la teoría austriaca del ciclo económico no es una explicación completa o la única posible de las crisis económicas y todos sus fenómenos o factores, pero yerra al no entender lo esencial: las distorsiones y el incremento en fragilidad del sector financiero.

Metodología, matemática y econometría

Según Caplan, Mises y Rothbard enfatizan la teoría económica sobre la historia económica, la cual sólo ilustraría la teoría pero no puede refutarla; los economistas neoclásicos combinan ambas con sensatez sin obsesionarse con un purismo metodológico. El problema principal de los austriacos más integristas es que sin evidencia empírica no pueden saber cuál o cuánta es la importancia real de los factores estudiados por la teoría: sin el complemento de observaciones del mundo las afirmaciones teóricas son verdades genéricas imprecisas. Es cierto que los detalles de la importancia cuantitativa de los factores pueden cambiar entre lugares y episodios históricos, pero esto sólo indica que el trabajo del economista es difícil, no que no deba intentarse.

Si los austriacos se oponen por principio a las matemáticas y a la econometría (y con argumentos a menudo erróneos o exagerados), Caplan las critica también, pero por razones pragmáticas: se ha abusado de ellas, son excesivamente populares entre muchos economistas y sus aportaciones efectivas han sido escasas.


Artículos previos de esta serie:

Problemas de la Escuela Austriaca de Economía (I)


Comentarios sobre el IX Congreso de Economía de la Escuela Austriaca

08/06/2016

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

En este artículo no pretendo resumir de forma sistemática ni comentar en profundidad todas las ponencias, sino solamente mencionar las ideas más acertadas y equivocadas, sugerir ampliaciones, resaltar los temas a extender en otro entorno (por ejemplo conferencias en el IJM), y criticar ciertas cuestiones formales de las presentaciones.

El nivel fue bueno en general salvo alguna excepción, pero conviene recordar que se trata de un congreso académico: no es una clase en la que se presenta un trabajo para aprobar una asignatura, debe añadirse algo de investigación original, de innovación, profundizar, no simplemente resumir lo que ya sabemos todos. Aunque el tiempo es breve, cuidado con las caricaturas y simplificaciones excesivas. Tampoco se trata de un mitin político o un púlpito de adoctrinamiento liberal en el que nos aplaudimos a nosotros mismos y estamos encantados de habernos conocido.

La organización fue excelente, pero para otro año convendría ser más selectivos en lo académico, rechazar alguna ponencia para quedarse sólo con las mejores y así incrementar la calidad, reducir la cantidad de presentaciones y ampliar algo el tiempo para cada una. A los ponentes hay que exigirles que se responsabilicen de dar una presentación de calidad: deben ensayarla antes las veces que haga falta, hacerla interesante, gestionar el tiempo (no pasarse) y el ritmo, aprender a hablar en público si no lo dominan, y sobre todo mejorar mucho en el uso de los programas de proyecciones (Powerpoint), porque muchos fueron muy malos (exceso de texto difícil de leer, conflicto entre atender al ponente o leer el texto escrito).

Elias Huber mostró que Menger no recibió influencia directa de los escolásticos españoles: lo de renombrar “Escuela Española” a la Escuela Austriaca de Economía parece tener mal futuro; a no ser que empecemos a usar Escuela Española para referirnos a la Escuela Austriaca depurada de ciertos errores graves (eliminar la reserva 100% sobre los depósitos bancarios a la vista, introducir más teoría financiera y teoría de la liquidez) y ampliada en su ámbito de estudio (no mera praxeología con pocas posibilidades de crecimiento científico, extensión de la teoría de la acción), es decir lo que estamos intentando en el Instituto Juan de Mariana.

Ricardo Manuel Rojas enfatizó la necesidad de una ciencia integral de la interacción humana (economía, derecho, instituciones): las ciencias sociales no son independientes. Existe el análisis económico del derecho (law and economics) y las instituciones (economía institucional), pero a los estudiantes se les debería enseñar nada más empezar que la ciencia económica incluye siempre algún marco jurídico, incluso en el caso del mercado libre: si el precio se forma mediante la interacción de oferta y demanda, eso implica que existen derechos de propiedad sobre los bienes o servicios que se intercambian (no hay robos o intercambios forzosos); las leyes no aparecen solamente cuando se incluyen regulaciones, impuestos, subvenciones o precios máximos o mínimos. Yo añadiría además que las ciencias sociales no son independientes de las ciencias naturales, y que el científico social que no sepa nada de ciencias naturales es básicamente un analfabeto.

Sagar Hernández Chuliá propuso la doctrina accional-subjetivista como posible fundamentación de la sociología como ciencia social analítica: luego me comentó que hace esto como crítica al enfoque sociológico estándar (Talcott Parsons) que diferencia agencia (el individuo y sus intenciones) y estructura (el entorno cultural y social y su influencia sobre el individuo). Sin embargo el estudio de la acción humana intencional y subjetiva no es patrimonio exclusivo de la Escuela Austriaca y no es incompatible con gran parte de los contenidos de la sociología, aunque muchos sociólogos saben poca economía, no entienden los mercados libres y tienden a ser políticamente colectivistas. Me pareció interesante su distinción entre ejecuciones y efectuaciones (acciones mentales como pensar para resolver un problema), pero el fijarse solamente en las acciones intencionales limita de forma innecesaria su ámbito de estudio. A mi crítica de que es necesaria una teoría más general de la acción que conecte con las ciencias naturales y que incluya no sólo la acción intencional (porque esas otras acciones, como reacciones o hábitos automáticos, también consumen recursos escasos, requieren procesamiento cognitivo y coordinación, y tienen consecuencias económicas reales), respondió que los terremotos tienen consecuencias económicas pero no los estudia la economía: es una mala respuesta, pues los terremotos no son, por lo general, resultado o ejemplo de la acción humana; hay excepciones porque los humanos pueden causar terremotos al transformar el subsuelo (minas, extracción de agua de acuíferos) y mediante manipulaciones en superficie (canteras, pantanos). La interacción entre praxeología y sociología es un asunto muy interesante a explorar más en profundidad en alguna conferencia en el IJM.

Jorge García criticó el iusnaturalismo de Rothbard y defendió un anarquismo basado en Hayek. El problema es que no hizo ninguna crítica concreta de argumentos de Rothbard más allá de la afirmación genérica y falsa de que el iusnaturalismo es irracional y no podemos usar la razón para entender el derecho: que no podamos usar solamente la razón para generar todo el derecho hasta su último detalle no significa que la razón no pueda generar, comprender, criticar y defender principios fundamentales del derecho; que imaginemos un derecho entre un par de individuos aislados (Robinson y Viernes) no significa que estos individuos no hayan recibido formación, lenguaje y cultura de una sociedad. Según Jorge Hayek no afirmó que el anarquismo fuera imposible, y defendió que tal vez fuera evolutivamente posible, pero eso no es una defensa argumentada del anarquismo, cuyos ejemplos históricos son más bien escasos y marginales. Como de costumbre al tratar estos temas se mezclan y confunden argumentaciones o justificaciones del derecho (La ética de la libertad de Rothbard) con explicaciones de cómo surge de forma histórica y evolutiva el derecho (Hayek). Es otro tema para expandir en una conferencia en el IJM.

