Tonterías selectas

28/04/2017

El director de un centro científico “evangeliza” a sus investigadores

Entrevista a Nazaret Castro: “La gran distribución arrasa el pequeño comercio y deshumaniza a la sociedad”

Un libro de 4º de ESO apunta a la existencia del salario mínimo como causa del desempleo, de Tomeu Ferrer

No estamos todos, faltan los trabajadores muertos, de Isaac Rosa

El infrahombre, de Ignacio Sánchez Cámara

Lo cierto es que, al final, la eliminación de Dios, no sólo no ha producido la liberación del hombre, sino que lo ha esclavizado. «Liberado» de Dios, se convierte en esclavo del mundo, de sus propias pulsiones, de sus descarriados deseos. Esclavo y huérfano. Es como si la liberación del niño transitara por la muerte de su padre. Lo cierto es que no es posible un verdadero humanismo sin Dios. Es lo que Henri de Lubac calificó como el «drama del humanismo ateo». En realidad, Nietzsche expresa el paradigma de la humana soberbia: «Si Dios existiera, ¿cómo soportaría yo no serlo?». Pero sin Dios, no hay sentido, y sin sentido no hay dignidad ni esperanza para el hombre. Cabe recordar el título del libro del padre del conductismo, Skinner: «Más allá de la libertad y la dignidad». No es, pues, una vaga hipótesis. La supresión de la dignidad humana, la negación de su condición personal, es un hecho, vinculado a la negación de Dios.

El ateísmo no conduce a la liberación del hombre, sino a su esclavitud. Cuando se eclipsó en Europa el cristianismo, lo que surgió no fue la libertad sino el terror totalitario. El totalitarismo no es hijo de la creencia en verdades absolutas, sino más bien heredero del nihilismo y de la disolución de los valores cristianos. No es posible un totalitarismo cristiano. El comunismo y el nazismo son fruto del ateísmo y del nihilismo que este lleva consigo. El totalitarismo no es consecuencia de la verdad absoluta, sino del crepúsculo de la verdad moral. El hecho de que existan interpretaciones de algunas religiones que conduzcan a la barbarie no permite identificar a la religión con la barbarie. Sin el cristianismo no habrían sido posible la ilustración, ni el liberalismo, ni la democracia. Por eso, decía Ortega y Gasset que la modernidad es el fruto tardío de la idea de Dios. Sólo el cristianismo pudo abrir el camino a los ideales de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Tiene razón el personaje de Los hermanos Karamazov, de Dostoievsky: «Si Dios no existe, todo está permitido». Incluida, por supuesto, la barbarie. El cristianismo no sólo no es un obstáculo para la democracia, sino que constituye la condición de su posibilidad. Las democracias sólo arraigan en un suelo que ha sido fertilizado por el ideal cristiano, o que ha recibido su influjo.

La teocracia no es la consecuencia de la religión; es el error de algunas religiones, o, acaso, de algunas interpretaciones de ellas. La distinción cristiana entre el poder espiritual y el temporal es la mejor barrera contra el despotismo. Si ambos poderes se juntan en las mismas manos, el camino hacia la servidumbre queda en franquía.

La crisis que vive Europa y el mundo occidental tiene mucho que ver con la pérdida de vigencia social del cristianismo. Lamentamos lo que nos sucede, mientras rechazamos lo único que podría curar nuestros males. Somos algo así como enfermos rebeldes que agravan, sin pretenderlo, su enfermedad. No es extraño que el ateísmo se identifique con la crisis del humanismo, y que en nuestra época se hable de poshumanismo. El ateísmo no conduce al humanismo, sino a su negación. La idea de un humanismo ateo es una contradicción en los términos.

Basta mirar a nuestro alrededor. La crisis actual es moral, y, por tanto, religiosa. No es posible conservar los valores y principios mientras se destruye su fundamento. No hay progreso sin Dios. Cabe hablar así de un «regresismo» ateo. Afirmó Alexis de Tocqueville que las sociedades democráticas podían conducir alternativamente a la libertad o a la servidumbre, a la civilización o a la barbarie, al bienestar o a la miseria. Depende de sus ciudadanos. La democracia no garantiza, por lo tanto, la libertad, la civilización y el bienestar. Sin Dios, el camino hacia la servidumbre, la barbarie y la miseria queda abierto. Cuando se prescinde de Dios, se degrada al hombre. No surge el superhombre, sino el infrahombre.

