Tonterías selectas

31/12/2017

Comeréis tulipanes y os arruinaréis, de Xavier Vidal-Folch

Noam Chomsky: “El capitalismo se basa en supuestos despiadados, antihumanos”

Mata el machismo, de Miguel Lorente Acosta

Cuidar de los ricos, de Emir Sader

El estado unitario y neoliberal contra la soberanía democrática, de Javier Segura


Tonterías selectas

29/12/2017

Por qué no tenemos niños, por qué es un drama, de Francisco José Contreras

Poliamor: ¿amor libre o neoliberal?, de José Saturnino Martínez García

Sísifo y el ciclo del consumo, de Begonña Huertas

Soledad y compañía, de Olegario González de Cardedal

Homeopathy Is About To Be Regulated Out Of Existence, But Science Just Got In The Way, by Bill Sardi


Recomendaciones

28/12/2017

¿Cuánto vale un cuadro de Leonardo da Vinci?, de Francisco Cabrillo

¡Qué buen corazón tienen esos pobres ricos!, de Pedro Schwartz

How Darknet Sellers Build Trust, by Rachel Botsman

The Current Sex Panic Harks Back to the Era of Coddling Women, by Megan McArdle

Europa über Alles, de Juan Pina


Tonterías selectas

27/12/2017

¿Cuán malo es bitcoin para el mundo? (Citi lo tiene claro)

Hacerse repartidor de Amazon por horas, de David Bollero

Carlos Sierra, el colombiano que se proclamó “único dueño” de todos los fenómenos naturales

I Experienced the Divine on Christmas Day, by Robin Koerner

Karl Denninger on Bitcoin


Tonterías selectas

25/12/2017

Ahora que especismo está en el diccionario, de José Luis Gallego

El año del feminismo, el siglo del antiespecismo, de Ruth Toledano

Ice Age Earth (at LewRockwell.com)

Una visión jacobina frente a la desigualdad, de Juan Laborda

Charlie Munger contra bitcoin


Recomendaciones

24/12/2017

Una medida antisocial, de Lorenzo Bernaldo de Quirós

Rule of Law: Order Versus Justice, by Randall Holcombe

Do Thought Experiments Really Uncover New Scientific Truths?, by Dan Falk

A Climate Cure Worse than the Disease, by Bjorn Lomborg

Chimpancés y niños quieren que se castigue al ‘malo’


Tonterías selectas

22/12/2017

Recuperación salarial, de Unai Sordo, secretario general de la C. S. de CCOO

Urge subir los salarios, sin trampas ni excusas, de Gonzalo Pino, secretario confederal de Política Sindical de UGT

The Sun is Cooling Faster than Anyone Suspected, by Martin Armstrong

Es la mejor película de Navidad de la Historia y es más pertinente hoy que nunca, de Esteban Hernández

Esclavos energéticos, de Pepe Larios


Tonterías selectas

21/12/2017

El día en que Uber intentó dar gato por liebre, de Carlos Sánchez

Yay@flautas: “Las gangas se sustentan en una mano de obra esclava en el Tercer Mundo y hasta en la explotación infantil”

El bitcoin está destinado al fracaso, de Eduardo Garzón Espinosa

… como explicó Hyman Minsky, todo el mundo puede crear dinero, el problema reside en que sea aceptado. Y el grado de aceptabilidad de la moneda en cuestión depende de la capacidad que tenga su emisor de lograr (violenta o pacíficamente) su utilización. Es decir, cuanto más poder tenga el emisor para lograr que su moneda sea utilizada, mayor robustez tendrá. Por eso la moneda más sólida y utilizada es la que emite el Estado más poderoso del planeta (en términos militares, económicos, tecnológicos y culturales) que es capaz de imponer incluso por la fuerza su utilización: el dólar. Y también por eso el bolívar venezolano es dejado de lado por buena parte del país: porque el Estado de Venezuela no es capaz de imponer su uso generalizado.

