Fernando Herrera no entiende la reserva fraccionaria

22/12/2016

Fernando Herrera ha escrito “Lo que sobre la reserva fraccionaria puede decir un economista”. Dados los contenidos de su artículo, un título más acertado habría sido “Lo que sobre la reserva fraccionaria puede decir un mal economista, con pocos conocimientos de teoría monetaria y bancaria, y prototipo de las limitaciones intelectuales y sesgos cognitivos de cierto sector de la Escuela Austriaca de Economía incapaz de reconocer sus errores y aprender”. El artículo falla por lo que dice y por lo que no dice: presenta de forma pobre y confusa la reserva fraccionaria, repite tópicos falaces y no menciona aspectos relevantes de la misma.

Según Herrera:

El profesor Huerta de Soto demostró en su conocido libro “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos” que la banca de reserva fraccionaria equivale a la creación de dinero sin soporte físico, y que por tanto contribuye a producir crisis económicas.

No se puede demostrar algo que es falso: la reserva fraccionaria no es ni necesaria ni suficiente para producir crisis económicas, y no equivale a la creación de dinero sin soporte físico sino que existe porque se usa la deuda a la vista como medio de pago (dinero en sentido amplio). La crítica a la reserva fraccionaria de Jesús Huerta de Soto es un error garrafal. Todo esto ya se ha explicado claramente y en múltiples ocasiones, pero mucha gente no parece poder o querer entenderlo.

Al comparar la posición de Huerta de Soto con los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria, Herrera menciona parcialmente el auténtico problema: el descalce de plazos (olvida el descalce de riesgos). Pero asegura que “según estos analistas, la reserva fraccionaria sería así indistinguible de la reserva 100% exigida por Huerta de Soto”: el problema es que “estos analistas” no afirman esto, y las bancas con y sin reserva fraccionaria son perfectamente distinguibles por sus balances y modelos de negocio.

Según Herrera “lo que debería prohibirse es engañar al cliente utilizando la denominación depósito para un contrato que no lo es”, y aclara en nota al pie que utiliza “la denominación depósito también para las cuentas corrientes, que coinciden en términos fundamentales con el carácter de los depósitos”. O sea que hay que prohibir ciertos usos del lenguaje… ¡que en realidad no se producen! Son los críticos de la reserva fraccionaria los que se empeñan en hablar de depósitos, y los que exigen que ese término se utilice solamente con el significado que a ellos les parece correcto. Los bancos no hablan de depósitos sino de cuentas corrientes o de ahorro, pero como estas, según Herrera, son equivalentes a depósitos, hay que denunciar un engaño por utilizar un término que los bancos no suelen usar. Todo un disparate y un caso claro de proyección psicológica e incompetencia lingüística disfrazada de integridad conceptual.

Y es que el concepto de depósito, y ello a pesar de la supuesta evolución semántica que algunos miembros del IJM argumentan para aceptar la reserva fraccionaria, está bastante claro para todo el mundo: lo que tengo en depósito/en la cuenta, lo tengo y lo puedo usar cuando me dé la gana.

La evolución semántica es “supuesta”: tal vez no cree que sea real o no le gusta que se produzca. Herrera afirma que conoce a todo el mundo, y que sabe qué entiende claramente todo el mundo por un depósito bancario: desconocía su faceta de sociólogo y lingüista. Yo dispongo de algunos datos y ejemplos que demuestran empíricamente que su afirmación es falsa: el concepto de depósito no está bastante claro para todo el mundo, y quienes menos claro lo tienen son los críticos de la reserva fraccionaria.

Incluso los economistas mejor conocedores del sistema de reserva fraccionaria no aceptarían que su banco rechazara un recibo contra una cuenta suya con fondos suficientes, aunque sepa positivamente que el dinero puede no estar ahí. Así pues, no hay evolución semántica que valga para justificar la existencia de la banca fraccionaria.

El cacao semántico se transforma ahora en cacao lógico: una cosa es reconocer que el depósito a la vista es deuda y obligación de pago; otra cosa es reconocer que las deudas hay que pagarlas.

[…] aceptando que lo único que no vale es engañar al depositario en su contrato […]

Obsérvese la insistencia en usar el término depósito en lugar de cuenta corriente o ingreso, con el agravante de que se confunde al cliente (depositante) con el banco (depositario).

Herrera se pregunta si la reserva fraccionaria es viable y se responde a sí mismo:

[…] lo cierto es que, como economista, no hay respuesta posible para esta pregunta. Esta es una pregunta para los emprendedores y no para los teóricos. Quizá por ello el debate sea inagotable en el ámbito de los pensadores IJM: porque la teoría no puede resolver esta cuestión, como tampoco un teórico económico puede saber si triunfará el tablet o el teléfono móvil, o si las nuevas tiendas de Mercadona darán mejor resultado que las antiguas.

Herrera confunde al praxeólogo purista e integrista encerrado en su torre de marfil de la teoría más abstracta con el economista que intenta ampliar la teoría y concretarla con el uso de la historia, de los datos empíricos y del sentido común.

Así que este es el camino que les queda a los defensores de la banca fraccionaria en el IJM (y otros ámbitos): pongan ustedes un banco que se gestione mediante las técnicas de encaje de plazos que propugnan, y vean cuán rentable es.

Este experimento o prueba ya se ha realizado y sus resultados son conocidos: la banca con reserva fraccionaria y encaje de plazos y riesgos es perfectamente viable, como muestra la historia de la banca libre. Y además los teóricos o historiadores de un ámbito no tienen por qué ser los que se dediquen profesionalmente a ese ámbito: es posible estudiar la banca sin ser banquero, o estudiar el dinero sin dedicarse a producirlo.

[…] no lo olviden, al cliente no se le puede engañar, y si su dinero no está en un depósito, deberá saber positivamente que no lo está, que está firmando otro tipo de contrato. Por ejemplo, uno de gestión de fondos: nadie confunde sus depósitos con sus fondos de inversión, y todos tenemos claro que en estos últimos nuestro dinero puede NO estar disponible.

Un intermediario financiero puro como un fondo de inversión es algo claramente diferente de un banco: los bancos son además gestores de cobros y pagos y por eso usan la reserva fraccionaria, que no tiene sentido en fondos de inversión. Sobre la confusión entre depósitos y fondos de inversión, la confusión quizás esté entre deuda y acciones: su valor presente oscila en ambos casos, pero la deuda al menos tiene un valor establecido a vencimiento; no se trata de que en los fondos el dinero no esté disponible (quizás por alguna estafa, también posible en un banco), sino de que su cotización varía.

En estas condiciones, consigan dichos defensores clientes que, sabiendo que su dinero puede no estar ahí, se lo dejen a cambio de no pagar comisión de custodia o por otros servicios bancarios. Magra recompensa para tan alto riesgo, yo no se lo dejaría.

Los clientes mínimamente informados hoy día ya saben no solo que su dinero “puede no estar ahí” sino que no está ahí, que está prestado. Y no es que se planteen no pagar comisión de custodia sino que no quieren su cuenta en el banco para que les custodie su dinero (para eso ya están las cajas fuertes o de seguridad) sino para realizar pagos y cobros. Los clientes no tienen dinero en el banco, sino derechos de cobro contra el banco que pueden utilizar como medio de pago generalmente aceptado.

Sobre lo de que la recompensa es magra para tan alto riesgo: ¿se trata de una afirmación teórica, de un dato empírico medible de forma objetiva, o de una valoración personal subjetiva quizás muy peculiar? ¿Está seguro Herrera de que él no se lo dejaría? ¿Entiende que aunque el dinero no esté ahí como reservas de efectivo el banco tiene otros activos líquidos? ¿Entiende que si plazos y riesgos están casados el riesgo es mínimo y además puede reducirse todavía más con colchones de capital adecuados?

[…] si la banca de reserva fraccionaria concebida en la actualidad es tan rentable es, precisamente, porque el cliente asume que su dinero está en depósito y no por ahí.

Completamente falso, y además utiliza algo que en realidad no conoce, que es qué asumen los clientes sobre sus cuentas bancarias.

[…] al hipotético banco de reserva fraccionaria habrá que exigirle que llame a las cosas por su nombre, y no depósito a lo que no es un depósito ni nadie entiende que sea un depósito.

“Hay que” es una expresión que conviene usar con cuidado. “Exigir” en lugar de proponer o pedir es algo arriesgado. “Llamar a las cosas por su nombre” es una expresión típica de personas que no conocen que las cosas no tienen nombre: los usuarios del lenguaje asignan nombres a las cosas, y significados a las palabras, y este proceso es complejo, problemático y dinámico. Herrera aspira a exigir a todo el mundo que utilice la etiqueta “depósito” con el significado que él quiere y con ningún otro.

Además de los problemas de teoría del lenguaje, en los cuales Herrera no parece tener mucho conocimiento o experiencia, hay otros problemas más específicos del sector bancario. Los clientes no suelen “depositar” recursos en los bancos: las cantidades que aparecen en las cuentas corrientes y de ahorro en su mayoría han sido recibidas mediante transferencias desde las cuentas de otros clientes bancarios (ejemplos: cobros de nóminas, pensiones, alquileres). Los recursos que se “depositan” no son dinero mercancía, que ya no existe (el oro y la plata serían buenos dineros pero no se usan como tales), sino derechos de cobro frente a otros clientes o bancos (cheques, billetes del banco central).

