¿Qué han hecho mal los presuntos liberales como Toni Roldán?

08/11/2019

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Toni Roldán (@toniroldanm), ex portavoz de Economía de Ciudadanos, se pregunta ¿Qué hemos hecho mal los liberales? que estamos perdiendo la batalla contra los populistas, los autoritarios o los xenófobos nacionalistas. El título implica que él se considera liberal, pero el texto tiende a contradecir que lo sea.

Comienza mencionando el progreso de la humanidad (y el desconocimiento generalizado del mismo), y cómo se debe al orden liberal occidental.

Los éxitos del orden liberal occidental parecen incuestionables. La libertad de empresa, la propiedad privada, las economías abiertas, el comercio, la especialización y la competencia, el desarrollo de la ciencia y las instituciones que nos dimos tras la Segunda Guerra Mundial nos han permitido alcanzar las cotas más altas de progreso que la humanidad jamás ha conocido. Sin embargo, nos enfrentamos a una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: si el orden liberal ha sido tan exitoso, ¿por qué se encuentra amenazado?

Afirma que “Las causas del populismo están íntimamente relacionadas con … la crisis del capitalismo.” Según él es un asunto complejo y hay causas económicas (globalización y China, tecnología y automatización, crisis financiera y económica y políticas de austeridad) y culturales (inmigración, multiculturalismo, nación, autoridad).

En realidad el orden occidental ha sido muy exitoso, pero no lo ha sido más y tiene serios problemas porque está muy lejos de ser totalmente liberal: está lastrado por grandes dosis de socialdemocracia, intervencionismo y estatismo.

Si su descripción del orden liberal occidental parecía acertada, las soluciones que propone no lo son tanto.

Las soluciones que se proponen aquí tienen un denominador común: recuperar los principios fundacionales del liberalismo –la resistencia a los abusos de poder en el mercado, la defensa acérrima de la competencia, la batalla contra el capitalismo rentista, el refuerzo de unas instituciones sólidas e imparciales, la lucha por una mayor igualdad de oportunidades– erosionados en las últimas décadas.

No aparece la resistencia a los abusos de poder del Estado. La defensa de la competencia puede referirse a retirar privilegios, pero también a regular y fragmentar grandes empresas falazmente acusadas de monopolios. No se identifica quiénes son los rentistas en el capitalismo. Falta precisar qué se entiende por instituciones sólidas e imparciales. Propone la típica medida socialdemócrata de la igualdad de oportunidades. Y no está claro a qué últimas décadas se refiere (¿tal vez desde Reagan, Thatcher y la caída del muro de Berlín?).

Pasa a dar lecciones en las que abundan los errores y escasea el liberalismo.

La primera lección que ofrece es en realidad una manifestación de ignorancia muy extendida en la profesión de economista sobre las finanzas y los ciclos económicos.

Una primera lección que recordamos en la Gran Recesión es que los liberales olvidamos lo que habíamos aprendido en cientos de años de historia de crisis financieras. Unas finanzas desarrolladas y competitivas son vitales para el funcionamiento del sistema. Sin embargo, los mercados financieros no se autorregulan y tienden a ser inestables. Las “crisis, manías y pánicos” financieros son más una característica del sistema que una excepción, como documentan Reinhart y Rogoff en Esta vez es distinto con datos sobre ocho siglos de crisis financieras. Aunque quizás sea imposible evitarlas, sí podemos tratar de prepararnos mejor.

Los mercados financieros libres y no intervenidos sí que se autorregulan y tienden a ser estables. Son la banca central, las garantías públicas, la manipulación monetaria y la mala regulación estatal, no resultado de contratos libres, lo que los desestabiliza. Es necesario permitir que los participantes asuman sus propios riesgos y pérdidas y que las empresas insolventes quiebren sin ser rescatadas a costa de los contribuyentes.

Roldán al menos es mínimamente sensato y sabe que “La solución no es nacionalizar la banca o tomar el control político de los bancos centrales”. Propone “seguir avanzando en mejorar la regulación para limitar los daños.” Es la típica actitud tecnocrática, arrogante y nociva, que pretende saber mejor que los participantes en el mercado cuáles son las reglas específicas adecuadas para un sector económico.

No explica cómo podemos saber qué regulación es “mejor”. Defiende más capital para los bancos pero no concreta cuánto es necesario. Avisa de riesgos aún presentes como la alta exposición a los bonos soberanos: ¿si la deuda pública puede impagarse, la regulación pública no podría ser peligrosa? Critica que no se han hecho reformas necesarias como la limitación de la entidades too big to fail o la banca en la sombra. Tiene ganas de regularlo todo, también las innovaciones incipientes de las Fintech (tecnologías financieras). Afirma que el sector financiero tiene un peso excesivo y perjudicial para el crecimiento económico, pero no dice cuál es el peso adecuado y seguramente no aceptaría que fuera un sector libre que encontrara por sí mismo su tamaño óptimo.

La relación entre crisis financieras y populismo –en algunos casos fatídica, como en los años treinta– es demasiado estrecha como para que los liberales la pasemos por alto.

Muy cierto: pero el diagnóstico incorrecto de las crisis financieras predominante entre los economistas como él es lo que lleva a repetirlas y agravarlas una y otra vez; seguirá así mientras no entiendan bien qué es el dinero como institución evolutiva del mercado libre y en qué consiste el problema del descalce de plazos y riesgos. Le falta una pasada por el pensamiento de Friedrich Hayek acerca de los órdenes espontáneos, la complejidad de los mercados y la imposibilidad de regularlos mediante tecnócratas.

Continúa con los trabajadores:

Un segundo error que hemos cometido los liberales es que hemos infravalorado las consecuencias negativas de la globalización y la revolución tecnológica para millones de trabajadores. Es cierto, la globalización ha sido enormemente positiva en términos agregados: la incorporación de India y China a las cadenas de producción globales ha sacado de la pobreza a más de mil millones de personas en unas pocas décadas. Sin embargo, los efectos del progreso no se han distribuido de igual forma en todos los lugares. Branko Milanovic muestra en su famoso gráfico del elefante lo que ha sucedido: mientras los ingresos reales de la población global crecieron en los países pobres, y sobre todo en los emergentes, las rentas reales de las clases medias en Occidente se han estancado.

Es cierto que muchos trabajos se han ido a China y a otros países en desarrollo, y que muchos trabajos están siendo automatizados o transformados mediante la tecnología. Pero esto no da derecho a ningún trabajador a exigir protecciones o privilegios a costa de otros, o a continuar trabajando en lo suyo con las mismas condiciones de siempre: es responsabilidad de cada individuo mantener, incrementar o modificar su capacitación para poder competir en mercados globales y dinámicos. Los que antes se beneficiaban de barreras comerciales o de altos costes logísticos no son ni inocentes víctimas del progreso ni héroes caídos por el avance de la sociedad (como falazmente los denominan Duflo y Banerjee, los dos recientes premios Nobel, en un pobre artículo).

Es falso que las rentas reales de las clases medias en Occidente se hayan estancado, y mucho menos que hayan sufrido un “colapso”, como afirma Roldán basándose en el famoso gráfico del elefante: me parece interesante cómo mucha gente cita a Branko Milanovic y no se han molestado en investigar si hay algún problema con estos datos y su interpretación; véase aquí el excelente análisis crítico de Juan Ramón Rallo.

Continúa Roldán exigiendo que repensemos nuestro Estado del bienestar.

El colapso de los ingresos reales de la clase media y el aumento de la desigualdad en muchos países occidentales nos obliga a repensar nuestro Estado del bienestar. El objetivo debe ser garantizar que el Estado ofrezca a los ciudadanos las herramientas o “capacidades” –en la jerga utilizada por Amartya Sen– necesarias para poder alcanzar sus objetivos en libertad.

Autoritariamente indica cuál debe ser el objetivo del Estado del bienestar. Obvia mencionar que todo lo que el Estado ofrece a unos es porque antes se lo ha quitado a alguien, a ellos mismos o a otros. No se plantea la posibilidad de que la gente consiga por sí misma sus propias herramientas o capacidades, y no se da cuenta de que con su propuesta no todos pueden alcanzar sus objetivos en libertad porque el Estado la coarta sistemáticamente al confiscarles a unos sus recursos para dárselos a otros. No menciona cómo el Estado del bienestar está capturado por proveedores (funcionarios de la enseñanza y la salud) y receptores (pensionistas) de bienes y servicios. Ni siquiera trata el problema de las pensiones, financieramente insostenibles y políticamente intocables por la conducta como grupo de interés de los pensionistas.

Roldán vuelve a tener cierta sensatez al recordar que “algunas de las respuestas que servían para las relaciones industriales del siglo XX no sirven para el siglo XXI.” Duda del salario mínimo y de la extensión de las rentas mínimas por los problemas de desincentivos y financiación. “Ofrecer dinero por quedarse en casa no parece una opción muy buena tampoco políticamente: las personas necesitamos sentirnos útiles.” No parece ver ningún problema en que las leyes de salario mínimo sean violaciones de la libertad contractual, ni en que para dar dinero a unos antes hay que confiscar la propiedad de otros.

Quiere “transformar las políticas laborales de oferta” y “revolucionar los sistemas de formación” por ineficientes. No menciona que aquí abundan la corrupción y los cazadores de rentas de sindicatos y organizaciones empresariales, y no propone dejar que los mercados libres funcionen sino “utilizar la tecnología para tener sistemas mucho más avanzados de perfilado y también para facilitar el matching entre oferta y demanda de empleo.” Más tecnocracia con anglicismos innecesarios.

Propone “que los trabajadores [acumulen] sus derechos de indemnización y también transferencias para la formación en unas mochilas personales portables”, lo cual es un avance sobre el sistema actual pero sigue sin haber libertad contractual o laboral.

Como explica el premio nobel Jean Tirole, en un mundo con tanta movilidad y rotación laboral, la clave es cambiar el foco hacia la protección del trabajador y no tanto del puesto de trabajo.

No se plantea la posibilidad de eliminar el paternalismo estatal y dejar que los trabajadores se protejan libremente ellos mismos como crean conveniente. Los defensores de estas mochilas no parecen ser conscientes de que las mochilas y su carga pesan (tienen costes) y que por ello algunos trabajadores podrían preferir ir algo más ligeros de equipaje.

Sobre la fiscalidad a los más ricos, Roldán cree que hay “injusticias profundas del sistema.” No aclara cuál es su criterio de justicia o su capacitación personal para los análisis morales. Menciona a Saez y Zucman, dos economistas muy queridos por todos los progresistas y socialistas pero cuyos trabajos son muy problemáticos (veánse por ejemplo las acertadas críticas de Phillip W. Magness). Afirma que “la fiscalidad internacional se parece más a Gangs of New York que a la declaración de la renta de un ciudadano común.” ¿Mafias étnicas de inmigrantes enfrentándose en las calles por el control de la ciudad? ¿En serio? Repite la tontería de que “como decía Warren Buffet, el sistema le permite pagar menos impuestos a él que a su secretaria.” Critica los paraísos fiscales (que en realidad son refugios, havens y no heavens), pero no los contrapone a los infiernos fiscales. No propone ninguna mísera bajada de impuestos en nada.

Los liberales estamos fracasando a la hora de adaptar nuestras normas fiscales a la globalización y eso debilita la igualdad de oportunidades en el mercado y nuestro Estado del bienestar. A este respecto es buena noticia el compromiso reciente en la OCDE entre ciento treinta países de reescribir las normas fiscales internacionales. La propuesta consiste, esencialmente, en obligar a las compañías a pagar más impuestos donde sus productos y servicios se venden a los consumidores.

Impuestos y más impuestos, que no se escape nadie y nunca pensar en reducirlos: todo muy propio de “liberales” tipo Toni Roldán. Eso sí, mucha igualdad de oportunidades, que eso se vende muy bien y no es nada populista.

Le preocupa tanto la desigualdad, que al analizar el sistema educativo no se fija tanto en su calidad sino en la segregación entre ricos y pobres que mantiene esa desigualdad. Cita un trabajo de Raj Chetty sobre movilidad intergeneracional, olvidando mencionar que el sistema educativo preuniversitario en Estados Unidos es esencialmente público y está controlado por el todopoderoso sindicato de profesores. No dice nada de la posibilidad de cheques escolares.

Insiste por si no ha quedado claro: “los liberales no estamos siendo suficientemente valientes en la defensa de la igualdad real de oportunidades.” Resulta que es un problema de cobardía.

Sobre los monopolios, Roldán plantea “la resistencia al abuso de poder o dominación por parte de intereses particulares” como principio fundamental del liberalismo, entendido este en sentido muy amplio: tan amplio que, según Edmund Fawcett, John Maynard Keynes, Franklin Delano Roosevelt y Lyndon B. Johnson serían liberales. Afirma que “para que el mercado funcione, debe haber reglas que garanticen que todos los actores compiten con las mismas posibilidades” y en igualdad, lo cual es falso: para que el mercado libre funcione basta con que se respete la propiedad privada y la libertad contractual y que se cumplan los contratos; es imposible que todos los actores tengan las mismas posibilidades porque son diferentes, pero sí es posible que todos están sometidos a las mismas leyes generales que no privilegien a ninguno.

Roldán habla de abusos de poder y de rentas pagadas por todos los ciudadanos: “por eso necesitamos organismos supervisores y reguladores realmente independientes que se aseguren de que las empresas no conciertan precios o abusan de su posición de dominio”. No menciona que los monopolios abusivos suelen deberse a regulaciones estatales que los protegen. Relaciona la concentración de poder en el mercado, como en los casos de los gigantes tecnológicos, con ineficiencias del mismo (menos innovación y crecimiento de la productividad), pero parece incapaz de imaginar que algunas empresas pueden ser muy grandes porque sirven adecuadamente a sus clientes, porque innovan y son más productivas.

Critica acertadamente el capitalismo clientelar de la economía española y las rentas abusivas obtenidas por la cercanía al poder político. Sin embargo para eliminar este problema no hacen falta reguladores ni promotores de la competencia que pueden equivocarse o ser capturados por los rentistas abusivos: basta con liberalizar y quitar a los políticos y a los burócratas su poder sobre la actividad económica mediante regulaciones, protecciones y subsidios.

En el ámbito de la ecología Roldán recurre al tópico fácil de la lucha contra el cambio climático. Asegura que los liberales minusvaloran sus riesgos, y que además “el coste de invertir hoy en adaptarnos al cambio climático es trivial si lo comparamos con el coste que tendrá hacerlo para las generaciones futuras.” Olvida que las generaciones futuras serán mucho más ricas que nosotros, confunde adaptación con mitigación, que es lo que suele proponerse, y se basa en el falaz y catastrofista estudio de Nicholas Stern que decía que si no invertimos un “1% del PIB global por año en medidas para prevenir el cambio climático, nos costará en pocas décadas un 20% del PIB”. No menciona a economistas más sensatos y menos apocalípticos como el premio Nobel William Nordhaus o todos los premios Nobel que participan con Bjorn Lomborg en The Copenhagen Consensus.

Para finalizar, Roldán menciona la importancia de las emociones, las historias y las metáforas en política. Cita a un tal Dan Western, autor de The Political Brain: en realidad se trata de Drew Westen. También habla de la importancia de la identidad, la dignidad y la comunidad como si los liberales ignoraran todo esto: la identidad no da ningún derecho especial, la dignidad bien entendida consiste en la igualdad ante la ley, y las comunidades están muy bien si son de adscripción libre y voluntaria.

Los humanos necesitamos sentirnos parte, pertenecer a una comunidad.

Sí, pero no tenemos derecho a obligar a otros a pertenecer a nuestra comunidad, ni a vivir a costa de los demás miembros de nuestra comunidad. Y las comunidades son peligrosas por el poder que tienen para oprimir a los individuos.

Los liberales debemos ser capaces de construir historias sobre los valores que compartimos. Lo hace, por ejemplo, Trudeau cuando explica que la identidad canadiense se basa en la apertura y en el orgullo de la diversidad.

Habla de los valores que según él compartimos, pero tal vez otros no estén de acuerdo con su declaración unilateral. Pone como ejemplo a una de las estrellas políticas de la socialdemocracia, confundiendo (una vez más) el liberalism anglosajón (progresismo) con el liberalismo. La presunta apertura canadiense no es para tanto: no hay libre inmigración, sino que seleccionan cuidadosamente trabajadores productivos en las áreas que consideran convenientes.

Es cierto que los liberales tienden a ser individualistas y más racionales: recurrir a las emociones y al relato es frecuentemente cosa de tramposos, manipuladores y populistas; el precio de ser honesto y sensato puede ser renunciar a ganar las sucias batallas de la política al tiempo que se denuncia al poder político y los daños que causa.

Los liberales necesitamos ser humildes y reconocer lo que no funciona para poder ofrecer un nuevo pacto más justo a los ciudadanos.

Sus diversos ejemplos de arrogancia tecnocrática muestran que tal vez no tiene ni la humildad ni la capacidad de reconocer lo que no funciona. Y su insistencia en la igualdad de oportunidades indica que su criterio de justicia es típicamente socialdemócrata y poco liberal.

La respuesta a su pregunta es sencilla:

-¿Qué hemos hecho mal los liberales?

-En su caso, creerse que lo es y no serlo.


Liberalismo y pornografía (réplica a Contreras)

12/08/2019

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Francisco José Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla y autor, entre otros libros, de Una defensa del liberalismo conservador, ha escrito Por qué un liberal debe combatir la pornografía.

