Vivir, actuar, pensar, sentir

13/11/2013

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

En el núcleo de la Escuela Austriaca de economía se encuentra la praxeología, el estudio formal y abstracto de la acción humana a partir del axioma apodíctico y a priori de la acción intencional: el ser humano actúa utilizando medios escasos para conseguir los objetivos, fines o propósitos que subjetivamente considera más valiosos.

La Escuela Austriaca contiene otros elementos distintivos interesantes y valiosos: el carácter dinámico, heterogéneo, relativo y variable de las preferencias; los problemas y las limitaciones de las capacidades cognitivas, de comunicación y de coordinación de los agentes económicos en entornos complejos y cambiantes, incluyendo la imposibilidad del socialismo y el carácter destructivo del intervencionismo estatal coactivo; la evolución espontánea de órdenes emergentes y de instituciones sociales; los problemas relacionados con el tiempo, el riesgo y la incertidumbre; y la empresarialidad creativa, dinámica e innovadora.

La praxeología puede estudiarse de forma autónoma e independiente de otras ciencias naturales y humanas, pero ello puede resultar en una visión parcial y pobre de la realidad, sin conexiones o referencias externas que sirvan como puntos de apoyo o elementos de crítica. La praxeología no es el principio ni el fin de todo, y considerarlo así es un grave error.

El praxeólogo, partiendo de un principio verdadero y utilizando rigurosamente sus capacidades mentales de inferencia deductiva, puede sentirse muy seguro en sus exploraciones teóricas y cree comprender correctamente lo esencial de la realidad humana y social. Sin embargo tal vez no percibe, o no le importan, las limitaciones de su paradigma intelectual: quizás afirma cosas verdaderas pero imprecisas, poco relevantes o incompletas.

El praxeólogo purista o integrista desdeña la psicología (timología), desconecta la teleología de la realidad material, física y biológica, e insiste en diferenciar de forma radical la acción humana de la conducta o comportamiento animal: considera la intencionalidad como exclusiva de los seres humanos (no lo es), e ignora formas de acción no intencional (como reflejos, reacciones o hábitos), expulsándolas fuera del ámbito del estudio económico. No se pregunta por qué existen la acción intencional y las valoraciones; no conecta la acción con los conceptos de interacción y trabajo de la física; no se da cuenta de que el pensamiento es un tipo particular de acción cuya función es dirigir y coordinar otras acciones; e insiste en que los humanos eligen, deciden mediante su libre albedrío, mientras que los otros seres vivos sólo reaccionan instintivamente según leyes deterministas.

Si sientes interés por aprender a conectar la física, la biología, la economía, la psicología e incluso la moral y la ética, en breve impartiré un seminario intensivo sobre estos temas, que son muy enriquecedores y fácilmente comprensibles para cualquiera cuando se explican de forma adecuada. Resumiendo mucho:

Los organismos son agentes económicos: la vida implica acción dirigida, controlada por la psique con emociones y cognición. La vida incluye competencia y cooperación, y la vida social cooperativa es muy exitosa: gran parte de la psique (preferencias, intencionalidad, conciencia, moral, normas, instituciones) existe para la coordinación social.

Los organismos vivos son sistemas físicos con una organización especial tal que se autoconstruyen. La vida implica acción, trabajo, costes, uso de recursos, economización. Los organismos son entidades complejas con muchas partes cuya acción conjunta exige coordinación. La acción adecuada para la supervivencia y el éxito evolutivo requiere mecanismos cibernéticos de control y dirección que tengan en cuenta el estado del propio agente y del entorno. Los sistemas cibernéticos de los organismos incluyen sensores y procesadores de información según modelos representativos del mundo (cognición y emociones, capacidades y preferencias). La mente es una herramienta para la resolución de problemas.

Para cooperar y competir mejor los organismos intentan anticiparse de forma estratégica, prediciendo el futuro y preparando planes de acción. Para reducir riesgos los organismos no ensayan directamente conductas en el mundo real sino que las simulan virtualmente en sus cerebros. La intencionalidad emerge evolutivamente como una adaptación para mejorar el control de la acción propia y el entendimiento de la acción ajena. La consciencia surge de la autorepresentación como agente intencional, la integración narrativa de información y la supervisión a alto nivel de la actividad de la sociedad de la mente.

