Tonterías selectas

30/04/2012

La derecha se radicaliza, de Josep Ramoneda

Reconstruir el pacto socialdemócrata, de Julio Jiménez

Privatizarlo todo, de Ramón Cotarelo

Protesta contra Eurovegas con alusiones a los fusilamientos del 3 de mayo

Los nacionalismos contra la Unión, de Felipe González

… lo que hoy llamamos Unión Europea. Lula la considera un “patrimonio democrático de la Humanidad que no tenemos derecho a destruir”.

… de nuevo galopa esa bestia del nacionalismo insolidario, a lomos de esta crisis global a la que se está respondiendo con un diagnóstico y una terapia equivocados…

Si queremos salir de este agujero hay que actuar ya con los instrumentos disponibles. Necesitamos un gobierno económico y fiscal de la zona euro porque sin ello no es posible que funcione la Unión Monetaria.

La crisis de la deuda soberana está tratándose como un problema de solvencia, que no existe, pero que puede llegar a provocarse si sigue faltando la liquidez y contrayéndose la economía.

El problema de deuda soberana en la Zona Euro es menor que el de Estados Unidos, el de Japón o el de Reino Unidp y ni en los casos más agudos estamos ante un problema de solvencia de país. Nos ahoga un coste de financiación de esa deuda injustificable, que aprovecha la inoperancia de los instrumentos disponibles.

El Banco Central Europeo tiene que actuar como lo hace la Reserva Federal de EE UU, el Banco de Inglaterra o el Banco Central de Japón. Es decir, tiene que cumplir su papel de prestamista de última instancia y hacer la política monetaria que responda a los intereses del conjunto de la Zona Euro.

Los países de la Unión se tienen que comprometer a garantizar la estabilidad presupuestaria, como una regla común, con premios y sanciones para todos; con controles presupuestarios rigurosos y comunes. Pero nada aconseja que la progresión hacia el ajuste tenga que hacerse tan rápidamente que ahogue cualquier posibilidad de crecimiento y empleo. Por eso hay que graduar el ritmo del ajuste de las cuentas públicas. Además, los países comprometidos con la estabilidad presupuestaria, deben disponer del “bono europeo” para financiar sus deudas de forma razonable.

Necesitamos gobernanza económica y fiscal para que funcione coherentemente la Unión Monetaria, con soberanía compartida e Instituciones que sirvan a todos. Pero para avanzar hay que tener una puerta de salida para los que no estén dispuestos a hacerlo. Los países tienen derecho a salir pero no lo tienen a vetar el avance de los que deseen hacerlo. Esto vale para todos.


Tonterías selectas

29/04/2012

Eurodämmerung: el crepúsculo del euro, de Paul Krugman

Sandeces germánicas, de Jose Carlos Díez

Mala política, mala economía, de Alfredo Pastor

Derrotar al miedo mismo, de Luis Garicano

Medicina griega para España: Deficit y paro, de Jordi Sevilla


Recomendaciones

29/04/2012

Highlights from “Does Technology Drive the Growth of Government?”, by Bryan Caplan

On the Origins of the Arts, by E. O. Wilson

The Irrationality of Irrationality: The Paradox of Popular Psychology, by Samuel McNerney

Has Physics Made Philosophy and Religion Obsolete?, interview with Lawrence Krauss

La subida del IVA y la estrella ascendente del ministro De Guindos, de Jesús Cacho


Tonterías selectas

29/04/2012

Nadie gasta más de lo que tiene, de Cándido Méndez

Despilfarro inaceptable, de Alfonso Prieto, economista y miembro de Economistas frente a la Crisis

The Truth Revealed About Debt and Deficits, by Marshall Auerback

Viñeta de Forges

Creadores de escasez, de Joaquín Estefanía

Las políticas de austeridad extrema y de rigor mortis pueden ser calificadas como “creadoras de escasez”…