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Recomendaciones

27/04/2017

Where did language come from?, by Cormac McCarthy

Is Quantum Theory About Reality or What We Know?, by James Owen Weatherall

La infinanciable revolución tributaria de Trump, de Juan Ramón Rallo

Why Doesn’t Ancient Fiction Talk About Feelings?, by Julie Sedivy

La compasión hipotecaria, de Benito Arruñada


Tonterías selectas

27/04/2017

Madrid, Capital de la Paz, de Federico Mayor Zaragoza

Homeopatía Sí

Federación Española de Médicos Homeópatas

Cómo se hace la reingeniería social de un país, de Fray Nelson

Ramoncín: “No me gusta Stalin, pero me siento marxista”

No me gusta Stalin, pero me siento marxista. Conviene leer a Marx, aunque seas de extrema derecha. Sus textos abren debates centrales de nuestra época: cómo se generan las plusvalías, quién reparte la riqueza que producen los trabajadores, por qué aumenta la desigualdad… El otro día leí que el dueño de Telepizza cobra 800 veces más que un repartidor. Eso es capitalismo salvaje. Las diferencias no pueden ser tan bestias.


Tonterías selectas

26/04/2017

La crisis de la socialdemocracia y la implosión de la Unión Europea, de Willy Meyer

Madrid es una cloaca de corrupción, de Alejandro Inurrieta

Los que más criticaban al sector público son los que más se han aprovechado de él, engordando sus cuentas corrientes, propias y de familiares cercanos, con el beneplácito intelectual de colaboradores necesarios como Daniel Lacalle, hoy muy callado después de ser el fichaje estrella de Esperanza Aguirre y luego de Cifuentes, o Rallo, eterno defensor del PP en todas sus vertientes.

Join the party of love, by Max Harris

Che Guevara wrote in a 1965 letter: ‘At the risk of seeming ridiculous, let me say that the true revolutionary is guided by great feelings of love. It is impossible to think of a genuine revolutionary lacking this quality.’

… The main purpose of a general politics of love is to make love a lodestar – a starting point or standard – in political discussions. A general politics of love connects politics to everyday felt experiences. It reminds us that the personal is political, as feminism has long emphasised. It steers us away from individualism and self-interest, since, as Iris Murdoch put it in ‘The Sublime and the Good’ (1959), love ‘is the extremely difficult realisation that something other than oneself is real’. It takes us in the direction of an other-regarding politics: a politics of other people.

… Our societies lack love because of the structure of the economy, which harnesses exploitation and greed while also taking away the time that people need for truly loving relationships. Societies lack love because of an unequal social structure that leaves people wounded, lonely and distant from each other in supposed communities. And they lack love because of the patriarchal, white-supremacist and related oppressive forces that create conditions of violence, insecurity and distrust.

… Prisons embody a failure of love in institutional form: they deprive individuals of the tenderness of social contact, and require people to see themselves in terms of the worst thing they have ever done. Decarceration – which involves a collection of strategies ending incarceration for young people, abolishing short-term sentences, bolstering effective treatment and rehabilitation for individuals with serious problems – is an attempt to bring love to the fore.

Another action that could serve as a love-based lightning-rod for people to rally around is the introduction of a Universal Basic Income (UBI). This is a government payment to all individuals within a political community, usually monthly, which is not tied to work or other status. It has the potential to free people from unloving, exploitative work relationships. If a UBI is set at a sufficiently generous level, it might also give people the time and space to practice love directly in community with family, friends and neighbourhood. A UBI might be part of an economic platform that views human beings no longer as Homo economicus (self-interested individuals) but rather as interdependent, socially connected, loving members of a wider community.

… A radical politics of love is not passive. It does not license pushover politics. Recall that justice must be done before love can be completely realised. And sometimes love itself requires anger, conflict and confrontational action. There is no inconsistency, then, between a radical politics of love and the calling out of racism, or direct action against sites of racism, capitalism and oppression.

La verdad sobre lo que su hijo estudiará si le apunta a Religión

¿Es distinto obligar a las mujeres a ponerse un velo que a quitárselo?, de Miguel Forcat Luque

El gasto en educación y concienciación debe ser entendido como la dificultad lógica derivada de nuestra necesidad de acoger inmigrantes. Es, en definitiva, un gasto necesario que debemos financiar y en el que tenemos que incurrir.

