Recomendaciones

27/02/2019

A fondo con Fernando Encinar, de Idealista

Entrevista a Antonio Rosas, paleoantropólogo: “La colaboración de los machos en la crianza es esencial en nuestra evolución”

El paraíso fiscal son los taxis, de Juan Ramón Rallo

A la atención de Dª María del Carmen Calvo, de Félix Bornstein

It’s ‘Time to Panic’ Over Climate Change, Asserts New York Times Op-Ed, by Ronald Bailey


Tonterías selectas

27/02/2019

España, país de puteros, de David Bollero

La ley hipotecaria llega muy tarde, de Andreu Missé

Ramón Tamames rastrea el más allá entre científicos y filósofos

El salario mínimo y las plagas de Egipto, de Gonzalo Pino, secretario de Política Sindical de UGT

… los falsos profetas del apocalipsis ignoran o minimizan los posibles impactos positivos de un aumento del salario mínimo: contribuye a sostener la demanda y la actividad económica a través del consumo; eleva los ingresos por cotizaciones a la Seguridad Social (unos 600 millones en 2019, según cálculos del Gobierno); supone un incentivo indirecto para que las empresas ganen en eficiencia y el empleo que se cree sea de mayor calidad y más duradero; contribuye a elevar la motivación de las personas con empleo (y como derivada, su productividad); y ayuda a mejorar los niveles de justicia laboral y social.

Extracto de Manifiesto de un feminismo para el 99% de Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser


Tonterías selectas

25/02/2019

La creciente rebelión popular frente al neoliberalismo: Amazon en Nueva York, de Vicenç Navarro

El futuro se acerca: democracia económica o “tambores de guerra”, por Ignacio Muro

… una salida pacífica a la próxima crisis sólo puede nacer poniendo en discusión el modo de producir y la lógica de la organización empresarial. No es posible que las empresas obliguen a compartir los riesgos y los sacrificios entre los diversos actores económicos (trabajadores, instituciones, proveedores, clientes…) y no se socialicen y compartan las decisiones. De modo que, cuando vuelvan a ser imprescindibles los ajustes, los trabajadores tendrán derecho (estarán obligados, incluso) a reclamar que se cuantifiquen y se capitalicen sus sacrificios mediante participación en el capital de las empresas.

Es también el único modo de asegurarse que la crisis no se convierte en una estafa que desplace a dividendos los ajustes de salarios y empleo que conlleva el ajuste. Sería también un modo de reequilibrar el poder interno y obtener como trabajador-accionista la información y los derechos que se le niega como mero trabajador. Paradójicamente la propia incapacidad del sistema para encontrar una solución podría abrir un futuro de diálogo y concertación cuando más débil y fragmentado parece el mundo del trabajo.

Ese escenario podría significar dos cosas y abriría dos interpretaciones: de un lado, como una forma de “refundar el capitalismo” e integrar al trabajador-accionista individualmente en el capital; de otro, como el reconocimiento de que el verdadero capital en la nueva economía reside en el conocimiento vivo que aportan los trabajadores como colectivo. Es decir, como un paso hacía más capitalismo y, al tiempo, como un paso hacia el postcapitalismo, dos interpretaciones que además podrían convivir y competir durante mucho tiempo.

Pero en cualquier caso sería un paso objetivo, pequeño o grande, hacia planteamientos inclusivos asociados a la democracia económica.

… No parece que el problema del mundo sea hoy “acabar con la propiedad privada” sino superar los modelos caracterizados por el control autocrático centralizado que definen el último capitalismo. El impulso de empresas abiertas a la participación de sus trabajadores y otros grupos de interés es la forma de acotar la concentración de poder de los primeros ejecutivos como agentes destacados de las “minorías de control” en las grandes corporaciones. Una tarea que necesita complementarse con nuevas formas de gestionar el espacio público y revitalizar su misión en términos de eficacia asociada a interés general dando la vuelta a los programas de colaboración público-privada que han legitimado el saqueo de recursos públicos por élites extractivas. O con la extensión de nuevas formas cooperativas y de trabajo asociado en PYMES proveedoras de servicios de alto valor…

Los robots deben cotizar a la Seguridad Social, de Pepe Álvarez, secretario general de UGT

La revuelta de Greta contra nuestra basura, de Berna González Harbour

El boli BIC y las derechas, de Lina Gálvez

La libre elección hiperindividualizada y teóricamente empoderante se ha convertido así en uno de los fundamentos de la cultura neoliberal, a pesar de convivir con la intensificación de las desigualdades y de que, en realidad, nos aleja de la igualdad necesaria para poder hablar de una verdadera libre elección.

