Sobre ideas de la mente de Daniel Rodríguez Carreiro

Sobre ideas de la mente de Daniel Rodríguez Carreiro en debate con Juan Ramón Rallo.

Daniel defiende la filosofía de la mente basada en el hilemorfismo aristotélico tomista: ser humano formado por cuerpo (materia) y mente (o alma, forma). La parte racional (logos, razón, lenguaje) incluye voluntad e intelecto. Es esencialista: el ser humano puede conocer por abstracción las características de los seres (como por ejemplo un triángulo); puede conocerse a sí mismo con sus características de cuerpo y mente. Según Daniel el dualismo de sustancias y el hilemorfismo son las únicas filosofías de la mente que permiten intencionalidad.

Esto refleja los problemas de la escuela austriaca (economía, ética), que suele basarse en ideas filosóficas anticuadas en lugar de en ciencias naturales avanzadas: en este caso, cibernética, psicología (especialmente evolucionista), ciencia cognitiva, teoría de la información.

La mente, con parte consciente e inconsciente, es el resultado del funcionamiento del cerebro, percibido subjetivamente en primera persona, como órgano encargado de procesar información, construir y detectar patrones, conocer y comprender el mundo, y dirigir la conducta del organismo como agente. La mente de cada individuo representa la realidad y tiene modelos de la misma y de la propia mente que siente, piensa y dirige la acción, y aplica esos modelos descriptivos, explicativos y predictivos a sí misma y a los demás individuos para poder comprenderse, coordinarse, cooperar y competir. La intencionalidad es una forma sofisticada de control cibernético de la conducta: no la tienen solo los seres humanos, y no es la única forma de control de conducta en seres humanos (reacciones, hábitos, automatismos).

El solipsismo es absurdo. Los zombies (mentales, Chalmers) no existen, están mal imaginados. El experimento mental de Searle de la habitación china no demuestra que la mente no pueda ser algorítmica o que las máquinas no puedan entender el lenguaje (pueden tener no solo sintaxis sino también semántica). Los seres humanos son máquinas (especiales, orgánicas, biológicas, con mente compleja y autoconsciente).

Es problemático o paradójico que Daniel afirme que la intencionalidad ajena no se puede probar, al ser un hecho subjetivo, íntimo, introspectivo, siendo economista austriaco que se basa en la praxeología o análisis formal de la acción intencional de todos los seres humanos como axioma irrefutable.

Ver:

Cibernética I

Cibernética II

Cibernética y acción humana intencional

Tonterías selectas: Dudas y convicciones de una psiquiatra ante la eutanasia, de Lucía Gallego Deike

Dudas y convicciones de una psiquiatra ante la eutanasia, de Lucía Gallego Deike

… la evidencia de una “pendiente resbaladiza” escandalosa e imparable, donde se rebasan todas las líneas rojas de un supuesto derecho a la muerte.

… si la persona no accede a la sanidad por su voluntad alterada, no se cumple uno de los derechos recogidos en la Constitución española de 1978 en su artículo 43.1 donde “se reconoce el derecho a la salud”. La persona que no tiene la capacidad de decidir, deja de estar en igualdad de oportunidades que el resto de la población, tiene menos oportunidades para restituir su salud y por tanto para reconstruir su libertad y su autonomía.

Si nuestra sociedad respalda el “derecho” de una persona a buscar asistencia médica para acabar con su vida en base a una creciente pérdida de autonomía, el hecho dice mucho acerca de cómo esa sociedad subestima o menosprecia a las personas con graves limitaciones, que soportan todos y cada uno de los días de sus vidas.

… la razón de ser de la medicina (y por ende, de la psiquiatría) es la curación del enfermo en cualquier fase de su dolencia, el alivio de su sufrimiento y la ayuda a sobrellevar el trance de la muerte cuando la curación ya no es posible. Unas convicciones profundas que la ideología de la eutanasia rechaza desde su particular perspectiva. La eutanasia socava la base del acto médico y da así un poder ilimitado al paciente. Y trastoca, en suma, la confianza del paciente en el médico. ¿Qué pasaría en la Psiquiatría, que se basa de forma esencial en el vínculo terapéutico, si el paciente en vez de tener confianza en su psiquiatra -hasta poner su vida e integridad psíquica, en sus manos- llega a tenerle miedo, porque no sabe si va a decidir que su caso es digno de curación o susceptible de eutanasia?

La aceptación legal y social de la eutanasia generará una situación intolerable de presión moral institucionalizada sobre los ancianos, los discapacitados y/o incapacitados mentalmente, y sobre aquellos que, por un motivo u otro, pudieran sentirse como una “carga” para sus familias. Ante el “ejemplo” de otros a los que se hubiera practicado la eutanasia ¿cómo no iban a pensar si no tendrían ellos también la obligación moral de pedirla para no ser gravosos? La sociedad debe aceptar las implicaciones del cuidado a los humanos mas desprotegidos. Rechazar la eutanasia también significa comprometerse a trabajar por un mejor cuidado de los más vulnerables. Aceptarla es una traición a la dignidad humana y a la igualdad de todos ante la ley.