Estado (minarquista) frente a anarcocapitalismo (conferencia IJM)

19/04/2017

Estado (minarquista) frente a anarcocapitalismo (video de conferencia en el Instituto Juan de Mariana)

Entrevista sobre Estado (minarquista) frente a anarcocapitalismo

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Más sobre Eladio García, la epistemología y el minarquismo

28/10/2016

Eladio García ha hecho un esfuerzo notable para continuar nuestro debate sobre epistemología y minarquismo. Sólo comento fragmentos sueltos problemáticos.

Existen dos métodos esenciales para entender todas las ciencias, también la sociología.

Los métodos epistémicos, deductivo o inductivo, racional o empírico, no son esencialmente para entender las ciencias: son los que las ciencias usan para entender la realidad. Pero supongo que Eladio quiere decir que esos dos métodos son los que hay que conocer para entender qué es lo que hacen las ciencias y cómo lo hacen (con uno de esos métodos, o con ambos).

El método deductivo es más apropiado para el estudio de la sociedad, y […] el método inductivo lo es para el estudio de la física o la biología.

Primero, la contraposición no es del todo correcta, porque lo austriaco es apriorístico apodíctico deductivo sin noción de cantidad o intensidad y sin apenas observación, mientras que el método científico más comúnmente aceptado, sobre todo en ciencias naturales, es hipotético deductivo con contrastación empírica, con posible uso creativo de la inducción para la generación de hipótesis. Segundo, ¿cómo se ha decidido cuál es más apropiado?

Lo único que yo digo es que la minarquía es relativamente superior al anarquismo (en cualquiera de sus formas) y que ello queda suficientemente demostrado desde el primer momento, cuando aplicamos los axiomas básicos al estudio de la sociedad.

¿Dónde está la demostración suficiente? Tal vez considera que la da en el resto del artículo.

Eladio acepta que no hay que “descartar el papel que juegan los experimentos fácticos como medida de confirmación de las evidencias apodícticas (axiomáticas)”. Pero un purista austriaco sabe que las evidencias apodícticas, por definición, no requieren de ninguna confirmación, y además su refutación es imposible.

Uno de los principios apodícticos que utilizo es el dualismo metodológico.

O sea que hemos pasado de utilizar el término apodíctico como característico del método de las ciencias humanas a considerar que el dualismo metodológico es un principio apodíctico. Esta es una de esas expresiones que digo que hay que revisar con cuidado.

La constatación ontológica de que la realidad está compuesta en cualquier caso por dos tipos de fenómenos: complejos y simples.

Vemos aquí algo con un componente de verdad interesante, pero que no menciona que hay grados de complejidad, y que los fenómenos de la realidad pueden clasificarse de otras maneras, como efímeros y duraderos, grandes y pequeños, blancos y no blancos, etc.

Los presupuestos axiomáticos pueden conducirnos a entender que la minarquía es un correlato lógico de dichos principios, y la forma de gobierno que mejor se ajusta a los mismos.

¿Pueden conducirnos o necesariamente nos conducen? ¿De qué principios estamos hablando?

Tenga el tamaño que tenga, siempre hará falta algún ente general de gobierno para poder atender a todos los aspectos de la realidad, y a los dos tipos de hechos por los que queda constituida la misma. Y como eso es un principio ontológico, que no se puede negar de ninguna de las maneras, como la realidad está compuesta de hechos simples y complejos, y como la minarquía es el único sistema que atiende por igual a ambos dos, consciente de la importancia del orden espontáneo y las necesidades subjetivas (fenómenos complejos y diversos) pero también de esos principios e instituciones generales (fenómenos simples y unívocos) que ponen su atención en todas aquellas cualidades que facilitan las condiciones necesarias para que exista libertad y para que la sociedad se ordene de forma espontánea, como todo eso es así, podemos afirmar sin ninguna duda que la minarquía es la única forma de gobierno que optimiza ese conocimiento y esas capacidades, y que es al fin y al cabo la principal implicación sociológica que podemos deducir de tales principios.

Que sea necesaria la gobernanza (función del gobierno, de la coordinación, del control) no implica necesariamente que deba existir un gobierno: podría haber coordinación espontánea descentralizada.

Parece que para Eladio el gobierno mínimo es el fenómeno simple y unívoco que permite que existan fenómenos complejos y diversos como las preferencias subjetivas y los órdenes espontáneos: ese gobierno sería la condición necesaria de existencia del resto de las cosas; no puede no haber gobierno ni tener varios gobiernos. El problema es que no ha demostrado que la única respuesta posible sea un gobierno central mínimo, simplemente ha afirmado que es así: debería explicar por qué las otras cosas no pueden existir sin gobierno central o con múltiples gobiernos para funciones independientes; tal vez pueda hacerse si estudia por qué esas cosas se autodestruyen (inconsistencia interna) o son destruidas por agentes externos (inconsistencia externa) en ausencia de ese gobierno central (algo parecido estoy intentando hacer al analizar el problema de la defensa común). Para conseguir eso no basta el método deductivo (aunque muchos ingenuos anarcocapitalistas creen que sí, sólo que deducen lo contrario de Eladio, lo que es curioso si se considera que la lógica es universal y ambos lados creen ser perfectamente lógicos). Eladio insiste en que con la deducción basta para demostrar lo que quiere conseguir, pero no concreta cuáles son los problemas reales, quizás porque entonces no le valdría la deducción.

Otro problema es que el gobierno no es simple mientras que las preferencias subjetivas son complejas: lo que es el gobierno es central, común, estable, mientras que las preferencias subjetivas son individuales, particulares y variables.

Aunque ambos métodos valen para estudiar las sociedades […], cada uno de ellos aporta distinta información y nos provee de distintas capacidades intelectuales.

