Tonterías selectas

29/07/2019

‘El cuento de la criada’ hecho realidad: la foto de una pareja fingiendo haber parido un bebé nacido por un vientre de alquiler

Abajo la gentrificación, de José Mansilla

Qué debería incluir el acuerdo de gobierno entre PSOE y Podemos (II), de Juan Laborda

Pobreza de jóvenes, una emergencia nacional, de Antón Costas

Alquiler de vientres: reflexión sobre la libertad, la conciencia y el mercado, de Alexei Leitzie

La práctica del alquiler de vientres, también conocida en la neolengua política del eufemismo de distorsión como gestación subrogada (en inglés surrogacy) o maternidad por sustitución…

El alquiler de vientres en la actualidad supone la contratación de la capacidad gestante de una mujer para alumbrar a una criatura que será entregada con filiación al cuidado de personas distintas a la mujer que la concibe. Para aprobar la práctica, la teoría liberal se atrinchera en la libertad individual para consentir ciertas condiciones mediante contratos entre partes. Al igual que para la prostitución, se aduce que una persona debe ser libre para elegir si quiere o no someterse a ciertas prácticas. El problema es que para el liberalismo la libertad individual de formar acuerdos sólo se materializa mediante contratos formales sujetos al marco del mercado. Es decir, se está diciendo que existe un mercado libre (o que debería ser libre) y que las personas pueden elegir formar parte de él o no. Pero la libertad individual puede verse transformada cuando coexiste con las lógicas mercantiles; el idealismo teórico de la libertad se ve acotado por el materialismo inmanente del mercado.

Por si fuera poco, la sociedad moderna occidental interviene de diversa forma la libertad de conciencia de las personas, por lo que, además de cuestionar bastante la libertad dentro del mercado, cabe cuestionarse la calidad de la propia disposición interior previa a cualquier acuerdo. ¿Puede hablarse de libertad de decisión en el individuo si diferentes centros de poder (organismos internacionales, Estado, escuela, medios de comunicación, publicidad, empresa) utilizan presupuestos multimillonarios para vehicular e inculcarnos hábitos e ideas de manera incesante? ¿Puede suponerse hoy la libertad de conciencia, fundamento primero sobre la toma de decisiones verdaderamente libre del individuo, como trinchera interior, como bastión impenetrable para una autonomía suficiente de la voluntad?

… El derecho a la maternidad, el “poder para realizar decisiones informadas sobre nuestra propia fertilidad” (en Reproductive and Sexual Rights: A Feminist Perspective), expresado como “el derecho a realizar un plan de procreación” (en Programa de Acción de la Conferencia Internacional de El Cairo, 1994) instrumentaliza la vida humana con arreglo a satisfacer el fanatismo por libertades individuales que están cuestionadas, en este caso, incluso por la propia biología de la existencia.

… Nunca antes en la historia de la humanidad se tiene registro de algún grupo humano que, a pesar de una infertilidad manifiesta, clamase por un derecho a la maternidad. Es la tecnología moderna la que posibilita esa realidad, pero ello sólo explica las posibilidades concretas de este momento histórico y no la intemporalidad de un derecho humano como tal. Cuando un sistema político propone libertades que sólo se explican y realizan bajo su propia realidad subjetiva lo que de verdad está haciendo es construir un catecismo normativo que socava los principios de la libertad natural inherente a la vida humana.

… ¿Qué hay de la libertad de las criaturas nacidas con arreglo a este derecho a la maternidad? ¿Por qué un poder debe garantizar la libertad de unos por tener descendencia y no la de otros por tener ascendencia? El debate es irresoluble bajo la lógica del derecho a la maternidad y por eso la opción de sus defensores es imponer este derecho por encima de cualquier consideración sobre la ascendencia. Es por ello que existen dos opiniones irreconciliables entre quienes ponen el foco en los individuos adultos y los que fijan la exigencia del derecho a la vida … de las criaturas.

… los defensores de la libertad de elección de las personas adultas para someterse a prácticas de gestación subrogada inscriben esa capacidad decisoria en el mercado y aducen que esa firma de contratos entre partes contratantes es libre y no está sujeta a condicionantes del propio mercado. Se quejan de la intervención exógena del Estado, pero no abordan la coerción intrínseca que ejerce el mercado capitalista actual.

… La cuestión que subyace es hasta qué punto la necesidad de mercado (la necesidad de dinero) en las sociedades modernas convierte o no en libre las decisiones de personas que deciden firmar estos contratos. Ignorar que una mayoría de personas acuden a estos mercados movidas por una necesidad asfixiante de dinero es una temeridad. El dinero funciona como incentivo-coacción, una ambivalencia temible, que sirve tanto al propósito de justificar la libertad que otorga como para denostar la esclavitud a la que somete.

… ¿Es equiparable la autonomía de la voluntad, clave de la libertad individual, entre personas adineradas nacidas en un entorno propicio para ello, y las realidades humanas de personas nacidas bajo estructuras de desamparo, que no ofrecen las mismas oportunidades objetivas y materiales para incluso una vida plena, no digamos para la capacidad de acumular riquezas?

La falacia del liberalismo es deducir que la voluntad entre las personas que firman un contrato de subrogación es una voluntad liberada, que aun sin regulación el mercado no genera asimismo una presión exógena sobre la decisión del individuo, y además, el liberalismo reduce todo acuerdo entre partes a las condiciones de mercado, eliminando de la ecuación la posibilidad de acuerdos no mercantiles que rechacen inscribirse en el mercado, por ejemplo los acuerdos entre personas cercanas, como familiares. Por ello aún en el caso de la subrogación por altruísmo, el liberalismo aduce que debe existir disposición mercantil para que clínicas privadas supervisen el proceso (adjudicándoles un nicho de mercado y un rédito, como ocurre en Estados Unidos). Evidentemente, lo concreto de la subrogación requiere de una tecnología de reproducción asistida específica que no puede darse en la intimidad aislada y no mercantil entre dos partes, pero ello no quiere decir que el discurso deba constreñirse a esta realidad discreta, relegando la verdad como meta; no, el discurso debe tener por fin la verdad, si no quiere después adolecer de contradicción; y, con vistas a la verdad, después debe descender a la realidad con soluciones o dilemas bien reflexionados, para al menos poder entender y pensar la compleja realidad de estos asuntos. El liberalismo acota su cosmovisión sin apego por lo verdadero, obedece a una monomanía perpetua por lo económico y el mercado, olvida las dimensiones de la conciencia, la moral, la ética y la coerción inherente al sistema del dinero y, con ello, sólo ofrece soluciones parciales que relegan muchas realidades al olvido.