Daniel Rodríguez Carreiro analizó el despotismo antimercado del republicanismo contemporáneo: muy interesante para desarrollarlo con más tiempo en una conferencia en el IJM (Juan Ramón Rallo ya lo ha estudiado en Contra la renta básica).

Fernando Herrera criticó a Jared Diamond por Colapso: Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Diamond enfatiza el daño al medio ambiente (el cambio climático es un tema muy de moda) e ignora casi todo lo cultural e institucional: da ejemplos de los colapsos debidos a factores ambientales pero ignora los debidos a otros problemas (Roma, URSS, hambrunas en países comunistas). Es un tema a expandir con otros autores y obras: el propio Diamond de Armas, gérmenes y acero: breve historia de la humanidad en los últimos trece mil años, Acemoglu & Robinson en Por qué fracasan los países, los pensadores que enfatizan los factores físicos y geográficos frente a quienes resaltan los culturales e institucionales de las sociedades, Lin Ostrom sobre la gestión de bienes comunales como el agua.

Esteban Pérez Medina habló sobre la ley (propiedad y contratos) como referencia para generar expectativas que permitan la coordinación social: tema interesante y bien tratado, pero un poco pasado de tiempo en su presentación.

Brecht Arnaert investigó los tipos de interés negativos y si son explicables por la praxeología y la teoría de la preferencia temporal. Analizó tres factores que intervienen en el tipo de interés: preferencia temporal, riesgo e inflación (olvidó la productividad de las posibles inversiones financiadas con deuda, que influye desde el lado de la demanda de crédito). No me quedó clara su conclusión, pero el tema es muy interesante: el tipo de interés negativo, aunque pueda parecer imposible a primera vista, es algo raro y anómalo (seguramente no se daría prácticamente nunca en un mercado libre), pero fácilmente comprensible si además del riesgo de que no te pague tu deudor (en cantidad y plazo) se incluye un riesgo de pérdidas por un poseedor de dinero (por deterioro, pérdida física, robo, costes de almacenamiento y aseguramiento), que puede reducir estas realizando un préstamo a un acreedor fiable aunque sea con un tipo de interés negativo (y así curiosamente el préstamo parece un contrato de guarda y custodia con el cobro de una comisión por la misma, lo que va a encantar a los obsesionados contra la reserva fraccionaria de la banca); además conviene considerar el marco institucional, las restricciones legales que obligan a algunos agentes financieros a tener ciertos tipos de activos (como deuda pública para fondos de pensiones, o saldos en cuentas bancarias para realizar pagos que no pueden hacerse en efectivo), sin poder tener simplemente efectivo o dinero externo en sus bolsillos, colchones o guarida del tesoro. Un préstamo a tipo de interés negativo es el mal menor en comparación con otros préstamos más arriesgados y con la dificultad o imposibilidad legal de tener grandes cantidades de dinero en efectivo.

Brian Canny criticó a David Graeber (Deuda: una historia alternativa de la economía) sobre la existencia o no del trueque y sobre la realidad del modelo del homo economicus, tema interesante que merece una exposición mucho más larga y profunda en el IJM.

Ignacio Martínez Fernández trató el tema de la reserva fraccionaria y el descalce de plazos: es necesario el análisis jurídico, el económico y el financiero, y a menudo alguno falta o se hace mal. Los cambios en los agentes financieros no son solamente entre dinero y otros activos financieros, sino en la composición relativa de los activos según tiempo y riesgo. La reserva fraccionaria no es un caso extremo del descalce de plazos porque ambos fenómenos no son equivalentes y pueden darse uno sin el otro, ninguno o los dos a la vez. Los defensores del coeficiente del 100% se llevarían una gran sorpresa cuando se produjeran ciclos por descalce de plazos y riesgos: en esta crisis económica el problema financiero principal vino de la banca en la sombra, que no tiene depósitos bancarios a la vista.

Jorge Bueso Merino intentó argumentar que la reserva fraccionaria no es una institución del libre mercado: malos argumentos y mala presentación (con nervios y sin hilo argumental). Un buen filtro académico habría rechazado este trabajo (y me temo que el responsable es Juan Ramón Rallo): no se trata de censurar temas sino de exigir calidad científica y la propagación de ciertas falacias carece de ella.

David Sanz Bas estudió si Hayek y Keynes pueden ser complementarios: me parece que hay que forzar mucho las ideas para conseguirlo; se enfatizó que la teoría de Keynes no es general sino muy particular, sólo algo válida en las recesiones profundas. El tema merece una o varias conferencias en el IJM.

José Hernández Cabrera dio unas explicaciones excesivamente simplistas, casi caricaturas, de los temas de los bienes públicos (no rivales, no excluibles) y las externalidades, como si no existieran, no fueran problemas en un mercado libre o fueran asuntos de blanco y negro.

Óscar Rodríguez Carreiro criticó a Dani Rodrik y los errores de la nueva política industrial: un tema fascinante y muy acertado para una conferencia en el IJM. Sólo se equivocó al comparar al intervencionismo con una hormiga reina que dirige a las obreras, cuando en realidad un hormiguero es un ejemplo de orden espontáneo, descentralizado, pero sin derechos de propiedad ni precios sino con señales químicas y reglas de conducta individual sencillas que producen orden colectivo emergente.

Javier Pérez Bódalo estudió el tema de la esterilización de los incapaces, que junto con otros problemas límite de la bioética sería muy interesante para una charla en el IJM, diferenciando el análisis jurídico del ético o moral y teniendo mucho cuidado para no introducir sesgos o preferencias personales.

Agustín García Inda, funcionario de cuerpo superior, criticó el Estado del bienestar. Explicó que el político no prefiere, el gestor no puede, el ciudadano no sabe, y la sociedad no ayuda. Propuso una receta 3S: suprimir, sustituir, y simplificar funciones del Estado. Es la versión menos radical y más políticamente correcta y asumible del liberalismo.

Adrià Pérez Martí estudió la educación pública y privada. A la teoría añadió un caso particular, el centro privado (La Travesía) que él mismo impulsa. Ideal para una charla en el IJM.

Gonzalo Melián trató el tema de urbanismo y política. Criticó acertadamente las intervenciones políticas, pero a veces parece que quiere enfatizarlo todo. Convendría que explicara qué características del urbanismo y las ciudades los hacen especiales: no es lo mismo diseñar y producir ciudades que ropa, alimentos o vehículos.


Problemas de la Escuela Austriaca de Economía (I)

09/05/2016

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Con este artículo comienzo una serie con la cual pretendo analizar los problemas de la Escuela Austriaca de Economía (EAE), sus debilidades, límites o errores. Para comprobar la solidez de una teoría no basta con defenderla, con intentar probarla o demostrarla con argumentos a favor o datos que la apoyen: es esencial intentar criticarla, atacarla, destruirla, romperla, ponerla a prueba, buscar sus puntos débiles, sus aspectos más flojos. La resistencia a las críticas imparciales, duras, inteligentes e informadas indica que la teoría de algún modo es sólida, consistente, resistente, correcta, verdadera, relevante, importante.