Eladio acepta los dos métodos en el ámbito de las ciencias sociales, con lo que sensatamente se aleja del postulado de que sólo lo deductivo vale para las ciencias sociales. Pero trata a la deducción como lo más importante y la ciencia como algo complementario: primero el pensamiento lógico, luego la observación.

Nadie negará que la epistemología es una materia fundamental, que necesariamente determina todo lo demás.

La epistemología sólo estudia cómo conocemos la realidad, pero no es el conocimiento de la realidad ni determina la realidad (puede haber realidad sin epistemología): no basta con conocer las reglas del juego de la ciencia y la filosofía para saber jugar a la ciencia y a la filosofía.

Ellos también dicen que los axiomas solo sirven en determinados casos, aplicados a la economía, y siempre y cuando tengamos en cuenta que pueden ser refutados en el futuro, si se demostrase que son falsos. Lo que no acaban de entender es que existen algunos principios que apelan a las cualidades más básicas del Ser y que nunca pueden ser refutados, pues ello nos llevaría a negar la propia existencia de todo, y entonces ya no habría nada que replantear o cuestionar. En realidad, están desnaturalizando el propio significado del axioma, y están mezclando ambas metodologías, como si los apriorismos, que son de suyo evidencias irrefutables, pudieran someterse igualmente al escrutinio y el escalpelo del científico.

Yo no digo que los axiomas apodícticos como el de acción humana dejen de valer en algunos casos, sino que son descripciones incompletas e imprecisas de la realidad, lo que ignoran muchos de sus defensores.

Lo de las cualidades básicas del ser es ontología, que es un campo peligroso por lo engañoso que puede ser: igual te dice que dos objetos o cosas no pueden estar en el mismo sitio al mismo tiempo (intuición macro pervertida en axioma) y te niega la existencia del fotón y de todas las partículas con spin entero; igual te dice que la velocidad es proporcional a la fuerza aplicada; igual te niega la mecánica cuántica o la relativista porque no parecen lógicas. Algunas cosas que parecían evidencias irrefutables han resultado no ser evidencias y ser refutables.

El Estado cumple la función de garante máximo de aquellos principios que previamente ha validado la filosofía.

Tal vez la filosofía no los haya validado bien; tal vez no haya acuerdo entre los filósofos sobre cuáles son esos principios; tal vez tal y como está definido el Estado es imposible o innecesario.

El individualismo metodológico apela a un único principio básico, el hecho de que todos los existentes son individuos.

Entonces los grupos no existen, o deben considerarse también individuos; y las sustancias no individualizables, continuas y no discretas, tampoco existen. ¿El individuo es la cuerda, la partícula elemental, el núcleo atómico, el átomo, la molécula, el orgánulo, la célula, el órgano, o qué?

Al hablar de individuo y entorno ya no se está haciendo sólo filosofía, se está haciendo ciencia de sistemas.

El Estado tiene una función importantísima, la de estipular un marco general de regulación, haciendo que todo el colectivo se atenga a las normas que garantizan esos derechos individuales.

¿Y cuáles son esas normas? ¿El Estado garantiza de tal modo que esos derechos nunca se violan? ¿Cuál es la extensión del colectivo correspondiente a cada Estado? ¿Por qué los individuos pertenecen a un colectivo y no a otro?

Igual que en la naturaleza la complejidad de una selva está precedida por un universo mucho más simple, constituido únicamente por cuatro fuerzas físicas elementales, en la sociedad humana la economía y el mercado también deben estar asentados sobre unas leyes esenciales previas, que ofrezcan una garantía general y un marco legislativo común.

Una cosa es la emergencia natural mediante agregación y organización de entes y leyes descriptivas complejas a partir de entes y leyes descriptivas simples, y otra la necesidad social de un marco común de leyes prescriptivas fundamentales como el derecho de propiedad.

La única traducción posible que podemos hacer de estos axiomas en el ámbito de la política es la de describir y ordenar un Estado mínimo que, con carácter previo (inmediato, apriorístico) se encargue de establecer las normas básicas que proveen a la sociedad de estabilidad y progreso.

El fallo es considerar que esto es la única opción posible. Además de que no está claro cómo el Estado hace todo eso: el Estado al final son individuos organizados de algún modo y distintos Estados pueden hacer cosas diferentes.

Nada en este mundo tiene sentido si no existe un contrario con el cual contrastarse y al cual oponerse.

Eladio está constantemente proyectando categorías mentales sobre la realidad y obligándolas a encajar. No basta con poner ejemplos particulares para demostrar algo universal (los contrarios, el día y la noche). Muchas cosas tienen un contrario, pero tal vez algunas no: el contrario de una carga positiva puede ser una carga negativa, pero ¿cuál es el contrario de la masa de inercia?; ¿una masa nula?; ¿una masa negativa?

El individuo solo existe si existe a su vez un entorno que lo niega.

¿Mande? ¿Qué es eso de que el entorno niegue al individuo? ¿Que el entorno no es el individuo? ¿A versus no A?

Yo no estoy afirmando que conozca cual es el límite máximo o mínimo al que hay que llegar cuando reducimos el tamaño del Estado, ni que no haya problemas insolubles que se puedan agravar con el gobierno central. Capella pretende pasar de la cualidad a la cantidad, sin solución de continuidad.

Para saber si un Estado es mínimo o no habrá que cuantificar algo, digo yo. Los atributos o cualidades suelen tener valores que se expresan a menudo mediante cantidades. Parece que estamos defendiendo el Estado mínimo pero no tenemos muy claro qué es eso de “mínimo”. Igual la lógica ahora funciona mediante tanteo, aproximación y más o menos…

Si queremos alcanzar el óptimo de Pareto, esa reducción no podrá ser nunca completa, pues existen algunos hechos y principios tan fundamentales que no pueden quedar al arbitrio de las decisiones evolutivas, y que lo mejor es que sean impuestos con carácter inmediato y de forma unilateral.

