Beatriz Gimeno contra Jesús Neira

Beatriz Gimeno, ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, afirma:

Me alegro de que este medio haya explicado cómo es Jesús Neira. La verdad es que yo no me atrevía a hacerlo. Y no hablo ahora de sus ideas políticas que por lo que nos hemos enterado, son cuanto menos curiosas. Hablo, precisamente de aquello por lo que más se le valora socialmente, su supuesta defensa de las mujeres. En realidad, Neira es un machista de los de antes. Eso no quiere decir que yo le niegue cierto valor personal, pero el valor no es suficiente para ocupar un cargo público. Una persona como él, por más méritos al valor que tenga, de ninguna manera debería estar al frente de ningún organismo ni institución dedicada a luchar por la igualdad de género. Quiero creer que muchas personas saldrían en defensa de una mujer -o de cualquier persona- a quien se esté pegando en plena calle. Pero de ahí a ser un héroe feminista hay un trecho muy largo en el que, por lo menos, hay que hablar con la persona en cuestión a ver qué opina de las cosas. Con Jesús Neira no habló nadie y ahora pasa lo que pasa.

Jesús Neira supuestamente defiende a las mujeres. Beatriz Gimeno supuestamente tiene cerebro. Eso sí, es una feminista de las de ahora, de lo más progre y políticamente correcta.

Existe un machismo criminal y delictivo que es el de aquellos que maltratan y asesinan a las mujeres y que, afortunadamente, son los menos.

Existe un feminismo criminal y delictivo que es el de aquellas que maltratan y asesinan a los hombres y que, afortunadamente, son las menos.

Después hay un machismo de menor intensidad, el de toda la vida, el de aquellos que piensan que las mujeres son distintas de los hombres y que merecen un trato diferente.

Después hay un feminismo de menor intensidad, el de ahora mismo, el de aquellas que piensan que las mujeres son iguales a los hombres, y que cuando no lo son exigen que la igualdad se lleve a cabo mediante la coacción estatal.

Es el machismo de todos aquellos que están a favor de diferenciar a niños y niñas en la escuela, aquellos que defienden que hombres y mujeres -iguales en dignidad, como dice la Iglesia- tienen sin embargo distintas capacidades y por tanto deben ocupar esferas sociales distintas, lo que al final se traduce en el machismo de toda la vida: ellas en casa, ellos a trabajar fuera.

¡Cómo se le ocurre a alguien pensar que las capacidades de hombres y mujeres puedan ser diferentes! Lo que no queda claro es cómo se pasa de allí al deber de ocupar una esfera social distinta. Las personas suelen hacer y ser lo que quieren y pueden: el deber suele imponerse desde fuera, sobre todo desde el Estado que se supone debe garantizar la maravillosa igualdad.

Esta última postura no excluye sino que, al contrario, muchas veces lleva aparejado una especie de trato supuestamente deferente hacia las mujeres. Se nos cede al paso al llegar a una puerta, pero no se nos cede ni una pizca de poder; se nos hace reinas de la casa, pero para que nos quedemos dentro. Es el machismo de nuestros abuelos y de muchos de nuestros padres (en el mejor de los casos).

Obsérvese cómo utiliza la voz pasiva para ocultar quién no les da poder y hacerse la víctima. Al hablar de sus padres y sus abuelos obviamente está mostrando que ha tenido ciertos problemas con su historia personal que ella traspasa a todos los demás.

Yo ya me había dado cuenta de que Jesús Neira es de estos cuando recién salido del coma, en la primera entrevista que le hicieron, le preguntaron por su opinión sobre el machismo que se observaba en los colegios y en los jóvenes y sobre cómo erradicarlo. Al hombre no se le ocurrió otra cosa que afirmar que hay que enseñar a los niños a tratar a las niñas con “deferencia”. Ni una sola vez en toda la entrevista pronunció la palabra “igualdad”, que es lo que hay que enseñar a los niños, y no deferencia. En todo caso habrá que enseñar a niños y niñas a tratar a cualquier otra persona con educación, pero en ningún caso las niñas merecen ningún trato especial que enmascare la desigualdad. Las mujeres no queremos deferencia, queremos igualdad y eso es lo que hay que enseñar. Por eso me parece nefasto que alguien al que sólo se le ocurre eso de la deferencia esté al frente de un organismo de igualdad, aunque tratándose de un organismo de Esperanza Aguirre no me extrañaría que se dieran clases de ceder el paso y después se hicieran exámenes. En fin, que Jesús Neira no es partidario de la igualdad entre hombres y mujeres y estoy segura de que estará de acuerdo con que el feminismo es un mal que extiende eso que la iglesia llama “la perversa ideología de género”. Neira no cree en la igualdad de género y Aguirre le ha puesto a cuidar de ella. Fabuloso.