Comienza denunciando que “La ubicuidad y uso masivo de la pornografía no suscita el debate público que debería.” Tal vez Contreras se considere a sí mismo liberal, o más bien liberal conservador, pero es típicamente conservador y muy poco liberal el autoritarismo en la asignación de deberes, sobre todo a otros: según él los liberales estamos obligados a combatir la pornografía y todos, liberales o no, debemos debatir en público sobre su ubicuidad; no especifica qué pasa si incumplimos este deber, si es que no somos auténticamente liberales o si se nos aplicará algún tipo de castigo.

Continúa con varias preguntas:

¿Se acepta ya como parte del paisaje que más de la mitad de los jóvenes consuman pornografía de manera regular, que la educación sexual de los niños de diez u once años tenga lugar, no en el hogar ni en el colegio, sino en la sentina de vídeos porno fácilmente accesibles en Internet? ¿Que la adicción pornográfica de cada vez más adultos esté rompiendo muchas parejas? ¿Realmente estamos todos de acuerdo con eso?

Me pregunto a qué llama Contreras “educación sexual” y cómo sabe que esta no se produce ni en el hogar ni en el colegio: ¿no hay nada al respecto en los planes de estudio y es un tema que las familias no tratan en absoluto?; ¿no protestan muchos conservadores cuando se propone que los colegios impartan educación sexual porque dicen que este es un asunto propio de la moral privada y de la familia?

Tal vez los jóvenes aprenden algo sobre el sexo con el porno, pero seguramente lo consumen por curiosidad, por excitación y como entretenimiento más que como educación, y quizás muchos son capaces de distinguir la realidad de las fantasías de la ficción, igual que no aprenden física, química o biología viendo películas de superhéroes.

La adicción al porno es posible, y también que esta sea creciente y que contribuya a romper algunas parejas. Pero esto no implica en absoluto que los liberales debamos combatir la pornografía. Que no se discutan más estos fenómenos en público no significa que a la gente le parezca todo bien o que le resulte indiferente: tal vez creen que hay problemas más importantes o quizás son respetuosos de la libertad ajena y los riesgos asociados al ejercicio de la misma.

Contreras cree que la falta de discusión sucede porque quienes se atrevan a cuestionar los dogmas de la ideología sexual progre serán tergiversados, menospreciados y estigmatizados como censores que proyectan sus propias neurosis. Pero él es valiente y va a criticar a los progres, no exhibiendo sus propios sesgos y valoraciones particulares sino con argumentos y datos.

La pornografía es inmoral (atención, eso no es todavía decir que debería estar prohibida o seriamente restringida en su acceso, pues no todo lo inmoral es susceptible de ilegalización). Es inmoral porque implica la cosificación, deshumanización, mercantilización y pública exhibición de algo que debería ser personal, humanizado e íntimo, como el sexo. La pornografía es degradante tanto para sus protagonistas como para sus usuarios: unos realizan actos sexuales con desconocidos por dinero, ofreciendo su coyunda como producto de consumo a millones de mirones; los otros buscan la excitación mediante la contemplación de la intimidad sexual de desconocidos: es la perversión del voyeur.

¡Cuánta generosidad y tolerancia al reconocer que no todo lo inmoral debe ser ilegal! Pero eso sí, la pornografía es inmoral porque yo defino la moralidad como me conviene, y establezco unilateralmente cómo deben ser las cosas: el sexo debe ser personal, humanizado e íntimo.

Mencionar la cosificación y la deshumanización no es más que una torpe y desvergonzada dramatización altisonante: ¡qué horror que alguien está siendo cosificado o deshumanizado, quizás para negarle su dignidad y sus derechos y así poder agredirlo o explotarlo! En realidad la pornografía no implica la cosificación ni la deshumanización de nadie: quienes la producen y quienes la consumen son seres humanos, considerados como seres humanos, y no animales subhumanos o meras cosas sin voluntad ni derechos. Obviamente en la pornografía se resalta el atractivo sexual, pero eso no deshumaniza ni cosifica.

El sexo no tiene por qué ser exclusivamente personal e íntimo: puede serlo, frecuentemente lo es, y en algunos casos conviene que lo sea para permitir o facilitar ciertas cosas como la convivencia en pareja y la reproducción, pero esta no es la única forma de actividad sexual posible o deseada. Existe la prostitución, más impersonal, y existen las orgías, menos íntimas. En la pornografía hay exhibición pública (aunque también es posible un exhibicionismo pornográfico más privado), y a menudo dinero y mercado, pero esto no la hace inmoral salvo para quien estime que todo ello va contra sus buenas costumbres o sus particulares criterios morales.

La pornografía no es necesariamente degradante: tal vez los conservadores consideran que los actores del porno tienen mala reputación y un bajo estatus social, pero otros pueden no estar de acuerdo con esta valoración y existen estrellas del porno que ganan mucho dinero y tienen muchos admiradores; tal vez el conservador quiere elevar su propio estatus como (presunto y probablemente hipócrita) no consumidor de porno al acusar a los demás de depravados, desviados o pervertidos; algunos consumidores de porno pueden ser vistos como fracasados sexuales que no consiguen sexo real, pero resulta que el consumo de pornografía está muy extendido, y por lo tanto sería una vergüenza social generalizada; el mirón que se excita con el porno tal vez no es ningún pervertido sino un humano muy normal en el cual se manifiesta algo que otros intentan reprimir u ocultar.

Contreras argumenta que la sexualidad debería ser íntima y personalizada basándose en el filósofo conservador Roger Scruton. Según ambos “Llevamos décadas intentando convencernos de que la sexualidad no es más que “una comezón”: uno se rasca o es rascado, y no hay más; la pornografía sería una modalidad más de solución al picor, a la que no habría nada que objetar.” Hablan en primera persona del plural sin identificar a esos “nosotros” y no citan ni referencian a nadie que defienda esta absurda idea de que la sexualidad solo es como un picor que hay que rascar: construyen un hombre de paja fácil de quemar. Ante tal caricatura ellos parecen muy profundos al comprender la verdadera importancia del sexo:

En realidad, todos sabemos en el fondo de nosotros mismos que el sexo es mucho más que una función animal: “Sabemos que es una de las cosas más serias que hacemos, una de las que más afecta a nuestras emociones”. Si la sexualidad no fuese más que un picor, áreas completas de nuestra cultura y de nuestra legislación (desde la poesía amorosa hasta la experiencia de los celos o la sanción penal de los abusos sexuales y la violación, mucho más severa que la reservada a otras agresiones) resultarían ininteligibles. “[Si crees que el sexo no es más que un picor] no podrás entender los tormentos de los celos, la alegría del amor correspondido, o los sacrificios que se hacen por mantener la fidelidad. Y lo tendrás difícil para explicar por qué la violación es un delito más grave que el robo, por qué la pedofilia es maligna, por qué el acoso sexual es más que un fastidio, y por qué la prostitución es degradante”.

Siguen hablando en nombre de todos y saben lo que todos sabemos en el fondo de nosotros mismos. Al hacerlo ignoran precisamente que gran parte de los problemas relacionados con el sexo se deben a la inmadurez y a la falta de experiencia y conocimiento: es necesario experimentar y vivir personalmente, fracasar y triunfar en el ámbito de los afectos y el sexo, para entenderlos en su complejidad e integrarlos en una vida feliz; eso, o confiar a ciegas en lo que otros te digan al respecto, que quizás funcione o tal vez no.

Sigue Contreras con algunas obviedades importantes: “El deseo sexual es una pasión intensa, una energía muy poderosa que puede servir tanto para la realización de la persona como para su degradación e infelicidad, según como sea encauzada.” Resalta que es importante la templanza, el control sensato de las pasiones. Pero rápidamente vuelve a su autoritarismo moral de vía estrecha:

La clave de una sexualidad moral es, pues, la integración del deseo en una relación amorosa integral, de forma que el señor Smith desee a la señora Smith y viceversa, no en tanto que mero ejemplar del sexo opuesto (intercambiable por cualquier otro), sino precisamente por ser el individuo que es.

Solo es moral el sexo en el matrimonio, en una pareja estable con fines reproductivos en la que además curiosamente la mujer toma el apellido del marido.

[…] la pornografía nos ofrece exactamente lo contrario: una visión despersonalizada del sexo. El compañero sexual –o los actores porno que procuran al espectador voyeur una excitación vicario-onanista- son tratados como objetos sin rostro.

Es obvio que no hay una relación personal e individual real entre el actor porno y el espectador, pero ambos son personas con rostro y lo mismo pasa en todas las artes escénicas, la televisión y el cine, donde hay actores por un lado y espectadores por otro que no se conocen ni tratan personalmente.

Contreras distingue entre dos campos de “defensores del porno”: parece confundir defender la legitimidad o la moralidad del porno (el derecho a producirlo y consumirlo) con su promoción como algo bueno. Afirma que “El que parece cada vez más hegemónico es el de los libertarios que no solo niegan la necesidad de restricciones legales a la pornografía, sino también su indignidad moral: la pornografía sería un pasatiempo decente e inofensivo.” No cita ni referencia ninguno de estos libertarios ni ofrece ningún dato que ilustre esta presunta hegemonía de los mismos.

Según él “Hasta hace poco, sin embargo, la argumentación liberal-progresista iba más bien en la dirección de reconocer la sordidez de la pornografía, defendiendo pese a todo su legalidad en nombre del derecho individual a escoger lo inmoral y feo, siempre que no lesione a terceros.” La pornografía no solo es inmoral: es sórdida y fea; las valoraciones no son subjetivas sino que el conservador sabe y dictamina qué es bueno y qué es malo, qué es bello y qué es feo, qué es decente y qué es sórdido, qué es digno y qué es indigno; todo por tu propio bien, claro.

Contreras ataca la defensa libertaria del porno con el argumento de que este produce múltiples víctimas. El “principio del daño” de John Stuart Mill (presuntamente “sagrado para los libertarios”) afirma:

“La única razón por la que se puede ejercer el poder legítimamente contra un miembro de una comunidad civilizada en contra de su voluntad es la prevención del daño a otros. Su propio bien, sea físico o moral, no es justificación suficiente. No puede ser legítimamente obligado a hacer o abstenerse de hacer algo simplemente porque, en opinión de otros, actuar así sería sensato o correcto. Esas pueden ser buenas razones para sermonearle, o para razonarle, o convencerle, pero no para obligarle. […] La única parte de su conducta por la que responde ante la sociedad es la que concierne a otros. En la parte que le concierne solo a él, su independencia es, de derecho, absoluta”.

Según Contreras, esto deja “ventanas abiertas a la restricción de la pornografía. El pornógrafo que produce vídeos sexuales, los sube a Internet o los vende, no está protegido de la interferencia legal-estatal por el principio de Mill, pues su actividad afecta a terceros: los niños cuya inocencia será corrompida por la visión de esas escenas; los maridos que perderán interés en sus esposas cuando se vuelvan adictos al porno, etc.”

No comprende que el principio del daño, correctamente interpretado según el liberalismo, se refiere a una agresión unilateral que causa daño a otro sin que este participe voluntariamente en la acción. La producción y distribución de porno por sí sola no tiene ningún efecto sobre quienes no lo consumen: es necesario que el espectador participe activamente según su libre decisión de observar. El pornógrafo no es ningún agresor sino el creador de un producto que otros deciden consumir porque les resulta atractivo. Este consumo puede originar problemas en algunos casos, pero el responsable principal y en realidad único es cada sujeto conforme a sus elecciones. Observar porno en general no es un accidente, no es algo que te pasa sino algo que haces: no es como una lluvia que cae y de la que necesitas protegerte, sino como una ducha que escoges darte porque así lo deseas. Tal vez para algunos es una nociva tentación en la que es fácil caer por su abundante disponibilidad, pero este es su problema y su responsabilidad. Existen herramientas para filtrar contenidos y formas de desincentivar ciertas conductas (como prohibirse a sí mismo el porno y contratar con otros para evitarlo, con posibles penalizaciones por incumplimiento), pero en una sociedad libre es cada individuo quien voluntariamente escoge si recurre a ellas o no.

Los niños son un problema aparte por su inmadurez, y ahí la responsabilidad está en los progenitores o en los tutores legales: en las familias, no en el Estado. Tanto reclamar al Estado que no se meta en el ámbito familiar y personal, para ahora contradecirse de forma flagrante. Además tal vez el problema de que la inocencia de los niños se corrompa está en que los niños en algunos ámbitos son demasiado inocentes e inmaduros, que viven de forma puritana ajenos a la actividad sexual hasta que se la encuentran de repente sin estar preparados para entender lo que ven; en muchos grupos humanos los niños conviven tan cerca de los adultos que saben en qué consisten las relaciones sexuales y estas no les causan ningún trauma; algunas culturas, como la hindú o la japonesa, tienen más asimilada la pornografía, al menos para los adultos (véanse obras como el Kama Sutra y la decoración de algunos templos, o películas como El imperio de los sentidos).

Sigue Contreras con Mill:

Mill admite que, aunque no coaccionado legalmente a cesar en su vicio, el individuo sí puede ser “sermoneado, razonado, convencido”. Desde los presupuestos liberales de Mill resultaría perfectamente admisible una campaña estatal de concienciación sobre los peligros del porno, similar a las que advierten sobre los del tabaco o el alcohol. […] Hoy, proponer una campaña pública de concienciación anti-porno le hace aparecer a uno como un nacional-católico pacato.

No solo los presuntos “viciosos” pueden ser “sermoneados”: también los presuntos “virtuosos”, los que se creen moralmente superiores, los conservadores intolerantes, los metomentodo que pretenden sermonear, razonar y convencer a los demás. La persuasión es legítima siempre que sea voluntaria y se haga con los recursos propios, pero no por el Estado con los fondos de todos. Las campañas públicas de concienciación le hacen parecer a uno lo que es: un intervencionista poco respetuoso de la libertad y de la propiedad ajenas, y probablemente también nacional-católico pacato (fíjense dónde escribe y con quién se relaciona políticamente). Ya puestos a promover campañas de concienciación, ¿qué tal una sobre los peligros del conservadurismo?

Insiste Contreras:

En realidad la pornografía se ha convertido en una plaga social: resultaría muy aconsejable la intervención del Estado para frenar su expansión (que esa intervención consista en prohibición directa de la pornografía, en restricciones serias a su accesibilidad que garanticen que los contenidos porno no se cruzarán en el camino de quien no desea –o no debe, por su edad- tener contacto con ellos, y/o en campañas de concienciación pública sobre sus peligros, es algo que dependerá de consideraciones prudenciales en las que no vamos a profundizar aquí).

“En realidad”: otros fantasean, pero yo, Contreras, conozco la realidad. Es “una plaga social”, y las plagas hay que eliminarlas o por lo menos frenar su expansión. No es que yo subjetivamente deteste la pornografía y aconseje la intervención del Estado, es que esta “es aconsejable” de forma objetiva (y no es que se pueda aconsejar, sino que se debe aconsejar). Pobres aquellos que sin desearlo se cruzan con los contenidos porno, que tienen tan poca fuerza de voluntad que son incapaces de apartar la mirada o hacer lo posible por evitar tan calamitosos sucesos: necesitan a papá y mamá Estado que los informe y proteja, bien asesorados por algún conservador sabio y prudente.

Contreras intenta explica por qué la pornografía es una plaga social que “está dañando cada vez más a nuestra sociedad”. Ofrece datos de que cada vez hay más consumo, como si esto fuera automáticamente nocivo por sí mismo: cualquier uso sería un abuso, posición típica del conservador contra otras cosas como las drogas, la gestación subrogada o la prostitución. Insiste en que genera adicción, en lugar de afirmar que puede generar adicción como cualquier conducta relacionada con la gratificación (el sexo, las drogas, la comida, el éxito); añade la declaración torpe y falaz de un adicto, es decir la anécdota dramática en lugar de la argumentación y los datos científicos.

Menciona “otros efectos indeseables como la despersonalización de las relaciones (pues el sujeto tiende a imitar el “sexo de usar y tirar” que ve en la pantalla), la extensión de parafilias y prácticas sexuales de riesgo, la ruptura de matrimonios… […] impotencia sexual, […] apatía hacia el sexo real.” Todas son posibilidades, no necesidades ciertas, sino riesgos más o menos probables y resultado del abuso. Si los matrimonios se rompen por la pornografía el responsable es el consumidor abusivo de la pornografía, no sus productores. Si un miembro de una pareja quiere protegerse contra los riesgos del abuso de la pornografía por el otro miembro, puede tener cuidado al escoger pareja o también puede limitar o prohibir contractualmente su consumo al otro en lugar de intentar prohibirlo o limitarlo a todo el mundo.

Advierte contra “el intento de llevar a la vida real la fantasía pornográfica, con un resultado de promiscuidad e inestabilidad sentimental.” No ofrece datos al respecto, y no menciona la posibilidad de que una pareja utilice la pornografía para inspirarse, probar algo nuevo y escapar de la rutina.

Naturalmente, como buen conservador tiene que hacer uso catastrofista y falaz de la pendiente resbaladiza, en este caso hacia la violencia:

Añádase a ello el hecho de que, en un porcentaje no despreciable de usuarios del porno, se cae en una espiral de búsqueda de contenidos cada vez más fuertes (de la misma forma que el drogadicto necesita dosis cada vez mayores de su sustancia para alcanzar el mismo nivel de gratificación). Es este el mecanismo que podría explicar la asociación entre consumo de pornografía y violencia sexual, sostenida por muchos estudios.

El nexo pornografía-violencia es el punto en el que a los defensores de la pornografía se les encienden las alarmas, y acuden en tromba –lo pude comprobar hace unos días en Twitter- a descalificar como “poco científico” cualquier estudio que parezca acreditarlo.

