Tonterías selectas

26/03/2017

No Dijsselbloem! Nosotros les hemos subsidiado, de Juan Laborda

Rutger Bregman: “La renta básica universal sería el mayor logro del capitalismo”

La economía solidaria ha venido para quedarse, de Carlos Ballesteros, profesor de la Universidad de Comillas

Una Europa más justa y solidaria, de Sergei Stanishev, presidente del Partido Socialista Europeo

Las desigualdades sociales matan, de Vicenç Navarro

Es interesante ver que, ahora, cuando el tema de las desigualdades parece estar de moda (incluso Davos, centro del pensamiento reaccionario neoliberal, decidió centrarse en este tema), la palabra explotación no aparezca por ninguna parte. Y ello a pesar de que es sumamente fácil de detectar. El agente A explota al agente B cuando A vive mejor a costa de que B viva peor (A y B pueden ser clase social, género, raza, nación, o lo que fuera).

Cuando un empresario paga a su empleado o trabajador un salario menor en valor monetario al valor que el trabajador ha aportado al producto o servicio, lo está explotando. Y cuando una pareja, en la que ambos trabajan, llega a casa y uno de ellos se sienta a ver la televisión, mientras que el otro va a la cocina a preparar la cena, el primero explota también al segundo. La explotación es una de las realidades más fáciles de detectar, y sobre la cual se habla (y escribe) menos. Y ahí, la intervención no es la integración en el sistema, sino el cambio del sistema explotador. Y de ahí que el Estado sea mucho más reacio a intervenir en esta dirección de las desigualdades generadas por la discriminación de clase que en las otras formas de discriminación, pues la explotación de clase es el centro del “capitalismo real”.


Tonterías selectas

24/03/2017

¿Adaptarse o morir?, de Begoña Huertas

El liberalismo o la basura política, de Grupo Promacos

El anarcoliberalismo y el Día del Juicio Final, de Grupo Promacos

Con estos socialdemócratas no hacen falta neoliberales, de Rafael Domínguez, profesor de Historia del Pensamiento Económico, Universidad de Cantabria

La corrupción del sistema financiero es una tragedia, de Ann Pettifor

… el bien público que supone el sistema monetario…

… los españoles están depositando más en los bancos españoles de lo que prestan los bancos: al contrario de como debería ser.

… la creación de los sistemas monetarios pretendía proporcionar financiación a todos aquellos que estuvieran presentes en la economía (a un ‘precio’ asequible, la tasa de interés). Como el agua potable y los sistemas de saneamiento, o los sistemas de seguridad en las carreteras, un sistema monetario es un enorme bien público.

… El dinero es un sistema de relaciones sociales basado en promesas de pago, como explicó Joseph Schumpeter. Cuando usamos una tarjeta de crédito para comprar algo, por lo general no hay dinero o ahorros en el banco. Una vez que hacemos entrega de la tarjeta y el dependiente acepta nuestra ‘promesa’, la tarjeta vuelve a nuestro bolso. No es más que la representación de una promesa de pago, no es dinero ni monedas, ni tampoco está basada en ahorros en el banco. Aun así, este dinero, como por arte de magia, nos da poder adquisitivo. Bien administrado, es un gran poder. El establecimiento de un sistema de promesas, de derechos y obligaciones, activos y pasivos, créditos y débitos, fue un magnífico avance civilizador. Genera poder adquisitivo y nos permite hacer lo que sabemos hacer (dentro de nuestros límites éticos, físicos y ecológicos).

Sin embargo, un sistema de dinero público tiene que estar gestionado por una autoridad pública, como por ejemplo el banco central, el sistema regulatorio de contabilidad y el sistema jurídico y penal. De no ser así, lo gestionarán los intereses privados. Estos se dedicarán a saquear el sistema de ‘promesas’ monetarias acumuladas en forma de ‘ahorros’ y extraerán ‘rentas’ sin piedad, mediante usura o pagos de deuda por parte de aquellos que dispongan de activos.

… Ya es hora de restaurar una autoridad democrática y regulatoria que controle las finanzas mundiales, que levante el velo de secretismo que rodea el sector.


Tonterías selectas

23/03/2017

No alquilarás tu vientre, de Grupo Promacos

De entre las diversas corrupciones conceptuales que aquejan a la «sociedad universal» de los siete mil millones de individuos, llama poderosamente nuestra atención la «creación jurídica» de la «gestación por sustitución, o «maternidad subrogada»…

… la Ley de Técnicas de Reproducción Humana Asistida, aprobada en 2006, establece en el artículo 10, párrafo primero, la nulidad plena de los contratos en los que se convenga la «gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna en favor del contratante o de un tercero». Y, a continuación, afirma: «La filiación de los hijos nacidos por gestación de sustitución será determinada por el parto», ejercitando el concepto de «gestación por sustitución» para negarlo como pseudoconcepto o concepto corrupto.

Y mientras el legislador no explicite los principios por los que ha llegado a semejante conclusión jurídica, con la cual adelantamos que estamos de acuerdo, por nuestra parte contamos con los principios de la Bioética materialista enunciados en el libro ¿Qué es la Bioética? de Gustavo Bueno que nos servirán de guía para enjuiciar este complejo asunto.

Pues bien, dispuesto el campo de la Bioética como un conjunto de términos, los hombres, que guardan entre sí determinadas relaciones en virtud de las mismas operaciones mediante las que interactúan entre sí y con el medio, hablaremos, entonces, de tres tipos de Principios bioéticos: los Principios de los términos, los de las relaciones y los de las operaciones. Desde ellos enunciaremos una norma universal, por tanto, para la que no caben excepciones, a partir de la cual se podrán establecer una serie de reglas, estas sí, variables, que podríamos poner en relación con el papel que tiene la legislación estatal.

Para empezar nos referiremos al Principio fundamental de los términos de la Bioética materialista, a saber, aquel que afirma la autodeterminación operatoria de los individuos corpóreos, con el que podemos decir que la ley española es perfectamente coordinable. Por lo siguiente: porque dado que son los individuos corpóreos las unidades elementales del campo bioético, no es posible considerar la gestación como un «servicio» por el que se pueda establecer ningún tipo de contrato entre iguales, puesto que es el individuo corpóreo íntegro de la gestante el que se situaría al mismo tiempo como contratante y como objeto de transacción comercial renunciando a su propio derecho a la filiación.

