Biología y humanidades: ciencias naturales y ciencias sociales

12/06/2017

Biología: ciencia de la vida

La vida no es algo misterioso, imposible o muy difícil de conocer, comprender, definir, describir o explicar. La vida puede estudiarse y comprenderse científicamente: la biología es la ciencia de la vida.

El conocimiento científico acerca de la vida (explícito, simbólico, lingüístico, formalizado, declarativo, descriptivo, explicativo, teórico y empírico) no es del mismo tipo que el conocimiento práctico que tienen los organismos para hacer lo adecuado para seguir vivos (implícito, subsimbólico, procedimental, práctico, predictivo): la inmensa mayoría de los seres vivos no saben describir o explicar qué es la vida y cómo funciona, pero están vivos y saben qué hacer, de forma limitada e imperfecta, para mantenerse con vida, desarrollarse y reproducirse. Un animal desea comer y beber y sabe cómo conseguir alimento y agua aunque no sepa nada de bioquímica y metabolismo; ese animal también evita sustancias nocivas sin saber que existen los microorganismos patógenos; un organismo busca un entorno con una acidez adecuada aunque no sepa qué son los protones responsables de esa acidez; una célula mantiene un metabolismo autocatalítico aunque no sepa qué es el metabolismo o la catálisis.

Los organismos necesitan tener conocimiento acerca de su entorno, el cual incluye partes inertes y otros seres vivos con los cuales interactúan: cooperadores o competidores, amigos o enemigos, presas o depredadores, parásitos o huéspedes, miembros o no del mismo grupo social. El conocimiento biológico es muy útil para los humanos: para la alimentación (los humanos son heterótrofos, se alimentan de materia orgánica procedente de otros seres vivos mediante la recolección, la caza, la pesca, la agricultura o la ganadería), la salud (medicina humana y veterinaria como biología aplicada), el medio ambiente (gestión de un entorno agradable y propicio), la ingeniería y la arquitectura (biomímesis: copia de soluciones naturales o inspiración en ellas).

Biología y humanidades

El conocimiento sobre biología y evolución puede servir como fundamento para comprender mejor las ciencias humanas y sociales y sus fenómenos esenciales: economía, psicología, sociología, grupos, moralidad, cultura, derecho, arte, lenguaje, intencionalidad, conciencia, religión. Todos estos ámbitos y fenómenos pueden explicarse a partir de ideas biológicas y evolutivas.

Para aprovechar el conocimiento que proporciona la biología a las ciencias humanas y sociales no es necesario dominar los detalles técnicos propios de especialistas: química orgánica, bioquímica, genética, terminología de partes de células y organismos y cómo funcionan, clasificaciones de especies de organismos (taxonomía o cladística). Es suficiente con conocer algunas ideas esenciales que son fácilmente accesibles y que son compartidas por otras ciencias como la economía y la psicología: acción, control, recursos, escasez, elección, costes, oportunidades, peligros, inversión, coordinación, comunicación, cooperación, competencia, asociación, tiempo, riesgo, incertidumbre, intercambio, negociación, interacción estratégica.

Una teoría integral de la acción y la mente no se limita al ámbito de lo humano sino que se fundamenta en una teoría de la vida y su evolución. Los seres humanos, como seres vivos, comparten algunos rasgos esenciales con todos los organismos, y muchos rasgos con muchos seres vivos. Las características peculiares de los humanos son respuestas evolutivas particulares a los problemas universales de la vida en las circunstancias concretas del nicho ecológico específico de la especie humana. Lo humano es continuo o común con lo animal porque procede de lo animal, y es discontinuo o diferente porque añade facultades propias diferenciadoras que generan nuevos problemas y soluciones.

Algunos errores intelectuales extendidos y persistentes se deben en buena medida al desconocimiento de realidades biológicas o naturales: el humano creado por los dioses y caído, el buen salvaje, la tabla rasa, el espíritu en la máquina, la moral o ley reveladas, la inteligencia y la conciencia como dones divinos o realidades irreducibles a lo material y determinista.

