Tonterías selectas de Victoria Camps

31/03/2020

Tonterías selectas: entrevista a Victoria Camps.

Creo que nos estamos tomando en serio el confinamiento, y eso quiere decir que nos hemos unido en torno a un interés común, algo que es muy difícil que ocurra. Hemos sido capaces de aparcar el individualismo y tener un sentido más comunitario, más cívico, que es tan difícil que se manifieste: y ese espíritu de ciudadanía se está manifestando.

… Estamos en un periodo de gran incertidumbre, de niebla, en el que necesitamos que alguien nos oriente. Estamos recuperando la confianza en el Estado, el reconocimiento de lo importante que es tener un sistema público de salud, que fue mermado en un periodo de recortes excesivo. Cuando vemos ahora la llegada del coronavirus a América Latina, la diferencia es abismal por no tener el sistema de salud que tenemos.

… Esta reacción nos podría ayudar también con asuntos como el cambio climático, que produce de momento reacciones más débiles. Debería servir un modelo para recordarlo en el futuro.

… de vez en cuando, se pone muy de manifiesto lo frágiles que somos y lo dependientes que somos unos de otros; y, todos juntos, dependientes de quienes nos pueden orientar. La autosuficiencia es algo muy asumido, pero ni a escala de país la autosuficiencia tampoco es total.

Ahora surge la conciencia de que somos interdependientes, y cómo algo tan mísero como un virus nos está dando una lección de humildad que deberíamos recordar más.

… El modo de vida que nos impone la economía de mercado y el capitalismo, de satisfacer los deseos, hedonismo, el placer como objetivo fundamental. Y cuando te encuentras con la fragilidad, las prioridades deberían ser otras, para vivir de otra manera también.

… La UE no está demostrando que puede funcionar mejor, a pesar de la gravedad de la crisis, como están demostrando los Estados.

… Parece que vuelve Keynes, al menos en Europa. Esto lo tenemos muy interiorizado, lo que representa tener un Estado social protector fuerte, y que es el Estado el que tiene que hacerse cargo e impulsar políticas de protección.

… Hay modelos, como Piketty, elaborados por economistas. La misma renta básica, que era una cuestión de unos pocos, que la defendían no como un ideal utópico sino haciendo cálculos.

Hay que redistribuir. El gran tema es redistribuir. Habría que poner un límite, no se puede acumular tanto en manos de unos pocos.

Pero en la crisis no sólo no se reformuló el capitalismo, sino que se emplearon recetas liberales para salir de ella.

Lo que se hizo fue rescatar a los bancos para que los inversores y la ciudadanía no perdiera los ahorros. No fue una cuestión de redistribución.

Hay que insistir mucho en ese discurso: hay que hacer un buen diagnóstico para hacer un tratamiento adecuado después. Hay que redistribuir más, tener prioridades, y cuando se recorte, que se piense en las consecuencias para el futuro de recortar según qué cosas.

Los medios de comunicación son importantes en la forma de conservar esta memoria. Tendremos una crisis económica, esto es más emotivo, pero cuando la crisis sea económica, el modo de gestionarla tiene que ser una cuestión de bien común.


Patógenos, enfermedades contagiosas y epidemias

30/03/2020

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

(Actualizado 7 de abril de 2020.)

Una enfermedad infecciosa (o contagiosa) es causada por la invasión (infección) y multiplicación (reproducción) de algún agente patógeno en un organismo anfitrión. El contagio implica la transmisión directa del patógeno entre individuos portadores y receptores, o indirecta mediante un vector intermediario activo (un organismo como mosquitos, ácaros, pulgas) o pasivo (fómites, como un instrumento médico contaminado, botones, manijas de puertas). Un ser vivo infectado es un reservorio o depósito de patógenos que pueden ser transmitidos a otros seres vivos: los animales vivos, y especialmente los restos orgánicos de animales fallecidos por una enfermedad infecciosa, son frecuentemente fuente de infecciones humanas (zoonosis).
Una enfermedad infecciosa es una epidemia cuando se producen numerosos casos en una comunidad o área limitada, y una pandemia si se extiende por todo el mundo; es endémica si incide regularmente en una comunidad.

Los agentes patógenos en una infección (gérmenes) son microorganismos (virus o microbios como bacterias, protistas, hongos, algas) o priones (proteínas degeneradas) que se reproducen en el anfitrión y causan daños en células y tejidos, en ocasiones mediante toxinas. Los priones son moléculas, proteínas que se reproducen al entrar en contacto con otras proteínas y deformarlas.

Los virus no son seres vivos en sentido estricto: son contenedores esencialmente pasivos de material genético (ARN o ADN) que se adhieren a la membrana de una célula viva, inyectan en ella sus genes y capturan sus mecanismos de reproducción y síntesis de material genético y de proteínas para que produzcan copias del virus hasta que la célula muere y las libera para eventualmente repetir el proceso en otra célula. Los virus pueden ser fuente de innovación evolutiva en los anfitriones, ya que estos en ocasiones asimilan y mantienen parte del material genético inyectado.

Los patógenos son diferentes de los venenos meramente químicos o bioquímicos que existen en una cantidad dada que no tiende a crecer por su propia actividad, que no son contagiosos y contra los cuales se lucha mediante antídotos.

Los patógenos son a menudo parásitos que dependen del anfitrión para su supervivencia y reproducción. En una infestación los patógenos son de tamaño macroscópico (gusanos). Los diversos patógenos sobreviven durante diferentes periodos de tiempo según las circunstancias de su entorno (orgánico o inorgánico): pueden estar activos, reproducirse y acumularse, permanecer inertes en espera de condiciones más propicias, o morir o desintegrarse si las condiciones no son adecuadas.