La revolución cultural neoliberal nos ha transformado en individuos que creen elegir, que quieren elegir y que sitúan la libertad de elección por encima de muchos otros valores. Elegimos el dibujo de nuestra camiseta, la música que escuchamos, los capítulos de las series que vemos; elegimos si nos prostituimos, o cuando cedemos nuestro vientre para gestar para otros. Todo vale –hasta que nos exploten– porque todo lo elegimos. Es lo que queremos, lo que nos dicen que nos empodera como personas. Da igual que todas las personas no tengamos la misma libertad para elegir a causa de desigualdades en nuestras condiciones materiales, procesos de socialización muy diferenciados u oportunidades reales muy dispares que nos obligan a ir adaptando nuestras elecciones. Conviene que creamos que elegimos, y que lo hacemos en igualdad de condiciones con nuestros congéneres.


Tonterías selectas

23/02/2019

El éxito es para compartirlo, de Miguel Alba, responsable de desigualdad y sector privado de Oxfam Intermón

¿Gobernar para todos? Imposible, de Fernando Luengo, de Podemos y EconoNuestra

La crisis de cuidados, un debate pendiente, de Nuria Alabao

Las mujeres de ciencia saben cómo frenar la brecha de género

“Las causas de esta desigualdad las encontramos en la cultura que nos rodea, en los mensajes que como sociedad transmitimos a nuestras hijas”, reflexionó esta semana Pilar López, presidenta de Microsoft España, durante la presentación en la sede madrileña de Deusto Business School de la sexta edición del Premio Ada Byron a la mujer tecnóloga, que la Universidad de Deusto entregará en mayo. “Vemos que hasta aproximadamente los 11 años de edad, el interés por la ciencia y por la tecnología es casi idéntico en niños que en niñas”, prosiguió López. El problema es que a partir de entonces, y sobre todo ya cumplidos los 15 años, esa atracción cae en picado. En concreto, según datos del Ministerio de Ciencia y Universidades, hasta seducir solo al 4,2% de las jóvenes.

Revertir esto no es fácil, ya que la percepción de que las STEM son ramas masculinizadas entra en un círculo virtuoso que se retroalimenta. “A las más pequeñas les lanzamos el mensaje de que estas son carreras de alto riesgo y de que no son para ellas”, continuó López. En este punto también entra en juego el perfeccionismo: “En ocasiones las animamos a elegir una carrera que no sea una ingeniería, por ejemplo, porque a priori va a ser más difícil que otra. Por eso muchas veces tienen menos confianza”.

Esta es una idea que comparte María Ángeles Martín, docente en la Universidad de Sevilla, fundadora de Skylife Engineering y premio Ada Byron en 2018. “Todo esto genera inseguridad en las jóvenes. Pueden llegar a tener la sensación de que las están cuestionando e interrogando por estar ahí, y tenemos que conseguir que deje de generar sorpresa ver a mujeres en estos espacios”.

… Es cierto que la brecha de género no solo llega a cifras desorbitadas en el ámbito de las STEM. En el lado opuesto, en las disciplinas de ciencias de la salud y atendiendo a las cifras de matriculación universitaria, los hombres solo representan el 28% de la muestra. Sin embargo, recordó López, es importante centrar la gran mayoría de los esfuerzos en equilibrar el ámbito tecnológico porque la mayor parte de los trabajos del futuro estarán relacionados de alguna forma con él. “Es probable que quien descubra la cura contra el cáncer no sea médico, sino un tecnólogo que sepa leer e interpretar datos”.

