Tonterías selectas de Ernesto H. Vidal (@Shine_McShine): Las pezuñas del Centauro

28/06/2020

Tonterías selectas de Ernesto H. Vidal (@Shine_McShine): Las pezuñas del Centauro

el racismo sistémico del país está profundamente embebido en los cimientos del sistema… una sociedad desigual y amordazada, una sociedad que ha criminalizado al pobre, aterrado a la clase media y colmado de riquezas e impunidad al rico. Una sociedad en la que el proyecto neoliberal se ha erigido triunfante.

Desde mediados de los 70 Estados Unidos se ha convertido en el perfecto laboratorio de pruebas del neoliberalismo. En nombre del sacrosanto “Libre Mercado”, las políticas tanto económicas como sociales emprendidas ya desde antes de que Reagan ganara las elecciones han transformado el país por completo, convirtiéndolo en lo que es hoy.

Es indiscutible que el modelo neoliberal de sociedad americana se ha cebado especialmente con los más pobres.

el neoliberalismo ha promovido activamente el auge del “Estado prisión”.

desde mediados de los 70, el crecimiento de esta riqueza se estancó, forzando a las familias a recurrir al crédito para poder pagar sus gastos. La desregulación del sector financiero, que permitió a los bancos fusionarse entre ellos, operar en cualquier estado sin restricciones y crear nuevos productos financieros posibilitó un flujo de crédito barato sin precedentes que se tradujo en una espiral de deuda por parte de las familias de clase media.

Esta situación de endeudamiento insostenible coloca a la clase media en una precariedad en la que la situación de desempleo supone no poder hacer frente a las deudas contraídas, con los consiguientes desahucios y congelación del crédito. Supone descender a esa clase baja marginalizada y criminalizada que la clase media americana ha aprendido gracias a los medios a temer y odiar.

Los más ricos, que se han beneficiado de desregulaciones económicas y rebajas de impuestos sucesivas, han operado con total impunidad ante la falta de supervisión intencionada del gobierno americano. Así, aquellos que arruinaron el país en la crisis de 2007, arrastrando con ellos al grueso de la economía mundial, lejos de ser castigados, han seguido gozando de tratamiento preferencial, y los mismos criminales que sumieron a millones de ciudadanos en la miseria se sientan hoy a cenar con el presidente en lujosos restaurantes.

De esta forma, el neoliberalismo ha estratificado la sociedad americana en tres capas: una clase alta que ha acaparado la mayor parte de la riqueza creada, que goza de tratamiento preferente por parte del gobierno en forma de desregulaciones y recortes de impuestos y a la que se le permite operar con total impunidad; una clase media rehén de una espiral descontrolada de endeudamiento que amordaza sus perspectivas de crecimiento; y una clase baja despojada de una red de protección, marginalizada y criminalizada, que puebla las cárceles y guetos del país y que sirve de chivo expiatorio para los miedos y paranoias del gran público. Una clase baja donde las minorías, especialmente negros y latinos, están sobrerepresentadas y son las víctimas habituales del “duro brazo de la ley” que el Leviatán neoliberal ha creado para proteger los intereses de las clases altas.


Tonterías selectas de David Pastor Vico

07/05/2020

Tonterías selectas de David Pastor Vico, filósofo: “El individualismo nos había llevado a olvidar al otro”

El hombre contemporáneo, el hombre moderno, no quería ver al otro como un igual. Hemos vivido en una espiral de individualismo…

Nos sorprende la solidaridad, la empatía y el reconocimiento del vecino: saber que hay un tejido social en el que se puede confiar

Mala filosofía o sociología sin datos: tal vez impresiones, intuiciones, críticas mal fundamentadas.

Los estoicos ya nos hablaban de esto y nos decían que, ante la naturaleza, no podemos hacer nada más que someternos y entender que, si no nos sometemos, vamos a ser profundamente infelices, vamos a pasarlo mal.

¿Así que no estamos haciendo nada más que someternos? ¿No hacemos nada contra la pandemia y seremos felices?

Poco podemos hacer contra él más que quedarnos encerrados en casa

¿Encerrarse en casa es lo único que se puede hacer y la única demostración de responsabilidad? ¿En Suecia están encerrados en casa? ¿Son irresponsables cuando no lo hacen?

Hemos redescubierto a nuestros vecinos también, esto es otro efecto positivo del confinamiento.

