Recopilación de artículos y conferencias sobre dinero, crédito, banca y finanzas (actualización Julio 2018)

13/07/2018

– Artículos en Instituto Juan de Mariana e intelib:

¿Y si el Banco de España no existiese?

La banca con reserva fraccionaria (o aquí, o aquí)

Asientos reservados

Dinero, deuda, banca y reserva fraccionaria

Producción, preservación e intercambio de valor: los intermediarios

Producción, preservación e intercambio de valor: el dinero

Servicios e información no pueden ser dinero

El dinero mercancía

Dinero, unidad de cuenta y cálculo económico

El dinero como institución evolutiva

La producción de dinero

Problemas del dinero mercancía

Dinero y deuda

Nociones básicas de finanzas

Plazos, coste y riesgo del crédito

Dinero, deuda y banca

Banca, pagos y finanzas

El dinero interno bancario

La estabilidad de la banca

Dinero, finanzas y economía: (I) el mercado libre

Dinero, finanzas y economía: (y II) la intervención estatal

Crisis: dinero, crédito, banca, Estado

El descalce de plazos y riesgos (1)

El descalce de plazos y riesgos (y 2)

Bitcoin (I)

Bitcoin (II)

Bitcoin (y III)

Crítica a Leonardo Ravier sobre la reserva fraccionaria

Deuda, interés y descuento

Dos cuestiones monetarias

Más sobre dinero fiat y el billete del banco central

Más buenas ideas, algunos errores repetidos y otros nuevos sobre el billete fiat del banco central

Rallo insiste en errar

Últimas ideas sobre activo y pasivo, dinero y coacción estatal

Posibles causas de los errores contra la reserva fraccionaria

Reserva fraccionaria, descalce de plazos y riesgos, cucharas y veneno

Bienes económicos: tiempo, riesgo y normas

Capital: producción y finanzas

Fernando Herrera no entiende la reserva fraccionaria

Rallo vs. Mises y el teorema regresivo del dinero

Sobre el debate entre Juan Ramón Rallo y Adrián Ravier acerca del ciclo económico, el descalce de plazos, la banca libre y el intervencionismo estatal

Miguel Ángel Fernández Ordóñez y su dinero revolucionario

Dinero: naturaleza, funciones, tipos y representación

– Artículos en Libre Mercado (Libertad Digital):

Dominique Strauss-Kahn, el FMI y la estabilidad financiera

Finanzas, producción y dirección económica

Disparates sobre finanzas y pasiones tranquilas

El riesgo de la deuda pública

– Conferencias (videos):

El papel del dinero, el crédito y la banca en la génesis de la crisis

Banca y estado: una historia de amor: Paco Capella en TEDxCanarias 2012

Entrevista: La escabrosa historia de amor entre la banca y el Estado

La escabrosa historia de amor entre la banca y el estado

La psicología de los errores económicos y financieros

Dinero, deuda y banca (Universidad de Verano IJM 2013)

Dinero, deuda, banca (Universidad de Verano IJM 2014)

Moderación del debate entre Adrián Ravier y Juan Ramón Rallo – ¿Desaparecerían los ciclos económicos con un sistema de banca libre?

Entrevista: Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades

– Audio:

Finanzas, banca y ciclos económicos (podcast con Luis Alberto Iglesias de Educación para la Libertad)

Una breve historia del dinero (podcast con Luis Alberto Iglesias de Educación para la Libertad)

En defensa de la reserva fraccionaria de la banca (podcast con Luis Alberto Iglesias de Educación para la Libertad)


Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (videos)

02/07/2018

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (video de la conferencia en el Instituto Juan de Mariana)

Dinero, banca, finanzas y ciclos económicos: temas clásicos y novedades (video de la entrevista en el Instituto Juan de Mariana)


Dinero: naturaleza, funciones, tipos y representación

21/05/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El dinero es una institución social fundamental que facilita la coordinación y la cooperación: cada individuo usa el dinero porque sabe que los demás también lo utilizan para pagar y cobrar en sus intercambios.

El buen dinero es el mejor invariante de valor posible en una economía que permite costes de producción y uso mínimos (almacenamiento, transporte, transacción). Idealmente su valor o poder adquisitivo es invariante o estable ante cambios de persona, tiempo, lugar, cantidad y rol del agente; es el bien más líquido, que se compra o vende rápidamente y en grandes cantidades sin alterar apenas su precio o poder adquisitivo; lo usa, demanda y ofrece todo el mundo todo el tiempo (su oferta y demanda general son amplias, profundas y constantes, con posibles variaciones según cambios en la actividad económica); su valor no fluctúa a corto plazo ni presenta tendencias a largo plazo (no es un instrumento de inversión especulativa con el cual se intenta incrementar el patrimonio asumiendo algún tipo de riesgo e incertidumbre); su ámbito geográfico o espacial es amplio (puede ser limitado según la integración económica y política); su utilidad marginal es prácticamente constante; tiene el mínimo diferencial posible entre precio pedido por el vendedor y precio ofrecido por el comprador; su oferta y demanda están acopladas a la oferta y demanda de bienes y servicios y a los mercados financieros; los flujos de nuevo dinero son bajos y estables en relación con las existencias.

El dinero tiene tres funciones: medio de intercambio indirecto de aceptación generalizada (para pagar por bienes y servicios y saldar deudas), depósito de valor (atesorar sin intercambiar, sin ganar ni perder valor), y unidad de cuenta (referencia de precios y contabilidad financiera con registros, apuntes o asientos contables de tenencia o movimientos de dinero y bienes valorados en dinero: ingresos y gastos, resultados, activos y pasivos, patrimonio neto, beneficios o pérdidas).