Esta doña nadie se considera representante de todas las mujeres y habla en su nombre para informarnos de lo que todas quieren. Además desde su superioridad moral nos ordena lo que hay que enseñar: igualdad. Dada su ínfima calidad intelectual y personal es dudoso que pueda entender que muchos se resistan a igualarse a ella.

Francisco Ayala, evolución y religión

Francisco J. Ayala es uno de los biólogos evolucionistas más prestigiosos del mundo. Pero:

Mientras “el creacionismo no es compatible con la creencia cristiana en un Dios omnipotente y benévolo, la teoría de la evolución sí lo es”.

No se molesta en explicar en qué consiste esa compatibilidad. En la teoría de la evolución Dios no aparece por ninguna parte, ni muy potente ni poco potente, ni bueno ni malo.

El psicoanálisis y las ideas de Freud están eliminados de la sociedad actual.

La idea del subconsciente es a la mente como la evolución a la biología: indispensable.

Las autoridades de la Iglesia católica no sólo aceptan la evolución, sino que están convencidos de que las ideas de Darwin y la evolución son beneficiosas.

Por eso cuando se trata de la evolución humana empiezan a poner todo tipo de pegas y tratan de meter el alma y la intervención divina para explicar lo especial que es la especie humana.

P: Usted mantiene que la teoría de la evolución aporta a los cristianos la solución al problema, difícilmente explicable, de la existencia del mal gratuito. Si hay males incomprensibles, enfermedades, es porque somos criaturas imperfectas, producto de la evolución, no porque Dios hiciera un diseño malvado o deficiente. Al final parece que la Iglesia católica ha encontrado en la ciencia su gran coartada.

R: Sí, claro, va muy bien.

O Dios hizo un diseño malvado o deficiente directamente (pero el creacionista apelaría al libre albedrío y a la caída en el pecado) o recurrió a la evolución, que es un proceso no dirigido, altamente ineficiente y costoso (no parece lo más adecuado a un ser omnipotente que además es perfectamente prescindible). Las enfermedades, el dolor, las catástrofes, son perfectamente comprensibles sin recurrir a la divinidad de ninguna manera.

P: Usted mantiene que ciencia y religión son compatibles. ¿Cómo ha podido compaginarlas en su vida?

R: La ciencia y la religión son como dos ventanas de mirada al mundo, lo que se ve desde cada ventana es distinto, pero es el mismo mundo. Y son compatibles, ésa es mi manera de ver las cosas. La ciencia se ocupa de explicar los procesos naturales por medio de leyes naturales. La religión trata del significado de la vida, del propósito de la vida, de nuestras relaciones con los demás; sobre estas cosas, la ciencia no tiene nada significativo que decir. Y la religión no tiene nada significativo que decir sobre la ciencia porque no trata de esas cosas. Las dos se interfieren cuando dejan su campo en el que tienen autoridad y entran en el otro.

Esta es la absurda doctrina de los magisterios separados. Sólo son compatibles ciencia y religión cuando uno ignora cuidadosamente grandes ámbitos científicos y no ve que los contenidos válidos de la religión son simplemente humanismo y naturalismo (sin lo sobrenatural que se supone lo esencial de la religión). La ciencia puede explicar y explica qué son los significados y los propósitos y por qué suelen tener los contenidos que tienen: los seres humanos somos agentes intencionales y comunicativos, nuestros módulos mentales más activos buscan significado, sentido, propósito e intención a todo, aunque en muchos ámbitos no tenga sentido hacerlo; el sentido de la vida es seguir viviendo, y como somos seres hipersociales buscamos amor, amistad, aceptación, realización personal. La ciencia ya dice mucho acerca de los sentimientos morales y de las relaciones con los demás. La religión puede ofrecer algunas recomendaciones acertadas para la conducta humana en sociedad (fomentando la cooperación y la cohesión social), pero pierde toda la autoridad intelectual cuando la única explicación que se le ocurre para lo que defiende es que la divinidad te ama y quiere que sea así.