Referencias:

Recopilación de artículos sobre dinero, crédito, banca y finanzas (nueva actualización)


Crítica a Leonardo Ravier sobre la reserva fraccionaria

02/02/2014

Este artículo es una crítica detallada a la “Carta contra-argumentativa al freebanking con reserva fraccionaria” de Leonardo Ravier (Leo) en Procesos de Mercado (Vol. IX, n.º 2, Otoño 2012, pp. 283 a 296), disponible aquí. En dicha carta los malos argumentos se repiten una y otra vez y además abundan erratas, errores ortográficos, sintácticos y de estilo: la selección y la edición de textos en Procesos de Mercado no parecen funcionar de forma adecuada.

Leo asegura que las teorías de Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto en este ámbito son poco entendidas. En realidad son muy bien entendidas… por quienes las critican y defienden la banca libre con reserva fraccionaria. Quienes no parecen entender sus limitaciones, imperfecciones y errores son los empecinados que exigen tercamente reservas 100%.

El P-Lib exige el coeficiente de caja del 100% dentro de las reformas bancarias propuestas en su Programa Político Marco. Esto es un grave error que daña la reputación intelectual del P-Lib. Sus miembros pueden tener muy buenas intenciones y ser muy liberales, pero hacen propuestas desde la ignorancia sobre los asuntos monetarios y bancarios. A Leo le “interesa especialmente que el Partido de la Libertad Individual mantenga y sostenga este principio de coherencia económica-bancaria.” Sin embargo este principio no tiene nada que ver con la “coherencia económica-bancaria”; por lo menos Leo está siendo muy explícito y sincero al reconocer que se trata de un interés suyo; interés que causa un daño considerable al P-Lib.

Según Leo esta afirmación es incorrecta:

“[…] algunos liberales modernos no entienden, o no aceptan, que en el libre mercado cada entidad (individuo o institución) es libre de ofrecer absolutamente lo que quiera; y que son los consumidores —los compradores y clientes— los que deciden si les interesa esa forma de hacer negocio o no.”

Sin embargo la afirmación es correcta, y además lo es en dos niveles: porque en el libre mercado efectivamente todo agente puede ofrecer (o no) y aceptar (o no) lo que quiera; y porque existen algunos liberales modernos que no entienden esta libertad (él mismo, por ejemplo).

Menciona Leo que “los detalles históricos […] mostrarían más bien lo contrario, que hasta el siglo pasado la jurisprudencia europea seguía manteniendo, de alguna manera, la idea del coeficiente de caja del 100%.” Esto es erróneo de varias maneras: porque la banca libre y no libre ya operaba legalmente con reserva fraccionaria sobre los depósitos a la vista desde bastante antes del siglo XX; porque la jurisprudencia a menudo se refiere a depósitos (de guarda y custodia) en general pero se ignora que el depósito bancario, aunque tenga en común el término “depósito”, es una entidad conceptualmente diferente (algunos juristas siguen muy confundidos al respecto y tal vez no conocen aquello que juzgan); y porque el hecho de que la legislación o la jurisprudencia prohíban ciertas prácticas es indicativo de que el mercado en realidad no es libre.

Sigue Leo: “decir que uno es «libre de ofrecer absolutamente lo que quiera» es una generalización inapropiada. Estoy seguro en que estarás conmigo en que yo no puedo ofrecer en el mercado la casa de mi vecino, el corazón de mi vecina, o el dinero de un tercero, porque dichas «ofertas» implicarían la violación del derecho natural y racional de la propiedad privada. Por tanto, no todo es susceptible de ser ofrecido en el mercado. Sino más bien, solo aquello que le es a uno propio.”

En realidad es una generalización que, bien entendida, es perfectamente apropiada. No conozco a su interlocutor, pero yo no estaría tan seguro de que vaya a estar de acuerdo con él. Yo puedo ofrecer en el mercado la casa de mi vecino, el corazón de mi vecina, o el dinero de un tercero, y ninguna de estas ofertas implicaría necesariamente “la violación del derecho natural y racional de la propiedad privada.”

Lo que yo no puedo hacer es vender lo que no es mío o estafar en un intercambio. Pero yo sí que puedo ofrecer algo que no me pertenece, con tal de que esté en mi posesión legítima en el momento de realizar el intercambio; o, sin estar en mi posesión, actuando como intermediario, representante legal o agente de un principal que sea quien realmente realice la venta. Si se considera que una oferta obliga al ofertante, lo ilegítimo no sería realizar esa oferta sino incumplirla, y entonces si se trata de un contrato bien hecho se aplicaría la penalización o arbitraje correspondiente explicitado en el mismo. Una oferta podría considerarse también como el comienzo de una negociación, en el transcurso de la cual yo puedo informar al potencial comprador, si lo considero conveniente, de que la casa en ese momento no es mía pero que puedo conseguirla en un plazo determinado: no es lo mismo callar este hecho, que puede resultar irrelevante, que mentir al respecto, lo que sería fraude.

Esta aclaración es relevante porque en los mercados bancarios y financieros frecuentemente se realizan contratos perfectamente legítimos, legales y funcionales, sobre bienes que o no existen (ahora, o aún) o no están en ese momento en posesión de ninguna de las partes contratantes. Esto sucede en derivados como futuros, opciones y permutas; y en el contrato de depósito a la vista, en el cual el banco se compromete a entregar a todos sus clientes unas cantidades de dinero que en su conjunto son mayores que las que tiene en sus reservas de efectivo. Lo ilegítimo no es la oferta o el contrato en sí, sino su incumplimiento. Y en el caso del depósito a la vista el banco puede cumplir todos sus compromisos contractuales con sus depositantes sin ningún problema, aunque esto a muchos aún les parezca un hecho misterioso, si además de las reservas de dinero tiene otros activos líquidos que puede vender rápidamente y sin pérdidas.

Leo insiste erróneamente en que la oferta de un depósito a la vista con reserva fraccionaria por un banco a un cliente es ilegítima porque se trata de fraude y además viola los derechos de otras personas. Ni es fraude, ni viola derechos de terceros.

Algunos liberales austriacos recurren frecuentemente a lo que para ellos son contundentes e irrefutables argumentaciones lógicas: en realidad se trata de trucos a menudo irrelevantes y que seguramente sólo consiguen engañar a los incautos; sobre todo a ellos mismos, ya que son víctimas de autoengaño persistente.

Se refieren por ejemplo a una mujer virgen y prostituta a la vez como algo imposible. Tal vez no han considerado que una mujer podría empezar a prostituirse siendo virgen, y desconocen que en el mercado del sexo las vírgenes son muy valoradas; quizás es que consideran que la mujer sólo comienza a ser prostituta justo en el momento en que deja de ser virgen (si es que tal momento puede establecerse con precisión y sin ambigüedades); tal vez creen que sólo es prostituta mientras practica el sexo a cambio de dinero. También menciona Leo helados calientes, pinturas simultáneamente completamente blancas y negras y agua simultáneamente salada y dulce: son ejemplos problemáticos o desacertados ya que en realidad un helado podría ser caliente y lo salado y lo dulce no son opuestos ni contradictorios.

Como si con estos malos ejemplos no fuera suficiente, Leo ofrece otro más:

“¿Es posible que el dueño de un local de restauración ofrezca la misma sala para fumadores y no fumadores? (y cuando digo «misma sala» me refiero a exactamente el mismo espacio tiempo —no una separación espacial y/o temporal entre uno y otro). La respuesta es tajante. No. No es posible.”

Es perfectamente posible realizar tal oferta. De nuevo, una cosa es lo que se ofrece y otra lo que la otra parte efectivamente recibe, y allí podría haber, o no, un incumplimiento de contrato. Pero es que además Leo ha olvidado un detalle que en lógica es muy importante, en este caso la palabra “exclusivamente”. Si yo ofrezco una sala a la vez para fumadores y no fumadores, entonces todo el mundo puede acceder y nadie tiene derecho a quejarse. Otra cosa sería si la ofrezco exclusivamente a unos y a otros, y entonces si la situación final se produce y se juntan ambos yo estaría incumpliendo el contrato. Si se tratara de grupos conocidos, puedo evitar esto ofreciendo inicialmente la sala en exclusividad a ambos colectivos y retirando la oferta cuando uno de los dos la acepte; si ambos la aceptan inicialmente aún puedo compensarles o recomprar su derecho antes del momento de ocupación para evitar el conflicto.

Tras estas analogías enfatiza Leo que “la reserva fraccionaria se encuentra dentro de este tipo de naturaleza incompatible, irreal, de imposible cumplimiento, y por tanto absolutamente irracional.” Es común para los que no entienden algo tacharlo de irracional: confunden su incomprensión como imposibilidad. La reserva fraccionaria es real, compatible con casi todo, no implica ninguna contradicción ni catástrofe lógica, no es ningún absurdo y su cumplimiento no sólo no es imposible sino que incluso resulta fácil.

