Recomendaciones

30/11/2018

The untold career value of a little bit of luck, by Tim Harford

El soviet de Marinaleda se hunde: Los jóvenes sobreviven plantando marihuana

Devuelvan la educación a los ciudadanos, de Juan Ramón Rallo

Las plusvalías de la Cuba socialista, de Francisco Cabrillo

Contra las políticas identitarias, de Lorenzo Bernaldo de Quirós


Tonterías selectas

30/11/2018

Urge un salario mínimo decente, de Andreu Missé

La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta 900 euros mensuales en 14 pagas, que propugna el Gobierno socialista de acuerdo con Unidos Podemos, es la decisión más necesaria que hay tomar en este país para revertir los daños causados por la crisis. Durante la última década la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores con menores ingresos ha alcanzado el 30%, y en ocasiones hasta el 50%. Esta subida salarial es la propuesta más esperada por amplios colectivos, especialmente los jóvenes, que precisan una compensación urgente por los daños causados por la crisis.

… hay una coincidencia generalizada en que el impacto de la subida del salario mínimo sobre el empleo es reducido.

Sobre este tema es importante destacar la opinión de los economistas más prestigiosos. El premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz y otros seis laureados sostienen que la subida del salario mínimo es beneficiosa para la economía en su conjunto porque estimula el consumo. Son también especialmente significativas las reflexiones del nuevo presidente de la patronal catalana Fomento del Trabajo, Josep Sánchez Llibre, que ha visto con buenos ojos la subida. En su opinión “mientras los salarios no suban no podremos salir de la crisis” y considera que “si las empresas generen riqueza deben repartirla”.

La consideración de los salarios como un simple componente del llamado mercado laboral y que su único referente son los aspectos estrictamente económicos como la productividad resulta muy insuficiente. Los aspectos sociales como las condiciones de vida son también esenciales en economía. Sobre este asunto, Denis Clerc, fundador de Alternatives Economiques, ha señalado: “Si el salario pudiera bajar hasta un euro la hora, se encontraría, sin duda, empresarios para contratar a este precio y el paro desaparecería”. Según Clerc “todo esto plantea un problema de ética mucho mayor”. Y se pregunta, “¿Es legítimo que el precio de la lucha contra el desempleo sea pagado principalmente por los asalariados de la parte más baja de la escala, penalizados por la baja o desaparición del salario mínimo? Por otra parte, ha precisado que el salario mínimo “es uno de los elementos de la cohesión social que una sociedad puede difícilmente sacrificar en el altar de la lucha contra el paro”.

La realidad es que el salario mínimo, que pretende garantizar unas condiciones decentes de vida, fue una conquista social puesta en práctica por los países que impulsaron la legislación social más avanzada. Es significativo que el primer país que lo aplicó fue Nueva Zelanda, en 1894, que fue también el que concedió el derecho a voto a las mujeres en 1893. En Reino Unido fue introducido en 1909 y en Estados Unidos, por el presidente Roosevelt en 1938.

La subida del 22% está perfectamente justificada por encontrarse en uno de los niveles más bajos, (858 euros al mes en doce pagas 10.302 euros al año), con relación a los países de nuestro entorno. En Francia y Alemania está en 1.498 euros y en el Reino Unido en 1.463 euros mensuales.

Alicia en el país de la especulación inmobiliaria, de Raquel Ejerique

… la rigurosa verdad es que las casas, que hace unas décadas eran para el descanso, para decorar con ilusión, para desarrollarse con seguridad y felicidad y ejercer otros derechos, se han convertido en un producto de rentabilidad.

Ya no son un bien de resguardo y disfrute, las han convertido en un aspiracional envenenado que te puede llevar a la ruina.

… En Madrid, la perversión total de lo público llevó al Ayuntamiento y a la Comunidad (ambas gobernadas entonces por el PP) a vender a precio de ganga miles de casas de protección oficial a sociedades de inversión que ahora han agarrado el poder y del cuello a sus inquilinos heredados.

Coto a los trabajos forzosos de las horas extras, de David Bollero

Lo que de verdad esconde el inexistente síndrome de alienación parental, de Marisa Kohan

De Airbnb a Uber: la economía compartida está en manos del gran capital, de Evgeny Morozov


Tonterías selectas

28/11/2018

Matanza machista, de José María Calleja

Parece urgente, junto a todas las demás medidas, una movilización que desprestigie el crimen machista, que no deje ni un resquicio a comentarios del tipo: Qué habrá hecho la mujer tal para que el hombre cual, “que era un buenazo”, haya tenido que matarla. Testimonios como este que aún se pueden oír.