Para cumplir sus funciones de forma eficiente el dinero debe tener ciertas características ideales (no todas las cosas son buenos dineros): duradero (persistente, resistente, no se gasta o estropea con el uso); costes de transacción pequeños; fácil de transmitir y proteger y difícil de robar; fácil de identificar y difícil de falsificar; existe de forma natural o se puede producir, manipular y dividir en diferentes unidades fungibles (homogéneas, sustituibles, intercambiables unas por otras) a su vez agregables para ajustarse a muy diversos precios de intercambio; relativamente escaso y con alto valor por unidad de peso y volumen para fácil uso, almacenamiento y transporte (no tan escaso que no haya suficiente y su densidad de valor sea excesiva).

Diversas entidades satisfacen estos requisitos en mayor o menor medida, y nunca de forma perfecta o absoluta: el dinero es una cualidad que se tiene en diversos grados. No hay un solo dinero universal posible: pueden existir diversos tipos de dinero más o menos útiles y eficientes según diferentes circunstancias tecnológicas, culturales, sociales, económicas, políticas y legales, las cuales son variables en el espacio y en el tiempo. En una misma economía pueden coexistir diferentes formas de dinero (en sentido estricto o amplio), unas más importantes y otras accesorias, unas básicas y otras derivadas (sustitutos o complementos definidos en función de un dinero más fundamental). Históricamente unas formas de dinero sustituyen o complementan a otras.

Lo que se entiende por medios de pago es problemático: conviene distinguir el dinero (lo que se atesora o intercambia) de los sistemas utilizados para su uso. Las tarjetas de débito o crédito permiten ordenar transacciones pero no son dinero sino formas de facilitar pagos y cobros; las tarjetas prepago o monederos electrónicos contienen dinero pero no son dinero (salvo que puedan intercambiarse y circular, en cuyo caso serán complementos monetarios).

Los distintos tipos de dinero se diferencian según varios criterios y propiedades (que pueden ser independientes o combinarse o solaparse parcialmente).

– Si tiene valor de uso (como una mercancía) además del valor de intercambio monetario. El oro y la plata tienen usos ornamentales o industriales; el ganado puede trabajar o utilizarse como alimento; el papel moneda, los apuntes contables, o los bitcoins no tienen valor de uso.

– Desde el punto de vista físico puede ser: un bien u objeto meramente material cuyo valor depende de sus cualidades (físicas, químicas, biológicas) y de su cantidad (monedas o lingotes de oro o plata, caparazones de algunos moluscos); un bien material en forma de objetos discretos transferibles cuyo valor no depende estrictamente de la naturaleza de su soporte físico (el cual podría ser otro diferente), sino de alguna representación simbólica convencional (un billete de banco, una ficha o monetiforme, una moneda metálica en un sistema de dinero fiat); un intangible que no existe en forma de múltiples objetos transferibles sino solo como parte abstracta de un sistema de representación de información basado en diferentes tecnologías (un depósito bancario en un libro de contabilidad en papel o en un formato electrónico, una moneda virtual en su libro contable).

– Desde el punto de vista financiero, si es un activo que no es el pasivo de nadie (no es deuda) o si es un activo que sí que es deuda de alguien. Si no es deuda, qué tipo de cosa es: un bien material o mercancía física de una determinada calidad y cantidad (oro o plata en monedas o lingotes; sal; ganado; tabaco); un certificado de la propiedad de un bien específico o de una cantidad de un bien fungible (un recibo de la custodia de algo en depósito); un certificado de una participación de la propiedad de algo (la acción de una empresa); o una entidad virtual, intangible (dinero electrónico que no sea deuda, criptomoneda). Si es deuda, de quién es el pasivo (el deudor o emisor, quién debe) y de qué es esa deuda (qué debe); si es convertible (se puede reclamar el pago de la deuda en otro derecho de cobro de otro agente o en algo que eventualmente no es deuda) o no convertible (la deuda da ciertos derechos como el pago de impuestos, cancelando una deuda con otra, pero no es deuda definida en términos de una cantidad de algo específico exigible). Para el análisis financiero del valor del dinero deuda es necesario conocer qué activos corresponden a estos pasivos monetizados.

– Cómo se sabe o determina quién posee, gasta o ingresa cuánto dinero, y cómo se efectúan las transacciones o transferencias monetarias, de forma más o menos centralizada o descentralizada (a uno o varios niveles), con o sin intermediarios o gestores, de forma anónima o con identificación personal. En algunos sistemas monetarios el dinero y sus transacciones están separados, mientras que en otros están íntimamente asociados. Con las monedas de oro o plata o billetes de banco al portador (el efectivo) en principio solo cada individuo sabe cuánto dinero tiene y puede transferirlo físicamente de forma relativamente anónima y descentralizada (salvo que existan leyes obligando de forma efectiva a revelar patrimonios y transacciones); la moneda no depende de ningún banco, mientras que el billete depende de un banco emisor. Con el dinero interno bancario (banco privado o banco central público) en forma de cuentas corrientes y sus saldos, el banco sabe cuánto dinero tiene, ingresa y gasta cada cliente, y el cliente debe ordenar al banco las operaciones que desea hacer; algunas cuentas bancarias especiales pueden usarse de forma relativamente anónima; el secreto bancario puede estar prohibido o permitido, de forma que el Estado conoce o no la actividad bancaria de los ciudadanos. Los diferentes dineros virtuales y criptomonedas solo existen dentro de un sistema informático (distribuido o centralizado) que gestiona su posesión y transferencia con diferentes posibilidades en cuanto a privacidad o anonimato. La existencia de dineros y medios de pago centralizados y con información personal (y la no existencia de dineros alternativos descentralizados y anónimos) es útil para la labor de regulación, vigilancia y fiscalización del Estado, y esto es frecuentemente un problema para la libertad de los individuos. El funcionamiento de los sistemas centralizados depende de la conducta del agente gestor, que puede cometer errores o abusos (apropiación o redistribución de dinero).