También es importante recordar que la sociedad del futuro, fuertemente marcada por lo tecnológico, necesitará de una visión en femenino para poder desarrollarse: “Es necesario democratizar, en términos de igualdad de género, la configuración de lo que está por venir, tanto en movilidad como en diseño urbanístico, en robots, en los nuevos trabajos o en la gestión del tiempo”, explicó la secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, convencida de que hay que demostrar que las mujeres tienen mucho que aportar. “Tenemos que acabar con ese sesgo de discriminación, porque la fiabilidad de un algoritmo no la da únicamente el cómo está diseñado, sino también el por quién”, reflexionó.

The AI Road to Serfdom?, by Robert Skidelsky


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22/02/2019

El PSOE, contra los derechos humanos, de Juan Ramón Rallo

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Orchestrating false beliefs about gender discrimination, by Jonatan P

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Nassim Nicholas Taleb: “Si desaparecieran los expertos, sólo los echarían de menos sus madres”


Tonterías selectas

21/02/2019

La adolescente Greta Thunberg lleva a Bruselas su rapapolvo a las élites por el clima

La paradoja de los vientres de alquiler

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Ayer fue el voto, hoy es nuestro cuerpo, de Pilar Aguilar Carrasco, analista y crítica de cine

La izquierda, ¿o no?, de Santiago Alba Rico


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20/02/2019

Venezuela Isn’t Just a Failed State. It’s a Failure of the Left, by Tyler Cowen

Las cinco trampas del impuesto a la banca de Podemos, de Juan Ramón Rallo

Las elecciones españolas que la libertad va a perder, de María Blanco

Gestación subrogada y neoliberalismo, de Juan Manuel López-Zafra

Faking It on Climate Change, by Bjorn Lomborg

 


Tonterías selectas

20/02/2019

Entrevista a María Casado, directora del Observatorio de Bioética de la Universidad de Barcelona

Esta investigadora experta en Bioética y Derecho se explica con la intención de serenar la polémica que suele rodear al tema y lamenta la simplificación en la que en ocasiones caen ambas partes. Aunque asume que el Observatorio ha sido “muy poco dado a reivindicar prohibiciones”, en lo que respecta a la gestación subrogada apunta a una práctica “enormemente cuestionable”, sobre todo, “teniendo en cuenta los enormes intereses económicos que hay detrás”.

El documento es especialmente contundente. Entre otras cosas, asegura que la práctica en sí misma “facilita la explotación de las mujeres”…

Sí, sobre todo cuando median situaciones de necesidad económica. Si podemos irnos a países en los que no hay protección para las mujeres cuya única opción para sobrevivir es gestar para otros, ya no estamos hablando de altruismo. Poco a poco ha ido emergiendo un enorme nicho de mercado y la gestación subrogada se ha convertido en un negocio. Cada vez más las cuestiones sobre el cuerpo humano se están alejando de lo que decimos tener: decimos que el cuerpo humano y sus partes no serán objeto de lucro, es algo que está en todas las normas, pero sin embargo todo lo que tiene que ver con el cuerpo cada vez más forma parte del mercado. Detrás de la gestación subrogada hay enormes intereses económicos y eso no lo podemos obviar. Sobre esto tenemos que reflexionar muy seriamente.

¿Cómo hemos llegado a este punto?

Lo que ha ido ocurriendo es que esto se ha ido transformando en algo que tiene que ver sobre todo con el negocio que hay detrás. Hay agencias intermediarias con ánimo de lucro, grupos de abogados que tratan de facilitar los trámites e incluso ferias en las que estas empresas exponen sus servicios. Si en España el contrato por gestación subrogada es nulo, ¿cómo hemos podido permitir que se celebren este tipo de eventos? Ya no estamos hablando del caso concreto de una mujer que quiere gestar para su amiga. Ahí podríamos discutir muchas cosas. Pero en España no hay masas de mujeres pidiendo gestar para otros, lo que hay es una gran demanda de comitentes. Es decir, es una práctica que parte de la demanda.