A estas alturas de la matanza, hay hombres que han asesinado a sus mujeres pero que están convencidos de no haber cometido un delito, creen firmemente que han hecho lo que debían. Así se lo cuentan a la policía y dentro de la prisión

En estas, una concejala del Ayuntamiento de Jaén, Salud Anguita, militante de Vox, se ha negado a condenar los crímenes machistas y ha bloqueado la declaración institucional que el Ayuntamiento de Jaén quería aprobar contra la violencia machista. Sostiene esta concejala que había que condenar también la supuesta violencia que sufren las mujeres.

Por lo que vemos, el desprestigio de los crímenes machistas aún no esta consolidado y hay quien trata de empatar magnitudes incomparables.

No podemos tratar los crímenes machistas como si fueran una fatalidad ineluctable. Es necesaria la formación de jueces y policías, de manera sistemática, en violencia machista y es necesaria una movilización ciudadana que logre el desprestigio social de los asesinos machistas, de todos los maltratadores.

Global Cooling is Real – Major Temperature Low 2046?, by Martin Armstrong (at LewRockwell.com)

Todos los males de nuestra época, sintetizados en una muerte, de Esteban Hernández

Héctor G. Barnés entrevista a Paul Mason

En este tiempo ha quedado claro que el centro no ha querido reformar el neoliberalismo, y en ese hueco se ha deslizado un neoliberalismo nacionalista. Salvo en Polonia, no vemos surgir un nacionalismo estatalista, sino el mismo modelo de mercado libre y control bancario pero a nivel nacional, donde las élites nacionales intentan proteger el modelo neoliberal en su país, sacrificando el sistema de reglas multilaterales.

… Europa necesita unión bancaria, fiscal.

… Lo que me hace ser optimista es ver el material humano para el cambio. Los jóvenes tienen un gran nivel de conocimientos y determinación. La generación de la que surgió el nazismo había sido educada para obedecer órdenes y esta, para cuestionarlas.

… el sistema existente no es sostenible. Hasta que no se encuentre una respuesta a la pregunta “¿cómo consigo que la vida de mis hijos sea mejor que la mía?”, van a seguir buscando respuestas diferentes al modelo neoliberal del capitalismo. Y tienen razón en hacerlo.

… El problema es el euro, que ha creado paro en España y empleo en Alemania.

… El próximo paso es reformar el Tratado de Lisboa y acabar con el sueño de Juncker de una Europa a máxima velocidad para todos, que es una utopía neoliberal. En su lugar, países como España o Portugal, a pesar de la juventud de su democracia, necesitan crear una maquinaria a plena velocidad hacia la justicia social, eso destrozaría a la derecha. Si ofreces servicios de calidad, o sueldos más altos, respondes aquella pregunta.

… España me parece ahora mismo un lugar mucho más feliz que el resto de Europa, y no termino de averiguar por qué. Quizá porque se han conseguido ciertas cosas, se han atravesado diversas convulsiones y el resultado no ha sido tan malo. Incluso para el PSOE, gobernar con el apoyo de Podemos no es tan malo, cuando hace cinco años habrían sacado los ajos para protegerse de ellos. Es peor el Brexit o lo que está pasando en Italia. Achaco esto a la buena formación y el social liberalismo de la gente española, que no va a aceptar el caos y las gilipolleces de extrema derecha como en Italia.

P. Me gustaría hablar de otros actores que ganan cada vez más importancia: usted ataca los monopolios, pero Google o Facebook cada vez tienen más poder. ¿Qué puede hacerse contra ellos, cuando parecen más poderosos que los Estados?

… La Comisión Europa debería aplicar sus leyes de competencia de forma agresiva. La realidad es que los legisladores europeos dicen “no ataquemos a estas compañías porque EEUU tomará represalias”; eso es lo que está ocurriendo de verdad. Hubo una gran conferencia patrocinada por el ayuntamiento de Barcelona, por Francisca Bria, y también el Proyecto D-Cent. Quiero convencer al PP, Ciudadanos y Sánchez de que el próximo paso para Europa es someter a las tecnológicas a las leyes de la competitividad.

Además, hay que promover nuestra propia capacidad. Por eso hay que crear en Madrid cooperativas o empresas capaces de competir con esos tíos. Tal y como el capitalismo está diseñado hoy, los emprendedores no se levantan pensando “voy a acabar con WhatsApp con un nuevo producto que sea mejor”, sino “voy a crear una app que sea comprada por Facebook”. Necesitamos romper ese círculo.