Solamente algunos seres humanos tienen conocimientos científicos de biología. Muchas personas no solo desconocen lo que aporta la biología sino que incluso tienen ideas contrarias a la realidad de la vida: creen que la vida requiere alguna intervención sobrenatural de un creador o un diseñador inteligente para su origen o mantenimiento, que la evolución biológica es imposible o está dirigida teleológicamente, o que hay vida tras la muerte (el más allá, la reencarnación, la resurrección).

La biología es una ciencia tan poderosa que puede explicar, con la ayuda de otras ciencias derivadas como la psicología evolucionista, la memética, la antropología y la sociología, por qué muchos humanos tienen ideas erróneas acerca de la vida: por limitaciones intelectuales; por sesgos cognitivos sistemáticos hiperactivos (atribución de intencionalidad, búsqueda de significado); por capacidades de engaño, autoengaño e hipocresía; por miedo a la muerte, ansias de inmortalidad, y necesidad de consuelo propio y ajeno ante la pérdida de seres queridos; por imaginación y deseo de una existencia ideal de riqueza, poder, estatus, placer, amor, amistad y éxito, en contraste con la soledad, los dolores, las miserias, los fracasos, las frustraciones, los problemas o las limitaciones de la realidad; por creencias religiosas con contenidos y normas de conducta útiles para la identificación, coordinación, control y cohesión de grupos sociales.

Biología, economía y psicología

La economía y la psicología son ciencias humanas, pero no son ciencias que estudien o expliquen exclusivamente lo humano: también se aplican a los seres vivos como agentes autónomos autopoyéticos. La biología está estrechamente relacionada con la economía y la psicología: los organismos son agentes económicos y su acción o conducta debe ser dirigida de algún modo. Los organismos actúan, necesitan obtener y utilizar recursos y deben economizar, asignar los medios escasos disponibles, elegir entre alternativas, asumir costes, riesgos e incertidumbre. Un organismo necesita un sistema de control cibernético, que para muchos animales es un sistema nervioso con una psique asociada que incluye emociones y cognición.

La vida implica competencia y cooperación. Existen relaciones conflictivas violentas (depredación, parasitismo, combates por estatus, guerras), pero también hay mercados biológicos: intercambios de bienes y servicios (alimentos, sexo, protección, cuidados corporales, transporte), precios, cantidades, calidades, negociaciones, publicidad, engaño, confianza, reputación. La competencia requiere capacidades estratégicas para vencer al rival, y la cooperación requiere habilidades de coordinación (y posiblemente comunicación) con los colaboradores. La cooperación social es muy exitosa y los grupos como unidades de convivencia y acción son adaptaciones evolutivas muy poderosas: por eso la mente de los animales sociales (y sobre todo la de los seres humanos) está especialmente orientada o dedicada a la interacción social, especialmente dentro de grupos delimitados.

La mente humana se diferencia de la de otros animales en que tiene capacidades singulares útiles para la construcción o fabricación de herramientas y la transformación del entorno (habilidades técnicas, físicas, ingenieriles), y en que es flexible y adaptativa ante entornos cambiantes (aprendizaje, curiosidad, investigación, creatividad). Sin embargo la mente humana destaca sobre todo por sus capacidades y preferencias orientadas a la cooperación social: cognición, emociones, intencionalidad, conciencia, moral, normas, instituciones, cultura, lenguaje.

La inteligencia técnica (para el mundo físico y el ámbito de la vida no humana) y la inteligencia social no son independientes sino que interactúan y se refuerzan mutuamente: la inteligencia técnica es socialmente útil (el conocimiento es poder) y atractiva (incluso sexualmente); las habilidades sociales pueden reforzar las capacidades técnicas o ingenieriles, ya que mediante la imitación o el lenguaje es posible aprender de otros, enseñar a otros, acumular conocimiento y transmitirlo mediante mecanismos culturales.