Para criticar con fundamento es necesario poder y querer hacerlo. Un análisis crítico (con el colmillo afilado) desde el conocimiento (nunca completo) y cierta simpatía (parcial, pero al menos no con antipatía) puede permitir reconocer lo valioso y válido y diferenciar lo que debe ser abandonado o revisado. Algunas críticas o ataques externos pueden deberse a desconocimiento o malicia: el conocimiento de una escuela de pensamiento a menudo se debe a pertenecer a dicha escuela, y desde un grupo puede percibirse a otros diferentes como enemigos a quienes destruir. Las críticas desde dentro pueden ser más difíciles por parcialidad, subjetividad o falta de perspectiva.

Si los problemas son reales y no se reconocen y corrigen o superan, entonces tal vez se enquisten y se vuelvan progresivamente más difíciles de extirpar. Algunos asuntos pueden ser discutibles, cuestiones de matiz o interpretación; otros pueden ser errores graves, flagrantes pifias o meteduras de pata que pueden dejar en ridículo a quienes las cometa. Las ideas erróneas, arbitrarias o absurdas, pero que se mantienen, se repiten, son creídas y defendidas con intensidad y sin actitud crítica, tal vez sean señales honestas costosas de pertenencia y lealtad a un grupo con ciertos rasgos sectarios: indican credulidad, conformidad, fanatismo, deferencia a los líderes y deseo de simpatizar con individuos y organizaciones con cierto poder (profesores, catedráticos, universidades, institutos).

Sería extraño que una escuela de pensamiento fuera perfecta, completa, intachable: el conocimiento humano es falible. Si las falacias existen y persisten es porque están bien construidas para engañar a sus portadores: su superación o eliminación requiere cierto esfuerzo y flexibilidad intelectual; es fácil ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. Una de las muestras más valiosas de integridad intelectual y científica es el reconocimiento de los errores propios: desgraciadamente es algo que no sucede a menudo, lo cual es comprensible dada la naturaleza humana con su preocupación por la reputación y el estatus.

Cuando los miembros de una escuela son incapaces de ver sus defectos tal vez no puedan o no quieran hacerlo: porque no son tan inteligentes como ellos mismos se consideran, porque están autoengañados, porque sufren de sesgos de confirmación sobre lo que creen, porque quieren defender su capital intelectual, porque disfrutan teniendo razón (o creyendo que la tienen) y sufren al descubrir errores en su pensamiento (sienten que pierden pie, que les falta apoyo), porque han aprendido una serie de consignas o dogmas que se limitan a repetir de forma poco reflexiva.

La EAE no es un grupo homogéneo de pensadores idénticos, de modo que algunos problemas seguramente no están generalizados sino que sólo son aplicables a algún subgrupo particular. Sus mayores debilidades probablemente estén en los más puristas e integristas, en los defensores de un pensador como si fuera un dios infalible o la única referencia posible: conviene tener mucho cuidado con los personajes carismáticos; ser atractivo no equivale a tener razón. Algunos problemas pueden no ser exclusivos de la EAE sino compartidos por otros grupos intelectuales, quizás de forma generalizada: reconocerlos en la EAE no implica que todos los demás sean inocentes. Algunos problemas pueden estar en lo que los austriacos defienden, mientras que otros pueden estar en lo que critican de otros, tal vez caricaturizando a quienes discrepan de ellos.

La EAE es minoritaria, no tomada muy en serio o incluso considerada pseudocientífica por algunos: tal vez sea una joya menospreciada por críticos que hablan de oídas sin entender lo que critican, tal vez la gente tiene fobia al liberalismo con el cual está estrechamente relacionada, pero también existe la posibilidad de que esté correctamente valorada en el mercado de las ideas.

Soy consciente de que algunos economistas o simpatizantes de la EAE pueden sentirse disgustados por este análisis crítico: tal vez me digan que no sé de qué estoy hablando o me recomienden que me dedique a criticar a otros. Un rasgo que detecto en muchos austriacos es su fanatismo y su tozudez, aunque es posible que se dé igualmente en otras escuelas de pensamiento. Mises tenía como lema Tu ne cede malis sed contra audentior ito (Jamás cedas ante el mal, sino combátelo con mayor audacia). Para muchos seguidores esto tal vez significa: eres un héroe que lucha valiente e incansable contra el mal; siéntete moralmente superior, no reconozcas jamás un error, no concedas nada a quien piense diferente, no transijas; tú no puedes estar equivocado porque eres lógico y partes de axiomas apodícticos irrefutables; mantén tu posición pase lo que pase, sé testarudo, terco, obstinado, cabezota; huye hacia adelante, no matices, siéntete seguro de que en tus análisis no hay nada importante que puedas haber pasado por alto; no explores los límites, defectos o problemas de tus ideas, y si los descubres no pienses en ellos, no los reconozcas como tales o no hables de ellos; si reconocieras un error parecerías poco inteligente, o menos inteligente que quien te lo ha hecho ver, y eso es inaceptable.

Algunos problemas de la EAE ya los conozco de primera mano y llevo varios años comentándolos. Por ejemplo en “Metodología de la ciencia en general y la economía en particular” en Procesos de Mercado, Vol. 6, Nº. 1, 2009, pp. 177-198. Y en “Cuestiones para economistas austriacos” y “Malas respuestas de un presunto economista austriaco”. La crítica contra la reserva fraccionaria de la banca es el error concreto más grave y vergonzoso (especialmente por la torpeza que refleja y la negativa a reconocerlo) de cierto sector de la EAE (Murray Rothbard, Jesús Huerta de Soto y seguidores), que además parece creer que lo sabe todo sobre dinero y banca; mis comentarios al respecto están en esta recopilación de artículos sobre dinero, crédito, banca y finanzas.

En estos artículos voy a aprovechar e investigar críticas ya existentes de pensadores que considero muy competentes: entre ellos Bryan Caplan, Lord Keynes (pseudónimo de un postkeynesiano), Milton Friedman, David Friedman, George Selgin y Arnold Kling. Agradeceré otras recomendaciones de los lectores. Juan Ramón Rallo ya ha ofrecido respuestas muy completas a algunos críticos (ver aquí y aquí).

Una de las críticas más conocidas a la EAE procede de Bryan Caplan, economista profesor de la George Mason University. En “Why I Am Not an Austrian Economist” (y en el artículo prácticamente idéntico “The Austrian Search for Realistic Foundations”, Southern Economic Journal 65(4), April 1999, pp. 823-838), Caplan explica por qué ya no es un economista de la EAE después de haberlo sido en el pasado: conoce la EAE en profundidad y sus ideas merecen atención. La crítica continúa en un debate con Peter Boettke (video), profesor de la misma universidad que defiende la EAE. Para Caplan los austriacos esenciales o referentes más distintivos son Ludwig von Mises y Murray Rothbard, cuyo pensamiento es casi equivalente; Friedrich Hayek sería un caso aparte.