– Cómo se produce el dinero, si de forma centralizada o descentralizada (a uno o varios niveles), si se exige algún tipo de licencia o no, si es un monopolio u oligopolio o un sistema libre, abierto y competitivo. El Estado puede apropiarse de la producción de dinero en diversas formas (dinero fiat) o conceder monopolios u oligopolios a cambio de alguna contraprestación (como financiación en mejores condiciones por los bancos centrales).

– Cómo se consigue que el dinero sea aceptado y usado como tal, especialmente si se utiliza algún tipo de coacción legal o no: dinero como institución evolutiva espontánea que emerge en un mercado libre, o curso legal forzoso y coactivo para compraventas o saldar deudas, especialmente el pago de impuestos.

– Desde un punto de vista normativo o legal, cuáles son las reglas de uso del dinero (prohibiciones, obligaciones en pagos o cobros como leyes de curso legal forzoso en dinero fiat), especialmente a qué da derecho su posesión (pago de impuestos, acceso a servicios de una criptomoneda como bitcoin y su cadena de bloques).

– Si es un dinero sin necesidad de representación simbólica (ganado, sal, tabaco, conchas) o con algún tipo de representación simbólica asociada (marcas, documentos, soportes informáticos):

* marcas que informan de la calidad y cantidad de dinero mercancía según han sido certificadas por algún agente: imágenes (animales que pueden representar un valor equivalente aproximado en ganado, útiles para uso por analfabetos; busto de algún individuo poderoso, como un rey; logotipo de un emisor), texto y números en monedas o lingotes (inscritas o asociadas de forma inseparable a cada unidad de bien físico); son útiles para su identificación pero podrían ser falsas y no son estrictamente necesarias, ya que el bien en sí mismo tiene valor intrínseco. Una confusión común en diversas teorías monetarias es creer que el valor de ciertas unidades como monedas de oro y plata procede de los símbolos inscritos, los cuales presuntamente representan una cantidad necesaria para saldar una deuda. Ciertas marcas de figuras (reyes) o instituciones (un banco central) no indican quién es el dueño del dinero, sino quién lo produce o respalda. El poder político puede adulterar estas marcas y exigir que el dinero se use según valores legalmente establecidos que no coinciden con la valoración de mercado libre de la mercancía real subyacente (envilecimiento de la moneda).

* documentos necesarios para certificar propiedad o deuda de algo: textos en diversos soportes como cerámica, papel y tinta, soportes informáticos (normalmente electrónicos). Como documentos con un referente no tienen valor intrínseco sino que este procede del valor del referente (la cosa poseída o debida en calidad y cantidad): el valor de un billete no depende de la cantidad o calidad de su papel sino del mensaje escrito en el mismo. Estos documentos pueden existir en forma centralizada (único registro de la propiedad, libros contables de un banco con depósitos o cuentas de los clientes) o descentralizada (certificados con identificación personal o al portador, billetes de banco). Las deudas y las relaciones de propiedad podrían existir sin forma documental objetiva, solamente en las memorias de los agentes, pero de este modo son posibles los errores, engaños y conflictos.

* sistemas informáticos que representan entidades virtuales abstractas y sin referente externo (no son propiedad ni derecho de cobro de nada) y que gestionan su posesión y sus transacciones, como los dineros puramente virtuales o las criptomonedas.

El dinero actual utilizado por la gente está constituido por billetes y monedas fiat producidas por algún banco central (no convertibles) y depósitos bancarios a la vista (esencialmente saldos en cuentas corrientes) que son pasivos de la banca comercial privada (convertibles en billetes y monedas fiat); los bancos privados a su vez utilizan depósitos con reservas en el banco central. La naturaleza del dinero producido por el banco central es problemática, ya que puede interpretarse como un pasivo suyo, pero es inconvertible en algo externo en calidad y cantidad predeterminadas.

La naturaleza elástica del dinero bancario como deuda que se crea y destruye con relativa facilidad, generando inflación o deflación y descoordinaciones crediticas y financieras, está relacionada con los ciclos económicos. Algunos economistas proponen eliminar el dinero bancario privado (o incluso todas las formas de efectivo como los billetes, especialmente los de alta denominación), dejando como única posibilidad el uso de cuentas personales con dinero digital virtual producido y controlado por un banco central: así se controlaría fácilmente la cantidad de dinero, se evitarían las corridas y quiebras bancarias, se fiscalizarían los patrimonios y las rentas monetarias de los ciudadanos, y se aplicarían eficazmente medidas de represión financiera. Aseguran que así se lucha contra el crimen (terrorismo, narcotráfico) y contra la evasión fiscal, y se facilitan las políticas monetarias necesarias para estimular o estabilizar la economía, garantizar el pleno empleo y evitar los ciclos económicos, posibilitando herramientas heterodoxas como los helicópteros monetarios, la destrucción de dinero o los tipos de interés negativos. Estos autores no suelen ser muy respetuosos con la propiedad privada y la libertad individual, ignoran el papel del Estado en la generación de los ciclos económicos, desconocen los peligros asociados a los descalces de plazos y riesgos, y no reconocen los enormes riesgos asociados a la planificación central coactiva y el monopolio de algo tan importante como el dinero y los sistemas de pagos.