Los seres vivos pueden competir o cooperar. La vida social es especialmente exitosa porque permite juntar esfuerzos, compensar riesgos y especializarse. Pero la socialización requiere capacidades cognitivas y emocionales especiales: preocuparse por el bienestar ajeno, entender la acción de otros, someter la conducta a normas morales pautadas que eviten conflictos destructivos, detectar y desincentivar a los parásitos tramposos. En los grupos sociales son esenciales la confianza y la reputación o estatus: son necesarios mecanismos cohesionadores y de demostración de lealtad y compromiso. La moralidad fomenta la cooperación dentro del grupo para competir contra otros grupos.

La capacidad de imitación memética y en especial el lenguaje introducen el ámbito de la cultura, el arte, la religión, la tecnología y la ciencia. El lenguaje incrementa enormemente las capacidades de coordinación y producción y difusión de conocimiento, pero también permite la manipulación, el engaño y la hipocresía. La comunicación honesta requiere el uso de señales costosas difíciles de falsificar.

Parte importante de la acción humana consiste en influir sobre los demás. Las capacidades de argumentación no son tanto para conocer la realidad sino para persuadir a otros y vencer en disputas verbales. La mente humana presenta múltiples limitaciones, imperfecciones y sesgos sistemáticos.


De la interacción física a la acción intencional

26/07/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Las partículas materiales interaccionan unas con otras según sus propiedades físicas y químicas. Estas interacciones pueden dar lugar a agregados complejos estables formados por diversos componentes (núcleo atómico, átomos, moléculas). Algunos sistemas son agentes: poseen una estructura que les permite realizar trabajo: son máquinas que actúan mediante la liberación restringida de energía en ciclos termodinámicos (ciertas rigideces relativas dirigen de forma no aleatoria el flujo de la energía liberada en alguna reacción). La acción tiene costes: consume energía y puede implicar un desgaste o deterioro del agente.

Los seres vivos son agentes autopoyéticos: trabajan para construirse a sí mismos, usan energía y materiales de su entorno para su mantenimiento y reproducción; también actúan sobre su entorno, modificándolo para su conveniencia. Los organismos son sistemas complejos altamente estructurados y ordenados: están formados por múltiples agentes más básicos integrados en un todo coherente.

Los organismos vivos son agentes autónomos: tienen un sistema de control cibernético que dirige su conducta en su propio interés, de modo que tienden a actuar de forma adecuada para su supervivencia (los que no lo hacen mueren). Los organismos y sus diversos subsistemas tienen repertorios de acciones posibles que deben ser seleccionadas o activadas de algún modo por el sistema de control (no puede hacerse todo a la vez y conviene que los diversos subagentes estén coordinados para complementar y no anular sus efectos).

En un organismo complejo (como un animal) su sistema de control está constituido por agentes especializados (sensores y neuronas) en la recepción, procesamiento y transmisión de información: la percepción y el pensamiento son también acciones; los efectores realizan las acciones indicadas por los agentes controladores o directores del comportamiento. La evolución produce de forma gradual (a partir de mecanismos preexistentes) modos de control de la acción más complejos y exitosos.

La acción podría no ser controlada sino producirse al azar: pero la acción aleatoria, desconectada de la situación del mundo, es peligrosa e ineficiente y no es tan adaptativa como la reacción que conecta un determinado estado de la realidad (externa e interna) con una acción concreta acertada, como acercarse a una oportunidad o alejarse de un peligro (del entorno inorgánico o de otros seres vivos). Las reacciones representan asociaciones estables entre estados percibidos y acciones elegidas.

La reacción inmediata y directa frente a oportunidades y peligros es menos adaptativa que la preacción o reacción anticipada e indirecta frente a atributos del entorno que informan de dichas oportunidades y peligros, dando al agente tiempo para prepararse (adelantar la huida, esconderse, iniciar la caza). Un organismo con una inteligencia más desarrollada es capaz de representar en modelos abstractos en su sistema cognitivo algunas regularidades del mundo, de modo que puede predecir la evolución de su entorno mediante el cálculo mental a partir de datos sobre condiciones iniciales y de contorno. Las capacidades de previsión y anticipación (memoria y procesamiento) se hacen evolutivamente más complejas y potentes, sobre todo porque a menudo son actividades estratégicas: los seres vivos intentan predecir no solo al entorno inorgánico, sino especialmente a otros seres vivos que a su vez son agentes anticipativos. La predicción estratégica requiere de cierta capacidad de imaginación acerca de las posibles acciones de otros organismos.