En un escenario ideal, los acuerdos de gestación por sustitución quizás sí estarían nada más definidos en lo discreto de las circunstancias, como intercambio acordado exento de condicionantes degradatorios de la voluntad como el dinero, pero en el sistema de mercado-dinero actual los contratos mercantiles están tamizados por el patrón monetario, una muy cierta necesidad de retribución para afrontar la vida, el derecho mercantil, la aprobación del Estado, etc. Por lo tanto, justificar la mercantilización de la gestación subrogada con arreglo al idealismo liberal sin atenerse a la realidad actual es una temeridad. La libertad individual puede adquirir formas de acuerdo no mercantiles (fuera de los estándares de mercado concretos del momento) con los demás, y es ahí donde la invocación de la autonomía individual adquiere coherencia, en un escenario donde las lógicas mercantiles no degraden esa libertad en lo suficiente.

Por otra parte, la izquierda tiene razón cuando define la inscripción de la capacidad gestante de una mujer en el mercado como proceso de objetualización, compra-venta y mercadeo de las mujeres…

Por otra parte, la izquierda tiene razón cuando define la inscripción de la capacidad gestante de una mujer en el mercado como proceso de objetualización, compra-venta y mercadeo de las mujeres, pero se olvida de invocar la libertad individual como decisiva ante cualquier dilema moral y encumbra la prohibición expresa como catecismo moral exigible al Estado para impedir la práctica. La izquierda tiene razón en su análisis estructural, pero adolece de un marco axiológico dispuesto por la libertad y por ello propone prohibir y perseguir. Por su parte, las opciones liberalizadoras camuflan bajo un llamamiento a la libertad un sometimiento al mercado y proponen permitirlo todo. Un ejemplo que ilustra que ese “todo vale” del liberalismo más exaltado es imprudente (sin que por ello haya que invocar la prohibición sumaria) se produce en el mercado de la clonación humana. Con arreglo a la libre mercantilización de todas las empresas humanas, la clonación de seres humanos sería una realidad palmaria, ya que la tecnología para ello ya existe (una tecnología basada, de hecho, en los mismos principios de reproducción artificial en que se basa la gestación subrogada, como bien se expone en Baby Business, Retorno al planeta prohibido: los problemas de la clonación humana).

El verdadero debate está más allá de este maniqueísmo arribista al uso. El relativismo moral absoluto de la liberalización del mercado y la ortodoxia moralista de la prohibición institucional, al albur de la realidad del capitalismo y el desarrollo tecnológico, jamás estarán exentos de contradicción. Es precisamente el terreno de la moral el que se debe potenciar como fundamental y decisivo. El liberalismo versa sobre la libertad estructural de los agentes de mercado por constituirse como tales, pero no entiende que será la calidad moral de dichos agentes lo que constituya en primera instancia la realidad de ese mercado. Es decir, el mercado no sólo lo regula el Estado sino la propia disposición de sus agentes, para bien o peor. Los mercados de embriones y de la clonación humana pueden ser una realidad social no sólo porque una autoridad no se pronuncie en su contra, sino porque existan personas cuya moralidad apruebe esas prácticas. Por tanto, es mucho más primordial desarrollar un discurso y un estudio sobre qué elementos constituyen nuestra moral, antes que diseñar la arquitectura objetiva y externa de un sistema económico que, además, se olvida del elemento sustantivo, el elemento humano. El debate por la libertad debe entonces orientarse hacia la constitución de una convicción moral autónoma en el individuo, como rechazo al aciago relativismo moral y a la prohibición expresa externa a la persona, lo que le permita discernir en base a su propia integridad sobre las decisiones a afrontar. Sólo entonces, y en ausencia de una prohibición expresa no consensuada, podremos hablar de un mercado libre que sea reflejo de la autonomía moral construida de las personas.

Este debate sólo puede realizarse con apego por la verdad, sobre la intención de desentrañar hasta lo posible la complejidad de las realidades humanas modernas, y no con arreglo al vicio de inscribir la práctica de la gestación por sustitución en alguna de las dos grandes escuelas políticas de la actualidad. Pero la aproximación moral, la necesidad de generar un debate honesto no con arreglo al credo político sino a la realidad, en el caso de la práctica de alquiler de úteros agrega nuevos elementos hasta ahora no mencionados, acaso más importantes: las criaturas en gestación, la realidad social de la infertilidad, la propia ontología de la reproducción artificial, su significado último y sus consecuencias en lo que son los fundamentos de la especie, asunto que expone la propia ciencia médica como ejemplifica Michel Odent en Nacimiento y la evolución del homo sapiens y que se tratará en una futura segunda parte de este análisis.

 


Recomendaciones

27/07/2019

How economics can raise its game, by Tim Harford

Humans aren’t designed to be happy – so stop trying, by Rafael Euba

La Libra ni es ni será como el Bitcoin, de Juan Ramón Rallo

Can Neuroscience Understand Free Will?, by Brian Gallagher

Why We Shouldn’t Bet on Having Free Will—A Reply to William Edwards, by Jerry A. Coyne


Tonterías selectas

22/07/2019

Retos y claves de la legislatura, de Economistas Frente a la Crisis

La gestación subrogada es violencia, de Ibone Olza

Buen rollo, de Juan José Millás

El sueño del liberalismo actual —cronificar la pobreza— está en vías de cumplirse. Dice el Banco de España que los jóvenes ganan menos que los de hace una década. En otras palabras: la miseria se ha institucionalizado.