Sigue hablando de los “defensores de la pornografía”, quizás se refiera a algunos que la recomiendan como algo saludable y sin problemas. Ha comprobado cosas en Twitter, ese prodigio de herramienta para el avance científico y la argumentación intelectual. No se plantea la posibilidad de que hay estudios que pretenden ser científicos pero que en realidad son flojos, sesgados o equivocados, y esto puede demostrarse con estudios mejores.

Menciona “decenas de estudios […] que apuntan con suficiente rigor la plausibilidad de la conclusión según la cual el consumo frecuente de pornografía incrementa la probabilidad de cometer agresiones sexuales.” Él es un experto sobre este tema, imagino, y por eso sabe que estos estudios y no otros tienen suficiente rigor, curiosamente los que le dan la razón. Referencia varios de estos estudios, donde parecen confundirse correlación y causalidad (hay pocos errores científicos más graves) y naturalmente no cita ningún estudio en contra, que también existen (véase la réplica de Irune Ariño). Algo muy parecido ha sucedido con la relación entre videojuegos violentos y violencia (no la hay), pero supongo que al conservador esto le da igual una vez que tiene los prejuicios y los dogmas bien establecidos.

Si su análisis de los estudios científicos es tal vez poco fiable, termina de descarrilar intelectualmente con su siguiente argumento:

Pero todos los informes palidecen frente al testimonio impresionante de Ted Bundy el día previo a su ejecución (condenado a muerte por la violación y asesinato de más de 30 mujeres y niñas): “Como ocurre en otras adicciones, yo iba buscando material [porno] cada vez más exclusivo; necesitaba cosas cada vez más y más duras, algo que me permitiera encontrar una excitación mayor. […] Llevo mucho tiempo en la cárcel, y he conocido a montones de hombres que fueron motivados a cometer violencia por el mismo proceso que yo. Sin excepción, todos ellos estaban profundamente hundidos en la pornografía, profundamente influidos y consumidos por la pornografía”.

Los informes científicos son menos valiosos que la declaración de un psicópata. En lugar de datos y teorías recurre a anécdotas de una sola persona (que habla de sí mismo y de otros), creyéndoselo todo, sin poner en duda nada, sin considerar que quizás los individuos mienten para exculparse (“soy una víctima de la pornografía”) o se engañan a sí mismos sobre las causas y motivaciones de su conducta. Los psicópatas como Bundy esencialmente nacen y no son precisamente de fiar. Y si uno aspira a rigor científico debe grabarse a fuego en la mente que correlación no es causación. La filosofía del derecho obviamente no es la filosofía de la ciencia.

Continúa Contreras con su catastrofismo anecdótico, ahora con los actores porno:

La pornografía no solo daña seriamente a sus usuarios, sus parejas y sus hijos: también a los propios actores. Y no hablamos ya solo de la degradación moral que implica vender su intimidad sexual. El libertario gusta de concebir a las actrices porno como mujeres desprejuiciadas y empoderadas “que hacen eso porque quieren” (retocando el imperativo categórico kantiano, habría que preguntarles si les gustaría imaginar a sus madres, hermanas o hijas “haciendo eso porque quieren”). Sin embargo, los testimonios de algunas actrices que han conseguido salir de él presentan el mundo del “cine” porno como un albañal de prostitución encubierta, uso de drogas, enfermedades de transmisión sexual e incluso coacción para realizar escenas “extremas”. Valga por todas Shelley Lubben, fundadora de la Pink Cross Foundation, dedicada a la asistencia a exactrices porno: “Cuando estás en el mundo del porno no puedes dejar que la gente piense que eres débil, así que tienes que actuar como si te gustara todo eso, que te gusta ser violada, y que te insulten y digan guarrerías. Es todo mentira. La gente hace porno porque necesita el dinero, y la mayoría de ellos no tienen otras opciones ni formación”. Respecto a la “voluntariedad”: “Pues claro, en mi vida normal yo no habría dejado nunca que me desgarraran la boca, o que me metieran extraños aparatos en la boca, o que me hicieran cosas que pueden producir un prolapso rectal. Hoy día las chicas [de la industria porno… y las chicas normales que las imitan: fenómeno detectado por los sexólogos] tienen que terminar haciendo esas cosas porque eso es lo que vende. Es muy triste, pero ya sabes, todo el mundo está ya desensibilizado al sexo ordinario a estas alturas: quieren cosas más duras, más sucias, más oscuras. Me da miedo pensar lo que nuestra sociedad puede llegar a ser dentro de veinte años. […] [Y si alguna se resiste a alguna escena] Ahora con el Internet pueden decirles a las chicas: “Si no haces esta escena, vamos a mandarle tu porno a tu familia, vamos a arruinar tu reputación, nunca podrás volver a trabajar […]. Eso es explotacion [sic] sexual”.

Parece que la pornografía daña a todo el mundo, frágiles indefensos que no saben lo que hacen ni lo que les conviene. Los actores son degradados morales, es decir moralmente inferiores según el juicio de alguien que naturalmente es moralmente superior.

Vuelve Contreras a referirse a lo que dicen los libertarios sin citar a ninguno. Les pregunta sobre si les gustaría que sus madres, hermanas o hijas se dediquen al porno porque quieren, el argumento conservador definitivo para cerrar el tema: olvida mencionar a las parejas o esposas, y obviamente no entiende que en el liberalismo hay que tolerar cosas que no te gustan porque éticamente es irrelevante que te gusten o no, no tienes derecho a prohibirlas simplemente porque te indignan, te dan asco o no las quieres para ti o tus seres queridos.

Parece normal que algunas actrices porno se arrepientan de su pasado, pero tal vez no deberían hablar en nombre de todas, y mucho menos en nombre de toda la humanidad y su presunta insensibilización frente al sexo ordinario. Si en el pasado fingieron que les gustaba lo que hacían, fue a cambio de dinero y quizás fama y podían haberse negado y dedicarse a otra cosa. Si sufren amenazas, que las denuncien, a ser posible con pruebas, que hacerse la víctima es muy fácil.

Termina Contreras su diatriba:

El libertario exquisito puede seguir en su mundo abstracto de individuos que gestionan su vida y apetitos como quieran “mientras no hagan daño a nadie”. Puede insistir en que restringir la pornografía es “lesionar la libertad de expresión” (la libertad de expresión se refiere a ideas y contenidos debatibles; el profundo “mensaje” de una película porno es “¡aaah!, ¡oohh!”). Otros preferimos habitar el mundo real de inocencias infantiles violadas, adolescentes enganchados, matrimonios rotos, deshumanización sexual creciente. Vamos hacia una sociedad de individuos-isla en la que la relación amorosa es sustituida por la masturbación solipsista frente al ordenador. La “libertad de expresión” de un productor de basura gráfica y el derecho al onanismo de un nerd pajillero me importan menos que la protección de las familias y la sostenibilidad de la sociedad.

Ahora el libertario no identificado es “exquisito” (suena bien pero es un desprecio) y parece que su único argumento es la libertad de expresión de gemidos: si este respeta la conducta ajena “mientras no haga daño a nadie”, Contreras está dispuesto a interferir porque él sabe mejor que nadie que hay muchos, en realidad todos, los individuos, las familias, la sociedad, sufriendo graves daños. Él quiere proteger a las familias y sostener la sociedad: no cualquier sociedad, claro, sino la que a él le gusta, la que no sea libre para producir y consumir o no pornografía (o repudiarla y boicotearla, pero libremente, de forma privada, mediante contratos, no por el Estado). Profetiza para evitar el apocalipsis de la masturbación solipsista, pero no anima a la gente a socializar y practicar sexo real unos con otros en lugar del virtual y solitario.

Lo de “preferimos habitar el mundo real de inocencias infantiles violadas, adolescentes enganchados, matrimonios rotos, deshumanización sexual creciente” suena catastrofista en una interpretación generosa que asuma que aquí ha habido un problema de expresión lingüística, porque parece que dice que prefiere vivir en un mundo real con todas esas cosas tan malas y feas. La basura gráfica obviamente hay que deshacerse de ella: supongo que él decidirá qué es basura pornográfica y qué es mero erotismo tolerable para cada cultura. Sobre el nerd pajillero y su derecho al onanismo, no me queda claro si sabe lo que es un nerd, si el problema está en serlo, en ser pajillero o en ser las dos cosas a la vez: sí parece obvio que no le tiene mucho aprecio.

Es posible que la psicología humana, resultado de la evolución en un entorno ancestral y no de ninguna creación divina, sufra problemas con las tecnologías modernas de producción y distribución de bienes y servicios que consiguen gratificación fácil: drogas, alimentos, sexo, video juegos, realidad virtual. Sin embargo la moralina catastrofista, intolerante y liberticida del conservadurismo aliado con el Estado no es la solución para la falta de autocontrol y responsabilidad personal.

 


Deconstruyendo a… Ciencia y Liberalismo! – con Spanish Libertarian (Ignasi Boltó)

08/08/2019

Deconstruyendo a… Ciencia y Liberalismo! – con Spanish Libertarian (Ignasi Boltó) (video)


Feministeria y feministerio

13/03/2019

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Feministeria y feministerio

Feministeria y feministerio: uso del lenguaje inclusivo y equitativo, con una palabra de género femenino, colocada además en primer lugar, y otra de género masculino; es una expresión que concentra información relevante en solo dos términos clave para entender el feminismo radical hegemónico.

Feministeria: histeria feminista, o feminismo histérico. La exageración, la distorsión, la excitación acelerada, el hiperactivismo catastrofista, irreflexivo y acrítico, son características esenciales del feminismo antiliberal hegemónico en la actualidad. No se trata de que la mujer sea histérica por su propia naturaleza, como insinúa la etimología de ese término al referirse a la matriz o útero: la histeria como neurosis no es algo exclusivamente femenino.

Las auténticas víctimas de agresiones, que obviamente existen, gritan por pánico y dolor para llamar la atención y pedir ayuda. Las feministas radicales hacen trampa, engañan, mienten, se hacen pasar por víctimas y aseguran que las mujeres están oprimidas por el machismo, el patriarcado y el capitalismo. Hablan en nombre de todas las mujeres, a quienes no representan, y se proclaman altruistas y heroicas defensoras de las débiles y vulnerables frente a los malvados y poderosos opresores. Chillan, protestan, repiten eslóganes, acusan sin pruebas, estigmatizan a sus rivales, se felicitan unas a otras, practican el postureo ético y hacen ostentación de su presunta superioridad moral. Su lenguaje es visceral, pasional y manipulador: tal vez porque el pensamiento razonado y riguroso, del que parecen no ser capaces, mostraría sus errores y falacias. El feminismo es bueno y todo lo que se le oponga es malo por definición: los que crispan, desunen y odian son los otros, los críticos del feminismo radical.

Ejemplos de feministeria: el eslogan “Nos están matando”; las referencias a la distopía “El cuento de la criada” al tratar la legalización de la gestación subrogada, las restricciones al aborto, o el partido político Vox; el análisis de la prostitución como algo siempre forzado y esencialmente violencia y esclavitud.

Una alternativa a la feministeria es la feministoria: las feministas radicales afirman que están haciendo historia, y esto es parcialmente cierto; sin embargo la historia no consta solamente de eventos positivos, y el feminismo radical claramente no lo es, aunque se considere a sí mismo “progresista”; por otro lado las historias de las feministas radicales tienen mucho de drama o tragedia, y esto es porque tienen mucho de cuentos o ficciones, y además de baja calidad.

Feministerio: politiqueo y demagogia feminista, o ministerio del feminismo. Lo personal es político, lo sexual es político, lo reproductivo es político, lo familiar y doméstico es político: todo debe quedar politizado y colectivizado, sin ningún lugar para la libertad individual, la responsabilidad y la tolerancia. El feminismo liberal se critica por imposible, contradictorio, o propio de ricas insolidarias que no practican la sororidad. El feminismo radical es hoy una herramienta electoralista y sectaria para alcanzar el poder político y expandir la coacción estatal. Tras el fracaso del socialismo y el comunismo se ha convertido en parte fundamental de la ideología antiliberal y de las políticas de identidad empleadas para polarizar, motivar y aglutinar a los votantes.

Sirve como excusa para la búsqueda de todo tipo de privilegios en forma de cuotas o subsidios y subvenciones a individuos, grupos de interés y redes clientelares corporativistas a costa del bolsillo de los contribuyentes. Hay ministerios o secretarías de la mujer o de la igualdad: no de la igualdad ante la ley sino mediante la ley. También abundan institutos, observatorios, fundaciones, organismos, informes y talleres para la formación en perspectiva de género (está mal decir ideología de género): teóricamente muchos son no gubernamentales, pero están enchufados a los presupuestos, bien regados con dinero público y siempre exigen más.

El feminismo antiliberal es marxista, intervencionista, estatista, posmoderno, colectivista, socialista, comunista, de izquierda o de extrema izquierda: decreta de forma obsesiva que el feminismo debe ser anticapitalista y opuesto al liberalismo (o al neoliberalismo, lo que suene peor). Es autoritario e intolerante: pretende defender la libertad y no para de obligar y prohibir, de decir lo que se debe y no se puede hacer.

Repite de forma acrítica e irreflexiva eslóganes y dogmas de fe absurdos que sirven como señal de pertenencia leal a un grupo cohesionado cuyos miembros compiten por demostrar su alto estatus como virtuosos progresistas. Defiende que las diferencias entre hombres y mujeres no existen o que son constructos sociales arbitrarios resultado de la educación sexista para el control patriarcal del hombre sobre la mujer: todo es cultural o sociológico; nada es biológico, natural, genético o innato. Manipula el lenguaje con descaro y no le preocupa mucho el conocimiento de la verdad porque su activismo político se basa en el engaño y el autoengaño y en ignorar o distorsionar los hechos para imponer sus valores, sus criterios y sus intereses sobre los demás.

Asegura que las mujeres están oprimidas y explotadas por el patriarcado y que todos los hombres son machistas: si alguna mujer no está de acuerdo es que está alienada, abducida, no tiene la conciencia correcta. Afirma que las mujeres que escogen voluntariamente ciertas cosas (prostitución, gestación subrogada, dedicación a la familia, preferir ciertas profesiones a otras) no lo hacen de forma realmente libre: no son autónomas, están obligadas por la necesidad o la presión social (los estereotipos, las expectativas ajenas); lo que esas mismas mujeres digan sobre sus propias decisiones no importa, no es válido y no debe tenerse en cuenta.

Feminismo y liberalismo

La libertad individual significa respeto a derechos de propiedad (especialmente la posesión de uno mismo), rechazo a la violencia y la amenaza de la misma, y derecho a compensación por daños sufridos; también implica la posibilidad de contratar con otros y la obligación de cumplir los acuerdos voluntariamente pactados. Libertad es responsabilidad y tolerancia: responsabilidad para asumir las consecuencias de las decisiones tomadas, reparar los posibles daños causados y no vivir a costa de los demás; tolerancia para respetar las decisiones ajenas que no supongan agresiones o violaciones de la libertad de nadie.

El feminismo ha sido un movimiento muy positivo y compatible con el liberalismo en la medida en que ha trabajado por la libertad de la mujer y por la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres. La causa de la libertad de la mujer es parte de la causa más amplia de la libertad del ser humano. El liberalismo defiende los derechos y deberes individuales de la mujer igual que los del hombre porque son los mismos: el sexo o el género son irrelevantes para el carácter de sujeto ético o la ciudadanía política.

Las mujeres tienen múltiples semejanzas con los hombres y también presentan diferencias en cuanto a sus capacidades y sus intereses que no son meros constructos culturales impuestos por la sociedad. Estas diferencias no implican un trato moral o legal distinto, ni a favor ni en contra. El liberalismo se basa en la igualdad ante la ley, no mediante la ley, y rechaza derechos especiales o privilegios de unos a costa de otros. Hombres y mujeres son complementarios y pueden cooperar voluntariamente sin necesidad de constituirse en clases o grupos enfrentados según su sexo.

La historia pasada de la humanidad, y el presente en algunos países, muestra abundantes ejemplos de agresiones, sumisión o discriminación legal contra las mujeres. Las mujeres pueden tener problemas específicos por su mayor vulnerabilidad frente a los hombres y su carácter de víctimas ante ciertos ataques contra su libertad como las violaciones, la esclavitud sexual, los abusos o acosos sexuales y las agresiones físicas, desde el maltrato hasta el asesinato. En algunas sociedades menos desarrolladas se dan fenómenos como la mutilación genital a niñas, los ataques por rechazo de propuestas afectivas, sexuales o matrimoniales (desfiguraciones con ácido), los matrimonios forzados y de menores, los castigos discriminatorios y violentos por adulterio (como la lapidación), el control de la conducta, la vestimenta o la actividad sexual de la mujer, o su sumisión a su padre, a sus hermanos o a su marido.

Algunas agresiones son especialmente problemáticas porque se cometen en el marco íntimo de relaciones familiares, afectivas y de convivencia doméstica: están relacionadas con conflictos de parejas, con el paso del amor al odio, los celos, las infidelidades, los rechazos, las rupturas. Sus perpetradores y sus víctimas pueden ser tanto hombres como mujeres en parejas heterosexuales u homosexuales. Dada la diferencia relativa en fuerza y agresividad física, normalmente los daños sufridos por la mujer atacada por un hombre son mayores.