Especial papel tiene, por cierto, para la solución o el restablecimiento en su integridad del concepto aquejado de esta corrupción jurídica, la regla operatoria tradicional para definir la filiación, prevaleciendo sobre la perspectiva geneticista, a saber, la regla según la cual es el parto lo que determina la filiación en el caso de la madre. Filiación que, en cuanto es un derecho, conlleva a su vez una serie de obligaciones con las cuales esa madre ha de cumplir, sin poder derivar las mismas hacia un tercero. Dicha regla operatoria, que proviene del derecho romano, recogida en el adagio «mater semper certa est», es fruto cuanto menos de la prudencia secular, especialmente necesaria en el presente hiperconceptualizado, en el que el imperialismo de las ciencias se disputa «territorios» que gracias a la crítica filosófica deben ser conservados por la praxis más elemental. Impedir, pues, que la institución familiar sea entregada a biólogos genetistas y abogados y sean, por derecho, sus propios agentes quienes posean los resortes de su funcionamiento, nos parece ya una medida saludable. Pero además no hay que olvidar las fuentes zoológicas de la institución, y aquí estaría la razón basal del materialismo para sostener la regla según la cual la que pare es la madre, porque de lo contrario se corre el riesgo de caer en el idealismo según el cual es el mero «deseo» de ser padres lo que da lugar a la misma realidad de los hijos, corriendo un tupido velo sobre los cuerpos femeninos embarazados por sofisticadas tecnologías que nos «recordarían» nuestro «pasado» animal.

Y no se podría invocar el reconocimiento de la autodeterminación operatoria de la «madre sustituta» por la voluntariedad con la que acepta su condición de «instrumento reproductivo», puesto que la norma que prohíbe la esclavitud en las sociedades del presente debe ser objetiva, no sujeta a la aprobación subjetiva de las partes, tal como la Bioética liberal parece conceder, tendiendo a analizar estos casos en virtud de la «libre voluntad» para la ayuda mutua entre individuos («yo necesito el dinero y tú necesitas el niño»).

Asimismo es absolutamente contradictorio, en virtud de la misma identidad del sujeto operatorio como individuo corpóreo, la consideración del cuerpo humano, sea de uno mismo, sea de otro, como un bien extrasomático del que se pueda disponer como si fuera una propiedad para su venta o alquiler. Cuánto más absurdo, por tanto, será ofrecer como un «servicio» nada menos que la gestación de un embrión, conjunto de procesos fisiológicos involuntarios teleológicamente ordenados al mismo desarrollo del embrión hasta su nacimiento, cuyo resultado es un ser humano. De ahí que, en realidad, la mala fe de los distintos eufemismos tales como «maternidad subrogada», «gestación por sustitución» o incluso «vientre de alquiler» esté encubriendo el delito tipificado como «trata de seres humanos», en este caso, incluso diríamos de «niños por encargo».

Y aquí entramos en la coordinación del principio de la autodeterminación como principio relativo a los términos, con el principio de grupalidad, relativo a sus relaciones, a saber, en este caso, aquellas que tienen que ver con la maternidad y la paternidad y sus propios límites. Pues al margen de las soflamas del humanitarismo, además del «derecho a ser padres», está la relación de connacionalidad que se contrae con el recién nacido por parte del resto de sus compatriotas, la cual quedaría desvirtuada, corrompida, si se admitiera que un ciudadano cualquiera puede ser comprado o vendido, así sea desde el momento en que se concibe. Por todo ello, plantear el «deseo» de ser madre o padre como un valor absoluto, cosa que se encargan de publicitar las agencias involucradas en el negocio, conculca la condición de ciudadano libre, es decir, no esclavo, de algún país determinado al cual el recién nacido tiene derecho.

En este sentido, nos parece significativo el hecho de que sean principalmente la India y Estados Unidos, antiguas colonias de un imperio depredador como el inglés en donde la tradición esclavista todavía está presente como «reliquia viva», los lugares del mundo en donde está legalizada esta práctica (en la India se ha llegado a denominar por los interesados como «industria nacional»). Ello unido a la ideología democrática del «mercado pletórico» que promueve la actividad de «ser padres» como el «disfrute» de los hijos, complaciendo al «consumidor» con todo un abanico de posibilidades, hace que los Estados hayan tenido que tomar cartas en el asunto y protegerse ante el avance de semejante institución. Ya, por ejemplo, el Código Penal español, en sus articulos 221 y 222, establece penas de prisión de uno a cinco años para aquellos que cedan un hijo mediando compensación económica, para quienes lo reciban y para quien actúe de intermediario. Pero ha sido la reciente sentencia pionera de la Sala Civil del Tribunal Supremo de España, rechazando el acceso al Registro Civil de unos niños nacidos en California bajo un contrato de «vientre de alquiler» y a los cuales un matrimonio de varones homosexuales pretendía inscribir como hijos suyos, la que ha presentado por primera vez resistencia a que se vulnere la legislación española frente a la estadounidense, so capa de un universal «derecho reproductivo».

Y por último, el Principio de la Bioética materialista relativo a las operaciones se concreta en la virtud de la fortaleza, la norma ética fundamental que se despliega como firmeza cuando busca la propia fortaleza, es decir, las actividades que contribuyen al mantenimiento de la propia salud, o como generosidad, cuando busca la fortaleza o la salud de los demás. Y es aquí donde aparece directamente el papel de la medicina en cuanto a la «reproducción asistida», que, como ya hemos dicho anteriormente, podrá intentar paliar la infertilidad de una mujer o de un hombre sometiéndolos a las técnicas correspondientes, pero bajo el principio de no sacrificar la salud de otro individuo que se utilice en beneficio propio. El principio relativo a la reproducción, que prescribe la necesidad «bioética» de la reproducción en el grupo de los individuos humanos, se habrá de modular en virtud de las normas morales y políticas que hemos presentado. Precisamente la institución por antonomasia que da cauce a través del Estado a semejante generosidad en el terreno familiar, es decir, la adopción, es la que sufre directamente el fraude constituido por los llamados «vientre de alquiler», puesto que no otra cosa, a la postre, es lo que consiguen las agencias de «alquiler de vientres» sino la burla de las listas de espera y de los requisitos exigidos para conseguir que sea la protección del menor lo que prime en estos casos. Por otra parte, si para adoptar a un menor no se pueden exigir requisitos de carácter físico en la mayoría de legislaciones, nos parece que preferir un hijo «genéticamente propio» entra dentro del tipo de «deseos» que las entidades estatales podrían desestimar como «requisito físico». Por no hablar de la absoluta gratuidad del proceso administrativo de la adopción –otra cosa son los gastos de viaje, traducción, y demás gestiones que puedan reputarse como gasto en las adopciones internacionales– que es expresamente recogido en la legislación al uso. Así se puede leer, por ejemplo, en la información del Consulado de un país hispano como es Colombia en Los Ángeles, donde precisamente es legal el «vientre de alquiler», el siguiente extremo: «Ni el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ni las Instituciones Autorizadas por éste para desarrollar programas de adopción, podrán cobrar directa o indirectamente retribución alguna por la entrega de un menor para ser adoptado. En ningún caso podrá darse recompensa a los padres por la entrega que hagan de sus hijos para ser dados en adopción ni ejercer sobre ellos presión alguna para obtener el consentimiento…».