¿Cuáles son esos hechos y principios tan fundamentales? ¿Qué es eso de una decisión evolutiva? ¿Lo mejor para quién? ¿Lo de imponer cosas unilateralmente no suena raro y peligroso? ¿Si el Estado está un lado, qué hay en el otro?

Los fenómenos simples y seguros no pueden ser demostrados mediante la ciencia porque no necesitan tales evidencias. Y los fenómenos complejos no pueden ser afirmados a priori de manera categórica porque en su caso requieren siempre una demostración fáctica. Así opera el dualismo metodológico.

¿Es el electrón una entidad simple? ¿No puede haber una ciencia del electrón? ¿Qué es eso de que el fenómeno sea seguro? ¿Quizás que el conocimiento del fenómeno sea seguro? ¿Cómo te aseguras de que el conocimiento es seguro?

Eladio es un típico racionalista (como Descartes) que quiere construir el conocimiento de la realidad a partir de axiomas irrefutables: la ciencia sólo complementa y añade detalles, y participa más sólo si el sistema es complejo y la razón se siente impotente. El problema es que el racionalista puede tener la sensación de estar siendo lógico, de afirmar cosas irrefutables, y no se da cuenta de si ha cometido algún error, o de que lo que dice no está claro porque las palabras tienen significados problemáticos, o de que lo que dice es genérico, abstracto, y le falta concreción para ser útil y contrastable. Está obsesionado por conseguir conocimiento absolutamente cierto sin ver que quizás se trate de afirmaciones poco útiles, y cree que ciertas conclusiones son absolutamente seguras cuando tal vez ha tropezado por el camino.


Respuesta a Eladio García García sobre anarcocapitalismo y minarquismo

28/09/2016

Eladio García García cree que Rallo y yo acertamos al criticar al anarcocapitalismo, pero que tampoco tenemos razón al ser anarcocapitalistas “pragmáticos”. Su artículo sirve como ejemplo de la debilidad de los argumentos de algunos críticos del anarcocapitalismo.

Eladio piensa de forma excesivamente simple y rígida y se expresa mal con frecuencia (seguramente por escribir deprisa y no revisar de forma crítica y cuidadosa). Presume de practicar la metafísica (según él como antídoto del cientismo) y cree que en el ámbito de las ciencias sociales sólo vale la lógica, la deducción a partir de principios axiomáticos autoevidentes, lo que de forma ingenua confunde con la filosofía, como si la filosofía fuera eso y solamente eso.

En su forma de pensar y escribir Eladio suele ofrecer clasificaciones definitivas con pocos criterios independientes y complementarios que resultan en particiones únicas, perfectas y completas del mundo sin problemas de límites, matices o interpretación: son categorizaciones que atraen a la mente por su simplicidad y aparente perfección, pero peligrosas porque ocultan o ignoran sus propios defectos y no suelen considerar alternativas posibles.

A Eladio le gustan las expresiones grandilocuentes, rotundas, tajantes, apodícticas: presenta el mundo como blanco y negro, sí o no, todo o nada, verdadero o falso. O filosofía o ciencia; o lógica o empirismo; o deducción u observación. Son alternativas excluyentes, no pueden ocurrir juntas: o esto o lo otro, pero no las dos cosas a la vez y nada en medio. Se trata de una lógica proposicional muy elemental que ofrece una sensación de certeza y solidez: si el mundo real es más complicado, que se fastidie la realidad.

Nos pone como ejemplo a Rallo y a mí, como anarcocapitalistas pragmáticos (mejor sensatos), de todos los males cientistas, cientifistas o cientificistas: según él somos obsesos maniacos de la ciencia. No se da cuenta de que está proyectando su manía y obsesión por lo que él llama filosofía: ya se lo he explicado en más de una ocasión, pero da igual.

Sus acusaciones a menudo son ridículas: si afirmo que “tal vez no exista una respuesta clara a cuál de los dos sistemas funciona mejor” (anarcocapitalismo o minarquismo), él detecta un tufillo cientista a “investigación progresiva y siempre inacabada”. Sin embargo un análisis más “científico” (¿cientista?) propondría algún tipo de métrica o criterio cuantitativo y no meramente lógico para evaluar ambos sistemas y obtener alguna respuesta numérica, algo que podría ser interesante pero yo no hago: planteo una posibilidad de que no haya una respuesta clara precisamente porque veo que a ambos lados del debate hay mucho ingenuo que tiene respuestas muy claras con argumentos muy flojos; si la respuesta no está clara habrá que seguir investigando en lugar de creer, como buen fanático sectario, que el tema está cerrado y ya sabemos todo lo necesario.

Más ejemplos de mala expresión o argumentación:

Según él para la Escuela Austriaca de Economía “la oposición al socialismo [es] la única justificación lógica que da sentido y coherencia a todos sus argumentos”. O sea que la EAE sólo tiene sentido por aquello a lo cual se opone (el socialismo), y no tendría justificación lógica ni coherencia interna sin ese factor externo: la EAE no puede ser autoconsistente, necesita al socialismo (o al menos la idea del socialismo) como apoyo o muleta para sobrevivir y significar algo.

Si no podemos actuar sobre la sociedad empíricamente…

¿Qué es eso de “actuar empíricamente”?

… se empeñan continuamente en aplicar el análisis fáctico a todos los órdenes del conocimiento.