… No corremos el peligro de que las fuerzas revolucionarias arrastren a las masas porque las masas se hallan en las fábricas y en las oficinas, cobrando salarios de hambre, aceptándolos, asumiéndolos, doblegándose por fin a la idea de que esto es lo que hay. Descabezados los movimientos sindicales, ensimismados los partidos políticos de izquierda, globalizado al fin el pensamiento ultracapitalista, no hay barrera que impida el avance ordenado de la penuria.

La gestación subrogada: intervencionista y antiliberal, de Manuel Pulido Mendoza

Marxism and Buddhism, by Adrian Kreutz


Recomendaciones

20/07/2019

The minds of plants: From the memories of flowers to the sociability of trees, the cognitive capacities of our vegetal cousins are all around us, by Laura Ruggles

Viva la gentrificación, de Juan Ramón Rallo

The Nutrition Challenge, by Bjorn Lomborg

¿Y si las patentes mataran la innovación?, de Juan Ramón Rallo

Fully Automated Luxury Communism (by Aaron Bastani)—A Review, by Kristian Niemitz


Reproducción, libertad y mercado: la gestación subrogada

16/07/2019

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Reproducción humana: lo biológico y lo legal

En el análisis de la reproducción humana y la gestación subrogada conviene distinguir lo descriptivo (positivo) de lo prescriptivo (normativo, legalidad jurídica, legitimidad moral o ética), y también de los juicios de valor (bueno o malo). Es necesario tener cuidado con cómo se utilizan palabras como padre, madre o hijo, ya que su significado puede no estar claro, especialmente si se mezclan o confunden realidades biológicas (genética, gestación) y roles legales (tutor legal, patria potestad, custodio): no hay una relación de identificación necesaria entre la paternidad, maternidad o filiación genética (o biológica) y la paternidad, maternidad o filiación legal, aunque estas suelan coincidir en la mayoría de los casos. Las relaciones genéticas, biológicas o afectivas no determinan de forma necesaria e invariable las relaciones legales: la generación de normas mediante contratos permite tener en cuenta la voluntad de las partes implicadas, y no meramente hechos genéticos o biológicos, y además proteger los intereses de cada parte frente a posibles abusos o cambios de opinión de las otras partes. Conviene recordar que en las relaciones de filiación los pronombres posesivos no indican propiedad: “mi madre” o “mi hijo” no implican una posesión, sino una relación biológica y genética o quizás una relación legal no equivalente a la posesión de un mero objeto.

La reproducción sexual humana normal o tradicional (sin uso de tecnologías modernas avanzadas) se produce mediante coito, fecundación, gestación, nacimiento y crianza. Se basa en la unión o fecundación de un espermatozoide (gameto con la carga genética de un hombre) y un óvulo (gameto con la carga genética de una mujer) para dar origen a un cigoto como célula inicial de un nuevo organismo: tras el coito (introducción del pene en la vagina) y la eyaculación (expulsión del semen), un espermatozoide procedente del hombre (padre genético) fecunda internamente el óvulo de la mujer (madre genética), dando origen a un cigoto que se divide, crece y se desarrolla progresivamente como embrión y feto (con su placenta) en el útero de la misma mujer (gestación, embarazo) hasta el parto o nacimiento de una cría humana (niño, bebé, a veces varios). La reproducción puede no culminar por un aborto espontáneo o provocado.

Las crías humanas son altriciales: muy vulnerables y dependientes de protección, cuidado, alimentación y educación por otros. Los bebés o infantes humanos son inmaduros y no son considerados adultos de pleno derecho hasta su emancipación: los diversos códigos morales o jurídicos en los grupos humanos suelen asignarles algún responsable, custodio o tutor legal (uno o varios), que vele por sus intereses y tome decisiones por ellos, con ciertos vínculos jurídicos asociados a ese rol en forma de derechos y deberes; se trata del padre y madre legales o figuras semejantes. Estos roles y sus mecanismos de asignación sirven para evitar o resolver conflictos entre diferentes adultos que deseen ejercer como figuras paternas, o afectan a quienes por el contrario prefieren no tener esa responsabilidad: la paternidad legal, la maternidad legal, o la custodia legal de un menor de edad conceden derechos exclusivos a alguien (padre, madre, tutor) en competencia con otros que también quieren ese rol (cuando hay varios candidatos), u obligan a alguien a asumir ciertas obligaciones como progenitor aunque no lo desee (cuando no hay ningún candidato porque todos se desentienden).

Existen normas para regular estas interacciones y relaciones humanas y determinar quién tiene derechos y deberes respecto a un niño y cuáles son esos derechos y deberes. Estas normas pueden formar parte del derecho imperativo de un grupo humano, que se impone igualmente a todos los individuos sin considerar su voluntad concreta, o constituir derecho dispositivo, generado mediante contratos particulares con los cuales diferentes partes acuerdan de forma libre y voluntaria la asunción o el traspaso de derechos y deberes que solo obligan a los involucrados.

El hecho de que existan varios custodios legales, situación que además es el caso muy común de la convivencia en una familia nuclear, puede servir para garantizar mejor el bienestar de los menores, ya que tienen más de un cuidador, protector y proveedor, y la pérdida de uno de ellos no implica que queden desprotegidos. Sin embargo pueden existir conflictos cuando varias personas tienen la custodia legal compartida de un menor: padre y madre pueden no ponerse de acuerdo, y en casos de conflicto, separación o divorcio pueden querer la custodia de forma exclusiva para poder imponer su criterio.

Las relaciones entre lo biológico o genético y lo legal normalmente son simples y directas: la madre biológica o genética (productora del óvulo y gestante) coincide con la madre legal, y el padre biológico o genético (productor del espermatozoide y pareja de la madre) coincide con el padre legal, ya que ambos son sus productores, proveedores y protectores, y lo aman y quieren su bienestar. Sin embargo existen múltiples circunstancias problemáticas al respecto.

