Tonterías selectas de Juan Manuel de Prada y Chesterton: Capitalismo y antropología

Tonterías selectas de Juan Manuel de Prada y Chesterton: Capitalismo y antropología

el reparto de la propiedad privada (frente a la concentración en la que se funda el capitalismo)

el capitalismo «crea una atmósfera y forma una mentalidad»; … no se limita a organizar la economía, impone una agenda antropológica arrasadora.

Chesterton nos advierte que, con frecuencia, quienes más claman contra el comunismo son los mismos que aplauden las calamidades que nos ha traído el capitalismo…

Chesterton es consciente del error histórico que están cometiendo muchos católicos al defender el capitalismo, que está dispuesto –exactamente igual que el comunismo– a crear «una civilización centralizada, impersonal y monó-tona», capaz de destruir las más numantinas resistencias humanas. Y no se cansa de proclamar que «el capitalismo ha hecho todo lo que amenazaba con hacer el socialismo». Incluso se atreve a precisar que los «placeres permisivos» que ofrece el capitalismo son mucho más corruptores que los que ofrece el socialismo. El tiempo no ha hecho sino darle la razón: sin duda, el comunismo ha matado más cuerpos que el capitalismo, pero ni de lejos ha matado tantas almas.

Chesterton sabe bien que el capitalismo no es sólo una fórmula económica nefasta –consistente en «forzar a la gente para que compre lo que no quiere comprar, y en fabricar tan torpemente como para que lo fabricado se pueda romper, suponiendo que lo querrán comprar de nuevo, manteniendo la bazofia en una rápida circulación»–, sino también una antropología destructiva que, para lograr sus fines, necesita destruir las comunidades humanas, tanto en el aspecto material –forzándolas a la emigración– como espiritual –desbaratando su vida moral y las estructuras que la sostienen, empezando por la familia–. De ahí que capitalismo y antinatalismo sean, para Chesterton, el anverso y el reverso de una misma moneda; pues el capitalismo necesita estimular todas las modalidades de ‘religión erótica’ que impiden o dificultan la fecundidad. Por supuesto, esta labor de destrucción antropológica la hará de forma taimada, mediante coartadas emotivistas y presuntamente humanitarias, presentándose como paladín de aquellos movimientos sociales e ideologías que interesen a su fin primordial; pero todas estas coartadas buscan siempre el mismo fin: «Se impiden los nacimientos –escribe sin paños calientes en El manantial y la ciénaga– porque la gente desea estar libre para ir al cine o comprar un tocadiscos o una radio. Lo que me hace desear pisotear a esas gentes como si fueran felpudos es que usen la palabra ‘libre’, cuando con cada uno de esos actos se encadenan al más servil y mecánico sistema que haya sido tolerado por los hombres».

Pues ese sistema ‘servil y mecánico’ no se limita únicamente a organizar la economía, sino que es fundamentalmente un sistema de ingeniería social que ha destruido las comunidades humanas. Sospechen siempre de los católicos que se proclaman defensores del capitalismo.