La relación parasitaria de competencia y conflicto entre patógenos y anfitrión es un caso particular de simbiosis (asociación o vida conjunta, aunque el término tiende a implicar beneficios a uno de ellos o beneficios mutuos por cooperación entre los simbiontes). No todos los microorganismos que viven en el interior de un anfitrión en simbiosis son parásitos nocivos, sino que por el contrario muchos son cooperadores beneficiosos o incluso imprescindibles, como las bacterias del intestino necesarias para realizar la digestión. Algunos microorganismos pueden ser parásitos de otros patógenos y utilizarse como defensas contra ellos, como por ejemplo los virus bacteriófagos que atacan a ciertas bacterias patógenas.

La transmisión entre humanos del patógeno es peculiar para cada patógeno y puede suceder por múltiples acciones, vías o formas de emisión y recepción: vía respiratoria (aire), por aparato digestivo (agua, alimentos), por contacto directo con individuos o cosas contaminadas (cortes, inyecciones, toques con piel o vías de entrada al organismo), por vía sexual; tocar, ingerir o inhalar algo contaminado (gestos como besos, fumar, tocarse la cara, nariz, boca, ojos, intercambiar fluidos corporales, hablar cerca de otro y emitir gotas de saliva); medios como fluidos (gases o líquidos) o aerosoles (pequeñas partículas de líquido o sólido en suspensión en un gas); respiración, tos, saliva, estornudos, mucosidades, esputos, escupitajos, vómitos, secreciones, sudor, heces, flatulencias, orina, sangre, fluidos vaginales, semen, pus.

La enfermedad puede ser más o menos grave, incluso letal, y más o menos contagiosa o transmisible. La gravedad de la enfermedad depende de la cantidad de patógenos recibidos (inicial y posibles dosis adicionales) y de cómo estos consiguen reproducirse, y de características del sujeto infectado como su edad, otras enfermedades concurrentes, y especialmente su sistema inmune (dependiente de su genética y de infecciones previas). Algunas infecciones transcurren sin enfermar, sin síntomas o con síntomas muy leves, dependiendo de la enfermedad y del sujeto.

La letalidad indica el porcentaje de individuos infectados que fallecen: depende de la disponibilidad y efectividad de tratamientos médicos (tecnologías, medicamentos, capacidad o colapso del sistema sanitario ante un brote epidémico).

El período de incubación es el tiempo comprendido entre la exposición al patógeno con la consiguiente infección y la aparición de síntomas clínicos de la enfermedad en el anfitrión (fiebre, inflamación, tos, diarrea). El período latente es el tiempo comprendido entre la infección y el momento en que el anfitrión portador comienza a ser contagioso. En algunos casos un anfitrión puede ser contagioso asintomático durante parte del periodo de incubación (período latente menor que el período de incubación): esto puede agravar los contagios ya que el individuo infectado y los susceptibles de ser contagiados no son conscientes del problema y no se aíslan o protegen.

La transmisibilidad, tasa de infección o de contagio, o número de reproducción, indica a cuántos individuos infecta un infectado en promedio: depende no solo del patógeno sino también de la cantidad, frecuencia y forma de las interacciones sociales (mayor o menor proximidad, más o menos contactos físicos con las mismas personas o con personas diferentes). Algunos fenómenos, como las agregaciones multitudinarias, pueden incrementar mucho los contagios: reuniones sociales, profesionales, políticas, medios de transporte colectivo, vida en ciudades con alta densidad de población. Los movimientos o viajes de individuos contagiados facilitan la difusión de los patógenos a larga distancia. No todos los individuos son igualmente contagiosos: la dispersión de la distribución de la capacidad de transmisión puede ser alta si hay individuos especialmente contagiosos (súper propagadores), bien por su genética o por su conducta social; este hecho puede ser utilizado para reducir mucho los problemas mediante aislamiento o separación especial de los individuos más contagiosos.

Los humanos (u otros animales) pueden protegerse o defenderse de las infecciones y de las enfermedades asociadas evitando la infección o luchando contra ella una vez ha sucedido (respuesta inmune, tratamientos médicos).

Existen diversas formas de evitar infecciones: barreras orgánicas como piel y mucosas; higiene personal (lavarse el cuerpo y especialmente zonas importantes como las manos, desparasitación); limpieza y desinfección del entorno (en el hogar y en espacios colectivos, desinsectación, fumigación); desinfección de alimentos y agua; esterilización de elementos clave como el material médico; profilaxis o medicina preventiva; aislamiento o separación física de posibles focos de contagio, especialmente otras personas infectadas (confinamiento, cuarentena, distanciamiento social, reducción de contacto físico); barreras físicas contra patógenos (máscaras, guantes, filtros, equipos de protección individual, preservativos); barreras, repelentes o venenos contra los vectores intermedios (mosquiteras, repelentes contra insectos, sistemas contra su reproducción). Las medidas pueden servir no solo para no contagiarse cada uno sino para no contagiar a muchos otros una vez infectado.

Los anfitriones reaccionan y se defienden contra la infección mediante sus sistemas inmunitarios naturales: respuesta inicial inespecífica (fiebre, inflamación), y respuesta específica con anticuerpos marcadores de antígenos y leucocitos destructores de los patógenos según las indicaciones de los anticuerpos. El sistema inmune es plástico o adaptativo: evoluciona, puede aprender y producir nuevos anticuerpos ante nuevas amenazas.

La respuesta inmune puede ser muy agresiva y causar problemas, en ocasiones peores que la infección, como en una tormenta de citocinas (reacción en cadena de moléculas reguladoras de la actividad celular). En la alergia (o la más grave e incluso letal anafilaxia) el sistema inmune hipersensible reacciona de forma equivocada o excesiva contra elementos que no son patógenos. Algunas alergias pueden deberse a un exceso de higiene en la infancia que impide una calibración correcta del sistema inmune durante su desarrollo. En una enfermedad autoinmune el sistema inmune ataca a su propio organismo al reconocerlo erróneamente como extraño.

Un individuo inmune o inmunizado es resistente a la infección o a sus efectos nocivos: la inmunidad puede ser total o parcial, y más o menos breve o duradera; puede ser innata, adquirida tras haber superado una infección, o conseguida mediante alguna vacuna (con patógenos desactivados parcialmente para activar y entrenar al sistema inmune y prepararlo contra una infección real sin provocar una enfermedad grave) o por variolización (inoculación intencional de patógenos en dosis bajas para infección leve e inmunización). No todos los individuos pueden recibir vacunas por posibles problemas de inmunodeficiencia o inmunosupresión.