… nadie ha sugerido incrementos desorbitados del déficit y de la deuda sino una combinación más flexible de los criterios de crecimiento y de estabilidad. Los economistas poskeynesianos, encabezados entre otros por los premios Nobel Krugman y Stiglitz, se quejan de la manipulación del lenguaje que se ha hecho por parte de los partidarios del ajuste duro. La aparición en España del movimiento Economistas frente a la Crisis, se ha sustentado hasta el momento en el principio de “que no nos roben las palabras”. Se trata de impedir que el lenguaje sea tergiversado con conceptos que manipulan el pensamiento que los maestros de la economía han transmitido y que la experiencia que como profesionales de la economía ha enseñado. Reestructurar no es desregular, reforma estructural no es sinónimo de recortes ni de la dilución de los derechos de la gente, liberalización y regulación son conceptos complementarios e inseparables, los críticos de la austeridad injusta no son partidarios del despilfarro del mismo modo que la estabilidad presupuestaria no es equivalente a déficit cero (un fundamentalismo más) y que quienes critican el Pacto de Estabilidad y las reformas forzadas de las Constituciones nacionales no defienden la inestabilidad.

Había cuatro diferencias fundamentales entre la Gran Depresión y la Gran Recesión: primero, la calidad de las respuestas públicas dadas. En los años treinta se tardó mucho tiempo en aplicar las políticas anticíclicas imprescindibles porque la sensibilidad dominante era el capitalismo de laissez faire que consideraba que el sistema se purgaría a sí mismo y era más eficaz la no intervención del Estado. El secretario del Tesoro americano de la época, el multimillonario Andrew Mellon, proponía “liquidar los sindicatos, las Bolsas, la agricultura, los bienes raíces (…) Esto purgará la podredumbre del sistema. El alto coste de la vida se vendrá abajo. La gente trabajará más duro, vivirá una vida más moral. Los valores se ajustarán y las personas emprendedoras reflotarán los fracasos de las menos competentes”. A partir de 2007, las autoridades pusieron en marcha una política monetaria expansiva con abundantes dosis de liquidez, tipos de interés próximos a cero, ayudas extraordinarias a la banca y planes de estímulo de la demanda. Son ellas las que generaron el déficit y la deuda pública y no el déficit y la deuda pública los que causaron la Gran Depresión. Y son las políticas de estímulo las que Europa ha abandonado, antes de tiempo según los economistas críticos.

La segunda gran diferencia entre ambas situaciones era la ideológica: ahora no existe alternativa al capitalismo como sistema dominante, mientras que en la década de los treinta dos totalitarismos de signo contrario —el comunismo y el fascismo— pugnaban por ser hegemónicos y estaban en el momento álgido de su poder. A pesar de la reaparición de los populismos, algunos de ellos con un apoyo electoral significativo (véase el caso de Marine Le Pen en Francia), y de la presencia del movimiento de los indignados, hoy no hay alternativa al capitalismo del siglo XXI. Los más osados hablan de la refundación del mismo, de su regulación, de su reforma pero no de su sustitución.

Se avecina una dialéctica muy potente en el patio europeo entre los partidarios de dos maneras distintas de ver la política económica. Mientras se resuelve, unos y otros deberían llegar a un pacto para proteger a los millones de personas que van quedando por el camino: los parados de larga duración que ni tienen futuro ni seguro de desempleo para sobrevivir, las familias en las que no entra ningún salario, los inmigrantes sin derecho a la sanidad o la educación, los ciudadanos que sufren fuertes reducciones de su renta disponible y observan, perplejos, el extraordinario aumento de la desigualdad entre ellos y los poderosos. Las ventajas engendran más ventajas: los ricos pueden permitirse vivir en barrios mejores y más seguros, pueden dar a sus hijos una atención médica adecuada y una alimentación que les permita crecer sanos, y pueden pagar a profesores y obtener ayudas educativas si aquellos tienen problemas. El resto se confronta con una red de seguridad cada vez más endeble y con la constante incertidumbre sobre los empleos mientras una nueva generación, los más jóvenes, no tiene trabajo ni sueños.

En medio de la Gran Depresión, cuando publicó su Teoría General, Keynes centró el debate principal: “Los dos vicios que marcan el mundo en que vivimos son que el pleno empleo no está garantizado y que el reparto de la fortuna y de la renta es arbitrario y desigual”. ¿Tan poco hemos aprendido en tres cuartos de siglo?