La agresión violenta es algo ilegítimo y rechazado por todos, especialmente los liberales, y existen mujeres víctimas de la misma, al igual que hombres. Sin embargo las feministas radicales parecen dar importancia exclusiva a las mujeres como víctimas y a los hombres como atacantes, e incluyen en las categorías de agresión o de violencia hechos muy diferentes a los daños físicos, como la conducta verbal, o simplemente inventados, como la presunta violencia estructural opresora contra las mujeres.

Los asesinatos, las violaciones y las agresiones contra la integridad física son crímenes violentos especialmente graves. Pero la violencia física no es lo mismo que la llamada violencia psicológica en forma de insultos, menosprecios, comentarios desagradables o no deseados. Contra la violencia real la víctima puede quedar indefensa por su incapacidad física de defenderse de forma efectiva; las ofensas verbales pueden resultar dolorosas, pero se resuelven con cierta facilidad ignorando al interlocutor, alejándose de él, o mostrando al público el tipo de persona que es poniendo en conocimiento de otros su comportamiento. Las mujeres son libres y capaces para escoger con quién se relacionan y para abandonar a quienes las desprecian.

Las feministas radicales se apropian del lenguaje para imponer su terminología con el asunto de la violencia de género, que solo incluye las agresiones de hombres contra mujeres en una relación de pareja: excluye las agresiones de hombres contra mujeres fuera de la relación de pareja (violaciones o abusos sexuales contra desconocidas) y las agresiones de pareja de hombres contra hombres, de mujeres contra mujeres o de mujeres contra hombres.

Si los poderes públicos tienen como una de sus funciones principales la defensa de las personas ante posibles agresiones con mecanismos preventivos y punitivos, tiene sentido que se concentren recursos para la protección de los individuos más vulnerables y amenazados, que se controle a los agresores potenciales y se castigue con dureza a los agresores efectivos, y que se compense a las víctimas con cargo a sus agresores. Sin embargo la ley justa no puede discriminar según el sexo de las personas: no puede ni privilegiar ni perjudicar a hombres o mujeres por el mero hecho de ser hombres o mujeres; no puede castigar más a un hombre que a una mujer por los mismos hechos y resultados; las leyes que afectan a todos deben tratar a todos por igual. La ley justa tampoco puede atribuir motivaciones generalizadas a todos los casos sin conocer su realidad, como el presunto machismo en todas las agresiones contra mujeres y la esencialmente inexistente opresión patriarcal de la mujer.

El sexismo y el machismo como actitudes y conductas son posibles, y hay individuos con opiniones denigratorias contra las mujeres. Pero aunque resulte desagradable para muchos, parte esencial de la libertad individual consiste en poder elegir con quién uno quiere relacionarse o no, y esto incluye la posibilidad de discriminar de forma sistemática por algún rasgo como el sexo; para luchar contra el sexismo también es posible discriminar o boicotear a aquellos que tienen actitudes o conductas sexistas y promover cambios culturales espontáneos sin necesidad de intervencionismo estatal.

No es cierto que los hombres estén matando a las mujeres. Ni todos los hombres son agresores por el mero hecho de ser hombres, ni todas las mujeres son víctimas por el mero hecho de ser mujeres. La violencia contra la pareja íntima se concentra contra la persona concreta por el carácter específico de la relación afectiva, y no se produce contra individuos aleatorios del sexo adecuado. Las agresiones no se deben al machismo ni al patriarcado, y más bien reflejan la dificultad de erradicar completamente la violencia y la incompetencia de los poderes públicos (políticos, legisladores, policías, jueces, burócratas, funcionarios), que son incapaces de realizar de forma eficaz y eficiente sus funciones más elementales de protección de los ciudadanos.

En países avanzados y desarrollados como España las mujeres viven seguras y mejor que en otras partes del mundo donde son agredidas o discriminadas sistemáticamente: el feminismo radical es especialmente activo donde es menos necesario. La situación de las mujeres puede mejorar, igual que la de cualquier ser humano, pero no con menos sino con más libertad para todos.

La sociedad libre, el libre mercado y el capitalismo son beneficiosos para las mujeres. En la sociedad libre la mujer es un sujeto ético autónomo y responsable con los mismos derechos y obligaciones que el hombre, ni más ni menos. Es dueña de sí misma, tiene derechos de propiedad y puede contratar voluntariamente con otros. No es tratada como una menor de edad que debe ser tutelada, como una dependiente incapaz de valerse por sí misma, o como una víctima sistemática que necesita protección especial. Es libre en su actividad sexual y puede vivir sola, en pareja o con quien quiera, casándose o no, y teniendo hijos o no.

En el ámbito económico el libre mercado es el mejor sistema para el avance y la emancipación de la mujer. Le permite ser productiva y creativa y decidir según sus preferencias y capacidades si quiere emprender o trabajar y en qué, o si prefiere dedicarse a su familia y su hogar, o combinar ambas cosas, siempre asumiendo de forma responsable los costes y las consecuencias de sus decisiones, como el posible menor avance profesional en caso de dedicar más tiempo a lo personal y doméstico, o un menor salario por menos horas de trabajo o por dedicarse a profesiones menos demandadas. En su actividad laboral el mercado competitivo la recompensa con un salario determinado esencialmente por su productividad igual que lo hace con el hombre. La discriminación positiva es injusta y fomenta la sospecha de que algunas mujeres tienen ciertos cargos de responsabilidad no por su capacidad sino por su sexo.


Ciencia y libertad: fundamentos científicos de los principios liberales

20/11/2018

Francisco Capella – Ciencia y libertad: fundamentos científicos de los principios liberales

Entrevista a Francisco Capella – Ciencia y libertad: fundamentos científicos de los principios liberales

Vídeos de la charla en el Instituto Juan de Mariana.

Ideas introductorias y referencias bibliográficas:

Libros de ciencia para la economía y el liberalismo (en IJM)

Libros de ciencia para la economía y el liberalismo (en intelib)


Libros de ciencia para la economía y el liberalismo

27/10/2018

Nota: este artículo complementa la charla “Ciencia y libertad: fundamentos científicos de los principios liberales” (enlaces a vídeos) que di en el Instituto Juan de Mariana el sábado 20 de octubre de 2018.

En el ámbito del liberalismo y de la economía de la escuela austriaca abundan las fundamentaciones filosóficas y los estudios de historia del pensamiento: son escasos los intentos de apoyo y crecimiento en las ciencias naturales, tal vez por falta de interés y/o capacidad, por ser muchos investigadores gente de letras o humanidades. Esta desconexión es empobrecedora, frecuentemente sectaria, y facilita la infiltración por ideas falaces o absurdas (pseudociencias, supersticiones, conspiranoias). En lugar de enfatizar las diferencias para separar y trabajar de forma aislada, una actitud intelectual más fructífera y realista busca la consiliencia, la integración con otros ámbitos del conocimiento que sirvan para generar, apoyar o criticar ideas de forma interdependiente.

La praxeología separada de la psicología (apriorismo, dualismo metodológico) dice cosas ciertas e importantes, pero también vagas, genéricas, sin concretar, y ofrece descripciones y explicaciones muy incompletas de la realidad. Estudiar solamente la acción intencional implica obviar otros tipos de acción que pueden ser muy relevantes. Tomar la intencionalidad de la acción humana como un axioma irrefutable cuya fundamentación no es necesario investigar puede llevar a ignorar que muchos otros seres vivos también actúan intencionalmente, y a no sentir la necesidad de explicar la existencia de lo teleológico en un mundo físico causal, como si fuera un hecho bruto o un misterio imposible de resolver.

En mi formación académica tienen un fuerte peso las ciencias naturales. Mi trabajo de estudio e investigación me ha permitido ver que es posible integrar de forma consistente todos los ámbitos científicos, y que esto permite comprender mejor la realidad humana y las fortalezas y los problemas del liberalismo.

A continuación presento los autores y libros que me han servido para aprender en muy diversos ámbitos, para que sirvan como referencia y por si pueden ser de utilidad para otras personas interesadas en aprender sobre estos temas. Es una lista cuya organización es problemática por cómo escoger los tópicos y por cómo clasificar cada libro solo en uno cuando en realidad casi todos tratan de varios temas. Incluyo libros que aún no he leído o que o no he leído en su totalidad (marcados con un asterisco *), pero que considero importantes y tengo en cuenta para mis lecturas futuras. Algunas obras (por ejemplo, sobre filosofía o física) pueden ser menos relevantes para la economía y el liberalismo. No menciono de momento (en general) libros típicamente liberales austriacos (economía y ética), de teoría monetaria, banca y finanzas.

Se trata de una lista provisional e imperfecta que espero completar con más libros leídos o proyectos de lectura, recomendaciones de los más interesantes en cada ámbito, ideas clave, referencias a reseñas, resúmenes o debates, y materiales adicionales como sitios de Internet, contenidos audiovisuales, cursos o artículos sobre los diversos temas (algunos aparecen con frecuencia en las recomendaciones de intelib.wordpress.com). No todos los libros son recomendables en el sentido de acertados: por ejemplo la literatura creacionista es una sucesión de errores, falacias y disparates, pero es conveniente leerla para conocerla. Algunos libros tienen menos conexión con las ciencias naturales (historia, política). Algunos libros tienen dos títulos por la diferencia entre la edición inglesa y la norteamericana.

Para empezar recomiendo dos autores que piensan y escriben muy bien y además son liberales: Matt Ridley y Michael Shermer. Con mucho gusto recibiré preguntas, comentarios, sugerencias o críticas de lectores interesados.

Filosofía / Philosophy

Julian Baggini, The Pig That Wants to Be Eaten: 100 Experiments for the Armchair Philosopher (The Pig That Wants to Be Eaten: And Ninety-Nine Other Thought Experiments)

Thomas Cathcart & Daniel Klein, Plato and a Platypus Walk into a Bar: Understanding Philosophy Through Jokes

Jostein Gaarder, El mundo de Sofía

Rebecca Newberger Goldstein, Plato at the Googleplex: Why Philosophy Won’t Go Away

Lou Marinoff, Plato, Not Prozac!: Applying Eternal Wisdom to Everyday Problems

Robert Nozick, Philosophical Explanations (*)

Matthew Stewart, The Truth About Everything: An Irreverent History of Philosophy

Física, Cosmología, Matemáticas / Physics, Cosmology, Mathematics

Edwin A. Abbott, Flatland: A Romance of Many Dimensions

Amir D.Aczel, Entanglement: The Greatest Mystery in Physics

Peter Atkins, The Creation

Peter Atkins, Four Laws That Drive the Universe (*)

John D. Barrow, Impossibility: The Limits of Science and the Science of Limits

John D. Barrow, The Book of Nothing: Vacuums, Voids, and the Latest Ideas about the Origins of the Universe

John D. Barrow, The Infinite Book: A Short Guide to the Boundless, Timeless and Endless

David Bohm, Wholeness and the Implicate Order

Bill Bryson, A Short History of Nearly Everything

William H. Calvin, How the Shaman Stole the Moon: The Search of Ancient Prophet-Scientists: From Stonehenge to the Grand Canyon (*)

Sean Carroll, From Eternity to Here: The Quest for the Ultimate Theory of Time

Sean Carroll, The Big Picture: On the Origins of Life, Meaning, and the Universe Itself

Peter Coveney & Roger Highfield, The Arrow of Time: A Voyage Through Science to Solve Time’s Greatest Mystery

Paul Davies, The Mind of God: The Scientific Basis for a Rational World

David Deutsch, The Fabric of Reality: The Science of Parallel Universes—and Its Implications

David Deutsch, The Beginning of Infinity: Explanations That Transform the World

Keith Devlin, Mathematics: The Science of Patterns: The Search for Order in Life, Mind and the Universe

Richard P. Feynman, “Surely You’re Joking, Mr. Feynman!” Adventures of a Curious Character

Richard P. Feynman, “What Do You Care What Other People Think?” Further Adventures of a Curious Character

Martin Gardner, Mathematical Magic Show: More Puzzles, Games, Diversions, Illusions and Other Mathematical Sleight-Of-Mind from Scientific American

Brian Greene, The Elegant Universe: Superstrings, Hidden Dimensions, and the Quest for the Ultimate Theory

Brian Greene, The Fabric of the Cosmos: Space, Time, and the Texture of Reality

Brian Greene, The Hidden Reality: Parallel Universes and the Deep Laws of the Cosmos (*)

Stephen Hawking, A Brief History of Time: From the Big Bang to Black Holes

Stephen Hawking & Leonard Mlodinow, The Grand Design

Jim Holt, Why Does the World Exist? An Existential Detective Story

Robert Kaplan, The Nothing That Is: A Natural History of Zero

Robert Kaplan & Ellen Kaplan, The Art of the Infinite: The Pleasures of Mathematics

Lawrence M. Krauss, A Universe From Nothing: Why There Is Something Rather Than Nothing

Lawrence M. Krauss, The Greatest Story Ever Told—So Far: Why Are We Here?

Lillian R. Lieber, Infinity: Beyond the Beyond the Beyond

Alan Lightman, The Accidental Universe: The World You Thought You Knew

Benoît B. Mandelbrot, The Fractal Geometry of Nature

Eli Maor, To Infinity and Beyond: A Cultural History of the Infinite

Martin Rees, Just Six Numbers: The Deep Forces That Shape the Universe

Carl Sagan, Cosmos

Charles Seife, Zero: The Biography of a Dangerous Idea

Lee Smolin, Three Roads To Quantum Gravity

Ian Stewart, The Problems of Mathematics

Ian Stewart, From Here to Infinity: A Guide to Today’s Mathematics

Steven Weinberg, The First Three Minutes: A Modern View Of The Origin Of The Universe

Steven Weinberg, Dreams of a Final Theory: The Scientist’s Search for the Ultimate Laws of Nature

Ciencia, Epistemología, Filosofía de la ciencia, Sociología de la ciencia / Science, Epistemology, Philosophy of Science, Sociology of Science

John Brockman, The Third Culture: Beyond the Scientific Revolution

John Brockman (ed.), What We Believe but Cannot Prove: Today’s Leading Thinkers on Science in the Age of Certainty

John Brockman (ed.), What Is Your Dangerous Idea? Today’s Leading Thinkers on the Unthinkable

John Brockman (ed.), This Will Change Everything: Ideas That Will Shape the Future

John Brockman (ed.), What Have You Changed Your Mind About?: Today’s Leading Minds Rethink Everything

John Brockman (ed.), This Will Make You Smarter: New Scientific Concepts to Improve Your Thinking

John Brockman (ed.), This Explains Everything: Deep, Beautiful, and Elegant Theories of How the World Works

John Brockman (ed.), This Idea Must Die: Scientific Theories That Are Blocking Progress

John Brockman (ed.), Know This: Today’s Most Interesting and Important Scientific Ideas, Discoveries, and Developments

Michael Brooks, At the Edge of Uncertainty: 11 Discoveries Taking Science by Surprise

Richard Dawkins, The Magic of Reality: How We Know What’s Really True

Richard Dawkins, Unweaving the Rainbow: Science, Delusion and the Appetite for Wonder

Richard Dawkins, Science in the Soul: Selected Writings of a Passionate Rationalist

Peter Godfrey-Smith, Theory and Reality: An Introduction to the Philosophy of Science

Stephen Jay Gould, The Hedgehog, the Fox & the Magister’s Pox: Mending the Gap Between Science & the Humanities (*)

Friedrich A. Hayek, The Counter-Revolution of Science: Studies on the Abuse of Reason

Terence Kealey, Sex, Science and Profits: How People Evolved to Make Money

Thomas S. Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions

Jean-Marc Lévy-Leblond, Conceptos contrarios o El oficio de científico

Mario Livio, Brilliant Blunders: From Darwin to Einstein – Colossal Mistakes by Great Scientists That Changed Our Understanding of Life and the Universe

Mario Livio, Why? What Makes Us Curious

Samir Okasha, Philosophy of Science: A Very Short Introduction

Robert M. Pirsig, Zen and the Art of Motorcycle Maintenance: An Inquiry into Values

Miguel Ángel Quintanilla, Fundamentos de lógica y teoría de la ciencia

Carl Sagan, The Demon-Haunted World: Science as a Candle in the Dark

Michael Shermer, Heavens on Earth: The Scientific Search for the Afterlife, Immortality, and Utopia

Andrew Shtulman, Scienceblind: Why Our Intuitive Theories About the World Are So Often Wrong

Edward O. Wilson, Consilience: The Unity of Knowledge

Sistemas / Systems

Adrian Bejan & J. Peder Zane, Design in Nature: How the Constructal Law Governs Evolution in Biology, Physics, Technology, and Social Organization

Ludwig von Bertalanffy, General System Theory: Foundations, Development, Applications

Redes / Networks

Albert-László Barabási, Linked: The New Science of Networks (How Everything Is Connected to Everything Else and What It Means for Business, Science, and Everyday Life)

Mark Buchanan, Nexus: Small Worlds and the Groundbreaking Theory of Networks

Nicholas A. Christakis & James H. Fowler, Connected: The Surprising Power of Our Social Networks and How They Shape Our Lives (Connected: How Your Friends’ Friends’ Friends Affect Everything You Feel, Think, and Do)

Niall Ferguson, The Square and the Tower: Networks, Hierarchies and the Struggle for Global Power (The Square and the Tower: Networks and Power, from the Freemasons to Facebook)

Alex Pentland, Social Physics: How Good Ideas Spread—The Lessons from a New Science (Social Physics: How Social Networks Can Make Us Smarter)

Duncan J. Watts, Six Degrees: The Science of a Connected Age

Complejidad / Complexity

Sunny Y. Auyang, Foundations of Complex-System Theories (in Economics, Evolutionary Biology, and Statistical Physics) (*)