¿Todos los vecinos son agradables y se llevan bien, sin problemas de convivencia por el confinamiento?

hemos vivido durante muchos años de espaldas al otro, de espaldas al vecino, ni siquiera nos hablábamos en el ascensor cuando subíamos, adoptábamos una postura de indiferencia o de indolencia

¿Conoce a toda la gente y sus relaciones con sus vecinos o extrapola su propia experiencia? ¿No será que ahora quizás hay más relaciones con los vecinos, buenas o malas, al pasar más tiempo más cerca?

el tejido social que ha estado tan dañado durante mucho tiempo.

Los colectivistas siempre insisten en que el tejido social está dañado.

Nos hemos dado cuenta de que somos vulnerables, de que somos unos seres frágiles

¿Alguien creía ser invulnerable? ¿No enfermamos a menudo, y al final morimos todos?

Hemos visto estructuras, hemos visto iniciativas de la sociedad civil, que antes eran impensables, como gente que se ha dedicado a llamar a abuelos de la tercera edad que estaban solos en sus casas por el mero hecho de compartir tiempo con ellos. Esto hace dos meses habría sido impensable

¿Hace dos meses era impensable que hubiera solidaridad y ayuda mutua en una crisis? ¿En qué mundo cree que vive? ¿Es así su entorno, sus conocidos, o simplemente despreciaba a la sociedad en su conjunto?

También hemos abierto una ventana a la ecología. Nos hemos dado cuenta de que, en tan solo cincuenta días de confinamiento, muchas de esas cosas que parecían imposibles, como revertir el cambio climático, como revertir las emisiones de CO2 a la atmósfera, se han conseguido.

¿El coste humano y económico no importa?

Hemos descubierto las posibilidades de ser humanos, que no necesitamos demostrar que lo estamos haciendo, no tenemos que subir fotos a Instagram constantemente y simplemente tenemos que vivir.

¿Cursilerías pseudoprofundas?

el ser humano no vive solo.

¡Qué gran descubrimiento, el humano como animal social!

hemos descubierto que sí es posible una sociedad bien tejida, una sociedad que admita la disparidad de criterios y de pensamiento, que admita la pluralidad de formas de vida simplemente bajo la estructura básica de ser vecino, de poder convivir y de ser mejores personas.

¿La sociedad ya está bien tejida, no hay discusiones agrias, casi violentas, insultos y amenazas en redes sociales?

Sobre la educación, las evaluaciones y sus problemas: ¿ha medido o evaluado los beneficios y costes de esta situación o simplemente tiene impresiones?

¿Debemos buscar solo el lado positivo de las cosas o conviene también criticar lo negativo? ¿Los aprobados generales no importan, o no le importan a él?

Seguramente habrá muchísimas personas que estén deseando volver a la vida que tenían antes, en los mismos parámetros, pero creo que eso sería pobre.

¿El sabio filósofo va a decirles a los demás cómo deben vivir o solo va a opinar al respecto pero dejando que ellos tomen sus propias decisiones?

Recomienda a Edgar Morin: pensamiento sobre complejidad mal aplicado hacia el socialismo, ideología antisocial. Corríjase con Friedrich Hayek.

hemos tenido todos los habitantes del planeta un enemigo común y lo deseable habría sido estar absolutamente unidos.

Esto no es una guerra que requiera unir todos los recursos y cohesión social. Mejor separarse para no contagiar ni contagiarse, responsabilidad individual y asociaciones libres y voluntarias.

 


Tonterías selectas de Michael Sandel

03/05/2020

Tonterías selectas de Michael Sandel: ¿Estamos todos juntos en esto?

vamos a necesitar, además de pericia médica y económica, una renovación moral y política. Debemos hacernos una pregunta fundamental que llevamos mucho tiempo eludiendo: ¿qué obligaciones tenemos unos con otros como ciudadanos?

debemos debatir nuestra forma de lidiar con las desigualdades en general. Debemos premiar más las aportaciones sociales y económicas que hace la mayoría de los estadounidenses, sin ningún título universitario. Y debemos abordar los aspectos de la meritocracia que suponen una degradación moral.

incluso una meritocracia perfecta, en la que hubiera verdadera igualdad de oportunidades, debilitaría la solidaridad.

las meritocracias generan unas actitudes morales reprobables entre los que llegan a la cima. Cuando estamos convencidos de que hemos triunfado solo gracias a nuestro esfuerzo, es poco probable que nos sintamos en deuda con nuestros conciudadanos. El énfasis implacable en que hay que ascender y prosperar empuja a los triunfadores a emborracharse con su éxito y despreciar a quienes no tienen esas credenciales meritocráticas.

