Recomendaciones

31/01/2011

Cutting Off Communications in Egypt

Cebrián x 4, de Carlos Rodríguez Braun

La incógnita Rajoy, de Juan Ramón Rallo

¿Juega Sarkozy a ser Felipe II?, de Gabriel Calzada

Financial Crisis Inquiry Commission, by Arnold Kling


Saber sobre células o sobre humanos

30/01/2011

Según Rama Khokha, investigadora en biología del cáncer:

Si entiendes la biología molecular, comprendes al ser humano, porque entiendes cómo funcionan las células.

Ella cree que comprende al ser humano y no puede estar más despistada. Creer que saber cómo funcionan las células es suficiente para entender al ser humano es intelectualmente ridículo. Es una confusión de niveles notable: comprender la vida a nivel celular puede ayudar a comprender a los humanos, pero está muy lejos de ser suficiente. Las células no tienen una mente compleja, no tienen cultura, no son simbólicas, no son autoconscientes…

Respecto a los tests genéticos para detectar futuras enfermedades (como el alzhéimer), le preguntan si sirve de algo saber que uno estará posiblemente enfermo si esa patología no tiene cura aún.

Yo prefiero saber. Saber es siempre mejor que no saber. Es una cualidad del ser humano.

Obviamente no sabe que las valoraciones son subjetivas: comienza afirmando que ella prefiere algo, pero luego asegura que ese algo es mejor, como si fuera un hecho universal objetivo. El ser humano es muy dado a la ignorancia y al autoengaño estratégico en sus relaciones sociales: a menudo conviene no saber.

No queda claro cuál es la cualidad del ser humano: saber o preferir saber. Tampoco queda claro si está describiendo al ser humano o valorándolo.


Basura selecta

30/01/2011

¿Y si compráramos nuestra deuda pública?, de Andrés Villena

Los recortes del gasto sanitario, de Vicenç Navarro

Viñeta de Forges

La necesidad de preservar la cultura del acuerdo, de Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, secretarios generales de UGT y CC OO

La decadencia de la economía mundial, de Carlos Berzosa

Los líderes políticos actuales, sean del color que sean, así como los economistas que les asesoran e influyen con sus ideas en los poderes decisorios, parecen poco conscientes de las condiciones económicas y sociales que están creando. Se está profundizando todavía más en la economía neoliberal que nos ha conducido a este desastre, y el fundamentalismo de mercado se impone sobre las ventajas del Estado del bienestar.

No se dan pasos que remedien estas calamidades, y se confía en lo que se considera buena gobernanza para que los países salgan del subdesarrollo y avancen en el camino del desarrollo, como han hecho algunos de los países emergentes. Se propugna un orden económico internacional neoliberal en contra de las propuestas que se hicieron en la década de los setenta, que planteaban un Nuevo Orden Económico Internacional sustentado en una mayor regulación económica, con mecanismo de compensación hacia los países menos desarrollados y en el que la cooperación remediase los fallos del mercado, que entre otras cosas lleva consigo incrementos de la desigualdad. El orden neoliberal no es capaz de afrontar los graves problemas existentes de desigualdad, pobreza y hambre. El paso de los años lo corrobora.

Hay que propugnar un desarrollo humano más allá de lo que nos dicen las grandes cifras macroeconómicas. Pero estamos lejos de ello, y así los economistas neoliberales, los grandes poderes económicos, y sus cada vez más subordinados políticos, nos conduce a un mundo que se asienta sobre un polvorín.


Fernando Savater y la ausencia de ley

30/01/2011

Afirma Fernando Savater:

Si todos tuviésemos buena voluntad, nos coordinaríamos sin coacción ni sanción.

No está claro si Savater defiende esta idea o la presenta para criticarla. Es la falacia de que la necesidad de las leyes se debe exclusivamente a la mala voluntad de algunos: bastaría que todos quisieran para que se pudiera alcanzar la convivencia armoniosa. Sin embargo para conseguir algo no basta con quererlo, también es necesario tener la capacidad de alcanzarlo: y es posible que esa capacidad no exista o que sea independiente de la voluntad; podemos querer coordinarnos sin normas sancionadoras, pero tal vez nos resulte imposible por mucho que lo deseemos.