Contra el intervencionismo monetario existen posibilidades clásicas, como los dineros mercancía (oro, plata) complementados por billetes y depósitos bancarios convertibles de bancos privados sin protecciones o garantías estatales y que puedan quebrar; y posibilidades tecnológicas modernas y futuristas, como las criptomonedas descentralizadas. Los Estados se oponen a ambas porque limitan su poder coactivo.

 


Miguel Ángel Fernández Ordóñez y su dinero revolucionario

20/04/2018

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO), el no muy competente exgobernador del Banco de España, defiende un dinero revolucionario:

Un fantasma recorre el sistema monetario y financiero: la posibilidad de cambiar el actual sistema de dinero frágil creado por los bancos privados por un dinero seguro. La reforma supone dejar a todos los ciudadanos y empresas depositar su dinero en el Banco Central donde estaría absolutamente seguro. Ahora solo los bancos privados pueden depositar su dinero en el Banco Central y esto, que hoy es un privilegio, se extendería a todos.

Tras la pobre referencia literaria al Manifiesto del Partido Comunista MAFO no se molesta en distinguir entre dinero, promesas de pago de dinero (pasivos de diversos agentes económicos) y medios de pago; no aclara si el dinero actual es frágil exclusivamente porque lo crean los bancos privados; habla de un dinero que se depositaría en el Banco Central, como si pudiera existir de forma independiente del Banco Central; no aclara cuál es la naturaleza de ese dinero que ahora los bancos privados pueden depositar en el Banco Central; promete seguridad sin explicar cómo estaría garantizada, simplemente porque sí, tal vez porque el Banco Central es un ente estatal y asume que no puede fallar ni quebrar; y olvida lo peligroso que puede ser un sistema en el cual todo el dinero dependa de un agente central que puede equivocarse o corromperse (por ejemplo apropiándose de parte del dinero “depositado”).

La principal ventaja de la reforma sería que, al ser un dinero seguro, no causaría los costes presupuestarios, de desempleo, de pérdidas de PIB y de destrucción de empresas que ocasionan las crisis bancarias.

Las crisis bancarias y económicas (con el desempleo, destrucción de empresas y reducción del PIB asociados) se deben fundamentalmente al intervencionismo estatal en materia monetaria, bancaria y financiera, que defiende y promueve un peligroso e insostenible descalce de plazos y riesgos en los balances de los bancos y otros intermediarios financieros; los costes presupuestarios se deben a los innecesarios rescates bancarios (bail out) que evitan que los acreedores asuman sus merecidas pérdidas (bail in) y quiebren (privatización de beneficios y socialización de pérdidas).

Y además tendría otro efecto positivo ya que permitiría desregular y liberalizar la actividad crediticia hoy fuertemente protegida e intervenida por el Estado.

Desregular y liberalizar la actividad crediticia es un objetivo muy positivo, pero para hacerlo es innecesario recurrir a la propuesta monetaria de MAFO. Basta con abandonar el intervencionismo monetario estatal, dejar que las empresas fracasadas sean liquidadas y tal vez volver a algo parecido al patrón oro.

Cerrando la puerta a una posible alternativa a su propuesta, MAFO asegura que “el bitcoin no sirve para realizar transacciones y por eso no puede sustituir al dinero creado por los bancos privados.” El bitcoin puede tener problemas de volatilidad y escalabilidad, y tal vez no sea el dinero óptimo, pero obviamente sí que sirve para realizar transacciones como demuestra la gente que diariamente las efectúa.

Según MAFO “los depósitos en los Bancos Centrales sí pueden sustituir a los depósitos en los bancos privados.” Sin más explicaciones nos propone una revolución. Aunque no lo dice, se supone que el Banco Central sería algo así como el gestor de los pagos y los cobros de todos los ciudadanos, empresas u otras entidades, que tendrían una cuenta en el Banco Central. Tal vez se trate de una labor demasiado importante como para dejarla en manos de funcionarios, burócratas y políticos.

Con el actual dinero-digital (esto es, los registros en los ordenadores de los bancos) puede suceder lo mismo que sucedió en el siglo XIX con el dinero-papel, los billetes de los bancos. Entonces el dinero en papel era emitido por bancos privados y se decidió que fuera emitido exclusivamente por los Bancos Centrales. Hoy el dinero digital —el de los depósitos— es creado por los bancos privados y pasaría a ser emitido exclusivamente por los Bancos Centrales.

MAFO habla de dinero digital como si lo importante fuera que la información se gestione mediante ordenadores: en realidad lo esencial es que se trata de apuntes contables de pasivos y activos en los balances de los bancos (pasivo de un banco, activo de su tenedor), igual que lo era el dinero papel. Es interesante leer cómo se refiere a que “se decidió” que el papel moneda “fuera emitido exclusivamente por los Bancos Centrales”. ¿Quién lo decidió y en qué consistió esa decisión? El Estado de forma coactiva otorgó un monopolio de emisión de billetes a la banca central a cambio de que esta lo financiara en mejores condiciones. ¿Es esto lo que propone ahora, un monopolio público gigantesco de emisión monetaria, prohibiendo alternativas privadas en competencia que los ciudadanos podrían querer libremente escoger?

Las entidades privadas sucesoras de los bancos actuales seguirían prestando sus valiosos servicios a empresas y familias pero ya no podrían disponer del dinero de sus depositantes sin que estos se enteren, sino que tendrían que solicitárselo para poder prestarlo a otros.