Yaneer Bar-Yam, Making Things Work: Solving Complex Problems in a Complex World (*)

Eric D. Beinhocker, The Origin of Wealth: Evolution, Complexity, and the Radical Remaking of Economics

John L. Casti, Complexification: Explaining a Paradoxical World Through the Science of Surprise

Jack Cohen & Ian Stewart, The Collapse of Chaos: Discovering Simplicity in a Complex World

Murray Gell-Mann, The Quark and the Jaguar: Adventures in the Simple and the Complex

Brian Goodwin, How the Leopard Changed Its Spots: The Evolution of Complexity

John H. Holland, Hidden Order: How Adaptation Builds Complexity (*)

Roger Lewin, Complexity: Life at the Edge of Chaos

Melanie Mitchell, Complexity: A Guided Tour

John H. Miller, A Crude Look at the Whole: The Science of Complex Systems in Business, Life, and Society (*)

M. Mitchell Waldrop, Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos

Stephen Wolfram, A New Kind of Science (*)

Caos / Chaos

Albert-László Barabási, Bursts: The Hidden Pattern Behind Everything We Do

Antonio Escohotado, Caos y orden

Malcolm Gladwell, The Tipping Point: How Little Things Can Make a Big Difference

James Gleick, Chaos: Making a New Science

Edward Lorenz, The Essence of Chaos

Leonard Smith, Chaos: A Very Short Introduction

Ian Stewart, Does God Play Dice? The Mathematics of Chaos

Orden espontáneo, Autoorganización, Emergencia / Spontaneous Order, Self-organization, Emergence

Philip Ball, The Self-Made Tapestry: Pattern Formation in Nature

Philip Ball, Nature’s Patterns: A Tapestry in Three Parts (Branches)

Philip Ball, Nature’s Patterns: A Tapestry in Three Parts (Flows)

Philip Ball, Nature’s Patterns: A Tapestry in Three Parts (Shapes)

Ori Brafman & Rod A. Beckstrom, The Starfish and the Spider: The Unstoppable Power of Leaderless Organizations

Paul Davies, The Cosmic Blueprint: New Discoveries in Nature’s Creative Ability to Order the Universe

John H. Holland, Emergence: From Chaos To Order (*)

Steven Johnson, Emergence: The Connected Lives of Ants, Brains, Cities, and Software

Stuart Kauffman, The Origins of Order: Self-Organization and Selection in Evolution (*)

Stuart Kauffman, At Home in the Universe: The Search for the Laws of Self-Organization and Complexity

Stuart Kauffman, Investigations

Stuart Kauffman, Humanity in a Creative Universe (*)

Stuart Kauffman, Reinventing the Sacred: A New View of Science, Reason, and Religion (*)

Harold J. Morowitz, The Emergence of Everything: How the World Became Complex

Rafael Rubio de Urquía, Francisco José Vázquez, Félix Fernando Muñoz Pérez (eds.), Procesos de autoorganización (*)

Steven Strogatz, Sync: The Emerging Science of Spontaneous Order

Simetría / Symmetry

Ian Stewart, Why Beauty Is Truth: A History of Symmetry

Hermann Weyl, Symmetry

Escala / Scale

Geoffrey West, Scale: The Search for Simplicity and Unity in the Complexity of Life, from Cells to Cities, Companies to Ecosystems, Milliseconds to Millennia (Scale: The Universal Laws of Growth, Innovation, Sustainability, and the Pace of Life in Organisms, Cities, Economies, and Companies)

Aleatoriedad / Randomness

Robert H. Frank, Success and Luck: Good Fortune and the Myth of Meritocracy

Leonard Mlodinow, The Drunkard’s Walk: How Randomness Rules Our Lives

David Ruelle, Chance and Chaos

Nassim Nicholas Taleb, Fooled by Randomness: The Hidden Role of Chance in Life and in the Markets

Nassim Nicholas Taleb, The Black Swan: The Impact of the Highly Improbable

Biología / Biology

Michael J. Benton, The History of Life: A Very Short Introduction

John Brockman, Life: The Leading Edge of Evolutionary Biology, Genetics, Anthropology, and Environmental Science

Alexander Graham Cairns-Smith, Seven Clues to the Origin of Life: A Scientific Detective Story

Paul Davies, The Fifth Miracle: The Search for the Origin and Meaning of Life

Christian de Duve, Vital Dust: The Origin and Evolution of Life on Earth (Vital Dust: Life as a Cosmic Imperative)

David Deamer, First Life: Discovering the Connections between Stars, Cells, and How Life Began

Paul G. Falkowski, Life’s Engines: How Microbes Made Earth Habitable

Richard Fortey, Life: An Unauthorised Biography (A Natural History of the First Four Thousand Million Years of Life on Earth)

Peter M. Hoffmann, Life’s Ratchet: How Molecular Machines Extract Order from Chaos

Andrew H. Knoll, Life on a Young Planet: The First Three Billion Years of Evolution on Earth

Nick Lane, The Vital Question: Why Is Life the Way It Is?

James E. Lovelock, Gaia: A New Look at Life on Earth

Humberto Maturana R. & Francisco J. Varela G., Autopoiesis and Cognition: The Realization of the Living

Humberto Maturana R. & Francisco J. Varela G., The Tree of Knowledge: The Biological Roots of Human Understanding

Ernst Mayr, The Growth of Biological Thought: Diversity, Evolution, and Inheritance (*)

Johnjoe McFadden & Jim Al-Khalili, Life on the Edge: The Coming of Age of Quantum Biology

Jacques Monod, Chance and Necessity: An Essay on the Natural Philosophy of Modern Biology (*)

Michel Morange, Life Explained

Addy Pross, What is Life? How Chemistry Becomes Biology

Michael L. Rothschild, Bionomics: Economy As Ecosystem

Adam Rutherford, Creation: The Origin of Life / The Future of Life (Creation: How Science Is Reinventing Life Itself)

Bill Schutt, Cannibalism: A Perfectly Natural History

Ian Stewart, Life’s Other Secret: The New Mathematics Of The Living World

Lewis Thomas, The Lives of a Cell: Notes of a Biology Watcher

Lewis Thomas, The Medusa and the Snail: More Notes of a Biology Watcher

David Toomey, Weird Life: The Search for Life That Is Very, Very Different from Our Own

Jonathan Weiner, Long for This World: The Strange Science of Immortality

Edward O. Wilson, The Future of Life

Exobiología (Vida extraterrestre) / Exobiology (Alien Life)

Jim Al-Khalili, Aliens: The World’s Leading Scientists on the Search for Extraterrestrial Life (Aliens: Science Asks Is Anyone Out There?)

Lewis Dartnell, Life in the Universe: A Beginner’s Guide

Paul Davies, The Eerie Silence: Renewing Our Search for Alien Intelligence (The Eerie Silence: Are We Alone in the Universe?)

Ben Miller, The Aliens Are Coming!: The Extraordinary Science Behind Our Search for Life in the Universe

Seth Shostak, Confessions of an Alien Hunter: A Scientist’s Search for Extraterrestrial Intelligence

Genética / Genetics

Kat Arney, Herding Hemingway’s Cats: Understanding how our Genes Work

David P. Barash, Revolutionary Biology: The New, Gene-Centered View of Life

Nessa Carey, The Epigenetics Revolution: How Modern Biology Is Rewriting Our Understanding of Genetics, Disease, and Inheritance

Sam Kean, The Violinist’s Thumb: And Other Lost Tales of Love, War, and Genius, as Written by Our Genetic Code

Richard C. Lewontin, Biology as Ideology: The Doctrine of DNA

Siddhartha Mukherjee, The Gene: An Intimate History

John Parrington, The Deeper Genome: Why There Is More to the Human Genome Than Meets the Eye

Matt Ridley, Genome: The Autobiography of a Species in 23 Chapters

Matt Ridley, Nature Via Nurture: Genes, Experience and What Makes Us Human (The Agile Gene: How Nature Turns on Nurture)

Evolución / Evolution

John Taylor Bonner, Randomness in Evolution

Sean B. Carroll, Endless Forms Most Beautiful: The New Science of Evo Devo and the Making of the Animal Kingdom

Sean B. Carroll, The Making of the Fittest: DNA and the Ultimate Forensic Record of Evolution

Jerry A. Coyne, Why Evolution Is True

Helena Cronin, The Ant and the Peacock: Altruism and Sexual Selection from Darwin to Today

Charles Darwin, On the Origin of Species

Richard Dawkins, The Selfish Gene

Richard Dawkins, The Extended Phenotype

Richard Dawkins, The Blind Watchmaker: Why the Evidence of Evolution Reveals a Universe without Design

Richard Dawkins, River out of Eden: A Darwinian View of Life

Richard Dawkins, Climbing Mount Improbable

Richard Dawkins, A Devil’s Chaplain: Reflections on Hope, Lies, Science, and Love (*)

Richard Dawkins, The Ancestor’s Tale: A Pilgrimage to the Dawn of Evolution

Richard Dawkins, The Greatest Show on Earth: The Evidence for Evolution

Daniel C. Dennett, Darwin’s Dangerous Idea: Evolution and the Meanings of Life

Stephen Jay Gould, Ever Since Darwin: Reflections on Natural History

Stephen Jay Gould, The Panda’s Thumb: More Reflections in Natural History

Stephen Jay Gould, Hen’s Teeth and Horse’s Toes: Further Reflections in Natural History

Stephen Jay Gould, The Flamingo’s Smile: Reflections in Natural History

Stephen Jay Gould, Wonderful Life: The Burgess Shale and the Nature of History

Stephen Jay Gould, Bully for Brontosaurus: Reflections in Natural History

Stephen Jay Gould, Eight Little Piggies: Reflections in Natural History

Stephen Jay Gould, Dinosaur in a Haystack: Reflections in Natural History

Stephen Jay Gould, Full House: The Spread of Excellence from Plato to Darwin

Stephen Jay Gould, Leonardo’s Mountain of Clams and the Diet of Worms: Essays on Natural History

Stephen Jay Gould, The Lying Stones of Marrakech: Penultimate Reflections in Natural History

Stephen Jay Gould, I Have Landed: The End of a Beginning in Natural History (*)

Eva Jablonka & Marion J. Lamb, Evolution in Four Dimensions: Genetic, Epigenetic, Behavioral, and Symbolic Variation in the History of Life

Greg Krukonis & Tracy Barr, Evolution For Dummies

Nick Lane, Life Ascending: The Ten Great Inventions of Evolution

Edward J. Larson, Evolution: The Remarkable History of a Scientific Theory

Ernst Mayr, What Evolution Is

Bill Nye, Undeniable: Evolution and the Science of Creation

Samir Okasha, Evolution and the Levels of Selection (*)

Matt Ridley, The Evolution of Everything: How New Ideas Emerge (The Evolution of Everything: How Small Changes Transform Our World)

Javier Sampedro, Deconstruyendo a Darwin: Los enigmas de la evolución a la luz de la nueva genética

Michael Shermer, Why Darwin Matters: The Case Against Intelligent Design

Matt Simon, The Wasp That Brainwashed the Caterpillar: Evolution’s Most Unbelievable Solutions to Life’s Biggest Problems

John Maynard Smith & Eörs Szathmáry, The Origins of Life: From the Birth of Life to the Origins of Language

Kim Sterelny, The Evolution of Agency and Other Essays

Steve Stewart-Williams, Darwin, God and the Meaning of Life: How Evolutionary Theory Undermines Everything You Thought You Knew

Rebecca Stott, Darwin’s Ghosts: The Secret History of Evolution

Ian Tattersall, Paleontology: A Brief History of Life

Andreas Wagner, Arrival of the Fittest: Solving Evolution’s Greatest Puzzle

Peter Ward & Joe Kirschvink, A New History of Life: The Radical New Discoveries about the Origins and Evolution of Life on Earth

George C. Williams, Adaptation and Natural Selection: A Critique of Some Current Evolutionary Thought (*)

Amotz Zahavi, The Handicap Principle: A Missing Piece of Darwin’s Puzzle

Crítica de la evolución / Criticism of Evolution

Rémy Chauvin, Darwinismo: El fin de un mito

Fernando Vallejo, La tautología darwinista y otros ensayos de biología

Creacionismo, Diseño Inteligente / Creationism, Intelligent Design

Michael J. Behe, Darwin’s Black Box: The Biochemical Challenge to Evolution (*)

Michael J. Behe, The Edge of Evolution: The Search for the Limits of Darwinism

Silvano Borruso, El evolucionismo en apuros

Sexo, género, reproducción, amor, celos, familia / Sex, Gender, Reproduction, Love, Jealousy, Family

David M. Buss, The Dangerous Passion: Why Jealousy is as Necessary as Love and Sex (*)

David P. Barash & Judith Eve Lipton, Making Sense of Sex: How Genes and Gender Influence Our Relationships

David P. Barash & Judith Eve Lipton, The Myth of Monogamy: Fidelity and Infidelity in Animals and People (*)

Jesse Bering, Perv: The Sexual Deviant in All of Us

Jared Diamond, Why Is Sex Fun? The Evolution of Human Sexuality

Robin Dunbar, The Science of Love and Betrayal

Cordelia Fine, Testosterone Rex: Myths of Sex, Science, and Society

Helen Fisher, Anatomy of Love: A Natural History of Mating, Marriage, and Why We Stray (Anatomy Of Love. The Natural History Of Monogamy, Adultery And Divorce)

Steven Horwitz, Hayek’s Modern Family: Classical Liberalism and the Evolution of Social Institutions

Bobbi S. Low, Why Sex Matters: A Darwinian Look at Human Behavior

Lynn Margulis & Dorion Sagan, Origins of Sex: Three Billion Years of Genetic Recombination

Robert Martin, How We Do It: The Evolution and Future of Human Reproduction

Ashley McGuire, Sex Scandal: The Drive to Abolish Male and Female

Cindy M. Meston & David M. Buss, Why Women Have Sex: Understanding Sexual Motivations from Adventure to Revenge (and Everything in Between)

Geoffrey Miller, The Mating Mind: How Sexual Choice Shaped the Evolution of Human Nature

Richard O. Prum, The Evolution of Beauty: How Darwin’s Forgotten Theory of Mate Choice Shapes the Animal World – And Us

Matt Ridley, The Red Queen: Sex and the Evolution of Human Nature

Joan Roughgarden, Evolution’s Rainbow: Diversity, Gender and Sexuality in Nature and People

Christopher Ryan & Cacilda Jethá, Sex at Dawn: The Prehistoric Origins of Modern Sexuality

Menno Schilthuizen, Nature’s Nether Regions: What the Sex Lives of Bugs, Birds, and Beasts Tell Us About Evolution, Biodiversity, and Ourselves

Paul Seabright, The War of the Sexes: How Conflict and Cooperation Have Shaped Men and Women from Prehistory to the Present

Etología / Ethology

Jennifer Ackerman, The Genius of Birds

Maddalena Bearzi & Craig B. Stanford, Beautiful Minds: The Parallel Lives of Great Apes and Dolphins

Marc Bekoff & Jessica Pierce, Wild Justice: The Moral Lives of Animals

Dorothy L. Cheney & Robert M. Seyfarth, Baboon Metaphysics: The Evolution of a Social Mind

Frans de Waal, Are We Smart Enough to Know How Smart Animals Are?