Para Leo “es curioso que la posición objetivista no vea la falta de racionalidad y la absoluta incoherencia en la defensa de la libertad contractual aún en los casos de objetiva imposibilidad (como el caso mencionados [sic]).” Sin embargo la reserva fraccionaria es racional, coherente, respeta la libertad contractual y es claramente posible. Además, que el cumplimiento de un contrato fuera objetivamente y sin duda imposible (algo bastante difícil de demostrar), no lo haría ni ilegítimo, ni irracional, ni ilógico, ni disfuncional. Imposibilidad de incumplimiento no implica ilegitimidad. Tal vez las partes quieren explorar los límites de lo que es o no posible, o quieren comprobar qué sucede contratando imposibles, o quieren garantizarse que lo pactado no pueda cumplirse para que se activen las cláusulas aplicables a esa situación (por ejemplo, cuando la usura estaba prohibida a menudo se pactaban penalizaciones por pago atrasado equivalentes a los intereses que no podían acordarse explícitamente, y los pagos casi siempre se atrasaban intencionalmente; habría sido útil garantizar de algún modo que los plazos no podían cumplirse).

Resalta Leo “la ignorancia respecto de la naturaleza del dinero, su uso y abuso es terrorífica en nuestra sociedad actual”. Desgraciadamente él (y otros con semejantes opiniones y creencias) la ejemplifica; con el agravante de que pretende conocer el tema. “Podemos empezar por la simple comprensión de que el dinero es un bien —como cualquier otro bien material— con su precio, ofreta [sic] y demanda.” ¿Acaso hay muchos que no saben que el dinero es un bien con precio, oferta y demanda? Precisamente si conviene resaltar algo sobre el dinero es que es un bien muy peculiar: lo esencial del dinero no es lo que tiene en común con otros bienes sino lo que lo diferencia y lo hace especial.

Los falsificadores no suelen ser tan tontos como para ofrecer a sus víctimas cosas obviamente imposibles de cumplir, lo cual debería hacerles sospechar. Al argumento de “¿Qué pasaría si todos los bancos hacen que cada depositante, en la apertura de su cuenta, firmen un documento diciendo que él se da cuenta de la disposición y consiente en asumir el riesgo?” Leo responde que “La naturaleza incoherente del producto/servicio ofrecido lo hace jurídicamente inválido. Por más que yo ofrezca agua «salada-dulce» y el usuario firme el contrato aceptándolo, no cambia la falsificación de la oferta; y la imposibilidad de su cumplimiento.”

Contundencia e ignorancia van de la mano: Leo se cree competente como para declarar tajantemente qué es jurídicamente válido o inválido; él sabe más que las partes contratantes, pobres tontos engañados que no saben lo que hacen, y declara la oferta falsa y el cumplimiento imposible. ¿Por qué? Porque lo dice él, y Rothbard, Huerta de Soto y unos cuantos más. Leo lo asegura firmemente:

“La imposibilidad de dicho cumplimiento (no reconocido por los defensores del freebanking con reservas fraccionarias) que hace en sí mismo [sic] nulo [sic] de pleno derecho dichos contratos, se traduce, además, en la particularidad irracional de querer tergiversar la realidad insinuando que una cosa puede ser propiedad íntegra de dos personas a la vez.”

Los defensores inteligentes de la banca libre (los anglicismos sobran cuando existen expresiones propias equivalentes) no reconocen esa imposibilidad porque no existe y si lo hicieran estarían mintiendo o equivocándose. Y todo el cuento de irracionalidad y tergiversación de la realidad es resultado de la proyección psicológica del propio crítico de la banca libre con reserva fraccionaria. No se trata de que una cosa sea propiedad íntegra de dos personas a la vez, sino de que el banco tiene un dinero que le ha prestado el depositante y una deuda frente al mismo, y el depositante es acreedor del banco, posee un derecho de cobro contra el mismo.

Leo resalta “lo surrealista de esta sociedad, es que el 99,9% de la gente piensa que su dinero es suyo, cuando la realidad dista mucho de dicho hecho.” Probablemente ha medido ese porcentaje con precisión aunque no explica cómo lo ha obtenido; resulta algo sorprendente, porque los austriacos son un poco aversos a los datos empíricos. Tal vez es simplemente una forma de hablar, para entendernos, sin demasiado rigor, para seguir con el tono de falta de rigor intelectual del artículo. En realidad la gente piensa correctamente que su dinero es suyo. Por definición: mi dinero, mío; tu dinero, tuyo; su dinero, suyo. Cuando hablamos del dinero que tenemos en la cuenta del banco (cuando su saldo es positivo), en realidad nos estamos refiriendo a los derechos de cobro de dinero que tenemos frente al banco.

Insiste Leo en que “los argumentos a [sic] la prohibición de dichos contratos no se basa [sic] en la falta de acuerdo, al [sic] uso de la fuerza o coerción; sino a [sic] la propia imposibilidad, irrealidad, incoherencia, irracionalidad de ofrecer un producto que es, a la vez, dos cosas opuestas (en este caso depósito a la vista y préstamo) a varias personas a la vez; y todas ellas siendo propietarias íntegras del mismo bien.”

En el caso de una cuenta bancaria, depósito a la vista y préstamo no sólo no son cosas opuestas sino que son… la misma cosa. No importa cuántas personas haya, no se da el caso de múltiples derechos de propiedad completos y excluyentes sobre un mismo bien.

Pero Leo insiste obcecadamente y repite:

“El fraude y la falsificación está [sic] en que se están vendiendo contratos que por naturaleza son de imposible cumplimiento. Que nadie puede ofrecer un préstamo que a la vez sea depósito a la vista porque ambos son radicalmente distintos. Y además, que no solo lo están ofreciendo a una misma persona (aspecto este ya ilegítimo por la naturaleza incompatible del contrato) sino que lo ofrecen a varias personas, alegando que todas ellas son propietarias íntegras del mismo bien (y cuando digo «propietarias íntegras del mismo bien», me estoy refiriendo a que el 100% del mismo bien estaría en propiedad de más de una persona a la vez, no de fracciones del mismo).”

Al menos el párrafo anterior tiene la original expresión de “vender contratos”. Y lo de la naturaleza incompatible suena algo raro: ¿incompatible con qué? Incompatible no es lo mismo que imposible, inconsistente, incoherente, contradictorio.

Por si el lector no se ha enterado todavía, vuelve a repetir:

“La oferta de imposible cumplimiento de contratos de depósito irregular de dinero que a la vez hacen de préstamos deriva en una transgresión ipso facto de la propiedad privada (derecho fundamental del capitalismo que dice [sic] defender el autor o los defensores del freebanking con reserva fraccionaria) del dinero de dichos contratantes. Por tanto, resulta ilegítimo y prohibitivo el realizarlos en una economía de mercado.”

Ahora además de un anglicismo tenemos un latinajo. “Prohibitivo” significa, según la RAE, que prohíbe o cuyo precio es muy alto: no parece encajar aquí, donde quizás se quiere decir que está prohibido o que debería estar prohibido.

“[…] hay doble fraude. El primero, el contrato ilegítimo al ofrecer dos cosas de naturaleza opuesta como de posible coexistencia; atentando contra la razón aplastante de que A es A, y que A no puede ser A y B simultáneamente. El segundo, su oferta múltiple como bien de propiedad íntegra para cada uno de los contratantes, atentando contra la razón aplastante de que un mismo bien no puede pertenecer íntegramente, al 100%, a más de una persona a la vez.”

No hay ni un fraude ni dos: no hay ningún fraude. La razón aplastante de que A es A es muy aplastante pero muy poco informativa. También B es B, y C es C, etc. Sin embargo A puede ser A y B simultáneamente, como sabe cualquier principiante de lógica: un hombre puede ser un hombre y un animal; lo que suele ser imposible es ser A y no A (principio de no contradicción, que después de tanto mencionar la lógica resulta que no se domina). La razón aplasta, sí, a quienes no saben usarla.

Que “un mismo bien no puede pertenecer íntegramente, al 100%, a más de una persona a la vez” es correcto pero irrelevante, ya que no es el caso, por mucho que insistan en querer distorsionar así la realidad del depósito bancario.

Leonardo menciona a Harry Biswanger, quien afirma:

“Disculpen mi falta de temperamento, pero he estado respondiendo a los mismos ignorantes argumentos anti reserva franccionaria durante 40 años.”

Entiendo perfectamente a Biswanger. Yo, aunque llevo bastantes menos años, no voy a pedir disculpas por mi temperamento: los necios testarudos que ya han recibido explicaciones claras y detalladas y las han ignorado una y otra vez no merecen delicadezas ni esfuerzos extraordinarios adicionales. Leo replica a Biswanger que “La razón no se consigue por repetición.” Pero Biswanger tiene razón sin repetirse, y él está equivocado una y otra vez.

Según Leo “la tradición de la defensa del coeficiente de caja del 100% tiene mucho más que 40 años, y son pricisamente [sic] los «liberales modernos» del freebanking con reserva fraccionaria quienes están defendiendo, desde no hace mucho tiempo, lo indefendible.” Lo de “defendiendo lo indefendible” me suena de otro famoso aunque no muy brillante crítico de la reserva fraccionaria. Y es normal que los «liberales modernos» defiendan algo desde hace no mucho; si no fuera así… no serían modernos. Unos cuantos liberales no tan modernos (escuela bancaria, por ejemplo) ya indicaban hace mucho sus errores a los críticos de la reserva fraccionaria, pero parece que meme malo nunca muere.