¿Cuál es el precio? En unos pocos años, Madrid será una pequeña ciudad digital. La información digital, que es lo más valioso que estamos produciendo, o será propiedad nuestra o de los monopolios. Si es así, se ha acabado la democracia. Mira lo que Facebook quiso hacer desde el principio, vender información privada para manipular elecciones. Si compras un coche nuevo y lo primero que haces es tirarlo por un barranco, no te van a dejar conducir. Es lo que tenemos que decirle a las tecnológicas: a la primera de cambio, has intentado manipular las elecciones, así que no vamos a darte otro coche para que lo tires por un barranco.

El argumento de que no pueden nacionalizarse, por cierto, es falso. Cada una de estas compañías tiene una forma jurídica, sociedad anónima aquí, sociedad limitada en Reino Unido, pero manipulan el sistema de impuestos. Starbucks hacía lo mismo. Ahora tenemos la tasa Google de la Unión Europea, y hay que exigir más agresividad. No quiero nacionalizar Google, Amazon y Facebook, pero me hace feliz saber cuando monto en un avión que hay cuatro empresas mecánicas compitiendo por crear las turbinas que lo impulsan: GE, Pratt & Whitney, etc. Hay un problema asociado a las tecnológicas, que es que para proporcionar un sistema de ‘machine learning’ inteligente a la población, necesitan acceso a un registro de identidad.

P. Uno de los temas que más llamaron la atención de su libro era la desaparición del trabajo en manos de la automatización. Pero a veces tengo la sensación de que David Graeber tiene razón con su teoría de los ‘bullshit jobs’, y vamos a continuar todos atrapados en empleos que no tienen ningún sentido.

Graber y yo somos amigos, y me ha influido. Espero que yo haya hecho lo mismo con él. El error que cometen los tecnoutópicos (en todos los aeropuertos puedes comprar un montón de libros que dicen que la automatización va a ser fantástica) es que no entienden que la historia es una combinación de tecnología y relaciones sociales, que ahora han colisionado. Deberíamos estar automatizando, pero en lugar de eso, estamos creando trabajos de mierda. En Gran Bretaña había 4.000 túneles de lavado automático, y ahora lo que hay en su lugar son 20.000 puestos de lavado a mano mantenidos por inmigrantes ilegales. Son esclavos. Eso no es progreso, es el clásico enfrentamiento entre la tecnología y las relaciones sociales.

Mi respuesta es que para desatar la automatización, necesitamos que tener un trabajo precario sea tolerable. Aquí es donde entra la renta básica. Solíamos entender el Estado de Bienestar como una manera de mitigar el capitalismo, y yo lo entiendo como una forma de permitir que el número de horas que trabajamos descienda. No es el trabajo el que garantiza la posibilidad de tener servicios, sino el Estado redistributivo. El problema es que tiene que haber una transición, porque en algún momento el sector privado no será lo suficientemente grande como para aguantar el capitalismo, así que lo que explico en ‘Postcapitalismo’, y expondré aquí, es cómo diseñar la transición del mercado y el Estado a un sector colaborativo, de no mercado, no remunerado, que se parezca al ocio o al voluntariado.

Mucha gente entiende eso, lo que no se da cuenta es que necesitamos diseñar esa evolución. Madrid es el producto de una transición gigantesca. Desde el feudalismo de la reina Isabel al capitalismo temprano del siglo XIX hubo un proceso de más de 300 años. La gente necesita entender que necesitamos una transición de 50 o 60 años hasta un mundo de ocio, de disfrute, felicidad, que será su resultado. Para eso, necesitamos separar nuestras vidas del trabajo.

Financing International Cooperation, by Jeffrey D. Sachs

While a few free-market ideologues may still argue that profit-motivated corporations should run the world without governments, experience proves otherwise. Governments are essential to provide universal access to vital services such as health and education; infrastructure such as highways, railways, and the power grid; and funding for scientific research and early-stage technology. Governments are also needed to tax the rich and transfer income to the poor. Otherwise our societies will become dangerously unequal, unjust, and unstable – as is occurring in the US today.


