Recortes y sanidad pública

21/11/2011

Artículo en Libertad Digital.


Jean-Marie Colombani y la reforma sanitaria de Obama

19/08/2009

Jean-Marie Colombani, ex director del diario francés Le Monde, asegura que “Los ‘lobbies’ sanitarios se enfrentan a Obama”:

Hay dos puntos del programa electoral de Barack Obama que serán determinantes para juzgar la calidad de su mandato: la lucha contra la crisis, por supuesto, y también la promesa de creación de un seguro médico que permita cubrir, por fin, a los 46 millones de norteamericanos que carecen de toda asistencia. Si bien sobre el primer punto no hay un verdadero debate -al margen de una minoría del Partido Republicano que critica la intervención del Estado en sí misma-, no ocurre lo mismo en lo tocante a la salud.

Una idiotez tras otra. Si Colombani afirma que no hay un auténtico debate sobre la lucha contra la crisis económica, tendremos que creerlo, faltaría más, porque se trata de un periodista de alto nivel que debe saberlo todo. Es interesante comprobar cómo los necios aseguran que no existe aquello de lo que menos saben, convenciendo así a otros incautos tan desinformados como ellos.

No existen “46 millones de norteamericanos que carecen de toda asistencia”. Lo que hay es norteamericanos que carecen de seguro médico. Pueden recibir asistencia médica pagándola por su cuenta (como se puede arreglar un vehículo aunque no se tenga seguro a todo riesgo), o como hacen muchos a través de los servicios de urgencias, donde en general no pueden ser rechazados. De esos muchos millones una proporción importante son inmigrantes ilegales (para quienes no es posible contratar una póliza de seguro), otros son trabajadores en transición entre empleos, y muchos son jóvenes a quienes no les merece la pena pagar un seguro médico porque no creen que vayan a necesitar servicios médicos en breve.

Según Colombani Estados Unidos es “un país en el que los lobbies de las compañías aseguradoras y las corporaciones médicas son prácticamente todopoderosas”. Quizás sean algo menos todopoderosas que el gobierno de Estados Unidos, que es quien establece las leyes de las cuales luego éstas intentan aprovecharse. Y Obama pretende incrementar el poder de ese mismo gobierno, y por eso muchos ciudadanos se oponen a él, no intentan simplemente “enmascarar el carácter racial de su oposición”.

Hemos visto fijar carteles con el retrato de Obama luciendo un bigote al estilo hitleriano.

Como si fuera algo novedoso. Con Bush o con otros políticos nunca se ha hecho ¿verdad?

Sarah Palin ha tomado como pretexto una disposición que incluye en el proyecto de cobertura sanitaria la asistencia médica al final de la vida para denunciar -ahí es nada- la instauración de “tribunales de la muerte”. Dirigiéndose a las personas mayores, les anuncia que, si el texto sale aprobado, tendrán que comparecer ante un tribunal compuesto por burócratas que decidirán si serán atendidos o no.

Los políticos son así de demagógicos, pero algo de verdad hay. Los medios sanitarios son escasos y no pueden dar satisfacción a todos los deseos de atención, de modo que alguien debe decidir, en un sistema burocratizado, quién deja de recibirla (y algunos ancianos con escasas posibilidades de supervivencia serán los principales candidatos).

Estos excesos y esta ofensiva han marcado a la opinión pública. En un país en el que el temor al Estado se impone siempre a la idea de que éste pueda aportar soluciones a los problemas de la gente, la campaña de los adversarios de Barack Obama se ha traducido en un descenso espectacular del índice de confianza del presidente, que, sin embargo, sigue siendo mayoritario por muy poco.

O sea que Obama no puede perder la confianza de sus ciudadanos por sus propios errores: son esas indeseables campañas las responsables de que el rebaño desconfíe de su líder supremo. Porque el Estado puede “aportar soluciones a los problemas de la gente”: o más concretamente puede ayudar a algunas personas a costa de perjudicar a otras personas. Porque mucha de esa gente preferiría que el Estado les dejara en paz, o que al menos les permitiera escoger si aceptar o no su ayuda.