En definitiva, en lugar de la generosidad, la llamada «maternidad subrogada» supone la depredación más descarnada de mujeres que, o bien se encuentran en una situación de miseria que limita seriamente su propia consideración como persona, o bien su estado de falsa conciencia como «consumidora satisfecha» es tal que le permite –quizás en un grado de despersonalización aún peor– entregar, por unos 25.000 dólares, el «fruto de su vientre».

The Misunderstanding at the Core of Economics, by Mark Buchanan

Álvaro Guzmán Bastida entrevista a L. Randall Wray

La modern money theory (MMT) parte del reconocimiento de que un gobierno soberano en realidad no es como una familia o una empresa. A menudo, oímos a políticos, e incluso economistas, decir que si alguien gestionase el dinero de su familia como el gobierno gestiona los presupuestos del Estado, terminaría en bancarrota. Por supuesto, eso es cierto, pero la analogía es completamente falsa, porque implica que un Estado, como una familia, puede quebrar si gasta continuamente más de lo que ingresa. Desde ese punto de partida, analizamos el porqué de la diferencia y sus consecuencias. La principal diferencia es que los Estados emiten su propia moneda, mientras que si una familia emite, por ejemplo, dólares estadounidenses, los está falsificando, y sus miembros irán a la cárcel. Es una prerrogativa del Estado.

En el momento más severo de la crisis, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un estímulo fiscal de 800.000 millones de dólares en dos años. Esto amortiguó el declive económico, pero el país no se recuperó. El presidente Obama dijo, una y otra vez: “Nos gustaría hacer más, pero el Estado no tiene más dinero”. Eso es falso, lo supiera Obama o no. Si la opinión pública lo entendiera así, habría exigido al gobierno que hiciera más. Por fin, desde hace unos meses, estamos creando empleo a un ritmo razonable, en torno a 200.000 puestos de trabajo al mes. Pero no teníamos por qué haber pasado por un periodo tan largo de crecimiento escaso, sin apenas creación de empleo. Hemos perdido cientos de miles de millones de actividad productiva que no recuperaremos nunca. Las empresas no contrataban porque no vendían los suficiente. Si el gobierno hubiera hecho más, si hubiera creado más demanda para la actividad productiva o incluso creado puestos de trabajo, nos habríamos recuperado mucho antes.

Hay medidas convencionales como la inversión en infraestructura. No creo que nadie esté en desacuerdo con que necesitamos invertir mucho más en ese frente. Nuestros puentes se desmoronan, toda nuestra infraestructura se cae a pedazos… En cuanto a las estrategias menos convencionales, recuperaría el programa de creación de empleo del New Deal de los años 30. El Estado contrataría directamente a los parados, que se encargarían de actividades en beneficio de la comunidad y el interés público, o proveería los salarios para que otros, bien sean ayuntamientos, organizaciones sociales u ONG, contraten. Esto aportaría a los desempleados trabajo, experiencia y cualificación. En EEUU, tenemos un problema no ya por el desempleo, que sigue siendo demasiado alto, incluso en torno al 5% actual, sino también por un grupo enorme de la población, tres o cuatro veces el número de desempleados, que ha dejado de buscar trabajo o se ve obligado a trabajar a tiempo parcial.

… El Estado tendría que planificar qué tipo de empleos incentiva o paga. Diría: “Necesitamos reparar estos puentes”, o: “Necesitamos más supervisión en los parques infantiles”, o más bien: “Necesitamos servicios de limpieza medioambiental”. El Estado haría una labor de planificación y contrataría a los trabajadores para esas actividades. O, si decide ceder la iniciativa a organizaciones de servicios comunitarios, haría falta un proceso de aprobación y evaluación.

… Podríamos ponernos quisquillosos y debatir sobre si alguien que se dedica a freír hamburguesas tiene un trabajo beneficioso para la sociedad: no creo que comer hamburguesas sea bueno, no es saludable y es malo para las vacas.

… la publicidad nos llevó en la dirección opuesta: nos hizo desear cosas que no son en absoluto deseables, que es la mayoría de lo que la gente compra. Como sociedad, hemos dejado ese asunto al mercado, y debiéramos hacer algo al respecto.

P: Por volver a las propuestas políticas de la teoría monetaria moderna. ¿Existe un riesgo de que fomenten la excesiva inflación?

No. Están diseñadas para no hacerlo. La garantía estatal de empleo es un ‘estabilizador automático’. Cuando el sector privado empieza a contratar, el Estado se retira paulatinamente, así que el gasto se reduce. Opera con un salario fijo, que no hace que suban los precios, sino que impide que bajen. El salario nunca podría bajar por debajo de lo que paga el Estado en ese programa, por lo que es un verdadero salario mínimo. Además, cuando decimos que el Estado no puede agotar su propio dinero, no queremos decir que el Estado siempre tenga que gastar más de lo que gasta. Lo único que decimos es, olviden la analogía con una familia; cuando el Estado necesite gastar más, siempre puede hacerlo.

… todo gasto estatal lleva consigo la creación de dinero, porque genera un crédito de reservas bancarias equivalente a lo que se gasta. Si recibes un cheque de la pensión estatal, cuando lo depositas en tu banco, el banco lo ingresa en tu cuenta y se lo manda al banco central, que también lo ingresa. Cuando pagas los impuestos, se produce el fenómeno contrario: el gasto estatal siempre conlleva un aumento de reservas. El pago de impuestos las reduce. El Estado crea dinero de la nada, y lo usamos para pagar impuestos, devolviéndoselo al Estado.

… centrémonos por un momento en Japón. No tiene crisis de deuda. Su nivel de endeudamiento se acerca al 250% del PIB. Durante veinticinco años, ha rondado unos intereses del 0% y ha sufrido deflación, con los déficits presupuestarios más grandes del mundo. No hay crisis de deuda.

P: ¿Existen las crisis de deuda soberana? ¿Son posibles?

¿En Japón? No. ¿En EEUU? No. ¿Reino Unido? ¿Turquía? Tampoco. ¿Qué tienen en común? Todos ellos emiten su propia moneda.

… Esas economías –Grecia, Italia, España— no se recuperarán nunca.