La paternidad legal puede no coincidir con la genética si la madre ha tenido relaciones sexuales con otro hombre, del cual procede el espermatozoide: esto puede suceder sin conocimiento ni consentimiento del padre legal engañado por su pareja, o con su conocimiento y consentimiento si por ejemplo él es estéril. Puede no haber un padre legal identificable (la madre ha tenido varias relaciones sexuales y no sabe quién es el padre biológico o no puede probarlo), o no estar disponible (por fallecimiento o por abandono); un hombre puede no saber que tiene un hijo biológico (por ejemplo concebido en una relación sexual ocasional, o por separación de la mujer y madre antes de conocer su embarazo). Puede no haber una madre legal identificable o disponible si la madre fallece o abandona al hijo. Normalmente una mujer sabe que un hijo es suyo porque lo ha parido, pero la madre legal podría no coincidir con la madre biológica en algún caso raro de cambio o confusión de bebés recién nacidos difíciles de identificar. Es posible quitar un hijo a su madre, por ejemplo haciéndole creer que ha fallecido, y entregárselo a otra persona que lo hace pasar por suyo (robo de bebés).

Algunos niños pueden carecer, de forma temporal o persistente, de tutores legales efectivos, como los huérfanos o los niños abandonados (niños de la calle en países pobres): ciertas instituciones religiosas, organizaciones privadas o los Estados pueden hacerse cargo de estos niños. Los progenitores que no pueden o no quieren hacerse cargo de sus hijos pueden abandonarlos o darlos en adopción, mediante la cual se transfiere la paternidad o maternidad legal: una persona o personas renuncian a ella y otra u otras la asumen. La custodia legal de un menor puede perderse, por ejemplo por maltrato al menor, negligencias o incumplimiento de los deberes de cuidados asociados a la misma.

Las técnicas biológicas de reproducción asistida hacen más flexibles y complejos estos procesos y su regulación: son posibles las donaciones de gametos (esperma y óvulos de personas anónimas o conocidas), la fecundación interna (con o sin coito) o externa con implantación posterior del embrión en el útero, y la gestación del embrión para otros. Con técnicas de ingeniería genética avanzada son o tal vez serán posibles situaciones aun más complejas: sustituir el material genético nuclear de una célula por el de otra; sustituir orgánulos (con su propio material genético) como las mitocondrias; insertar o editar genes en el genoma de un individuo; gestar embriones humanos en animales no humanos o en máquinas. El material genético de un individuo (o partes del mismo) puede proceder de un solo organismo (clonación), o de más de dos (inserciones de genes u orgánulos celulares); también puede no proceder de nadie sino ser un producto sintético.

Donación de gametos y gestación subrogada

Con técnicas de reproducción asistida simples es posible distinguir diferentes roles reproductivos y legales que pueden ser desempeñados por distintas personas, o en algunos casos una persona puede realizar múltiples funciones: el padre genético (produce el espermatozoide); la madre genética (produce el óvulo); la madre gestante (embarazo); el progenitor o progenitores legales (aquellos a quienes las leyes reconocen como tutores o custodios del niño hasta su mayoría de edad). Todos los procesos y funciones pueden realizarse de forma altruista o a cambio de algún tipo de compensación, normalmente monetaria: por donación o aceptación de gametos (espermatozoides u óvulos), por el proceso de gestación, por la cesión o la aceptación de la custodia legal (adopción).

La regulación de las relaciones reproductivas conforme a la ética de la libertad es relativamente sencilla. Una sociedad libre es aquella en la cual solo se prohíben de forma universal agresiones contra la propiedad y la libertad ajenas, y todas las demás normas surgen espontáneamente y de forma descentralizada mediante pactos contractuales. Las normas universales por defecto indican qué hacer si no hay un contrato entre las partes involucradas en una relación o interacción; los contratos sirven para regular expresamente una relación o interacción de acuerdo con la voluntad explícita de las partes afectadas, permitiendo ajustar las normas a los intereses y circunstancias particulares de los individuos directamente implicados. Los contratos implican derechos y deberes: permiten exigir a la otra parte y obligan respecto a la otra parte.

Los gametos pueden ser donados gratuitamente o considerarse mercancías biológicas con las cuales se comercia. Normalmente el donante de esperma y la donante del óvulo renuncian contractualmente a cualquier derecho (u obligación) sobre el hijo concebido con esos materiales biológicos. Si solo hay donaciones de gametos, la madre gestante desea ser la madre legal y así lo pacta con otros: una mujer sin pareja (o una de las mujeres en una pareja de mujeres homosexuales) puede recibir una donación de esperma y llevar a cabo ella misma su embarazo; una pareja heterosexual en la que él es estéril puede recibir una donación de esperma y la mujer realiza la gestación; una mujer puede recibir el óvulo de otra, fecundarlo con esperma de su pareja y gestarlo; una mujer puede recibir un embrión ajeno (o fecundar un espermatozoide y óvulo ajenos) y gestarlo para sí misma.

En la gestación subrogada, maternidad subrogada, gestación por sustitución o vientre de alquiler, una mujer gesta un embrión para otra persona o personas que serán los progenitores legales del niño según su acuerdo contractual. Se trata de una técnica reproductiva (entendida en sentido amplio) que involucra el proceso biológico de la gestación y que es regulada mediante un contrato. Los comitentes, padres intencionales o madres intencionales, son las personas que desean ser progenitores legales, pero no pueden o no quieren tener un hijo mediante la reproducción natural tradicional, por lo cual piden o contratan la gestación del embrión con una mujer, y quizás también la donación de gametos (esperma de otro hombre, y óvulo de otra mujer o quizás de la propia mujer gestante); pueden hacerlo individualmente o en pareja heterosexual u homosexual de hombres o mujeres.