Esta actitud ha acompañado a la globalización mercantilista de los últimos 40 años. Los que han cosechado los frutos de la deslocalización, los acuerdos de libre comercio, las nuevas tecnologías y la desregulación financiera se han creído que lo habían logrado sin ayuda de nadie y que, por tanto, se merecían todo lo que habían ganado.

Muchos trabajadores considerados esenciales en esta crisis no necesitan poseer título universitario: camioneros, empleados de almacén, repartidores, policías, bomberos, operarios de servicios públicos, basureros, cajeros y reponedores de supermercado, auxiliares de enfermería, celadores, cuidadores a domicilio. Ellos no tienen el lujo de poder trabajar desde casa y reunirse a través de Zoom. Ellos son, junto con los médicos y enfermeros que atienden a los enfermos en los hospitales abarrotados, quienes están poniendo en peligro su salud para que los demás podamos resguardarnos del contagio. Además de agradecerles su labor, deberíamos transformar nuestra economía y nuestra sociedad para otorgarles una remuneración y un reconocimiento que reflejen el auténtico valor de sus aportaciones, no solo durante una emergencia, sino en el día a día.

debemos reflexionar, como demócratas, sobre qué actividades contribuyen al bien común y cómo hay que recompensarlas, sin dar por supuesto que los mercados lo van a resolver.

Por ejemplo, ¿deberíamos pensar en un subsidio federal que permita a los trabajadores tener unas familias, unos barrios y unas comunidades florecientes? ¿Deberíamos reforzar la dignidad del trabajo trasladando la carga impositiva de las rentas salariales a las transacciones financieras, el patrimonio y el carbono? ¿Deberíamos revisar nuestra política actual de tipos fiscales más elevados para las rentas del trabajo que para las del capital? ¿Deberíamos fomentar la fabricación nacional de ciertos productos —empezando por las mascarillas, el material médico y los medicamentos—, en lugar de trasladarla a países con salarios más bajos?

Confiemos en aprovechar los atisbos de solidaridad visibles ahora para reformular los términos del discurso público y encontrar el camino hacia un debate político con más solidez moral y sin el resentimiento que tiene el de ahora.

La renovación cívica y moral necesaria exige que nos resistamos a la incipiente polémica, angustiada pero equivocada, sobre cuántas vidas debemos arriesgar para revivir la economía, como si la economía fuera una tienda que, después de un largo fin de semana, vuelve a abrir como antes.

Más que el cuándo, importa el qué: ¿qué tipo de economía tendremos después de la crisis? ¿Seguirá siendo una economía generadora de desigualdades que envenenan nuestra política y erosionan todo sentimiento de unidad nacional? ¿O valorará la dignidad del trabajo, recompensará las aportaciones a la economía real, dará voz a los trabajadores y repartirá los riesgos de las enfermedades y los periodos difíciles?

Debemos preguntarnos si reabrir la economía significa volver a un sistema que nos ha dividido desde hace 40 años o dotarnos de un sistema que nos permita decir con convicción que estamos todos juntos en esto.


Tonterías selectas de Jorge Moruno

18/04/2020

Tonterías selectas de Jorge Moruno: Es la hora de lo impensable

el capitalismo seguirá.

El valor necesita seguir valorizándose, el dinero necesita seguir multiplicándose y el proceso subyacente del modo de producción e intercambio de mercancías sigue teniendo como finalidad crecer sin medida y sin término.

el trabajo seguirá siendo esa relación social que tiene por finalidad crear la riqueza como capital.

La potencia transformadora de la renta básica no se basa solo en reducir la pobreza mientras todo lo demás se mantiene igual. Su potencia reside en forjar un derecho de nuevo cuño que, junto con el resto de los derechos de existencia, aumente el margen de libertad individual y colectiva y haga avanzar hacia una época sustentada en lo que podemos llamar derechos incondicionales. Derechos de existencia desvinculados de la condición laboral a través de unos servicios públicos que incluyan el acceso a la vivienda y un ingreso monetario incondicional, con el objetivo de independizar a la vida de la necesidad de tener que someterse al escrutinio y la coacción del trabajo impuesto por necesidad.

