Tonterías selectas de Francisco José Contreras, Roger Scruton y el conservadurismo

19/01/2020

El conservadurismo de Roger Scruton

“Creo que la libertad no es una respuesta suficiente a la pregunta sobre aquello en lo que creen los conservadores” (How To Be a Conservative). Y no porque la libertad no sea un valor, sino porque es un valor penúltimo: “Como Matthew Arnold, yo creía que la libertad es un excelente caballo para cabalgar, pero para cabalgar a algún sitio”. La libertad es valiosa de manera instrumental, si sirve para alcanzar fines valiosos. El liberalismo, para tener sentido, presupone una jerarquía objetiva de valores: o sea, el liberalismo necesita al conservadurismo. La libertad es valiosa de manera instrumental, si sirve para alcanzar fines valiosos. El liberalismo, para tener sentido, presupone una jerarquía objetiva de valores: o sea, el liberalismo necesita al conservadurismo.

… otro de los aspectos del conservadurismo de Scruton –compatible con el liberalismo económico, aunque no con el fundamentalismo libertario— es el nacionalismo… Scruton piensa que la mano invisible de Adam Smith requiere un marco de corresponsabilidad basado en cierta identidad común: “Un mercado puede conseguir una asignación racional de los bienes y servicios solo allí donde hay una confianza previa entre los participantes” (How To Be A Conservative). Y la confianza previa se da entre los compatriotas, los que comparten un sentido del “nosotros” nacional (que se extiende, no solo a la generación actual, sino, como quería Burke, “a los muertos, los vivos y los que han de nacer”): “la sociedad [nacional] es una herencia compartida en aras de la cual estamos dispuestos a hacer sacrificios, que nos permite sentirnos parte de una cadena de transmisión y recepción, y reconocer que no tenemos derecho a estropear las cosas buenas que heredamos”.

… El liberalismo economicista de los thatcherianos se quedaba corto también en otro aspecto: no tenía conciencia de la irremplazabilidad de instituciones como la familia; o bien, daba su conservación por supuesta, sin comprender su rápido deterioro, fruto a su vez de esa liberación de las costumbres que fue el verdadero legado de los nihilistas de 1968.

El fundamentalismo libertario saluda la disolución de los vínculos familiares (ataduras insufribles de la libertad individual), o bien concibe el matrimonio como un contrato que debe ser fácilmente rescindible. Scruton escribió páginas muy profundas sobre la diferencia entre “contrato” y “voto” [vow], y lamentó la contractualización libertaria de los votos. Un contrato contempla obligaciones definidas, y tiene una duración limitada. Un voto, en cambio, implica “una mutación existencial”: “Los votos son compromisos indefinidos […], vinculan a las partes en un destino compartido”. “Un voto es una entrega definitiva de sí mismo, en la cual se invita al otro a confiar. El paradigma de esto es el matrimonio, tal como fue concebido hasta hace poco”. “Las sociedades que ya no insisten en ese compromiso, o que permiten la erosión del matrimonio, primero mediante su redefinición como un simple contrato, y después como una opción que los padres pueden o no elegir, son sociedades que ya no ofrecen seguridad a los hijos” (The Soul of the World). “En toda sociedad sostenible, el orden de los acuerdos voluntarios está enmarcado por otro orden en el que las obligaciones son trascendentes, los vínculos sagrados”.

“Las sociedades no duran si sus miembros no son capaces de sacrificio”. El sentido de lo sacrificial permea toda la obra de Scruton. Es indisociable del sentido de lo sagrado, y ambos se están perdiendo a toda velocidad en nuestro mundo contractual de maximización de utilidades. “Ningún contrato moverá al soldado a entregar su vida por su país, ni a una madre a sacrificarlo todo por sus hijos”, ni a una pareja a vincularse hasta que la muerte la separe.

Una sociedad necesita, pues, un sentido de lo sagrado. Los compromisos familiares definitivos (de los cónyuges a la manera tradicional, y de los padres con sus hijos) apuntan a lo sobrenatural. También lo hace la experiencia estética, a la que Scruton dedicó varios libros: “la música nos transporta más allá de los límites de la realidad natural”, y la belleza parece no ser de este mundo (tuvo el valor de denunciar la impostura del arte posterior a las vanguardias de los años 20, y la inhumanidad de la arquitectura racionalista post-Bauhaus. Y nuestra aspiración al conocimiento, que va más allá de las necesidades prácticas de supervivencia: “podríamos haber evolucionado como especie sin necesidad de entender el reino de las verdades matemáticas […], nuestra curiosidad se extiende infinitamente más allá de los problemas que necesitamos resolver” (The Soul of the World).