O sea que mejor no analizamos los hechos: analicemos lo que no son hechos, lo que no es real o lo que es meramente ideal (yo solo en mi mente con mis ideas me siento tan bien sin necesidad de tocar el mundo real…).

Para un cientista solo existe una vía al conocimiento, la vía inductiva y empírica.

O sea que ni Rallo ni yo somos cientistas (aunque nos acuse de ello, que está muy feo), porque también utilizamos a menudo la lógica y la deducción, como seguramente sabe porque nos ha leído aunque quizás no comprendido.

En mala hora aseguró Capella que hay que contemplar todas las jerarquías y circunstancias de una sociedad, si luego se olvida de la categoría epistémica que mejor define a la Escuela Austriaca de Economía, aquella que describe también una buena parte de la realidad: los axiomas y el deduccionismo austriaco que desarrolla los mismos.

Aquí mezcla jerarquías de organización y agregación y circunstancias concretas con las herramientas lógicas de los axiomas y deducción, que es a donde siempre quiere ir por el amor maniático obsesivo que les tiene.

…[Capella] es incapaz de aplicar estas reflexiones al ámbito de la epistemología y el anarquismo, evaluando de la misma manera las dos posibilidades que tenemos de conocer la realidad y ordenar la sociedad, la inducción científica y la deducción filosófica, la que analiza hechos complejos y se aplica en demostrarlos fácticamente, y la que parte de hechos sumamente sencillos y necesarios, que no tienen alternativa y que por tanto no requieren de ningún probatorio.

Cualquier cosa que se diga, cualquier tema que se estudie, Eladio no está contento si no hacemos un análisis metodológico que distinga claramente la inducción científica de la deducción filosófica; y según él esto último es lo único válido en este ámbito. ¿Por qué? Esencialmente porque sí, porque lo dice él.

Capella aplica el criticismo (o cretinismo) científico a todas las formas de gobierno, tanto si se trata de anarquismo como si se trata de minarquismo. Lleva el método científico a todas las áreas del pensamiento; todo está sujeto a revisión permanente. De lo que no se da cuenta es que el minarquismo representa precisamente esa solución política que él pospone para dentro de cien años.

Cuando escribí mi artículo no pensé que estaba haciendo crítica “científica” sino simplemente criticando unos malos argumentos y mostrando sus problemas, combinando lógica y observación. Pero a Eladio le molesta que lo científico invada ámbitos donde según él no puede entrar. Se inventa por la cara lo de posponer la solución cien años. Y efectivamente es difícil que me dé cuenta de cosas que… no son ciertas.

Los problemas que entraña la falta de gobierno central solo pueden subsanarse con la instauración de un gobierno central.

Aquí haría falta algo más de detalle en el análisis. Tal vez algunos problemas de la falta de gobierno central no tienen solución, o se agravan con el gobierno central.

Y los problemas que resultan del gobierno central solo pueden corregirse limitando al máximo las funciones del mismo.

¿Y eso cómo se consigue? ¿Cuál es ese límite máximo o mínimo al que hay que llegar? ¿Cómo sabemos si lo hemos alcanzado o si nos hemos excedido?

El minarquismo es la única teoría verdaderamente inclusiva, la única que es consciente de los problemas que existen a uno y otro lado del espectro ideológico, y la única que aboga por una solución intermedia, que repare ambos tipos de problemas, haciendo uso de todas las herramientas que tenemos a nuestra disposición, permitiendo el libre mercado allí donde este opera mejor, y reservando algunas funciones claves para el Estado, concretamente aquellas que desempeñan un papel colectivo insustituible, la garantía de los derechos individuales y la defensa del territorio y el marco institucional que sirven para poner en práctica esos derechos.

¡Viva el minarquismo, que es lo más grande! ¡El minarquista es el único consciente, el que lo repara todo de forma realista! Suena todo muy bien, pero: ¿quiénes son los individuos que forman parte de cada Estado?; ¿por qué unos sí y otros no?; ¿qué territorio corresponde a cada Estado?; ¿por qué los minarquistas evitan sistemáticamente contestar a estas sencillas preguntas?

Resulta absurdo que Capella reivindique el valor de contemplar adecuadamente todos los niveles jerárquicos y todos los problemas, y luego ponga en igualdad de condiciones al anarquismo y al minarquismo, toda vez que el primero manifiesta un grave déficit de soluciones, mientras que el segundo intenta poner en práctica todos los arreglos posibles, los que resultan de la acción en el nivel individual y los que avienen con el ordenamiento común y la jerarquía general.

Pero es que yo no he puesto en igualdad de condiciones al anarquismo y al minarquismo, de hecho mi artículo se concentra en criticar argumentos flojos o erróneos en favor del anarcocapitalismo, pero parece que Eladio me exige que reconozca la según él indudable superioridad del minarquismo.

El único sistema capaz de optimizar al máximo las energías de una sociedad capitalista es el sistema minarquista. Esta es una afirmación invariable que no depende de demostración alguna.

En un periódico esto aparecería como contenido patrocinado o directamente publicidad; en una película de esas con pretensiones sería el mensaje del autor. Mensaje invariable (es verdad que Eladio parece incapaz de cambiar de idea aunque se lo expliques) y que no depende de demostración alguna: o sea que porque sí, vamos.

Parece evidente que no acaban de entender la diferencia que existe entre filosofía y ciencia.

Yo sí la entiendo, e intento hacer ambas… bien.