Frans de Waal, The Age of Empathy: Nature’s Lessons for a Kinder Society

Frans de Waal, The Bonobo and the Atheist: In Search of Humanism Among the Primates

Frans de Waal, Chimpanzee Politics: Power and Sex Among Apes (*)

Frans de Waal, The Ape and the Sushi Master: Reflections of a Primatologist (*)

Douglas J. Emlen, Animal Weapons: The Evolution of Battle

Peter Godfrey-Smith, Other Minds: The Octopus, the Sea, and the Deep Origins of Consciousness (Other Minds: The Octopus and the Evolution of Intelligent Life)

Temple Grandin & Catherine Johnson, Animals Make Us Human: Creating the Best Life for Animals

Bernd Heinrich, Mind of the Raven: Investigations and Adventures with Wolf-Birds

Bernd Heinrich, Winter World: The Ingenuity of Animal Survival

Bernd Heinrich, Summer World: A Season of Bounty

Jeffrey Moussaieff Masson, Beasts: What Animals Can Teach Us About the Origins of Good and Evil

Virginia Morell, Animal Wise: The Thoughts and Emotions of Our Fellow Creatures

Dale Peterson, The Moral Lives of Animals (*)

Carl Safina, Beyond Words: What Animals Think and Feel

Robert M. Sapolsky, A Primate’s Memoir: A Neuroscientist’s Unconventional Life Among the Baboons

Thomas D. Seeley, Honeybee Democracy

Peter Wohlleben, The Inner Life of Animals: Love, Grief, and Compassion—Surprising Observations of a Hidden World

Neurociencia, Consciencia, Inconsciente, Cerebro, Mente, Yo, Libre albedrío, Intencionalidad, Sentido / Neuroscience, Conscience, Unconscious, Brain, Mind, Self, Free Will, Intentionality, Meaning

Anil Ananthaswamy, The Man Who Wasn’t There: Investigations into the Strange New Science of the Self

Susan Blackmore, Consciousness: An Introduction

Susan Blackmore, Conversations on Consciousness (*)

Daniel Bor, The Ravenous Brain: How the New Science of Consciousness Explains Our Insatiable Search for Meaning

Pascal Boyer, Minds Make Societies: How Cognition Explains the World Humans Create (*)

William H. Calvin, The Throwing Madonna: Essays on the Brain (*)

William H. Calvin, The Cerebral Symphony: Seashore Reflections on the Structure of Consciousness (*)

William H. Calvin, How Brains Think: Evolving Intelligence, Then and Now (*)

William H. Calvin, The Cerebral Code: Thinking a Thought in the Mosaics of the Mind (*)

William H. Calvin & George A. Ojemann, Inside the Brain: Mapping the Cortex, Exploring the Neuron (*)

David J. Chalmers, The Conscious Mind: In Search of a Fundamental Theory

Patricia S. Churchland, Touching a Nerve: The Self as Brain (Touching a Nerve: Our Brains, Our Selves)

Michael C. Corballis, A Very Short Tour of the Mind: 21 Short Walks Around the Human Brain

Antonio Damasio, Self Comes to Mind: Constructing the Conscious Brain

Terrence W. Deacon, Incomplete Nature: How Mind Emerged From Matter

Stanislas Dehaene, Consciousness and the Brain: Deciphering How the Brain Codes Our Thoughts

Daniel C. Dennett, Elbow Room: The Varieties of Free Will Worth Wanting

Daniel C. Dennett, Consciousness Explained

Daniel C. Dennett, Kinds of Minds: Toward an Understanding of Consciousness

Daniel C. Dennett, Brainchildren: Essays on Designing Minds

Daniel C. Dennett, Freedom Evolves

Daniel C. Dennett, Sweet Dreams: Philosophical Obstacles to a Science of Consciousness

Daniel C. Dennett, From Bacteria to Bach and Back: The Evolution of Minds

Daniel C. Dennett, Brainstorms: Philosophical Essays on Mind and Psychology (*)

Daniel C. Dennett, The Intentional Stance (*)

David Eagleman, Incognito: The Secret Lives of the Brain

David Eagleman, The Brain: The Story of You

Gerald M. Edelman, Wider Than the Sky: The Phenomenal Gift of Consciousness

Nicholas Epley, Mindwise: How We Understand What Others Think, Believe, Feel, and Want

R. Douglas Fields, The Other Brain: From Dementia to Schizophrenia, How New Discoveries about the Brain Are Revolutionizing Medicine and Science (The Other Brain: The Scientific and Medical Breakthroughs That Will Heal Our Brains and Revolutionize Our Health)

Viktor E. Frankl, Man’s Search for Meaning

Joaquín M. Fuster, The Neuroscience of Freedom and Creativity: Our Predictive Brain

Michael S. Gazzaniga, Who’s in Charge? Free Will and the Science of the Brain

Elkhonon Goldberg, The Executive Brain: Frontal Lobes and the Civilized Mind

Michael S. A. Graziano, Consciousness and the Social Brain

Sam Harris, Free Will

Douglas R. Hofstadter, I Am a Strange Loop

Douglas R. Hofstadter & Daniel C. Dennett, The Mind’s I: Fantasies and Reflections on Self and Soul

Bruce Hood, The Self Illusion: How the Social Brain Creates Identity

Bruce Hood, The Domesticated Brain

Matthew M. Hurley, Daniel C. Dennett & Reginald B. Adams Jr., Inside Jokes: Using Humor to Reverse-Engineer the Mind

Steven Johnson, Mind Wide Open: Your Brain and the Neuroscience of Everyday Life

Alicia Juarrero, Dynamics in Action: Intentional Behavior as a Complex System

Michio Kaku, The Future of the Mind: The Scientific Quest to Understand, Enhance, and Empower the Mind

Sam Kean, The Tale of the Dueling Neurosurgeons: The History of the Human Brain as Revealed by True Stories of Trauma, Madness, and Recovery

Christof Koch, Consciousness: Confessions of a Romantic Reductionist

Arthur Koestler, The Ghost in the Machine

Jonah Lehrer, Proust Was a Neuroscientist

Rita Levi-Montalcini, La galaxia mente

Matthew D. Lieberman, Social: Why Our Brains Are Wired to Connect

Facundo Manes & Mateo Niro, Usar el cerebro: Conocer el cerebro para vivir mejor

Iain McGilchrist, The Master and His Emissary: The Divided Brain and the Making of the Western World

Thomas Metzinger, The Ego Tunnel: The Science of the Mind and the Myth of the Self

Marvin Minsky, The Society of Mind

Marvin Minsky, The Emotion Machine: Commonsense Thinking, Artificial Intelligence, and the Future of the Human Mind

Leonard Mlodinow, Subliminal: How Your Unconscious Mind Rules Your Behavior

Read Montague, Why Choose This Book?: How We Make Decisions

Roger Penrose, The Emperor’s New Mind: Concerning Computers, Minds and the Laws of Physics

Roger Penrose, Shadows of the Mind: A Search for the Missing Science of Consciousness

V. S. Ramachandran, The Tell-Tale Brain: A Neuroscientist’s Quest for What Makes Us Human

V. S. Ramachandran & Sandra Blakeslee, Phantoms in the Brain: Probing the Mysteries of the Human Mind (Phantoms in the Brain: Human Nature and the Architecture of the Mind) (*)

Oliver Sacks, Awakenings

Oliver Sacks, A Leg to Stand on

Oliver Sacks, The Man Who Mistook His Wife for a Hat and Other Clinical Tales

Oliver Sacks, Seeing Voices: A Journey into the World of the Deaf

Oliver Sacks, An Anthropologist on Mars: Seven Paradoxical Tales

Oliver Sacks, The Island of the Colorblind (*)

Oliver Sacks, Musicophilia: Tales of Music and the Brain (*)

Oliver Sacks, The Mind’s Eye

Oliver Sacks, Hallucinations

Oliver Sacks, The River of Consciousness

Sally L. Satel & Scott O. Lilienfeld, Brainwashed: The Seductive Appeal of Mindless Neuroscience

Sebastian Seung, Connectome: How the Brain’s Wiring Makes Us Who We Are

Daniel J. Siegel, The Neurobiology of “We”: How Relationships, the Mind, and the Brain Interact to Shape Who We Are

Mariano Sigman, The Secret Life of the Mind: How Your Brain Thinks, Feels, and Decides

Shankar Vedantam, The Hidden Brain: How Our Unconscious Minds Elect Presidents, Control Markets, Wage Wars, and Save Our Lives

Daniel M. Wegner, The Illusion of Conscious Will

Daniel M. Wegner & Kurt Gray, The Mind Club: Who Thinks, What Feels, and Why It Matters

Psicología evolucionista / Evolutionary Psychology

Jerome H. Barkow, Leda Cosmides & John Tooby (eds.), The Adapted Mind: Evolutionary Psychology and the Generation of Culture (*)

Paul Bloom, How Pleasure Works: The New Science of Why We Like What We Like

Dean Buonomano, Brain Bugs: How the Brain’s Flaws Shape Our Lives

Dean Burnett, Idiot Brain: What Your Head Is Really up to

Terry Burnham & Jay Phelan, Mean Genes (From Sex to Money to Food: Taming Our Primal Instincts)

Robin Dunbar, Louise Barrett & John Lycett, Evolutionary Psychology (A Beginner’s Guide): Human Behaviour, Evolution and the Mind

Douglas T. Kenrick, Sex, Murder, and the Meaning of Life: A Psychologist Investigates How Evolution, Cognition, and Complexity are Revolutionizing Our View of Human Nature

Douglas T. Kenrick & Vladas Griskevicius, The Rational Animal: How Evolution Made Us Smarter Than We Think

David J. Linden, The Accidental Mind: How Brain Evolution Has Given Us Love, Memory, Dreams, and God

David J. Linden, The Compass of Pleasure: How Our Brains Make Fatty Foods, Orgasm, Exercise, Marijuana, Generosity, Vodka, Learning, and Gambling Feel So Good

Gary Marcus, Kluge: The Haphazard Construction of the Human Mind

Geoffrey Miller, Spent: Sex, Evolution, and Consumer Behavior (Must-Have: The Hidden Instincts Behind Everything We Buy)

Steven Pinker, How the Mind Works

Evolución humana, naturaleza humana, antropología / Human Evolution, Human Nature, Anthropology

Gregory Bateson, Steps to an Ecology of Mind: Collected Essays in Anthropology, Psychiatry, Evolution, and Epistemology (*)

David P. Barash, Natural Selections: Selfish Altruists, Honest Liars, and Other Realities of Evolution

David P. Barash, Homo Mysterious: Evolutionary Puzzles of Human Nature

David P. Barash & Ilona A. Barash, The Mammal in the Mirror: Understanding Our Place in the Natural World

Jesse Bering, Why Is the Penis Shaped Like That? And Other Reflections on Being Human

William H. Calvin, The River That Runs Uphill: A Journey from the Big Bang to the Big Brain (*)

William H. Calvin, The Ascent of Mind: Ice Age Climates and the Evolution of Intelligence (*)

William H. Calvin, A Brain for All Seasons: Human Evolution and Abrupt Climate Change (*)

William H. Calvin, A Brief History of the Mind: From Apes to Intellect and Beyond (*)

David P. Clark, Germs, Genes, & Civilization: How Epidemics Shaped Who We Are Today

Frans de Waal, Our Inner Ape: A Leading Primatologist Explains Why We Are Who We Are

Jared Diamond, The Third Chimpanzee: The Evolution and Future of the Human Animal

Jared Diamond, The World Until Yesterday: What Can We Learn from Traditional Societies?

Brian Fagan, Cro-Magnon: How the Ice Age Gave Birth to the First Modern Humans

Michael S. Gazzaniga, Human: The Science Behind What Makes Your Brain Unique

Henry Gee, The Accidental Species: Misunderstandings of Human Evolution

Stephen Jay Gould, The Mismeasure of Man: The Definitive Refutation to the Argument of ‘The Bell Curve’

Judith Rich Harris, The Nurture Assumption: Why Children Turn Out the Way They Do

Judith Rich Harris, No Two Alike: Human Nature and Human Individuality (*)

Steven Johnson, Wonderland: How Play Made the Modern World

Christine Kenneally, The Invisible History of the Human Race: How DNA and History Shape Our Identities and Our Futures

Daniel J. Levitin, This Is Your Brain on Music: The Science of a Human Obsession

Daniel E. Lieberman, The Story of the Human Body: Evolution, Health, and Disease

Steven Mithen, The Prehistory of the Mind: The Cognitive Origins of Art, Religion and Science

Steven Mithen, The Singing Neanderthals: The Origins of Music, Language, Mind and Body

Leonard Mlodinow, The Upright Thinkers: The Human Journey from Living in Trees to Understanding the Cosmos

Desmond Morris, The Naked Ape: A Zoologist’s Study of the Human Animal

Desmond Morris, The Human Zoo

Svante Pääbo, Neanderthal Man: In Search of Lost Genomes

Steven Pinker, The Blank Slate: The Modern Denial of Human Nature

Steven Pinker, The Stuff of Thought: Language as a Window Into Human Nature

Colin Renfrew, Prehistory: The Making of the Human Mind

Robert M. Sapolsky, Behave: The Biology of Humans at Our Best and Worst

Helmut Schoeck, Envy: A Theory of Social Behaviour

Pat Shipman, The Invaders: How Humans and Their Dogs Drove Neanderthals to Extinction

Neil Shubin, Your Inner Fish: A journey into the 3.5-Billion-Year History of the Human Body

Scott Solomon, Future Humans: Inside the Science of Our Continuing Evolution

Ian Tattersall, The Strange Case of the Rickety Cossack: And Other Cautionary Tales from Human Evolution

William von Hippel, The Social Leap: The New Evolutionary Science of Who We Are, Where We Come From, and What Makes Us Happy (*)

Nicholas Wade, Before the Dawn: Recovering the Lost History of Our Ancestors

Nicholas Wade, A Troublesome Inheritance: Genes, Race and Human History

Chip Walter, Last Ape Standing: The Seven-Million-Year Story of How and Why We Survived

Frank R. Wilson, The Hand: How Its Use Shapes the Brain, Language, and Human Culture

Edward O. Wilson, On Human Nature

Edward O. Wilson, The Meaning of Human Existence

Bernard Wood, Human Evolution: A Very Short Introduction

Richard Wrangham, Catching Fire: How Cooking Made Us Human

Marlene Zuk, Paleofantasy: What Evolution Really Tells Us about Sex, Diet, and How We Live

Cibernética, Información, Computación / Cybernetics, Information, Computation

James Gleick, The Information: A History, A Theory, A Flood

César A. Hidalgo, Why Information Grows: The Evolution of Order from Atoms to Economies

Ray Kurzweil, The Age of Intelligent Machines

Norbert Wiener, Cybernetics: Or, Control and Communication in the Animal and the Machine (*)

Lenguaje / Language

Benjamin K. Bergen, Louder Than Words: The New Science of How the Mind Makes Meaning

William H. Calvin & Derek Bickerton, Lingua ex Machina: Reconciling Darwin and Chomsky with the Human Brain (*)

William H. Calvin & George A. Ojemann, Conversations with Neil’s Brain: The Neural Nature of Thought and Language (*)

Terrence W. Deacon, The Symbolic Species: The Co-evolution of Language and the Brain

Daniel L. Everett, Language: The Cultural Tool

Manuel García-Carpintero, Las palabras, las ideas y las cosas: Una presentación de la filosofía del lenguaje

Jonathan Gottschall, The Storytelling Animal: How Stories Make Us Human

Steven Pinker, The Language Instinct: How the Mind Creates Language

Julie Sedivy, Language in Mind: An Introduction to Psycholinguistics (*)

Julie Sedivy, Sold on Language: How Advertisers Talk to You and What This Says About You (*)

Cognición / Cognition

Andy Clark, Being There: Putting Brain, Body, and World Together Again

Andy Clark, Natural-Born Cyborgs: Minds, Technologies, and the Future of Human Intelligence

Andy Clark, Supersizing the Mind: Embodiment, Action, and Cognitive Extension

Malcolm Gladwell, Blink: The Power of Thinking Without Thinking

Jeff Hawkins with Sandra Blakeslee, On Intelligence

Friedrich A. Hayek, The Sensory Order: An Inquiry into the Foundations of Theoretical Psychology

Ray Kurzweil, How to Create a Mind: The Secret of Human Thought Revealed

Jonah Lehrer, How We Decide

Robert Rosen, Anticipatory Systems: Philosophical, Mathematical and Methodological Foundations

Emociones, afectos / Emotions, Affection

Lisa Feldman Barrett, How Emotions are Made: The Secret Life of the Brain

Antonio Damasio, Descartes’ Error: Emotion, Reason and the Human Brain

Antonio Damasio, The Feeling of what Happens: Body, Emotion and the Making of Consciousness

Antonio Damasio, Looking for Spinoza: Joy, Sorrow, and the Feeling Brain

Antonio Damasio, The Strange Order of Things: Life, Feeling, and the Making of Cultures

Gavin de Becker, The Gift of Fear: Survival Signals That Protect Us from Violence

Dylan Evans, Emotion: A Very Short Introduction

Giovanni Frazzetto, How We Feel: What Neuroscience Can and Can’t Tell Us about Our Emotions (Joy, Guilt, Anger, Love: What Neuroscience Can and Can’t Tell Us About How We Feel)

José Antonio Jáuregui, Cerebro y emociones: El ordenador emocional

Psicología moral / Moral Psychology

Richard D. Alexander, The Biology of Moral Systems

Larry Arnhart, Darwinian Natural Right: The Biological Ethics of Human Nature

David P. Barash & Judith Eve Lipton, Payback: Why We Retaliate, Redirect Aggression, and Take Revenge

Simon Baron-Cohen, The Science of Evil: On Empathy and the Origins of Cruelty

Paul Bloom, Just Babies: The Origins of Good and Evil

Christopher Boehm, Hierarchy in the Forest: The Evolution of Egalitarian Behavior

Christopher Boehm, Moral Origins: The Evolution of Virtue, Altruism, and Shame

Samuel Bowles, The Moral Economy: Why Good Incentives Are No Substitute for Good Citizens

Patricia Churchland, Braintrust: What Neuroscience Tells Us about Morality

Frans de Waal, Primates and Philosophers: How Morality Evolved

Frans de Waal, Good Natured: The Origins of Right and Wrong in Humans and Other Animals (*)

Michael Gazzaniga, The Ethical Brain: The Science of Our Moral Dilemmas

Joshua Greene, Moral Tribes: Emotion, Reason, and the Gap Between Us and Them

Jonathan Haidt, The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion

Sam Harris, The Moral Landscape: How Science Can Determine Human Values

Marc Hauser, Moral Minds: How Nature Designed Our Universal Sense of Right and Wrong

Richard Joyce, The Evolution of Morality

Larissa MacFarquhar, Strangers Drowning: Grappling with Impossible Idealism, Drastic Choices, and the Overpowering Urge to Help

Donald W. Pfaff, The Neuroscience of Fair Play: Why We (Usually) Follow the Golden Rule

Jesse J. Prinz, The Emotional Construction of Morals

Matt Ridley, The Origins of Virtue: Human Instincts and the Evolution of Cooperation

Michael Shermer, The Science of Good and Evil: Why People Cheat, Gossip, Care, Share, and Follow the Golden Rule

Michael Shermer, The Moral Arc: How Science and Reason Lead Humanity toward Truth, Justice, and Freedom

Adam Smith, The Theory of Moral Sentiments

Valerie Tiberius, Moral Psychology: A Contemporary Introduction (*)

James Q. Wilson, The Moral Sense

Robert Wright, The Moral Animal: Why We Are the Way We Are: The New Science of Evolutionary Psychology

Paul J. Zak, The Moral Molecule: The Source of Love and Prosperity

Philip Zimbardo, The Lucifer Effect: Understanding How Good People Turn Evil

Ética, Filosofía moral / Ethics, Moral Philosophy

Kwame Anthony Appiah, Experiments in Ethics

Paul Bloom, Against Empathy: The Case for Rational Compassion

David Edmonds, Would You Kill the Fat Man? The Trolley Problem and What Your Answer Tells Us about Right and Wrong

Michael Huemer, Ethical Intuitionism (*)

José Luis López-Aranguren, Ética

Robert Nozick, Anarchy, State, and Utopia

Michael J. Sandel, Justice: What’s the Right Thing to Do?