Este martes han comenzado a inscribir a los 39 menores que permanecían en Ucrania y la Embajada de España en el país ha advertido de que no tramitará más expedientes. ¿Qué le parece la decisión?

Yo creo que es una solución adecuada con el principio de proteger a los niños y niñas que ya están ahí y al mismo tiempo tratar de evitar que haya incentivos permisivos que faciliten el fraude a la ley española, que es contraria a la gestación subrogada.

El problema es que en estos casos se ha llevado la ley al máximo de buscar el resquicio del resquicio. Y claro una vez que haces esto, colocas al Estado entre la espada y la pared. De esta forma, una cosa que está planteada como una excepción, la de inscribir a los menores nacidos por gestación subrogada, tal y como dice el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se convierte en la regla. Si tenemos a un niño en esa situación, no se le puede dejar sin filiación, hay que inscribirlo y su interés superior debe prevalecer, pero si a partir de ahí hacemos una categoría lo que estamos haciendo es forzar todos los mecanismos.

En todo caso, tal y como están las cosas, estamos desplazando el problema a otros lugares, puesto que si todo sigue igual, seguirá habiendo personas que acudan a esta práctica fuera de nuestras fronteras…

Es que hay una cuestión muy interesante y clave que media en todo esto: el Derecho sigue siendo territorial y las demandas del mercado son globales. Es algo muy complejo y con esa contradicción debemos vivir actualmente. Pero ante esto la vía no puede ser legitimar la práctica. Es un tema de un calado tremendo y la realidad es que nos estamos dejando llevar más por cuestiones emotivas y presión publicitaria y comercial que por una reflexión seria.

Las agencias intermediarias que facilitan que personas españolas acudan a otros países es un negocio en alza. ¿Qué debería hacer el Estado con ellas?

Indudablemente, prohibirlas. Si tú estás prohibiendo el lucro y en España la gestación subrogada es una práctica no permitida, ¿cómo puedes permitir que haya un entramado de negocio como este? Además, estamos posibilitando el negocio de todas las partes menos de la gestante. Es decir, dejamos que todos se enriquezcan y luego decimos que la gestante debe ser altruista. Ya puestos, es injusto e hipócrita.

En este tema se suele hablar de la autonomía, pero más bien se trata del mito de la autonomía en el caso de una sociedad neoliberal como esta. La autonomía es el núcleo duro de la moral, pero no opera en el vacío. El argumento de la autonomía es una premisa enormemente mercantil. Yo creo que esta concepción deberíamos revisarla.

¿Una regulación garantista de la gestación subrogada no evitaría precisamente la explotación de esas personas más vulnerables, en este caso mujeres?

Lo que acabaría con la explotación es una regulación de prohibición completa. En este sentido, nosotros hemos propuesto una regulación ultragarantista en el caso de que el Estado decida regular la gestación subrogada. Son unos requisitos tan estrictos (control judicial, gratuidad, posibilidad de la mujer gestante de revocar el consentimiento o exclusión de cualquier intermediario con ánimo de lucro), que no habría casi gestantes ni comitentes porque ¿quién va a querer encargar un niño sabiendo que la gestante se puede echar para atrás?

¿Qué le parece la regulación que propone Ciudadanos?

Es ultraliberal. Es totalmente garantista para los comitentes y parte de un supuesto altruismo que es falso. Es justo el paradigma completamente contrario a lo que nosotros decimos.

Ante el caso de una mujer que quisiera gestar, por ejemplo, para su hermana o su amigo, ¿estaría de acuerdo con que pudiera renunciar a su filiación?

Yo en principio estaría de acuerdo con eso, con que existiera la posibilidad (es decir, que la renuncia a la filiación no fuera una obligación), pero con una regulación garantista en la que medie un juez, tal y como se hace con los trasplantes de personas vivas. Sin embargo, yo creo que esto podría ser una posibilidad de explorar nuevos modelos de familia que escapen del modelo binario de parentalidad. Si nos hemos acostumbrado a que pueda haber dos madres o dos padres o a que haya familias reconstituidas, ¿por qué no nos hemos de adaptar a que sean tres progenitores? Es decir, que la mujer que geste también se involucre y forme parte de la familia.