Modificar los genes con el propósito de curar enfermedades me parece muy razonable, es una manera mucho más eficaz de ejercer la medicina a la larga. Pero tratar de producir un hombre mejor me parece extremadamente peligroso, entre otras cosas porque no se puede definir cómo es el hombre mejor, ¿más alto, más rubio, más moreno?

Los que tratarán de producir seres humanos mejores serán los padres con sus hijos, y a ellos no les resulta tan difícil decidir qué es subjetivamente mejor.

La neurobiología está avanzando a pasos agigantados, pero aún no hemos cruzado esa barrera de saber cómo las señales físicas y químicas se convierten en ideas, de cómo emerge la función de la persona como individuo.

La ciencia cognitiva ya ha explicado con mucho éxito que el cerebro es un ordenador que procesa información y produce representaciones útiles de la realidad. La persona es simplemente la representación de uno mismo (y de los demás) como organismos particulares.

Estado y delegación de decisiones

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Algunas personas defienden la existencia del Estado porque desean que tome decisiones en su nombre en ciertos ámbitos: les gusta que el Gobierno decida por ellos y creen que les soluciona muchos problemas (“te lo da todo hecho”), ni siquiera lo ven como un mal menor.

Delegar decisiones en otros es perfectamente legítimo. En la ética de la libertad cada persona decide por sí misma en el sentido de que otros no interfieren de forma ilegítima y le imponen coactivamente sus propias decisiones. Pero no es obligatorio decidir por sí mismo: cada individuo puede decidir por su cuenta en el ámbito de su propiedad, pero no tiene por qué hacerlo, puede delegar en otros para que decidan por él (aunque esta delegación es en sí misma una decisión que toma cada uno).

A menudo se presenta la acción humana como resultado de una decisión de acción intencional que escoge un objetivo valioso e intenta alcanzarlo utilizando medios escasos, asumiendo costes. Pero suele olvidarse que el proceso de decisión es en sí mismo una acción cognitiva de procesamiento de información que también tiene costes, pudiendo darse una sobrecarga cognitiva. Cuando hay muchas alternativas, se carece de experiencia en un ámbito o no se dispone de la información adecuada, puede tener sentido recurrir a otra persona para que nos asesore o ayude en nuestra decisión, y si la confianza es suficiente puede llegarse a aceptar que un experto tome la decisión en nuestro nombre.

La ciencia económica estudia estas relaciones entre el principal (el delegante) y el agente (el delegado): cómo escogen los principales a los agentes y cómo controlan que trabajen en beneficio del principal sin abusar de su confianza.

Algunos ciudadanos utilizan al Estado como su agente en diversos ámbitos y aceptan sus decisiones asumiendo que los gobernantes saben más que ellos y se preocupan por su bienestar. Pero quienes pretenden justificar así al Estado olvidan varios aspectos esenciales.

El Estado no se limita a ser el representante de quienes recurren a él, sino que se impone sobre todos los ciudadanos, lo acepten o no, y lo hace de forma monopolística, sin permitir la competencia de otros posibles agentes que podrían ofrecer sus servicios en los mismos ámbitos.

Es trivial afirmar que el mejor Gobierno es aquél en el cual gobiernan los mejores, pero el problema esencial es cómo determinar en qué consiste ser el mejor y quiénes son los mejores. La democracia es inútil para ello, ya que no es posible que los ignorantes decidan mediante votación quiénes son los sabios: se puede apreciar la belleza sin ser guapo, pero no se puede estimar la inteligencia sin ser inteligente.

Los políticos aseguran desvivirse por los gobernados, y algunos ciudadanos son tan ingenuos que hasta se lo creen. La escuela de la elección pública muestra cómo en el mejor de los casos los gobernantes son personas como las demás con sus propios intereses particulares; en los casos más realistas los políticos son individuos con ansias de poder y control sobre los demás y usan su poder en su propio beneficio a costa de los demás.