Michael J. Sandel, What Money Can’t Buy: The Moral Limits of Markets

Cooperación social, Grupos, Sociología, Altruismo, Confianza / Social Cooperation, Groups, Sociology, Altruism, Trust

Robert Axelrod, The Evolution of Cooperation

David P. Barash, The Survival Game: How Game Theory Explains the Biology of Cooperation and Competition (*)

Yochai Benkler, The Penguin and the Leviathan: How Cooperation Triumphs over Self-Interest

Samuel Bowles & Herbert Gintis, A Cooperative Species: Human Reciprocity and Its Evolution

David Brooks, The Social Animal: The Hidden Sources of Love, Character, and Achievement

David DeSteno, The Truth About Trust: How It Determines Success in Life, Love, Learning, and More

Robert H. Frank, The Darwin Economy: Liberty, Competition, and the Common Good

Line-in Publishing, Sociology: Exploring Human Society

Martin A. Nowak with Roger Highfield, SuperCooperators: Altruism, Evolution, and Why We Need Each Other to Succeed

Mark Pagel, Wired for Culture: The Natural History of Human Cooperation (Wired for Culture: Origins of the Human Social Mind) (*)

Joan Roughgarden, The Genial Gene: Deconstructing Darwinian Selfishness (Cooperation and the Evolution of Sex)

Paul Seabright, The Company of Strangers: A Natural History of Economic Life

James Surowiecki, The Wisdom of Crowds: Why the Many Are Smarter Than the Few and How Collective Wisdom Shapes Business, Economies, Societies and Nations

Peter Turchin, Ultrasociety: How 10,000 Years of War Made Humans the Greatest Cooperators on Earth

David Sloan Wilson, Does Altruism Exist? Culture, Genes, and the Welfare of Others

Edward O. Wilson, Sociobiology: The New Synthesis (*)

Edward O. Wilson, The Social Conquest of Earth

Robert Wright, Nonzero: The Logic of Human Destiny

Guerra, Violencia / War, Violence

Azar Gat, War in Human Civilization

Dave Grossman with Loren W. Christensen, On Combat: The Psychology and Physiology of Deadly Conflict in War and in Peace

Ian Morris, War! What is it Good For? Conflict and the Progress of Civilization from Primates to Robots

Malcom Potts & Thomas Hayden, Sex and War: How Biology Explains Warfare and Terrorism and Offers a Path to a Safer World

Adrian Raine, The Anatomy of Violence: The Biological Roots of Crime

David Livingstone Smith, Less Than Human: Why We Demean, Enslave, and Exterminate Others

Sun Tzu, The Art of War

Peter Turchin, War and Peace and War: The Life Cycles of Imperial Nations (War and Peace and War: The Rise and Fall of Empires)

Richard Wrangham, Demonic Males: Apes and the Origins of Human Violence (*)

Política, Estado, Anarquismo / Politics, State, Anarchism

Bruce Bueno de Mesquita & Alastair Smith, The Dictator’s Handbook: Why Bad Behavior is Almost Always Good Politics

Francis Fukuyama, The Origins of Political Order: From Prehuman Times to the French Revolution

Francis Fukuyama, Political Order and Political Decay: From the Industrial Revolution to the Globalization of Democracy

Michael Huemer, The Problem of Political Authority: An Examination of the Right to Coerce and the Duty to Obey

George Lakoff, Don’t Think of an Elephant! Know Your Values and Frame the Debate: The Essential Guide for Progressives

George Lakoff, The Political Mind: Why You Can’t Understand 21st-Century American Politics with an 18th-Century Brain

Albert Jay Nock, Our Enemy, the State

Franz Oppenheimer, The State: Its History and Development Viewed Sociologically

Paul H. Rubin, Darwinian Politics: The Evolutionary Origin of Freedom (*)

Pedro Schwartz, En busca de Montesquieu: La democracia en peligro

James C. Scott, Two Cheers for Anarchism: Six Easy Pieces on Autonomy, Dignity, and Meaningful Work and Play

Avi Tuschman, Our Political Nature: The Evolutionary Origins of What Divides Us

Drew Westen, The Political Brain: The Role of Emotion in Deciding the Fate of the Nation

Historia / History

Jared Diamond, Guns, Germs, and Steel: The Fates of Human Societies

Jared Diamond, Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed

Niall Ferguson, Civilization: The West and the Rest (Civilization: The Six Ideas That Created the Modern World) (Civilization: The Six Killer Apps of Western Power)

Yuval Noah Harari, Sapiens: A Brief History of Humankind

Ian Morris, Why the West Rules—for Now: The Patterns of History, and What They Reveal About the Future

Steven Pinker, The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined

Steven Pinker, Enlightenment Now: The Case for Reason, Science, Humanism, and Progress

Matt Ridley, The Rational Optimist: How Prosperity Evolves

Psicología aplicada / Applied Psychology

Dan Ariely, Payoff: The Hidden Logic That Shapes Our Motivations

Ian Ayres, Carrots and Sticks: Unlock the Power of Incentives to Get Things Done

Roy F. Baumeister & John Tierney, Willpower: Rediscovering the Greatest Human Strength

Chris Berdik, Mind Over Mind: The Surprising Power of Expectations

Robert B. Cialdini, Influence: Science and Practice (Influence: The Psychology of Persuasion)

Stephen R. Covey, The 7 Habits of Highly Effective People: Powerful Lessons in Personal Change

Mihaly Csikszentmihalyi, Flow: The Psychology of Optimal Experience

David DiSalvo, What Makes Your Brain Happy and Why You Should Do the Opposite

Angela Duckworth, Grit: The Power of Passion and Perseverance

Charles Duhigg, The Power of Habit: Why We Do What We Do in Life and Business

Carol S. Dweck, Mindset: The New Psychology of Success

Daniel Gilbert, Stumbling on Happiness

Thomas Gilovich & Lee Ross, The Wisest One in the Room: How You Can Benefit from Social Psychology’s Most Powerful Insights

Uri Gneezy & John A. List, The Why Axis: Hidden Motives and The Undiscovered Economics of Everyday Life

Daniel Goleman, Social Intelligence: The New Science of Human Relationships

Jonathan Haidt, The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom

Sheena Iyengar, The Art of Choosing

Joseph E. LeDoux, Anxious: Using the Brain to Understand and Treat Fear and Anxiety

Kelly McGonigal, The Willpower Instinct: How Self-Control Works, Why It Matters, and What You Can Do to Get More of It (Maximum Willpower: How to Master the New Science of Self-Control)

Kelly McGonigal, The Neuroscience of Change: A Compassion-Based Program for Personal Transformation

Walter Mischel, The Marshmallow Test: Mastering Self-Control

Frank Partnoy, Wait: The Art and Science of Delay

Jordan B. Peterson, 12 Rules for Life: An Antidote to Chaos

Daniel H. Pink, A Whole New Mind: Why Right-Brainers Will Rule the Future

Daniel H. Pink, Drive: The Surprising Truth About What Motivates Us

Daniel H. Pink, To Sell Is Human: The Surprising Truth about Moving Others

Daniel H. Pink, When: The Scientific Secrets of Perfect Timing

Steven Quartz & Anette Asp, Cool: How the Brain’s Hidden Quest for Cool Drives Our Economy and Shapes Our World

Robert M. Sapolsky, Why Zebras Don’t Get Ulcers: An Updated Guide To Stress, Stress Related Diseases, and Coping

Barry Schwartz, The Paradox of Choice: Why More Is Less

Barry Schwartz & Kenneth Sharpe, Practical Wisdom: The Right Way To Do the Right Thing

Atención / Attention

Christopher Chabris & Daniel Simons, The Invisible Gorilla: And Other Ways Our Intuitions Deceive Us

Cathy N. Davidson, Now You See It: How the Brain Science of Attention Will Transform the Way We Live, Work, and Learn

Pensamiento, Racionalidad, Lógica, Analogía, Experiencia, Errores, Estrategia / Thinking, Rationality, Logic, Analogy, Experience, Errors, Strategy

Nicholas Capaldi, The Art of Deception: An Introduction to Critical Thinking

Carlo Maria Cipolla, Allegro ma non troppo

Daniel C. Dennett, Intuition Pumps And Other Tools for Thinking

Edward de Bono, Practical Thinking: Four Ways to Be Right, Five Ways to Be Wrong, Five Ways to Understand

Ronald de Sousa, Why Think? Evolution and the Rational Mind

Lawrence Freedman, Strategy: A History

Susan Haack, Philosophy of Logics

Joseph T. Hallinan, Why We Make Mistakes: How We Look Without Seeing, Forget Things in Seconds, And Are All Pretty Sure We Are Way Above Average

Douglas R. Hofstadter, Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid

Douglas R. Hofstadter, Fluid Concepts and Creative Analogies: Computer Models Of The Fundamental Mechanisms Of Thought (*)

Douglas R. Hofstadter & Emmanuel Sander, Surfaces and Essences: Analogy as the Fuel and Fire of Thinking

Bart Kosko, Fuzzy Thinking: The New Science of Fuzzy Logic

Stephen M. Kosslyn & G. Wayne Miller, Top Brain, Bottom Brain: Surprising Insights into How You Think

Daniel J. Levitin, The Organized Mind: Thinking Straight in the Age of Information Overload

David McRaney, You Are not so Smart: Why You Have too many Friends on Facebook, Why Your Memory Is Mostly Fiction, and 46 Other Ways You’re Deluding Yourself

David McRaney, You Are now less Dumb: How to Conquer Mob Mentality, How to Buy Happiness, and all the other Ways to Outsmart Yourself

Hugo Mercier & Dan Sperber, The Enigma of Reason (The Enigma of Reason: A New Theory of Human Understanding)

Jesús Mosterín, Los lógicos

Tom Nichols, The Death of Expertise: The Campaign Against Established Knowledge and Why It Matters

Robert Nozick, The Nature of Rationality (*)

Michael Shermer, Skeptic: Viewing the World with a Rational Eye

Philip E. Tetlock, Expert Political Judgment: How Good Is It? How Can We Know?

Duncan J. Watts, Everything Is Obvious: *Once You Know the Answer (How Common Sense Fails Us)

Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-Philosophicus

Larry E. Wood, Thinking Strategies: Exercises for Mental Fitness

Eliezer Yudkowsky, Rationality From AI to Zombies

Memética, Cultura / Memetics, Culture

Susan Blackmore, The Meme Machine

Jonah Berger, Contagious, Why Things Catch on

Marvin Harris, Cows, Pigs, Wars, and Witches: The Riddles of Culture

Joseph Henrich, The Secret of Our Success: How Culture Is Driving Human Evolution, Domesticating Our Species, and Making Us Smarter

Kevin N. Laland, Darwin’s Unfinished Symphony: How Culture Made the Human Mind

César Martínez Meseguer, La teoría evolutiva de las instituciones: La perspectiva austriaca

Alex Mesoudi, Cultural Evolution: How Darwinian Theory Can Explain Human Culture and Synthesize the Social Sciences

Jesús Mosterín, Filosofía de la cultura

Jesse J. Prinz, Beyond Human Nature: How Culture and Experience Shape the Human Mind

Peter J. Richerson & Robert Boyd, Not by Genes Alone: How Culture Transformed Human Evolution (*)

Steve Stewart-Williams, The Ape that Understood the Universe: How the Mind and Culture Evolve (*)

Economía conductual / Behavioral Economics

Dan Ariely, Predictably Irrational: The Hidden Forces That Shape Our Decisions

Dan Ariely, The Upside of Irrationality: The Unexpected Benefits of Defying Logic at Work and at Home

Gerd Gigerenzer, Gut Feelings: The Intelligence of the Unconscious

Daniel Kahneman, Thinking, Fast and Slow

Michael Shermer, The Mind of the Market: How Biology and Psychology Shape Our Economic Lives (The Mind of The Market: Compassionate Apes, Competitive Humans, and Other Tales from Evolutionary Economics)

Stuart Sutherland, Irrationality

Richard H. Thaler & Cass R. Sunstein, Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness

Creatividad, Innovación, Fracaso y éxito / Creativity, Innovation, Failure and Success

Anthony Brandt & David Eagleman, The Runaway Species: How Human Creativity Remakes the World

Clayton M. Christensen, The Innovator’s Dilemma: When New Technologies Cause Great Firms to Fail

Malcolm Gladwell, Outliers: The Story of Success

Malcolm Gladwell, David and Goliath: Underdogs, Misfits, and the Art of Battling Giants

Adam Grant, Originals: How Non-Conformists Move the World

Tim Harford, Adapt: Why Success Always Starts with Failure

Tim Harford, Messy: The Power of Disorder to Transform Our Lives (Messy: How To be Creative and Resilient in a Tidy-Minded World)

Jonah Lehrer, Imagine: How Creativity Works

Megan McArdle, The Up Side of Down: Why Failing Well Is the Key to Success

Nassim Nicholas Taleb, Antifragile: Things That Gain from Disorder

Nassim Nicholas Taleb, Skin in the Game: The Hidden Asymmetries in Daily Life

Lars Tvede, The Creative Society: How the Future Can Be Won

Inteligencia artificial, Tecnología / Artificial Intelligence, Technology

Ethem Alpaydin, Machine Learning: The New AI

Samuel Arbesman, Overcomplicated: Technology at the Limits of Comprehension

Stuart Armstrong, Smarter Than Us: The Rise of Machine Intelligence (*)

Ryan Avent, The Wealth of Humans: Work, Power, and Status in the Twenty-first Century (*)

James Barrat, Our Final Invention, Artificial Intelligence and the End of the Human Era

Erik Brynjolfsson & Andrew McAfee, The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies

Erik Brynjolfsson & Andrew McAfee, Race Against the Machine: How the Digital Revolution Is Accelerating Innovation, Driving Productivity, and Irreversibly Transforming Employment and the Economy (*)

Nick Bostrom, Superintelligence: Paths, Dangers, Strategies

John Brockman (ed.), What to Think About Machines That Think: Today’s Leading Thinkers on the Age of Machine Intelligence

Nicholas Carr, The Glass Cage: Automation and Us

Nicholas Carr, The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains (*)

Nicholas Carr, Utopia Is Creepy: And Other Provocations (*)

Calum Chace, Surviving AI, The Promise and Peril of Artificial Intelligence

Calum Chace, The Economic Singularity: Artificial Intelligence and the Death of Capitalism

Brian Christian, The Most Human Human: What Artificial Intelligence Teaches Us About Being Alive

Brian Christian & Tom Griffiths, Algorithms to Live by: The Computer Science of Human Decisions

Pedro Domingos, The Master Algorithm: How the Quest for the Ultimate Learning Machine Will Remake Our World (*)

K. Eric Drexler, Radical Abundance: How a Revolution in Nanotechnology Will Change Civilization

K. Eric Drexler, Engines of Creation: The Coming Era of Nanotechnology (*)

Martin Ford, Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future

James Gleick, Faster: The Acceleration of Just About Everything

Yuval Noah Harari, Homo Deus: A Brief History of Tomorrow

Robin Hanson, The Age of Em: Work, Love, and Life when Robots Rule the Earth

Yuval Noah Harari, Homo Deus: A Brief History of Tomorrow

John Jordan, Robots (The MIT Press Essential Knowledge Series)

Jerry Kaplan, Humans Need Not Apply: A Guide to Wealth and Work in the Age of Artificial Intelligence

Jerry Kaplan, Artificial Intelligence: What Everyone Needs to Know

Kevin Kelly, What Technology Wants

Kevin Kelly, The Inevitable: Understanding the 12 Technological Forces That Will Shape Our Future

Kevin Kelly, Out of Control: The New Biology of Machines, Social Systems, and the Economic World (*)

Ray Kurzweil, The Age of Spiritual Machines: When Computers Exceed Human Intelligence (*)

Ray Kurzweil, The Singularity Is Near: When Humans Transcend Biology

Gerd Leonhard, Technology vs. Humanity: The Coming Clash Between Man and Machine (*)

John Markoff, Machines of Loving Grace: The Quest for Common Ground Between Humans and Robots (*)

David A. Mindell, Our Robots, Ourselves: Robotics and the Myths of Autonomy (*)

Evgeny Morozov, The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom (*)

Evgeny Morozov, To Save Everything, Click Here: The Folly of Technological Solutionism (*)

Christopher Steiner, Automate This: How Algorithms Came to Rule Our World

Max Tegmark, Life 3.0: Being Human in the Age of Artificial Intelligence

George Zarkadakis, In Our Own Image: Savior or Destroyer? The History and Future of Artificial Intelligence

Engaño, Autoengaño, Estafas, Pseudociencia / Deceit, Self-Deception, Fraud, Pseudoscience

George A. Akerlof, & Robert J. Shiller, Phishing for Phools: The Economics of Manipulation and Deception

Dan Ariely, The Honest Truth About Dishonesty: How We Lie to Everyone – Especially Ourselves

Harry G. Frankfurt, On Bullshit

Sam Harris, Lying

Guy P. Harrison, 50 Popular Beliefs That People Think Are True

Donald Hoffman, The Case Against Reality: Why Evolution Hid the Truth from Our Eyes (*)