El capitalismo eleva la productividad como ninguna otra forma social lo hizo antes. Sin embargo, dado que se rige por su propia ley inmanente, lo hace con una finalidad que no es la de mejorar la vida de la población sino la de incrementar su extorsión y extracción de plusvalor.

El fulcro de la libertad es, hoy al igual que ayer, el hambre social de emancipación y la voluntad de poder por mejorar.

El progreso humano no nace de la bondad ni del funcionamiento intrínseco del capitalismo, que solo le interesa la tecnología si le sirve para reducir el trabajo pagado, de ahí que en el siglo XIX insistiera en usar a mujeres para sirgar los canales en lugar de caballos porque salía más barato. La historia avanza cuando existe una posición de poder que permite decir ¡no! ahí donde la necesidad obliga a tener que decir sí, forzando así al capital a tener que abandonar “su zona de confort” e impulsar una transformación del tejido productivo. En la posibilidad de rechazar el trabajo impuesto es precisamente donde reside el instinto de libertad y la fuerza motriz que obliga al capital a tener que adaptarse y ofrecer una oferta acorde a una sociedad cuyas capacidades están muy por encima de las posibilidades actuales.

La propaganda liberal se pasa la vida reivindicado que el dinero está mejor en los bolsillos de los ciudadanos, pero es escuchar hablar de alquiler asequible y de renta básica y salen espantados echando mano de la pistola. Tampoco les gusta el dinero que se ahorra con la sanidad y la educación pública en lugar de pagar pólizas de seguros y escuelas privadas o concertadas. Las mismas voces que insisten en que “persigas tus sueños”, son las que se escandalizan cuando se habla del derecho a la existencia o del derecho al tiempo garantizado, porque, según ellos, de esa forma “nadie haría nada”.

podemos deducir que una sociedad que cuenta con derechos de existencia garantizados es una sociedad más inteligente y que aprovecha mejor su potencial. Establecer las condiciones que permiten ejercer la libertad a todas las personas, esto es, una libertad que está por encima de la libertad del dinero, no solo da pie, como recuerda Aristóteles, a que se agranden la justicia y la amistad, “pues es mucho lo que tienen en común los que son iguales”, además sienta las bases de un nuevo renacimiento intelectual y civilizatorio. Las mejores ideas no brotan de la exclusión privada, al contrario, se producen cooperando y afloran más cuantos más cerebros lo comparten y se enriquecen, pues las ideas, como decía Thomas Jefferson, “son como el aire que respiramos y no pueden ser, por naturaleza, sujetas a propiedad”.

Lo que se levante de este derrumbe que estamos viviendo pueden ser valores nuevos grabados en tablas nuevas, esto es, una nueva idea de ciudadanía y libertad basada en el Derecho a la existencia o, por el contrario, una sociedad hundida y segregada que endiosa como nunca a los más poderosos. Empezar, desde ahora mismo, un proyecto civilizatorio que frene el embiste de la muerte y al mismo tiempo sea capaz de abrir un horizonte y una voluntad que ambicione abandonar la riqueza propia de la modernidad capitalista: valor, dinero, trabajo, mercancía. Una riqueza fundada sobre el tiempo libre y sobre un tiempo propio, solo es pensable si primero nos atrevemos a imaginar lo que hoy parece impensable; solo es factible si nos atrevemos a ir más allá del bien y del mal, más allá del trabajo y el capital. Rescatar a la libertad del secuestro neoliberal; luchar para que lo que hoy parece imposible mañana se vuelva insuficiente.

¡Sanidad, renta, vivienda, derechos de existencia!


Tonterías selectas de Juan Torres López

18/04/2020

Tonterías selectas de Juan Torres López: La izquierda y las empresas

Defiende a las empresas ante la izquierda (bien), pero no evita diversas tonterías.

las empresas capitalistas son singulares y que en su seno se refleja el conflicto básico de nuestras sociedades, entre el capital y el trabajo. Al basarse la producción y distribución de lo que necesitamos en el trabajo asalariado, es decir, en la compra de tiempo de trabajo por los propietarios del capital, es inevitable que el valor total de todo lo que se produzca vaya a uno o a otro factor (el Estado puede apropiarse de una parte, pero acto seguido vuelve a repartirlo). Y de ahí el conflicto permanente para tratar de quedarse, cada uno, con la mayor parte de la tarta. Y la historia nos ha enseñado que si ese balance no se modula bien se producen desequilibrios y bloqueos que terminan minando tanto a las empresas en particular como a las economías en su conjunto.