 


Recomendaciones

28/04/2012

¿Eurovegas o Warren Buffett?, de José García Montalvo, catedrático de Economía UPF

Big Changes Test Econ, by Robin Hanson

Valuable advice on investment advisers, by Tim Harford

El cul-de-sac de la extrema izquierda, de Juan Ramón Rallo

La paradoja de la globalización. Democracia y el futuro de la economía mundial (de Dani Rodrik), reseña de Carlos Rodríguez Braun


Tonterías selectas

28/04/2012

¿Dónde estamos? (IV), de Julio Anguita

Bonos europeos contra la crisis, de Carmelo Cedrone, profesor de Política Económica Europea de la Universidad de Roma La Sapienza. Consejero del CESE y miembro de la sección económica

Franklin D. Roosevelt aprovechó su discurso inaugural como presidente de EE UU para dar muestras de la valentía política que lo acompañaría durante sus cuatro mandatos, declarando que a lo único que debían temer era al temor mismo. Trece millones de estadounidenses engrosaban las listas de desempleados y las medidas de contención del gasto y el laissez faire fracasaban, mientras la crisis se cebaba con Europa. Al recordar el New Deal, la receta concebida por Keynes para vencer al miedo, no siempre se tienen en cuenta las enormes trabas que debió sortear. Criticado sin tregua por adversarios políticos, denostado por la mayoría de la clase empresarial, la banca y la judicatura, el New Deal incluso precisó de una ampliación del Tribunal Supremo en 1935. Desde un punto de vista político, solo fue posible por el apoyo popular al presidente. Desde el prisma jurídico, por el margen de maniobra que le concedía la Constitución para que el Estado arbitrara la economía, un margen al que Roosevelt, experto jurista, también hizo referencia en aquel discurso.

La propuesta del CESE está basada en la legitimidad que da el diálogo entre los representantes de la sociedad civil europea. El hecho de que los portavoces europeos de grupos de interés tan diversos como los sindicatos, las patronales, los consumidores, los agricultores o los discapacitados hayan adoptado un dictamen con una propuesta clara no puede ser obviado. La voz que durante 55 años ha representado a la sociedad civil en la Unión Europa se ha puesto de acuerdo sobre este tema en interés de los ciudadanos y de las empresas. En este momento crítico, sin duda merece ser atendida.

… los eurobonos tienen como objetivo financiar la reactivación económica y sí serían negociables. Recordemos que en 2011 los BRIC expresaron su interés en mantener reservas en euros. Pues bien, esta vía sería una excelente oportunidad para ambos. Los eurobonos reactivarían el crecimiento, con su efecto multiplicador, haciendo viable el modelo social europeo y aumentando la demanda de la Unión Europea, que tan necesaria es para la economía mundial. Para que este instrumento de recuperación funcione correctamente es necesario que no se aplique a través de transferencias a los Estados miembros. La alternativa es que financie el programa de recuperación europeo y sea gestionado por el BEI.

Con estos dos tipos de bonos se pondría en macha un círculo virtuoso capaz de remplazar la austeridad por la recuperación del Estado del bienestar y cuyo esquema sería el siguiente: la recuperación de confianza de los mercados y la opinión publica harían aumentar la liquidez y la demanda, la cual, a su vez, haría recuperar el crecimiento con el consiguiente aumento de los ingresos fiscales y del empleo, que propiciarían el equilibrio presupuestario.

Cabe recordar que Roosevelt, ya en aquel primer discurso, daba aliento a los ciudadanos y responsables políticos afirmando que, en comparación con los peligros que habían acechado a sus abuelos, ellos se podían sentir afortunados, una afirmación que también se puede aplicar en la Unión Europea. En este caso, volver la vista atrás puede ayudar a que el temor se disipe y a emprender la vía de la acción, recuperando el espíritu de solidaridad y cohesión, auténticos cimientos de los tratados de la UE. Necesitamos una visión europea y coraje para llevarla a cabo.

El falso problema de la deuda pública. El caso de EEUU (y de España), de Vicenç Navarro

Acabar con la Universidad pública a base de mentiras de Juan Torres López

Quitar sin compromiso de devolver, de Jesús López Medel, abogado del Estado

La crisis es global, surge fundamentalmente en EEUU a nivel financiero y se basa en una desregulación y una ausencia de controles al capitalismo más neoliberal.

Son indispensables, sin duda, medidas de gran austeridad, pero centrarlo todo, por imposición de Alemania y los mercados, en la lucha contra el déficit va en contra del crecimiento de la economía, el empleo e incluso la recaudación, con efectos sociales devastadores.

