Tonterías selectas

22/10/2018

Hacerse cargo, de Máriam Martínez-Bascuñán

… piensen en lo siguiente: ¿Qué consecuencias tiene el uso mercantil de la protección medioambiental, la procreación o la vida de los animales? Son preguntas clásicas que, por alguna razón, hemos desplazado del centro del debate.

Se refieren todas ellas a bienes sociales fundamentales ya invadidos por la lógica del mercado, impidiendo así la reflexión sobre su dimensión pública o el significado que les damos. Por ejemplo, ¿por qué está tan viciado el debate sobre la sanidad? ¿Por qué a veces es tan difícil defender que es un bien social que no debe depender de la renta o los ingresos? Se trata de una discusión fundamentalmente política, pero su espacio deliberativo ha sido fagocitado por el mercado. ¿El resultado? Desigualdad y corrupción, porque tratar la salud y el cuerpo como mercancías que pueden comprarse y venderse en partes distorsiona nuestra dignidad y nuestro autorrespeto como seres humanos.

Es un debate clave y antiguo: si el mercado lo coloniza todo, cosas como los cuidados médicos o la educación de los hijos dependerán de nuestros ingresos, y solo el dinero marcará la pauta social, estableciendo diferencias insalvables entre nosotros. Es una de las causas del vaciamiento de las clases medias, pero el problema no es solo de índole material y moral. En algún punto hemos extraviado las nociones de libertad e igualdad, extirpándoles su condición de valores al reducirlas al libre intercambio mercantil entre falsos iguales. Porque los mercados, como nos instruyó Toni Judt, no generan confianza, cooperación o acción colectiva para el bien común. Somos los ciudadanos, y la política, quienes debemos hacernos cargo.

Vivir con 400 miserables euros, de José Sarrión, responsable de Formación de IU y procurador de las Cortes de Castilla y León

Si feminismo es todo, feminismo es nada, de Ana Bernal-Triviño

Las kellys del hotel Barceló Renacimiento de Sevilla: retrato de una nueva fórmula de explotación laboral

Entrevista al historiador del arte francés Georges Didi-Huberman

Hay imágenes claramente dictatoriales y otras que lo son, pero no claramente. Y éstas son las del capitalismo. La publicidad también es una imagen dictatorial, pero hipócrita. Quitarle a las imágenes su potencial es una estrategia de poder, y eso es lo que continuamente practican los medios de comunicación. La primera vez que se publicó la fotografía de Capa Muerte de un miliciano, lo hizo Life, enfrentándola a un anuncio de dentífrico, estableciendo una equivalencia insoportable que quiere hacer la imagen inofensiva. El capitalismo acepta la crítica a condición de hacerla ineficaz, lo que constituye una forma de censura. Y ésa es la inmensa responsabilidad de la prensa: el manejo de las imágenes. ¿Cómo se puede informar sobre los terribles sucesos que ocurren en Siria y a continuación dar una receta de pizza? Es escandaloso.


Tonterías selectas

21/10/2018

Las personas que pronto caducarán o por qué me siento muy viejo a los 33, de Héctor G. Barnés

Niños tontos de Andalucía (y una clasista de Valladolid), de Lorena G. Maldonado

Entrevista a Helena Beunza, secretaria general de Vivienda

El mercado y la vida, de Lucía Méndez

What Has Google Ever Done for Us?, by Yanis Varoufakis

Even Google’s fiercest critics use its technologies to research their fiery tirades against it or, more mundanely, to find their way around a foreign city. Let’s be honest: life without Google would be awfully more tedious in a variety of important ways. But that is not a good reason to leave Google and the other tech giants alone. On the contrary, the nature and importance of their contribution make it imperative that they be placed under democratic control – and not just because of the well appreciated need to protect individual privacy.

… Against a background of automation and labor casualization, these firms’ monopoly profits boost inequality, fuel discontent, undermine aggregate demand for goods and services, and further destabilize capitalism.

… Google cannot credibly argue that the capital generating its profit stream was produced entirely privately. Every time you use Google’s search engine to look up a phrase, concept, or product, or visit a place via Google Maps, you enrich Google’s capital. While the servers and software design, for example, have been produced capitalistically, a large part of Google’s capital is produced by almost everyone. Every user, in principle, has a legitimate claim to being a de facto shareholder.

Of course, while a substantial part of Big Tech’s capital is produced by the public, there is no sensible way to compute personal contributions, which makes it impossible to calculate what our individual shares ought to be. But this impossibility can be turned into a virtue, by creating a public trust fund to which companies like Google transfer a percentage – say, 10% – of their shares. Suddenly, every child has a trust fund, with the accumulating dividends providing a universal basic income (UBI) that grows in proportion to automation and in a manner that limits inequality and stabilizes the macro-economy.

… In using Big Tech’s services, we manufacture a portion of its capital in real time. Property rights over that portion – for all of us, rather than for any of us – should be the basis of a universal basic income.


