Recomendaciones

31/05/2012

Teller Reveals His Secrets

Craig Venter’s Bugs Might Save the World

How Political Clout Made Banks Too Big to Fail, by Luigi Zingales

Generalists vs. Specialists (And the Specialist’s Dilemma), by Max Olson

Austrian Capital Theory: Why It Matters, by Peter Lewin

Anuncios

Tonterías selectas

31/05/2012

Soberanía compartida, de Felipe González

La Banda, de Maruja Torres

“Yo estudié en la pública”

El futuro es solar y el presente puede serlo, de Antonio Navarro y Rocío Hortigüela, copresidentes de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF)

Los adversarios de la ciudadanía, de Fernando Savater

… estamos viendo hasta qué punto la ciudadanía deficiente, tanto la de los especuladores financieros como la de quienes rehúyen los impuestos o malbaratan los servicios públicos, se convierte en causa de desastre social.

… Es muy significativo que sean las dos Comunidades que abiertamente han solicitado la retirada completa y definitiva de la Educación para la Ciudadanía —Madrid y Cataluña— las que se disputan el privilegio de dar albergue a ese proyecto de “Eurovegas” que alguien ha calificado con poca finura pero indudable precisión como “casa de putas”. En efecto, la formación de ciudadanos pareció por un momento una buena idea pero se ha revelado fuente de discordias, de modo que apostemos ahora por las putas. A ver si hay más suerte…


Recomendaciones

30/05/2012

El rescate estatal no es la única solución, por Juan Ramón Rallo

Music: It’s in your head, changing your brain

Noise and Signal, by Nassim Taleb

Do You Really Want to Live Forever?, by Ronald Bailey

España no quiere salir del laberinto, de Benito Arruñada


Recomendaciones

30/05/2012

La utopía era creer que podíamos seguir así, de Javier Benegas

Estado y progreso, de Carlos Rodríguez Braun

Why We Lie, by Dan Ariely

What views can you hold about Spain?, by Tyler Cowen

Libertad, pobreza y caridad, por Asís Tímermans


La competencia por el control de la acción humana: valoraciones y normas

29/05/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El ser humano es un agente intencional (actúa según sus valoraciones) y seguidor de reglas. Las valoraciones y las normas están fuertemente relacionadas: en la filosofía moral suelen mezclarse o confundirse bajo el término “valores”.

El individuo desea y rechaza cosas, las valora de forma positiva o negativa; estas preferencias (subjetivas, relativas y dinámicas) guían la acción que persigue los fines más valiosos, utilizando medios escasos y asumiendo costes.

Además diversas reglas restringen las posibilidades de conducta de los agentes: son leyes o normas expresadas en algún lenguaje natural o formal como obligaciones, prohibiciones o derechos; sirven como límites, restricciones o condiciones de contorno para la acción y limitan el ejercicio de la voluntad (de forma real o nominal, según si el cumplimiento de esas normas se exige en la práctica o no).

Las reglas suelen incluir incentivos para fomentar su cumplimiento (o desincentivos para su incumplimiento): obedecer o ignorar las leyes tiene consecuencias, premios o castigos reales o imaginarios, establecidos según sean las preferencias y creencias de los individuos.

Además de los incentivos externos, las normas pueden estar internalizadas en la mente de un individuo y conectadas íntimamente con su sistema de valoraciones, de modo que el agente siente un bienestar por su cumplimiento (satisfacción del deber cumplido, orgullo) o malestar por su incumplimiento (culpa, remordimientos): la conciencia moral de la persona actúa como un policía interno.

Los individuos valoran las normas, les gustan o no, prefieren unas leyes u otras, según cómo sean compatibles o incompatibles con sus intereses, según cómo limiten su propia conducta y la de los demás. Un agente prefiere (rechaza) las leyes cuyas obligaciones coinciden con sus valoraciones positivas (negativas) y cuyas prohibiciones coinciden con sus valoraciones negativas (positivas).

Los seres humanos son hipersociales, se agrupan en colectivos e interaccionan fuertemente unos con otros. Una parte muy importante de estas relaciones sociales consiste en intentar modelar las preferencias ajenas y determinar cuáles son las reglas vigentes en el grupo.

Valoraciones y normas, además de su contenido genético, emergen y se configuran socialmente de forma interactiva: las preferencias de cada individuo dependen de sus experiencias personales y de sus relaciones con otros sujetos que pueden influir sobre él (interés afectivo por otros, publicidad); los individuos hablan acerca de las normas, se las recuerdan mutuamente, exigen su cumplimiento, las argumentan (defendiéndolas o criticándolas), promueven algún cambio en las mismas.

Para controlar a los demás e incrementar su propio poder, cada agente puede intentar influir sobre las valoraciones ajenas (persuasión), sobre las normas vigentes (legislación), sobre la conciencia moral (implantación de normas en la mente de los individuos), o sobre todos estos elementos (a menudo de forma entremezclada). Estas influencias pueden ser violentas o pacíficas, y directas o indirectas.