Quienes delegan sus elecciones en el Estado tal vez no han pensado en cómo violan la libertad ajena. O quizás sí: es posible que consigan exactamente lo que quieren, imponer sus decisiones sobre todos. Si es posible que cada uno decida por su cuenta, algunos acertarán y otros se equivocarán: los que se consideren más incompetentes preferirán no quedarse atrás, y como no pueden conseguir triunfar intentarán que o los demás fracasen también o que no haya diferencias, que no se pueda elegir y se imponga el mismo menú a todos.

Las personas intolerantes no se contentan con vivir sus propias vidas respetando las de los demás. Sienten miedo o repugnancia por la libertad ajena, y son capaces de aceptar restricciones sobre sí mismos con tal de que también se las impongan a los demás: el Estado es su herramienta uniformizadora favorita, y como los seres humanos no suelen ponerse de acuerdo sobre qué restricciones son deseables surgen las peleas por controlar el aparato de la coacción política.

Sólo una sociedad libre donde se permita la competencia entre mecanismos alternativos de representación (incluida la negativa a ser representado) puede ser legítima y prosperar.

La socialdemocracia populista de Fernando Vallespín

Afirma Fernando Vallespín:

“Así no”, ése es el mensaje que los electores europeos acaban de lanzar a la socialdemocracia de nuestro continente. “¿Entonces cómo?”. Ésta debería ser la pregunta que se han de plantear con urgencia todos los partidos que se reclaman de esta ideología. Lo primero que han de hacer es superar la perplejidad derivada de no entender cómo en momentos de crisis, que afecta particularmente a su electorado natural, y después del espectacular derrumbe de la ideología neoliberal, no están ahí para recoger los frutos.

El “lenguaje” electoral es tan pobre que permite estas desfachateces interpretativas: los electores hablan con la socialdemocracia y le dicen que así no. Los socialdemócratas como Vallespín no sólo son lingüísticamente incompetentes, de modo que entienden lo que les da la gana en inexistentes mensajes. También su análisis intelectual de la realidad es patético, como muestra al mencionar el “espectacular derrumbe de la ideología neoliberal”: ni sabe lo que es el liberalismo, ni entiende que no vivimos en sociedades libres, ni ve que la raíz del problema, el sistema monetario y financiero, es un ejemplo de libro de planificación socialista e intervencionismo masivo.

La gran oportunidad para la socialdemocracia es evitar que después de la crisis todo siga igual. Alguien tendrá que hacer un adecuado balance de lo que ha ocurrido, y promover e impulsar un nuevo contrato social ajustado a los nuevos datos de la realidad. Su gran baza consiste, además, en que es la única ideología política bien vertebrada internacionalmente y que bebe de un patrimonio valorativo que ofrece una magnífica guía para estos tiempos de desconcierto. Después de que todos los valores se hubieran reducido a una fórmula monetaria o a una miríada de particularismos identitarios, ahora en manos de un populismo de nuevo signo, la socialdemocracia tiene al menos un conjunto de ideas fuerza en las que se combina el respeto por la libertad y la iniciativa individual a un proyecto de cohesión y justicia social.

Efectivamente la socialdemocracia probablemente conseguirá que las cosas no sigan igual: irán a peor. No basta con que “alguien” analice lo ocurrido: ese “alguien” necesitará una inteligencia de la que los socialdemócratas carecen por completo. Respecto a los contratos sociales, no estaría mal que se dedicaran a proponerlos, pero lo que suelen hacer es imponerlos: les gusta el colectivismo porque nadie puede escapar de sus garras. Como se consideran seres moralmente superiores se refieren a su “patrimonio valorativo” y tienen la desfachatez de asegurar que respetan la libertad y la iniciativa individual: los que les llevan la contraria sólo piensan en el dinero o en sus identidades particulares y son muy malos, no se quieren cohesionar y no quieren participar en el proyecto de la “justicia social”. Y Vallespín tiene el morro de criticar a otros por populistas.

