No sirve para nada… o tal vez sí

07/04/2012

La Federación de Consejos de Padres de Alumnos (FCPE, francesa) afirmaba recientemente:

Desde hace tiempo denunciamos los deberes en casa, cuya utilidad nadie ha probado y que no hacen más que acentuar las desigualdades entre los niños que pueden beneficiarse de ayuda y los que no.

Así que los deberes no sirven para nada, o al menos nadie ha probado su utilidad, pero tienen el curioso efecto de acentuar desigualdades según cómo se hagan… Curioso.


Emilio Lledó, liberticida

05/10/2011

Artículo en Revista Ideas de Libertad Digital.


Enrique Gil Calvo y la educación

14/05/2009

Enrique Gil Calvo, profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, se felicita por el nombramiento de Ángel Gabilondo como nuevo responsable de Educación, y afirma que “cabe esperar que el nuevo ministro logre abordar integralmente los problemas de la educación en España”. Los colectivistas creen que con la persona adecuada en el sitio justo los problemas se resuelven: y si puede ser, que esa persona sea uno de ellos. Como les va la exigencia, plantean abiertamente los deberes que nos imponen:

La educación infantil, donde los bebés aprenden a adquirir sus primeras habilidades sociales, debe universalizarse (pues ahora sólo se presta gratuitamente a una exigua proporción de menores) y profesionalizarse para no reducirla a una guardería conciliadora del trabajo materno.

Aprender es adquirir habilidades, y lo de adquirir la habilidad de adquirir sus primeras habilidades sociales suena un poco raro. Naturalmente si Gil Calvo dice que la educación infantil ha de ser universal así se hará, faltaría más, no vamos a incumplir nosotros los deberes que nos indique. Pero que sepamos que lo que en realidad quiere decir es que la pague el Estado (y tal vez que la proporcione) y que nadie se libre de ella: acostumbremos a los niños a la pérdida de la libertad desde el comienzo, que si no igual se convierten en rebeldes liberales.

La enseñanza primaria presenta un grave problema emergente, que es su segregación clasista en dos redes educativas, privada y pública, con creciente discriminación social y étnica en perjuicio de la necesaria igualdad de oportunidades.

No le gusta nada que la gente pueda escoger la enseñanza privada, y cree que todos, nativos e inmigrantes, ricos y pobres, deben estar bien mezclados aunque no quieran. La igualdad de oportunidades ni se molesta en presentarla como algo deseable (por él): resulta necesaria, o sea que el mundo no puede existir sin ella. No explica por qué.

Gil Calvo reconoce que la calidad de la educación pública en España a todos los niveles es muy mala: pero ni se le ocurre plantearse que tal vea sea por su carácter público; eso nunca. Efectivamente “nuestra universidad actual es de baja calidad”: él que forma parte de ella quizás sirva de ejemplo. Eso sí, asegura que “resulta representativa de la sociedad española, de gran mediocridad cultural”. La élite os ha hablado, plebe mediocre inculta.

Su diagnóstico: “cada sociedad tiene la universidad que se merece”. O sea que se trata de un asunto moral donde la mala es la sociedad, no la universidad.

Sigue: “la universidad sólo es una máquina expendedora de títulos académicos de bajo coste, limitándose a satisfacer las demandas arribistas de una sociedad de clases medias que no aprecia el capital humano, sino el capital social”. Gil Calvo muestra a menudo su desprecio por las clases medias, no es nada sorprendente. Lo raro es que aquí no diferencia la universidad privada de la pública: quizás algunos van a universidades privadas a hacer contactos sociales, pero no creo que la universidad pública sea muy útil para ello. Por otro lado, resulta raro en un colectivista que desprecie el capital social. Lo que hay que ver.