El valor de un periódico

28/02/2012

Afirma Ricardo de Querol sobre el cierre del diario Público (La voz perdida):

Que muera un periódico es una tragedia para nuestra profesión, pero sobre todo lo es para los ciudadanos.

O sea que todos los ciudadanos estamos viviendo una situación trágica: las valoraciones no son subjetivas ni relativas. Nadie se alegra por el cierre de ese diario, a nadie le da igual, nadie sufre pero sólo un poquito.

Ayer no salió Público y su libertad para informarse, la de usted lector habitual u ocasional de este periódico, se ha reducido.

La libertad para informarse de los lectores no ha cambiado absolutamente nada con la desaparición de este diario: se han reducido las alternativas disponibles, pero ninguna ha sido censurada. Mayor libertad no es equivalente a mayor número de opciones disponibles.

Por otro lado tal vez el diario desaparecido no ofrecía información sino que se dedicaba más bien a la desinformación, a la agitación y a la propaganda.

Sobre la crisis del periodismo asegura:

La pregunta es si nos podremos seguir permitiendo algo que nos hace tanta falta.

Es curioso su uso de la primera persona del plural, como si “todos nosotros” (que a saber quiénes somos) fuéramos quienes necesitamos algo y nos lo podemos permitir o no. No hace un análisis individual, en el cual se vería que unos individuos están interesados y otros quizás no tanto.

Tal vez está intentando transmitir de forma engañosa sus propias valoraciones subjetivas sobre el periodismo, haciéndolas pasar como algo que todos necesitamos. ¿Y cuánto lo necesitamos? “Tanto…” Ya, pero ¿comparado con qué?


“Hay que ayudar a la prensa”

08/05/2009

Eso asegura Romeu en El País, que curiosamente es parte importante de la prensa, sobre todo mientras los poderes fácticos no acaben de dejar que el grupo Prisa quiebre.

– Hay que ayudar a la prensa. Gracias a ella, sabemos cómo nos doran la píldora.

– Y sin ella, la píldora sería un supositorio.

¿Quizás su desfachatez no es suficiente como para decir “Ayúdennos, es una orden”? ¿No hay aquí un pequeño conflicto de intereses? ¿Parcialidad?

¿Y quién se supone que nos dora la píldora? ¿Los políticos? ¿O sea los mismos que deciden si se ayuda a la prensa y cómo?

La estupidez del “hay que”.


Miguel Ángel Aguilar, prensa escrita e Internet

04/05/2009

Miguel Ángel Aguilar asegura:

Todos navegamos en los mares de internet donde todo exceso tiene su asiento. Cunde el anonimato que impulsa cualquier clase de atrevimiento. Se pierden las referencias distintivas. Desaparece el aval que acredita la veracidad de las noticias. El fenómeno produce una igualación por abajo. Estamos inundados de información y, como sucede en toda inundación, estamos con el agua al cuello y acuciados por la primera carencia básica, que es la del agua potable. Faltan las depuradoras que nos permitan mantener los niveles de hidratación precisos sin peligro de envenenamiento. Pronto ofreceremos, como el rey Ricardo III en el fragor de la batalla, nuestro reino por una botella de agua garantizada. Declaremos enseguida que esa tarea potabilizadora era precisamente la más noble entre las que asumían los periodistas auténticos siempre imbuidos de sus deberes hacia el público.

Aguilar parece afirmar que en la prensa digital, al contrario que en la de papel, no hay referencias ni acreditación de la verdad. Probablemente es simplemente la desvergüenza del que se siente periodista auténtico y objetivo y tacha a la competencia de manipuladores interesados. Pura proyección psicológica viniendo del grupo Prisa.

Según el, en Internet “prolifera la cacofonía y el ruido que dificulta la inteligibilidad de los mensajes. Falta ese manual de autoprotección contra la manipulación informativa que ahora se hace más preciso que nunca.” Seguro que se ofrece voluntario para producir ese manual y asegurar que se cumplan sus recomendaciones.

Se permite despreciar a las nuevas generaciones de periodistas: “el nivel intelectual de quienes entran a formar parte del periodismo podría estar entrando en fase de decadencia”. Si la referencia intelectual es él, un descenso por pequeño que sea ya es desastroso.

Asegura que “el público pensante se ve conformado por el periódico que cada 24 horas es capaz de ofrecerle una idea del mundo en el que vive conforme a pautas de ponderación que lo hacen inteligible.” Vamos, que los pensantes prefieren leer periódicos en los que no haya que pensar mucho y les confirmen sus prejuicios previos. De nuevo una descripción atinada del grupo Prisa y sus seguidores, salvo en lo de pretender que los lectores de “El País” son en general “público pensante”.