Otro breve ejemplo de errata y error sintáctico (la coma):

“Los argumentos utlizados [sic] por Yaron Brook, son los siguientes:”

Del hecho de que el banco no te entregue el dinero inmediatamente cuando quieras (físicamente se tarda algo en cogerlo, contarlo y entregarlo; puede haber colas en las ventanillas; el banco puede estar cerrado porque tiene un horario limitado, o el cajero haberse quedado sin efectivo; para cantidades grandes es necesario preaviso según cláusula contractual) Leo afirma que:

“esto no es un argumento. Es un hecho de la tergiversada realidad del uso y abuso del dinero que no dice nada sobre el fraude que se está cometiendo, sino que precisamente afirma y confirma que se sigue ofreciendo como válido un contrato de imposible cumplimiento, y a múltiples personas simultáneamente.”

¿Dónde hemos leído todo esto antes? No va a ser la última vez.

“El que las personas reciban su dinero cuando acuden a retirarlo del banco, que precisamente es un fenómeno estadístico, nuevamente nada tiene que ver con el incumplimiento ipso facto del contrato firmado (que es en sí mismo de imposible cumplimiento).”

Espectacular: o sea que el hecho de que un contrato se cumpla no indica nada sobre ese presunto incumplimiento ipso facto, porque está claro que la idea de que el contrato es de imposible incumplimiento no puede ser demostrada falsa cumpliendo el contrato, faltaría más. La realidad jamás debe estropear tus teorías. Da vergüenza ajena lo mucho que insisten algunos austriacos con la lógica y lo torpes que son con ella. Así no resulta extraño que se trate de una escuela minoritaria que necesita una buena limpieza en profundidad. Sé que afirmar esto es muy duro, pero es lo que hay.

“[…] la realidad (que no la estadística y casuística) muestra que si todos acudimos a solicitar «nuestro» dinero, dicho dinero no existe.”

No es que el dinero no esté ahí sino que no existe: se supone que en ninguna parte del Universo universal o del mundo mundial. Toda la masa monetaria disponible no es suficiente, a ninguna velocidad de circulación, para cumplir con todos los depositantes: si al final van a tener razón los que dicen que el problema económico es que no hay suficiente dinero y hay que producir más…

Continúa Leo mezclando y confundiendo el problema de la reserva fraccionaria con las casas en multipropiedad, dos realidades diferentes. En la multipropiedad los múltiples propietarios se ponen de acuerdo según unos estatutos sobre cuándo utiliza cada uno la propiedad, probablemente de forma simétrica entre iguales. En el depósito bancario la situación es asimétrica y no se trata de multipropiedad sino préstamo (alquiler): el prestamista o depositante entrega un dinero a cambio de un derecho de cobro a la vista contra el banco (y eso es lo que luego utiliza como medio de pago si otros se lo aceptan: no el dinero, que puede recuperar cuando quiera pero debe reclamarlo antes, sino la promesa del banco de entrega de dinero a la vista); el banco dispone del dinero hasta que el depositante se lo reclame. No hay doble disponibilidad simultánea sobre la misma cosa: el banco lo tiene hasta que se lo reclamen; el depositante lo tiene desde que lo reclame. Y además del dinero existe otra cosa importante, la deuda generada por el depósito como préstamo, que se utiliza como dinero fiduciario (crédito circulante).

Sigue: “un bien que al ser fiduciario, en realidad genera una expansión, multiplicación del mismo, que produce, como ya sabes, los tan temidos ciclos económicos, con sus consiguientes inconvenientes para la sociedad.” Parece que Leo no tiene claro qué es un bien fiduciario, ya que ese hecho no tiene que ver con su expansión insostenible ni con los ciclos económicos. El “como ya sabes” es dudoso: no se puede saber lo que es falso.

Continúa el desastre intelectual:

“el problema económico de no comprender los argumentos jurídicos de la naturaleza de los contratos, y de la legítima y correcta defensa de [sic] propiedad privada del bien de intercambio, radica en que realmente ya no se usa el mismo bien, sino que se multiplica (algo que solo ocurre con el dinero fiduciario sin anclaje y sin reservas). Estamos asistiendo a uno de los mayores engaños jamás visto en la historia de la humanidad.”

Efectivamente los críticos de la reserva fraccionaria no comprenden los argumentos jurídicos de la naturaleza de los contratos, no saben defender de forma correcta la propiedad privada y sus criterios de legitimidad son defectuosos. El dinero fiduciario tiene anclaje y reservas: es un pasivo respaldado por un activo (estos términos contables y financieros pueden resultar sorprendentes y desconocidos para algunos críticos de la reserva fraccionaria, y esto quizás pueda explicar su grave confusión). No conozco en profundidad toda la historia de toda la humanidad, pero en efecto el autoengaño de los críticos de la reserva fraccionaria probablemente está entre los mayores que ha habido, hay y habrá.

Si Yaron Brook afirma que “Que en un sistema de freebanking habría la posibilidad de bancos con y sin reserva fraccionaria.”, Leo replica que eso “Tampoco dice nada sobre la legitimidad de los bancos con reserva fraccionaria.” ¿Y qué? Hay una cantidad ingente de cosas sobre las cuales esa frase no dice nada. Brook está diciendo que la reserva 100%, si alguien la quiere, es legítima; la reserva fraccionaria es obvio, para quien la entiende, que lo es.

Protesta Leo porque los freebanking [sic] “quieren hacer creer que en su sistema de freebanking, los bancos podrán o no tener la fracción de depósitos que quieran”. Eso de “querer hacer creer” se usa cuando intentas engañar a alguien, y aquí no es el caso aunque Leo así lo insinúe. Efectivamente, cada banco puede guardar como reservas de efectivo la fracción que considere conveniente según su decisión empresarial. Critica esto Leo:

“Lo cierto, [sic] es que en un sistema tal, lo único que estarán defendiendo dichas personas es un sistema corrupto, en el que el incentivo de fraccionar las reservas será tan alto, que el resultado jurídico y económico sería incluso peor que el actual (donde directamente la mayoría de dichos bancos no tendrían reservas ninguna [sic]).”

De nuevo una gran ligereza y desfachatez al hablar de corrupción. Y lo de “fraccionar las reservas” no tiene mucho sentido. No tener ninguna reserva puede ser muy ineficiente porque resulta difícil atender a los clientes que quieran hacer retiradas por ventanilla si no se dispone de nada de efectivo en la caja de la sucursal. Y los cajeros automáticos suelen requerir algo de efectivo para funcionar. Reducir los costes de oportunidad de mantener reservas de dinero (saldos de tesorería) no es lo mismo que reducir las reservas a cero.

Insiste Leo en lo malos que somos los defensores de la reserva fraccionaria:

“Es básicamente lo mismo que legitimar el robo en una sociedad.”

Si no entiendes algo, no intentes razonar sobre su moralidad: aparenta que razonas, sermonea y acusa.

“Desde ya las incoherencias del sistema de freebanking con reservas fraccionarias llega a extremos ridículos.”

Incoherencias y ridículo extremo: una buena descripción de los críticos de la reserva fraccionaria.

Yaron Brook afirma que “[…] los economistas austriacos están en contra de las reservas fraccionarias porque crean incertidumbre respecto de la cantidad de dinero en la economía.” Es una apreciación que a mi juicio puede ser correcta: a algunos austriacos les preocupa que se produzca dinero (en realidad sustitutos monetarios), lo critican como inflacionario y prefieren una cantidad dada cualquiera fija y un incremento progresivo de su poder adquisitivo. Pero Leo, que no domina la teoría monetaria, se sale por la tangente e insiste en el problema jurídico y ético, que en realidad es inexistente más allá de su imaginación.

“[…] los derechos de propiedad privada del dinero son violados toda vez que se legitima el contrato de doble naturaleza (depósito/préstamo) simultáneamente, y se entrega un mismo bien, de manera íntegra, a distintas personas, en los sistemas bancarios de reservas fraccionarias.”

Resulta muy pesado y deprimente leer los mismos errores una y otra vez.

“Lo curioso es que Brook reconoce que el dinero se duplica, sin darse cuenta [sic] que dicho efecto, más allá del fenómeno cuantitativo y económico del dinero, implica el resultado propio del fraude que se consigue cuando «una cosa» se transforma, por arte de magia, en «dos cosas», sin haber cambiado en nada la realidad de la cosa en sí misma.”

No sé qué es lo que Brook reconoce o no reconoce, aunque dudo que sea eso. El dinero no se multiplica sino que se crean medios de pago o sustitutos monetarios adicionales, que no son dinero en sentido estricto. Y la implicación que se menciona en esa frase no sólo es errónea en cuanto al fraude sino que además está al revés, lo que en lógica es un error muy grave.

“[…] es como si Brook reconociera que ante sus ojos cabe la posible existencia de algo (una cosa) que es A y B simultáneamente.”

De nuevo encontramos a nuestros amigos A y B. ¿Dónde han aprendido lógica algunos austriacos? ¿Realmente saben lógica o sólo creen que saben lógica? Va a resultar que la praxeología tiene algo que ver con la praxis pero muy poco con el logos. Va acabar siendo algo así como una teoría de la chapuza humana.

“Para Brook uno es igual a dos (y éste último multiplicado por todas las veces que el mismo bien es utilizado en la economía con reservas fraccionarias). ¿Es esto racional, lógico, coherente u objetivo? Y todo esto lo hace, paradójicamente, en nombre de la justicia, el derecho, y la racionalidad; todos ellos aspectos que faltan en el video que he escuchado.”