El padre genético puede ser un donante de esperma anónimo o conocido, tal vez el padre comitente si puede y quiere tener un hijo genético (uno de los hombres si los comitentes son una pareja de hombres homosexuales). La madre genética puede ser una donante del óvulo anónima o conocida, quizás la madre comitente si puede y quiere tener un hijo genético (una de las mujeres si las comitentes son una pareja de mujeres homosexuales), o la propia madre gestante.

Los comitentes pueden recurrir a la gestación subrogada por infertilidad (como no tener útero), por problemas de salud de la madre comitente (riesgos de embarazo), o simplemente por no desear realizar la gestación (quizás por inconveniencia o por incompatibilidad del embarazo con el desempeño profesional, como puede ser el caso de una modelo, actriz o deportista o cualquier otra trabajadora).

La gestación subrogada puede ser gratuita (altruista) o realizarse a cambio de dinero u otra compensación (lucrativa, comercial, mercantil): ambas son perfectamente legítimas si todas las partes implicadas respetan la libertad ajena y participan con su consentimiento voluntario. Que normalmente la gestación suceda en un ámbito personal, familiar, íntimo, de relaciones afectivas y no mercantil, no implica que no pueda ofrecerse a otros fuera de una pareja, por amor o amistad o en el mercado.

La gestación subrogada es la prestación de un servicio, la gestación del embrión: no es el intercambio de ninguna mercancía (cosa móvil objeto de trato y venta), ni la compraventa de bebés. La madre gestante no vende a su hijo: el hijo no es propiedad de nadie, y ser madre gestante no implica necesariamente ser madre legal; la madre gestante no vende su derecho de custodia legal sobre el hijo porque en realidad no lo ha tenido nunca. Por definición, la gestación subrogada implica que la madre gestante no es la madre legal sino que gesta para otros, y el contrato de gestación puede especificar o reconocer explícitamente este hecho si fuera necesario. El embrión o el bebé gestado no es legalmente de la madre gestante igual que un niño no es legalmente de su nodriza, de su cuidadora o de su maestra aunque sean entregados temporalmente a estas.

Una madre gestante podría ser también madre legal y contratar la cesión de su derecho de custodia a otros, pero en este caso se trataría de un contrato de adopción, no de gestación. La gestación subrogada se parece a una adopción, pero en las adopciones normalmente la mujer se queda embarazada sin ningún acuerdo previo con otros para cederles la patria potestad del bebé.

La gestación subrogada puede estar regulada mediante un contrato o pacto entre las partes involucradas (progenitores comitentes, donantes de gametos, madre gestante), y además pueden existir intermediarios y asesores especializados. El contrato puede incluir todas las cláusulas y reglas que las partes voluntariamente acepten para evitar, minimizar o resolver los posibles conflictos de intereses entre los participantes: las partes saben a qué atenerse, pueden coordinarse, ajustar sus conductas, tener expectativas con garantías de cumplimiento, y protegerse ante posibles cambios de opinión de la otra parte.

El contrato puede incluir cláusulas que especifiquen diversos asuntos: la compensación económica; obligaciones de la madre gestante a llevar un tipo de vida sano para el adecuado desarrollo del embrión; si los comitentes pueden renunciar al bebé o exigir que el embrión sea abortado (por algún motivo o sin necesidad de causa); si la madre gestante puede quedarse con el bebé en alguna circunstancia. Cada individuo es libre de no participar en una relación contractual por cualquier motivo, como que alguna cláusula le parezca inaceptable o indigna, pero mediante el compromiso contractual se obliga a sí mismo a cumplir con lo pactado, por doloroso o costoso que pueda resultar. Las cláusulas inaceptables o que parezcan abusivas tienen fácil solución: no aceptarlas no participando en la relación contractual.

Algunas personas defienden regular la gestación subrogada con diversos requisitos obligatorios que las partes no podrían modificar: que la madre gestante tenga derecho a quedarse con el bebé (es decir a cambiar de opinión); que los comitentes no puedan obligar a la gestante a abortar; que la gestación sea altruista, compensando como mucho los gastos y quizás los ingresos perdidos profesionalmente por la gestante; que la gestante tenga una edad mínima; que la gestante no tenga necesidad económica; que la gestante sea o no sea pariente de los comitentes. Todos estos requisitos de derecho imperativo son restricciones coactivas que limitan la libertad de las partes para decidir cómo relacionarse. Algunos de estos requisitos pueden parecer muy sensatos y razonables, pero son los involucrados quienes deben decidir al respecto y no el conjunto de la ciudadanía: todos los derechos, incluso los más fundamentales, son negociables y enajenables con el consentimiento de las partes contratantes; todas las opciones son legítimas si ambas partes las aceptan de forma libre y voluntaria, normalmente a cambio de una compensación adecuada.

Ataques prohibicionistas contra la gestación subrogada

Las críticas contra la gestación subrogada suelen proceder del feminismo radical de extrema izquierda o de los conservadores creyentes religiosos de extrema derecha: suelen ser manifestaciones poco reflexionadas de asco y falaces racionalizaciones de autoritarismo intolerante y liberticida. Su rigor intelectual es entre escaso y nulo: la mala calidad de los argumentos positivos y morales indica que se trata de eslóganes y consignas para el postureo moral y la demostración de pertenencia y lealtad a un determinado colectivo.

Aunque la gestación subrogada suele denominarse como vientre de alquiler, en realidad la madre gestante no alquila su vientre sino que presta un servicio: realiza la gestación del embrión en su útero como parte integrada en su cuerpo, igual que cualquier trabajador utiliza su cuerpo y mente en la realización de su trabajo. Algunos críticos insisten en que el nombre correcto es vientres de alquiler, y que todas las demás expresiones son meros eufemismos para ocultar la horrible explotación y cosificación mercantil; también suelen insistir en que se trata de compraventa de niños: son prohibicionistas autoritarios también respecto al uso del lenguaje, desean imponer su voluntad y no les interesa o no son capaces de debatir racionalmente.