Los antecesores de los humanos se humanizan fundamentalmente mediante la socialización progresiva. Las oportunidades y amenazas principales no proceden solamente del entorno no humano (condiciones ambientales, alimentos, depredadores): lo más importante para un humano es otro ser humano como potencial competidor o cooperador, de modo que las interacciones entre humanos implican fuertes presiones evolutivas para los propios humanos (selección sexual y social). Estas presiones sociales constituyen bucles de realimentación positiva: cada mejora adaptativa de unos implica una necesidad para otros de mejorar o extinguirse gradualmente.

El ser humano tiene una teoría de la mente: es capaz de representarse y comprenderse a sí mismo y a otros individuos como agentes con mente intencional consciente, con creencias y deseos, con pensamientos y emociones; esta capacidad estratégica permite al individuo cooperar y competir mejor con o contra otros (mente humana maquiavélica que planifica, predice, se anticipa, considera alternativas, sorprende, se comunica, engaña).

La cultura se basa en las capacidades de innovación e imitación en un entorno social. La transmisión cultural es reforzada por capacidades de comunicación mediante un lenguaje simbólico sofisticado, el cual es simultáneamente producto y vehículo de la cultura. La cultura se genera socialmente y además sirve para coordinar, identificar y cohesionar grupos de cooperadores.

El ser humano inventa y cuenta historias, produce obras de arte y participa en retos físicos o competiciones deportivas. El arte y el deporte son productos del deseo de generar belleza (estímulos estéticos agradables, atractivos) y no solo admirar la existente; de la voluntad de superación personal; y del deseo de captar la atención de otros y conseguir atractivo sexual y estatus social mediante la producción de señales honestas costosas (con objetos, historias y eventos interesantes que son resultado de capacidades físicas, psicomotrices y creativas especiales).

Los sentimientos morales son emociones o afectos orientados a promocionar y proteger la cooperación social, premiando a los honestos y castigando a los tramposos. Las normas morales que regulan la convivencia y la cooperación eventualmente se formalizan y dan lugar a sistemas jurídicos (derecho).

Las creencias religiosas son autoengaños compartidos funcionales: son ideas atractivas, en parte resultado de sesgos cognitivos y emocionales, que pueden servir de consuelo personal ante los fracasos o pérdidas vitales y que son útiles para la cooperación social como marcos de referencia normativos comunes y señales honestas costosas de pertenencia y lealtad a un grupo.

Consiliencia

La consiliencia es un término que se refiere a la convergencia o concordancia de evidencias independientes como fundamento del conocimiento: si muchas pistas sin relación entre sí apuntan a la misma conclusión (como flechas que indican una misma dirección o un mismo objetivo), esta es probablemente válida; si varias mediciones con diferentes aparatos y mecanismos coinciden, los datos son seguramente buenos.

La consiliencia es también la unidad del conocimiento, la integración de las diversas disciplinas científicas especializadas en un marco unificado y consistente. La conexión entre ámbitos de investigación aparentemente separados e independientes es posible y fructífera, y es una tarea especialmente necesaria en el caso de la relación entre las ciencias naturales y las ciencias humanas: el ámbito de lo humano, lo social y lo cultural necesita librarse del lastre sobrenatural y místico y desarrollar una fundamentación física, biológica y natural.

La consiliencia se basa en que la realidad es una, conexa y coherente: no existen ámbitos aislados, y es posible construir los niveles más complejos a partir de los más simples. Lo físico y natural tiene una existencia previa a lo humano e independiente de ello: puede haber mundo inerte y orgánico sin presencia humana. En el sentido contrario, lo físico y natural es la base única de la existencia de lo humano: sin realidad física y biológica no hay realidad humana, y no hace falta nada más (ningún ámbito sobrenatural imposible) para comprender lo humano.

Los fenómenos humanos y sociales emergen evolutivamente a partir de regularidades físicas básicas: lo cultural y lo artificial son subconjuntos especiales de lo biológico y lo natural. Con la consiliencia no se trata de ignorar lo específico y diferente de las humanidades, sino de conectar lo humano con la naturaleza y anclarlo al mundo real para comprenderlo mejor.