La inmunidad puede conseguirse de forma pasiva, al recibir anticuerpos de otra persona: de forma natural, como un embrión a través de la placenta o un bebé con la leche materna, o de forma artificial mediante un medicamento que los contenga o por la transferencia de plasma sanguíneo de un individuo inmune. Esta inmunidad pasiva es normalmente transitoria.

Los tratamientos médicos, además de las vacunas preventivas, incluyen medicamentos contra el patógeno (antibióticos, antivirales) y contra los síntomas excesivos nocivos (tos, diarrea, fiebre, inflamación), y diversos sistemas de soporte vital (respiradores, sistemas de vigilancia, alimentación e hidratación).

Para defenderse adecuadamente contra los patógenos es necesario saber dónde están: son importantes los tests diagnósticos de los síntomas de las enfermedades (como fiebre) o de los propios patógenos para identificar qué individuos están infectados, quiénes no han sido infectados, y quiénes son inmunes. Hay diversos tipos de análisis bioquímicos más o menos sensibles y falibles (con posibles falsos negativos o falsos positivos): de material genético o de antígenos (infección), o de anticuerpos (inmunidad, test serológico). También es útil rastrear los movimientos y los contactos o interacciones sociales de los infectados, investigar qué lugares o qué personas pueden haber sido fuentes o receptores de patógenos.

Los anfitriones y los patógenos coevolucionan participando en carreras de armamentos con ataques y defensas: los patógenos son fuerzas selectivas de los anfitriones, y los anfitriones son fuerzas selectivas de los patógenos. La estrategia de vida y reproducción de los patógenos está orientada hacia la cantidad, con alto porcentaje de fracaso, mientras que la de los anfitriones está orientada a la calidad.

Las interacciones y carreras de armamentos evolutivas también existen entre depredadores y presas. En la depredación un organismo mata a una presa, frecuentemente de tamaño semejante (macroscópico a macroscópico, microscópico a microscópico), normalmente para alimentarse de ella. En el parasitismo de los patógenos un microorganismo invade a un organismo normalmente mucho mayor (unicelular o multicelular) y convive cierto tiempo asociado al mismo y utilizándolo como fuente de nutrientes o mecanismo de reproducción. La lucha entre anfitriones y patógenos es muy desigual: cada anfitrión suele contener grandes cantidades de patógenos y en la lucha una proporción muy alta de ellos suele morir; cada humano como organismo multicelular también contiene gran cantidad de células, y la lucha sucede esencialmente a escala celular (células atacadas y células del sistema inmune) o molecular (anticuerpos, toxinas).

Los patógenos que solo crecen y se reproducen en su anfitrión deben estar en algún equilibrio mutuo o relación de coexistencia, adaptados al anfitrión y causando daños mínimos, quizás en infecciones crónicas (de larga duración): una letalidad excesiva dificulta la supervivencia y la reproducción del patógeno, ya que si su portador muere el patógeno también muere, y si no ha tenido tiempo de transmitirse a otro anfitrión entonces tiende a extinguirse. El equilibrio puede romperse y el anfitrión resulta más dañado si su resistencia baja por algún motivo (dieta insuficiente o inadecuada, edad avanzada, agentes estresantes como frío o fatiga). Los patógenos emergentes pueden causar infecciones agudas y rápidas: un patógeno que no depende de un anfitrión porque puede desarrollarse en otra especie puede causar enfermedades y epidemias muy graves cuando infecta otra especie anfitriona, como es el caso de las zoonosis o infecciones en humanos procedentes de animales.

Los patógenos suelen provocar en sus anfitriones conductas que facilitan su transmisión, como la tos o los estornudos: algunos incluso manipulan el sistema nervioso de su anfitrión para causar conductas destructivas para el mismo pero beneficiosas para el patógeno, como ser devorados por otro organismo en el cual el patógeno puede desarrollarse mejor.

Los anfitriones tienden a desarrollar mecanismos de defensa, tanto biológicas como psicológicas, contra los patógenos. Según la psicología evolucionista y los estudios de evolución cultural, ciertos fenómenos como el asco ante ciertos alimentos, conductas o individuos, emociones como la xenofobia, y rasgos de carácter como el individualismo frente al colectivismo, pueden estar relacionados con mecanismos de defensa ante posibles amenazas infecciosas o contagiosas (posible procedencia de extraños) y las conductas necesarias para reducir los daños de las epidemias (responsabilidad individual y disciplina social).

Para los potenciales anfitriones son especialmente importantes y problemáticos los posibles focos de infección en sustancias imprescindibles para la vida que estén contaminadas, como el agua (con la bacteria causante del cólera), el aire, los alimentos. Algunas técnicas humanas de cocina, como el uso de especias picantes como antisépticos naturales, o hervir el agua o la leche, sirven para desinfectar, como también el alcohol de las bebidas alcohólicas.

En la evolución biológica, la existencia de patógenos es uno de los factores que contribuyen a explicar el éxito de la reproducción sexual frente a la asexual, especialmente en organismos más complejos y con vida más larga: la recombinación de material genético en los anfitriones permite disponer de defensas más diversas y que se adaptan con más facilidad, siendo así un blanco móvil en lugar de un blanco fijo frente a los atacantes que existen en cantidades mucho mayores y tienen ciclos de vida mucho más rápidos, y por lo tanto pueden evolucionar muy deprisa.

El personal sanitario (medicina, enfermería, auxiliares) desempeña un papel crucial en la lucha contra las epidemias y necesita una protección especial ya que están en contacto constante con enfermos infectados: pueden ser contagiados, caer enfermos, quedar inutilizados para trabajar y además ser fuentes de contagio a otros. Los centros de salud con mucha densidad de enfermos infectados, otros pacientes y visitantes pueden ser focos importantes de nuevos contagios masivos.