existen muchas empresas que responden a objetivos y formas de actuar que no sólo no concuerdan con los del capitalismo dominante, sino que anticipan una economía diferente y mucho más satisfactoria desde todos los puntos de vista.

ese uno por ciento súper rico que se queda con todo

Se pueden presentar sólo propuestas como la elevación del salario mínimo, la creación de un ingreso mínimo vital o de gasto social en cualquiera de sus manifestaciones como medidas que benefician sólo a los trabajadores o a las personas más necesitadas o, por el contrario, también como beneficios que van a tener acto seguido las empresas en su conjunto puesto que prácticamente la totalidad del dinero que se gaste en todo eso se va a convertir casi inmediatamente en más ventas empresariales.

cada vez hay más propuestas imaginativas y rigurosas para tratar de corregir lo que de malo hay en los modelos empresariales del capitalismo de nuestro tiempo. Las propuestas de que Thomas Piketty realiza en su último libro Capital e ideología, o las nueva formas de comportamiento empresarial que viene promoviendo la Economía del bien común, inicialmente concebidas por Christian Felber y ya con un buen número de iniciativas y experiencias concretas, son una buena muestra de ello.


Tonterías selectas de Enrique Dans

15/04/2020

Tonterías selectas de Enrique Dans: El ‘reset’ como oportunidad

Entre enero y marzo de 2020, cada país se dedicó a ir repitiendo patéticamente los errores de los anteriormente afectados, sin aprender prácticamente nada, sin beneficiarse en absoluto de la experiencia existente.

el esquema de unidades territoriales administradas independientemente con arreglo a principios de soberanía nacional es algo que, en un mundo conectado, resulta completamente ineficiente y arcaico. ¿Qué habríamos podido hacer ante la pandemia con una administración única, eficiente y coordinada?

la infección proviene de haber explotado los ecosistemas hasta un límite absolutamente demencial.

Para enfrentarnos al futuro, debemos plantear, en primer lugar, el reto de la coordinación. Actuar como tribus independientes pudo ser interesante hace siglos. Pero hoy, en un mundo hiperconectado, lo interesante es actuar de manera coordinada.

a lo largo de los años, hemos demostrado que el mecanismo más eficiente para la innovación no es la competencia, sino la cooperación, el código abierto.

¿Por qué no plantearnos reconstruir nuestras economías con criterios de sostenibilidad?

Con buen criterio, Pedro Sánchez ha encargado pilotar esa transición a Teresa Ribera, la ministra para la Transición Ecológica

Si un mes de confinamiento nos ha demostrado hasta qué punto la contaminación dependía de los automóviles de combustion interna, ¿no es momento de adelantar su retirada, en lugar de, como piden algunos fabricantes irresponsables, otorgarles una moratoria para que puedan seguir contaminando?

Es el momento de que, parafraseando el mayo del 68 francés y por la cuenta que nos tiene, seamos realistas y pidamos lo imposible.


Tonterías selectas de Álex de la Iglesia

13/04/2020

Tonterías selectas de Álex de la Iglesia: Reflexiones tempestivas

Lo mejor del día, sin duda alguna, es aplaudir a las 20:00 mirando al vecino, que no sabemos quién es, pero le sonreímos, y aplaudimos con todas nuestras fuerzas. Sin embargo, a las 20:15, la cosa cambia y comienza el reino del capitán ‘A Posteriori’, el mundo del “ya te lo dije”, el planeta de “esto no se hace así”. Como en una producción de serie B, compartimos el mismo futuro que los neoyorquinos, franceses o italianos, el horror nos iguala, y, sin embargo, los cretinos hacen carreras para ver quién lo lleva mejor en las estadísticas, quién ha tardado más en tomar medidas, quién es el culpable de nuestra desgracia.

Cuando llega la noche no puedes criticar a nadie, salvo a ti mismo. Quizá sea un buen momento para aprender, y abandonar de una vez por todas el planeta Mongo, donde todo se hace mal, cuando se podía hacer mucho mejor…

El racionalismo del siglo XIX, el liberalismo pragmático, el bueno de Milton Friedman, en definitiva, el ‘capitalismo classic’ que ha regido los destinos del pensamiento occidental desde hace décadas, no funciona. Antes no se percibía con tanta claridad, porque los que escriben la historia se guardaban siempre un ‘deus ex machina’ para el tercer acto. Ahora no, ahora no se salva ni el apuntador, y advertimos con estupor cómo el sistema funciona si el viento sopla a favor, pero deja de hacerlo cuando surgen situaciones ‘imposibles’ como esta.