La minarquía por tanto es el único sistema que contempla esa división esencial que distingue los fenómenos complejos, que no pueden dirigirse de forma centralizada y que dependen en cualquier caso de los gustos, los experimentos, las acciones y las decisiones de los particulares, de aquellos otros hechos que son tan claros y necesarios que constituyen las condiciones de posibilidad de todo el sistema, y que por tanto deben estar representados y asegurados por un único órgano central, al que llamamos gobierno limitado o estado mínimo. La minarquía es la única solución al problema del gobierno, la única que da muestras de alcanzar una mayor operatividad y optimización, la única interpretación de la realidad que tiene en consideración todos los niveles jerárquicos, todos los grados de complejidad, todas las formas posibles de gobernabilidad, y todas las heurísticas del conocimiento.

Por si no había quedado todo claro, vamos a repetirlo con rotundidad y firmeza; no mencionemos ni estudiemos un poco en serio los problemas que pudiera tener el minarquismo. La minarquía es única y además es la mejor.

… la justificación del liberalismo y la ética política que éste avala, solo hallarán una defensa definitiva si consiguen demostrar la íntima relación que les une con los principios mas básicos de la realidad, los cuales solo encuentran asiento en el interior de las formaciones kársticas que dibuja el terreno de la filosofía.

Bajo todo y sobre todo, filosofía, con las formaciones kársticas dibujando su terreno… ¿Se molesta Eladio en leer lo que escribe? A mí me fascinan las formaciones kársticas, pero no creo que sean una buena metáfora (dejo como ejercicio el por qué).

Es este cientismo una enfermedad tan extendida en la población que afecta incluso a la casta mejor preparada, la de los liberales austriacos, aquellos que tienen en sus manos unos argumentos filosóficos impecables, el sistema axiomático de Mises y Rothbard, la alternativa al historicismo, el cientismo, y el constructivismo social.

Rallo y yo estamos muy bien preparados pero estamos enfermos: necesitamos la medicina del sistema axiomático austriaco. Cree el loco que todos los demás están locos. Tal vez incluso cree que no conocemos o dominamos los “axiomatismos” austriacos.

La minarquía aporta todas las soluciones posibles al problema, es una visión del mundo más acertada, completa e inclusiva. Los problemas que resultan de la falta de gobierno se solucionan con un Estado mínimo, y los problemas que nacen del exceso de gobierno se amortiguan también con un Estado controlado y pequeño. Además, la minarquía es la única teoría política realmente consecuente con los principios axiomáticos, precisamente aquellos que definen a la escuela austriaca de economía.

La gente suele creer que las cosas son más verdad si aparecen repetidas, así que repitamos.

Este artículo de Eladio García García me sirve como ejemplo o evidencia (obviamente anecdótica y parcial) de que la Escuela Austriaca de Economía, en su versión más lógica apodíctica integrista, es como un agujero negro que captura a la gente y no la deja escapar: tiene una serie de mantras tópicos que se repiten para tranquilizar al individuo; es imposible no tener razón si deducimos a partir de axiomas necesarios autoevidentes y sin alternativas posibles; nos importa más decir algo estrictamente verdadero y cierto, aunque sea muy simple y genérico, que complicar el modelo teórico para que sea más preciso, específico y realista; y si nos equivocamos, en lugar de reconocer nuestro error lo repetimos de forma más rotunda.

Una vez que tienes ciertas ideas (o que esas ideas te tienen a ti) cuya solidez es infinita e indudable, lo demás es poco relevante. La lógica pasa de ser necesaria (no contradecirse, construir teorías consistentes) a ser suficiente: es lo único válido y además es omnipotente.

Eladio menciona la posible soberbia del científico y los graves problemas que puede causar cuando se equivoca. Sin embargo, aunque es posible que la ciencia cometa excesos al estudiar la sociedad, esto no significa que la ciencia no pueda utilizarse en absoluto para estudiar la sociedad. Sobre todo si por ciencia entendemos pensar, observar, experimentar, medir, contar, criticar, modelizar, siendo consciente de las limitaciones e imperfecciones de todas esas actividades.

Eladio acusa a quienes invocan “la unilateral defensa del empirismo como única herramienta de análisis y monopolio de la razón”. Pero no da ningún ejemplo, no aclara a quién en concreto se refiere; además hace trampa porque no creo que haya nadie que defienda que el empirismo sea la única herramienta de análisis (además de observar suele ser necesario pensar, teoría e historia van de la mano); y de nuevo no está claro qué es eso de que el empirismo sea el monopolio de la razón cuando normalmente empirismo y racionalismo son doctrinas opuestas.

Eladio propone una caricatura del científico “consagrado a la tarea de manipular las muestras que tiene delante de sus narices y que ha preparado él mismo para invocar alguna función concreta”. Sin embargo no está muy claro qué es eso de “invocar alguna función concreta”, si es que significa algo; algunos científicos manipulan muestras, pero otros analizan muestras preexistentes (sólo observan, no experimentan) o generadas por otros científicos; las muestras utilizadas no siempre están delante de las narices, sino que a veces están muy lejos (astrofísica, cosmología).

Según él la sociedad no puede estudiarse de forma científica, porque “es un sistema altamente complejo”. Supongo que entonces las sociedades no humanas tampoco pueden estudiarse de forma científica porque son órdenes complejos (y la sociobiología no sería científica); y el ser humano como sistema complejo tampoco puede estudiarse de forma científica. La psicología y la medicina tampoco son ciencias, y no existen las ciencias de los sitemas complejos.

Una recomendación final: lean también la crítica devastadora que le hace Ismael Rodríguez en los comentarios al artículo. Y recuerden que, aunque no lo parezca, Ismael y yo somos amigos de Eladio. A mí Eladio me cae muy bien, me hizo una entrevista muy jugosa, muestra interés por lo que investigo y escribo, y él mismo intenta construir una integración entre ciencias naturales y ciencias humanas y sociales parecida a la que yo mismo estoy intentando.