Es posible hacer investigación en un ámbito concreto de la realidad sin necesidad de conectarlo apenas con los demás, y de hecho muchos avances científicos requieren una alta especialización: sin embargo la perspectiva integradora sirve para incrementar la consistencia y la salud de todo el árbol del conocimiento, obteniendo múltiples apoyos que refuercen las ideas verdaderas y eliminando errores que de forma aislada podrían no ser detectados o incluso prosperar y expandirse.

La consiliencia del conocimiento científico se demuestra de forma constructiva, explicando cómo a partir de lo físico y lo químico emerge espontáneamente lo biológico (ciencias naturales), y cómo la evolución de la vida produce lo humano (humanidades, ciencias sociales: antropología, psicología, economía, sociología, moralidad, cultura, arte, lenguaje, religión, instituciones, ciencia, tecnología, derecho). Esta explicación es simple en sus ideas principales pero compleja en los detalles: incluye teoría e historia, tiene muchos elementos y etapas, y emplea de forma complementaria el análisis y la síntesis, la descomposición y la reconstrucción, el reduccionismo y el holismo, el estudio de los elementos y las relaciones de un sistema y el estudio del sistema en su conjunto.

Un concepto fundamental y ejemplo de consiliencia y de la oposición intelectual a la misma es la teoría de la evolución biológica: es una teoría con múltiples apoyos de evidencias convergentes (genética, biología molecular, biología en general, paleontología, geología, biogeografía, anatomía y fisiología comparadas, taxonomía); es una idea que sirve para explicar cómo a partir de lo biológico surge lo humano y lo social (conecta la vida con la mente, la intencionalidad, la conciencia); y sin embargo sufre una fuerte oposición de grupos de interés cegados por sus sesgos ideológicos y sus creencias religiosas en lo sobrenatural (creacionismo, teoría del diseño inteligente).

Referencias

John Brockman, The Third Culture: Beyond the Scientific Revolution

Humberto Maturana & Francisco Varela, Autopoiesis and Cognition: The Realization of the Living

Humberto Maturana & Francisco Varela, The Tree of Knowledge: The Biological Roots of Human Understanding

Steven Pinker, The Blank Slate: The Modern Denial of Human Nature

Matt Ridley, Nature Via Nurture: Genes, Experience, and What Makes us Human

Michael L. Rothschild, Bionomics: Economy As Ecosystem

Michael Shermer, The Mind of the Market: How Biology and Psychology Shape Our Economic Lives

Edward O. Wilson, On Human Nature

_ Consilience: The Unity of Knowledge

_ The Social Conquest of Earth

_ The Meaning of Human Existence

_ Sociobiology: The New Synthesis


Conferencias en la UFM sobre evolución, biología y ciencias sociales

16/05/2015

Dos conferencias en la Universidad Francisco Marroquín:

Teoría de la evolución: ideas fundamentales

Biología y su relación con las ciencias sociales


Biología, economía, psicología y toma de decisiones

06/02/2015

Conferencia en la Universidad Francisco Marroquín (video).


Pablo Herreros y los héroes animales

18/01/2015

El sociólogo, primatólogo y antropólogo Pablo Herreros suele escribir artículos muy interesantes y acertados. Sin embargo en Héroes animales comete varios errores graves.

… con la excepción de algunas personas, los animales no hacemos distinción a la hora de echar una mano. La famosa “ley de la selva” es un sólo un mito. Tan sólo una pequeña parte de la historia. Lo que sucede en la naturaleza que nos rodea, de la cual formamos parte todos nosotros, poco o nada tiene que ver con esa imagen tan negativa que nos han transmitido. El cuidado mutuo, la ayuda o la cooperación han jugado un papel mucho más importante en la evolución de las especies que la violencia y la muerte.

En realidad los animales, y todos los seres vivos en general, son agentes económicos que discriminan mucho a la hora de ayudar: no cooperan con cualquiera (prefieren a parientes y amigos o miembros del grupo), y tienen en cuenta los posibles costes, riesgos y beneficios de sus conductas.

La “ley de la selva” no es que sea un mito sino que no está muy claro a qué se refiere esa expresión: si se trata de prohibiciones u obligaciones normativas propias de la selva (o su ausencia si “vale todo”), o si se habla de regularidades que se dan en ella.