Según Caplan los economistas austriacos han hecho contribuciones valiosas a la ciencia económica, pero han fracasado al intentar reconstruir la economía desde fundamentos diferentes de la escuela neoclásica moderna, la cual no han entendido bien; también han exagerado las diferencias entre ambas escuelas; además algunas afirmaciones típicamente austriacas son falsas o exageradas; y algunos descubrimientos de la escuela neoclásica moderna han sido ignorados por los austriacos. Estos se dedican frecuentemente a la metaeconomía (filosofía, metodología, historia del pensamiento) pero aportan escasos resultados sustantivos a la economía. Yo estoy esencialmente de acuerdo con estas afirmaciones genéricas.

En el ámbito de los fundamentos de la microeconomía, Caplan critica a los austriacos que sólo consideren o acepten preferencias estrictas que se manifiesten en la acción: insisten en que la indiferencia no puede motivar la acción, que no hay otra forma de conocer las preferencias que observar las acciones que estas motivan, y que si las preferencias no motivan una acción son económicamente irrelevantes. Los austriacos ignoran que la indiferencia puede ser parte (grande o pequeña) de una acción, y que existen preferencias que no se manifiestan en ninguna acción o inacción y que pueden resultar difíciles de conocer pero que pueden ser importantes para el bienestar de los individuos.

Se manifiesta indiferencia cuando escoges al azar, sin ninguna razón de por qué una cosa y no otra (por ejemplo que te dé igual el color blanco o azul de una camisa). No todas las elecciones son totalmente racionales en el sentido de tener una razón para todos los detalles, ni todas las elecciones manifiestan solamente preferencias: también pueden manifestar, al menos en parte, indiferencia.

Para que haya una acción intencional debe haber alguna preferencia: se escoge entre lo que se hace y todas las alternativas que no se realizan. Que sólo haya indiferencia en la acción sería raro, sería una conducta totalmente aleatoria que implicaría algún coste o consumo de recursos para no obtener ningún valor neto, no habría una mejora de la satisfacción psíquica. Pero parte del conjunto de alternativas posibles puede ser valorado por igual, y entonces la elección entre esas opciones debe ser por azar. Algunas cosas te dan igual: puedes elegir comer carne en vez de verdura pero te da igual qué tipo de carne; puedes preferir comer a no comer pero te da igual qué comer.

La acción revela preferencias, pero puede que no esté claro qué preferencias revela: si compro una camisa blanca puedo preferir una camisa blanca a una roja, o puedo preferir una camisa blanca o azul a una camisa roja, o a no comprar ninguna camisa. La acción no siempre revela preferencias estrictas, a veces hay una indiferencia que desde fuera de la mente del propio agente no es posible reconocer: pero el agente quizás sí sea consciente de qué le importa y qué es irrelevante.

La acción no revela todos los detalles de la preferencia: sólo muestro que estoy dispuesto a pagar algo por un bien, pero no si habría estado dispuesto a pagar más (siempre estaré dispuesto a pagar menos). El acto real revela parte de la información en mi mente, pero no toda la información: los agentes al negociar de forma estratégica suelen intentar mantener oculta buena parte de la información; algunas instituciones sociales sirven para intentar que las partes involucradas revelen honestamente sus preferencias (sin fingir poco o demasiado interés).

El insistir en que la indiferencia no motiva la acción no invalida el estudio de las curvas de indiferencia (la representación gráfica o funcional de combinaciones de bienes para los que la satisfacción del consumidor es idéntica). Las curvas de indiferencia son interesantes porque separan zonas del espacio de posibilidades: a un lado el agente escoge una cosa, y al otro escoge la otra. Justo en la curva se escogería al azar o el agente se quedaría bloqueado y sería incapaz de elegir; pero esta indiferencia se manifestaría entonces en la acción de elegir que no consigue llevarse a cabo (porque pensar y elegir son también acciones realizadas por el cerebro).

La relación entre acciones y preferencias es más complicada de lo que parece, y esto puede entenderse si se estudia también psicología en lugar de limitarse a la praxeología. No toda la conducta o acción humana es intencional (y no solamente los humanos son capaces de acción intencional): a veces la gente hace cosas sin saber por qué, sin planificar, de forma automática, sin ser consciente de que ha hecho algo cuando de pensarlo tal vez podría haber hecho otra cosa (reacciones, hábitos); también es posible autoengañarse sobre las motivaciones de las acciones e inventarse explicaciones que uno mismo sinceramente cree (como muestran diversos experimentos de economía conductual y neuroeconomía).

La EAE no se queda sólo en los hechos externos objetivos sino que reconoce la importancia de los fenómenos mentales subjetivos, pero su análisis de estos y su relación con la acción y el bienestar psíquico es incompleto. La gente tiene preferencias que no se manifiestan en la acción propia, y que a veces se expresan verbalmente (con la posibilidad de la mentira) como deseos de que alguien haga algo o de que ocurra algo (quiero que me hagas un favor, me gustaría que no lloviera mañana, prefiero tal forma de organización política): no se trata de preferir decir algo a otro o no decírselo, sino del contenido de la expresión del deseo o preferencia. Preferimos cosas en ámbitos que no podemos controlar (desear que llueva o no) y esas valoraciones muestran su existencia e importancia en cambios en nuestro estado de ánimo al suceder o no lo deseado: disfrutas del buen tiempo, sufres con el mal tiempo. Es posible mentir y engañar con las declaraciones verbales de preferencias, pero esto no significa que no existan, que no puedan conocerse de ninguna manera o que no sean relevantes para la ciencia económica en la medida en que esta se interesa por el bienestar humano: este no depende solamente de lo que elige y hace cada uno; también depende de lo que hacen los demás y puede afectarnos, y de cosas sobre las que apenas podemos hacer nada.

Igual que las acciones revelan preferencias de forma incompleta o imperfecta, tampoco está siempre claro qué información revela una inacción: no compras algo porque no quieres o porque no puedes (no tienes con qué pagar, o la cosa no existe aunque te gustaría que existiera, como un bien o servicio que aún nadie ofrece). La compra indica querer y poder, pero la no compra no aclara si es por no querer, por no poder o por ambas cosas (problema lógico de la negación de la conjunción).

La acción intencional suele explicarse de forma didáctica en primer lugar como la elección entre posibilidades existentes que se valoran de forma diferente (escala de valor o utilidad): las capacidades o medios están dados (son finitos, escasos) y sobre ellos operan las preferencias subjetivas (potencialmente inagotables) y la inteligencia para combinar los medios de modo que produzcan la mayor satisfacción posible. Un aspecto positivo de la escuela austriaca es el estudio de la empresarialidad como una inversión de este proceso: el empresario desea algo que quizás no existe, lo imagina, y se pregunta qué necesita, exista ya o no, para alcanzarlo: genera nuevos fines y medios. Los problemas relacionados con la empresarialidad serán analizados más adelante en esta serie de artículos.