La ortodoxia económica basada solo en la reducción del déficit propugnada por la derecha europea actual (la izquierda está muy perdida) será aprovechada para que lo que es un «Estado social» (artículo. 1 de la Constitución) sea cercenado por criterios solo economicistas, arrinconando otros parámetros sociales. Y no solo ahora, sino que perdurará incluso tras el túnel.

Además del deterioro de una sociedad que confió en unos gobernantes para salir de la crisis y no para hundirse más en ella, al ver que estos no se comprometen en la provisionalidad de los recortes se extiende la idea de que la crisis seguirá siendo utilizada para dejar arrinconados logros sociales desde planteamientos conservadores que desprecian lo público y cuyo eje de atención no son nunca los sectores más vulnerables.

Incluso una derecha mucho más moderna como la sueca, tras superar sus turbulencias (lo nuestro es más parecido a un naufragio), al volver al poder ha mantenido diversos recortes bajo el argumento de la sostenibilidad del sistema. Y lo tremendo no es ya que vivamos peor, sino que nuestros hijos van a vivir -por vez primera- bastante peor que la generación que les dio la vida, aunque no el espíritu del esfuerzo.


Los saboteadores del Metro de Madrid se manifiestan

27/04/2012

Según los saboteadores del metro de Madrid, tan valientes que no se identifican abiertamente, la subida de las tarifas del transporte público ha sido “abusiva”: desde su presunta superioridad moral juzgan sobre los usos y los abusos; y les parece abusivo que el transporte público lo paguen en mayor medida sus usuarios.

Con esta acción queremos demostrar que no estamos dispuestos a aceptar que se nos prive del acceso a una necesidad tan básica como es poder movernos por la ciudad en la que vivimos, y que haremos lo que sea necesario para frenar este escandaloso e intolerable incremento de los precios.

Nadie les priva de su necesidad básica: pueden tener toda la necesidad de moverse por la ciudad que quieran. Lo que pasa es que alguien tiene que pagar por el servicio de transporte: pero ellos, usuarios del mismo, no están dispuestos a hacerlo. ¡Que lo pague otro! Y harán lo que sea necesario para conseguir su objetivo: no descartan matar, robar, secuestrar, o lo que haga falta. Porque el incremento de precios no es tolerable: es decir, nadie puede tolerarlo. Afortunadamente algunos no somos nadie.

Aseguran que “el despido es libre”: no parecen bien informados acerca de la regulación laboral y el concepto de libertad.

Dicen que las viviendas son inaccesibles: o sea que nadie es capaz de comprar una ¿no? El mercado ha dejado de funcionar por completo. O quizás sólo quieren decir que ellos no pueden permitirse comprar una (¿qué tal el alquiler, tal vez compartido?) o que los precios les parecen excesivos.

“Todo aquello que podíamos considerar mínimamente común está siendo destruido”. El problema quizás radique en que considerabais común cosas que no eran vuestras o que se gestionan muy mal de forma común. De todos modos, no todo lo público está siendo destruido: casi todo sigue allí, funcionando tan mal como siempre.

“Estamos regresando a condiciones laborales de hace décadas, con situaciones de explotación cercanas a la semiesclavitud”. Tal vez algún tiempo pasado sí fue mejor, y lo del lloriqueo de la explotación y la esclavitud (que al menos se queda a medias) es propio de incompetentes incapaces de generar valor para otros. “¿Montar una empresa? ¿Usted con quién me ha confundido?”

“La represión en la calle comienza a asemejarse a la de épocas oscuras de nuestra historia reciente”. ¡Qué miedo! Vuelve el franquismo, qué horror…

Ahora quieren que paguemos doble por usar el medio que la mayoría (de quienes tenemos la “suerte” de tener un empleo) necesitamos para llegar cada mañana al lugar en el que perdemos las mejores horas de nuestras vidas produciendo beneficios que nos son para nosotr@s, a cambio de salarios miserables que cada vez dan para menos, y cuya mayor parte es siempre para el banco.

¿Paguemos doble? ¿Es que son incapaces de los cálculos aritméticos más simples o es que carecen por completo de vergüenza? La subida de precios no ha consistido en doblar los precios, y si lo que quieren decir es que ya pagan con sus impuestos, probablemente su contribución fiscal es mínima y en términos netos negativa.