¿Y qué capacidad tienen los emisores del bitcoin de lograr que su moneda sea ampliamente utilizada? Muy poca, teniendo en cuenta que no hay ni siquiera un único emisor, sino que cualquier usuario puede (tras un proceso complicado y prolongado) crear nuevos bitcoins. Ninguno de ellos -tampoco la empresa responsable del software- tiene la capacidad de imponer por la fuerza que la gente utilice la moneda. Hoy por hoy la gente utiliza el bitcoin porque de momento parece que tiene utilidad y robustez, pero esa creencia se puede romper en cualquier momento porque no hay ningún agente poderoso respaldando la emisión de esta criptomoneda.

No hay más que mirar alrededor: ¿cuántas experiencias de monedas emitidas y reguladas únicamente por el sector privado han triunfado? Muy fácil: ninguna. El caso de las monedas sociales suponen un ejemplo cristalino: las únicas que han tenido éxito han sido las que han estado respaldadas por algún tipo de administración pública. Como en Bristol, donde el Ayuntamiento apoya la emisión de la moneda social y le da confianza. La gente tiende a desconfiar de los “papelitos” que crea una empresa o asociación privada. En cambio, cuando esos mismos papelitos incluyen el logo de un ayuntamiento o de un Estado, su grado de confianza se dispara. La gente sabe que las administraciones públicas no son un invento de un día y que gozan de mucha mayor solidez y estabilidad que cualquier empresa privada. Los Estados raramente quiebran, y aunque lo hagan no dejan de existir. No ocurre lo mismo con las sociedades privadas.

La pérdida de confianza en la criptomoneda puede ocurrir por muchos motivos, pero hay una amenaza que sobresale frente a todas: la posibilidad de que sea perseguida por las autoridades. De momento el bitcoin hace poco daño a las haciendas estatales, pero como su uso se siga extendiendo, los Estados tarde o temprano comenzarán a regular fuertemente su utilización pudiendo incluso llegar al punto incluso de prohibirla, como ocurre ya en China. Ni que decir tiene que si ello ocurriese, el auge del bitcoin se detendría y ya solo le quedaría retroceder hasta poder incluso desaparecer.

… hay más: el desarrollo de los ordenadores cuánticos pone en peligro la seguridad del almacenamiento y uso de bitcoins. Las criptomonedas tienen características de seguridad importantes que evitan que sean robadas o copiadas gracias a una serie de protocolos criptográficos de difícil desciframiento con la tecnología informática actual. Sin embargo, se estima que la enorme potencia computacional que adquirirán los ordenadores cuánticos de aquí a 2027 permitirá resolver fácilmente esas encrucijadas de seguridad. Y los primeros ordenadores de este tipo ya están en desarrollo.

Por último, por si fuera poco con las debilidades y amenazas de carácter estructural, se ha unido recientemente otra de carácter coyuntural: la generación de una burbuja especulativa. Hoy día buena parte de la gente compra bitcoins para venderlos a un precio más caro, haciendo una ganancia rápida por el camino. La espiral inflacionista es notoria: mientras que en el año 2010 un bitcoin se podía cambiar por 0,05 dólares, en la actualidad se puede hacer por más de 16.000. Y ya sabemos perfectamente que pasa con las burbujas: que en algún momento estallan y todo el artificio se va al garete.

Bob Black: “Lo mejor sería una renta de subsistencia para todo ser humano”

El capitalismo y el euro no admiten reformas, de Alejandro Inurrieta


Recomendaciones

18/12/2017

Romanticizing the Hunter-Gatherer, by William Buckner

La desigualdad de riqueza no ha aumentado en España desde hace 30 años, de Juan Ramón Rallo

Bruce Caldwell reviews The Knowledge We Have Lost in Information: The History of Information in Modern Economics

The World Might Be Better Off Without College for Everyone, by Bryan Caplan

The Simplicity Assumption, by Arnold Kling


Tonterías selectas

17/12/2017

How I think about Bitcoin, by Arnold Kling

La utilización de las banderas para ocultar las políticas responsables de la gran crisis social, de Vicenç Navarro

Presidente Trump: Misión “La Luna”, ¡no! Misión: “ ¡la Tierra!”, de Federico Mayor Zaragoza

La renta básica y la prueba de la felicidad, de Begoña Huertas

Adiós, puteros, de Anita Botwin