… Las soluciones técnicas son muy fáciles. Una consiste en aumentar el presupuesto del Parlamento Europeo, que es de menos del 1% del PIB. En EEUU, la unión monetaria está bien hecha. El banco central –la Reserva Federal— se encarga de la política monetaria, y el Departamento del Tesoro de la fiscal. En la Unión Europea creyeron que se podría tener un banco central único, pero que cada Estado tuviera su política fiscal. Eso no puede funcionar. Pero sí existe un Parlamento Europeo. Si su presupuesto fuera más razonable, lo suficientemente grande como para estabilizar la demanda agregada en toda la economía, y distribuir más demanda a las economías que pierden empleo por sus déficits comerciales, podría haber una salida. ¿Cómo de grande tendría que ser? Diría que en torno a un 10%, la mitad del presupuesto de los EEUU, sería suficiente. Eso redistribuiría la demanda. Todo el mundo, incluso Alemania, tendría más demanda, pero se haría de manera progresiva, para que la periferia reciba relativamente más que el centro.

P: Ha dicho antes que los países que ceden su soberanía monetaria dejan de ser soberanos. Pero, ¿no está el resto de países subordinado a EEUU en materia monetaria, al ser el dólar la moneda de reserva mundial?

La medida en que se subordinan responde a decisiones políticas. Hay países que deciden tener un tipo de cambio fijo. Si quieres hacer eso, necesitas exportar, ¿y qué necesitas para exportar? Salarios bajos. Una demanda agregada baja. Mantener a tu población lo suficientemente pobre como para importar. Lo hacen voluntariamente. No tienen por qué hacerlo.

P: ¿Cuál es la alternativa?

Dejar que la cotización de la moneda fluctúe. Eso te da más margen de maniobra en política fiscal. Si decides vincular tu moneda al dólar, mantendrás un tipo de interés alto, perdiendo control sobre la política monetaria. Tu tipo de interés tiene que estar por encima del de los EEUU, para mantener una moneda fuerte. Si la dejas fluctuar, puedes mantener los tipos más bajos y depreciar la moneda. Con la política fiscal sucede lo mismo: no es necesario tener a gran parte de la población desempleada. Puedes perseguir una política de pleno empleo. La consecuencia puede ser que tu tipo de cambio sea más bajo. ¿Y qué problema acarrea eso? A tus élites les sale más caro viajar a Disneylandia. No hablo en broma: para las élites de los países en desarrollo es muy importante poder mandar a sus hijos a Harvard e ir de vacaciones a Estados Unidos. Prefieren tener al 50% de la población en paro para poder hacerlo.

P: Tendemos a pensar en los impuestos como una estrategia recaudatoria del Estado, para construir carreteras y colegios, o pagar a profesores y a agentes de policía. Usted dice que los impuestos no sirven para eso.

Los gobiernos regionales y locales sí necesitan el dinero de los impuestos para funcionar, pero para el Estado tienen dos funciones principales: Por un lado, generar demanda para su propia moneda: si sé que tengo que pagar impuestos en billetes de la Virginia colonial, exigiré que se me pague en esos billetes. Por otro lado, los impuestos retiran dinero de la economía, poniendo coto a la inflación.

P: También dice que los impuestos no deben entenderse como una herramienta para disminuir la desigualdad. ¿Por qué?

No se les quita a los ricos para dárselo a los pobres. Eso lo hacía Robin Hood, pero los Estados no pueden hacerlo con su propia moneda. Cuando impones un impuesto, reduces la cantidad de moneda que hay en circulación. Antiguamente, los gobiernos coloniales quemaban los billetes que recibían como pago de impuestos. Hoy en día, si entregas al banco dinero en mal estado, la Reserva Federal lo hace trizas. Si haces una visita guiada a la Fed, te dan como souvenir una bolsita llena de jirones de billetes. La idea de que hacerles pagar impuestos a los ricos te da dinero para pagar a los pobres es errónea. Podemos pagar a los pobres sin cobrarles impuestos a los ricos. ¿Por qué cobrarles impuestos? Porque son demasiado ricos. Lo hacemos para reducir su riqueza. No debemos ligar ambas cosas, porque si por motivos políticos no podemos recaudar de los ricos, eso nos llevaría a no gastar en ayudas para los pobres. Son actos separados: podemos ayudar a los pobres y cobrarles impuestos a los ricos.

Somos idiotas, no escarmentamos, de David Bollero

Aclarando dudas y confusiones sobre el Impuesto de Sucesiones, de Eduardo Garzón Espinosa

Recientemente ha cobrado especial trascendencia en el debate público las virtudes y vilezas del Impuesto de Sucesiones. Esto sería una excelente noticia si formara parte de una discusión rigurosa participada por personas adecuadamente informadas y formadas, sin ningún tipo de interés económico o político velado y cuyo objetivo fuese extraer conclusiones para mejorar el impuesto y lograr así mayores cotas de justicia fiscal y social.

… Hemos de empezar recordando que este impuesto fue ideado por los liberales clásicos del siglo XVIII para combatir la enorme injusticia que suponía que la nobleza perpetuase su poder y patrimonio a través de la herencia y no a través del esfuerzo y del trabajo. Con la creación del impuesto se perseguía reducir las asimetrías de riqueza que se daban por el mero hecho de nacer, para fomentar así la igualdad de oportunidades: el nivel económico de cada persona debía aproximarse lo más posible a sus méritos propios y distanciarse lo máximo posible del mérito de personas ajenas, por mucho que compartiesen la misma sangre.

… Con la intención de que el impuesto sea lo más justo posible la regulación exime de su tributación a quienes heredan patrimonios no elevados, que conforman la mayoría de la población.

… el citado impuesto está bien pensado pues su objetivo es limitar la concentración de riqueza por motivos de linaje, favorecer la igualdad de oportunidades y premiar el esfuerzo y el mérito.

No obstante, también se pone de manifiesto que la materialización concreta del impuesto en nuestro país genera discriminaciones importantes entre unas regiones y otras y también que puede provocar situaciones injustas que no recoge ni resuelve el rígido diseño de la figura tributaria. Ahora bien, estas limitaciones e imperfecciones deberían animarnos a perseguir el perfeccionamiento del impuesto (empezando por la homogeneización a nivel estatal) y no su eliminación, pues lo único que estaríamos logrando con esta última actuación sería fomentar la muy asimétrica concentración de la riqueza que sufre nuestro país (según el sindicato de técnicos de Hacienda, la supresión del impuesto beneficiaría sobre todo al 0,7% de los contribuyentes más ricos) y una importante merma de los recursos fiscales que se utilizan para financiar servicios públicos básicos como la educación y la sanidad.