Recomendaciones

28/11/2018

Rescate de las cajas: una ruina para el contribuyente, de Juan Ramón Rallo

Por qué el mundo va mejor de lo que crees y no te das cuenta, de Pablo R. Suanzes (sobre Hans Rosling y Factulness)

Nosotras parimos, nosotras decidimos

Corrupción de izquierdas, corrupción de derechas, de Javier José Sandoval

Robots y empleo: ¿sustitución o complementariedad?, de Santiago Calvo


Nationalism Is not a Weird Ideology (A reply to Robert Higgs)

27/11/2018

According to the usually excellent (unfortunately not so much this time) Robert Higgs, Nationalism Is a Weird Ideology.

Nationalism is a weird ideology. It would be easy to imagine that it was cooked up by rulers looking for a means of keeping their victims submissive and cooperative.

Actually nationalism is not a weird ideology at all: you just need to understand why it exists. Certainly it is very often abused for the benefit of the rulers who need to keep their victims submissive; but maybe it is also useful for something else, like motivating and achieving large scale cooperation among nationals, which can be necessary for large scale tasks like war making; and perhaps even submission is not wholly bad, specially if voluntary, if many people need to submit to some higher authority in order to live together and coordinate their cooperation.

A nationalist gives moral priority to others within the boundaries of his nation-state, or at least to his fellow citizens there, and he acts accordingly in political affairs. Yet even in a small nation-state, practically all these people are complete strangers. One has never met them, never will meet them, has only the foggiest idea of the sort of people they are. Maybe they speak his language, but many do not. Maybe they are of the same race, but many are not; and even if they are, so what? Maybe they share his cultural affinities, but maybe they don’t. Maybe they are not even decent people; in fact, many are complete creeps or criminals. Why should anyone give any kind of priority to them merely because they happen to be located within the boundaries of the same tax farm?

Of course a member of a group of a certain kind, like a political unit, gives some moral priority to other members of that group: that is what defines that group as a unit of mutual help, shared possession of some goods, common interests and collective action; members of the group are legally treated differently from non members, they have special rights and duties regarding each other and the group as a whole. That is what being a citizen of a nation is about: it is not the same as not being a citizen, and the differences matter.

Of course most individuals in a nation, being many, are perfect strangers and probably very different: the population of a nation exceeds by orders of magnitude the number of personal relationships any individual can have; and the more members a group has, the more differences there probably are. But this is not an argument for the weirdness of nationalism, but exactly the opposite: this is what makes nationalism understandable as a way to build an imagined community. Perfect strangers cannot coordinate directly or personally, and different people need something that unites them in spite of their differences: they need an idea that represents the community they all belong to, a feeling of belonging to it, and a motivation to submit to it and defend it; therefore they have the nation and nationalism, with their shared territory, history of disasters and achievements, heroes, enemies, flags, hymns and leaders.

There are other possible types of political groups with different ways of uniting and identifying themselves: clans, tribes, regions, kingdoms, empires; nations are just one more variety. Other ideas or phenomena can either replace nationalism, complement it or work against it: ethnicity, language, culture, religion.

Small homogeneous units can work better internally because more similar members understand each other easily and have more common local knowledge and interests; but a small group might not be able to survive against other possibly hostile bigger groups. Nationalism can help build a stronger aggregate.

Big political units like empires can be very powerful, but they are hard to cohere and govern, and internal conflicts can cause serious problems. Nationalism can help produce more manageable units, or it can help a subgroup cohere and consolidate against the submission to a bigger one and thus attain independence.

Nationalism is, among other things, a gigantic aggregation error. It takes a huge, enormously diverse collection of people and imagines that each and every individual in the collection is somehow better than each and every individual in other nation-states. The more you think about it, the more idiotic it becomes.

Nationalism is obviously about aggregation, but it is not necessarily an error. It does not imply that every national is better than every non national. It does imply that they are different, that they are the ones we happen to live together with inside our imagined community versus the ones who are outside in their own separate communities. You do not have to think much in order to understand this. It actually might seem idiotic not to understand it.

Of course nationalism can have many problems and drawbacks: you might not like other citizens of your nation, some being creeps or criminals; you might prefer non nationals as neighbors or friends; you might have a cosmopolitan character and aspire to a world without political units except mankind; nationals might feel too proud of their nation and dismissive of other peoples, my country wrong or right; nationalism might erect barriers to trade; it might be aggressive against other nations instead of merely defensive; it might be used by foreign powers in order to divide rival alliances; political leaders might use it in order to divert attention from real problems and their shenanigans.