Tonterías selectas

19/10/2018

El empleo ya no es solución, de Sara Menéndez y José A. Llosa (Workforall)

Comer gracias a Daewoo, de Gustavo Duch

Ana Botín y el feminismo del 1%, de Nuria Alabao

El 24 y el 27O nos movemos para cambiarlo todo, de Diana Peinado, de No más precariedad

Fixing the Climate Requires More Than Technology, by Erik M. Conway and Naomi Oreskes


Tonterías selectas

18/10/2018

¡Viva el salario mínimo!, de Xavier Vidal-Folch

Marta Nebot: “Festejar el día del hombre es como celebrar el día del terrorista”

The EU needs a stability and wellbeing pact, not more growth

Si los populistas son el problema, ¿cuál es la solución?, de Antón Costas

Un nuevo contrato social para un nuevo tiempo de progreso, de José María Álvarez Suárez, secretario general de UGT


Tonterías selectas

17/10/2018

Obsolescencia: A los productos fabricados para romperse se les va a acabar el cuento, por Guillermo Arenas

Nueva agenda económica, de Nacho Álvarez, secretario de Economía de Podemos y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid

La señal de un digno SMI, de Santiago Carbó Valverde

¡Liberémonos del crecimiento!, de Florent Marcellesi / Ernest Urtasun y siete eurodiputados más

No se puede (vivir dignamente), de Javier Gallego


Tonterías selectas

16/10/2018

Subida del salario mínimo, condición necesaria pero no suficiente, de Juan Laborda

… es urgente rediseñar un sistema impositivo que bajo el principio de equidad redistribuya la riqueza de los más acaudalados a los más pobres sin castigar la actividad productiva, en definitiva, la creación de riqueza. Pero además es necesaria y urgente una política industrial activa centrada en todo aquello que España puede y sabe hacer bien.

… Permítanme finalmente mencionarles a Casado y Rivera parte del discurso de Franklin Delano Roosevelt en la promulgación de la Ley Nacional de Recuperación Industrial de 1933. Dijo textualmente respecto a dicha ley: “Su objetivo es asegurar un beneficio razonable para la industria y salarios dignos para el trabajo con la eliminación de los métodos y prácticas piratas que no solo han acosado los negocios honestos sino que también han contribuido a los males del trabajo…”.

Por eso deberíamos recordarles a todos aquellos -políticos, columnistas y economistas, que braman contra unas medidas que, sin ser suficientes, al menos son necesarias, uno de los pasajes de Delano Roosevelt en la presentación de dicha ley: “En mi discurso inaugural presenté la simple proposición de que nadie va a morir de hambre en este país. Me parece igualmente claro que ningún negocio que dependa de la existencia de pagar menos que el salario vital a sus trabajadores tiene derecho a continuar en este país. Por negocio me refiero a todo el comercio, así como a toda la industria; por trabajadores me refiero a todos los trabajadores, los de cuello blanco, así como aquellos con mono de trabajo; y por salarios dignos quiero decir más que un simple nivel de subsistencia, me refiero a los salarios de una vida digna”.

El arma secreta de Uber, de Esteban Hernández

Thatcher, Rajoy, la desigualdad y el fascismo, de Pedro Luis Angosto

Plataforma Catalana pel Dret a No Ser Prostituïdes

Nace en Barcelona una plataforma que exige la abolición de la prostitución


Tonterías selectas

15/10/2018

Un ‘presupuesto del pueblo’, de Andreu Missé

El salario mínimo no tiene relación con la tasa de paro, de Eduardo Garzón

¿Por qué hay que pagar impuestos?, de Raul Ramos Lobo, profesor titular de Universidad – Economía Aplicada, Universitat de Barcelona

Existe un conjunto de bienes y servicios que los economistas clasificamos como de consumo no excluyente (no existen medios para impedir que se disfrute de él) y, por tanto, dado que no existen incentivos para que el mercado los ofrezca, es el estado quien lo hace.

Nos referimos a la educación y la sanidad públicas, la atención a dependientes, las infraestructuras, la seguridad colectiva, el cuidado del medio ambiente, la conservación del patrimonio común, etc.

Para ello, y dado que serán quienes los disfrutarán, el estado necesita que ciudadanos y empresas contribuyan a su sostenimiento a través del pago de impuestos.

… Otro objetivo de la política fiscal consiste en mejorar el funcionamiento de la economía a través de promover determinados comportamientos en los agentes económicos (por ejemplo, los impuestos sobre la gasolina buscan reducir los niveles de contaminación) pero también en suavizar los efectos de las crisis. De hecho, ahora que nos acercamos a los 20 años del nacimiento del euro y con una política monetaria inexistente a nivel nacional y limitada a nivel europeo por los bajos valores del tipo de interés, este segundo aspecto se ha convertido en mucho más relevante de lo que había sido hasta entonces.

¿Qué podemos aprender de la huelga transnacional de Ryanair?, de Sara Lafuente Hernández y Stan de Spiegelaere, investigadores en el Instituto Sindical Europeo (Bruselas)

Por un tratado internacional contra la impunidad de las transnacionales, de Ana Terrón, vicepresidenta de la Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo del Congreso de los Diputados