Que las mujeres se cubran y los hombres no es injusto y por tanto hay que acabar con ello. Pero sin prohibiciones: ¿Cómo entonces? Con educación y concienciación.


Tonterías selectas

24/04/2017

La desigualdad económica: orígenes y causas, de Cristian Gómez Martínez, de Economistas sin Fronteras

La Economía, un fraude no tan inocente, de Juan Torres López

Corrupción y régimen neoliberal, de Juan Laborda

Soluciones nuevas y comunes, por la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo, la Red Europea contra la Pobreza y WWF, miembros de la plataforma Futuro en Común

Una agenda socio-liberal para el Siglo XXI, de Manuel Alejandro Hidalgo

El socio-liberalismo comparte con el liberalismo la idea de que es importante preservar la libertad individual como base y fundamento del desarrollo de una sociedad. La libertad del individuo es la base para el desarrollo de una sociedad moderna y democrática. Sin embargo comparte también la idea de que estos mismos individuos están obligados a convivir con otros individuos en un marco de relaciones donde la confianza mutua y la convivencia pueden deteriorarse significativamente si aparecen desigualdades excesivas o dinámicas de exclusión social. De nada sirve la libertad individual si esta no se mezcla armoniosamente en el conjunto social donde se desarrolla. En este sentido, la política debe enmarcar dos tipos de intervenciones que por un lado permita expandir la libertad del individuo, facilitarla, y por otro que la encauce por un bien social superior.

… A este liberalismo económico habría que añadir una clara función redistributiva y de supervisión económica. La vertiente social. Marcando algunas diferencias con las políticas socialdemócratas tradicionales, donde las medidas de redistribución son más pasivas, la política social debe ser más proactiva, debe tomar en serio su capacidad para influir y elevar la eficiencia de lo que en los setenta se vino a llamar oferta. Buscando paralelismos con los postulados liberales de aquella época, estas políticas sociales, muchas nada novedosas, deben en parte centrar su atención en cómo mejorar y hacer más eficiente la oferta productiva. Si, como he dicho antes, la desregulación puede ayudar a ello, pero paradójicamente y a diferencia de las propuestas más liberales, mediante su intervención redistributiva el Estado puede hacer mucho bien a la misma.

En este sentido, el Estado debe asegurar la libertad de los ciudadanos en su relación con la actividad económica y laboral. Para ello es fundamental la libertad de opciones, y por lo tanto la igualdad de oportunidades. Son absolutamente necesarias políticas predistributivas, como son las tradicionales de educación y sanidad pública. Pero además son fundamentales políticas que fomenten mediante la redistribución monetaria o en especie, la libertad de decisiones.

… En resumen, tres grandes pilares deben guiar la política pública del futuro, una política de oferta liberal que fomente la eficiencia y el crecimiento económico, una política de oferta “social”, que eleve y mejore la participación laboral de todos los colectivos pero en especial de aquellos que con los recientes cambios pueden verse desplazados y, por último, una política de igualación de oportunidades, y que se concretaría con las tradicionales educación y sanidad públicas.


Tonterías selectas

21/04/2017

Belén González Casanova critica a Juan Ramón Rallo sobre la gestación subrogada

Una vez más el señor Rallo excede su campo de conocimiento (suponemos que de economía sabe algo) para deleitarnos con su defensa desquiciada de los vientres de alquiler, o tráfico de úteros. No sé qué tiene este individuo con este tema, que no para de hablar de él. Probablemente haya alquilado a una de estas mujeres y su conciencia le obligue a justificarlo para poder dormir por las noches. La verdad es que ni lo sé, ni me importa.

Sin embargo me indigna y me toca bastante las narices su prepotencia y su demagogia de cafetería de facultad de tercera para defender este disparate. Así que me he leído el artículo (error).

Desde el título ya descalifica los argumentos de su oponente tachándolos de sectarios. Eso ya le descalifica a usted. De entrada, el otro no tiene razón y usted sí. Muy de Corea del Norte esto.

Pero el cuerpo del artículo no tiene desperdicio. Nos regala frases como: “Sin embargo, como siempre sucede cuando las personas conquistan nuevas libertades frente a los prejuicios sociales establecidos, frente a los dogmas religiosos enquistados o frente a las restricciones estatales consolidadas, suele producirse una reacción carcunda que trata de bloquear semejante progreso moral.” Sentemos las bases: los que están en contra del tráfico de úteros y del uso de la mujer como horno por horas, tenemos prejuicios y estamos enquistados. Muy bien argumentado, oiga. Descalificativos aparte (me he tomado un primperan para poder seguir leyendo), ¿a qué progreso moral se refiere usted? Progreso técnico, vale. Moral, en absoluto.