Tonterías selectas

22/03/2017

Contra Uber, de José García Domínguez

Rutger Bregman: “La renta básica universal puede fijarse mañana mismo”

Entrevista a Rutger Bregman

… hemos probado las utopías desde el fascismo hasta el comunismo, el capitalismo ha sido declarado vencedor y todo por lo que tenemos que preocuparnos es por el consumo, el siguiente iPhone y tal vez el medio ambiente; eso es todo. Pero con la crisis de 2008 descubrimos que la historia no había terminado y algunos -seguro que John Gray entre ellos- dijeron que también teníamos que deshacernos de esa última utopía: el neoliberalismo.

… Si todos en España supiesen que la renta básica es una buena idea, los políticos empezarían a apostar por ella.

P. Podemos es el único partido español que realmente ha puesto encima de la mesa la propuesta de la renta básica, aunque durase poco en su programa. ¿Se ha puesto en contacto con ellos?

R. Me temo que no, aunque seguro que les hubiese venido bien. La gente me pregunta cómo financiar la renta básica y mi respuesta siempre es: ¿cómo podemos permitirnos no hacerlo? La pobreza es increíblemente cara, un desperdicio de potencial humano. La izquierda y Podemos se aturullan y solo responden con más impuestos. No son consicentes de que la renta básica no es una medida política más, sino un replanteamiento completo del trabajo con el que se averigua quiénes son los verdaderos creadores de riqueza. Así que, sí, deberían llamarme.

P. Para vender una idea tan radical en política es necesario un relato. ¿Cómo deberían los partidos vender la renta básica a la opinión pública?

R. Tendrían que comenzar con una visión completamente diferente de la naturaleza humana. Los medios de comunicación tan solo se fijan en las excepciones: corrupción, crisis, terrorismo y violencia. Pero el hecho es que la mayoría de la gente es buena. Si les preguntas qué harían con su renta básica, responderán que usarían el dinero con cabeza para cumplir sus sueños y ambiciones. Pero, en cambio, si les preguntas qué harían otros, lo más probable es que digan que lo desperdiciarían en drogas, alcohol o Netflix. Lo más radical que puedes hacer ahora es asumir lo bueno en los demás. Si empezamos a hacer esto en nuestras democracias, sistemas de seguridad social y lugares de trabajo, entonces tendremos una verdadera revolución.

… Se tiene que empezar a hablar de erradicar la pobreza como una inversión que se paga por sí misma. Es el mejor plan de negocios que existe: cada euro que se invierte en una persona sin hogar se recupera por tres veces, ya que hay menos delitos, menor gasto sanitario… Las políticas progresistas son win-win (si a mi vecino le va mejor, a mí también). En cambio, la derecha populista lo presenta como suma cero: si tú coges algo, ya no quedará nada para mí. Por último, también ayudaría presentar la renta básica bajo el lenguaje patriótico, es decir, estar orgulloso de los logros de tu país. La izquierda no entiende la necesidad de abrazar una forma de nacionalismo tolerante y progresista. Di con orgullo: somos del país que más refugiados acoge. El ejemplo es Angela Merkel.

… El enemigo son todos aquellos que ganan mucho pero que no aportan nada de valor a la sociedad. Lo fascinante es que ahora somos más ricos que nunca y, en cambio, cada vez hay más trabajos sin sentido. A medida que avanza la automatización, una y otra vez subestimamos la extraordinaria capacidad del capitalismo para producir empleos inútiles. Y además, suelen ser los mejor remunerados.

… La renta básica… se trata sobre todo de ampliar la libertad individual. La gente tendrá por primera vez en la historia libertad real para decidir por sí misma lo que quiere hacer con sus vidas.

… Hay tan solo un Estado en todo el mundo que tiene renta básica. Alaska da 2.000 dólares a cada persona por año. Si a un político le da por cambiar esto, su carrera habrá acabado. Una vez se introduce la renta básica, es muy difícil deshacerse de ella. La gente ama la libertad. En este sentido, la renta básica otorgará a los profesores, médicos y basureros un mayor poder de negociación. Así que por primera vez en la historia todos tendrán la oportunidad de decir ‘no’ a un trabajo que no quieran hacer.

Los trabajadores dirían: “Me encantaría seguir haciendo mis labores, pero tendrás que pagarme más”. En cambio, aquellos con un empleo inútil (un 37% de los británicos piensa que su trabajo no tendría por qué existir) no tendrán tanto poder de negociación. Me refiero a aquellos sentados en oficinas de nueve a cinco, los que se envían e-mails entre ellos, escriben informes para sí mismos, surfean en Facebook y ganan un buen salario por ello. La renta básica no solo supone una redistribución del dinero, sino también de poder y estatus. Si los basureros o los médicos se pusiesen en huelga, tendríamos un problema. Si lo hacen los banqueros, ni siquiera nos daríamos cuenta. Tan solo los trabajos realmente útiles sobrevivirían.

La educación sería completamente diferente. Si bien ahora está destinada a que los alumnos tengan trabajo y ganen dinero, con la renta básica los niños se atreverían a estudiar artes, humanidades o música. A menudo surgen esas historias de un banquero o un abogado que decide dejar su trabajo para cumplir su sueño. Siempre los presentan como héroes. Yo propongo una sociedad en la que cada uno haga lo que realmente quiera hacer, como ese banquero atrevido.

Sobre Rutger Bregman y “Utopía para realistas”

… tiene la fórmula para acabar con la desigualdad: renta básica universal de unos 14.000 euros, semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras.

Dice del “socialismo perdedor” que olvida que el verdadero problema no es la deuda pública, sino el endeudamiento excesivo de hogares y empresas. “Olvida que combatir la pobreza es una inversión que produce abundantes réditos”. Y, al tiempo, olvida también que los banqueros y abogados “hacen un trabajo superfluo en prejuicio de los basureros y enfermeros”.

“El principal problema del socialismo es que es aburrido, más aburrido que ver crecer la hierba. No tiene nada que contar, ni siquiera un lenguaje con el que hacerlo”.

… cuanto más rica sea nuestra sociedad, menos eficaz será el mercado laboral en la distribución de la riqueza. Para ello, la Política debe ser más radical y proclamar ideas tan impactantes y subversivas que cualquier cosa menos transgresora parezca sensata: “Para hacer razonable lo radical, sólo hay que desplazar los límites de lo radical”.

Milton Friedman y Friedrich Hayek acariciaron el sueño de una renta básica universal. “Y no simplemente durante unos años, o sólo en los países desarrollados, o sólo para los pobres”, sólo dinero gratis para todos. “No como un favor, sino como un derecho”.