El economista austriaco a menudo se defiende de estas críticas restringiendo el ámbito de lo que estudia: puede reconocer todos estos fenómenos relacionados con las preferencias, pero entonces argumenta que él sólo estudia la praxeología, sólo analiza formalmente la acción intencional, en la cual un agente actúa motivado por preferencias estrictas conscientes; además como praxeólogo no investiga la naturaleza de las preferencias: por qué existen, cómo se forman, por qué son unas y no otras, cómo están relacionadas las de unas personas con las de otras (todo eso sería psicología o sociología). El praxeólogo sólo conoce de forma abstracta una pequeña parte del mundo cuya importancia enfatiza y en la cual quizás se siente muy seguro, pero no es consciente de la relevancia y complejidad de lo que desconoce, e ignora que quizás las separaciones tan nítidas que propone (entre praxeología y psicología) son problemáticas: quizás no debería sorprenderse por que el resto del mundo no lo entienda o valore.


Escuela austriaca, ciencia, filosofía y teología

10/03/2015

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La escuela austriaca de economía (o al menos algunos de sus miembros) tiene ciertos problemas de falta de fundamentación o conexión con otras ciencias naturales y humanas, y de apoyo en ideas filosóficas o teológicas erróneas.

La escuela austriaca se basa en el axioma de acción intencional, y construye y desarrolla su teoría praxeológica mediante inferencias deductivas e hipótesis auxiliares. También enfatiza el carácter empresarial, creativo e innovador de los seres humanos, y la posibilidad e importancia de los órdenes espontáneos que emergen de forma evolutiva sin necesidad ni posibilidad de planificación o diseño.

La acción intencional y la racionalidad se valoran como lo esencial y distintivo de la naturaleza humana, ignorando que otros animales también actúan intencionalmente, que todos los seres vivos procesan información y toman decisiones mediante algún sistema de control cibernético, y que hay otros fenómenos importantes peculiares a los humanos (emociones, sentimientos morales, lenguaje, consciencia, imaginación, pensamiento simbólico, recursivo y analógico).

La acción no intencional (reacciones, hábitos) no se estudia o incluso se desprecia como algo irrelevante o no interesante, como si no fuera algo relevante para la economía, como si no tuviera costes y consecuencias o estos no importaran. El praxeólogo tiene una visión restringida y limitada de la ciencia económica, y esto empobrece y dificulta su comprensión de la realidad individual y social.

Parece que algunos economistas austriacos (o tal vez aspirantes a ello) tienen un sesgo que les lleva a estudiar sólo ciertas cosas que pueden entender con facilidad y sin mucho esfuerzo, que no les obligan a salir de su zona de confort, y que les permiten realizar rotundamente afirmaciones categóricamente ciertas (deducciones a partir de axiomas tautológicos irrefutables) sin notar que son muy imprecisas o vagas. Además muchos creen ser muy hábiles con la lógica cuando en realidad su nivel al respecto es bajo y sus argumentaciones son endebles y fácilmente criticables.

La acción intencional es considerada por algunos como un fenómeno o presupuesto irreductible: no sólo no es necesario investigar sus fundamentos, sino que además es imposible porque presuntamente la mente humana no puede comprenderse a sí misma; las ciencias naturales no tienen nada interesante que decir al respecto (y esto puede afirmarse sin tener conocimientos de ciencias naturales).

La falta de conexión con las ciencias físicas y biológicas y con otras ciencias humanas como la psicología puede deberse a falta de capacidad o voluntad: hay cosas difíciles de aprender (para la gente de letras la ciencia es difícil) o simplemente no interesan (los gustos son subjetivos, uno prefiere enfatizar los argumentos para los cuales tiene un cierto capital intelectual, o es mejor ignorar ideas con consecuencias incómodas o incompatibles con otras creencias).

Esta desconexión puede tener consecuencias nocivas, como intentar fundamentar la praxeología con ideas erróneas, absurdas o falaces que dañan la reputación de la escuela austriaca como ciencia económica. Ciertos errores podrían evitarse con una actitud menos autista y sectaria y más abierta a otros ámbitos del conocimiento.

Algunos pensadores recurren a la filosofía, la teología o la religión como posibles fundamentaciones de la escuela austriaca. La conexión teológica puede hacer a la escuela austriaca más popular entre los creyentes religiosos, pero al precio de destruir su fundamentación científica.

Los problemas con los fundamentos se revelan al tratar el problemático y generalmente mal entendido fenómeno del libre albedrío como si fuera generado por un alma inmaterial. Además se entremezcla el ámbito psicológico o económico con la noción de libertad como ausencia de agresión y respeto al derecho de propiedad (ámbito moral, ético o jurídico). Se confunden la capacidad psicológica, cognitiva y emocional del individuo para decidir, con las circunstancias sociales, jurídicas o políticas de presencia o ausencia de coacción. Parece que sólo podemos justificar ser libres para elegir si previamente somos libres para elegir.

La empresarialidad y la creatividad también pueden tratarse de forma romántica, épica o lírica, o considerarse como algo no natural que requiere algo más, tal vez místico o mágico, quizás una intervención sobrenatural no accesible a la explicación científica.

En lugar de tener curiosidad e interés por aprender, algunos se ofenden cuando la ciencia les demuestra que están equivocados. Resulta fascinante observar a personas sin apenas formación ni experiencia científica (juristas, por ejemplo) criticando a otros que tal vez sí la tengan de cientificistas (o cientistas, o cientifistas) o positivistas: los abusos o errores del método científico son posibles, y las críticas pueden ser acertadas, pero conviene que las haga alguien con cierto nivel de conocimiento y preparación y sin alergia a la ciencia.

El positivismo surge como sana reacción realista y crítica contra el moralismo religioso y las metafísicas de inspiración teológica o sobrenatural, con escaso o nulo contenido empírico, sin observaciones ni datos, cargadas de lastres ontológicos y epistémicos como el principio de autoridad de las escrituras y los sabios del pasado, el creacionismo, las jerarquías y categorías estáticas e inmutables del ser, los seres necesarios o dioses como creadores y soporte de la realidad contingente, o la obtención de conocimiento mediante revelación divina.

La teología es el intento fallido de racionalizar y solemnizar los absurdos de la fe religiosa (creaciones, milagros, trinidades, virginidades, ascensiones, revelaciones, resurrecciones) sin reconocer que son absurdos: son funcionales en parte porque son falaces, engañosos, arbitrarios, y pueden servir como señales dogmáticas para identificar y cohesionar individuos en grupos poderosos.

La teología fuerza la racionalidad para que diga lo que la fe quiere oír: es proyección de sesgos y abuso de intuiciones (de patronicidad, intencionalidad o comunicación, o sea ver patrones, intenciones o significado donde no los hay). Es humillarse ante un presunto misterio omnipotente e inaccesible en lugar de aceptar que la realidad natural es todo lo que hay y que la muerte es definitiva e irreversible. Es como tomarse un chiste en serio e intentar entenderlo, probablemente por falta de sentido del humor, sin darse cuenta de que es una broma.