Anarcocapitalismo, minarquismo y evolucionismo

10/07/2014

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Dentro del liberalismo existen a grandes rasgos tres escuelas o corrientes fundamentales de filosofía política: anarcocapitalismo, minarquismo y evolucionismo. Cada una defiende la libertad desde posiciones diferentes, en parte contradictorias pero también complementarias, con imperfecciones y limitaciones.

El anarcocapitalismo (anarquismo liberal, individualista, de mercado) se opone al Estado como institucionalización y monopolio de la coacción sistemática y defiende un orden social basado en el derecho de propiedad y el principio de no agresión: la seguridad y la resolución de conflictos pueden conseguirse mediante mecanismos de mercado libre a través de contratos con agencias privadas en competencia, sin exclusividad ni privilegios.

El anarcocapitalismo propone una justificación o fundamentación ética de las normas sociales de inspiración iusnaturalista o consecuencialista (o una combinación de ambas): las leyes legítimas aplicables a los individuos son universales, simétricas y funcionales. La única norma con estas características es el derecho de propiedad o principio de no agresión: la propiedad o dominio legítimo sobre los bienes se consigue mediante ocupación original (primer uso, colonización) e intercambios voluntarios; la fuerza contra otras personas sólo puede utilizarse para defenderse, para restablecer la justicia ante algún delito o crimen; las obligaciones y los derechos positivos sólo surgen mediante contratos libremente aceptados por las partes involucradas. Una sociedad libre es la que resuelve sus problemas sin iniciar la violencia y sin robos, mediante intercambios puntuales y acuerdos voluntarios.

El anarcocapitalista considera que el Estado, ineficiente, abusivo o corrupto en el uso del poder, no defiende la libertad y la propiedad sino que las viola sistemáticamente y es su peor enemigo: la legislación suele ser liberticida, los impuestos son robos y las guerras son matanzas injustificadas. A partir de los principios fundamentales argumenta cómo puede existir en la práctica la sociedad sin Estado, recuerda que no ha habido ningún contrato con cada individuo que legitime su sometimiento al poder estatal, y que los servicios o bienes públicos recibidos no justifican la obligación del pago de impuestos.

Los principales problemas del anarcocapitalismo son considerar la seguridad un bien económico como cualquier otro y obviar que existen ciertos bienes y servicios, como los espacios comunes y la defensa, que los grupos humanos suelen poseer, proporcionar y disfrutar de forma conjunta, lo cual puede implicar la necesidad de un gobierno centralizado. Además algunas normas que se perciben socialmente como legítimas no se aceptan explícitamente a nivel individual mediante contratos sino que surgen evolutivamente y se concretan en tradiciones y costumbres sociales: que un individuo no acepte una norma no implica automáticamente que esta sea ilegítima, y tal vez el grupo está justificado a obligar o expulsar a quienes la incumplen.

El minarquismo defiende un Estado limitado o mínimo necesario para las funciones de seguridad y vigilancia (defensa nacional frente al exterior, orden público interno) y para la provisión o gestión de otros bienes públicos (especialmente legislación, justicia, policía, relaciones diplomáticas, infraestructuras públicas): sin este gobierno mínimo imprescindible para la organización colectiva estable cualquier grupo humano dejará de existir como unidad autónoma, bien por desintegración por desórdenes internos (conflictos no resueltos por subjetividad, parcialidad o poder coercitivo insuficiente, guerra de todos contra todos) o por invasión y conquista desde fuera. El minarquista suele preferir jurisdicciones o unidades de administración pequeñas por su mayor eficiencia y por la facilidad de los individuos de cambiar de una a otra (voto con los pies).

El Estado es necesario para evitar y resolver conflictos internos y para actuar coherentemente como una unidad frente al exterior: pero como concentración del poder es una entidad peligrosa, tanto para sus propios ciudadanos como para los no miembros. El minarquismo intenta legitimarlo y limitarlo mediante algún acuerdo constitucional con normas que permitan dividir y restringir su poder (separaciones, contrapesos): sin embargo históricamente las limitaciones constitucionales han resultado ser poco efectivas ya que son endógenas (el Estado se vigila o supervisa a sí mismo).

El minarquismo tiene diversos problemas: no especifica cuál debe ser la extensión de cada Estado, qué individuos y territorios debe incluir o excluir y por qué; si se permite la secesión no está claro hasta qué nivel puede ejercerse; si la defensa ante agresiones externas es un problema grave, las unidades políticas pequeñas pueden ser ineficientes y tal vez tiendan a agregarse en unidades mayores (de ciudades a naciones e imperios); si la secesión no se permite, el minarquismo parece consistir en coaccionar al prójimo para participar en la defensa común contra potenciales enemigos más lejanos. Gran parte de la producción de leyes y su administración judicial es privatizable: no todas las normas tienen por qué ser iguales para todo el mundo, y las pactadas mediante contratos privados pueden utilizar mecanismos competitivos alternativos de vigilancia y arbitraje.

El problema esencial del anarcocapitalismo y del minarquismo es cómo definir o entender al Estado: si como un agresor ilegítimo o como la organización del gobierno o estructura de control de un grupo; si como un opresor unilateral privilegiado o como el resultado de un acuerdo que facilita la cooperación social. Ambas interpretaciones son posibles, y normalmente la realidad es compleja y contiene elementos de las dos (no necesariamente en la misma medida). El Estado es el monopolio de la fuerza y de la jurisdicción sobre un territorio y unos súbditos o ciudadanos: pero esto no es ilegítimo si las personas involucradas lo han pactado libremente así; normalmente no todos los individuos lo han aceptado voluntariamente, algunos porque no quieren participar de ese Estado, otros porque quieren un Estado diferente (más o menos liberal o intervencionista).