… Esta confianza en la bondad del futuro y la solidez de las instituciones es un regalo que nos ha dejado el neoliberalismo de los ochenta, que no leía a los hermanos Grimm. El endurecimiento de la conducta moral de cierta clase dirigente es comparable a la de Harry Lime, el personaje interpretado por Orson Welles en ‘El tercer hombre’. Desde la noria, algunos políticos ven pasar a las personas como si se tratasen de hormigas, y deciden con frialdad cuántos cientos de miles pueden aplastar con el dedo, para que la economía no se resienta.

… Nos vendieron que éramos héroes individuales, que cuanto mayor fuese nuestra libertad, mayores posibilidades teníamos de mejorar lo que se encontraba a nuestro alrededor.

… Apostar por el individuo parece probado que no es eficaz, que a Flash Gordon todo este asunto le queda grande. Por eso hay que repensar un sistema global que pueda hacer frente a lo que nos viene encima.

… Por favor, valorad lo que digo en la medida en que se lo merece: poco.

… Primero la vida, y luego todo lo demás. ¿Quién puede negar eso? Nadie con dos dedos de frente. La cultura nunca estará por delante de la supervivencia, pero tampoco detrás, porque sin la cultura no sabremos cómo sobrevivir. Sin la cultura no sabremos discernir qué es lo más urgente, no encontraremos la vacuna, no nos apoyaremos unos a otros en la adversidad, no saldremos a aplaudir al balcón. Sin cultura no aguantaríamos el confinamiento. Sin cultura no aguantaríamos la vida, que no deja de ser, en definitiva, un largo confinamiento.


Tonterías selectas de Eudald Carbonell

13/04/2020

Tonterías selectas de Eudald Carbonell

Un ejemplo reciente de colapso: la crisis económica de 2008.

… en los últimos años estamos viviendo procesos de colapso debido a nuestra incapacidad para sincronizar la conciencia como especie con el aumento exponencial de la tecnología.

… para algo tan endogámico del planeta como un virus no existe un protocolo universal consensuado. ¿Por qué? Porque no tenemos conciencia crítica de especie. Cada país, cada empresa, compite por desarrollar la tecnología para su propio beneficio. Si de esta revolución tecnológica que estamos viviendo se hubiera dedicado a la cuestión de los virus el 0,001 del PIB mundial, ya tendríamos la vacuna a punto cuando el Covid hubiera llegado.

… somos incapaces de coordinarnos entre países ni de tener una respuesta adecuada. Cuando las cosas se hacen mal, solo pueden ir a peor. Es una ley etnográfica. El coronavirus es el último aviso, tenemos que aprender la lección.

… es la primera vez que la humanidad entera se plantea desafiar a la selección natural. Todos los países, todas las estructuras de poder, amenazadas al mismo tiempo. Es algo único. La conciencia de especie hace que intentemos salvar todas las vidas posibles y lo hacemos gracias a la tecnología. Sin ella, el resultado del Covid-19 sería un diezmo de la población similar al de la gripe de 1918 o a la peste negra del siglo XIV. Ahora lo importante es salvar vidas, sin duda. Pero la tecnología sola no nos salvará si no empezamos a redistribuir la energía en lo realmente importante para nuestra superviviencia, como por ejemplo acabar con los líderes, que es lo peor que hemos conservado de nuestro grupo zoológico. Generalmente ponemos a los peores al frente y estas son las consecuencias.

Solemos elegir a los peores, tenemos esa incapacidad como especie, no se sabe bien por qué. En estas democracias formales se vota a gente que son los más ineptos. La selección natural consiste en eliminar a los menos adaptados, que no son necesariamente los más débiles. En el pasado, la propia estructura evolutiva expulsaba a los que no se adaptan. Porque si no, desapareces como grupo. Es algo obvio.

… El Covid-19 surge porque lo hemos hecho muy mal antes rompiendo los equilibrios del planeta en nombre de la globalización.