Matthew Hutson, The 7 Laws of Magical Thinking: How Irrational Beliefs Keep Us Happy, Healthy, and Sane

Maria Konnikova, The Confidence Game: Why We Fall for It… Every Time

Robert Kurzban, Why Everyone (Else) Is a Hypocrite: Evolution and the Modular Mind

Daniel J. Levitin, A Field Guide to Lies: Critical Thinking in the Information Age

Stephen L. Macknik & Susana Martínez-Conde with Sandra Blakeslee, Sleights of Mind: What the Neuroscience of Magic Reveals about Our Everyday Deceptions

Kevin Mitnick with William L. Simon, Ghost in the Wires: My Adventures as the World’s Most Wanted Hacker

Robert Park, Voodoo Science: The Road from Foolishness to Fraud

Massimo Pigliucci, Nonsense on Stilts: How to Tell Science from Bunk

James Randi, Flim-Flam! Psychics, ESP, Unicorns, and other Delusions

Bruce Schneier, Liars and Outliers: Enabling the Trust that Society Needs to Thrive

Julia Shaw, The Memory Illusion: Remembering, Forgetting, and the Science of False Memory (The Memory Illusion: Why You May not Be Who You Think You Are)

Michael Shermer, Why People Believe Weird Things: Pseudoscience, Superstition, and Other Confusions of Our Time

Michael Shermer, The Borderlands of Science: Where Sense Meets Nonsense

Michael Shermer, Science Friction: Where the Known Meets the Unknown

Michael Shermer, The Believing Brain: From Ghosts and Gods to Politics and Conspiracies, How We Construct Beliefs and Reinforce Them as Truths

Kevin Simler & Robin Hanson, The Elephant in the Brain: Hidden Motives in Everyday Life

David Livingstone Smith, Why We Lie: The Evolutionary Roots of Deception and the Unconscious Mind

Seth Stephens-Davidowitz, Everybody Lies: Big Data, New Data, and What the Internet Can Tell Us About Who We Really Are

Carol Tavris & Elliot Aronson, Mistakes Were Made (But Not by Me): Why We Justify Foolish Beliefs, Bad Decisions, and Hurtful Acts

Robert Trivers, The Folly of Fools: The Logic of Deceit and Self-Deception in Human Life (Deceit and Self-Deception: Fooling Yourself the Better to Fool Others)

Erik Vance, Suggestible You: The Curious Science of Your Brain’s Ability to Deceive, Transform, and Heal

Ajit Varki & Danny Brower, Denial: Self-Deception, False Beliefs, and the Origins of the Human Mind

Kevin Young, Bunk: The True Story of Hoaxes, Hucksters, Humbug, Plagiarists, Forgeries, and Phonies

Religión / Religion

Amir Aczel, Why Science Does Not Disprove God

Karen Armstrong, A History of God: The 4,000-Year Quest of Judaism, Christianity and Islam

Karen Armstrong, The Case for God

Karen Armstrong, A Short History of Myth

Karen Armstrong, Fields of Blood: Religion and the History of Violence

Jesse Bering, The Belief Instinct: The Psychology of Souls, Destiny, and the Meaning of Life

Pascal Boyer, Religion Explained: The Evolutionary Origins of Religious Thought

Francis Collins, The Language of God: A Scientist Presents Evidence for Belief

Jerry Coyne, Faith Versus Fact: Why Science and Religion Are Incompatible

Richard Dawkins, The God Delusion

Daniel Dennett, Breaking the Spell: Religion as a Natural Phenomenon

Hector A. Garcia, Alpha God: The Psychology of Religious Violence and Oppression (*)

Jean Guitton, Grichka Bogdanov & Igor Bogdanov, Dios y la ciencia: Hacia el metarrealismo

Stephen Jay Gould, Rocks of Ages: Science and Religion in the Fullness of Life

Sam Harris, The End of Faith: Religion, Terror, and the Future of Reason

Sam Harris, Letter to a Christian Nation

Sam Harris, Waking Up: A Guide to Spirituality Without Religion

Christopher Hitchens, God is Not Great: How Religion Poisons Everything

Richard Holloway, A Little History of Religion

Bruce Hood, SuperSense: Why We Believe in the Unbelievable (The Science of Superstition: How the Developing Brain Creates Supernatural Beliefs)

Russ Kick (ed.), Everything You Know About God is Wrong: The Disinformation Guide to Religion

John W. Loftus. Unapologetic: Why Philosophy of Religion Must End

José Antonio Marina, Dictamen sobre Dios

José Antonio Marina, Por qué soy cristiano

Lisa Miller, Heaven: Our Enduring Fascination with the Afterlife

Jack Miles, God: A Biography

Armin Navabi, Why There Is No God: Simple Responses to 20 Common Arguments for the Existence of God

Ara Norenzayan, Big Gods: How Religion Transformed Cooperation and Conflict

Elaine Pagels, The Origin of Satan: How Christians Demonized Jews, Pagans, and Heretics

John Allen Paulos, Irreligion: A Mathematician Explains Why the Arguments for God Just Don’t Add Up

Alvin Plantinga, Where the Conflict Really Lies: Science, Religion, and Naturalism

Francisco Rubia, La conexión divina: La experiencia mística y la neurobiología

Michael Shermer, How We Believe: The Search for God in an Age of Science

Victor J. Stenger, God: The Failed Hypothesis (How Science Shows That God Does Not Exist)

Victor J. Stenger, God and the Folly of Faith: The Incompatibility of Science and Religion

Frank Tipler, The Physics of Immortality: Modern Cosmology, God and the Resurrection of the Dead

Ajit Varki & Danny Brower, Denial: Self-Deception, False Beliefs, and the Origins of the Human Mind

Nicholas Wade, The Faith Instinct: How Religion Evolved and Why It Endures

David Sloan Wilson, Darwin’s Cathedral: Evolution, Religion, and the Nature of Society

Richard Wiseman, Paranormality: The Science of the Supernatural (Paranormality: Why We See What Isn’t There) (Paranormality: Why We Believe the Impossible)

Lewis Wolpert, Six Impossible Things Before Breakfast: The Evolutionary Origins of Belief

Robert Wright, The Evolution of God

Budismo, Meditación / Buddhism, Meditation

David P. Barash, Buddhist Biology: Ancient Eastern Wisdom Meets Modern Western Science

James Kingsland, Siddhartha’s Brain: Unlocking the Ancient Science of Enlightenment

Robert Wright, Why Buddhism Is True The Science and Philosophy of Meditation and Enlightenment


Casuística ética y liberalismo

10/03/2016

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La casuística se refiere al razonamiento basado en casos concretos prácticos o instancias específicas aplicadas, en contraposición al razonamiento basado en principios abstractos teóricos o leyes generales. Los casos pueden utilizarse como ejemplos complementarios para ilustrar o aclarar ideas, como crítica o comprobación de la solidez o de los problemas, fallos o límites de esas ideas, como herramienta creativa que provoque el pensamiento innovador para la generación de nuevas ideas, o como herramienta didáctica para facilitar la comprensión y asimilación de conceptos.

La argumentación deductiva comienza con axiomas o reglas generales e infiere lógicamente teoremas, quizás con el apoyo de hipótesis o lemas auxiliares; la argumentación inductiva comienza con datos concretos y los analiza en búsqueda de regularidades o patrones generales o universales. El pensamiento completo y consistente no puede basarse sólo en ideas abstractas ni tampoco sólo en la acumulación desestructurada de datos o casos concretos: es necesario usar ambos de forma complementaria y conectarlos en la medida de lo posible mediante deducciones, inducciones y adducciones (metáforas o analogías entre diversos ámbitos).

Los ejemplos concretos pueden ayudar a entender qué se quiere decir cuando se utilizan términos problemáticos con diferentes interpretaciones posibles como justicia, libertad, democracia, agresión, etc. Los principios generales sirven como referencia general compartida y son destilados o resúmenes de lo esencial y común a múltiples casos: es muy difícil e ineficiente almacenar y buscar en la memoria de forma individualizada una gran cantidad de casos concretos posibles; es más económico comprimirlos, comprenderlos, aprender algo de ellos, establecer relaciones, abstraer lo relevante e ignorar lo accesorio, construir modelos útiles, descriptivos, explicativos y predictivos.

Según un dicho, que puede tener algo de verdad, los más mediocres intelectualmente hablan de personas, los algo más inteligentes hablan de hechos, y los más sabios hablan de ideas: los hay que cotillean (enfatizan individuos específicos, normalmente próximos o famosos), otros producen o leen historia (con personajes principales y hechos concretos pero también fuerzas o tendencias impersonales), y los científicos y los filósofos generan, estudian y critican teorías (que pretenden ser universales, completas y correctas). La mente más típicamente racional puede valorar más la teoría elegante y simple, el concepto abstracto, la ley universal, que el humilde caso específico con múltiples detalles problemáticos, el análisis empírico y la historia con sus complicaciones, múltiples factores involucrados y diversas interpretaciones posibles.

Al no considerar la realidad concreta e histórica, la mente que sólo razona en abstracto corre el riesgo de construir teorías falsas, incorrectas o irrelevantes, pero creerlas ciertas (autoengaño, sesgos de confirmación) y asumir que son muy importantes y completas (no hay nada más que resulte interesante). También es posible utilizar ejemplos pero sólo de forma sesgada para reforzar la teoría: sólo se mencionan casos en los que la teoría funciona, y no se ofrecen casos problemáticos, quizás porque no se buscan o no se conocen (o de forma deshonesta, ocultándolos cuando se sabe que existen). El individuo se siente satisfecho con su teoría aparentemente simple y perfecta y evita la incomodidad de enfrentarse al lío que es el mundo real.

En contraposición a la racionalidad extrema e ingenua, muchas personas prefieren y asimilan mejor los relatos históricos con personajes, problemas, conflictos y soluciones con carne y hueso: la moral suele enseñarse mediante historias, cuentos, parábolas, mitos, leyendas, con arquetipos o ejemplos canónicos que personifican lo bueno y lo malo, lo aceptado y lo rechazado; las virtudes y los vicios se transmiten con personajes ejemplares a quienes imitar o evitar repetir su conducta. El oyente o lector debe extraer por sí mismo el principio fundamental de la historia, el mensaje del autor, la enseñanza, la moraleja. Quizás así siente que participa voluntariamente en el proceso de construcción del conocimiento moral, que no es algo que le imponen desde fuera mediante un razonamiento abstracto sin emociones y tal vez difícil de dominar.

Los casos concretos pueden enfatizar aplicaciones prácticas de conceptos (éxitos y fracasos en administración de empresas y políticas públicas; ejemplos de obras de arte o de ingeniería y arquitectura) e incidir en la importancia de los detalles, de los datos iniciales y de contorno (la información posiblemente dispersa y no articulada).

La tensión o complementariedad entre ideas y casos aparece frecuentemente en los ámbitos jurídico, moral y ético. En algunas tradiciones jurídicas evolutivas los casos son esenciales porque las resoluciones se basan en la búsqueda de precedentes que constituyan jurisprudencia: se busca la consistencia entre casos equivalentes, y las soluciones deben emerger gradualmente desde abajo a partir de los problemas prácticos reales y las soluciones encontradas o propuestas por múltiples jueces o árbitros. Otras tradiciones más racionales o constructivistas se basan en legisladores supremos que desde muy arriba producen leyes fundamentales o constituciones que deben servir como metanormas que guíen las leyes y reglamentos más concretos y aplicables.

La ética o filosofía moral intenta apoyarse en principios abstractos de validez universal, imparciales, sin prejuicios, que ningún agente racional pueda rechazar. Sin embargo las normas abstractas o principios éticos no pueden hacer todo el trabajo porque les falta concreción histórica: cómo se delimita la propiedad, cómo se adquiere y cómo se abandona, dónde están los límites de una agresión, qué pena concreta aplicar a cada falta, delito o crimen, son asuntos que deben ser detallados para ser aplicables mediante tradiciones, costumbres, leyes positivas o resoluciones judiciales concretas que pueden ser diferentes en distintos contextos sociales.

En psicología moral se utilizan casos típicos y estandarizados para estudiar de forma empírica (observación de la actividad cerebral, de las elecciones o de las declaraciones verbales de los sujetos) cómo reaccionan y argumentan las distintas personas en diferentes circunstancias ante algunos dilemas morales (intuiciones, emociones y sentimientos morales y racionalizaciones justificativas): dos hermanos cometen incesto de forma mutuamente satisfactoria y sin posibilidad de embarazo; una persona utiliza una bandera nacional vieja como trapo de limpieza; una persona se come a su mascota muerta; cuánto hay que pagarte para que cometas algún acto desagradable o inmoral (comer algo asqueroso, hacer daño a un ser querido, torturar a un inocente indefenso). Algunos casos son especialmente populares o incluso clásicos de la filosofía moral (para explicar o criticar diversas ideas como el utilitarismo, la deontología, el liberalismo): náufragos que recurren al canibalismo; el conductor de un tranvía que debe decidir qué hacer de modo que mueran una o cinco personas; el médico que puede salvar a cinco pacientes matando a uno; el niño que se ahoga y al que puedes salvar pero estropeando ropa muy cara y perdiéndote una importante entrevista de trabajo; el individuo que puede hacer lo que quiera sin que los demás lo descubran; la persona que debe decidir si mentir o no a un asesino.

Los casos utilizados para pensar la filosofía moral pueden tener diversos atributos: reales (típicamente conflictos legales) o imaginarios; realistas o poco realistas; frecuentes o infrecuentes (probables o improbables); importantes o poco relevantes (para uno, pocos, muchos o todos); simples o complejos; con ideas claramente separadas e independientes o mezcladas. Algunos casos son situaciones límite, bien por estar en una situación extrema (un máximo o un mínimo de algo, una cuestión de vida o muerte) o por implicar alguna situación de transición (de niño a adulto). Un caso que pretenda ser útil no debe confundir al mezclar ideas que pueden separarse: por ejemplo involucrando niños, que tienen su propia problemática, con otros asuntos independientes como los contratos, su exigencia normativa y su reversibilidad o no.

En el ámbito de la ética de la libertad aparecen con cierta frecuencia casos que pueden resultar atractivos o llamativos por su extravagancia o morbo o porque parece que implican alguna paradoja o problema irresoluble; estos casos en ocasiones son muy poco realistas e improbables, pueden estar mal analizados (a menudo la solución es trivial y el no verla refleja que no se entiende bien la teoría) y distraen la atención de otras situaciones mucho más pedestres y ordinarias pero frecuentes, probables e importantes (al menos de forma agregada) para muchas personas (problemas de molestias, olores, suciedad, ruidos, atascos, sufridos de forma repetida por gran cantidad de personas). Se repiten casos de desastres (náufragos, perdidos en el desierto casi muertos de hambre o sed), situaciones estrambóticas y absurdas (alguien atrapado en su casa porque está rodeado por propiedades ajenas y no le dejan salir), dilemas sobre violar normas para evitar males mayores (robar una pistola para parar a un asesino de masas), y situaciones de mala ciencia ficción (un asteroide matará a todos los humanos salvo que lo soluciones con una pequeña acción prohibida como robar algo de dinero).

Algunos consejos para los interesados o preocupados por esta casuística extravagante. Si necesitas robar algo para salvar tu vida en una situación extrema y excepcional, roba y luego paga la multa, pero no pretendas que tenías derecho a hacerlo, que no has hecho nada malo; y pregúntate cómo has llegado hasta allí (qué haces en medio del desierto y llegando a la única fuente de agua a la que en principio no tienes derecho, qué riesgos has asumido, por qué no te has asegurado la ayuda necesaria de antemano, por qué no pides ayuda en lugar de exigirla). Si te encuentras atrapado en un lugar y no puedes salir porque no eres dueño del camino necesario o no tienes derecho a utilizarlo, primero plantéate que igual estás soñando porque esto parece más una pesadilla que algo real; luego intenta adquirir ese derecho (consejo: sube el precio ofrecido), pregúntate a ti mismo cómo has llegado a esa situación (quizás ha sido culpa tuya por tonto al no garantizarte los derechos de paso), y en situación límite y si te vas a morir de hambre o sed simplemente avisa de que vas a atravesar una propiedad ajena para solucionar tu problema y que luego pagarás la indemnización correspondiente. Si crees que una pequeña acción, permitida o prohibida, puede evitar que un asteroide elimine a toda la especie humana, necesitas revisar en profundidad tu conocimiento de la realidad y tu capacidad de pensamiento y argumentación.

Dejo las soluciones a otros aparentemente irresolubles dilemas como ejercicio para los lectores: a menudo basta con un poco de sentido común. Vas perfectamente trajeado a una entrevista de trabajo a la que llegas justo de tiempo y que no se puede aplazar, y te encuentras a un niño a punto de ahogarse en un estanque: ¿qué haces? Puedes evitar una matanza, pero para detener al asesino debes tú mismo robar un arma: ¿qué haces?

PS:

El estudio de casos éticos concretos puede y suele considerarse como la ejecución de experimentos mentales. Esto puede confundir a la gente al creer que están haciendo experimentos que sirvan para comprobar o rechazar una teoría igual que en ciencias naturales las hipótesis se filtran mediante los experimentos en el mundo real. El problema es que el experimento mental sigue siendo solamente actividad mental: no hay una observación del mundo exterior a la mente. Igual que la mente puede engañarse o confundirse con la teoría, también puede hacerlo con el análisis del caso concreto; y quizás puede hacerlo más porque los casos concretos pueden incluir elementos irrelevantes o factores dramáticos.