Las mentes humanas surgen de la evolución biológica y cultural en un entorno social: la mente se construye en interacción con otras mentes. Una sola mente individual no puede representarse completamente a sí misma, igual que una imagen finita no puede contenerse a sí misma sin simplificaciones: pero la comunidad de mentes científicas sí puede entender, progresivamente con mayor detalle, qué es y qué hace la mente humana, por qué existe, para qué sirve y cómo funciona.

El ser humano es especial, pero no tan especial como para violar o superar las leyes naturales. El libre albedrío como capacidad de elegir entre alternativas no tiene nada de misterioso, mágico o sobrenatural: el cerebro es una máquina cibernética cuya función es obtener y procesar información, conocer y reconocer la realidad, imaginar posibilidades y elegir entre alternativas para así dirigir o controlar la conducta del organismo; funciona según leyes físicas, químicas y neurológicas deterministas (con posibles dosis de aleatoriedad o indeterminismo) sin necesidad de invocar almas o espíritus directores. Los individuos pueden tomar decisiones diferentes porque son diferentes o su estado interno es distinto, o porque las circunstancias externas de la elección no son las mismas.

Que el cerebro sea una máquina determinista no quiere decir que sea predecible o controlable en detalle, pero esto se debe a su complejidad y a la del entorno. Tampoco significa que sea una máquina inmutable, que no puede transformarse, aprender, cambiar de opinión o de preferencias: es un sistema adaptativo que puede evolucionar, modificarse a sí mismo y cambiar sus algoritmos de funcionamiento.

El orden complejo de la realidad natural emerge espontáneamente de forma evolutiva y autoconsistente sin necesidad de entidades sobrenaturales que lo creen o mantengan. El socialismo es imposible porque no existen, ni pueden existir, líderes omniscientes, omnipotentes y benevolentes que generen y sostengan el orden social. El creacionismo es imposible por el mismo motivo.

Un individuo inseguro o ignorante puede reclamar un dictador benevolente que imponga el orden en la sociedad: también puede inventar o creer en un agente divino para explicar el orden universal. No hay gobernantes capaces de generar de forma centralizada órdenes armoniosos mediante la imposición coactiva de leyes prescriptivas; no hay dioses responsables de garantizar las regularidades naturales expresadas mediante leyes descriptivas.


Malas respuestas de un presunto economista austriaco

22/12/2014

Fernando Herrera cree que mis preguntas no son relevantes para economistas austriacos, y que en realidad no tienen nada que ver con la economía: él se considera economista austriaco, y quizás esto refleja por qué tan poca gente hace caso a los economistas austriacos; o al menos a los que son como él.

Toda pregunta se puede hacer a quienquiera: pero por su especialización algunas preguntas, y sus respuestas, tienen más sentido para ciertos profesionales que para otros. Cuando un individuo no contesta a una pregunta, puede ser que no la haya recibido, que no le interese responder, o que no conozca la respuesta. Si no conoce la respuesta y lo reconoce, al menos sabe que no sabe, y las preguntas pueden serle muy útiles, sobre todo si creía que sabía. Tal vez no esté seguro de si conoce o no la respuesta e intente averiguarlo aventurando alguna contestación. Si no conoce la respuesta pero no quiere reconocerlo puede pretender que no contesta porque no le parece interesante o porque no ha recibido la pregunta. No haber recibido la pregunta puede reflejar estar mal comunicado. Reconocer que no le interesa informa acerca de sus preferencias. Asegurar que una pregunta es irrelevante para una determinada clase de personas implica conocer lo esencial de esa clase: tal vez el desconocimiento de la persona no se limita a las respuestas a las preguntas, y no sabe distinguir un astrofísico, un ingeniero de minas, un músico profesional y un economista.

Cree Fernando que lo primero que yo debería entender es “hasta dónde llega el ámbito de la teoría económica. Los teóricos economistas nos conformamos con entender y explicar los fenómenos económicos: valor, precio, salario, tipo de interés… No es nuestra ambición explicar las conductas de los seres humanos, ni lo que les mueve a hacer una cosa u otra.”

Tal vez no está tan claro hasta dónde llega ese ámbito, y lo que para unos es teoría económica no lo es para otros: las palabras son etiquetas a las cuales los hablantes otorgan significados que quizás no están completamente claros ni son totalmente compartidos.

Aunque uno sea un téorico economista (que no sé si es lo mismo que un economista teórico) tal vez no debería hablar en primera persona del plural en nombre de todos. Ni tampoco mezclar libremente la teoría económica con la economía austriaca como si fueran lo mismo.

Si uno acaba una lista de fenómenos económicos con puntos suspensivos, no queda claro cuántos faltan, si se trata de unos ejemplos ilustrativos o si la lista pretende ser más exhaustiva. No aparecen términos como acción, elección (decisión, selección), coste, riesgo, incertidumbre, y muchos otros.

Dados esos fenómenos económicos: ¿con qué se entienden y explican?; porque entender y explicar implica relacionar con otras cosas, integrar en un modelo teórico previo.

Tal vez lo que quiere decir Fernando es que el economista teórico (al menos según lo entiende él) no quiere explicar las conductas concretas, específicas, de los seres humanos, por qué en unas circunstancias hacen una cosa y en otras circunstancias algo distinto, o por qué unos hacen una cosa y otros hacen otra en las mismas circunstancias. Eso lo dejan para los ámbitos que ellos llaman historia o psicología. Tal vez por eso la economía teórica dice tantas generalidades, concreta tan poco y se acaba tan rápido.

Ludwig von Mises, claro representante de la escuela austriaca, escribió “La acción humana”, que es una obra que en realidad trata sobre la acción intencional. Pero según Fernando “que la acción sea intencional es irrelevante para el economista”, luego Mises no era economista. Por si no estuviera claro, insiste: “El preguntante asume que los economistas austriacos asumen que la acción humana es intencional, cuando tal asunción no es necesaria; así que es su asunción la errónea.” Si la asunción de intencionalidad no es necesaria hay muchas páginas de “La acción humana” que sobran o al menos cuesta explicar para qué están ahí. Y no es sólo Mises: muchos economistas austriacos, según mi experiencia personal, comienzan a hablar de muchos temas describiendo cómo el ser humano actúa para perseguir objetivos valiosos, es decir intencionalmente.

Según Fernando me corresponde corresponde “explicar de qué forma quedaría alterada la teoría económica si la acción fuera no intencional en vez de intencional”. Es algo que voy haciendo progresivamente en diversos artículos y seminarios, pero que espero no tener que hacer yo solo de forma indefinida. Él no parece muy interesado en la tarea.

Sigue Fernando: “hasta donde alcanzo, la evidencia empírica es abrumadora al respecto de la ausencia de fenómenos económicos visibles en el ámbito animal”. Esto es informativo, pero no de los animales y la economía, sino de su corto alcance en este ámbito. No sólo los animales sino absolutamente todos los seres vivos son agentes económicos: consumen recursos escasos, asumen riesgos, eligen, cooperan y compiten, a menudo intercambian, etc.