Con todo, que necesitemos o presintamos lo sobrenatural no implica de suyo que lo sobrenatural exista. Scruton, que tocaba el órgano en la iglesia anglicana local (pero el anglicanismo es ya solo estética, no teología), era ambiguo sobre la cuestión de la existencia de un Dios personal. “No puedo responder la pregunta de cómo un ser que existe fuera del espacio y el tiempo pueda manifestarse dentro de ellos. Pero tampoco puedo responder la pregunta de cómo un ente puede ser un organismo [sujeto al determinismo físico-químico] y al mismo tiempo un sujeto libre que está llamado a dar cuenta de sus actos con razones”. O sea, que Dios es un misterio, como lo es la libertad humana (según terminó reconociendo Kant, que concibió a ambos como “postulados de la razón práctica” incomprensibles por la razón teórica). “La fe nos pide que aprendamos a convivir con misterios, que no los borremos, pues al borrarlos estaríamos borrando también el rostro del mundo” (The Soul of the World).

Espero que Scruton haya entendido ya que su combate por la verdad, la belleza y la justicia era algo más que un aplazamiento salisburyano de la victoria final de la nada.


Tonterías selectas de Lidia Falcón

13/01/2020

Acierta en parte en las críticas a los absurdos de Simone de Beauvoir, pero…

Se nace mujer

… la capacidad reproductora de la hembra humana es la que convierte a la mujer en una clase explotada.

… la construcción del Patriarcado como ideología que impone el modo de producción doméstico y convierte a la mujer en la explotada del mismo.

… Simone de Beauvoir y el existencialismo y El Segundo Sexo sirven muy eficazmente al Capital para desviar la lucha feminista del que debe ser su objetivo fundamental: derrocar el Patriarcado.

… Ser mujer es haber nacido y desarrollado las facultades reproductoras para las que la especie ha preparado a la hembra humana. Este destino biológico la constituye en la clase que produce niños, y a consecuencia de ello sufre la explotación económica que ya el feminismo ha denunciado y hasta contado con cifras, en todos los países.

… Mientras en la Unión Europea se suman los ingresos por el tráfico de drogas y la prostitución, el trabajo del ama de casa y la reproducción no son actividades rentables.

… hoy la preeminencia del deseo de tener hijos de algunas personas para fabricarlos en el vientre alquilado de las mujeres pobres se impone y permite su explotación. Y así también nos cambiamos de sexo, según nuestra afición o emoción, involucrando incluso a los menores, inventando seres humanos que no existen, y todo el mundo debe respetarnos.


Tonterías selectas de Amelia Valcárcel, filósofa

12/01/2020

Tonterías selectas de Amelia Valcárcel, filósofa

YO DONA ¿Por qué dice en su libro que las mujeres tienen ‘derecho al Mal’?

Amelia Valcárcel..- El sexo femenino tiene desde antiguo el deber de agradar. El feminismo ha evitado siempre, es más, ha sentido pánico ante la idea de que su trabajo y su lucha fueran interpretadas como una «guerra contra los hombres». Desde el principio se lo intentó tachar de resentimiento y a quienes lo ejercían, de resentidas. Esto va acompañado del sentimiento de vergüenza por el simple hecho de ser mujer, el patriarcado te dice «eres un poco menos, no muestres tu voz, tu cuerpo…». No obstante, sigo sin saber bien qué clase de combustible es la cólera. Las mujeres debemos ser pacíficas no porque lo seamos por naturaleza, porque algunas lo son y otras no, sino por convicción.

… Una mujer de Sierra Leona en mallas pasando frío en una carretera española nunca estará allí porque le gusta. No sirve invocar la tolerancia para encubrir racismo y falta total de respeto. Si la ciudadanía es común, hay que encontrar la regla común. Tampoco podemos permitir que se tergiverse para otros fines contrarios a sus principios. Se usa el concepto de «derechos reproductivos», que derivó de la defensa del derecho al aborto, para justificar los vientres de alquiler. Se utiliza ese concepto para defender una nueva esclavitud, porque las mujeres que prestan su vientre no lo hacen por gusto sino por necesidad económica.

P: ¿Podemos vivir una involución autoritaria en los próximos años?

R: No lo sé, no soy profeta. Hoy por hoy, las conquistas sociales siguen vigentes, la sanidad pública universal existe, la educación universal funciona, el sistema de previsión universal frente a desdichas variadas ahí está, el de protección de la gente mayor existe… Quizá no todas ellas en las cantidades económicas que hay en otros países, donde se respalda a la gente de manera más fuerte, pero no ha quebrado todavía. Ahora, lo que sí se está presentando es otra cosa, una opinión antidemocrática dentro de las sociedades abiertas.