Algunas mujeres que desean prohibir la gestación subrogada afirman que no son vasijas u hornos (ni ellas ni ninguna mujer). Efectivamente la madre gestante no es una vasija: las vasijas son objetos inertes, objetos de propiedad, no tienen mente y además no sirven para gestar embriones. La madre gestante es un sujeto libre, con derechos, capaz de tomar decisiones por sí misma sin interferencia coactiva ajena, y por eso puede dar o negar su consentimiento para gestar un bebé para otros.

Se afirma arbitrariamente y sin argumentar que madre es la que da a luz, la que pare: no se distingue la maternidad genética, la gestacional o la legal, o se asume que la legal debe coincidir con la gestacional, sin considerar las preferencias de las personas involucradas.

Según algunos la gestación subrogada es denigrante, humillante, degradante, indigna: se trata de palabras que suenan muy mal, adjetivos descalificativos que intentan camuflar como hechos objetivos lo que en realidad son valoraciones subjetivas particulares: no les gusta la gestación subrogada, les da asco, les indigna, no la toleran. Si la dignidad consiste en tener derecho a decidir libremente por uno mismo, la mujer que gesta para otros es perfectamente digna y lo indigno es coartar su libertad contractual. Si se considera que la gestante que lo hace por necesidad se humilla y reconoce su pobreza, su bajo estatus social y su falta de alternativas económicas al participar en este intercambio, conviene recordar que prohibirlo es una agresión contra su libertad que no va a mejorar su situación sino que va a dificultar una posible mejoría.

Para algunos este es un tema que afecta a todas las mujeres y su imagen de forma colectiva, de modo que no puede decidirse individualmente: si una mujer practica la gestación subrogada eso denigra a todas porque todas serán vistas como potenciales gestantes. La libertad específica de acción de cada persona concreta es sacrificada en el altar de una presunta reputación o dignidad de una clase abstracta. En realidad las mujeres como individuos no tienen ninguna obligación con otras mujeres para no afectar a su posible imagen, y las mujeres no son un colectivo uniforme del que solo existe una misma imagen para todos: los individuos con un mínimo de inteligencia saben que el hecho de que una mujer tenga o no tenga una determinada conducta no significa que todas las demás sean iguales. Además si este principio se aplicara de forma consistente quizás algunas mujeres se sientan perjudicadas por ciertas conductas de otras mujeres como su promiscuidad o sus abortos.

Es especialmente llamativa la contradicción de quienes afirman que su cuerpo es suyo y que la mujer debe decidir individualmente por sí misma sobre el sexo y el aborto, pero respecto a la gestación subrogada (y la prostitución, la pornografía o los reclamos publicitarios) estos principios no se aplican. Si mi cuerpo es mío, tu cuerpo es tuyo, y el de ella es suyo y no mío ni tuyo. Igual que legalizar el aborto, o el divorcio, o las relaciones sexuales extramatrimoniales, no obliga a nadie a realizar esas prácticas, legalizar la gestación subrogada no obliga a nadie a participar en ella.

Para algunos la gestación subrogada es algo odioso que cosifica y mercantiliza a la mujer (en contraposición a un embarazo con una relación personal afectiva por amor): en realidad la mujer gestante, aunque no lo haga por amor ni tenga una relación personal de amistad con los comitentes, no es una mera cosa sin intereses ni derechos e incapaz de decidir, sino una persona libre con derecho a elegir por sí misma si participar o no en este mercado. Que la mujer sea valorada por su capacidad de gestar no implica que se la trate como a una cosa: las meras cosas ni tienen derechos ni toman decisiones.

Frente a quienes quieren limitar la gestación subrogada a su variante altruista, los críticos afirman que esos casos serían inexistentes o muy raros porque un embarazo es algo muy costoso, penoso o arriesgado: los defensores de la gestación altruista solo quieren abrir la puerta para luego legalizar también la comercial. Estas críticas son irrelevantes porque ambas formas son perfectamente legítimas, y las limitaciones (reales o imaginadas) del altruismo solo reforzarían la importancia de legalizar la gestación comercial para permitir las relaciones mutuamente beneficiosas de ambas partes, progenitores comitentes y madres gestantes.

Algunos críticos aseguran que la mujer gestante pobre no es realmente libre o autónoma, que se ve obligada por sus circunstancias de necesidad y desesperación, y que se trata de explotación económica: son las manidas y falaces críticas marxistas, socialistas y comunistas, que serían de aplicación a cualquier relación profesional o comercial; según ellos habría que prohibir el trabajo para otros a todos aquellos que más necesitan los ingresos monetarios, y que más se beneficiarían de ellos, precisamente porque los necesitan tanto. Confunden la libertad con la riqueza y la coacción personal violenta con las circunstancias de necesidad. Si la explotación fuera simplemente que no se paga a la madre gestante conforme al valor que esta genera, ese problema se resuelve negociando, incrementando la competencia en la demanda de sus servicios y subiendo el precio, pero no prohibiendo la gestación subrogada. Las personas pobres no necesitan ser protegidas de sí mismas por su propio bien mediante la coacción legal promovida por intervencionistas liberticidas: lo que necesitan son oportunidades para ejercer su libertad según su propio criterio. El “estar forzada u obligada por las circunstancias” es una forma de hablar que se refiere a una situación muy distinta a no ser libre al ser obligada por la fuerza por otra persona de forma violenta o a ser obligada por la ley; las circunstancias no son agentes morales a los cuales se pueda responsabilizar de dañar a una persona.

Se critica que en algunos casos grupos de mujeres gestantes convivan en lo que se califica como “granjas”, insinuando que son tratadas como ganado y que las condiciones son infrahumanas: se ignora la conveniencia de poder vigilar las circunstancias, la conducta y la salud de esas mujeres en beneficio del correcto desarrollo del embrión.

Se critica que las pobres gesten para las ricas: puede ser cierto en general, porque las pobres necesitan especialmente el dinero y quizás tengan menos oportunidades laborales para conseguir ingresos, y la gestación subrogada es un proceso relativamente caro que tal vez no todos puedan permitirse; pero estas realidades no cambian el hecho de que la gestación subrogada es algo perfectamente legítimo y su prohibición un atentado contra todas, tanto pobres como ricas.