Pobrecitos, que pierden las mejores horas de sus vidas en un lugar que no mencionan, a ver si alguien les ayuda a encontrarlas. Aseguran que producen beneficios, lo cual está por demostrar, a cambio de salarios miserables: ¿a qué esperan para convertirse en empleadores que ofrezcan trabajo por unos salarios algo menos malos? ¿Una cooperativa de éxito, tal vez?

¿Cómo es que la mayor parte de su salario es para el banco? ¿Alguien les obligó por la fuerza a contratar una hipoteca?

No aceptaremos ni un céntimo de esta subida porque no podemos.

Pues nada, utilicen ustedes otro método de transporte alternativo.

La acción de hoy es sólo la primera. No vamos a parar de actuar colectivamente hasta que la subida de tarifas sea retirada y comience una bajada progresiva de los precios hasta que el acceso de todas las personas al transporte público esté garantizado; cosa que, por supuesto, no es el fin de esta subida, que prohíbe de facto el uso del transporte público a una gran parte de quienes vivimos en esta ciudad.

Ya veremos si se atreven a seguir cuando los arresten y multen o encarcelen. Me apuesto algo a que la subida de tarifas no será retirada pero ellos no continuarán con sus sabotajes.

Lo de la prohibición de facto seguramente pretende ser ingenioso pero es una solemne estupidez. Las cosas fuera del alcance de mi bolsillo no me están prohibidas de facto, simplemente me resultan demasiado caras.

Instamos además a tod@s los ciudadan@s de Madrid a que emprendan la acción colectiva, la desobediencia y la movilización en las calles, para que entre tod@s demostremos que no pagaremos sus tarifas, que esta es nuestra ciudad y este es nuestro Metro, y que sin nosotr@s no son nada.

¿A qué todos se refieren? Porque sospecho que hay muchos que no están de acuerdo. Muchos, muchas y much@s.

Lo de que Madrid es su ciudad y este es su Metro demuestra su talante: se creen que son solamente suyos y que pueden hacer con ellos lo que les dé la gana. Los demás dueños o conciudadanos, que se fastidien.

Lamento comunicároslo, pero sin vosotros somos más que con vosotros.

¡VUESTRA CRISIS NO LA PAGAMOS!

Y no sólo no pagáis por la crisis: no pagáis por nada. Siempre que lo pague otro.


Recomendaciones

27/04/2012

A Crisis in Full Flight, by Hans-Werner Sinn

Memory As A Consumer Durable, by Garett Jones

The Tribal Mind: Moral Reasoning and Public Discourse, by Arnold Kling

Presidente, ¡a escena!, de Pedro Schwartz

El gran combate de la Ilustración, de J. M. Martí Font


Tonterías selectas

27/04/2012

“Trato personas, no asegurados”

Las medidas falsamente necesarias, de Juan Francisco Martín Seco

Fantasmas de Estados, de Francisco Sosa Wagner, catedrático y eurodiputado por UPyD

El último de los mohicanos, de Jorge Volpi

… la actual crisis del capitalismo no se debe tanto a la falta de valores como a la ideología ultraliberal, inspirada en Hayek o Friedman, que hizo ver al Estado como responsable de todos los males y provocó la desregulación que precipitó la catástrofe.

Más crisis, más riesgos, de Marisa Rufino y Pedro J. Linares, secretarios de Salud Laboral de UGT y CCOO

Las medidas de ajuste son ineficaces en el fomento de la iniciativa económica para la creación de empleo y son injustas en lo social, aumentando las desigualdades. El absentismo no es la causa de la falta de competitividad de las empresas, aunque hoy se pretende convertirla en el punto de atención para introducir más recortes para las personas que pierden la salud. La falta de derechos y los recortes pueden convertir a los centros de trabajo en factores de debilitamiento de la salud de los trabajadores y trabajadoras; además, culpabilizando a quien no puede acudir justificadamente a su puesto de trabajo por enfermedades y accidentes no laborales, facilitando su despido objetivo.