“En los EEUU 500 billones de dólares. Costaría 175 millones de dólares erradicar la pobreza. Por eso veo la renta básica como una inversión”, asegura. “Primero lo pagarían los impuestos, y los ricos en mayor medida que los pobres. A largo plazo, los ricos se beneficiarían”, añade.

Sobre los vientres de alquiler (o, en neolengua, gestación subrogada), de Barbijaputa

No es difícil caer en las trampas del liberalismo, y más fácil aún es caer en su frase estrella: “Que cada uno haga lo que quiera”. Parece una expresión lógica, libre, legítima. Sin embargo, el mensaje que lleva implícito es el de: “Que los privilegiados hagan lo que quieran aprovechándose de que la gran parte del mundo no tiene opciones para elegir”.

Lo vemos aplicado a la práctica en multitud de formas. Por ejemplo, en forma de un capitalismo salvaje, donde el “libre mercado” es usado por los primermundistas para exigir precios irrisorios a los productos que encargan al tercer mundo, con el resultado de una mano de obra más que barata y miles de sweat-shops con cientos de personas trabajando hacinadas en ellos. Este ejemplo creo que representa la frase “que cada uno haga lo que quiera” de manera bastante gráfica. Una frase que como resultado tiene a empresarios haciéndose de oro vendiéndonos productos extrañamente baratos, sin que veamos cómo se han hecho y han viajado hasta nuestras manos, o lo que es lo mismo, nos ponemos la camiseta sin saber de cuántas formas han sido explotando las tres cuartas partes restante del planeta.

Obviamente, el que hace en estos casos “lo que quiere” es el que puede elegir, el que tiene los privilegios y el poder. El explotado ha sufrido que la libertad del primero, ya que él sólo ha tenido una opción: bajar los precios hasta donde el privilegiado ha querido, bajo la amenaza de verse sin trabajo si se niega, y ver cómo acaban contratando a otro tercermundista que acepte sus condiciones inhumanas.

En un mundo desigual como el nuestro, la frase “que cada uno haga lo que quiera” que tanto defienden los liberales es más bien un “déjame que yo exprima libremente a los que no pueden elegir como yo”. En un hipotético mundo igualitario, esta frase no tendría pega alguna, ya que partiríamos de la base de que todos podemos elegir entre el mismo número de opciones. Los liberales obvian la evidencia de la desigualdad por un interés puramente egoísta, aunque esa corriente de pensamiento sólo haga perpetuar la desigualdad vigente.

Y no hace falta irnos tan lejos, en el primer mundo, las personas que vivimos bajo el capitalismo (incluido, evidentemente, España) lo hemos sufrido de muchas otras maneras: la propia CEOE pide esta misma libertad para los grandes empresarios, que les dejemos hacer y deshacer nuestras condiciones laborales, que expongamos nuestros derechos adquiridos con tantos esfuerzo por generaciones pasadas, y que si no estamos interesados en sus condiciones, vayamos a otro sitio a buscarnos la vida. El “que cada uno haga lo que quiera” también va por nosotros: si no te gusta que te exploten, busca otro trabajo. Al final, lo que obtenemos de esto es un gobierno de derechas (elegido por el propio pueblo) que cede ante la CEOE –y su liberalismo–, y copia al dictado de la patronal las reformas laborales que sufrimos los que no somos privilegiados de clase ni poseemos medios de producción, es decir, los curritos.

Pues bien, este mensaje de aparente libertad vuelve a estar impreso en el discurso de quienes defienden los vientres de alquiler. Incluso le han puesto un nombre menos hostil y agresivo: “gestación subrogada”, porque aunque se empeñen en decir que la forma de hablar es inocua cuando el feminismo pide incorporar el lenguaje inclusivo, lo cierto es que son muy conscientes del poder del lenguaje. Si ahora lo llamamos “gestación subrogada”, parece un procedimiento mucho más legítimo y digno que los “vientres de alquiler”. Pero no, por mucho que lo maquillen siguen siendo vientres de mujeres, mayoritariamente pobres, que alquilan señores ricos.

Con este debate pasa muy a menudo lo que pasa con la prostitución: los liberales intentan vender que las mujeres que ejercen esta actividad la eligen libremente, y para ello sacan a colación casos de prostitutas que ganan más de 3.000 euros al mes. Invisibilizan así la realidad de la mayoría de prostitutas: mujeres pobres sin otra alternativa vital, que sufren violencia y, en su mayoría, –y siempre gracias a las leyes migratorias– no disponen de documentación legal en el país donde trabajan, por lo que ni denuncian las agresiones y abusos sufridos, siendo imposible saber ni cuántas son las que ejercen en cada país, ni cuál es la violencia exacta que reciben. Las prostitutas ni siquiera cuentan como víctimas de violencia de género, ya que el cliente que las agrede o las mata no es su pareja sentimental…

Con los vientres de alquiler tienen exactamente el mismo discurso para defenderlo. Tuvimos la oportunidad de verlo este sábado en TeleCinco, donde Kiko Hernández, padre ahora de dos mellizas gestadas por una mujer en EEUU, repitió varias veces que la madre de sus hijas tenía una vida de ensueño, y que si lo hizo, es porque quería ayudar. Ayudar a un hombre rico en el otro pico del mundo al que no había visto nunca, claro. Sólo alguien que te quiere arriesga tanto para ayudarte (él mismo dijo que la mujer casi muere en el parto). Por lo que la única forma legítima de que otra persona geste un bebé por ti debería ir unido al amor que te profese, y no a tu cuenta corriente. Ésta, en mi opinión, es la única forma legítima de gestar un bebé para otra persona que debería debatirse.

Otros hombres famosos y ricos, como Cristiano Ronaldo, Jaime Cantizano y Ricky Martin, han posado en medios con sus hijos gestados en vientres de alquiler, práctica ilegal en España, sin ningún tipo de análisis por parte de quienes publicaban dicho contenido.

Al igual que no está permitida la venta de órganos, y nadie parecer cuestionarlo, no es lícito ni ético alquilar un cuerpo durante nueve meses, con todo lo que conlleva además a nivel psicológico para la mujer. Sin embargo, el sistema patriarcal hace que veamos como preferente el deseo de unos señores privilegiados a esta nueva forma de explotación del cuerpo de las mujeres. De las mujeres más pobres, por supuesto.

No existen mujeres ricas o famosas que gesten para hombres de clase trabajadora, no existen personas pobres que puedan permitirse un vientre de alquiler, por lo que es visiblemente explotación de los privilegiados sobre las oprimidas.