El control intencional de la acción se consigue mediante una inversión del procesamiento de la información en el sistema cibernético: en lugar de predecir qué estados futuros sucederán a partir de la situación presente, el agente fija en su mente un objetivo futuro (lo imagina y lo desea) y piensa qué debe hacer para alcanzarlo. Un agente intencional no solo prevé y reacciona sino que además imagina estados deseados del mundo y utiliza su conocimiento de la realidad para descubrir posibles combinaciones de recursos y acciones que lleven al objetivo querido. El agente intencional es proactivo y emprendedor: no solo reacciona frente a lo que se encuentra o prevé, sino que elabora con antelación un plan para su propia conducta y se prepara para posibles problemas y alternativas. La intencionalidad es un modo de generación de conducta y también es un modo de interpretación y comprensión del comportamiento de otros agentes, lo que facilita la coordinación necesaria para la cooperación social.


Introducción epistemológica: realidad, cognición y lenguaje

02/04/2011

Un agente inteligente puede utilizar sus capacidades de acción y cognición (observación y pensamiento) para investigar y comprender las entidades y relaciones que conforman la realidad (la cual incluye al propio agente). El conocimiento incluye datos específicos y teorías generales (modelos representativos) que pueden ser expresados y comunicados por medio del lenguaje simbólico.

Las capacidades cognitivas y lingüísticas son limitadas e imperfectas. El estudio de la realidad necesita incluir el estudio de la cognición y el lenguaje como herramientas utilizadas por los investigadores para conocer la realidad. El desconocimiento acerca de las limitaciones e imperfecciones de las capacidades cognitivas y lingüísticas puede dificultar la exploración de la realidad y provocar errores sistemáticos.

Las clasificaciones conceptuales y sus representaciones mediante términos o etiquetas lingüísticas pueden no ser compartidas por todas las personas (problemas semánticos, de interpretación, polisemias, significados confusos de conceptos abstractos). Los límites de los conceptos pueden ser difusos o imprecisos (zonas grises en lugar de blancos y negros, transiciones graduales). Es normal en entornos complejos utilizar términos cuyos significados no son perfectos, y que pueden ser progresivamente depurados, aclarados y precisados mediante el análisis crítico.

Las observaciones empíricas y las teorías abstractas son complementarias: las observaciones pueden sugerir teorías y las teorías guían las observaciones. Ambas son incompletas: es imposible observarlo simultáneamente todo en detalle o compilar toda la realidad en una teoría omnicomprensiva que garantice que ninguna regularidad relevante está ausente.

La lógica formal es una herramienta poderosa que puede ser utilizada de forma inadecuada al fomentar una sensación excesiva y engañosa de perfección cognitiva: las formas del pensamiento no representan necesariamente regularidades presentes en la realidad; las categorizaciones esencialistas perfectas pueden ser irreales o inútiles; lo formal suele estar desprovisto de contenidos materiales concretos informativos.

La ciencia puede utilizar la lógica no sólo para garantizar la transmisión de la verdad mediante las inferencias deductivas, sino sobre todo para construir teorías consistentes, evitando las contradicciones o incoherencias que las destruyen e invalidan. Las inferencias deductivas son seguras pero pueden ser poco informativas: también son interesantes las inferencias inductivas, probabilísticas y analógicas (metáforas).

El lenguaje es lineal y se utiliza para representar una realidad no lineal muy compleja. Cada mensaje o proposición contiene pequeños fragmentos de información acerca de aspectos parciales de la realidad. Una misma realidad rica y compleja puede recorrerse linealmente de múltiples formas complementarias y no contradictorias.

Las proposiciones acerca de la realidad no dependen solamente de las características objetivas del mundo, sino que también dependen de la estructura mental del sujeto observador y pueden reflejar sesgos o prejuicios inconscientes del investigador.

El pensamiento y la palabra no son ni lo primero ni lo fundamental de la realidad, aunque así lo parezcan para el sujeto pensante y lingüístico. Una explicación consistente de la realidad muestra cómo la realidad física produce espontáneamente entidades biológicas que desarrollan evolutivamente capacidades cognitivas y lingüísticas utilizadas para intentar describir, explicar y predecir la realidad: algunos objetos se transforman gradualmente en sujetos (sin dejar de ser también objetos como parte de la realidad).

El conocimiento y el lenguaje se añaden a la realidad previa a los sujetos cognitivos, y pueden ser también objetos de conocimiento y expresión lingüística: es posible utilizar de forma recursiva y autoreferente las capacidades cognitivas y lingüísticas para conocer y hablar de la cognición y el lenguaje.