Con frecuencia se menciona la opresión machista y patriarcal, ignorando que a menudo es una mujer que no puede gestar la que contrata a otra mujer para que lo haga por ella. Se llega a afirmar que este debate es solo asunto de mujeres porque solo las mujeres pueden gestar. La insistencia en el debate social refleja el vicio democrático de discutir entre todos cómo violar la libertad ajena, como si el hecho de debatir y votar algo y que la mayoría apruebe una prohibición o una obligación hiciera a estas automáticamente legítimas.

Los críticos resaltan que los deseos no son derechos: que querer tener un hijo no genera el derecho a tener un hijo y a que otra persona satisfaga parte de ese deseo. Efectivamente los deseos no son derechos ni los generan, pero esto es irrelevante: los derechos son formas de expresar normas para evitar conflictos entre deseos contradictorios de varias personas. Los derechos negativos son de no interferencia violenta ajena: tengo derecho a tener un hijo quiere decir que no pueden prohibírmelo. Los derechos positivos, obtenidos mediante contratos, permiten obligar a la otra parte a cumplir lo pactado: los padres comitentes y la madre gestante han negociado, han llegado a un acuerdo y adquieren derechos positivos frente al otro. Quien quiere tener un hijo mediante gestación subrogada tiene derecho negativo a ello en el sentido de que es éticamente legítimo (y su prohibición es ilegítima); no tiene derecho positivo a ello en el sentido de que pueda sin más exigirle a cualquiera (o al Estado) que le ayude a conseguir su propósito, pero puede obtener ese derecho respecto a otra persona concreta al contratar con ella. Si los deseos no son derechos para los comitentes, tampoco lo son para la madre gestante: un posible problema es que esta sienta amor o apego por el bebé y quiera quedárselo, pero este deseo no le da derecho a ello: la madre que gesta y pare no es automáticamente la madre legal, y esto no cambia porque lo desee mucho.

También afirman que tener hijos no es una necesidad, como si las necesidades sí generaran derechos que deben ser satisfechos por otros (normalmente se refieren al Estado socialdemócrata). Efectivamente tener hijos no es necesario para seguir vivo, pero sí puede serlo para mucha gente para tener una vida plena y satisfactoria: la evolución tiende a producir organismos que desean intensamente reproducirse, ya que los que no lo hacen van desapareciendo.

Insisten en que los padres comitentes lo que deben hacer es adoptar: hay muchos huérfanos necesitados cuyo presunto derecho a tener custodios o progenitores legales está insatisfecho. El crítico menciona a los huérfanos pero seguramente no hace nada por ellos e intenta transferir esa responsabilidad a otros (postureo moral). Ignora que las adopciones no son fáciles por el exceso de intervencionismo estatal, y que no es lo mismo tener hijos propios (genéticos, biológicos, los que quieren de forma natural la mayoría de padres y madres) que hijos adoptivos.

No faltan los argumentos conspiranoicos: los defensores de la legalización de la gestación subrogada lo hacen porque hay detrás una poderosa industria constituida como grupo de interés. Se atribuyen motivaciones perversas, se ataca a unos profesionales con intereses perfectamente legítimos, y se ignora que la gestación subrogada es muy marginal en comparación con la gestación tradicional.

El colmo del ridículo, la desvergüenza y el alarmismo catastrofista se alcanza cuando se equipara la gestación subrogada legal, libre y voluntaria, con situaciones distópicas y totalitarias como las que aparecen en la obra El cuento de la criada (de Margaret Atwood), en la cual mujeres fértiles son violentamente secuestradas, violadas y obligadas a tener hijos para otros.

Algunas activistas del colectivo feminista radical Femen se han manifestado afirmando “Mi útero no se alquila”: si este fuera todo el mensaje que quieren transmitir no estarían intentando prohibir nada a otras mujeres y se trataría de una forma algo anómala de llamar la atención, porque normalmente los anuncios de venta o alquiler de bienes o de provisión de servicios los realizan quienes sí quieren intercambiar y no quienes no desean hacerlo; tal vez es una forma de mostrar su superioridad moral, o quizás pretenden hablar en nombre de todas las mujeres como si fueran sus legítimas representantes. Si tu útero no se alquila, tal vez el de otra mujer sí, y le corresponde a ella, y no a ti, decidirlo.

En algunos países la prohibición de la gestación subrogada está provocando que las madres gestantes deban hacerse cargo de los niños gestados, ya que si no lo hacen son acusadas de compraventa de bebés o de tráfico de seres humanos: no solo se daña a quienes quieren ser padres legales del niño y no pueden, también se perjudica a quienes no desean serlo y se ven forzadas a ello.

Una crítica típicamente conservadora o reaccionaria es que no se piensa en el bienestar y mejor interés de los niños, que son un mero capricho de los comitentes, que los quieren como bienes de consumo. En realidad estos niños son especialmente deseados, no son resultado de accidentes por sexo ocasional o fallos en métodos anticonceptivos, y los progenitores asumen costes importantes para tenerlos; además la figura del progenitor, tutor o custodio legal no implica solo derechos sino también obligaciones. Que haya mercado y dinero no significa que no haya amor: no se sustituye el amor parental por las reglas del mercado, sino que se añade la posibilidad de procesos y reglas de mercado para poder realizar el amor parental de los comitentes. Es cierto que puede no haber amor de los comitentes por la mujer gestante, a la cual quizás no lleguen a conocer, dependiendo de los intereses de las partes por una relación más personal o impersonal; igualmente hay hijos producidos de forma natural por hombres y mujeres que no se aman o que no deseaban al hijo nacido, y estos no son prohibidos. También es cierto que la mujer gestante puede enamorarse del bebé gestado y sufrir al tener que entregarlo, pero esto es algo de lo que debe ser consciente al comprometerse contractualmente. Se mencionan presuntos traumas por la separación del niño de la mujer gestante (como si el apego del niño por la mujer que lo ha gestado estuviera ya fijado nada más nacer), o por enterarse de cómo fueron gestados: son afirmaciones mal fundamentadas iguales o semejantes a las que en su momento se emplearon por los sectores más reaccionarios contra la inseminación artificial.