… Fíjese la Unión Europea, es un gigante con pies de barro porque no es una estructura social, es una estructura económica hecha por las clases extractivas para quedarse con los impuestos de la gente, cuando debería ser una Europa social que pensara en las personas. No solo en los europeos, sino en la especie. Y esto lo digo por los refugiados.

… P. ¿Cuándo se iniciaron estos colapsos de la especie?

R. Cuando se socializó el capitalismo. Hizo falta una revolución industrial y dos guerras mundiales para que las mercancías pudieran circular por todo el planeta. Eso nos costó 200 millones de muertos sobre una población de 1.500 millones, un 13% de la población mundial. En esa época es cuando se crean estos organismos supranacionales inservibles que en lugar de obligarnos a obtener consensos en un momento de crisis se dedican a aconsejar. El trauma de las guerras mundiales y la pobreza subsiguiente no nos ha llevado a tener una actitud crítica y responsable con el conjunto de la humanidad. Diría que al contrario, más competitividad y mayor desconfianza. La globalización es un error que pagaremos caro.

… P. ¿En algún momento hemos actuado con conciencia de especie?

R. La crisis de los misiles fue un aviso similar al de este Covid-19. El mundo pudo irse al garete por culpa de una guerra nuclear y ahí tuvimos conciencia de especie para frenar la escalada a tiempo. Por desgracia, los pequeños colapsos, por ejemplo las guerras en Oriente Próximo, la crisis económica de 2008, ahora el coronavirus, nos llevan irremediablemente a una guerra mundial. ¿Cuándo? No lo sabemos. Y en una guerra mundial varios países dispondrán de una energía nuclear que no se ha usado con fines de destrucción aún, pero que por supuesto querrán usar de forma destructiva. Si esto finalmente no ocurre es porque somos humanos, porque de nuevo volvemos a anteponer la conciencia de especie.

P. ¿Entonces el Covid-19 es un colapso más que nos aboca a la guerra?

R. Si seguimos por este camino, no lo dude. El Covid-19 o rompe o acelera el camino hacia una guerra mundial, pero nada se mantendrá igual.

… debemos reaccionar, porque si no, se acepta el nepotismo y que los genes no aptos de la especie tomen decisiones catastróficas. Tenemos los peores líderes posibles, fíjese quién manda en las principales potencias. Por eso me da pánico una guerra mundial.

… Debemos desacelerar rápidamente la globalización y apostar por la planetización, que es tener conciencia crítica de especie y evitar gastos inútiles y pérdidas de energia exponenciales provocadas, entre otros factores, por el consumismo. Si no, entraremos en una secuencia principal de colapso que puede provocar entre 2.000 y 3.000 millones de muertos, la pérdida del 15% al 20% de la población.


Tonterías selectas de Nuccio Ordine y Edgar Morin

12/04/2020

Tonterías selectas de Nuccio Ordine y Edgar Morin

El desarrollo económico-capitalístico, entonces, ha desatado los grandes problemas que afectan nuestro planeta: el deterioro de la biosfera, la crisis general de la democracia, el aumento de las desigualdades y de las injusticias, la proliferación de los armamentos, los nuevos autoritarismos demagógicos (con Estados Unidos y Brasil a la cabeza). Por eso, hoy es necesario favorecer la construcción de una conciencia planetaria bajo su base humanitaria: incentivar la cooperación entre los países con el objetivo principal de hacer crecer los sentimientos de solidaridad y fraternidad entre los pueblos.

… La pseudo Europa de los banqueros y de los tecnócratas ha masacrado en estas décadas los auténticos ideales europeos, cancelando cada impulso hacia la construcción de una conciencia unitaria. Cada país está gestionando la pandemia de manera independiente, sin una verdadera coordinación. Esperemos que de esta crisis pueda resurgir un espíritu comunitario capaz de superar los errores del pasado: desde la gestión de la emergencia de los migrantes hasta el predominio de las razones financieras sobre las humanas, desde la ausencia de una política internacional europea a la incapacidad de legislar en la materia fiscal.

… Un ejemplo claro de cómo la razón económica es más importante y más fuerte de la humanitaria: la ganancia vale mucho más de las ingentes pérdidas de seres humanos que la epidemia puede infligir. Al fin y al cabo, el sacrificio de los más frágiles (de las personas ancianas y de los enfermos) es funcional a una lógica de la selección natural. Como ocurre en el mundo del mercado, el que no aguanta la competencia es destinado a sucumbir. Crear una sociedad auténticamente humana significa oponerse a toda costa a este darwinismo social.