Ser padre o madre no es un derecho. Puedes serlo o no, pero en ningún caso te ampara como ciudadano o ciudadana un derecho elemental para tener descendencia. Aun así, la opción de la adopción es viable, pero no termina de convencer a muchos de los que alquilan vientres. Los bebés no van a parecerse a ellos, no van a tener sus características físicas, por lo que ellos no van a poder eternizarse ni perpetuarse: no interesa. Si siempre hay oportunidad de adoptar (y ya pueden hacerlo desde parejas gays a familias monoparentales), es porque los niños ya nacidos sí tienen el derecho a una familia, pero por ellos, por los niños, no porque los adultos tengamos el derecho a ser padres…

Ese tipo de paternidad donde los hijos o hijas deben llevar los genes de uno o el tema ya no interesa es cuanto menos preocupante. ¿Tan grande es el deseo de estas personas por ser padres y madres cuando necesitan que las criaturas se parezcan a ellos? Parece que la opción elegida por estas personas es aquella donde una mujer que necesita dinero pone su vida y su salud en riesgo mientras el que recibirá a los bebés por encargo se limita a soltar la pasta y esperar. Gran sacrificio…

“Que cada uno haga lo que quiera” nunca debería ser la base de ningún planteamiento que afecte a personas con diferentes situaciones vitales, porque ni las mujeres tienen las mismas opciones que los hombres ni, dentro de las propias mujeres, las más pobres pueden soñar siquiera con las opciones de las más ricas.


Tonterías selectas

21/03/2017

Te hace falta ya una huelga, una huelga…, de Isaac Rosa

Vas a vivir peor que tus padres (¿ya lo sabes?), de Juan Carlos Monedero

¿Liberales o de derechas?, de Pablo Pardo

Uno siempre queda mejor diciendo que echa de menos a John Stuart Mill que a Serrano Suñer. Acaso ésa sea la razón del silencio ostentóreo de muchos liberales patrios y extranjeros ante la guerra al comercio lanzada por Donald Trump. Acaso sea que los que se autoproclaman liberales no son, en realidad, más que de derechas de toda la vida. Y que, como les han dicho que Trump es de derechas, están de su lado.

El silencio es increíble porque la política de Trump, plasmada en el rechazo de EEUU a defender el libre comercio en el G-20, el sábado, implica rechazar el orden mundial liberal vigente en gran parte del mundo desde la Segunda Guerra Mundial…

Lo más lamentable es el espectáculo que están dando los liberales ante esta guerra al comercio. Igual que los progresistas miraban hacia otro lado en los ochenta cuando en plena histeria anti-Reagan se le recordaba que la Unión Soviética era una dictadura y que ocupaba un país, Afganistán, ahora nuestros liberales de vía estrecha callan frente a Trump. Si lo que está haciendo este presidente con la economía mundial lo hiciera un demócrata o, en Europa, un socialdemócrata, estarían poniendo el grito en el cielo. Y con razón. Esta vez no. Lo cual vuelve a plantear la pregunta: ¿Liberales o de derechas?

De la estabilidad al caos, una delgada línea, de Juan Laborda

Vientres de alquiler y aborto, de Beatriz Gimeno

Al comienzo de este debate los argumentos eran puramente intuitivos, porque el asunto llegó como un huracán prácticamente patrocinado por las empresas y sin apenas información/argumentación de la otra parte; pero según se va desarrollando del debate vamos comprendiendo de qué estamos hablando exactamente. Más allá de lo que finalmente decidamos hacer como sociedad es imperativo darnos más tiempo para tener un debate sosegado. Estamos hablando de una cuestión con importantes implicaciones éticas (esto no lo niega nadie excepto, quizá, las empresas), y para la igualdad entre hombres y mujeres… Son las empresas implicadas las que exigen una toma de postura rápida, tomada sin la necesaria reflexión. El problema es que el negocio multimillonario alrededor de este comercio está metiendo prisa porque cada vez son más los países que ponen algún tipo de traba a la cuestión; además, cuanto más se debate, y más seriamente, más posibilidades hay de ir, si no prohibiendo, si dificultando o problematizando, al menos, esta práctica. De ahí las prisas.

… el derecho al aborto, como los derechos fundamentales, no se pueden parcelar, cualquier limitación o aspiración de limitación a un grupo de personas afecta al núcleo del derecho en sí. Regular esta práctica sin tener en cuenta su vinculación con el derecho al aborto, puede significar dejar entrar un caballo de Troya en este derecho tan fundamental para las mujeres de todo el mundo y, por otra parte, tan cuestionado y sometido a presión por los enemigos del feminismo y la igualdad.

… En esta lucha por el derecho al aborto, plenamente vigente en todo el mundo, el lenguaje utilizado es fundamental, así como la consideración de la gestante como dueña de su embarazo o mera portadora. ¿Por qué no pueden abortar las gestantes, según los defensores de esta práctica? “Porque para abortar un hijo que no es suyo hace falta una buena razón y no por capricho. Un embarazo es un asunto muy serio. Las mujeres no somos veletas”. (Palabras textuales) Estas tres frases suponen admitir, para empezar, que un embrión es “un hijo”, una vida que merece la misma consideración que la vida de la gestante, tal como defienden los ultraconservadores. Una vez admitido en una ley que dicho embrión es un hijo, una vida completamente independiente del útero en el que crece, entonces…¿qué importa de quien sea? Una vez admitido que la gestante no tiene pleno derecho sobre su cuerpo y que es la única dueña de su propia gestación, ¿qué más da que sea medio dueña o nada de dueña? El caso es que si dejamos que una voluntad ajena a la mujer gestante pueda reclamar, por una cuestión genética o por una cuestión económica, la continuación del embarazo por encima de la voluntad de la gestante, entonces, el derecho al aborto está en peligro, al menos para las mujeres que no sean ricas. En segundo lugar, una vez que admitimos que para abortar hace falta “una buena razón” entonces la voluntad de la gestante ya no es suficiente, ¿qué más da que sea un contrato mercantil o que haya que justificarse ante una autoridad religiosa o política?  En tercer lugar, si se asume que quien ha puesto material genético en el embarazo puede exigir ante un tribunal que se le indemnice por daños y perjuicios, esto obviamente es aplicable a cualquier padre genético y deja a las mujeres a merced de estos respecto a su voluntad de autorizar o no el aborto o, como poco, de dificultárselo, de judicializar el tema y ya sabemos lo que esto significa para las mujeres; lo hemos visto con la custodia compartida impuesta, que no es lo mismo pero que nos aproxima a la cuestión. Por último, si se asume que para abortar hay que pagar, es obvio que eso funciona como una prohibición de facto o, si se prefiere, un privilegio; una prohibición muy real para quien, precisamente, se ha sometido a una gestación por motivos económicos, y para esto no hace falta ser extremadamente pobre. Muchas de las mujeres norteamericanas de clase media que se someten a esta práctica para pagar, por ejemplo, la universidad de sus hijos, no podría devolver el dinero invertido en el tratamiento de fertilidad más los supuestos “daños y prejuicios” que pueden ser tan altos como dictamine un tribunal.