La ayuda y cooperación son parte esencial de la vida, pero también lo son la competencia y la agresión. Herreros asegura que la cooperación es mucho más importante que la competencia, pero no ofrece ningún dato, ninguna referencia ni ningún método para medirlas y compararlas. Y no menciona que la cooperación a menudo se realiza para competir contra otros. En su artículo ofrece unos cuantos casos concretos de ayuda de animales a humanos o de animales entre sí (pretendiendo en una expresión muy desacertada que es una lista infinita), pero la ciencia no se hace con anécdotas sino con datos tan completos como sea posible. Además se pueden ofrecer también casos contrarios: Herreros no menciona cuántos humanos han sido víctimas de ataques de animales (por ejemplo incluso de perros domesticados), y cómo los animales se matan unos a otros para comer o conseguir otros recursos.

Termina el artículo con una frase que pretende ser muy bonita y grandilocuente pero que en realidad es muy tramposa:

… los animales nos recuerdan lo que es ser un verdadero humano.

¿Hay humanos falsos? ¿Quién decide qué es ser verdaderamente humano? ¿Sólo es propio de los humanos la cooperación y no la competencia, la asistencia y no la violencia? ¿Por qué debemos fijarnos en los animales sólo cuando cooperan y no cuando compiten? ¿A qué se debe ese sesgo en el énfasis, a que es más hermoso hablar de una cosa que de la otra? ¿No estará Herreros expresando sus valoraciones personales subjetivas tratando de pasarlas como hechos objetivos?


Vivir, actuar, pensar, sentir

13/11/2013

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

En el núcleo de la Escuela Austriaca de economía se encuentra la praxeología, el estudio formal y abstracto de la acción humana a partir del axioma apodíctico y a priori de la acción intencional: el ser humano actúa utilizando medios escasos para conseguir los objetivos, fines o propósitos que subjetivamente considera más valiosos.

La Escuela Austriaca contiene otros elementos distintivos interesantes y valiosos: el carácter dinámico, heterogéneo, relativo y variable de las preferencias; los problemas y las limitaciones de las capacidades cognitivas, de comunicación y de coordinación de los agentes económicos en entornos complejos y cambiantes, incluyendo la imposibilidad del socialismo y el carácter destructivo del intervencionismo estatal coactivo; la evolución espontánea de órdenes emergentes y de instituciones sociales; los problemas relacionados con el tiempo, el riesgo y la incertidumbre; y la empresarialidad creativa, dinámica e innovadora.

La praxeología puede estudiarse de forma autónoma e independiente de otras ciencias naturales y humanas, pero ello puede resultar en una visión parcial y pobre de la realidad, sin conexiones o referencias externas que sirvan como puntos de apoyo o elementos de crítica. La praxeología no es el principio ni el fin de todo, y considerarlo así es un grave error.

El praxeólogo, partiendo de un principio verdadero y utilizando rigurosamente sus capacidades mentales de inferencia deductiva, puede sentirse muy seguro en sus exploraciones teóricas y cree comprender correctamente lo esencial de la realidad humana y social. Sin embargo tal vez no percibe, o no le importan, las limitaciones de su paradigma intelectual: quizás afirma cosas verdaderas pero imprecisas, poco relevantes o incompletas.

El praxeólogo purista o integrista desdeña la psicología (timología), desconecta la teleología de la realidad material, física y biológica, e insiste en diferenciar de forma radical la acción humana de la conducta o comportamiento animal: considera la intencionalidad como exclusiva de los seres humanos (no lo es), e ignora formas de acción no intencional (como reflejos, reacciones o hábitos), expulsándolas fuera del ámbito del estudio económico. No se pregunta por qué existen la acción intencional y las valoraciones; no conecta la acción con los conceptos de interacción y trabajo de la física; no se da cuenta de que el pensamiento es un tipo particular de acción cuya función es dirigir y coordinar otras acciones; e insiste en que los humanos eligen, deciden mediante su libre albedrío, mientras que los otros seres vivos sólo reaccionan instintivamente según leyes deterministas.