Acierta Fernando al asegurar las ciencias sociales “no tratan solo de lo que la gente cree o piensa, sino principalmente de hechos objetivos”. Pero algunos austriacos o no lo ven así, o se expresan mal y parece que sólo se interesan por los fenómenos subjetivos en la mente de los agentes.

Sobre las constancias y la economía, según Fernando “como es sabido, la razón por la que no se puede aplicar el método científico en las ciencias sociales, en particular en la teoría económica, es que no se puede asumir la constancia en el tiempo de las relaciones entre las variables independientes y las explicativas”.

Bastantes economistas parece que no “saben” esto, y tal vez por eso asumen en sus modelos ciertas constancias e intentan probar dichos modelos. Fernando no contesta por qué no se puede asumir esa constancia de las relaciones entre variables: ¿se conocen esas relaciones y se sabe que no son constantes? Y aunque esas relaciones no fueran constantes, ¿cómo de importantes son los cambios? ¿Y si resulta que la constancia es una buena primera aproximación? El economista, contra lo que asegura Fernando, sí se plantea si asumir constancias o no. Y no descarta el método científico sino que trabaja con él y con sus limitaciones.

El hecho de que las preferencias del individuo varíen (más correcto, que puedan cambiar) no significa que no pueda haber ciertas relaciones estables entre fenómenos. Esas relaciones podrían tener en cuenta esas preferencias, pero el economista austriaco parece renunciar a conocer dichas preferencias. O las variaciones de un individuo podrían compensarse con las variaciones contrarias de otros individuos y así los cambios se cancelarían estadísticamente.

Según Fernando confundo ciencias sociales con ciencias humanas, pero él no explica la diferencia. Según él la medicina es científica (“es una disciplina sujeta al método científico”) pero la economía… ¿no? Sobre el cuerpo humano asegura que “es esencialmente inanimado y cuyo funcionamiento responde a leyes físicas, químicas y biológicas, no económicas”. Así que el cuerpo humano es esencialmente inanimado, y sin embargo funciona. Tal vez no imagina que las leyes económicas son un subconjunto o consecuencia de las leyes biológicas, las cuales a su vez son resultado de las leyes físicas y químicas. Tal vez ignora los muchos agentes que constituyen el cuerpo humano que obedecen leyes económicas. La biología no es lo suyo.

Fernando asegura que la teoría económica sólo predice si nada más cambia, es decir nunca. Entonces sería necesario explicar qué utilidad tiene la teoría económica: porque el conocimiento suele existir por su utilidad para conocer el mundo y decidir qué hacer, para lo cual suele ser necesario predecir algo.

Sigue: “La crítica de la intensidad y la irrelevancia se puede extender a cualquier disciplina científica imaginable”. La física y la química tienen nociones de intensidad extremadamente precisas y cuantificadas. Otras ciencias hacen lo que pueden para medir y cuantificar y no decir solamente más que o menos que, crecer o decrecer. Respecto a la relevancia, Fernando cree que se trata de algo meramente subjetivo, de lo que interese al individuo. Pero la ciencia es objetiva e investiga qué factores son importantes, relevantes, y cuáles se pueden descartar, sin importar las preferencias o intereses del científico: la masa resulta ser importante para la gravitación; el color del objeto es irrelevante; las preferencias del observador y el teórico, también.

Fernando anda tan confundido que asegura que para el científico económico son interesantes “la viabilidad y legalidad de la banca de reserva fraccionaria”: la viabilidad, tal vez, pero ¿la legalidad?; ¿es que los juristas o los filósofos morales no tienen derecho a que se respete su ámbito de especialización?

Fernando: “No creo que a Newton le preocupará [sic] mucho el número de manzanas que iban a caer en el mundo cuando decidió investigar la razón por la que caía [sic] al suelo”. Pero a Newton sí le interesaba mucho la dependencia funcional de la fuerza con masas y distancia, y no decía solamente cuándo sería mayor o menor: incluso incluyó una constante de acoplamiento que puede medirse.

Insiste en que “el papel del teórico económico no consiste en preguntarse si sus teorías son relevantes o no, o con qué intensidad aplican en un momento dado. Lo único que pretende es, una vez más, explicar un fenómeno económico observado”. El problema es que los fenómenos observados se observan con datos históricos concretos, y un modelo teórico sin noción de intensidad y sin ninguna cuantificación puede parecer que se ajusta a los datos cuando en realidad lo que pasa es que se interpreta con excesiva libertad.

Mis preguntas no han sacado a Fernando Herrera de su zona de confort: seguramente se trata de sesgo de confirmación. Sin embargo según él es que no eran preguntas incisivas o la mayoría ya estaban resueltas: hay unos dogmas en el credo del culto a la ortodoxia austriaca de los cuales no hay que salirse bajo pena de excomunión.


Cuestiones para economistas austriacos

08/12/2014

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

¿Acción humana es sinónimo de acción intencional? ¿Crees que acción debe significar acción intencional? ¿El ser humano sólo actúa intencionalmente? ¿No tiene reacciones o hábitos no intencionales, sin propósito deliberado, sin planificación? ¿Cómo de importante es la acción intencional en comparación con la no intencional? Si la acción intencional tiene resultados accidentales no previstos o no deseados, ¿cómo de importantes son estos en comparación con los objetivos previstos conseguidos?

¿Crees que lo no intencional es aleatorio? ¿La conducta no intencional no implica algún tipo de procesamiento de información y toma de decisiones? ¿No consume recursos escasos que podrían ser asignados a otras acciones? ¿No tiene costes y riesgos? ¿No tiene consecuencias o resultados en el mundo real? ¿No será que no estudias la acción no intencional porque no sabes cómo hacerlo o porque por algún motivo la desprecias? ¿Estudias la acción intencional como único modelo de la acción humana porque la comprendes fácilmente, igual que quien busca las llaves donde hay luz en lugar de hacerlo donde se han perdido? ¿Es fácil distinguir y clasificar una acción concreta como intencional o no intencional?

¿Sólo actúa el ser humano? ¿Crees que llamando conducta o comportamiento a lo que hacen los animales estás haciendo una distinción relevante? ¿Son sinónimos acción, conducta, comportamiento? ¿Sólo el ser humano actúa intencionalmente? ¿Ningún animal tiene conducta intencional? ¿Los animales no eligen? ¿Cuánto sabes, por estudio o por observación personal, de la conducta animal? ¿Por qué limitar el análisis económico al ser humano y a las acciones intencionales, con propósitos y planes? ¿No hay economía de los seres vivos no humanos? ¿Los organismos no actúan, y sus acciones no tienen consecuencias, costes y riesgos?