En septiembre de 2008 se produjo el hundimiento del banco de inversión Lehman Brothers, simbólico inicio de la crisis económica que sacude con especial virulencia a los países periféricos de la Unión Europea y ha debilitado a las economías del bienestar, donde se ha optado por modelos neoliberales de afrontamiento, en lugar de modelos keynesianos de intervención pública. Desde entonces, se nos bombardea continuamente con el discurso de que para salir del pozo de la recesión es necesario el esfuerzo de todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, las políticas de marcado carácter liberal puestas en marcha por la Comisión Europea y por los Gobiernos de la UE, lejos de recuperar la economía y reforzar el carácter social de Europa, suponen una agresión contra la clase obrera de proporciones desconocidas en las últimas décadas y una auténtica regresión social.

Durante estos años, los trabajadores españoles y europeos hemos perdido empleos, hemos disminuido nuestro poder adquisitivo, hemos visto cómo se recortaban los servicios que proporcionaba el Estado del bienestar y sufrimos recortes sin precedentes en nuestros derechos sociales, cuyo último capítulo, y desgraciadamente creemos que no definitivo, es la reforma laboral recientemente aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy.

Las medidas unilaterales que ha adoptado el Gobierno amparándose en la situación económica y bajo la denominación de reformas estructurales, cuando deberían decir de transformaciones sociolaborales, nos abocan a la precariedad más absoluta. Las organizaciones sindicales hemos venido alertando de que la temporalidad y la precariedad están directamente relacionadas con la siniestralidad laboral; las condiciones de trabajo son un aspecto esencial que incide de forma directa en la producción de daños a la salud de los trabajadores y trabajadoras y en su prevención.

En estos momentos en que lo que debería buscarse es la eficiencia y la eficacia en las cuentas del Estado, nos encontramos con otro gran hachazo a los intereses laborales y sociales de los españoles, ya que los Presupuestos Generales del Estado, que acompasan su trámite parlamentario con el del real decreto-ley de reforma laboral más dura de la democracia, traerán menos trabajo y este será de inferior calidad, además de más discriminación de género en el acceso al mismo y un empeoramiento brutal de las condiciones de la educación y sanidad públicas, que aportarán más desigualdades.

La actual crisis tiende a la exclusión de colectivos como los desempleados de larga duración, los jóvenes que no han podido integrarse en el mercado de trabajo, los inmigrantes y las personas con dependencia, ya que les merma la posibilidad del acceso a un trabajo digno y con derechos.

Nos tememos que la salida de la crisis se verá acompañada de un mercado de trabajo marcado por la temporalidad, la subcontratación, las jornadas abusivas, la imposibilidad de conciliación de vida laboral y familiar, el trabajo a turnos, la falta de experiencia motivada por cambios continuos de puesto de trabajo, reducción de los descansos y, en otros casos, trabajadores que carecen de horarios claramente definidos que provocan intensificación del ritmo de trabajo. En definitiva, por una organización del trabajo autoritaria y discrecional, que nos llevará de nuevo a la máxima precarización del mismo.

La violencia interna (en la propia empresa) y externa (ejercida por los recortes del Gobierno) suponen una elevada presión psicosocial que están sufriendo trabajadores y trabajadoras, que se refleja en el estudio de la siniestralidad: la disminución de los accidentes y enfermedades profesionales con baja, mientras aumentan tanto en el caso de los accidentes como en el caso de las enfermedades las declaraciones sin baja.

Ante este panorama, UGT y CC OO apostamos por una salida de la crisis más solidaria, equitativa, justa y que garantice una adecuada protección social, con una fiscalidad progresiva y con reformas en los sistemas productivos que apuesten por la calidad y el valor añadido del factor humano. El Gobierno debería considerar la prevención de riesgos laborales como un factor de calidad y competitividad de las empresas, poniendo en valor la inversión en ello y no planteando políticas de ajuste que comprometan la salud de los trabajadores y trabajadoras.


El altruismo (y II)

27/04/2012

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Como todas las demás conductas de un organismo, el comportamiento egoísta o altruista se controla y decide mediante mecanismos o capacidades de cognición y generación de valoraciones que son resultado de la coevolución adaptativa de múltiples seres vivos en interacción.