No creo que Yaron Brook sea tan tonto como para confundir uno y dos. La “economía con reservas fraccionarias” no utiliza múltiples veces el mismo bien. Los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria son racionales, lógicos, coherentes, objetivos, y entienden de justicia y derecho: los críticos no, pero creen ferviente y ciegamente que sí. Son como el conductor del chiste que cree que hay cientos de vehículos en su lado de la carretera que circulan en sentido contrario.

“A esta altura [sic] estarás esperando que justifique, o más bien argumente, el porqué [sic] el contrato en el sistema de reserva fraccionaria es ilegítimo, y porqué se transgreden los derechos de propiedad. Te lo explico, [sic] brevemente, [sic] a continuación.”

O sea que todo lo anterior no eran breves explicaciones. El resto del artículo no añade nada nuevo y es simplemente una repetición cansina de los errores que comete Jesús Huerta de Soto en Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. En lenguaje muy solemne se asegura que el contrato de depósito bancario con reserva fraccionaria es un “contrato nulo de pleno derecho”: “lo que es incompatible y de imposible cumplimiento no es legítimo, y por tanto es nulo de pleno derecho.” Es cosa juzgada y definitivamente cerrada sin posibilidad de recurso de apelación.

A los abogados litigantes principiantes se les aconseja que durante el juicio no hagan nunca una pregunta cuya respuesta no conocen, porque pueden obtener una respuesta inesperada contraria a sus intereses. Se pregunta Leo:

“¿Qué riesgo está asumiendo una persona que entrega un dinero sabiendo que el banco lo usará, pero que a la vez tiene obligación de entregárselo cuando éste lo pida?”

La respuesta es: el riesgo de que la obligación de entrega se incumpla (total o parcialmente) o se retrase. Nadie sabe que “tiene seguridad plena de que el banco se lo devolverá a la vez que asume un riesgo.” Se tiene la seguridad de que el banco tiene esa obligación, pero el riesgo y la incertidumbre de incumplimiento, por pequeños que sean, existen. Por eso es distinto tener dinero que tener un derecho de cobro de una cantidad de dinero.

Luego Leo repite la confusión habitual sobre la propiedad íntegra del mismo bien. Cuando se niega a aceptar, o al menos intentar entender, que el depósito bancario es un préstamo, y no un contrato de guarda y custodia, pasan estas cosas.

“Lo que ocurre, es que el hecho de que actualmente estemos bajo un sistema monetario fiduciario, en el que gran parte del «bien de intercambio» en sí mismo no existe (porque no hay anclaje ninguno, y porque gran parte de dicho dinero no son más que apuntes contables del banco), sumado el hecho de que haciendo uso de la probabilística es posible engañar a la sociedad respecto de la disponibilidad (objetivamente de imposible cumplimiento), nadie percibe la realidad objetiva e incoherente en el que está inmerso el sistema monetario actual. Sistema, por cierto, que no nace de la libertad bancaria, sino precisamente de su contrario: del privilegio y casamiento estado-banco […]”

Nadie percibe la realidad… salvo los sabios, justos, legítimos, racionales, coherentes, compatibles, lógicos y liberales críticos de la reserva fraccionaria. Que resulta que no son capaces de distinguir el dinero fiduciario del dinero fiat. Que afirman que algo no existe pero al mismo tiempo se usa e intercambia. Que aseguran que no hay anclaje alguno, sin saber cuál es el anclaje y probablemente sin entender qué es eso del anclaje. Que confunden un posible incumplimiento con un imposible cumplimiento.

No podríamos acabar sin mencionar lo de “crear dinero de la nada”:

“Crear dinero de la nada y prestarlo es una actividad criminal que solo favorece al banco, y en el corto plazo al prestatario. Dicha transacción se realiza depreciando la moneda, principalmente a través de apuntes contables que son nulos de pleno derecho, pero que están institucionalmente validados por el privilegio estatal que éste concede exclusivamente a los bancos, y a ningún otro tipo de negocio, empresa o institución.”

Actividad criminal. No es sólo falta o delito común sino algo propio del código penal, aunque no se especifique la pena. La reserva fraccionaria no es ningún privilegio concedido por el Estado sino la forma normal de proceder de la banca comercial como gestora de pagos y cobros mediante su propia deuda ofrecida a sus clientes. En otros negocios, empresas o instituciones no es que no esté permitida sino que no tiene sentido porque no son emisores de deuda utilizable como medio de pago. Y una de las preguntas del millón: si los bancos pueden crear dinero de la nada… ¿cómo es que corren riesgo de quiebra y deben ser rescatados? Algo no encaja, y es el no saber distinguir entre dinero y sustitutos monetarios: los bancos crean pasivos monetarios contra sí mismos.

También menciona Leo los efectos sobre terceros no participantes voluntarios, es decir la presunta (en realidad inexistente) pérdida de poder adquisitivo del “ciudadano de a pié [sic]” que tiene dinero o “población apoderada [sic] de dicho bien”.

Concluye Leo:

“La única alternativa a una libertad bancaria real (no ilusoria), radica en terminar con el dinero fiduciario, abrir la competencia monetaria, exigir un anclaje que realmente haga de «bien de intercambio» real, y exigir el coeficiente de caja del 100% para los depósitos a la vista. Esto es lo que exige la lógica jurídica de los contratos legítimos, y de las defensas de la propiedad privada propias de sociedades realmente libres.”

Quienes no entienden la realidad y sus posibilidades quieren imponer su única alternativa, la única que son capaces de ver o más bien alucinar: acabar con los sustitutos monetarios (eso son los medios fiduciarios, que además son la inmensa mayoría de los medios de pago por razones de eficiencia económica) y convertir a los bancos por imperativo legal en almacenes de oro o cualquier otro bien que la sociedad elija como dinero en sentido estricto.

Leo realmente necesita (o al menos lo hacía a la fecha de publicación de su carta) aplicarse lo que él mismo recomienda: “reconsiderar qué es realmente la libertad bancaria y monetaria en términos económicos, y qué implicaciones jurídicas (principios generales del derecho) le son propias.” Y no sólo él.


Reserva fraccionaria, descalce de plazos y riesgos, cucharas y veneno

23/01/2014

Supón que tomas veneno con una cuchara. ¿La causa de tu enfermedad (o muerte) es el veneno o la cuchara? Obviamente el veneno, aunque algún necio podrá culpar a la cuchara y querrá prohibirla. Sin embargo la cuchara es muy útil y te permite tomar otros alimentos no venenosos, y el veneno puede introducirse en tu cuerpo por otros mecanismos (tenedor, inhalación, inyección).

La reserva fraccionaria de la banca no es necesariamente nociva ni fraudulenta. Lo nocivo es el descalce de plazos y riesgos que vuelve frágil al sistema bancario y financiero: este sucede, yendo a un nivel más fundamental, por la existencia de leyes de curso legal forzoso, bancos centrales monopolistas sin obligación de convertibilidad, y fondos de garantía de depósitos. Reserva fraccionaria y descalce de plazos son conceptos diferentes e independientes: es posible tener ambos, ninguno, o uno sin el otro.

Volviendo a la analogía alimentaria, seguramente te has envenenado porque lo que ingieres está parcialmente contaminado y la coacción estatal dificulta que puedas comer otras cosas, el regulador y supervisor de productores de alimentos hace muy mal su trabajo y fomenta su asunción excesiva de riesgos, y no te fijas en lo que comes porque papá Estado te garantiza que te curará si enfermas. Pero la culpa no es de las cucharas, y al reclamar su prohibición quedarás en ridículo, incrementarás los costes de la ingesta de alimentos y no evitarás los envenenamientos.

Conviene limpiar o esterilizar las cucharas si estas van a compartirse. Y el análisis se complica y se hace más interesante si en lugar de veneno hablamos de patógenos infecciosos.


Posibles causas de los errores contra la reserva fraccionaria

14/01/2014

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Uno de los errores intelectuales más graves y llamativos de algunos liberales de la escuela austriaca de economía es su oposición a la reserva fraccionaria de la banca. Dos pensadores brillantes, influyentes y fructíferos, pero obsesionados contra la reserva fraccionaria y equivocados al respecto, son los principales responsables: Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto. Ambos cuentan con múltiples seguidores más o menos significativos que contribuyen a la propagación de este error.

Dada la metodología científica de la escuela austriaca de economía el error es especialmente preocupante porque podría parecer que la crítica contra la reserva fraccionaria no se plantea como una hipótesis provisional potencialmente explicativa, abierta a crítica y revisión, sino como un axioma apodíctico demostrable lógicamente mediante deducción y presuntamente irrefutable. En este caso, o la lógica no funciona o algunos pensadores que insisten mucho en su importancia en realidad no saben utilizarla con suficiente rigor.

Los errores sistemáticos en este ámbito pueden proceder de sesgos y limitaciones del proceso de enseñanza a los economistas sobre los intercambios, el dinero, el crédito, la deuda, la banca y las finanzas: se confunde una simplificación explicativa de por qué el dinero supera al trueque con la idea de que sólo hay esas dos posibilidades. Es común explicar el origen del dinero por las limitaciones del trueque, lo cual tiene parte de verdad pero es una visión incompleta. El alumno queda con la impresión de que sólo existen dos tipos de intercambios: los directos (trueque), y los indirectos (con dinero). No se menciona, y por lo tanto se ignora, la posibilidad de que se produzcan intercambios incompletos, a crédito, diferidos en el tiempo, en los cuales se entrega un bien o servicio a cambio de una promesa de entrega de dinero en el futuro, generándose así una deuda entre quien da el bien (ahora acreedor) y quien lo recibe (ahora deudor).