¿Todo lo que sabes sobre las preferencias es que son subjetivas? ¿Quizás también que son relativas y dinámicas? ¿Por qué existen las preferencias o valoraciones, de dónde vienen, por qué son las que son y no otras? ¿Son arbitrarias o aleatorias? ¿Son todas igualmente dependientes del sujeto y cambiantes? ¿Lo único interesante para el economista es saber que las preferencias se utilizan para elegir qué hacer? ¿No hay acciones que no sólo se basan en preferencias sino que tienen como objetivo construir o modificar preferencias? ¿La psicología y la economía son ciencias mutuamente excluyentes?

¿Crees que la naturaleza humana queda descrita de forma correcta y completa con la idea de acción intencional? ¿No hay otros rasgos importantes característicos de los seres humanos que los diferencian de otras entidades?

¿Es la intencionalidad una especie de misterio sobrenatural inexplicable? ¿Viola la intencionalidad las leyes de la física porque el futuro causa el presente? ¿Es posible explicar la intencionalidad mediante conceptos de física, biología, cibernética, cognición, psicología y evolución? ¿Son compatibles la intencionalidad y el determinismo? ¿Qué es y cómo funciona el libre albedrío? ¿Sabes qué es y qué implican el determinismo y el indeterminismo? ¿No te interesa investigar y conocer cómo funciona la máquina que realiza las tareas de pensamiento, valoración, elección, planificación, toma de decisiones? ¿Por qué, al hablar de ciencias naturales, algunos pensadores parecen referirse exclusivamente a la física y tal vez a otras ciencias de la naturaleza inerte? ¿No saben que existe la biología?

¿Te gustan las teorías o esquemas de pensamiento en las cuales puedes tener certezas absolutas, o al menos una gran sensación de seguridad? ¿Te incomodan los matices, las dudas, los problemas, los límites de la teoría, la posibilidad de equivocarte? ¿Prefieres decir cosas verdaderas aunque sean muy genéricas y poco concretas y aplicables? ¿Crees que sólo pensando, sin observar ni manipular el mundo, puedes conocer mucho acerca de la realidad? ¿Cuánto? ¿Eres consciente de que quizás en tu teoría praxeológica faltan las nociones de intensidad y relevancia? ¿Qué pasa si lo que dices es verdadero pero impreciso? ¿Y si se trata de verdades irrelevantes?

¿Crees que los seres humanos comprenden cómo actúan los seres humanos porque son seres humanos? ¿Entonces las partículas fundamentales entienden a otras partículas fundamentales porque son partículas fundamentales?

¿Es posible e interesante estudiar científicamente los errores y limitaciones de la acción y la toma de decisiones?

¿Puedes proporcionar alguna cita, referencia o pensador donde se afirme que la intencionalidad o la teleología no existen o no son aplicables a nada? ¿Te conformas con asumir como axioma que existe la acción intencional y te sientes orgulloso de poder demostrarlo lógicamente recurriendo a contradicciones performativas? ¿Intentas interpretar cualquier acción como intencional y si no encaja simplemente la ignoras?

¿Los hechos de las ciencias sociales son exclusivamente lo que la gente cree o piensa? ¿Las ciencias sociales sólo tratan con el interior de la mente humana y no con hechos externos objetivos?

¿Tu rechazo de las matemáticas en la economía tiene algo que ver con que seas de letras y no sepas matemáticas y te sientas incómodo con los números, las fórmulas y las estadísticas? ¿O es un mantra que repites como señal de identificación y pertenencia a un grupo? ¿Conoces los modelos matemáticos que criticas?

¿Tus ideas sobre economía pueden estar distorsionadas por tu ideología política o moral?

¿Cómo sabes que en el ámbito de la acción humana no hay constancias? ¿Es algo a priori o ex ante? ¿Es una afirmación apodíctica o hipotética? ¿Lo has observado o tal vez medido de algún modo? ¿Cómo de importantes, intensos o rápidos son los cambios? ¿Y si las desviaciones de la constancia son tan pequeñas que pueden despreciarse, al menos en una primera aproximación? ¿Estás seguro de que los eventos históricos son esencialmente irrepetibles, de modo que todos sus detalles son relevantes y la historia no puede utilizarse para apoyar o refutar ninguna teoría económica?

¿El conocimiento científico en economía no sirve para predecir nada en absoluto con ningún nivel de precisión y seguridad? ¿Y si los individuos son impredecibles individualmente pero predecibles estadísticamente? ¿Es lo mismo afirmar la no existencia de regularidades que reconocer que puede ser muy difícil conocer esas regularidades? ¿Hay constancias en otras ciencias humanas como la medicina? Si ciertas industrias, como la del seguro, utilizan de forma fiable estadísticas sobre cosas que a la gente le pasan, ¿no será posible emplear también datos estadísticos sobre lo que la gente hace? Cuanto más conozcamos de un individuo y sus circunstancias, ¿no podremos predecir y controlar mejor su conducta?

¿Sólo los individuos escogen y actúan? ¿Qué es un individuo? ¿Dónde y cuándo empieza y acaba un individuo? ¿La noción de individualidad quiere decir indivisibilidad? ¿El ser humano es indivisible? ¿El cerebro, como órgano director de la acción y encargado del procesamiento de la información y de la toma de decisiones, no tiene partes? ¿Y si el cerebro es en realidad un colectivo complejo, una sociedad de agentes que cooperan y compiten de forma parcialmente coordinada? Si una sociedad de agentes como el cerebro humano puede considerarse como un individuo con propósitos, planes, intereses, pensamientos, creencias, preferencias, ¿qué características pueden o deben tener otros colectivos para considerarse como unidades de acción, es decir agentes?

¿Sólo hay procesos de coordinación en las sociedades y mercados humanos? ¿No en los colectivos animales? Si es posible explicar fenómenos de la sociedad humana y el mercado a partir de acciones individuales, ¿no será también posible explicar al individuo a partir de sus constituyentes, su organización interna y sus interacciones con el entorno?

¿Son todos los seres humanos creativos, innovadores, empresariales? ¿Cómo es de importante la innovación en comparación con la copia, la imitación y la repetición? ¿Es el emprendedor un héroe, un personaje épico?

El espacio de posibilidades de la cultura es gigantesco, pero ¿son todas las diferencias entre ideas igualmente relevantes?

¿Crees que las palabras tienen significados claros, precisos, objetivos, y que reflejan esencias conceptuales inmutables? ¿Entiendes el lenguaje, su evolución y sus limitaciones?

¿Mencionas a menudo la evolución y la complejidad pero en realidad no sabes muy bien en qué consisten?

¿Sabes diferenciar una necesidad de una posibilidad? ¿Te conformas con decir que las cosas son seguras, imposibles o posibles, o intentas estimar probabilidades?

¿La lógica es solamente deducir teoremas a partir de axiomas o tiene también que vez con la consistencia, la coherencia, la no contradicción?

¿Sólo defiendes tus ideas e intentas confirmarlas o las criticas y atacas para comprobar su solidez y consistencia?

¿Estas preguntas te incomodan? ¿Te refuerzan en tus creencias y prejuicios? ¿O tal vez te incitan a salir de tu zona de confort, cuestionarlo todo, corregir errores y aprender algo nuevo?