… El secular analfabetismo de España durante largo tiempo se ha transformado en mucha gente alfabetizada que es funcionalmente plebe, que no tiene el nivel de conversación adecuado. Cuando vemos que la gente elige masivamente una televisión espantosa que entró en nuestro país gracias a Berlusconi hay que preocuparse. Lo conocí y es un peligro para la democracia.

P: ¿Cómo fue su experiencia como consejera de Educación y Cultura de Asturias en los 90?

R: Fue un sacrificio que hice, también llevaba Deportes y yo le añadí Mujer porque quizá me parecía poco. Aprendí mucho, a manejar un presupuesto y cómo es la Administración del Estado. No es política abstracta sino que ves de verdad cómo se hace. Y te das cuenta de que funciona todo bastante bien. Si no fuera así, no habríamos aguantado tantos meses sin Gobierno. Afortunadamente, la función pública funciona.


Tonterías selectas de Antón Costas

12/01/2020

Los nuevos años veinte: ¿progresistas o protofascistas?

Las clases medias y populares de las sociedades capitalistas occidentales están demandando protección frente al deterioro que ha sufrido su nivel de bienestar y sus oportunidades de futuro en las últimas cuatro décadas, coincidiendo con la desindustrialización y el abandono en que quedaron muchas personas y comunidades. También demandan esa protección muchos sectores empresariales nacionales que han de competir en condiciones de desigualdad con empresas y productos de otros países.

Además de esta pérdida de bienestar, la demanda de protección viene también del miedo a las consecuencias que para esos grupos sociales y empresariales pueden llegar a tener los grandes desafíos de la nueva década, especialmente el cambio tecnológico, el climático y el demográfico. En muchos casos, aumentarán la desigualdad y traerán nuevas formas de pobreza.

Los Gobiernos democráticos occidentales fallaron en dar esa protección. Por si no fuera suficiente, la equivocada respuesta de política económica a la crisis financiera de 2008 y a la recesión económica de 2009-2013 añadió injuria al dolor que produjo la propia crisis. Se culpabilizó y se hizo pagar a las víctimas las consecuencias de los desmanes del capitalismo financiero y corporativo multinacional y los efectos de las malas decisiones de la UE y los Gobiernos nacionales con la llamada política de austeridad…
… sería un error dramático caer en el mito cosmopolita que ve en esta demanda de protección una conspiración colectivista contra la economía de mercado y la democracia liberal. Como sucedió con el proteccionismo de finales del XIX, la demanda social actual responde a causas objetivas. Ninguna sociedad puede aceptar sacrificar sus modos de vida y sus valores en el altar de una utopía de libre mercado autorregulado como la que se ha tratado de imponer en las cuatro décadas pasadas.

Hoy muchas circunstancias riman con las de la década de los veinte del siglo pasado. En aquella etapa hubo dos tipos de respuestas a la demanda de protección de la sociedad frente al intento de imponer la utopía del libre mercado. La de los demócratas progresistas, representada por la política de Franklin Delano Roosevelt, el new deal (contrato social), y la protofascista, protagonizada por la política de austeridad del canciller alemán Heinrich Brüning. La primera salvó a la democracia estadounidense. La segunda fue una invitación a la llegada del fascismo a toda Europa. Son muchos los libros que ayudan a comprender estas similitudes y a enfocar bien las soluciones políticas y económicas a los retos de estos próximos veinte. Pero si tengo que hacer una única recomendación, sería la lectura de la gran obra de Karl Polanyi La gran transformación.

Los próximos veinte necesitan llevar a cabo una nueva “gran transformación”. Un nuevo contrato social que haga posible otro capitalismo, como del que hablé en mi anterior columna (22-12-2019). Sólo así las democracias progresistas se impondrán al fascismo.


Tonterías selectas de Larry Summers

09/01/2020

Do Americans really need to be more thrifty?, by Larry Summers

The federal government should provide more, not less, social insurance. If it did, the result would be reduced inequality, a more secure middle class and a stronger economy.

… The real challenges that keep middle-class families up at night are retirement, economic dislocation and supporting their children as they go to college and then buy a first home. These cost far more than $400 and are not best met by personal saving. Rather, a generous and well-functioning society in which Social Security meets retirement needs, appropriate unemployment and wage insurance programs cushion economic shocks, adequate public funding holds down college costs, and health insurance has generous coverage would greatly reduce the need for most households to save.