Las fantasías de las criptomonedas, de Martin Wolf

Entrevista a Jaime Mayor Oreja

R: Queremos defender la vida, la libertad y la razón. Se está produciendo un deterioro de la dignidad humana, de ahí la tabla de falsos y nuevos derechos -aborto, eutanasia, ideología de género-, que son expresiones de la decadencia moral, fruto de la comodidad. Esta crisis nos obliga a refundar la UE porque nos quieren implantar un nuevo orden distinto a la civilización cristiana.

P: El aborto ha vuelto a la palestra de la mano de Pablo Casado. ¿Comparte con él que hay que volver a la ley de supuestos, o aboga por la prohibición total?

R: No se puede destruir un embrión, porque no es un «no nacido», sino una persona que va a nacer. Si tienes el derecho a matarlo cuando tiene siete meses de vida, cuando tiene 12, ¿por qué no vas a tener derecho a matarlo? ¿Por qué tienes el derecho a matar a un embrión con síndrome de Down y luego no tienes derecho a matarlo cuando tiene 40 años? El aborto es un crimen. Existe la vida desde el momento de la concepción. No puede haber una ley que permita matar a una persona antes de su muerte natural.

P: ¿Derogaría el matrimonio gay?

R: Es evidente que no se puede trocear la naturaleza de la persona. El matrimonio es una institución entre un hombre y una mujer.

P: ¿Y cómo llamaría a la unión de dos personas del mismo sexo?

R: Como se quiera llamar, pero el matrimonio está etimológicamente definido como la unión entre hombre y mujer.

R: Respeto el valor de la libertad y no hay que perseguir a quien tiene una condición sexual distinta, pero tampoco hay que seguir lo que marque ningún colectivo a la hora de definir una institución esencial en nuestra civilización. ¿Por qué?

P: ¿La eutanasia también le parece «fruto de la comodidad»?

R: Evidentemente, es más cómodo matar a la persona que te molesta en casa que mantenerla hasta el último momento.

P: Pero la eutanasia es una decisión personal y usted acaba de abogar por el valor de la libertad…

R: En la práctica, en la ley de Holanda lo que se produce es la eliminación del ser más desprotegido, aquel que tiene 40 o 50 años y síndrome de Down, ése es el centro de la eutanasia. En Gran Bretaña se rechazó la ley de la eutanasia porque se movilizaron los discapacitados, que temieron por sus vidas.

P: ¿Por qué cree que existe una «ideología de género»?

R: El género no puede sustituir al sexo. Hay una frase bíblica que dice «Dios creó al hombre y a la mujer». Tú no puedes decidir el género cuando a ti te apetezca. No puedes ser hombre hasta los 15 años y luego, si lo decides, te haces mujer. Eso trastoca la naturaleza de la persona. Si tienes otras inclinaciones, te respetamos, pero no modifiques sustancialmente un pilar de nuestra sociedad.

¿Libertad sexual o explotación sexual?, de Rosa Cobo, escritora y profesora de Sociología del Género de la Universidad de A Coruña

En estos últimos 50 años se ha creado un marco interpretativo y una lógica de análisis con el objetivo de definir los lugares y las dimensiones de la violencia machista y, más concretamente, de la violencia sexual. La lógica de este proceso analítico y político ha conducido a la pornografía, la prostitución y los vientres de alquiler como formas brutales de violencia patriarcal. Este marco teórico sobre violencia patriarcal en el que la pornografía y la prostitución ocupan un lugar estratégico para la reproducción del sistema patriarcal está respaldado por la realidad, como muestra el hecho de que España sea uno de los países europeos con mayor demanda de prostitución y la industria del sexo el segundo o tercer negocio internacional en términos de beneficios en el marco de las economías ilícitas.