Fundamentalmente, se trata de instaurar un sistema de seguros de enfermedad accesible a todos los estadounidenses y gestionado por el Estado. Las compañías aseguradoras objetan que el sistema público podría llegar a ser un competidor para ellas y temen que la intervención del Estado en este terreno conduzca a una bajada del precio de las prestaciones médicas y, en consecuencia, de las primas de los seguros.

El Estado, ese maravilloso gestor que está llevando a la ruina a los programas que ya controla como Medicare (ancianos) o Medicaid (pobres). Repitamos muchas veces que el sistema será accesible a todos y olvidemos hablar de lo que va a costar.

Las aseguradoras ganan dinero por la diferencia entre sus ingresos (primas de los seguros) y sus costes (los precios de las prestaciones médicas más sus costes administrativos). Que ambos bajen no implica necesariamente problemas para las aseguradoras si el margen se mantiene. Pero pedir a Colombani un mínimo de rigor en el razonamiento económico quizás sea excesivo.

Lo que pretende Obama es poner término a algo que, para todo europeo, sigue siendo objeto de escándalo: el hecho de que 46 millones de estadounidenses (algunos dicen que hasta 50 millones) carezcan de toda cobertura sanitaria.

Colombani conoce íntimamente a todos los europeos y sabe lo que los escandaliza. Me pregunto si he olvidado mi estrecha relación con este sujeto, con quien no recuerdo haber hablado de este tema, que además no me escandaliza en absoluto. O tal vez es que no soy europeo, y conozco a un montón de personas que curiosamente tampoco son europeos aunque ellos no lo sepan.


Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial

12/05/2009

Según Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial:

La causa de los males en la sanidad española no es la falta de médicos. No negamos que hay una carencia, pero no es determinante. Lo que hay es una falta de respuesta a necesidades puntuales. Qué más quisiéramos en la OMC que tener 400.000 médicos en vez de 210.000. Pero no es la solución. Es más, muchos males de la sanidad pública proceden del exceso de médicos que hubo en las décadas precedentes, que no permitió introducir cambios. Intentar resolver el problema aumentando los númerus clausus es una gran irresponsabilidad.

Efectivamente lo que falta en la sanidad española es libertad. La cantidad de médicos en un sistema libre se ajustaría mediante la interacción entre la oferta y la demanda. Una organización gremial como la OMC es un grupo de presión de los médicos ya establecidos a quienes interesa reducir la oferta de médicos para que así sus miembros puedan tener más oportunidades profesionales e ingresos más altos. Por eso resulta risible leer a su presidente que les gustaría que se doblara el número de médicos: es el discurso del engaño, de la distracción de la atención. Para presidir un grupo de interés hay que estar dispuesto a mentir mucho.

Su afán dirigista lo muestra con su propuesta:  “identificar dónde están las necesidades. Dónde sobran y dónde faltan médicos. Es decir, hacer el famoso registro de profesionales.” O sea planificación centralizada, también conocida como socialismo.

Su fobia a la competencia la demuestra al calificar de “ataque de locura” que las enfermeras puedan prescribir medicamentos.

Su desprecio de la libertad y de la ética sale a relucir cuando le preguntan si está de acuerdo con que el gobierno haya “aparcado el objetivo de regular la muerte digna y el suicidio asistido”.

Sí. No se puede jugar con la vida o la muerte en función de unas necesidades que no son las claras de una mayoría.

O sea que la mayoría dicta lo que puede hacer o no la minoría. Y esa presunta minoría no decide libremente sino que juega con la vida o la muerte: no importa que sea su vida y su muerte. Hay médicos que se creen diosecillos con derecho a disponer de las vidas y muertes de sus pacientes en contra de su voluntad. Con la complicidad de la burocracia estatal en la cual están cómodamente instalados.