Filosofía analítica
http://es.wikipedia.org/wiki/Filosof%C3%ADa_anal%C3%ADtica

Analytic philosophy
http://en.wikipedia.org/wiki/Analytic_philosophy

Conceptions of Analysis in Analytic Philosophy; Stanford Encyclopedia of Philosophy
http://plato.stanford.edu/entries/analysis/s6.html

Analytic philosophy; Internet Encyclopedia of Philosophy
http://www.iep.utm.edu/analytic/


Vida, acción, evolución y cognición

27/03/2008

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Los seres vivos son agentes autónomos autopoyéticos: mediante su actividad dinámica autocontrolada se mantienen, se regeneran a sí mismos y se reproducen utilizando materiales y energía de su entorno, el cual incluye materia inorgánica y otros seres vivos. La reproducción no es perfecta, de modo que los organismos de una misma especie no son idénticos, y sus diferencias pueden ser relevantes respecto a su capacidad de supervivencia y reproducción.

La vida evoluciona. La evolución es un proceso histórico, gradual y adaptativo de cambio entre generaciones de seres vivos que compiten por recursos escasos. Mediante el mecanismo de la selección natural las variantes más exitosas en un entorno tienden a desplazar a las relativamente menos aptas en las funciones básicas de supervivencia: aprovechar oportunidades (encontrar alimento, conseguir pareja reproductora) y evitar riesgos (depredadores, enfermedades, daños ambientales).

El comportamiento de un ser vivo está determinado por su estructura e interacciones. Los seres vivos son sistemas cibernéticos: controlan y coordinan su conducta mediante mecanismos de obtención y procesamiento de información acerca de sí mismos y de su entorno. Cada organismo vivo exitoso incorpora conocimiento e implica algún tipo de cognición. Los seres vivos más sofisticados disponen de subsistemas u órganos especializados para estas tareas, los sistemas sensorial y nervioso.

La información incorporada en el aparato cognitivo de un ser vivo puede proceder de su programa genético innato y del aprendizaje durante su historia vital particular. Algunos seres vivos tienen programas de acción instintivos, rígidos, apenas modificables; otros tienen sistemas cognitivos más plásticos, modificables según el entorno y las vivencias individuales, de modo que es posible seleccionar (promocionar o reprimir) conductas entre un repertorio inicial; algunos seres vivos son capaces de innovar, de generar de forma creativa nuevas estructuras de acciones y probarlas en el mundo. Los seres vivos dotados de curiosidad se interesan por el aprendizaje, les motiva la adquisición de conocimiento, lo adquieren en el presente de modo que tal vez ya disponen de él cuando lo necesitan con urgencia en el futuro.

Con un sistema cognitivo potente que disponga de una buena representación del mundo es posible construir simulaciones mentales de la realidad, que permiten ensayar de forma virtual las posibles consecuencias de diversos cursos de acción alternativos (generar reacciones y predecir sus resultados antes de probarlas con riesgo real), y también construir planes de acción que conduzcan a objetivos dados (partir de un estado final deseado y computar cómo llegar a él desde la situación inicial actual). La cognición es especialmente adaptativa por la capacidad de predicción que permite prepararse para el futuro.

Si un animal tiene un repertorio extenso de conductas posibles, es necesario que disponga de un sistema selector de las mismas (no se puede intentar hacer todo a la vez), un aparato emocional o voluntad generadora de preferencias o prioridades que indique qué acciones son más adecuadas para la supervivencia, qué objetivos son más valiosos.

La acción de los seres vivos no es en general aleatoria (sin ningún tipo de control cognitivo y sin relación con la realidad), sino que consta de reacciones y en algunos casos de acciones intencionales. Las reacciones son procedimientos automáticos ejecutados ante estímulos específicos, externos o internos; los hábitos son reacciones provocadas por algún fenómeno periódico. La acción intencional es la realización de un plan consciente de utilización de medios y ejecución de acciones parciales más simples cuya combinación estructurada conduce a la obtención de un fin u objetivo deseado. La capacidad de acción intencional requiere un sistema cognitivo complejo que incorpore grandes cantidades de conocimiento general e información particular acerca del mundo. Los organismos capaces de acción intencional tienen una fuerte ventaja adaptativa: se adelantan en el tiempo, planifican, han preparado la acción y previsto de forma estratégica diferentes contingencias, no sólo improvisan sobre la marcha o reaccionan ante lo inmediato. Una acción intencional también puede considerarse como una reacción muy compleja, indirecta y diferida: las circunstancias ambientales e internas provocan la fijación de un objetivo que activa los mecanismos planificadores de la cognición.

Ciertos animales son capaces de imitar conductas ajenas, de modo que en lugar de probar y descubrir por sí mismos (con los riesgos asociados a proceder a ciegas en ámbitos novedosos) pueden copiar lo exitoso en un contexto social. El fenómeno de copia de conductas da origen a nuevos replicantes, los memes, que coevolucionan con los genes, de forma complementaria o competitiva.