Sin embargo, el sector hegemónico del 8M ha excluido estas formas específicas de violencia del marco interpretativo de la violencia. ¿Cómo se puede pretender excluir del mapa vindicativo feminista la prostitución y la pornografía como si nada tuviesen que ver con la violencia patriarcal? ¿Esas maquilas del sexo a las que acuden escuadrones de varones a acceder sexualmente a cuerpos de mujeres que no les desean pueden ser tematizadas como no violencia contra las mujeres? ¿Cómo es posible que quienes se definen como anticapitalistas no identifiquen los intereses económicos que articulan la industria de la explotación sexual? Es tan absurdo excluir la pornografía y la prostitución del marco de la violencia como negar que las maquilas son el resultado de la deslocalización que impone el capitalismo neoliberal para incrementar sus beneficios a expensas de poblaciones empobrecidas.

Esta confusión extrema que consiste en conceptualizar como libertad sexual lo que es explotación sexual hace necesario buscar el origen de semejante equívoco. Para ello hay que ir a los años setenta del siglo XX, donde se encuentran las raíces de una confusión que tiene atrapada a una parte de la izquierda y también a un pequeño sector del feminismo. En efecto, la nueva izquierda del 68 propuso introducir la liberación sexual en su agenda política. Su propuesta de debilitar los estrictos códigos que gobernaban la sexualidad de hombres y mujeres solo podía terminar en la exaltación de la libertad sexual. Pero ¿para quién era esa libertad? La nueva izquierda creía en la dimensión liberadora de la libertad sexual, mientras las feministas radicales analizaron esa reclamación como un acto de poder que fortalecía la libertad de los varones y añadía malestar a las vidas de las mujeres. Un poco más tarde, en 1982, Gail Rubin escribió un texto en el que exigía justicia para las minorías sexuales y donde no distinguía en términos de opresión entre proxenetas y prostitutas. Este análisis, aquejado de un profundo déficit normativo, ha calado con gran fuerza en sectores minoritarios del feminismo y quizá en otros no tan minoritarios de la izquierda y ha tenido como consecuencia la defensa de cualquier disidencia sexual, incluso aquellas que son opresivas para las mujeres. No tiene los mismos efectos la reclamación de libertad sexual para quien está en una posición de subordinación que para quien está en otra de dominio. No es lo mismo ser una mujer prostituida que ser un putero.

El gran argumento político que utilizan las defensoras de la exclusión de la prostitución de la agenda feminista se apoya en la idea del consentimiento. Si las mujeres que están en prostitución lo hacen ‘libremente’, debemos defender la prostitución como un acto de libertad de las mujeres prostituidas. ¿En qué momento la izquierda que se reclama feminista ha abandonado la crítica a las estructuras de poder y la ha sustituido por el consentimiento de los oprimidos? ¿Desde cuándo el consentimiento de los oprimidos legitima la opresión? ¿Alguna izquierda puso en duda la legitimidad política del movimiento obrero porque muchos trabajadores no cuestionaban el poder de los patronos y no seguían las huelgas? ¿Debemos renunciar a pronunciarnos políticamente sobre la energía nuclear porque los trabajadores de las centrales nucleares no quieren el fin de una energía que les proporciona un salario? ¿Qué retorcimiento ideológico ha podido llevarnos a ver la explotación sexual como libertad de elección? ¿Qué les pasa a sectores de la izquierda y a algunos grupos que se autodefinen como feministas para haber llegado al punto de excluir la explotación sexual de la agenda feminista?

Las acusaciones de algunos sectores del 8M de que el abolicionismo de la prostitución es un caballo de Troya que tiene como objetivo destruir ese movimiento no han entendido la prostitución como uno de los fenómenos patriarcales más dolorosos en la vida de las mujeres prostituidas. En mi opinión, esos sectores han cometido tres errores: el primero ha sido confundir la explotación sexual con la libertad sexual; el segundo, utilizar el funcionamiento orgánico como excusa para excluir esa violencia de la agenda feminista del 8M. La crítica al abolicionismo en nombre de un procedimiento democrático que no respetan las feministas abolicionistas es un recurso muy antiguo. La nueva izquierda norteamericana no quiso discutir en su Conferencia Nacional por la Nueva Política, en 1967, las vindicaciones feministas por cuestiones de procedimiento. Esto hizo que ellas llamaran a la secesión como ya habían hecho anteriormente los negros. Este es el origen de las Mujeres Radicales de Nueva York, corazón del primer feminismo radical. Las mujeres que militaban en las filas de la nueva izquierda comprendieron que la defensa del procedimiento era una excusa para dejar fuera sus vindicaciones. ¿Aviso para navegantes? Y el tercero es torpedear las promesas de consenso y unidad del 8M.