Su gran desafío consiste en redefinir los espacios que competen, respectivamente, al Estado y al mercado, en reorganizar las finanzas públicas para restañar las heridas abiertas en el grupo de los más desfavorecidos, en conectar las políticas nacionales a un compromiso con fines globales, en buscar alternativas viables al hasta ahora discurso único de la maximización de beneficios, en emancipar a la sociedad de los nuevos temores que tanto favorecen a los discursos populistas.

Redefinamos espacios para incrementar la coacción estatal y disminuir la libertad, la responsabilidad y la tolerancia del mercado: en eso consiste la socialdemocracia, por mucho que pretendan ser bondadosos sanadores de los desfavorecidos. Es obvio que no quieren maximizar beneficios: tienen suerte cuando no maximizan las pérdidas. Eso sí, todo con una sociedad emancipada (como si sin ellos fueran esclavos) y sin temor: papá Estado ya está aquí, niños.

Francisco Sosa Wagner contra la libertad

Entrevista con Francisco Sosa Wagner, catedrático de Derecho Administrativo y candidato de UPyD a las elecciones europeas:

La crisis ha demostrado que es importante dar más vigor a las instituciones europeas. Los Estados no sirven para abordar los problemas actuales. Necesitamos una Europa con una voz fuerte ante EE UU y ante los poderes económicos. Subrayar lo que nos une.

Se repiten muchas estupideces sobre lo que la crisis ha demostrado: para los políticos socialistas de todos los partidos, hay que dar más poder a los gobiernos al más alto nivel de agregación posible. Su incompetencia a escala nacional se les queda pequeña y aspiran a más. Y siempre se ofrecen como los buenos débiles que necesitan aún más apoyo contra los malvados poderes económicos. E insisten en estar unidos, como si se tratara de una batalla en la cual hay que mantener prietas las filas: no suelen respetar a los que no están interesados en tanta unión y prefieren algo de independencia.

P. ¿Es necesaria una reforma del mercado laboral?

R. Bueno, es necesario simplificar las formas de contratación. Hay demasiadas.

P. ¿Y abaratar el despido?

R. No me gusta eso del abaratamiento… Así dicho, no.

P. ¿Y dicho de otra manera?

R. Es que no creo que el despido sea un asunto para tratar así. Es una indignidad para el trabajador, es vejatorio.

Ni hablar de liberalizar las formas de contratación, sólo simplificarlas para que haya menos donde elegir.

Recurrir a la dignidad o la indignidad de algo es un recurso común entre necios o granujas que no tienen argumentos e intentan ocultar que sólo expresan una valoración particular. Pretender que un despido es vejatorio para el trabajador ya es el colmo de la estupidez: ¿habrá que llevarlo al código penal como delito de vejaciones? Y cuando se terminen unilateralmente otros contratos como por ejemplo un alquiler ¿la parte que lo rescinda estará vejando a la otra? El empresario ¿podrá también denunciar vejaciones si un trabajador lo abandona por otra empresa o sólo el pobre e indefenso trabajador puede ser vejado por su empleador?

P. ¿Nucleares sí o no?

R. Planteamos que se abra un profundo debate y, a diferencia de otros, nosotros sí explicamos nuestra posición: no excluimos el uso de energía nuclear para fines pacíficos. Todas las fuentes de energía deben ser valoradas para garantizar la independencia energética en el futuro.

Debatir para al final tomar una decisión política: nunca dejar que sea el mercado libre el que decida qué formas de producción de energía son más económicas y eficientes. Lo de la independencia energética ¿significa que comerciar con energía más allá de las fronteras comunitarias es algo malo?

Antonio Ruiz de Elvira, la energía y la economía

Según Antonio Ruiz de Elvira, los comentarios críticos que le hacen en su bitácora “por los “liberales” y por todos aquellos que rechazan la realidad y sus soluciones” se basan en los mismos argumentos de los esclavistas norteamericanos.

Que no se puede “imponer” nada contra la libertad de cada cual de emitir o no emitir gases contaminantes y que atrapen la radiación infrarroja, y que la economía española, y mundial se desplomaría si se eliminasen los combustibles de carbono fósil.

Ambos argumentos fallan de manera estrepitosa. De la misma manera que en el siglo XIX se dijo a los esclavistas que el derecho a la propiedad individual no era ilimitado, hoy podemos decir con toda la racionalidad del mundo exactamente lo mismo. El derecho a la propiedad individual acaba donde empieza el derecho a la propiedad de los demás.