La escuela austriaca enfatiza la subjetividad y el carácter dinámico y heterogéneo de las valoraciones de los individuos sobre los bienes, pero no investiga cómo de variables o invariantes son esas preferencias: por lo general ignora la teoría de la liquidez del dinero como invariante de valor.

Al tratar los bancos, se los considera erróneamente como meros almacenes de dinero (con analogías espurias, engañosas y desorientadoras, como depósitos de materias primas, garajes o guardarropas): se asegura, sin presentar evidencias, que los billetes que entregan a sus clientes son certificados de guarda y custodia, y que en los intercambios los individuos en vez de entregar dinero entregan los billetes que dan derecho al mismo. En realidad el billete de banco tiene mucho más que ver con la letra de cambio. También se acusa a los bancos de falsificadores y de cometer fraude al producir más billetes que el que tienen en tesorería, olvidando que el banco tiene otros activos líquidos convertibles rápida y fácilmente en dinero. El desconocimiento sobre contabilidad puede estar en la base de este problema.

Tampoco se considera la posibilidad de que se utilice la deuda como medio de pago (crédito circulante), como complemento o sustituto monetario: la deuda muy segura y a muy corto plazo se monetiza (se usa como dinero entendido en sentido amplio), y así se economiza el dinero en sentido estricto, evitando parte de sus costes y riesgos de producción y atesoramiento. Los bancos, además de intermediarios financieros, son gestores del sistema de pagos y cobros de una sociedad: las deudas entre los individuos pueden cancelarse o compensarse unas con otras sin necesidad de que circule el dinero, el cual sólo se transfiere para los saldos netos no compensados.

La teoría austriaca del ciclo económico enfatiza la expansión crediticia insostenible, la dimensión temporal de la acción y las descoordinaciones de la estructura de producción en relación con el ahorro disponible y las preferencias de consumo: pero no considera que el ahorro, la deuda y la inversión en general tienen una componente temporal y de riesgo, y que al haber intermediarios financieros es posible que se produzca un desajuste entre el plazo y riesgo al que prestan los acreedores al banco (depositantes a la vista y a plazo y obligacionistas) y el plazo y riesgo al cual el banco presta a sus deudores. No hay un solo tipo de interés que la banca central reduzca artificialmente, sino una curva de tipos que la banca en general (privada y pública) manipula de forma insostenible al intercambiar rendimientos por riesgo. Estos desajustes pueden efectuarlos también otros intermediarios financieros: en la crisis actual ha sido principalmente la banca en la sombra, que no utiliza depósitos a la vista.

A los errores económicos se añaden errores legales y éticos: una teoría de la ética de la libertad que interpreta equivocadamente los contratos como transferencias plenas de derechos de propiedad sobre objetos; la confusión entre títulos de propiedad y títulos de deuda; la confusión entre el derecho romano y los principios generales del derecho; la aplicación de normas relativas a contratos de guarda y custodia a entidades de naturaleza diferente.

La crítica contra la reserva fraccionaria de la banca se basa en diversos argumentos económicos y éticos falaces ya refutados. Son falacias porque parecen correctos y sus apariencias engañan: están construidos de tal manera que consiguen convencer y confundir al incauto; no sobrevivirían si sus defectos fueran obvios para todos, tanto novatos como expertos en teoría, historia y práctica monetaria y bancaria.

Diferentes factores epistémicos, psicológicos y económicos, muchos de ellos aplicables a otros ámbitos, permiten explicar por qué se produce este error y por qué se mantiene a pesar de que es un tema que ha sido y sigue siendo conveniente y claramente explicado en numerosos lugares y ocasiones. Los individuos equivocados han asumido ideas erróneas y no las corrigen, y este proceso puede estudiarse como un problema de capacidades e intereses: normalmente uno no cae en el error queriendo, sino por falta de capacidad para detectarlo; mantenerse en él implica no poder o no querer reconocerlo y abandonarlo.

En la generación, mantenimiento y propagación de ideas o memes intervienen emisores y receptores, maestros y alumnos, innovadores y seguidores. Aparte de la aparición original y creativa de una nueva idea, la asimilación inicial de errores se produce generalmente cuando un estudiante es confundido, dirigido por mal camino por un profesor equivocado. Esta circunstancia puede resultar muy nociva: igual que cuando se aprende alguna habilidad psicomotriz, como a tocar algún instrumento musical, es importante no adquirir vicios o manías que luego se enquistan y son difíciles de corregir. Conviene recibir la instrucción adecuada desde el comienzo y no acumular errores y perseverar en ellos: la constancia no siempre es una virtud; a veces es simple obcecación, testarudez, fanatismo.

El equivocado puede estar en una situación peor que el que no sabe nada y al menos reconoce su ignorancia; es mejor no haberse movido que avanzar en dirección contraria a la deseada. Si reconoce su error, entonces sabe cómo no es la realidad, y tal vez además sepa por experiencia propia por qué algunas ideas son falaces y pueden engañar a otros. Muchos especialistas en procesos de aprendizaje y en empresarialidad recomiendan equivocarse mucho y rápido: pero este consejo sólo tiene sentido si se obtiene alguna lección de los fracasos.

La economía conductual muestra la importancia del sesgo de confirmación en los seres humanos: se tiende a buscar pruebas de que uno tiene razón, se evita o distorsiona la información que es inconsistente con lo que uno previamente cree, se ignoran los argumentos que provocan el dolor de reconocer que uno se ha equivocado y no es tan inteligente como creía. No es lo mismo no saber nada sobre un tema que tener ideas preconcebidas incorrectas acerca del mismo. Si un alumno tiene interés y capacidad, aun partiendo de cero es posible enseñarle y conseguir que aprenda. Pero si lo que cree saber y le sirve de fundamento es lo opuesto a la realidad, si tiene ciertos prejuicios erróneos que no está dispuesto a abandonar, entonces su progreso intelectual será difícil o imposible: su apego, tal vez fervoroso, por las pseudoexplicaciones en las que cree, le impedirá comprender las explicaciones correctas y otras ideas que conectan con ellas. Para conseguir avanzar primero debe revisar lo que cree saber, reconocer sus errores y superarlos.

No hay ninguna forma de garantizar por completo que los maestros no se equivocan, y cuando un aprendiz comienza con algo, por definición no sabe, y por tanto tal vez no puede juzgar, analizar críticamente y filtrar adecuadamente las ideas recibidas. Si el profesor comete algún error el alumno tal vez lo asuma y lo haga suyo: es común memorizar sin comprender. Si se recibe gran cantidad de información e ideas, tal vez no sea posible comprobarlo todo; si hay muchas partes del conocimiento válidas tal vez se crea que todo el conjunto es correcto, que todas las piezas encajan, y no se detecten los detalles problemáticos.

El maestro no tiene por qué ser un estafador: seguramente está autoengañado, convencido de la corrección e importancia del presunto conocimiento que transmite. Abundan los economistas que afirman cosas contradictorias, luego algunos pensadores necesariamente están equivocados y sin embargo enseñan e incluso crean escuela, reciben premios y reconocimiento público. Quizás el profesor tiene mucho carisma, comunica con pasión, es simpático, generoso, atractivo, persuasivo, seduce al alumno. Tal vez el aprendiz cree que conviene no llevarle la contraria para tener una buena relación con él y obtener buena nota o algún avance académico o profesional.

El riesgo de transmisión de errores es mayor cuando se aprende de una sola fuente o de un conjunto de fuentes homogéneas y dependientes unas de otras, como puede ser el caso de un grupo cerrado y sectario que no fomente la crítica autónoma. Los grupos humanos formados por individuos con ideas o intereses semejantes tienden a cerrar filas: los miembros comparten dogmas, se apoyan mutuamente y fomentan la conformidad, rechazando al heterodoxo, hereje o blasfemo. Si se asimila una explicación convincente pero errónea, para corregirla será necesario recibir una argumentación contraria que tal vez no exista o que no esté disponible para el individuo, que suele rodearse de quienes piensan igual que él y comparten sus mismas limitaciones.

Algunos memes consiguen permanecer en las mentes de sus portadores, a pesar de su falsedad o incorrección, porque consiguen conectar con sus mecanismos emocionales y ser queridos. Son ideas que no dan igual, sino que el sujeto las aprecia como suyas, valiosas e importantes, y no quiere perderlas. Son memes atrincherados que defienden su posición privilegiada dentro de la mente contra invasores externos que podrían expulsarlos y eliminarlos: el individuo no tiene ideas sino que las ideas lo tienen a él. El componente emocional puede reforzarse mediante mecanismos de indignación moral que dificultan el análisis imparcial y objetivo.

Ciertos errores intelectuales, como el socialismo y el estatismo, persisten porque benefician a determinados grupos de interés: algunos de sus defensores se autoengañan porque su sustento depende de la incomprensión de ciertos asuntos. Otros errores permanecen porque sus portadores no desean asumir el dolor psíquico de su reconocimiento.