El otro argumento que he visto repetidamente utilizado es el de que esto es un ataque planificado de las feministas del PSOE ‘y otros grupúsculos de izquierda’, quizá ‘tontas útiles’ de las socialistas, para romper el 8M porque a estas últimas les resulta inaceptable no tener la hegemonía de este movimiento a manos ahora de sectores feministas de Podemos. No tengo duda de que los partidos de izquierdas quieren tener influencia sobre el movimiento feminista. Tiene mucha lógica porque el feminismo es ahora mismo el movimiento social que tiene mayor capacidad de movilización en las calles y que atesora mayor legitimidad política. Sin embargo, me parece una excusa muy poco consistente para justificar la exclusión de la prostitución de la agenda del 8M. Hoy todas las ciudades españolas tienen organizaciones abolicionistas que no hacen otra cosa que crecer y en algunas provincias el 8M se ha declarado abolicionista. ¿Por un momento se puede creer que las mujeres eligen con libertad la prostitución? ¿Sentir cuerpos llenos de sudor y mal olor, penetrándote por todos los orificios, sin preguntar qué te gusta y disponiendo de tu cuerpo con el poder que da el dinero es un acto de libertad? ¿Será por eso que en las sociedades que acceden a mayores niveles de igualdad se produce la casi desaparición de mujeres autóctonas en la prostitución? El problema no son las abolicionistas del PSOE, el problema es que las feministas de los partidos de izquierdas no comprendan que la prostitución es mercantilizar los cuerpos de las mujeres.

Este error de análisis de un sector hegemónico del 8M está teniendo consecuencias no deseadas. La primera de ellas es el enorme malestar político que están produciendo en el amplio sector abolicionista que milita en esa organización. Este empecinamiento que le impide explorar el malestar de las mujeres que están en prostitución; esta sordera que les impide oír a las mujeres supervivientes de explotación sexual; esta ceguera que no les permite ver que las mujeres que están en prostitución cada vez son más jóvenes –en muchos países son niñas- está contribuyendo a romper los puentes entre diversas posiciones feministas. Ese es el auténtico caballo de Troya y no puedo dejar de preguntarme a quién beneficia la exclusión de la prostitución del 8M.

La teoría monetaria moderna y la sorpresa positiva de España, de Juan Laborda


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18/02/2019

El fascismo que viene, de Lidia Falcón

Retórica, de Marta Sanz

Is there no alternative?, de Mar Jiménez, miembro de Barcelona en Comú, economista y periodista

La causa del mal causado: okupación y especulación inmobiliaria, de Alejandra Jacinto Uranga, abogada y politóloga de CAES Cooperativa

La teta: ecológica y anticapitalista, de Esther Vivas

Dar la teta puede considerarse una práctica subversiva y anticapitalista, ya que se sitúa fuera del mercado y al margen del sistema capitalista. Lo teoriza la antropóloga Ester Massó en varios de sus trabajos. La criatura que lacta no paga por ello, la mujer que amamanta no espera cobrar, todas esas madres que donan su leche a un banco de leche para que otros recién nacidos puedan alimentarse lo hacen sin querer ni pedir nada a cambio. Aquí, reside la esencia antisistema de la teta.

… Además, dar el pecho requiere tiempo, calma y tranquilidad. Valores antagónicos al capitalismo. De hecho, uno de los principales problemas con los que se topa la lactancia materna exclusiva, recomendada por la Organización Mundial de la Salud hasta los seis meses, son las ridículas y escasas 16 semanas de baja por maternidad en el Estado español, de las más cortas en Europa.