Parece que Ruiz de Elvira entiende algo sobre el derecho de propiedad. Pero quizás no entiende a los “liberales”, que defienden la propiedad, se oponen a la agresión y debaten sobre si ciertos cambios ambientales deben considerarse agresiones o no. Y la continuación de su análisis muestra que en realidad no entiende gran cosa sobre la propiedad:

Una persona es propietaria de una vivienda porque la ha comprado, primero, pero en segundo lugar, porque sus conciudadanos han pagado para que esa persona pudiese ganar dinero y la vivienda se pudiese construir. Han pagado, en primer lugar, el ejército, la policía y los jueces que mantienen los derechos. En segundo lugar, las escuelas y universidades que han formado a los arquitectos y constructores, y el servicio de salud que mantiene a todos capaces de construir y comprar. De manera que la vivienda de cada uno es un poquito de los demás. La libertad de propiedad y de actuación debe someterse a las normas adecuadas para garantizar el bienestar de los demás, ahora y en el futuro.

Resulta que la propiedad privada, que tiene sentido para localizar e individualizar las decisiones y el control, al final es algo profundamente colectivo sobre lo cual todo el mundo puede inmiscuirse porque han aportado algo de forma indirecta. Por un lado mi propiedad acaba donde empieza la del vecino, lo que parece sensato, y por otro se asegura que todo es un poco de todos, lo que es un disparate contrario a lo anterior: Ruiz de Elvira no entiende en absoluto el sentido del derecho de propiedad.

Por otro lado olvida que muchos de esos pagos que menciona a los sistemas estatales de defensa y justicia no han sido libres y voluntarios; además que los miembros de un grupo paguen una defensa común (o la enseñanza, o la salud) no significa que se hagan copropietarios de sus posesiones, sólo que comparten esos servicios y los pagan de forma colectiva (de nuevo de forma coactiva e involuntaria en muchos casos).

La economía de los EEUU no se hundió cuando acabó la esclavitud. De hecho, creció de manera explosiva, al obligar a introducir máquinas donde antes trabajaban personas. Hubo una crisis pasajera considerable, producto, no de la eliminación de la esclavitud, sino de la guerra que promovieron sus defensores. Estos tenían en la mano el haber accedido a una prosperidad mucho más alta que la producida por los esclavos si hubiesen invertido las ganancias que obtenían en ir reemplazando el trabajo humano por máquinas. Pero generalmente gastaban el dinero obtenido mediante el trabajo humano en fiestas y ostentaciones.

¿Máquinas encargadas del cultivo y la recolección del algodón a mediados del siglo XIX en Estados Unidos? ¿Historia ficción?

Ruiz de Elvira sistemáticamente sermonea a todo el mundo para decirle en qué debe invertir, siempre asegurando que se obtendrán beneficios si se siguen sus instrucciones: los problemas de la incertidumbre y el riesgo parecen serle ajenos. Y tampoco es muy tolerante sobre ciertos gastos en “fiestas y ostentaciones”.

Hoy podemos substituir, con los beneficios obtenidos por ellos, los combustibles fósiles por máquinas modernas que aumentarán radicalmente nuestro bienestar. Los que se oponen a ello son los nuevos propietarios de esclavos, los que hacen beneficios impidiendo el progreso de la sociedad. No importa nada que desaparezcan los millonarios árabes, o venezolanos. O ExxonMobil. La sociedad necesita prosperar.

Los propietarios de petróleo (desgraciadamente estatales en una gran mayoría) y las compañías petrolíferas son “los nuevos propietarios de esclavos”: ¿no teme este necio que le acusen por difamación? ¿No entiende que los combustibles fósiles han sido una fuente de energía aprovechada para el progreso de la sociedad? Tiene la arrogancia del ignorante más absoluto: con total certeza afirma que los combustibles fósiles son perfectamente prescindibles, ya, mañana mismo. Afortunadamente se le hace poco caso a este insensato (lo cual le indigna muchísimo), porque de lo contrario podríamos comprobar la magnitud de ese imposible desplome económico.