Como los patógenos pueden mutar y evolucionar (en otros animales o en humanos), los diversos mecanismos de defensa necesitan adaptarse y prepararse para enfrentarse a sus posibles cambios: los patógenos nuevos pueden ser más peligrosos porque no existen defensas específicas listas contra ellos y puede llevar tiempo desarrollarlas. La evolución de los patógenos puede ser natural o artificial (por investigación para preparar la defensa frente a ellos o para utilizarlos como armas biológicas). La investigación en nuevos tratamientos y vacunas es una necesidad constante, y no hay garantías de éxito frente a nuevos patógenos sobre los cuales no se ha podido investigar o experimentar. El desarrollo de tratamientos y vacunas puede ser lento, especialmente por los ensayos clínicos necesarios para comprobar no solo su efectividad sino también su seguridad (posibles efectos secundarios a medio y largo plazo).

El uso y desarrollo de antibióticos y antivirales es una herramienta esencial, pero que puede llegar a fallar si no se usan adecuadamente: su mal uso (no completando el tratamiento de modo que algunos patógenos sobreviven) o su abuso (cuando no son necesarios, como los antibióticos inútiles contra las infecciones víricas) contribuye al éxito de las variantes de patógenos que son resistentes a los mismos.

Los procesos dinámicos de contagio o propagación de una infección a través de una población (epidemia) son complejos (no lineales, en red, recursivos, probabilísticos) y presentan diversas fases: se representan mediante modelos de difusión a través de una red con nodos y enlaces (los individuos y sus relaciones). Los individuos pueden ser o estar infectados o no, sintomáticos o asintomáticos, enfermos más o menos leves o graves (o fallecidos) o sanos (no infectados, recuperados), contagiosos o no, inmunizados o no (susceptibles a contagio). Los modelos dinámicos de contagio tienen en cuenta estos posibles estados, su duración, y las interacciones entre individuos y los procesos para pasar de uno a otro (de forma determinista o probabilística).

Las enfermedades contagiosas presentan mecanismos de realimentación positiva: cada individuo contagiado puede a su vez contagiar a otros de forma recursiva, y esto puede generar un crecimiento explosivo, normalmente aproximado por una función exponencial (la tasa de crecimiento (su derivada) es directamente proporcional al valor de la función, que no solo crece sino que crece cada vez más deprisa). La tasa de contagio (que puede ser menor que uno) es esencial porque marca el ritmo de crecimiento (o de decrecimiento si es menor que uno), y si este es exponencial resulta muy sensible a la misma: reducir la tasa de contagio contribuye a frenar rápidamente la epidemia, y cuanto antes se haga mayor es el efecto con mucha diferencia.

El fenómeno crece exponencialmente mientras encuentre individuos susceptibles a ser contagiados, y se frena o satura cuando esto deja de suceder: la infección mata a toda la población, o muchos individuos están ya contagiados o inmunizados y es menos probable interactuar con un individuo susceptible de ser contagiado, o los individuos reaccionan y alteran su conducta, se separan físicamente e intentan evitar los contagios (ruptura de conexiones en la red de transmisión). Los individuos inmunizados actúan como barreras o cortafuegos contra la transmisión de la infección a otros no inmunizados: la inmunidad de grupo (o de rebaño) se alcanza cuando son un porcentaje suficiente para que los contagios no prosperen. La función exponencial solo es una aproximación a una fase del fenómeno del contagio, cuya dinámica es más compleja y muestra fases de crecimiento, pico o meseta y eventual caída, con posibles múltiples oscilaciones en forma de brotes periódicos (función logística, curva con forma de pico o campana invertida, sinusoides).

La pandemia de coronavirus SARS-CoV-2 o COVID-19 es muy grave porque ha combinado diversos factores: es un virus nuevo, luego hay pocos datos y experiencia y mucha incertidumbre sobre el mismo, las enfermedades que provoca, su extensión y gravedad y la inmunidad; no hay tratamientos comprobados ni vacunas disponibles y su desarrollo puede ser lento; es muy contagioso (especialmente por portadores asintomáticos) y de letalidad en apariencia relativamente alta; se han tomado medidas de protección demasiado tarde (censura u ocultación de información, problemas burocráticos con tests y equipamiento, quitar gravedad por no alarmar) y algunas decisiones políticas han agravado los contagios (manifestaciones, mitines); el sistema sanitario se ha visto sobrecargado o incluso ha colapsado (falta de recursos de protección o respiradores, infección del personal sanitario).

NOTA: este artículo será continuado lo antes posible con más ideas, especialmente sobre la economía y la ética de la defensa contra las epidemias y su relación con el liberalismo.

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Dos artículos en Disidentia con pobre moralina

29/03/2020

Dos artículos en Disidentia, con ideas interesantes pero entre problemáticos y flojos, con mucho de mensaje políticamente correcto y superioridad moral, y poco de disidencia. Pero muchos los aplauden.

El coronavirus contra el sur de Europa: la lucha por la civilización, de Javier Benegas

Empieza recomendable, interesante y sensato, pero acaba cayendo en el sentimentalismo y la insinuación de que en el norte solo se preocupan por la eficiencia y sacrifican a los ancianos porque no tienen sentimientos (ni buenos ni malo, no hay remordimientos ni malicia). En vez de argumentar y razonar se recurre a tocar la fibra sensible, que con eso se gana popularidad.

Es evidente, en mi opinión, que la pérdida del sentimiento conlleva el deterioro de las relaciones humanas. Al fin y al cabo, son los sentimientos los que nos vinculan con los mayores y también con los más jóvenes. Burke lo advirtió cuando dijo que quienes no se preocupan por sus ancestros tampoco se preocuparán por sus hijos. Desde este punto de vista, la actitud de Frits Rosendaal es un fiel reflejo del hombre moderno del norte, que, rendido a la eficiencia, decide sacrificar a los ancianos, fríamente, sin remordimientos ni malicia.

… los ancianos son identificados como una amenaza para el sostenimiento del Estado de bienestar… excepto en los países del sur de Europa, que, aunque sin duda poco a poco van dejando también atrás el sentimiento, aún conservan el suficiente heroísmo como para no dejarse vencer por la eficiencia científicamente programada.