P. Entra las emergencias que la epidemia ha evidenciado está sobre todo la sanitaria. En algunos países europeos, los Gobiernos han debilitado progresivamente los hospitales con sustanciales recortes de recursos. La escasez de médicos, enfermeros, camas y equipamientos han mostrado una sanidad pública enferma.

R. No hay duda de que la sanidad tenga que ser pública y universal. En Europa, en las últimas décadas, hemos sido víctimas de las directivas neoliberales que han insistido en una reducción de los servicios públicos en general. Programar la gestión de los hospitales como si fueran empresas significa concebir los pacientes como mercancía incluida en un ciclo productivo. Esto es otro ejemplo de cómo una visión puramente financiera pueda producir desastres bajo el punto de vista humano y sanitario.

P. La sanidad y la educación constituyen los dos pilares de la dignidad humana (el derecho a la vida y el derecho al conocimiento) y las bases del desarrollo económico de un país. El sistema educativo también ha sufrido recortes terribles en estas décadas.

R. La sanidad y la educación, bajo este punto estoy de acuerdo con lo que ha escrito en sus libros, no pueden ser gestionados por una lógica empresarial. Los hospitales o las escuelas y las universidades no pueden generar ganancia económica (¡no deberían vender productos a los clientes que los compran!), pero deben pensar en el bienestar de los ciudadanos y en formar, como decía Montaigne, “teste ben fatte”. Se debe reencontrar el espíritu del servicio público que en estas décadas ha sido fuertemente reducido.

P. Precisamente ahora nos damos cuenta que leer libros, escuchar música, admirar obras de arte es la manera mejor de cultivar nuestra humanidad.

R. Sin duda. El confinamiento nos está haciendo dar cuenta de la importancia de la cultura. Una ocasión – a través de estos saberes que nuestra sociedad ha llamado injustamente “inútiles” porque no producen ganancias – para comprender los límites del consumismo y de la carrera sin pausa hacia el dinero y el poder. Habremos aprendido algo en estos tiempos de pandemia si sabemos redescubrir y cultivar los auténticos valores de la vida: el amor, la amistad, la fraternidad, la solidaridad. Valores esenciales que conocemos desde siempre y que desde siempre, desafortunadamente, terminamos por olvidar.


Tonterías selectas de Antón Costas

12/04/2020

Tonterías selectas de Antón Costas: Es el momento de ampliar el contrato social

La pandemia crea un momento favorable para la ampliación del contrato social hacia las personas y familias en situación de pobreza, pero que no están protegidas por el estado del bienestar. España es el único país europeo que no tiene una prestación de último recurso contra la pobreza. Esto contribuye a que seamos el país en el que más ha crecido la desigualdad.

Para erradicar la pobreza hemos de cambiar la forma como luchamos contra ella, pasando de la lógica de la solidaridad a la de los derechos. Las prestaciones de pobreza de todas las administraciones -central, autonómicas y locales- están vinculadas, de una u otra forma, a los mecanismos de solidaridad de la Seguridad Social. Pero la pobreza es una realidad en sí misma, al margen de que se tenga o no empleo. No padecer pobreza es un derecho de ciudadanía que hay que financiar con impuestos. Es lo que hicimos con la sanidad: de estar vinculada a la lógica de solidaridad de la Seguridad Social pasó a ser contemplada como un derecho, y financiada con los impuestos.

Esa ampliación del contrato social tendrá dos efectos positivos. Por un lado, aliviará la vida de los más frágiles y hará que nuestro país deje de liderar el ranking de pobreza. Por otro, favorecerá el apoyo de los “socios del norte” a los mecanismos de solidaridad. No es sensato pedirles que sean solidarios si ven que nuestro gasto social y esfuerzo fiscal es inferior al suyo. Cuando homogenicemos este esfuerzo surgirá un margen mayor para la solidaridad europea.

La pandemia crea un momento favorable para la ampliación del contrato social. El presidente Pedro Sánchez puede liderarla. La mayoría de los dirigentes políticos y sociales probablemente la apoyarán. Después, puede extenderse a otros ámbitos: empresa; medidas de protección del empleo y las pyme; salidas al confinamiento; impulso al sector sanitario, salud y cuidados; nueva política industrial, de innovación y turismo; cambio climático; prosperidad territorios.