… No apresuremos un debate fundamental para las mujeres porque eso es lo que quieren las empresas beneficiarias, que nos demos tanta prisa que no nos dé tiempo ni a pensar.


Tonterías selectas

18/03/2017

Desigualdad y predistribución, de Pau Marí-Klose, profesor de Sociología de la Universidad de Zaragoza

¡No hay ‘trilema’!, de Vicente Palacio, politólogo y director del Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas

Ni un paso atrás en los puertos, de Juan Carlos Escudier

¿Qué es socialismo?, de Vicenç Navarro

Cuerpos de mujeres y derechos humanos: ¿qué debate?, de María Pazos Morán, investigadora del Instituto de Estudios Fiscales

En este debate, la referencia principal parece ser el deseo, convertido en un supuesto derecho, de alquilar cuerpos de mujeres  como vasijas para gestar óvulos y/o espermatozoides; y la ausencia principal es el deseo y los derechos de las mujeres objeto de esa operación.

… Junto a la afirmación ” ¡son nuestros hijos!”, nombre que hábilmente han elegido como nombre de su asociación, aparecen idílicas imágenes de niños. Esconden así el problema de cómo los han adquirido. Si comprar niños no es legítimo, ni por tanto legal. ¿Por qué debería serlo comprarlos en un mercado de futuros?

Esta podría parecer una cuestión nueva, de ahí la impresión de que “hay que abrir el debate”, pero se trata ni más ni menos que del viejo debate sobre la mercantilización del cuerpo. Es sabido que algunas personas con dinero intentan conseguir el uso o la apropiación del cuerpo de otras personas, parcial o totalmente. Por ello, los Estados de Derecho protegen a las posibles víctimas de abusos por encima de los argumentos de la parte interesada y por encima de sus propias declaraciones de voluntariedad o altruismo.

… Algo falla si la Ley actual no alcanza a prevenir esta práctica fraudulenta. ¿Por qué, entonces, no se penaliza al comprador? Y, si la Ley establece que la madre es la mujer gestante, ¿cuál es el argumento para reconocer como progenitores exclusivos a otras personas? ¿No debería negarse esa posibilidad a futuro, con la debida moratoria? Así se impediría, o reduciría al mínimo, este negocio de compra, tráfico y explotación de personas. Sin embargo, en lugar de avanzar en ese sentido, lo que se está intentando es “abrir el debate” para eliminar las escasas protecciones que hoy existen.

Evidentemente que debatir es saludable pero la cuestión es: ¿por qué abrir este debate y no otros igualmente relacionados con la mercantilización del cuerpo? Y, sobre todo, ¿por qué abrirlo sin poner los límites ya establecidos en nuestro ordenamiento jurídico? Aunque se cometen abusos por doquier, no hay duda de que los derechos humanos son la línea roja que ninguna actividad debe traspasar. El problema es que estos criterios, que parecen estar claros en otros casos, no se aplican a los abusos contra los cuerpos de las mujeres.

Es muy curioso que, en países como el nuestro, la falta de rechazo a la mercantilización del cuerpo de las mujeres abarque todo el arco ideológico, afectando incluso a personas que en cuanto a otros fenómenos sí se declaran anti-neoliberales o anti-mercantilización de la vida. Los ingenuos argumentos en torno al alquiler de vientres o a la prostitución, que ignoran todas las evidencias empíricas y todos los principios, tienen su raíz en la insensibilidad colectiva hacia el sufrimiento y hacia los derechos humanos de las mujeres, mayor cuanto más patriarcal es la sociedad.

No es sorprendente que sean los países escandinavos, como  Noruega o Suecia, los abanderados contra  el alquiler de vientres y contra la compra de servicios sexuales. Debatamos, pues, pero sin perder el norte.


Tonterías selectas

16/03/2017

Si no eres feminista, eres machista, de Javier Gallego

Una España mejor y posible, de José Carlos Díez

Enfangando derechos inalienables, de Juan Laborda

Lo extraño de los estibadores, de Juan M. Asins

Protección para la «protección», de Juan Carlos Corvera, presidente de la Fundación Servanta

… la incidencia de la transexualidad en la mayoría de los países donde se ha medido oscila entre el 0,14 y el 0,26 por cada 100.00 habitantes, según los datos que esos mismos colectivos utilizan en sus documentos. De manera que, siguiendo sus propias estadísticas, haría falta reunir a medio millón de personas para encontrar un transexual.

Es mucho más grande, sin embargo, la proporción de niños que sufren en la preadolescencia lo que antes se denominaba trastorno de identidad sexual y que ahora en políticamente correcto se llama «disforia de género». Según la «American Psychiatric Association» en su «Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders», cuando un ser humano genéticamente normal, siente que su género no corresponde con su sexo no tiene un origen biológico sino psicológico.

… Por otro lado, no es necesario recurrir a estadísticas para saber que, en las edades de la pre adolescencia y la adolescencia, es habitual que se pueda llegar a tener cierta confusión sobre la propia identidad sexual.

Sin embargo, según el citado estudio, el 98 por ciento de los niños que sufren disforia de género y el 88 por ciento de las niñas, acaban aceptando sin ningún tipo de problema el género que corresponde con su sexo.

Entonces, si para encontrar un niño transexual hace falta reunir a medio millón de niños, perdón por utilizar el neutro… ¿es razonable reunir una clase de 25 ó 30 niños para hablarles de la transexualidad, en muchos casos sin permiso expreso de sus padres?, ¿es conveniente traer «transexuales expertos» a las aulas de primaria y secundaria para hablarles de su experiencia precisamente en esas edades de definición?, ¿es sensato generar de manera artificial un sufrimiento del todo innecesario en muchos de esos niños y sus familias?

De obrar así, ¿no estaremos creando un problema mucho mayor que el que pretendemos abordar?, ¿por qué cuando se legisla para proteger a las minorías, se hace en contra del resto de la sociedad?, ¿no hay detrás un proyecto de ingeniería social?

Todos los niños tienen derechos, todos. Protejamos también el normal desarrollo de la sexualidad de esa inmensa mayoría de niños que nunca tendrán un problema de identidad sexual si se les deja en paz.