Nevertheless nationalism is not by itself the root and cause of all evils, unless of course you want to load the term with every possible negative connotation you can imagine, like racism, xenophobia, closed borders, selfishness, authoritarianism, totalitarianism and war; and then you will probably use other nice words for the good groupishness, like patriotism or republicanism.

There can be many kinds of nationalism, from statist, collectivist, communist, socialist, fascist nationalism, to liberal nationalism. But nationalism is not weird, just peculiar, like every other ideology.


Recomendaciones

27/11/2018

La mutilación genital femenina como límite a la tutela parental, de Irune Ariño

Bee-brained: Are insects ‘philosophical zombies’ with no inner life? Close attention to their behaviours and moods suggests otherwis, by Lars Chittka & Catherine Wilson

What Gets Expensive, and Why?, by Arnold Kling

Por qué mandan los hombres. La inevitabilidad del Patriarcado, de Pablo Malo

Steven Goldberg summarizes Why Men Rule (The Inevitability of Patriarchy)


Tonterías selectas

27/11/2018

Entrevista a Juan Soto Ivars

Nosotros estamos en un momento en el que nos dicen que el progreso es netamente capitalista-liberal. Yo antes de la crisis era de derechas en el sentido económico. Yo me creía el relato de que esto iba como un AVE, que había que dejar que los ricos generaran riqueza, que era su labor. La crisis me supuso la caída del guindo; hice el camino contrario del que se supone que tienes que hacer según maduras. Para mí este sistema capitalista me parece una estafa a gran escala y que está intentando desde los años 80 liberarse de la tenaza del Estado, que cada vez es más tenue. Si nuestra época entiende como progreso este sistema capitalista, no me parece descabellado que en el futuro las calles homenajeen a los artífices de esta sociedad. Las calles en mi libro están dedicadas a neoliberales convencidos como Daniel Lacalle, José María Aznar…

Por eso el sistema económico que aparece en la novela es el de capitalismo racional, ya que continuamente nos están diciendo que tenemos que ser racionales, dejarnos de sentimientos, que tener que ser individualistas… Si la cosa sigue por este camino, no me parece descabellado que les pongan estos nombres a las calles.

… A través del libro yo muestro mis preocupaciones. Yo no sé lo suficiente de economía para saber si puede haber un reajuste dentro del sistema. De hecho, mis personajes en la novela son muy ingenuos, lo que me parece una de las cosas divertidas de la novela. Hay un momento que unos revolucionarios le cuentan a la protagonista qué quieren hacer. El lector en ese momento se plantea que serán comunistas o anarquistas. Pero no, ellos quieren una socialdemocracia capitalista. Y hablan de ese sistema, que es del que han oído hablar, el que estamos nosotros ahora destruyendo, y en el que había sanidad y educación pública, jubilación… que había una serie de derechos que ellos ni han olido. Esa ingenuidad de los personajes me parece que es una constante: todos los revolucionarios han imaginado un pasado glorioso para intentar construir un futuro justo.

Lo que no me creo es que el optimismo de los liberales de ahora –y digo liberales con mucho asco porque para mí éstos son neoliberales– piensen que el mundo social vaya a mejor. El problema es que ellos ven las cifras en macro: defienden que hay más riqueza a nivel general, una clase media más asentada…, pero yo me parto de risa ante estos argumentos. ¿A mí qué me importa esto? En esta novela pongo a España como parte del Tercer Mundo y en China crece una clase media. Si en China se crea una clase consumidora, ¿qué pintamos nosotros? Esa es la gran incertidumbre que me lleva a escribir la novela.

P: Otro tema que aparece en la novela es la desaparición de los Estados tal cual los conocemos hoy en día.

Pero es que ya han desaparecido. Ahora estamos con las banderitas todo el día porque estamos llenos de miedo. Pero mira lo que pasó en Grecia. El poder que tiene ahora mismo un Estado para resolver sus asuntos internos es nimio. Tiene que ser un Estado fortísimo como Rusia o Estados Unidos. Fortísimo digo desde lo mercantil. Pero no es Estados Unidos o China quien manda, sino sus empresas. Por ello sostengo que los Estados ya han desaparecido. Por ejemplo, si saliera Podemos, su capacidad de maniobra sería mínima, ya que España ahora mismo es una deuda. ¿Quién manda entonces? ¿Qué es el Estado ahora? ¿Qué posibilidad tiene un Estado de salvaguardar su sanidad pública o la educación cuando es todo deuda? A nosotros nos hace falta una separación de los poderes políticos y económicos ya. Mientras no se sepa si manda el presidente del gobierno o Iberdrola, estamos en manos de los empresarios, no de los políticos.