¿Qué tontería es esta de “disponer del dinero de los depositantes sin que estos se enteren”? ¿Es que lo hacen a escondidas o disimulando? ¿No saben los depositantes lo que son sus cuentas corrientes en los bancos? ¿En los actuales contratos de cuenta corriente y en la legislación vigente no está suficientemente claro que un depósito bancario es en realidad un pasivo bancario, un préstamo del cliente al banco, una deuda del banco con el cliente? ¿No sería mejor un poco de educación económica, monetaria y financiera y exigir que cada uno asuma su responsabilidad para vigilar la conducta de su banco?

[…] este cambio tiene unas ventajas muy importantes pues mientras el dinero actual es frágil e inseguro, ya que depende del éxito o fracaso de las inversiones de los bancos, pasaríamos a tener un dinero totalmente seguro e independiente de los azares del mercado de préstamos porque el Banco Central no prestaría el dinero depositado en el mismo.

Para conseguir que el dinero bancario actual fuera sólido y seguro bastaría con que las inversiones de los bancos realizadas con los depósitos a la vista de sus clientes fueran a muy corto plazo y muy seguras, que es lo que se conseguía en la banca tradicional cuando en su activo tenían letras reales (letras comerciales muy líquidas respaldadas por mercancías a punto de venderse a precios estables y con buenos márgenes de seguridad en su valoración). Los bancos tienden a realizar inversiones o préstamos seguros si saben que pueden quebrar porque no se les garantiza explícita o implícitamente un rescate o financiación a bajo coste.

¿Y qué es eso de que el Banco Central no prestaría el dinero depositado en él? ¿Qué naturaleza tendría este dinero? ¿Sería un activo sin ningún pasivo correspondiente, como por ejemplo una moneda de oro o plata o un bitcoin? ¿O se trataría de un pasivo del propio Banco Central? Si fuera un pasivo, le correspondería algún activo en forma de préstamo realizado por el Banco Central, probablemente comprando deuda pública, como se hace ahora. ¿Es la deuda pública totalmente segura e independiente de azares del mercado? MAFO asegura que con su sistema “los depósitos en el Banco Central son de verdad depósitos”. Muy bien: ¿depósitos de qué? ¿Qué es lo que se “deposita” en el Banco Central? ¿Tendrían los clientes derecho a recuperar lo que sea que han depositado en el Banco Central y sacarlo de allí? ¿Serían depósitos convertibles en algo?

Según él “desaparecerían las crisis bancarias con los costes monstruosos que hemos sufrido” pero “no desaparecerían las crisis financieras, pues en el momento en que se asume un riesgo existe la posibilidad de fracaso”. Tal vez no entiende que los bancos son entidades financieras. Quizás ignora que esta crisis ha tenido muy poco o nada que ver con los depósitos a la vista de la banca privada. Convendría que explicara, porque probablemente lo sabe, qué es un repo o una titulización, y qué es la banca en la sombra.

Esta fragilidad de los depósitos en los bancos privados es la que exige que los Estados mantengan hoy dos voluminosos paquetes regulatorios que hacen que el sistema bancario sea actualmente el sector más protegido e intervenido de todos los sectores económicos. Por un lado hay un paquete regulador protector por el cual se le aseguran los depósitos y, si no es suficiente, se les garantiza la liquidez y, finalmente, si es necesario, se inyectan fondos públicos para evitar su quiebra. Por otro lado, hay un paquete regulatorio intervencionista, que impone a los bancos unas restricciones a su libertad de empresa en casi todos sus ámbitos de actuación (capital, liquidez, remuneración de directivos, etcétera) que dificultan la innovación y la competencia. Y además de esta voluminosa regulación, el Estado tiene que mantener una policía —los supervisores— para evitar que incumplan estos requerimientos. La ventaja de contar con un dinero seguro emitido por los Bancos Centrales es que se podría reducir enormemente esa regulación y su supervisión. Y la desregulación de la actividad crediticia y de pagos produciría las ganancias de eficiencia que se producen siempre que se liberaliza un sector.

MAFO acierta al proponer liberalizaciones y desregulaciones, pero presenta la relación entre causa y efecto justo al revés. No es la fragilidad de la banca privada lo que origina la intervención estatal: es la intervención estatal, en forma de garantías de depósitos, de liquidez y de financiación, lo que provoca riesgo moral y lleva a la banca privada a tomar riesgos excesivos.

El sistema tiene otras presuntas virtudes, como una política monetaria más efectiva que no se explica en absoluto más allá de asegurar que no fomenta el endeudamiento, o como el señoreaje como ingreso estatal.

Después de asegurar que su propuesta es un cambio monetario revolucionario, cuando en realidad es una propuesta antigua, no original, ineficiente y mal explicada, advierte de que el cambio no puede ser revolucionario sino que se tiene que proceder con prudencia y estudio, poco a poco, mediante reformas graduales adaptativas. Podría haber empezado contando mínimamente cómo se produciría su dinero revolucionario, o cómo se determinaría cuál es su cantidad óptima. Seguramente cree que en su Banco Central ideal habría grandes tecnócratas expertos capaces de contestar a estos detalles: expertos como él, claro, con su mismo historial constatado de fracasos.


Rallo vs. Mises y el teorema regresivo del dinero

18/01/2016

Juan Ramón Rallo anuncia un nuevo libro suyo muy interesante: una crítica a La teoría del dinero y de los medios fiduciarios de Ludwig von Mises.