¿Uno opina sobre cosas evidentes, o como son evidentes las afirma sin más?

¿Sabe que en la decisión de no ir al hospital, a la unidad de cuidados intensivos, interviene también el paciente y suele estar de acuerdo?

Boris Johnson, los tulipanes y el garbanzo contador, de Sebastián Puig Soler

… había algo en su estrategia que me repugnaba profundamente, un sentimiento íntimo que me reconcomía y que escapaba de cualquier consideración técnica o científica. Siempre que me preguntaban, respondía que me parecía una ruleta rusa jugada con vidas ajenas e insostenible en el tiempo.

Aunque intente ser racional, la repugnancia se nota en el artículo.

Declaraciones de Frits Rosendaal:

“en Italia, la capacidad de las UCI se gestiona de manera muy distinta a la neerlandesa. Ellos admiten a personas que nosotros no incluiríamos porque son demasiado viejas. Los ancianos tienen una posición muy diferente en la cultura italiana”.

“No traigan a los pacientes débiles y a los ancianos al hospital. No podemos hacer más por ellos que brindarles los buenos cuidados paliativos que ya les estarán dando en un centro de mayores. Llevarlos al hospital para morir allí es inhumano”.

Lo que parece dibujar aquí el Doctor Rosendaal, basándome exclusivamente en sus declaraciones, es una especie de burdo y siniestro triaje a gran escala, en el que ya no merece la pena conceder a un determinado sector de la población holandesa (hablamos de millones de personas) la oportunidad de luchar por su vida.

Para hacer una crítica seria y rigurosa conviene informarse y profundizar un poco en lo que se ha dicho, en qué contexto y por qué, y no basarse en apariencias.

Johnson, sus consejeros y el Doctor Rosendaal han fallado en dos cosas: primero, entender qué consecuencias de sus decisiones son relevantes PARA TODAS las partes implicadas y, segundo, valorar correctamente dichas consecuencias.

… el plan Johnson y el enfoque holandés me resultan insoportables, mucho más allá la racionalidad que siempre intento imponerme cuando analizo un tema. No me entiendan mal: con ello no pretendo decir que el primer ministro británico o el doctor neerlandés quieran dañar conscientemente a sus ciudadanos; afirmar tal cosa sería una injusta y absurda idiotez. Pero advierto en ellos la existencia de un abismo ético que me siento incapaz de entender y, desde luego, de cruzar. Quizás sea esa facultad instintiva de percibir el bien y el mal que todos tenemos, esa decencia común que nos ronda el alma y el comportamiento.

¿En qué quedamos? ¿Todos tenemos facultad instintiva de percibir el bien y el mal o no? ¿Sabe qué caracteriza a los psicópatas?

… la misma razón que hoy puede hacernos admisible renunciar a luchar por la vida de nuestros mayores, mañana puede conducirnos a desechar enfermos terminales, pacientes con enfermedades raras o cualquier paria de la tierra sometido a un infortunio que nos parezca prescindible. Cierto es que puede no haber recursos para todos, que no todos podrán salvarse, que en algún momento deberemos sopesar la posibilidad de no seguir adelante y aceptar dolorosas bajas, pero no cabe, nunca, rendirse a priori. Esa rendición supone, en mi opinión, el abandono de nuestra condición humana.

… Este esfuerzo común, más allá de cualquier consideración política, es lo que nos dignifica como individuos y como sociedad y lo que me hace sentir emocionado y orgulloso de este gran país y de las naciones hermanas que, como Italia, han decidido echar el resto en el intento sobrehumano de que nadie se quede atrás.

Tal vez ellos no tienen que hacer un esfuerzo sobrehumano porque han gestionado mucho mejor la crisis, porque tienen gobiernos más competentes y poblaciones más cívicas, y no porque sacrifiquen ancianos. Y quizás no se dedican a presumir de ser moralmente superiores.

Los economistas han hecho desde hace mucho análisis de costes y beneficios en los que se asignan valores (problemáticos) a las vidas humanas, o incluso a los años de vida humana ponderados por calidad de vida. Queda muy bien moralmente indignarse ante estos análisis y las decisiones racionales basadas en los mismos, al tiempo que se acusa a quienes los hacen de no tener sentimientos o ser inmorales.


Tonterías selectas de Carlos Sánchez: Coronavirus, la muerte trágica del neoliberalismo

29/03/2020

Tonterías selectas de Carlos Sánchez: Coronavirus, la muerte trágica del neoliberalismo

… el neoliberalismo tendió a ser identificado como equivalente a mayor eficiencia y a una mejor asignación de los recursos gracias a nuevos sistemas de producción que desplazaban el valor del factor trabajo hacia la inversión haciendo competir a los países por atraerla, o hacia la retribución del accionista. Crear valor, por ejemplo, a través de los fondos de capital riesgo, se ha considerado desde los años 80 la clave de las relaciones laborales e industriales. En definitiva, una economía más financiera cada vez más alejada de la economía real.

… los sindicatos en los centros de trabajo, quienes durante estos 40 años —salvo casos aislados— han sucumbido ante el avance del neoliberalismo rampante.

… Solo un pequeño bicho de un tamaño muy inferior a un milímetro ha descubierto que el rey, como suele decirse, estaba desnudo.

… Los estados no solo se han jibarizado a consecuencia de las privatizaciones de servicios esenciales para la comunidad, incluidas las reservas estratégicas de seguridad en cuestiones como el material sanitario; sino también por el creciente peso de las multinacionales en la toma de decisiones, sobre todo fiscales, tal y como ha denunciado el propio FMI, poco sospechoso de vender octavillas en las fábricas.

… los cantos de sirena de un neoliberalismo agotado que indudablemente ha triunfado en los últimos 40 años dejando a los estados inermes.

… se optó por la creación de organismos multilaterales —Bretton Woods— para mutualizar riesgos y evitar desequilibrios estructurales en la balanza de pagos, tanto si estos eran como consecuencia de una posición dominante, como en la actualidad es China, como si era deficitarias. Y así se salvó el mundo.