… la moral que impera en nuestra sociedad es utilitarista. Esto quiere decir que algo es bueno o malo con el criterio de si funciona. Al liberarnos de una moral más filosófica, es la codicia lo que mueve la sociedad. Y ahora estamos en eso. A nosotros nos vendieron que los fondos buitre se iban a comer la carroña y a sanear el mercado de la vivienda que estaba destrozado. Ahora descubrimos que los fondos buitre son otra cosa, que están volviendo a subir el precio del alquiler y creando otra burbuja, ya que con los precios que hay, a día de hoy sale a veces más barato comprar una casa que alquilarla. Y volveremos a las mismas consecuencias, ya que nadie en el poder toma decisiones desde un punto de vista que no sea utilitarista. Todos esos pisos vacíos son un botín.

… yo estoy convencido de que lo que nos separa de la violencia es el precio de la comida. La comida basura en el sistema capitalista es tan barata que los pobres son obesos. Yo pienso que si los pobres son obesos, no van a coger un fusil. Ni siquiera van a hacer huelgas. En la novela los pobres son flacos, el precio de la comida fluctúa como el de la luz…, ahí es entonces cuando los pobres pasan hambre y cuando aparece la violencia.

El tema del precio de la comida no me parece tan descabellado según lo que está sucediendo. Yo interpreto que el precio de las salchichas del Día son un mecanismo de control del poder financiero. Un mecanismo muy efectivo, ya que estás engordando al pobre, dándole televisión y dejándole postrado. No sé hasta qué punto ese sistema de control acabarán descuidándolo. Si descuidan esto es cuando surgirá la violencia. Lo que no puede ser es que una sociedad retroceda. Esto ha pasado muy pocas veces en la historia. La sociedad produce violencia mientras va perdiendo derechos, pero estalla cuando se canaliza. Esto puede ser por un dictador o por el encarecimiento de los productos básicos.

… Ahora mismo luchar contra el capitalismo es como luchar contra Internet. Es como una hidra. Por eso no tengo ni puta idea. Lo que sí sé es que hay que armarla como los franceses: a la mínima que les tocan un derecho, lían una gordísima. Y son bastante resistentes. No se me ocurre nada mejor que hacer. Yo en el pasado me he opuesto a huelgas en el periódico, pero ahora lo veo como la única solución.

Ser más conscientes del mundo en el que vivimos…

Yo lo que detesto de la izquierda es que trabaja desde el punto de que tiene que llegar a todas las cabezas. A mí sí me sirve ser más consciente, pero no sé si es una solución. El sistema de propaganda del capitalismo es muy efectivo, ya que te dice que vas a ser joven hasta los 70 años, que vas a disfrutar de muchos productos, que seas tú mismo… Para llegar a ser consciente tienes que hacer el viaje tú mismo. La izquierda yo creo que tiene que luchar por cosas concretas y dejarse de intentar que todos salgan a una a la calle. La mayoría de la clase obrera es de derechas. Lo decía Fernán Gómez: “Yo soy de derechas porque quiero ser rico”. Esto es una identificación que tiene que ver con el deseo de prosperidad. Y es muy difícil luchar contra esto. No me gusta lo de abrir los ojos, no me parece el camino.

Con Bankia nos estafaron a todos, de Juan Carlos Escudier

… mientras se salvaba a los bancos se condenaba a las personas.

Víctimas de Bankia fueron los ancianos a los que se empezó a cobrar en las farmacias y que dejaron de tomar medicamentos porque no podían pagarlos, los enfermos a los que se les negó tratamiento en la Sanidad pública porque era muy caro, los que se quedaron sin subsidios y solo vieron salida a su desesperación en una ventana abierta, los jóvenes que no pudieron pagar las tasas universitarias, los trabajadores temporales a los que no renovaron, los fijos a los que echaron, los que vieron sus sueldos congelados, los científicos que perdieron sus laboratorios, los dependientes que quedaron desatendidos, o los condenados a hacer las maletas y buscar sustento en otros países. Ninguno de ellos será testigo en esta causa que les cambió la vida.

¿Hacia dónde vamos?, de Miren Etxezarreta

Cambio demográfico y colapso ecológico…¡cuánta hipocresía y miopía!, de Fernando Luengo, economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos

La enorme crisis social creada por las políticas neoliberales de los gobiernos españoles y catalanes, de Vicenç Navarro