Las capacidades cognitivas permiten a cada organismo reconocer y distinguir a otros individuos y así poder practicar el altruismo selectivo (con parientes) o recíproco (con otros cooperadores). Las capacidades cognitivas son limitadas e imperfectas: existe la posibilidad de cuidar por equivocación de un organismo no emparentado creyendo que es una cría propia, o ayudar a un agente que en realidad no es un buen cooperador o no es miembro de un grupo de ayuda mutua pero pretende serlo. Este error puede ser provocado por algunos parásitos, que intentan aprovecharse de los mecanismos altruistas haciéndose pasar de forma engañosa como parientes o miembros del colectivo, mimetizándose con ellos, adquiriendo rasgos superficiales identificables que confundan a los benefactores; estos a su vez pueden desarrollar defensas para no ser engañados: la evolución produce carreras de armamentos entre sistemas de detección y sistemas de engaño.

Las valoraciones de los agentes son subjetivas en el sentido de que son generadas por cada individuo y dependen de sus características y circunstancias particulares. Pero estas preferencias no son arbitrarias: surgen evolutivamente mediante generación de variantes y retención de las versiones exitosas, de modo que las valoraciones de los agentes supervivientes tienden a reflejar cálculos inconscientes acertados de beneficios y costes, directos e indirectos, para el individuo y para sus semejantes. El placer y el dolor tienden a reflejar lo adecuado y lo inadecuado para la vida, son señales de valor biológico.

Las valoraciones son generadas por la estructura y la actividad del cerebro de cada organismo, las cuales dependen de influencias genéticas y ambientales (historia y circunstancias particulares de cada individuo, cultura común). En organismos sociales con sistemas cognitivos sofisticados las preferencias pueden generarse dinámicamente de forma interactiva y recursiva: cada individuo puede influir sobre las valoraciones de los demás y a su vez forma sus preferencias teniendo en cuenta influencias ajenas.

Algunos seres vivos son individualistas, no cooperan en grupos sociales. Prefieren vivir solos, no desean compañía ni la necesitan. Pueden ignorar a otros organismos o percibirlos como oportunidades (comida) o amenazas (depredadores o competidores por recursos escasos como el territorio).

Algunos sujetos cooperan simplemente porque valoran más lo que reciben que lo que dan: es posible construir evolutivamente agentes con preferencias puramente egoístas que cooperen solamente porque comprenden el posible beneficio de ciertos intercambios, sin necesitar de preocuparse por el bienestar ajeno. Pero el intercambio pactado de forma explícita requiere una cognición avanzada y capacidades lingüísticas que no están al alcance de todos los seres vivos.

La cooperación estable entre organismos puede conseguirse si las valoraciones de un agente consideran el bienestar de otros individuos (o simplemente provocan conductas que benefician a otros): relaciones de amor, amistad, filantropía. Los sentimientos de unos por otros (o por el grupo) fomentan la construcción de agregados estables basados en relaciones fiables.

La acción altruista puede conseguirse mediante mecanismos emocionales que generan bienestar psíquico o placer al ayudar, o que producen malestar o remordimientos si no se ayuda: las valoraciones de un agente tienen en cuenta las necesidades y preferencias de los demás, de modo que este disfruta al hacer algo por ellos, o sufre si no lo hace (empatía). Una emoción básica que genera comportamiento altruista es el amor de los progenitores por las crías, que los motiva a cuidarlas hasta su madurez. Estos afectos pueden extenderse a la pareja reproductiva o a otros cooperadores miembros de un grupo de asistencia mutua (amigos, camaradas).

Es posible construir altruistas ingenuos que den sistemáticamente a todos sin condiciones y sin recibir nada a cambio y disfruten al hacerlo, pero esto tiende a disminuir sus propias posibilidades de supervivencia y se autoeliminan rápidamente. Los procesos de decisión de la conducta altruista deben considerar los costes para quienes la proporcionan y los beneficios para quienes la reciben (y si se trata de altruismo recíproco o intercambio, esos mismos elementos con los roles invertidos). Los sentimientos que motivan la conducta altruista discriminan según el estado de necesidad del receptor, la capacidad del donante y la relación entre ambos (parentesco, pertenencia al mismo grupo, posibilidad de reciprocidad).

Los receptores de ayuda pueden intentar estimular las conductas generosas de otros: las crías parecen adorables y encantadoras, o activan mecanismos de angustia y preocupación en sus progenitores (llantos); algunos miembros del grupo se presentan como necesitados, dan pena (mendigos). Los potenciales donantes pueden intentar defenderse de las influencias ajenas modulando su sensibilidad para no ser parasitados por hábiles manipuladores: crías que exageran su necesidad, vagos que se presentan como víctimas.