Según Rallo:

… un bien podrá ser demandado como dinero aunque previamente carezca de un valor objetivo de cambio. La demanda (su valor subjetivo) de hoy no dependerá del valor objetivo de cambio de ayer, sino de la estabilidad del valor objetivo de cambio que se espera que exhiba en un determinado momento futuro: es decir, la utilidad subjetiva del dinero no estará, por necesidad, históricamente ligada a su utilidad no monetaria originaria, sino que puede estarlo, simple y llanamente, a la aptitud que se espera que exhiba ese bien para actuar como dinero (como medio de cambio indirecto con valor objetivo de cambio estable). … en cuanto el valor del dinero, las expectativas sobre el futuro son mucho más importantes que su historia.

Supongo que con “valor objetivo de cambio” Rallo se refiere a poder adquisitivo o precio. No comparto el tratar “demanda” y “valor subjetivo” como sinónimos.

Rallo tiene razón en enfatizar el futuro y las expectativas, pero es peligroso decir que el valor presente no depende del valor pasado: las expectativas se forman a partir del presente y este se ha formado a partir del pasado; el futuro no es una mera extrapolación simple del pasado, pero para empezar a especular es necesario basarse en algo y ese algo suele ser el estado y las tendencias anteriores. En el caso del dinero, que es esencialmente el bien de valor más invariante, el pasado y el futuro básicamente coinciden: se mira hacia atrás para prever que todo seguirá esencialmente igual (si se trata de un buen dinero).

Es en los procesos de monetización y desmonetización cuando las cosas cambian y conviene mirar más hacia el futuro que hacia el pasado, pero precisamente porque se trata de bienes que quizás lleguen a ser dinero o dejen de ser dinero.

… un objeto podrá pasar a actuar como dinero aunque carezca de utilidad no monetaria previa. Tomemos el caso del oro: aunque el oro no poseyera otra utilidad aparte de la monetaria, podría perfectamente terminar siendo dinero dadas las excelentes propiedades que posee como tal (bajo coste de transformación, dificultad de falsificación por su densidad y brillo característicos o escasez relativa); para ello bastaría con que los agentes que desean emplear un medio de cambio indirecto se formaran la expectativa de que todos los restantes agentes aceptarán el oro como ese medio de cambio indirecto a un determinado valor de intercambio estable. Y para que todos esos agentes converjan en que el oro será aceptado como medio de intercambio por el resto, no es necesario que el oro posea una utilidad no monetaria previa: sí es necesario, en cambio, que el oro se convierta, por alguna razón, en el punto focal que los lleve a seleccionarlo a todos como medio de cambio indirecto.

Rallo parece querer decir que un bien puede pasar de no tener ninguna utilidad a convertirse en dinero. El bien existe al menos como cosa objetiva, pero no tiene utilidad no monetaria y no se usa aún como dinero aunque tiene rasgos objetivos que harían que fuera un buen dinero si la gente decidiera usarlo como tal. El problema es que es muy difícil encontrar un ejemplo real de algo así: Rallo menciona al oro, pero el oro tiene una gran utilidad ornamental y como señal de estatus (también industrial, pero es posterior).

El que todos los agentes se formen la expectativa de que todos los demás agentes van a percibir una misma utilidad para el oro es teóricamente posible pero prácticamente imposible: los fenómenos culturales no funcionan así, con mecanismos que parecen invocar revelaciones comunes a todo el mundo donde antes no había nada o sólo había una posibilidad desaprovechada. La formación de instituciones es compleja y puede implicar cambios bruscos (transiciones no lineales, cambios de estado), pero esta descripción es muy incompleta y problemática. Los puntos focales existen pero no son por lo general fáciles: generalmente hay mucha prueba y error, iniciativa empresarial y copia de lo exitoso, y no una súbita intuición colectiva.

Además en el siguiente párrafo Rallo cambia el ejemplo del oro y dice que los agentes podrían convertirlo en su punto focal porque “el oro haya exhibido históricamente un valor de cambio objetivo muy estable merced a su elevada utilidad no monetaria previa”; pero entonces ya partimos de un uso previo para algo, y esta es la monetización de un bien económico previamente no monetario de la que habla Mises.

Sigue Rallo:

Si Mises se hubiera limitado a decir que los bienes con una utilidad no monetaria previa tienen muchas más probabilidades de convertirse evolutivamente en dinero que aquellos objetivos sin utilidad no monetaria, habría estado en lo cierto: pero es falso que sólo los bienes económicos con demanda no monetaria previa puedan convertirse en dinero.

Correcto: conviene leer el teorema regresivo del dinero de Mises como una posibilidad y no como una necesidad. Mises intenta explicar cómo algo particular como el dinero surge a partir de principios más generales aplicables a todos los bienes económicos sin necesidad de intervención coactiva centralizada que se lo invente y lo imponga a todos.

Pero no es tan fácil encontrar ejemplos donde algo surja de la nada, o de existir sin ser usado de ningún modo, y pase a ser dinero porque se descubre un futuro maravilloso. Véase por ejemplo bitcoin y otros inventos semejantes aspirantes a convertirse en dinero. El dinero es algo que tiene muchísima inercia, y eso es algo que cuesta mucho ganar y perder.


Dinero, crédito y banca (video)

25/08/2014

Dinero, crédito y banca, ponencia en la IX Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana.