El evolucionismo aplicado a la filosofía política enfatiza la importancia de los órdenes espontáneos en los sistemas complejos adaptativos: pretende describir científicamente y explicar cómo funciona la sociedad en lugar de legitimar o justificar filosóficamente cómo debe hacerlo; advierte contra el racionalismo constructivista, contra la planificación coactiva centralizada, contra la ingeniería social; recuerda que la realidad es muy compleja, que el conocimiento humano es limitado y disperso, y que las cosas probablemente existen porque funcionan relativamente bien aunque no se entienda cómo o por qué. Las normas sociales no se producen mediante razonamientos reflexivos abstractos utilizando axiomas irrefutables y lógica deductiva, sino por evolución mediante generación de alternativas, rechazo de lo fracasado y retención de lo exitoso (prueba y error): los grupos mejor organizados tienden a desplazar a los peor organizados.

El evolucionismo es correcto pero incompleto: las normas son propuestas y aceptadas o rechazadas por los individuos según sus preferencias o intereses (dando mucha importancia a la reacción de los demás, al qué dirán, a la reputación o prestigio); las personas argumentan las leyes utilizando diferentes criterios de legitimidad o justicia; algunos grupos humanos pueden prosperar cooperando internamente para parasitar o depredar a otros.

Los liberales pueden incluirse en una de estas corrientes o tomar elementos de todas ellas: esto puede hacerse por motivos puramente intelectuales o por otras razones como querer dar una imagen de sí mismo y señalar la pertenencia a algún grupo (el anarcocapitalista radical, rebelde, contundente, extremista, lógico, consistente, idealista; el minarquista sensato, pragmático, realista; el evolucionista científico, descriptivo). Los problemas surgen de no querer o no poder ver las limitaciones, errores e imperfecciones de cada paradigma.


Anarquismo liberal sensato

19/03/2013

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El derecho de propiedad o principio ético de no agresión es la única ley universal, simétrica y funcional que permite el desarrollo armónico de los seres humanos. Los contratos libremente pactados generan reglas concretas particulares que, junto con algunas normas tradicionales, facilitan la coordinación social. El Estado, el monopolio impuesto de la coacción y la jurisdicción sobre un territorio y unos súbditos, es ilegítimo en la medida en que no respete los derechos de propiedad y no sea fruto de acuerdos contractuales libremente aceptados por los individuos: las constituciones no son contratos libremente pactados si las mayorías las aprueban en contra de minorías que no tienen oportunidad de rechazarlas. Una sociedad libre no tiene Estado así entendido.

Según el minarquismo un Estado mínimo es necesario para proporcionar a un colectivo ciertos bienes públicos: servicios de defensa y relaciones diplomáticas frente al exterior (evitar ser oprimidos por otros grupos organizados), y legislación, policía y justicia para el orden interior (preservar el orden social y la civilización, resolver conflictos y no caer en la barbarie). El minarquismo delimita las funciones del Estado e intenta controlarlo para evitar su crecimiento liberticida mediante límites constitucionales, contrapesos institucionales o mecanismos de elección de los gobernantes.

Un problema esencial es que estos controles funcionan mal en la práctica, como demuestra el progresivo crecimiento del intervencionismo estatal. Pero un problema más fundamental del minarquismo es la justificación de la delimitación del colectivo organizado por dicho Estado: cómo se define el grupo, qué individuos y qué territorios forman parte del mismo y cuáles no (y por qué), y qué requisitos son necesarios para integrarse en él o abandonarlo. Esto es esencial porque para controlar al poder la voz (libertad de expresión) y el voto (participación política) son mucho menos eficientes que la salida (dejar de formar parte del grupo o no participar en alguna actividad común).

Según el anarquismo liberal (anarcocapitalismo) los monopolios estatales no son necesarios, no son eficientes o incluso son nocivos: la eliminación de la posibilidad de la competencia deteriora la calidad del servicio o incrementa su precio; y además el poder corrompe fácilmente a los gobernantes. Las funciones del Estado deben eliminarse o privatizarse. Los presuntos bienes públicos en realidad no son tales al ser de consumo rival y/o excluible, y pueden prestarse por asociaciones, empresas o cooperativas privadas: agencias de seguridad, jueces en competencia, producción de ley mediante cláusulas contractuales.

El anarquismo liberal basa sus argumentaciones en dos ideas problemáticas que suelen proceder del ámbito de la ciencia económica: que los individuos, con sus derechos de propiedad bien asignados y separados, se integran en la sociedad porque perciben racionalmente los beneficios de la especialización, la división del trabajo y los intercambios de mercado; y que la fuerza y la seguridad son servicios como cualquier otro, y pueden producirse y distribuirse en un mercado por diversos competidores especializados.

Pero la biología y la antropología muestran que los grupos sociales animales y humanos son adaptaciones evolutivas para la supervivencia que aprovechan tres fenómenos: 1. concentración de esfuerzos; 2. compensación de riesgos; y 3. especialización. Y además la fuerza es un bien o servicio con características particulares esenciales.

1. Concentración de esfuerzos iguales: la unión hace la fuerza (rendimientos de escala), tanto para atacar como para defenderse. La acción coordinada de varios agentes semejantes tiene efectos fuertemente no lineales: varios pueden empujar y mover de una sola vez un obstáculo que uno solo no podrá mover nunca por muchas veces que lo intente. Si dos iguales luchan, la mitad de las veces vence cada uno (o siempre empatan); pero si dos luchan contra uno, no hay dos tercios de victorias para los dos y un tercio para el uno, sino que los dos vencerán prácticamente siempre. Varios cazadores pueden rodear a una presa, lo que para uno solo es imposible. Siendo muchos puede merecer la pena invertir en un bien común como un nido o refugio, lo cual además localiza al grupo y le da unidad y continuidad temporal.