Algunos actos altruistas, especialmente los asimétricos entre progenitores y crías, se basan fundamentalmente en la satisfacción psíquica del donante, quien no espera recibir nada a cambio además de las manifestaciones de amor por parte de las crías, que refuerzan el placer, fortalecen los sentimientos y estabilizan la relación. Pero en el altruismo recíproco debe haber sentimientos y actos complementarios en ambos sentidos: el receptor agradece la ayuda y se siente obligado o en deuda con el donante, de modo que intenta devolver el favor para mantener la relación cooperativa y no aparecer como una carga neta para los demás.

Surge entonces el problema de cómo estimar el valor de los bienes o servicios entregados y recibidos. Para que las relaciones de cooperación sean simétricas y de mutuo beneficio, y aunque las valoraciones individuales sean subjetivas, los grupos sociales intentan de algún modo conseguir referencias comunes que sirvan para estimar cómo saldar satisfactoriamente deudas pendientes (valores objetivos o intersubjetivos, criterios de justicia que sirven también para compensar por daños causados). Los pactos contractuales formalizan las relaciones de cooperación especificando qué debe cada parte entregar y recibir, pero estos no siempre son posibles o deseables (tienen costes de transacción y pueden debilitar los vínculos emocionales).

Los organismos inteligentes capaces de distinguir a otros individuos y recordar su historia de relaciones pueden asignarse unos a otros un estatus o reputación (positiva o negativa) como cooperadores. El agente altruista cuya acción es percibida y valorada por otros está invirtiendo en su capital social, el cual puede proporcionarle beneficios futuros: para conseguir esto la acción debe ser conocida de algún modo (no ocultada) y valorada positivamente (no vale cualquier acción).

La dinámica de la gestión de la reputación es compleja. Los miembros de un grupo intentan influir sobre los demás para obtener beneficios, para conseguir su ayuda, para orientar la acción ajena (individual o colectiva) según sus preferencias e intereses; y lo hacen de forma parcialmente honesta y parcialmente tramposa, engañando si creen que no serán descubiertos, y evitando en lo posible ser engañados o manipulados (hipocresía natural).

Los individuos envían (consciente o inconscientemente) señales a los demás intentando mostrar que son buenos cooperadores para mejorar su reputación o estatus moral en el grupo, enfatizando los sacrificios propios y los beneficios para otros. Pero las señales pueden manipularse y el lenguaje permite la mentira y la distorsión: es posible exagerar las aportaciones propias (o minimizar las de los competidores), o fingir necesidad y presentarse como víctimas.

Además las señales demasiado obvias o directas pueden estar mal vistas, pueden generar tensiones y envidias: cada individuo intenta entonces fomentar su propia reputación sutilmente (quizás de forma indirecta mediante afiliaciones o alianzas con otros que tengan prestigio y que hablen bien de él), dentro de un marco de sentimientos y normas morales que fomentan la humildad y disuaden contra la ostentación para evitar excesivas desigualdades y fricciones dentro del grupo (resentimiento de los fracasados frente a los triunfadores).

Las acciones tienen intenciones y resultados. Un agente puede tener intención de ayudar, pero los resultados de su acción pueden ser nocivos para los receptores (daños inmediatos, generación de dependencias), porque tienen valoraciones diferentes o porque el agente no controla por completo las consecuencias concretas de su acción.

Además de las acciones altruistas, existen conversaciones sobre dichas acciones y sobre el altruismo en abstracto. Los agentes pueden presentar sus acciones como bien intencionadas, desinteresadas; la gente habla del altruismo, lo promueve, lo valora positivamente, asegura que pretende lo mejor para todos: así intentan mejorar su imagen, su estatus moral, con muy poco coste (hablar suele ser mucho más fácil que actuar con éxito); y al promover el altruismo cada uno intenta fomentar que los demás tengan conductas altruistas, de las cuales eventualmente pueden obtener algún beneficio como receptores de los efectos de las mismas.

Las conductas altruistas, inicial o fundamentalmente instintivas, pueden reforzarse mediante herramientas culturales como mitos o ideas religiosas que indican conductas a imitar o evitar y que suelen incluir incentivos y desincentivos para las mismas (premios y castigos, promesas de vida eterna y placentera para los buenos cooperadores, dolor infernal para los egoístas).