Algunas ideas absurdas distintivas sirven como identificadores de pertenencia a un grupo y prueba de lealtad al mismo, de modo que se defienden con orgullo porque abandonarlas implica desertar o traicionar al colectivo, ser desleal y arriesgarse a ser repudiado, perdiendo posibles relaciones de cooperación y capital social. Al reconocer un error uno no sólo se humilla a sí mismo sino que deja en evidencia a todos los demás que comparten dicho error. Es común no realizar ciertas críticas o suavizarlas por el deseo de llevarse bien o por el miedo a individuos en posiciones de poder y a la reacción de todos sus fieles seguidores. Los dogmas de fe y los líderes sirven como focos para coordinar y cohesionar un grupo. Atacar esas ideas y a esos líderes es atacar al grupo y a todos sus miembros, lo cual seguramente provocará un contraataque, que algunos realizarán con especial dedicación e intensidad para demostrar su lealtad y ganar puntos ante los correligionarios.

Las críticas correctoras pueden doler, molestar o incluso resultar ofensivas para algunos. Pero la solución de ciertos problemas requiere hablar clara y abiertamente aunque las verdades resulten inconvenientes o incómodas: censurar, contemporizar y callar para llevarse bien quizás sólo sirva para que la situación se mantenga o se agrave. Conviene practicar el sentido del humor, reírse uno de sí mismo y sus naturales limitaciones, no tomarse demasiado en serio.

En teoría la ciencia funciona mediante prueba y error objetivas, generación, crítica y comprobación imparcial de ideas: en realidad muchos pensadores (seguramente casi todos) quieren dejar huella, ser aplaudidos, crear escuela, conquistar muchos seguidores, incrementar su prestigio e influencia, mostrar lo brillantes que son, cuánta razón tienen y lo mucho que saben en comparación con otros competidores, que naturalmente están equivocados por no tener las mismas ideas (el estatus intelectual es un bien posicional). Cuanto más poder tenga un científico, más daño puede hacer si está equivocado y utiliza su prestigio e influencia para propagar sus errores y bloquear su revisión. De ahí el dicho de que en ocasiones la ciencia avanza tras los funerales de aquellos intelectuales dominantes que obstaculizan su progreso.

La argumentación racional surge evolutivamente no tanto para conocer la realidad sino como herramienta para vencer y convencer en discusiones contra otros y defender el estatus del individuo como pensador inteligente e influyente. Por este motivo para muchas personas reconocer errores es emocionalmente difícil, sobre todo si estos son importantes: no sólo implica perder referencias y fundamentos y quedar desorientado; también supone una posible pérdida de estatus, algo muy importante para los seres humanos como animales hipersociales.

Reconocer públicamente los propios errores y responsabilizarse de ellos es un acto de gran integridad intelectual; pero algunos individuos quizás se avergüenzan, estiman que eso implica una pérdida de capital intelectual y personal que no están dispuestos a asumir, de modo que prefieren distraer la atención, no darse por enterados, no dar la razón al otro; pueden también tratar de huir hacia adelante, seguir engañados, repetir los malos argumentos una y otra vez, recurrir al principio de autoridad, proponer ideas progresivamente más absurdas y disparatadas, enfatizar, resaltar y perseverar en las mismas malas ideas. El problema de no reconocer los errores es mayor cuanto más haya insistido un pensador en la corrección, importancia y originalidad de las ideas que resulten ser falsas y cuantas más oportunidades haya desaprovechado para revisarlas: hay más evidencias y el daño provocado es más grave.


En defensa de la reserva fraccionaria de la banca

30/03/2013

En defensa de la reserva fraccionaria de la banca.

Podcast con Luis Iglesias en Educación para la Libertad.


Dinero, deuda, banca y reserva fraccionaria

01/10/2010

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El dinero es aquella entidad (o entidades) que tiene unas cualidades tales que le permiten cumplir ciertas funciones que los agentes económicos valoran como útiles de forma generalizada: servir como depósito de valor estable, medio de intercambio indirecto y unidad de cuenta. Estas funciones son interdependientes pero pueden tener diferente importancia relativa.

Las diversas cosas existentes tienen diferentes cualidades objetivas que les permiten servir peor o mejor como dinero: no todo puede ser dinero, pero diversas cosas pueden tener cualidades monetarias en distintos grados (y diferentes según la función). Son o han sido dinero cosas naturales, como ciertas conchas o semillas; artificiales, como las monedas de oro o plata; o culturales, como los billetes de banco y los depósitos a la vista.

El dinero no tiene por qué tener una aceptación universal total (aunque en la medida que la tenga será mejor dinero). Algunos dineros pueden ser de uso más generalizado, mientras que otros son propios de ámbitos más específicos (dineros locales, medios de pago aceptados en ámbitos comerciales o financieros). Un trabajador asalariado probablemente sólo tiene conocimiento de los dineros más genéricos que él mismo usa y se confundirá si cree que esos son los únicos posibles.

El dinero es una institución evolutiva, un patrón repetitivo que permite la coordinación social: cada individuo lo utiliza porque espera que los demás también lo hagan de forma recursiva, de modo que las expectativas y la confianza son esenciales. Los agentes actúan según sus creencias, que se pueden corresponder mejor o peor con la realidad: pueden equivocarse y utilizar cosas como dinero que en realidad no tienen buenas cualidades monetarias (debido a errores libres o por el intervencionismo estatal coactivo, que no puede crear el dinero pero sí puede distorsionarlo). El dinero evoluciona de forma adaptativa, diversas cosas pueden competir en sus usos monetarios. La acción empresarial y los avances tecnológicos pueden producir dineros alternativos que complementan o sustituyen a los anteriores.

El dinero es un intermediario no neutro entre lo que se oferta y lo que se demanda. Aunque los individuos no quieren el dinero por sí mismo sino por los bienes o servicios que pueden comprar con él, los intercambios indirectos mediante dinero son más eficientes que el trueque directo y tienden a sustituirlo.

Pero la evolución de los intercambios de mercado no termina con la transición del trueque al intercambio por dinero: además de bienes presentes y dinero es posible introducir promesas de entrega de bienes futuros, y más concretamente promesas de pago de dinero. La oferta y la demanda no se ajustan solamente con los bienes existentes en cada momento: es posible realizar intercambios diferidos, en los cuales algo se entrega primero a cambio de la promesa de recibir el bien correspondiente pasado un tiempo. Los intercambios diferidos requieren confianza en que serán completados, que el deudor cumplirá su obligación de pago con el acreedor (con su derecho de cobro): suelen realizarse entre agentes que interaccionan con frecuencia y han establecido buenas reputaciones de solvencia (pueden endeudarse porque tienen crédito).

Las posibilidades de intercambio comercial se amplían con la deuda y el crédito: no es necesario poseer dinero en el presente, puede ser suficiente tener una capacidad razonable de obtenerlo en el futuro. Las deudas monetarias tienen el peligro, riesgo o incertidumbre de no ser cobradas (aunque suele exigirse algún tipo de garantía, colateral o aval que evite o minimice las pérdidas); pero por otro lado algunas deudas entre distintos agentes pueden cancelarse o compensarse total o parcialmente unas con otras, economizando así en la disponibilidad y el movimiento físico o las transferencias de dinero, que se utiliza para saldar las deudas netas no compensadas.

Las deudas son en principio transferibles: es posible que un acreedor traspase a otra persona su derecho de cobro. Algunas deudas previamente generadas pueden ser aceptadas de forma generalizada como medio de pago, de modo que se convierten en complementos o sustitutos monetarios o dinero en sentido amplio: las promesas de pago de dinero mercancía (dinero en sentido estricto) circulan, se monetizan. Dinero y crédito se entremezclan, no ya sólo porque la deuda suele ser pagadera en dinero, sino porque además ciertas deudas son monetizables. Pero es necesario que el receptor de la deuda monetizada confíe en que puede cobrarla en cualquier momento si así lo desea, para lo cual necesita tener localizado al deudor y poder acceder fácilmente a él.

Son monetizables las promesas de dinero a la vista emitidas por agentes estables, fácilmente localizables, con buena reputación y que tengan relación con muchos agentes económicos: los bancos solventes y adecuadamente capitalizados cuyo pasivo a más corto plazo (billetes y depósitos a la vista) está respaldado por activos financieros muy líquidos (de valor estable, negociables o vendibles en cualquier situación sin pérdida o quebranto). Estos bancos operan con reservas fraccionarias de dinero mercancía o dinero base (dinero externo) respecto a sus billetes y depósitos a la vista (dinero interno) perfectamente legítimas (no son ningún privilegio estatal ni ninguna violación de normas éticas o de principios generales del derecho) y funcionales (no causan necesariamente descoordinaciones ni ciclos económicos).

No todos los bancos son prudentes y competentes: es posible extender el crédito en exceso (en cantidades, en riesgos o en plazos desajustados) o abusar de su monetización, especialmente por la intervención de los bancos centrales (que manipulan los tipos de interés y la cantidad de dinero base, refinancian a los bancos privados y los protegen como un oligopolio con barreras de entrada y garantías de rescate implícitas o explícitas), las garantías estatales de los depósitos y las leyes de curso legal forzoso. Una banca libre proporciona dinero estable y crédito fiable mediante la competencia entre los propios bancos que no tienen garantías de rescate y pueden quebrar, por la atención de los depositantes que vigilan con qué bancos operan y por la libre competencia entre dineros externos e internos alternativos.