… En aquel momento los estados eran fuertes y podían tocar las teclas de la economía a su antojo, algo que hoy es imposible si el neocapitalismo rampante no se encauza buscando nuevos equilibrios que hagan que la liberalización del comercio sea justa.


Tonterías selectas de Juan Carlos Girauta

28/03/2020

Tonterías selectas de Juan Carlos Girauta: Siempre nos quedará Portugal

… si vamos hacia una Europa a la holandesa, está por ver qué sentido ético pervive. Allí les parece mal que españoles e italianos ocupen sus UCI con gente mayor.

A nadie debe extrañarle que la punta de lanza de la deshumanización, que ahora llamamos insolidaridad, sea Holanda. Alemania es la que de momento se niega a mutualizar deuda contra la crisis de la pandemia, pero Holanda, ah, Holanda… Sería bastante entretenido permitirse un desahogo con sus complejos cristalizados en prejuicios…

Más visible se hace el abismo moral si recordamos que los Países Bajos son la vanguardia de cualquier idea que en Europa atente contra la irreductible dignidad del ser humano. Así su modelo de eutanasia, con el que se espejan los más lerdos de entre los nuestros, confundiendo progresismo con demolición. En Holanda le aplicaron la eutanasia a Noa Pothoven, una muchacha de diecisiete años. La había solicitado por una depresión, estrés postraumático y anorexia resultado de los abusos sexuales que sufrió de niña, y por una violación. Defiéndeme ese final para la desoladora historia, anda.

Ya no se trata de enfermos terminales. Ni del debate político que recientemente mantuvieron sobre la conveniencia de darles una pastilla letal sin prescripción a los mayores de setenta años que la solicitaran. Se trata de matar adolescentes deprimidos. Y aquí, en vez de alejarnos del turbio remolino, tenemos humanistas de lo inhumano empeñados en imitar las prácticas del desierto espiritual de Europa.

Tenía que ser un ministro holandés, Wopke Hoekstra -democristiano, ja- quien alzara la voz contra el uso de fondos comunitarios para paliar la crisis del coronavirus. Al frente del departamento de Finanzas, Hoekstra arguye que los españoles no hemos ahorrado. Bueno, estamos ante una crisis sanitaria y España, según el último ranking de la OMS, tiene el séptimo sistema sanitario más eficiente del mundo y, según el Foro Económico Mundial, el mejor.

… Enmudecido nuestro Gobierno, ha tenido que ser el presidente portugués quien ponga los puntos sobre las íes respondiendo a Holanda en los precisos términos que merecía. António Costa no solo subrayó que el discurso sobre España de ese ministro de Finanzas es contrario al espíritu de la UE; también le puso el calificativo que pedía a gritos: «repugnante».

… Eso sí, el Gobierno holandés quiere enviar infectados a las UCI de sus países vecinos. Una parte de Europa entiende el proyecto «común» como un club dentro del club y pone zancadillas a sus otros socios. Mientras, el virus avanza. Su perniciosa expansión también alcanza al lugar donde el sol se puso y no ha vuelto a salir. ¿Qué harán? ¿Retomarán acaso el proyecto de la pastilla letal para mayores de setenta años?


Tonterías selectas de Marcos Cueto, historiador de la medicina

27/03/2020

Tonterías selectas de Marcos Cueto, historiador de la medicina:

La Covid-19 y las epidemias del neoliberalismo

los gobiernos autoritarios populistas de derecha que atacaron a la ciencia y la salud pública —seguramente para que sus seguidores no piensen racionalmente— y crearon las condiciones para la desinformación, el estigma y el caos que ahora sufrimos.

Esta pandemia no es más que la última de una triste secuela que empezó en los años ochenta del siglo pasado cuando la mayor parte de los gobiernos del mundo abrazaron el neoliberalismo y su envenenada doctrina que pregonaba una drástica reducción del gasto público y el desmantelamiento de la intervención del Estado en los programas sociales. De esta manera se creó una cultura adonde el lucro estaba por encima de todo y de todos; adonde valía el recorte de los recursos humanos de los sistemas de salud, tanto nacionales como internacionales, y donde se banalizaron un rosario de desastres sanitarios como el sida, dengue, SARS, H1N1, ébola, zika y ahora la epidemia que nos abruma. Estas epidemias magnificaron la relación entre los sistemas económicos injustos y las adversas condiciones de vida, y confirmaron la persistencia del racismo (solo basta recordar las infelices frases del presidente de los Estados Unidos sobre un virus foráneo y su deliberada asociación con los chinos que ha alentado actos de violencia contra la población de origen asiático). Una doctrina que idealiza el estilo de vida y que guarda silencio sobre la vulnerabilidad estructural en que viven la mayoría de las personas. No es que no sea importante la higiene personal y el autoaislamiento; pero estas medidas no reflejan la realidad de una gran mayoría de familias pobres de comunidades periurbanas que sobreviven apiñadas en espacios diminutos con acceso limitado al agua, distantes de centros de salud y con personas mayores ya víctimas de los principales determinantes sociales de las enfermedades respiratorias: la pobreza, la falta de abrigo y descanso adecuados y la mala alimentación.

Las pandemias antes mencionadas surgieron o se agravaron por la discriminación, el deterioro del cambio climático, la violencia contra la naturaleza ejercida por fuerzas extractivas sin regulación y la negación de los derechos humanos, como el derecho a la salud de cualquier persona, que abierta o subrepticiamente glorificó el neoliberalismo. Estos llegaron con una trivialización de muertes y enfermedades evitables y la reproducción de estereotipos criminales contra las víctimas de las epidemias como las minorías sexuales, los pobres, los indígenas y las mujeres. La terrible epidemia que estamos viviendo es el testimonio no solo de las fuerzas económicas, sociales y ambientales que desató el neoliberalismo sino de su incapacidad de construir un futuro inclusivo. También marca la erosión, casi irreparable, de una de las leyes supranacionales más valiosas y que ahora casi nadie recuerda: el Reglamento Sanitario Internacional del 2005.