No es moral fecundar a un ser humano en un laboratorio, no es moral gestarlo en el vientre de una mujer con la que no tendrá más contacto, ni negarle el derecho a conocer su origen: quiénes son sus progenitores y de dónde viene.

Estos diez argumentos que usted rebate son perfectamente válidos. Sus argumentos en contra son pueriles y sin sentido.

“¿vamos a prohibir el trabajo para evitar la esclavitud?” Con esto gana usted una discusión de instituto, tal vez.

Para seguir dándose a usted mismo la razón, tacha a los que argumentan a favor del respeto a la mujer y la maternidad como filomarxistas. Ole. Y compara alquilar un útero con el servicio que presta un profesor en una escuela. ¿Había bebido usted al escribir esto?

Señor Rallo, demuestra usted un sectarismo, un desconocimiento absoluto de la materia, y una falta de moral que son apabullantes. Le agradezco que no haya usado el argumento de “es lo mismo que donar un riñón”, no sé si porque se ha dado cuenta de su estupidez o porque se le ha olvidado (probablemente lo segundo). No tiene usted el más mínimo respeto por la vida, la dignidad del ser humano y los derechos de las mujeres.

Estas personas que, según usted, tienen derecho a formar una familia (no sé qué derecho es ese, es un privilegio) pueden perfectamente adoptar un niño. Frente a su supuesto derecho está el derecho del niño.

Un niño tiene derecho a ser concebido de forma natural, a ser engendrado por su propia madre (con la que creará un vínculo afectivo desde el primer día), a conocer quiénes son sus padres y de dónde viene él y a tener contacto con ellos. Un niño adoptado al menos tiene la posibilidad de saber de dónde viene y algún día conocer a sus progenitores. A un niño de laboratorio se le niega ese derecho de base.

No pensemos en los niños que estamos creando in vitro y cocinando in vivo. Pensemos en nuestro capricho de ser papás y mamás a toda costa.

Luego pasa como a Samanta Villar, que se arrepiente con el primer desvelo.

“En definitiva, el señor Rallo (léase, Mengele) que apoya la gestación subrogada no proporciona ningún buen argumento en su favor. Más bien, su manifiesto es una recopilación de prejuicios y contradicciones que únicamente pretende esconder la vomitiva ideología de fondo que destila. No proporciona argumentos razonables, sino apariencias de argumentos para justificar ante la sociedad sus dogmas y para, en última instancia, iniciar una campaña de propaganda que, por un lado, siga defendiendo la mercantilización de la mujer y, por otro, sirva como vehículo para insuflar culturalmente un marco analítico amoral y, por ende, antagónico con los derecho básicos fundamentales”.

Comentarios a “Diez pésimos y sectarios argumentos contra la gestación subrogada” de Juan Ramón Rallo

Viggo Mortensen defiende las subvenciones al cine: “Fanfarrones neoliberales, déjense de joder”

Liberales: hablemos del populismo en serio, pero del vuestro, de Esteban Hernández

Es imprescindible dejar de pensar en el crecimiento económico, de Juan Carlos Barba


Tonterías selectas

20/04/2017

Jeffrey Sachs, asesor económico de la Gestora del PSOE, y su rol en el colapso de la URSS

Los datos que presentaba en mi libro, sin embargo, mostraban que la Revolución Bolchevique había sido un hecho de primera magnitud que afectó positivamente la calidad de vida y el bienestar de las poblaciones de aquel país, desarrollando una fuerza económica que fue capaz en muy poco tiempo de derrotar a una de las mayores potencias económicas en Europa, la Alemania nazi, durante la II Guerra Mundial. Nada menos que Winston Churchill, el dirigente conservador del Reino Unido, reconoció que la URSS fue la potencia que en realidad derrotó a la Alemania nazi en Europa. Ni que decir tiene que las fuerzas aliadas jugaron un papel importante, pero no determinante en la derrota de la Alemania nazi. La intervención soviética sí que fue la determinante. En referencia a su política social, lejos de ser un desastre, proveyó seguridad y protección social a la gran mayoría de la población. Y lo pude ver en mis visitas. En realidad, el grado de protección social y la extensión de la cobertura de sus beneficios en los servicios públicos como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios sociales, vivienda y otros, eran mayores que los existentes en EEUU.