Los conflictos surgen también entre personas de buena voluntad que no consiguen ponerse de acuerdo: el diálogo no garantiza la resolución de los problemas sociales. El problema esencial no es si las normas son necesarias, sino qué contenidos normativos son adecuados. La buena voluntad de todos no es suficiente para la convivencia (y en cierto modo ni siquiera es necesaria si las instituciones sociales consiguen controlar efectivamente a los mal intencionados).

En su crítica a la sociedad sin leyes estatales muestra muy poco rigor histórico:

Cada nuevo horizonte para la actividad humana reaviva el libertario sueño ancestral. Volvemos al origen, al paraíso intacto: ¡desoíremos a la serpiente y no comeremos de la manzana! Rechacemos por aguafiestas a los que quieren organizar lo inédito con instrucciones y prohibiciones. Que todo comience. Como pasó en el Oeste americano, esa tierra de promisión y por tanto sin ley cuya épica romántica tanto hemos disfrutado en el cine. Claro que hubo víctimas: aparte de los apaches y los sioux, padecieron la alegalidad los granjeros, los comerciantes, los hijos de quienes preferían los arados a las pistolas. Y se beneficiaron de ella terratenientes y ganaderos sin escrúpulos, los más rápidos en desenfundar, los propietarios de garitos y los asaltantes de diligencias. No prosperaron los creadores de lo nuevo hasta que viejas leyes y viejas instituciones reinventadas les libraron de los bandoleros.

La ley llegó al lejano Oeste y con ella la prosperidad y la civilización: ejemplo, Las Vegas.

Su relato del lejano Oeste es una sarta de tópicos manidos sin más fundamento que las novelas y películas que no reflejan la realidad histórica sino que cuentan dramas ficticios interesantes. Véase como contrapunto este artículo de José Carlos Rodríguez y otras referencias allí mencionadas.

Mezclar Las Vegas (mediados del siglo XX) con el lejano Oeste es ya una pifia monumental; y ponerla como ejemplo de prosperidad y civilización mediante la ley llegada de fuera haría mucha gracia a las mafias que fueron parte esencial de su desarrollo.


Recomendaciones

29/01/2011

The crescent and the company

Acuerdo para salvar la cara, de Julio Pomés

El espectro de la inflación, de Álvaro Vargas Llosa

Esperanza Aguirre y las píldoras de agua, por Jorge Alcalde

¿Pueden ganar todos en la bolsa?, de Juan Ramón Rallo


El dinero mercancía

27/01/2011

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Como los servicios y la información no pueden ser dinero, sólo quedan las mercancías, los bienes físicos, las cosas materiales, como entidades monetizables fundamentales. No vale cualquier cosa: deben ser objetos fáciles de reconocer, manipular, almacenar y transportar y cuyo valor sea estable respecto a todos los posibles cambios relevantes (de persona, lugar, tiempo, cantidad y posición como comprador o vendedor).

Aunque algunas mercancías sean las que mejor cumplen alguna de esas características de forma independiente, los dineros efectivamente utilizados son las mercancías que mejor cumplen el conjunto de rasgos necesarios para satisfacer las funciones de depósito de valor (atesorar y desatesorar), medio de intercambio y unidad de cuenta. Pueden coexistir varios dineros si cada uno cumple mucho mejor alguna función: un dinero (oro) con valor muy alto para atesorar y para grandes intercambios, y otro (plata) de menor valor para los intercambios menores; un dinero como unidad de cuenta (oro), y complementos o sustitutos para los intercambios.

La facilidad de producción, manipulación, almacenamiento y transporte de un bien dependen de la tecnología y los bienes de capital disponibles en una sociedad. Conforme los grupos humanos avanzaron en su desarrollo económico los bienes monetarios fueron cambiando, desde cosas recolectadas de la naturaleza (conchas de moluscos, semillas) hacia bienes producidos con cada vez mayor grado de procesamiento (sal, metales preciosos).