… a veces las calamidades nos presentan oportunidades únicas para reflexionar y ser mejores. En un mundo donde diferentes escándalos compiten para acaparar los medios de comunicación, las enfermedades epidémicas son una ocasión para que la salud pública, los científicos y los historiadores de la salud revindiquemos en voz alta la importancia de nuestros trabajos. Para recordar la relevancia de enfermedades endémicas prevenibles que siguen azotando a la sociedad y con cuya existencia nos hemos vuelto transigentes. Para cuestionar las prioridades del mundo adonde la mayoría de los gastos de los Estados se van en armas y adonde celebramos el dispendio de sumas millonarias en el opio del pueblo: las élites del futbol y del cine. También, para desenmascarar la letalidad del negacionismo científico, para reivindicar la importancia crucial de la prevención y la solidaridad y para redirigir los fondos y los funcionarios públicos que no pueden ser sirvientes de los intereses económicos privados.


Tonterías selectas de Javier Moreno Sánchez

27/03/2020

Tonterías selectas de Javier Moreno Sánchez, presidente de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo: El coronavirus y algunas certidumbres

No solo cambiaremos en lo personal, también debe cambiar la política, y más que nunca ponerse exclusivamente al servicio de los ciudadanos y de sus vidas. En una situación como esta, todas las personas, sin excepción, volvemos la mirada a lo público. Nadie, ni siquiera los predicadores neoliberales, piensan ahora que la iniciativa privada vaya a resolver esta crisis. Y basta con que estos especuladores sin escrúpulos dejen de pensar en sacar tajada para ir avanzando en la buena dirección.

Necesitamos un sector público fuerte, y ahora, más que nunca, vemos que lo imprescindible es un sistema de salud que responda a las necesidades de la ciudadanía y atienda por igual a todas las personas que lo necesiten. Tenemos que invertir en él, no privatizar ni hacer una salud solo para quien pueda pagarla. España es un ejemplo de lo que se debe hacer, con una sanidad universal de calidad y gratuita, recuperada, no olvidemos, gracias al Gobierno socialista, que constituye una de nuestras grandes conquistas, por más que a algunos les cueste reconocerlo; con profesionales competentes y responsables, que trabajan cada día para salvar vidas y que no merecen ni recortes ni precariedad, sino respeto y agradecimiento, como estamos viendo ahora con los homenajes diarios desde los balcones. Esta crisis tiene que servir, como decía, para que todos y todas aprendamos a reconocer lo esencial, a cuidarlo y fortalecerlo cuanto sea posible.

Si la primera urgencia es la salud, la siguiente es la economía, una economía al servicio de la ciudadanía y no al revés. Y tampoco en este campo nadie espera que la iniciativa privada, los mercados, vayan a resolver la papeleta. Esta emergencia solo la puede gestionar un gobierno tomando decisiones, o mejor dicho, muchos gobiernos trabajando en la misma dirección.


Tonterías selectas de Juan Costa: Europa necesita un plan B para evitar el colapso

27/03/2020

Tonterías selectas de Juan Costa: Europa necesita un plan B para evitar el colapso

… habrá que defender y realzar lo público. La inversión en capital social y el papel del sector público en la economía serán clave en los próximos meses y en el futuro. Hoy estamos viviendo la verdadera importancia de lo público. El valor que el capital público tiene en términos de prosperidad y capacidad económica. Vemos cómo el capital social salva vidas y protege la economía.

También desde lo público es necesario impulsar inversiones para erradicar las desigualdades sociales y evitar el colapso ecológico. La crisis climática es un coste, como también lo es una sociedad desigual; y los gobiernos han de promover inversiones para frenar el desastre medioambiental y garantizar una distribución equilibrada de la riqueza entre los ciudadanos. Ni el progreso puede medirse solo en términos económicos ni el beneficio lo es todo. Esta, y no otra, debe ser la base del capitalismo del futuro. La base del multicapitalismo.

Sin duda, nuestro paradigma de valor va a cambiar. Nuestro concepto de valor no volverá a ser el mismo. La supremacía del capitalismo financiero ha llegado a su fin. Nos regiremos por un concepto de valor más multidimensional. El capital financiero, solo, por sí mismo, sin el apoyo de otros capitales, como el capital social y el capital ecológico, puede perder todo su valor.

Además, las empresas, para mantener su legitimidad, deberán acompañar su necesidad de obtener un beneficio económico con un propósito social. La sociedad exigirá a las empresas un mayor dividendo social.


Tonterías selectas de Markus Gabriel: El orden mundial previo al virus era letal

26/03/2020

Tonterías selectas de Markus Gabriel: El orden mundial previo al virus era letal

… todo el pueblo, todos los seres humanos, estamos afectados por igual. Pero precisamente eso es lo que no hemos entendido si creemos que tiene algún sentido encerrar a la gente dentro de unas fronteras. ¿Por qué debería causar impresión al virus que la frontera entre Alemania y Francia esté cerrada? ¿Qué hace pensar que España sea una unidad que hay que separar de otros países para contener el patógeno? La respuesta a estas preguntas será que los sistemas de salud son nacionales y el Estado debe ocuparse de los enfermos dentro de sus fronteras.

… la pandemia nos afecta a todos; es la demostración de que todos estamos unidos por un cordón invisible, nuestra condición de seres humanos. Ante el virus todos somos, efectivamente, iguales; ante el virus los seres humanos no somos más que eso, seres humanos, es decir, animales de una determinada especie que ofrece un huésped a una reproducción mortal para muchos.

Los virus en general plantean un problema metafísico no resuelto. Nadie sabe si son seres vivos. La razón es que no hay una definición única de vida.

… se encuentran en campamentos para refugiados situados en territorio europeo, a los que han llegado huyendo de la situación injusta provocada por nosotros con nuestro sistema consumista.

… Boris Johnson piensa que los británicos pueden solucionar la situación por la vía del darwinismo social y provocar una inmunidad colectiva eugenésica.