Ahora bien, el punto flaco de aquel sistema dictatorial era que el maridaje del Partido Comunista con el Estado era tal, que el aparato del partido se fue convirtiendo en una nueva clase que controlaba la sociedad a través del Estado, y que utilizaba tal control para optimizar sus intereses como clase, lo cual aparecía también en su Estado del Bienestar. En cada uno de los sectores, desde la sanidad a la educación, así como en las pensiones, había dos niveles y tipos de servicios y transferencias: unos para la clase dirigente y los otros para todos los demás. Esta dicotomía era clara y aparente, y contribuyó a la pérdida de legitimidad del sistema, pues la narrativa oficial de hermandad y solidaridad contrastaba con la práctica: una sociedad con explotación de clase. De ahí que ya anunciara en mi libro escrito en 1977 que el sistema político era inestable y que ocurrirían cambios como consecuencia de la presión popular para que los hubiera. Y así ocurrió. En 1991 la URSS colapsó.

Desmontando el régimen neoliberal (IV), de Juan Laborda

Una potente y eficaz banca pública: garantía de crecimiento inclusivo, de Bruno Estrada, adjunto al Secretario General de CCOO, miembro de Economistas Frente a la Crisis y del Consejo Internacional de Economía de Podemos

Ana Requena Aguilar entrevista a Eduardo Garzón

… a pesar de que tenemos cada vez mejor capacidad tecnológica, productiva y económica, la riqueza no se distribuye como debería y eso responde a un sistema económico muy particular que tiene un nombre, capitalismo.

… La idea es reducir los espacios que hoy viven regidos por la lógica capitalista –si me sale rentable empiezo una actividad económica y contrato a gente– eliminarla de los sectores estratégicos y más importantes para la actividad económica. La tendencia es desgraciadamente la contraria: el neoliberalismo, que supone ampliar todos esos espacios, reducir salarios para aumentar los beneficios del capital, reducir los espacios públicos de la sanidad, la educación y las pensiones para que el negocio privado pueda hincarle el diente.

… Lo que hay que hacer es que todo aquel trabajo, todo esfuerzo físico o intelectual que redunda en beneficio de nuestros prójimos, tiene que ser considerado empleo. ¿Cómo? Remunerándolo, dignificándolo y repartiéndolo de forma solidaria entre hombres y mujeres. Desde mi punto de vista eso debe hacerse mediante el trabajo garantizado: todas esas actividades trasladándolo en la medida de lo posible al ámbito público, a un empleo remunerado y más cualificado y profesionalizado.

… Creo que la renta básica no debería ser, al menos no toda, en dinero sino en especie. Por ejemplo, la sanidad y la educación ya es renta básica en especie. Tendríamos que hacer lo mismo con la alimentación, el transporte, el alojamiento y podríamos pensar también en la energía o, por qué no, las telecomunicaciones. En lugar de dar dinero y que se busquen las habichuelas en un mercado contaminado por desequilibrios de poder, controlarlo y regularlo a través de decisiones democráticas, transportes, participativas y atendiendo a criterios sociales, ecológicos, de género…

P: Critica el alarmismo sobre las pensiones, pero ¿no cree que con un déficit de 18.000 millones de euros en la Seguridad Social hay ciertas razones para la preocupación?

No, no hay ningún tipo de preocupación desde un punto de vista técnico. Desde el actual sistema, si no se cambia nada, obviamente sí. Pero ya recientemente el Gobierno ha dicho que pasarán un crédito desde el monedero de los ingresos generales al de las pensiones. Eso es un real decreto que se hace en un segundo. ¿Por qué no lo dijeron en un primer momento? Porque había interés en decir que el sistema público es insostenible. El déficit es algo que no nos debería preocupar. Tener déficit público es normal y no es malo per se. De casi 200 países del mundo, 175 tuvieron déficit público en 2015.

P: Pero que la Seguridad Social tenga ese déficit quiere decir que algo pasa en el sistema.

Pero son dos monederos, el de la Seguridad Social y el de los ingresos generales, que también está en déficit, más de hecho, ¿por qué entonces nos preocupamos por el de la Seguridad Social? Juntas los monederos, pasas dinero de uno a otro y ya está solucionado el problema, no se trata de que las pensiones sean insostenibles.