Hay varios errores graves relacionados con el dinero y la deuda: creer que la deuda es el auténtico origen del dinero (no se suele especificar qué era lo que se debía y por quién); creer que cualquier o casi cualquier deuda puede utilizarse como dinero; creer que un sistema monetario puede basarse exclusivamente en deuda y en billetes de curso legal forzoso no convertibles contractualmente en cantidades fijas de dinero mercancía; creer que ninguna deuda puede utilizarse como dinero (críticos de la reserva fraccionaria).


Asientos reservados

12/11/2009

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Hace algún tiempo en mi pueblo organizamos una reunión en un local vacío que tuvo tanto éxito que continúa de forma indefinida desde entonces. Resulta que en el local no hay sillas, que con la tecnología existente resultan ser muy resistentes (no se estropean con el uso) pero sin variedad: son bienes duraderos todos iguales (bienes fungibles, que dicen los economistas, indistinguibles unos de otros).

Recuerdo que la primera vez que estuve llevé una silla y la utilicé un rato mientras estaba sentado conversando con un amigo. Al rato me apeteció levantarme a bailar y me surgió un problema: es difícil moverse cargando todo el rato con la silla. Dejarla abandonada a su suerte no es buena idea, ya que podría haber ladrones, así que le pedí a un amigo que me la guardara hasta mi vuelta. Algo más tarde ese mismo día apareció una amiga que vino sin silla, y yo caballerosamente le presté la mía para que se sentara, por lo cual quedó muy agradecida. Pronto mi amigo se ausentó un rato y me pidió que le guardara su silla, y como yo estaba de pie le dije que si no le importaba me sentaría en ella; antes de que él volviera llegó una segunda amiga y yo, de nuevo caballeroso, le presté la silla de mi amigo, quien al volver entendió la situación y no se enfadó por ello.

Como tengo algo de perspicacia empresarial veo que hay dos diferentes oportunidades de negocio: guardar y prestar sillas, servicios para los cuales quizás la gente no siempre tenga amigos a mano. Así que al día siguiente voy con unas cuantas sillas y me instalo en una zona con dos partes diferenciadas: un servicio de custodia de sillas y un servicio de préstamo de sillas. Cobro según la cantidad de sillas y la duración del servicio, que a veces no es predeterminada (plazo fijo pactado al comienzo del servicio) sino que se extiende hasta que me pidan la silla guardada o me devuelvan la silla prestada; también puede suceder que yo decida devolver una silla guardada o reclame una silla prestada.

El negocio es rápidamente un éxito, y como trato con mucha gente y algunos no son conocidos tengo que llevar un registro básico. En el lado de la custodia de sillas le doy a cada uno un recibo por el cual me comprometo a entregar una silla ante la entrega del mismo. Algunos recibos son personalizados con el nombre del dueño de la silla, porque así aunque les robaran el papel el ladrón no podría reclamarla; aun así si se quiere que otra persona recoja la silla es posible transferir estos recibos a otra persona demostrando de algún modo en el documento que la transacción ha sido voluntaria. Por comodidad algunos recibos se hacen al portador: no importa la identidad de quien reclame la silla. En el lado del préstamo de sillas son los prestatarios quienes me dan a mí un reconocimiento de deuda por el cual se comprometen a devolverme la silla al final del tiempo pactado (o cuando yo se la reclame si es el caso).

Alguna vez me ha pasado que no me han devuelto una silla prestada: así he descubierto que los préstamos tienen riesgo, que es necesario fijarse en la fiabilidad o crédito del prestatario y ajustar mis tarifas según el riesgo de pérdida.

Normalmente tengo buen ojo para calcular cuántas sillas debo tener en el local, y si me hacen falta más puedo salir a una tienda cercana y comprar alguna más. Cuando me sobran sillas el mismo dueño de la tienda me las recompra, siempre a un precio menor al de venta por aquello de la diferencia entre el precio pedido y el precio ofrecido: la diferencia de todos modos no es muy grande porque al ser las sillas indestructibles el mercado de sillas nuevas y de segunda mano es el mismo.

En una ocasión sucedió que se agotaron mis sillas prestables, en la tienda no tenían más y todavía había personas que querían una. Mi perspicacia empresarial me llevó a pensar que quizás hubiera gente en el local que estuviera dispuesta a prestarme sus propias sillas, que yo a su vez podría seguir prestando a otros. Me convierto así en un intermediario en el mercado del préstamo de sillas: por un lado me las prestan a mí (yo debo esas sillas, tengo una deuda frente a otros o pasivo, que dice mi contable) y por el otro yo se las presto a otros (me deben sillas, tengo un activo, otros tienen una deuda frente a mí) a un precio ligeramente superior. Mis beneficios proceden de coordinar a distintas partes que no se han dado cuenta de la situación de los demás y no saben que podrían establecer relaciones mutuamente ventajosas con ellos: mi negocio es el punto de encuentro entre quienes les sobran y les faltan sillas.

En el negocio de la intermediación del préstamo no sólo importan las cantidades, los precios y los riesgos: también son muy importantes los plazos. Gestionarlos inadecuadamente puede poner mi negocio en peligro, ya que yo podría suponer un riesgo para mis prestamistas de sillas. Si yo recibo prestada una silla durante una hora lo más prudente es prestarla durante como mucho ese mismo plazo: así cuando me la reclamen de vuelta yo la tendré disponible.

Como algunas personas no saben cuándo van a sentirse cansados y querer sus sillas de vuelta, a veces me las prestan a la vista, o sea hasta que reclamen su devolución. Para no tener problemas con los plazos yo estas sillas también las presto a la vista y las reclamo cuando me las reclaman a mí. Algunas personas se ponen un poco nerviosas y creen que podría haber conflictos de doble disponibilidad sobre estas sillas, pero yo intento explicarles la situación quitando de en medio al intermediario para ver si así lo entienden: si tú me prestas la silla hasta que me la reclames de vuelta, el hecho de que me la prestes muestra que no la estás usando, y dispondrás de nuevo de ella a partir del momento en que me la pidas; yo la utilizo y dispongo de ella hasta que me la pidas.

Como mi negocio iba tan bien eventualmente surgió la competencia. Alguno procedió de forma deshonesta, prestando las sillas que le habían entregado en custodia: cobraba por ambos lados, cuando las recibía y cuando las prestaba. Yo lo denuncié y su negocio se fue a pique al perder la confianza de la gente.

De todos modos el negocio de la custodia es muy pequeño y tiende a desaparecer: mis clientes se dan cuenta de que si me prestan sus sillas y yo a su vez las presto con prudencia pueden recuperarlas cuando quieran, o sea que es casi como si las tuvieran guardadas (con algún pequeño riesgo) y no sólo no pagan por ello sino que incluso reciben un pequeño pago a cambio. Si algún cliente no se da cuenta yo mismo se lo propongo y son pocos los que insisten en que custodie sus sillas, para lo cual suelo usar unas cajas cuyos candados guardan ellos mismos.

Normalmente mantengo sin prestar una pequeña reserva de las sillas que me prestan para poder devolverlas en seguida sin tener que ir a buscar a mis deudores. Algunos economistas (por otra parte grandes pensadores) de la Escuela Oriental (porque por lo general están bien orientados) dicen muy indignados moralmente que esa reserva fraccionaria es ilegítima, fraudulenta, que disfruto de algún privilegio legal, que no podría hacer frente a todas las reclamaciones de sillas si se presentaran a la vez, que estoy generando múltiples y conflictivos derechos de propiedad, que los préstamos sin plazo prefijado son una aberración y no sé qué horrores más de un ciclo barato en el cual la gente cree que podrá estar sentada y resulta que se queda de pie. Me parece a mí que teorizan demasiado y no entienden el negocio.

Además me sorprende que no vean que el principal problema de este negocio puede venir de los plazos descalzados. No se trata de que no lleven zapatos, sino de que yo tome prestadas sillas a corto plazo y luego las preste a largo plazo (y por lo tanto sin derecho a exigirlas por mucho tiempo): si no tengo mucho cuidado mi negocio podría quebrar si me reclamaran simultáneamente muchas sillas y yo no encontrara quien me las prestara o vendiera. Y digo que es un problema porque la tentación para caer en esta práctica es muy fuerte, ya que el precio del préstamo de sillas por unidad de tiempo es casi siempre más barato a corto plazo que a largo plazo, y algunos listillos aunque no saben las reglas de este deporte quieren arbitrar esas diferencias. Como yo soy un empresario de una madurez ajustada no cometo este error: tengo muy en cuenta la posible desconfianza de mis clientes y la competencia real o potencial de otros empresarios.

Algunos listillos granujas están intentando organizar un oligopolio de intermediarios del préstamo de sillas: quieren restringir la competencia, montar una institución coactiva y obligatoria para la producción centralizada y planificada de sillas financiadas con impuestos que les permitan desajustar sus plazos y obtener sillas baratas en caso de necesidad, y prometer sillas pero en realidad prestar taburetes. Para que la gente siga prestándoles sillas y no se asusten van a imponer un seguro obligatorio que garantice la devolución sin importar lo arriesgado que sea cada intermediario. Como consigan todo esto me temo que aunque hasta ahora han sido indestructibles las sillas van a ver muy deteriorada su calidad y se van a parecer más a los bancos de la calle. Y lo vamos a pagar muy caro.