Bienes económicos: tiempo, riesgo y normas

07/02/2014

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Los bienes económicos pueden ser clasificados según múltiples atributos: físicos (materiales) o intangibles (inmateriales); presentes o futuros; duraderos (resistentes, estables) o no duraderos (frágiles, inestables, se deterioran por sí solos o se desgastan con el uso o consumo); cercanos o lejanos; muebles o inmuebles; fraccionables o no; seguros o con riesgo o incertidumbre; originales, intermedios o finales (en la estructura de producción y consumo); directos (para uso) o indirectos (para intercambio); específicos o genéricos (para múltiples usos posibles); complementarios o sustitutivos en relación a otros bienes; de uso o consumo rival (no posible por varios agentes a la vez) o no rival; de exclusión fácil o difícil; públicos o privados; con altos o bajos costes de transporte, almacenamiento, mantenimiento, transacción y protección contra el robo; su uso puede requerir mayor o menor pericia; manipulables o transformables de forma controlada con mayor o menor facilidad; fungibles o no; más o menos fáciles de distinguir y falsificar; de mayor o menor calidad; más o menos exclusivos, de oferta más o menos escasa en relación con su demanda; según su relación entre flujo y existencias; bienes posicionales o no; bienes red o no; según sus externalidades positivas o negativas; regulados (sujetos a diversas normas) o no; contractuales o no; condicionados, contingentes, o no; primitivos o derivados; únicos o repetibles; de valoración más o menos invariante respecto a distintos cambios posibles (sujeto, espacio, tiempo, cantidades, posición de comprador o vendedor).

La producción, el uso o consumo y la disposición de los bienes económicos tienen componentes o dimensiones espaciales (localización, distancia) y temporales (duración), están afectados por riesgo e incertidumbre y tienen restricciones y condicionantes jurídicos (leyes y normas, que pueden cumplirse o no).

La acción humana y los procesos naturales transforman unos bienes en otros: los bienes se crean, se modifican, son destruidos (o consumidos); aparecen, persisten y desaparecen; algunos bienes son duraderos, otros se degradan o estropean más o menos deprisa. Para usar o manipular los bienes físicos suele ser necesario estar cerca de ellos, poder controlarlos y recibir los servicios que proporcionan. Espacio y tiempo están relacionados según la velocidad de movimiento: un bien existente lejano sería semejante a un bien futuro en el sentido de que es necesario un tiempo de desplazamiento (además de los costes de transporte) del bien o del usuario para disfrutarlo.

En una estructura económica algunos bienes pasan por distintas fases temporales y productivas mientras van siendo transformados de materias primas originales a bienes intermedios (semifacturados), bienes de capital o de producción (máquinas, herramientas, locales) y bienes finales de consumo; y van siendo distribuidos, movidos o transportados en el espacio desde la naturaleza a fábricas, almacenes (logística), comercios (mayoristas o minoristas) y domicilios. Los bienes indirectos, como el dinero, se utilizan para ser intercambiados por otros bienes o servicios.

Los bienes son valiosos por los servicios que prestan o las funciones que realizan: son útiles. Los bienes finales, directos y presentes, son valiosos subjetivamente por cómo satisfacen algún deseo o necesidad; los demás bienes se valoran por cómo se espera que contribuyan a producir o conseguir bienes finales, o porque dan derecho a recibir algún bien (final o no), siempre teniendo en cuenta (descontando, aplicando un tipo de interés) la preferencia temporal (presente mejor que futuro) y la aversión al riesgo e incertidumbre (seguro mejor que arriesgado, cierto mejor que incierto). Los valores esperados son estimaciones que pueden estar equivocadas o no cumplirse por distintos motivos: fallo técnico en un proceso de producción; error empresarial sobre la demanda de un bien (cantidades y precios de venta); impago de algún derecho de cobro.

El uso de los bienes está regulado mediante leyes generales, derechos de propiedad y normas contractuales específicas. Las diferentes reglas explicitan obligaciones (deberes, compromisos), prohibiciones y derechos (positivos o negativos, opciones). Los agentes económicos son titulares de derechos de propiedad sobre los bienes y pueden emplearlos con diversas restricciones legales, intercambiarlos (compraventas), cederlos temporalmente (alquiler, préstamo) o realizar otras transacciones o contratos mercantiles, comerciales o financieros, primitivos o derivados (futuros, opciones de compra y venta, permutas financieras), relacionados con su entrega y recepción en diferentes condiciones de cantidad, calidad, distribución, presentación, espacio y tiempo. También es posible realizar contratos sobre diferentes servicios o acciones a realizar.

Una cosa es el bien o cosa física, y otra el derecho de propiedad sobre su uso y disfrute, que también es un bien al proteger o asegurar legalmente dicho uso y disfrute: es posible emplear un objeto cuya posesión es ilegal, pero en una sociedad con un sistema policial y judicial adecuado este aprovechamiento resulta efímero y muy costoso (pérdida de lo robado, castigo, pago de compensaciones). Algunos bienes son de propiedad individual, otros de propiedad compartida, la cual requiere alguna regulación entre los múltiples dueños para evitar conflictos por incompatibilidad.

Algunos bienes son derechos legales o contractuales. Ciertos bienes son derechos sobre la participación, gestión y recepción de posibles beneficios de grupos humanos, empresas o proyectos colectivos (acciones, ciudadanía). También existen derechos de cobro o recepción de ciertos bienes determinados (deudas, obligaciones): acreedor de deuda monetaria; dueño de un contrato de futuro. La emisión de bienes futuros contractuales tiene costes múltiples: costes de transacción para llegar al contrato (búsqueda e investigación del crédito de las partes, negociación de condiciones y precios, formalización contractual); costes de documentación o certificación; costes de las obligaciones que implican los contratos.