Posibilidad de mercado libre contra la gestación subrogada

Quienes quieren que las personas, y especialmente las mujeres gestantes potenciales, no realicen la gestación subrogada, pueden intentar conseguirlo sin coacción, mediante la persuasión y la internalización de normas y valores, convenciendo a las partes interesadas de que es una mala idea y se van a arrepentir. También pueden amenazar con un posible boicoteo o repudio social, pero sin obligar a nadie a participar en él.

Existe además un mecanismo de mercado libre especialmente poderoso que consiste en negociar y contratar con los potenciales progenitores comitentes o madres gestantes para que no lo hagan: ofrecerles algo a cambio, como una compensación monetaria. Este pago puede ser especialmente beneficioso para las mujeres pobres que se plantean la gestación subrogada como una fuente esencial de ingresos para ellas mismas y sus familias: sin embargo el pago tal vez sería relativamente pequeño, al menos menor que el pago por el servicio, ya que hay que considerar que la mujer evitaría los costes, inconvenientes y riesgos del embarazo. Este mecanismo obviamente tiene costes, no es infalible y puede tener diversos problemas: algunos comitentes o algunas mujeres que en realidad no desean ser gestantes podrían fingir interés para obtener esta compensación; los comitentes pueden competir ofreciendo más dinero o mejores condiciones a las potenciales madres gestantes.

Este mecanismo no se utiliza y ni siquiera se discute al tratar el tema: tal vez no se la ha ocurrido a casi nadie por falta de imaginación o de conocimiento de las posibilidades de los mercados y los contratos; quizás muchos tienen fobia al mercado y lo considerarían algo inmoral o escandaloso (añadir más opciones de mercado e intercambios monetarios cuando lo que se quiere es eliminar la mercantilización); tal vez muchos consideran que ciertas cosas no pueden ser objeto de contrato por tratarse de derechos fundamentales inalienables (ignorando qué son los contratos y que todos los derechos son enajenables); quizás muchos no quieren que se plantee esta posibilidad porque hay que asumir unos costes monetarios y a los intervencionistas que se creen moralmente superiores les gusta hablar y sermonear pero no están dispuestos a ser ellos quienes asuman esos costes (si la posibilidad no existe tal vez la gente no se dé cuenta de que hablan mucho de ayudar a los demás pero hacen poco por ayudar efectivamente a los demás); los indignados presuntamente altruistas en realidad son bocazas intolerantes y egoístas.

Los posibles problemas del mercado libre pueden resolverse o reducirse con más mercado libre, con mercados más completos. Estas posibilidades contractuales son aplicables a cualquier ámbito de las relaciones humanas en las que se quiera conseguir un objetivo moral socialmente conflictivo, como pagar por no abortar, por no prostituirse (o por no usar servicios de prostitutas), por no practicar o recibir la eutanasia, por no consumir drogas. Los moralistas intervencionistas pueden evitar las agresiones contra la libertad ajena, usar incentivos y desincentivos no violentos en relaciones voluntarias, y además mostrar su auténtico compromiso con su causa gastando sus propios recursos.

Leer más:

Feminismo liberticida contra la gestación subrogada, de Francisco Capella

Artículos de Juan Ramón Rallo sobre la gestación subrogada

Mitos y realidades: El feminismo (Informe del Instituto Juan de Mariana), capítulo VI. Sexualidad, reproducción y mercantilización (de Irune Ariño)

Gestación subrogada: recopilación de tonterías


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… el reto social ante el cambio técnico no es menor. Una posibilidad es asistir a este proceso pasivamente lo que sin duda provocará un aumento de la desigualdad social y económica creciente entre ganadores —tanto por el lado de los trabajadores como por el de algunas empresas—, y perdedores. El mercado por sí mismo no va a corregir estas desigualdades, yo diría que más bien al contrario. Otra posibilidad es adoptar una actitud mucho más activa como sociedad. El gran economista Daron Acemoglou aboga por varias medidas de política económica con las que no puedo estar más de acuerdo. En primer lugar, las instituciones deben facilitar la implantación de “buenos empleos”, es decir, empleos estables, con salarios dignos, y protegidos. Y para ello existen sin duda instrumentos, desde normativa laboral, a supervisión estricta, así como la puesta en valor de instituciones laborales que trabajen para ello. Es necesario contrarrestar la tendencia del mercado, que por sí mismo tiende justo hacia lo contrario. Estas acciones ayudarán sin duda a que las pérdidas de los perdedores con el cambio técnico sean menores. En segundo lugar, la apuesta ineludible por una educación que llegue a todos por igual, y que esté más alineada con el desarrollo de competencias técnicas pero también de otras, como el desarrollo de la creatividad, el trabajo en equipo, la curiosidad, la satisfacción por el aprendizaje, la tolerancia ante lo diferente… Esta apuesta educativa sin duda facilitaría una mejor transición de toda la ciudadanía hacia el colectivo de ganadores con estos cambios.

… las empresas, de casi cualquier tamaño y sector, deben interiorizar la formación continua y permanente de sus trabajadores no como un gasto, sino como una inversión tan importante como la que realizan en el capital físico y en los procesos productivos.

En consecuencia, bienvenidos sean los cambios tecnológicos en los que estamos ya inmersos y los que están por llegar, sumémonos a ellos, pero preparemos nuestras sociedades para que las ganancias alcancen a la mayoría de la ciudadanía y en consecuencia aumenten la calidad de vida y el bienestar de la sociedad en su conjunto.

Carmen Calvo asegura que el feminismo se lo ha “currado” el socialismo: “No es de todas, bonita”

Por la tipificación del delito de esclavitud, de Álvaro Perea González, letrado de la Administración de Justicia