2. Compensación de riesgos: reciprocidad de la ayuda ante eventos aleatorios. Si tengo un accidente y estoy solo, mis posibilidades de supervivencia son mucho menores que si alguien puede ayudarme a recuperarme, recibiendo un gran beneficio a poco coste para otros. Si me sobra comida puedo compartirla con quienes hoy no la han conseguido y la necesitan urgentemente, confiando en que en el futuro harán lo mismo por mí.

3. Especialización: complementariedad entre diferentes. Puede ser sólo temporal: yo vigilo y protejo a las crías o el nido mientras tú cavas o buscas comida, y luego cambiamos de rol. O más permanente, según las características del individuo (sexo, casta, edad) o sus habilidades y preferencias (profesiones).

Los humanos son animales hipersociales y nacen, crecen y viven por lo general como miembros integrados en grupos que se conciben como unidades diferenciadas y con los cuales se sienten identificados. En los grupos algunas cosas son propiedad individual y otras se comparten, por algún subgrupo (una choza familiar) o por todo el grupo (zonas comunes como calles, plazas, terrenos de caza o recolección), porque son difícilmente separables, porque se conservan mal (comida que se estropea) o porque los individuos no quieren separarlas. Los bienes comunes son privados en el sentido de que no se permite su uso por otros grupos, y colectivos en el sentido de que están al alcance de todos los miembros del grupo: para estos bienes son necesarias reglas de uso o mecanismos de gestión (gobierno del común) para mantenerlos y evitar abusos y conflictos (tragedia de los bienes comunes).

Además los grupos realizan ciertas acciones como unidades integradas y coordinadas en relación con otros grupos o individuos: la persona es la unidad fundamental de análisis para la acción, pero no es el único nivel posible, ya que existe acción a niveles inferiores y superiores. Una de estas actividades colectivas es la guerra contra otros grupos (esto no implica que todos los miembros participen por igual). Las agresiones individuales a pequeña escala (dentro de un grupo o entre individuos de grupos diferentes) son claramente diferentes de las agresiones entre colectivos. El uso de la fuerza a gran escala no se decide de forma individual, y la acción bélica es mucho más eficiente cuando está planificada y coordinada de forma más o menos centralizada: no lucha cada uno por su cuenta sino que se integra en equipos cohesionados y bajo un mando jerárquico.

La fuerza coactiva o violencia es un bien o servicio particular: en realidad es un mal para quien la sufre, para quien es atacado, es la capacidad de hacer daño (salvo los aspectos defensivos de la seguridad, como los escudos). Además los beneficiarios de la fuerza ajena pueden convertirse con facilidad en víctimas o perjudicados por la misma: es un servicio fácilmente invertible, de positivo a negativo, el que me defiende puede atacarme. Otras cosas son bienes cuando se reciben, y la situación es neutra cuando no se reciben, pero no tienen un lado negativo: me beneficia recibir pan, me deja indiferente no recibirlo, pero no puedes agredirme con el pan; si tú no me vendes pan me lo vende otro, o lo produzco yo mismo, o como otra cosa.

Externalizar completamente la seguridad es peligroso: no desarrollar en absoluto ninguna capacidad de defenderme por mí mismo implica quedar a merced de los fuertes; tal vez pueda encontrar a otros poderosos que me defiendan, pero quizás no sea así o incluso muchos se pongan de acuerdo contra mí. Un mercenario puede defenderme a cambio de dinero, pero también puede directamente robarme ese dinero e incluso matarme, o trabajar para mis enemigos.

Existe un caso en el cual los que pueden atacarme sin riesgo no lo hacen: porque no quieren hacerlo, les importo, soy de su familia o de su grupo, de los suyos; sienten amor o lealtad hacia mí y pueden incluso sacrificarse por patriotismo por el colectivo.

Además el uso de la fuerza tiene un carácter fuertemente local: para defender o atacar suele ser necesario estar cerca (aunque los proyectiles aumentan el alcance, y es posible proteger de forma indirecta sin estar presente con amenazas de represalias futuras contra los eventuales agresores).

Por estos motivos la seguridad suele conseguirse mediante cooperativas relacionadas con la convivencia (los que te importan y están más cerca) más que mediante empresas externas, que pueden ser un complemento. E igual que los individuos se integran en grupos (en realidad nacen y crecen en ellos), los grupos suelen asociarse unos con otros a niveles superiores de agregación mediante lazos de amistad y lealtad para defenderse o atacar conjuntamente a otros grupos. En estas agregaciones se fomenta la sensación de pertenencia y las obligaciones mutuas: un ataque a un miembro de un grupo o alianza es un ataque contra todos los miembros. Los individuos o grupos aislados o desorganizados tienden a ser oprimidos (o desplazados a zonas pobres o de difícil acceso) por los grupos organizados y cohesionados más poderosos.

Los grupos pueden ser pequeños o grandes, estáticos o dinámicos, simples o complejos, y estas diferencias son esenciales porque lo que funciona en unos puede no funcionar en otros: hay mecanismos de gestión no escalables (el tamaño importa), o que sólo son aplicables a sistemas simples y estáticos (la coordinación es difícil).

La asociación cooperativa para la defensa tiene riesgos internos, sobre todo cuando el grupo crece en tamaño y complejidad: que unos se escaqueen y se aprovechen de los esfuerzos y riesgos de otros sin ofrecer suficiente valor a cambio; que algunos sean obligados a participar de la asociación en contra de sus preferencias e intereses; que los lazos afectivos y los mecanismos de supervisión y control se pierdan o debiliten y los soldados y policías opriman (dictaduras) o parasiten (funcionarios ineficientes) a los demás ciudadanos.