It is highly inefficient to rely on individual saving rather than universal public programs to deal with life’s contingencies. Social Security, for example, pays out close to 99 percent of the revenue it collects in benefits. In contrast, individuals saving for retirement or the proverbial rainy day can over a lifetime dissipate as much as 20 percent of their savings in commission payments to financial institutions. Similar, and probably greater, efficiencies are associated with government provision of other forms of insurance.

… Suppose the government expands Social Security by raising taxes on payrolls by, say, 2 percentage points and pays the proceeds to the retired generation, then continues this policy indefinitely. The generation currently retired would get a windfall gain. And each subsequent generation would earn a return on the taxes it pays equal to the economy’s growth rate, which is well above rates of interest.

The combination of the economies available from having the government provide insurance services, plus the return premium made available by such pay-as-you-go finance, makes public programs the right way to strengthen the middle class.

… more social insurance, even if fully paid for by contributions, will raise demand in the economy by reducing households’ need to save. By increasing normal interest rates, this will push the economy forward and contribute to financial stability.

The clear verdict: We don’t need fewer entitlements for the American middle class. We need more.


Tonterías selectas de José Ángel Mañas

04/01/2020

Tonterías selectas de José Ángel Mañas

‘Caso Thunberg’

… Greta Thunberg. La niña sueca que, abrumada por la evidencia del cambio climático, empezó a tomar en serio las advertencias de los científicos y a actuar en consecuencia. Si estamos condenados a extinguirnos, ¿qué sentido tiene continuar haciendo deberes de matemáticas en el colegio? Cuando la casa está en llamas y el futuro se deshace como un azucarillo en el agua contaminada de un desaforado productivismo global, suena bastante baladí preocuparse por un suspenso.

… un 60% de las especies animales han desaparecido en los últimos 50 años. Hay que reconocer que algo de razón tenía la pobre chavala. La situación es cuando menos alarmante.

… rara vez en los últimos tiempos ha sido tan fácil tomar el buen partido. El caso Thunberg a mí me recuerda al caso Dreyfuss. Y si el antisemitismo en aquel momento era claramente culpable y hay poca ambigüedad al respecto de quién estaba equivocado entonces, me parece una evidencia que entre thunbergianos y antithunbergianos no hay duda posible, entre otras cosas porque ni siquiera hay debate.

… Lo que queremos saber es si Thunberg tiene razón o no. Y la tiene. Todos sabemos que la tiene.


Tonterías selectas de Paul Mason

03/01/2020

Tonterías selectas de Paul Mason

¿Por qué los laboristas han perdido el voto obrero?

La gente quiere saber cómo va a mejorar su vida y de qué manera sus hijos van a tener una vida mejor que ellos, pero el liberalismo ya no puede responder a esas preguntas.

… Para resistir tenemos que conocer las raíces de la desorientación que sienten millones de personas. Con ese fin, permítanme que les proponga un experimento teórico: Imaginen que les pido que sometan todas las decisiones de su vida a una máquina inteligente: dónde viven, a quién quieren, qué cultura consumen. (Espero que, si lo hiciese, me mandasen a paseo). Imaginen que digo que el Gobierno tiene que someter todas sus decisiones a la máquina en cuestión. Imaginen que luego les digo que serían más felices si se pusiesen a anticipar lo que piensa la máquina y aprendiesen a prever lo que va a decidir.

Me responderían, con razón, que para eso lo mismo daría convertirse en una máquina que no piensa, ni tiene deseos ni ideales.

Ahora sustituyan la palabra “máquina” por la palabra “mercado”. Eso es lo que llevamos haciendo 30 años: someter nuestra vida y las decisiones democráticas de nuestros Gobiernos a las fuerzas del mercado. Hasta hemos creado una religión para venerar a esa máquina. Se llama ortodoxia económica. Para los economistas de derechas como Friedrich Hayek, el mercado es un “orden espontáneo” capaz de procesar información mejor que un humano y de lograr resultados mejor que cualquier plan.

Mientras el sistema de libre mercado funcionó, millones de personas aprendieron a no pensar, a tomar exclusivamente decisiones de mercado, a separar sus valores de su trabajo y su comportamiento en el mercado. Y sobre todo, aprendieron el fatalismo. La máquina lo decide todo.

Este fatalismo, junto con la atomización de la sociedad tras la derrota de los movimientos obreros y la disolución de las comunidades tradicionales, es el rasgo fundamental de la psicología del mundo desarrollado. Sobre él está construyendo la derecha su nuevo proyecto político.

… Las viejas formas de la democracia social no funcionan, pero no podemos renunciar al Estado como palanca del cambio, sobre todo porque tenemos que limpiar el mundo de carbono. No obstante, la lucha por un gobierno democrático de izquierdas tiene que empezar por combatir el fatalismo, la atomización y el control algorítmico.