Un agente suficientemente poderoso puede imponer su voluntad sobre otros más débiles, mediante el uso directo de la fuerza o mediante amenazas explicitadas en forma de normas que expresan qué quiere el poderoso que hagan los débiles y qué represalias pueden esperar si desobedecen. La relación de sumisión violenta es asimétrica y contraria a la voluntad y los intereses de los sometidos: las leyes reflejan las preferencias de los más fuertes.

Sin recurrir a la violencia (o en combinación con la misma para justificarla y reducir la oposición de los sometidos) es posible recurrir al lenguaje moral para influir sobre los demás. El discurso moral o ético pretende ser argumentación racional (lógica, razonable, filosófica) pero a menudo es en realidad una herramienta para la manipulación en la lucha por el control social y la reputación: abundan las arbitrariedades y los malos argumentos (sermoneo moralizante).

El engaño puede utilizarse para vencer posibles mecanismos de defensa: la confusión entre valoraciones y normas puede ser un mero error intelectual, pero también puede servir como una estrategia indirecta y tramposa de manipulación de la conducta que se realiza de forma automática (hipocresía natural); el autoengaño es común porque facilita el engaño a los demás.

Algunas aseveraciones morales proclaman hechos presuntamente objetivos que en realidad ocultan preferencias subjetivas: “es bueno” o “es mejor” en lugar de “a mí me gusta” o “yo lo prefiero”; “esto es injusto” en vez de “no me gusta”.

Ciertas expresiones pretenden regular no ya las acciones sino las preferencias: “es indeseable” (es decir, que no se puede desear, no te atrevas a quererlo).

Algunas afirmaciones son normas acerca de normas (metanormas) que esconden valoraciones particulares acerca de las leyes: “debería estar prohibido”, “es intolerable”, en lugar de “yo preferiría que estuviera prohibido” y “yo no puedo tolerarlo y no me gusta nada que otros lo acepten”.

Es común promover, forzar o distorsionar ciertas definiciones de términos morales con connotaciones positivas para satisfacer los intereses propios: justicia como igualdad material, libertad como poder o riqueza.

Muchos profesionales de la ética, con toda seriedad y aparentemente sin ser conscientes de su fatal arrogancia, pretenden saber qué valores o formas de preferir son superiores o “mejores”. Lo que les gusta es lo “más humano”; lo que no, “inhumano”.


Tonterías selectas

29/05/2012

Casinos y tabaco: la extraña pareja, Esteve Fernández y José M Martínez-Sánchez son epidemiólogos e investigadores de la Unidad de Control del Tabaquismo del Institut Cat alà d’Oncologia-IDIBELL

Intelectuales de agua salada, de Joaquín Estefanía

Las reformas ‘neocon’ de Wert: ‘educación de desastre’, de Enrique Javier Díez Gutiérrez, profesor de la Universidad de León y coordinador Federal del Área de Educación de IU

La política económica de la inseguridad, de Ulrich Beck

Ciento cincuenta años de la Ley del Notariado: Nuevos retos, de Ignacio Solís

El sistema español de seguridad jurídica preventiva está basado en dos pilares: la escritura pública y el registro. Se ha mostrado sumamente eficaz y bastarían determinadas reformas que eviten ciertas disfunciones. Sólo un registro nutrido de documentos con plenas garantías puede ofrecer una publicidad fiable. No es conveniente, so pretexto de reducir costes, fomentar el acceso al registro de documentos privados, incluso con firmas legitimadas (en los que la intervención notarial tiene menor intensidad, lo que le impide desplegar sus plenos efectos). Lo mismo cabe decir de los documentos electrónicos, pues la firma digital en ninguna de sus modalidades ni siquiera garantiza la autoría del documento. El uso de las nuevas tecnologías, en las que por cierto el notariado ocupa un destacadísimo lugar, no debe mermar la seguridad que ofrece la actuación notarial.

El economicismo imperante ha dado lugar a que con frecuencia se debiliten los mecanismos de seguridad que ofrecen el sistema notarial y registral y se tienda a sustituirlos por otras medidas ineficaces. Así la reforma del mercado hipotecario de 2007, optó por debilitar los mecanismos tradicionales y reforzar las medidas de aseguramiento financiero, de modo que la fuerte supervisión a que las entidades financieras estaban sometidasgarantizaba su solvencia y la confianza en ellas, lo que era en definitiva la última garantía del sistema. Esta visión ingenua de la supervisión económica como sustituto de las garantías jurídicas se ha desmoronado. El mercado necesita mecanismos de control que no pueden estar sometidos a sus reglas. Por ello resulta inapropiada una visión puramente economicista de la actuación notarial que la someta incondicionalmente a las reglas de la competencia.

Los notarios debemos hacer frente a estos retos sin perder de vista […] que determinadas luchas no son tanto defensa de un interés propio sino un deber hacia la sociedad.


Recomendaciones

28/05/2012

The Self Illusion: An Interview With Bruce Hood, by Jonah Lehrer

Great Experiments, by Arnold Kling

Europa: Papá, yo no quiero crecer, de Gabriel Calzada

Cuentas y riesgos, de Carlos Rodríguez Braun

La crisis y los vídeos de Aleix Saló, de Carlos Rodríguez Braun