P: Pero si hace falta sacar dinero de otro monedero es porque el de las pensiones no tiene recursos suficientes, ¿no ve necesario entonces hacer ahí algún cambio?

Si respetamos las reglas del juego y decimos que las pensiones se tienen que pagar solo con cotizaciones sociales entonces algo hay que hacer. O puedes optar por pasar dinero de un sitio a otro, como hace el Gobierno. Pero si se quiere reformar eso para que no sea una anomalía constante se puede hacer. No creo que haya que tener dos monederos separados, el de las cotizaciones y el de los ingresos generales. Que haya una caja única que financie todo.

Esteban Hernández entrevista a Eduardo Garzón

… parten de la premisa de que la gente compra los productos que son más baratos, y eso hace que sus investigaciones y análisis den como resultado que es así, y que el precio es el factor determinante.

… En las clases en la facultad nos decían que lo que determinaba el precio de los productos era el coste de la materia prima y el de los salarios, además de los impuestos. Pero un compañero, cuyo padre tenía una tienda de muebles, decía que lo que se hacía en su negocio era fijarse en la competencia para marcar los precios.

… El dinero puede llegar a la gente de dos maneras: o a través de los bancos privados, a los que los bancos centrales les dan facilidades para que presten, y con ello se lucran, o a través del déficit público. Si este se reduce o se prohíbe, no se inyectará dinero en la sociedad, por lo que se estará aumentando la capacidad de las entidades financieras para que sean ellas las que muevan el dinero y consigan beneficio. Por otra parte, cuanta menos capacidad tenga el Estado para incrementar su gasto, menos sanidad, educación y servicios públicos proveerá, lo que le brindará un notable espacio de crecimiento al sector privado. A este le viene muy bien que su competidor público tenga escasa capacidad de desarrollo. Si la sanidad pública es mala y su calidad disminuye, será la privada la que obtenga los réditos. Esa es la intención también del déficit bajo o inexistente.

… Un gobierno no está limitado a la hora de crear dinero, y eso tiene una ventaja muy importante a la hora de aplicar políticas públicas, y es una ventaja que hay que tener en cuenta. Está claro que al entrar en el terreno práctico puede acarrear consecuencias negativas por el simple hecho de ir contra corriente. Sin embargo, cuando hablamos de confianza y de validez de una moneda, hay que tener en cuenta que Francia, por seguir el ejemplo, tiene muchos productos y sus ciudades puede ofrecer muchos servicios de turismo y hostelería, y para pagarlos serían necesarios los francos, al igual que si alguien quisiera invertir en ese país se vería obligado a comprarlos. Todo depende de su desarrollo económico. Un país como Haití tendría muchos problemas para hacer valer su moneda pero Francia no, aunque se deban tener en cuenta los ataques que podría sufrir desde la élite económica europea.

… Si tuviéramos más dinero, se incrementaría la capacidad de nuestra economía, pero eso no haría subir los precios. Eso ocurriría si los negocios estuvieran funcionando a plenos rendimiento, lo que no es el caso. Hay mucho margen para inyectar dinero sin que se generen tensiones inflacionistas.

… Todo en las sociedades capitalistas se enfoca desde la rentabilidad, de forma que la máquina sólo se pone en marcha si al dueño de las fuerzas productivas le resulta rentable. Antes de 2006 lo era, y ahora no, y por eso no la ponen a funcionar a plena capacidad. Pero eso no quiere decir que seamos más pobres: seguimos teniendo maquinaria, conocimientos, capacidad y piernas y brazos. La cuestión es que debemos organizarnos desde otra lógica que no sea la de la mera rentabilidad. Hay que democratizar la economía de modo que seamos nosotros quienes pongamos en marcha la máquina cuando lo decidamos entre todos.

… Al igual que por el mero hecho de haber nacido tenemos derecho a la educación y a la sanidad, podríamos ampliar a la alimentación, la energía o el transporte. Conseguiríamos mucho más que con la renta básica, que al fin y al cabo te deja en una situación en la que los oligopolios pueden abusar de ti. Si te dan dinero pero te abandonan a la lógica de rentabilidad económica, al final careces de poder para evitar que las grandes empresas saquen partido de ti. Si quieres alquilar una vivienda en Madrid y el Estado la garantizase sería muy distinto.