La deuda es para el acreedor un derecho de cobro exigible mediante reclamación al deudor en cualquier momento (préstamo a la vista) o al cumplirse un plazo predeterminado: es una promesa del deudor de entregar bienes al acreedor en el futuro (o en cualquier momento presente si se trata de deuda a la vista). Un agente económico puede prestar un bien si la compensación recibida (teniendo en cuenta la preferencia temporal, el posible deterioro del bien y el riesgo de no devolución) es mayor que la conveniencia de disponer de su uso libremente en cualquier momento (teniendo en cuenta los costes de mantener la posesión del bien).

Algunos bienes son derechos que dependen de alguna contingencia, como un boleto para un sorteo, un seguro médico, un seguro de vida; ciertos bienes ejercen como prendas, colaterales o garantías, y pueden perderse por algún incumplimiento contractual. Algunos bienes están condicionados legalmente por decisiones ajenas, como el reparto de dividendos y las decisiones de gestión de una sociedad, los bienes recibidos en préstamo con opción de recuperación por el acreedor, o los bienes sobre los cuales otro agente posee una opción de compra (que puede ejecutarse o no).

Los bienes o activos financieros (acciones, deuda, seguros, derivados) suelen ser transferibles mediante negociación a precios variables en mercados secundarios: pueden intercambiarse por bienes presentes vendiéndolos en mercados secundarios (en el caso de la deuda, en lugar de esperar el plazo de amortización), pero el valor obtenido es a priori indeterminado (no tiene por qué ser el valor facial o nominal). La deuda a la vista es especial porque siempre se tiene derecho a reclamar ya una cantidad de dinero determinada, no sujeta a negociación.

Algunos bienes están en reserva (existencias) y otros están siendo utilizados. Si un agente posee un bien existente que no usa o necesita constantemente y quiere prestarlo pero manteniendo el derecho sobre la disponibilidad del bien en cualquier momento, puede prestarlo a la vista (o con un plazo predeterminado pero con opción permanente de recuperación, o con un plazo muy corto y renovación automática salvo declaración en contra). No hay conflicto entre dos individuos usando de forma incompatible el mismo bien simultáneamente: el prestatario dispone del bien hasta que se lo reclamen (o mientras que no se lo reclamen); el prestamista dispone del bien en cuanto lo reclame. Los receptores que quieran garantizar la disponibilidad más tiempo deben contratar por el plazo deseado y no ceder la opción de recuperación.

En teoría monetaria y financiera suele hablarse de bienes presentes y futuros. Un bien puede ser presente en el sentido de que existe aquí (no ausente) y ahora (no futuro), puede controlarse y se tiene derecho a usarlo. Algunos bienes son presentes y futuros a la vez en el sentido de que son persistentes en el tiempo, son utilizables ahora y se espera que sigan siéndolo en el futuro porque no desaparecen al ser empleados. Algunos bienes son persistentes pero se extinguen al ser consumidos (ciertos alimentos y formas de energía). Un bien puede ser futuro porque aún no existe, aún no se controla o disfruta, o aún no se tiene derecho sobre él; en este último sentido el bien futuro es resultado de un contrato que da derecho a recibir un bien en el futuro; es un derecho existente y conocido en el presente, pero sólo exigible o ejecutable algún momento futuro.

Sin embargo esta denominación sólo resalta la componente temporal y no diferencia, resalta o explicita el factor riesgo, y tiempo y riesgo son fenómenos relacionados pero diferentes. Los derechos a recibir bienes no sólo tienen componente temporal (necesidad de esperar), también tienen componente de riesgo (posible incumplimiento). Son bienes inseguros o inciertos, condicionados al cumplimiento por el deudor de la promesa realizada. El derecho puede madurar o ser a la vista o ya inmediato (sin componente temporal) pero el riesgo de impago aún existe: no es lo mismo tener ya un bien que tener ya el derecho a recibir ese bien ya de otro agente, porque la otra parte puede no cumplir con su deber de entrega o provisión (porque no quiera o porque no pueda).

Casi todos los activos financieros son bienes contractuales futuros; sin embargo algunos son exigibles en todo momento por una cantidad de dinero o bienes previamente especificada, como el depósito a la vista o las opciones de compra o venta ejecutables a la vista (durante su plazo de vigencia), que están determinadas en cantidad de dinero a cambio del bien correspondiente. El depósito a la vista es un derecho mantenido en reserva para ejecutarlo cuando se desee, y además tiene la utilidad presente de poder emplearse como medio de pago generalmente aceptado, transfiriendo el derecho por su valor nominal en lugar de dinero en sentido estricto.

El dinero mercancía que surge espontáneamente en el mercado libre es un bien físico presente indirecto. Es una institución social que no depende de ningún acuerdo o consenso legal y no da derecho a exigir nada: su valor depende de que sea aceptado voluntariamente de forma generalizada como medio de intercambio.

El depósito o billete bancario a la vista es un bien contractual presente con riesgo: es deuda de dinero (un derivado monetario), con componente temporal potencialmente nula (salvo el tiempo de reclamar y recibir la devolución, a partir de cualquier momento el prestamista no tiene por qué esperar más), pero riesgo de impago (normalmente casi nulo, ya que si no no sería un medio de pago generalmente aceptado).

El dinero recibido por el banco en un depósito a la vista es un bien presente pero de disponibilidad condicionada, sujeto a la posible obligación de devolverlo en cualquier momento (y si ese dinero ha sido a su vez prestado, con el riesgo de no recuperarlo). El depósito a la vista (y el billete convertible) es para el cliente un bien presente con riesgo: es un derecho presente sobre un bien presente (dinero) pero con la posibilidad de impago; el impago impondría una componente temporal, la espera por reestructuración de la deuda o el proceso de liquidación del banco.