Él mismo reconoce su profunda ignorancia de todo lo que tenga que ver con la ciencia económica:

Puesto que no entiendo bien el concepto de “coste” ni el de “costoso”, me he metido a economista. Pero tras 5 años de estudio, sigo sin entender el concepto de “coste”.

No se puede ser economista y no dominar el concepto de coste: Ruiz de Elvira no se ha metido a economista; juega a creerse que lo es. Tal vez pretenda ser irónico, pero le sale bastante mal.

Es evidente que a principios del siglo XX no se debía invertir en fábricas de coches. Las mulas eran muchísimo más baratas que los coches. Los coches eran muy “costosos”. De la misma manera, en los años 70 y 80 del siglo XX se estableció en el gobierno de España una comisión que controlaba si se compraban o no ordenadores, porque eran “muy costosos”. De la misma manera, las familias no deben educar a sus hijos, porque la educación, incluso si es pública, es “muy costosa”. Y ¿qué decir de la salud? No hay nada más “costoso” en el mundo.

Se trata de comparar lo que algo cuesta con lo que se obtiene a cambio, y no es seguro a priori que se obtengan beneficios. Es posible hacer malas inversiones, que generen pérdidas, que se destruya más valor que el que se crea; es incluso posible invertir en exceso en salud o educación, porque hay otros usos alternativos de los recursos escasos que podrían ser más valiosos. Son los empresarios quienes arriesgan su propio capital (o el de quienes se lo han cedido) e intentan prever un futuro incierto.

…la idea de la vida es que hay que invertir.

No, invertir no es obligatorio: si no se aspira a gran cosa es posible vivir sin apenas bienes de capital. Y si se invierte, se trata de hacerlo de forma inteligente, no vale cualquier inversión. Por eso Ruiz de Elvira no es ni será nunca asesor financiero: su incompetencia analítica se lo impide.

…no interesa el “coste” para la eléctrica, sino para la sociedad, que algo mucho más grande que cuatro empresas.

A la eléctrica sí le preocupa el coste para ella. Y lo del coste para la sociedad suena a colectivismo.

Sólo podemos progresar invirtiendo en cosas “costosas”. La alternativa: nada de educación, nada de salud, nada de tecnología, porque son “costosas” hasta decir basta.

No se trata de todo o nada, se trata de cuánto invertir en qué cosas; los estudios de economía no le han alcanzado para llegar al marginalismo. Y tampoco parece entender que los costes son relativos y subjetivos.

…la riqueza de un país no se mide por sus minas o sus campos de trigo, sino por la educación y salud de sus ciudadanos y por la tecnología propia que maneja. Riqueza en euros, no en bienes intangibles. En euros.

Siendo importante el capital humano y tecnológico, los recursos naturales algo ayudan.

Dejemos de lado el argumento del “coste” cuando hablemos de energía. No tiene el menor sentido.

¿La energía no tiene coste? ¿Las distintas formas de producir energía no tienen costes diferentes? En el diario El Mundo no parece preocuparles que se escriban estas estupideces.

Necesitamos otros argumentos muy distintos. España puede ser un país exportador de energía, si ésta es solar. Exige una cierta inversión, pero también la exigen otras muchas cosas. Y el resultado es un país limpio, seguro durante siglos, que genera trabajo (¿cuántos puestos de trabajo ofrece una central nuclear? No más de doscientos para un negocio fabuloso. Este es uno de los argumentos de los banqueros que las apoyan).

Necesitamos argumentos correctos, algo alejado de su incapacidad intelectual. Está enamorado de la energía solar, la más ineficiente de todas (en términos económicos, que suele confundir con lo termodinámico). Sólo hay que invertir algo, igual que otras cosas requieren que se invierta también algo: eso es precisión. Le motiva la generación de trabajo, no la generación de riqueza.

En cuanto a Lovelock, es claro que perdió el norte hace unos cuantos años. No merece la pena leer sus últimas publicaciones. Son, realmente, una filfa.

Antonio Ruiz de Elvira contra Lovelock: qué comparación más injusta para la filfa.

Necesitamos, urgentemente, energía, de todos y para todos.

La gente ya sabe que necesita energía: lo de que sea de todos suena a comunismo; a esa lección de economía aún no ha llegado.