Las cosas más duraderas (por su estabilidad interna y su resistencia ante perturbaciones externas) y con mayor densidad de valor por unidad de masa y volumen son más fáciles de almacenar y transportar (pero la posibilidad de robo implica costes de protección). El buen dinero debe tener unidades homogéneas persistentes, reconocibles, difíciles de falsificar, de alto valor y de una calidad uniforme (es un bien fungible, sus unidades o cantidades de sustancia son indistinguibles), y debe ser fraccionable y sumable para adaptarse a los diferentes valores de los diversos intercambios (su valor debe ser aproximadamente proporcional a su cantidad o masa, y esta debe ser ajustable a discreción). Como el ajuste y pesado de cantidades es costoso e incómodo, resulta conveniente disponer de diversas unidades estandarizadas (de composición y masa conocidas), que se puedan combinar y contar con facilidad (cabezas de distintos tipos de ganado, bolsas de sal, monedas de metales preciosos).

Los sistemas orgánicos son seres vivos caracterizados por su dinámica autónoma de organización y reproducción: son relativamente poco persistentes, complejos, internamente no homogéneos (no divisibles sin perder su naturaleza), y requieren mantenimiento; parece difícil que puedan utilizarse como dinero, pero el alimento es una necesidad humana universal y durante mucho tiempo no hubo otras alternativas. Han sido dinero algunas semillas y ciertos animales.

Las plantas no se mueven por sí mismas y suelen estropearse rápidamente al ser arrancadas: pero algunas semillas son homogéneas y persistentes. Algunos animales domesticados (ganado) se transportan e incluso buscan alimento por sí mismos con poca atención humana, sus costes de transporte y mantenimiento son relativamente pequeños; su perdurabilidad es limitada pero se reproducen a sí mismos; además son bienes de capital que generan servicios (fuerza motriz) y producen bienes regularmente y no sólo al sacrificarlos (fertilizantes, combustibles, alimentos, abrigo); para su monetización es problemático que sus unidades no sean homogéneas (diferencias entre individuos) y que no sean divisibles sin pérdida de valor (un animal es una unidad compuesta por subsistemas interdependientes).

Las cosas inorgánicas suelen ser sustancias simples (o combinaciones homogéneas de sustancias simples), persistentes y divisibles sin perder su naturaleza. Pero los gases no son apropiables con facilidad; los líquidos son difíciles de manipular (el principal, el agua, es tan abundante que su poder adquisitivo es muy bajo); las piedras o la tierra son por lo general poco valiosas o no fungibles.

Las conchas de algunos moluscos son ornamentos valiosos y bastante uniformes en unidades naturales. La sal es muy útil para la conservación de la carne y su cantidad es ajustable con precisión; protegida de la humedad es persistente de forma indefinida, pero se consume al utilizarse.

Los metales preciosos oro y plata, manipulables mediante la metalurgia, son dineros muy buenos: muy valiosos (ornamento, símbolo de estatus), persistentes, simples, ajustables a discreción en unidades persistentes de calidad y cantidad estandarizada (monedas o lingotes). Otros metales como el cobre y el hierro son menos resistentes o valiosos; el platino es demasiado escaso. Las piedras preciosas no son por lo general buenos dineros: los diamantes no son fraccionables (su valor no depende de la cantidad de sustancia sino de su estructura, y crece más que proporcionalmente con su tamaño y pureza).


Recomendaciones

27/01/2011

Freedom Is Not Compatible with Government’s Initiation of Force against Innocent People, by Robert Higgs

The poor are not getting poorer, by Steven G. Horwitz

De la pirámide demográfica a la financiera, de Manuel Conthe

New Heroes vs. Old, by Thomas Sowell

Los frutos podridos de las pensiones públicas, de Juan Ramón Rallo