… Todos vamos en el mismo barco. Esto, no obstante, no es nada nuevo. El mismo siglo XXI es una pandemia, el resultado de la globalización. Lo único que hace el virus es poner de manifiesto algo que viene de lejos: necesitamos concebir una Ilustración global totalmente nueva.

… la crisis climática, mucho más dañina que cualquier virus porque es el producto del lento autoexterminio del ser humano.

… El orden mundial previo a la pandemia no era normal, sino letal. ¿Por qué no podemos invertir miles de millones en mejorar nuestra movilidad? ¿Por qué no utilizar la digitalización para celebrar vía Internet las reuniones absurdas a las que los jefes de la economía se desplazan en aviones privados? ¿Cuándo entenderemos por fin que, comparado con nuestra superstición de que los problemas contemporáneos se pueden resolver con la ciencia y la tecnología, el peligrosísimo coronavirus es inofensivo? Necesitamos una nueva Ilustración, todo el mundo debe recibir una educación ética para que reconozcamos el enorme peligro que supone seguir a ciegas a la ciencia y a la técnica.

… Tenemos que reconocer que la cadena infecciosa del capitalismo global destruye nuestra naturaleza y atonta a los ciudadanos de los Estados nacionales para que nos convirtamos en turistas profesionales y en consumidores de bienes cuya producción causará a la larga más muertes que todos los virus juntos. ¿Por qué la solidaridad se despierta con el conocimiento médico y virológico, pero no con la conciencia filosófica de que la única salida de la globalización suicida es un orden mundial que supere la acumulación de estados nacionales enfrentados entre sí obedeciendo a una estúpida lógica económica cuantitativa? Cuando pase la pandemia viral necesitaremos una pandemia metafísica, una unión de todos los pueblos bajo el techo común del cielo del que nunca podremos evadirnos. Vivimos y seguiremos viviendo en la tierra; somos y seguiremos siento mortales y frágiles. Convirtámonos, por tanto, en ciudadanos del mundo, en cosmopolitas de una pandemia metafísica. Cualquier otra actitud nos exterminará y ningún virólogo nos podrá salvar.


Tonterías selectas de Enrique Javier Díez Gutiérrez

24/03/2020

Tonterías selectas de Enrique Javier Díez Gutiérrez, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León.

Ayuda mutua: ética anarquista en tiempos de coronavirus

… el mensaje que han recibido constantemente nuestros niños, niñas y jóvenes, ha sido, hasta ahora, el de la competencia individualista del modelo neoliberal. Un mantra ideológico, eje esencial del capitalismo. Un mantra constante y persistente que se repite en los medios de comunicación, se ensalza en el deporte, se induce en el trabajo, se insiste en la economía…

… los principios y propuestas que rigen el núcleo y finalidad esencial del capitalismo neoliberal: el individualismo competitivo.

Apoyar al grupo, apoyarnos en la comunidad, contrasta con ese dogma de “libertad individual” al margen del bien común. La solidaridad, el no dejar a nadie atrás, choca con la competitividad que predica el neoliberalismo económico. El relato del “hombre” hecho a sí mismo, competitivo e individualista, que no le debe nada a nadie y que busca conseguir su “idea de éxito” para enriquecerse y olvidarse de las dificultades, suyas y de los demás. Mito difundido por el populismo empresarial norteamericano y que la ideología neoliberal y neoconservadora ha traducido en la escuela a través del mantra del emprendedor.

… Ideología que mantiene como dogma de fe esencial que la competencia por la riqueza y el poder es el único motor que mueve al ser humano.

Estamos comprendiendo, porque lo estamos comprobando y constatando con esta crisis, que esta ideología neoliberal, que reivindica regularnos mediante “la mano invisible del mercado” es una postverdad, una fábula, una invención que no tiene fundamento real. Que cuando vienen mal dadas, cuando nos jugamos lo vital y esencial de las sociedades, necesitamos el amparo del grupo, de la comunidad, de la solidaridad colectiva para superar las crisis.

Es entonces cuando nos lamentamos, tardíamente, de los recortes de miles de millones que se han hecho en la sanidad pública o en la educación pública. Nos arrepentimos de no haber invertido en suficientes residencias públicas de mayores (las privadas tienen como finalidad obtener beneficios). Nos damos cuenta del error que es no tener ya una banca pública que sostenga la economía y la inversión pública para generar nuevos empleos que sustituyan a los que los “temerosos mercados” van a destruir.

La ideología neoliberal siempre ha sido muy clara: aplicarse a sí mismos el capitalismo de “libre mercado” (subvencionado siempre) cuando obtienen beneficios, para repartírselos entre los accionistas. Pero reclamar el socialismo y la intervención del Estado para que se les rescate cuando tienen pérdidas (hemos rescatado a la banca con más de 60.000 millones de euros, a Florentino Pérez con el Castor, a las autopistas…). Es lo que hacen también ahora, con esta crisis. Aunque a algunos les sigue sorprendiendo todavía que estos “creyentes” exijan más medidas de rescate y de intervención del Estado, renegando de su fanático credo en el “libre mercado” y su “mano invisible”.

A ver si aprendemos por fin. Y superamos el dogma neoliberal y el sistema económico capitalista y avanzamos hacia un sistema económico e ideológico basado en el bien común, la cooperación, la justicia social, la equidad y la solidaridad.

Esperemos que la salida de esta crisis sea “una oportunidad” para ello. Que el “solo juntos lo conseguiremos” no se olvide tras ella. Y que, después del coronavirus, haya un auténtico Pacto de Estado, consensuado por todos, que blinde y destine cantidades escandalosas de nuestros presupuestos a la Sanidad Pública, a la Educación Pública, a los Servicios Sociales Públicos, a las Pensiones Públicas… Que aprendamos de una vez por todas que el capitalismo y la ideología neoliberal que lo sostiene es tóxico para la especie y el planeta. Y que, sin ayuda mutua, sin cooperación, sin solidaridad y justicia social estamos abocados a la extinción como especie y como planeta.