Si sientes interés por aprender a conectar la física, la biología, la economía, la psicología e incluso la moral y la ética, en breve impartiré un seminario intensivo sobre estos temas, que son muy enriquecedores y fácilmente comprensibles para cualquiera cuando se explican de forma adecuada. Resumiendo mucho:

Los organismos son agentes económicos: la vida implica acción dirigida, controlada por la psique con emociones y cognición. La vida incluye competencia y cooperación, y la vida social cooperativa es muy exitosa: gran parte de la psique (preferencias, intencionalidad, conciencia, moral, normas, instituciones) existe para la coordinación social.

Los organismos vivos son sistemas físicos con una organización especial tal que se autoconstruyen. La vida implica acción, trabajo, costes, uso de recursos, economización. Los organismos son entidades complejas con muchas partes cuya acción conjunta exige coordinación. La acción adecuada para la supervivencia y el éxito evolutivo requiere mecanismos cibernéticos de control y dirección que tengan en cuenta el estado del propio agente y del entorno. Los sistemas cibernéticos de los organismos incluyen sensores y procesadores de información según modelos representativos del mundo (cognición y emociones, capacidades y preferencias). La mente es una herramienta para la resolución de problemas.

Para cooperar y competir mejor los organismos intentan anticiparse de forma estratégica, prediciendo el futuro y preparando planes de acción. Para reducir riesgos los organismos no ensayan directamente conductas en el mundo real sino que las simulan virtualmente en sus cerebros. La intencionalidad emerge evolutivamente como una adaptación para mejorar el control de la acción propia y el entendimiento de la acción ajena. La consciencia surge de la autorepresentación como agente intencional, la integración narrativa de información y la supervisión a alto nivel de la actividad de la sociedad de la mente.

Los seres vivos pueden competir o cooperar. La vida social es especialmente exitosa porque permite juntar esfuerzos, compensar riesgos y especializarse. Pero la socialización requiere capacidades cognitivas y emocionales especiales: preocuparse por el bienestar ajeno, entender la acción de otros, someter la conducta a normas morales pautadas que eviten conflictos destructivos, detectar y desincentivar a los parásitos tramposos. En los grupos sociales son esenciales la confianza y la reputación o estatus: son necesarios mecanismos cohesionadores y de demostración de lealtad y compromiso. La moralidad fomenta la cooperación dentro del grupo para competir contra otros grupos.

La capacidad de imitación memética y en especial el lenguaje introducen el ámbito de la cultura, el arte, la religión, la tecnología y la ciencia. El lenguaje incrementa enormemente las capacidades de coordinación y producción y difusión de conocimiento, pero también permite la manipulación, el engaño y la hipocresía. La comunicación honesta requiere el uso de señales costosas difíciles de falsificar.

Parte importante de la acción humana consiste en influir sobre los demás. Las capacidades de argumentación no son tanto para conocer la realidad sino para persuadir a otros y vencer en disputas verbales. La mente humana presenta múltiples limitaciones, imperfecciones y sesgos sistemáticos.


Seminario intensivo “Vida, acción, pensamiento y emoción: de las ciencias naturales a las ciencias humanas”

08/11/2013

Seminario intensivo: “Vida, acción, pensamiento y emoción: de las ciencias naturales a las ciencias humanas”

El 30 de noviembre y 1 de diciembre, Francisco Capella estudiará la naturaleza humana, su psicología y su carácter social desde una perspectiva evolucionista y cibernética.

Más información en Instituto Juan de Mariana.


La comunicación honesta mediante señales costosas

14/08/2013

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Un animal puede beneficiarse si consigue engañar a otros y a su vez no ser engañado. La evolución produce una carrera de armamentos entre formas de engañar o manipular contra formas de detectar engaños o protegerse de ellos. Pero la evolución también genera mecanismos de comunicación que benefician al emisor y al receptor mediante señales informativas de alguna aptitud, característica o circunstancia real: las señales fiables distinguen o discriminan lo verdadero de lo falso, al honrado del tramposo, al sincero del mentiroso, al competente del incompetente.

Una señal valiosa y honesta se basa en una diferencia real entre sus posibles emisores, y puede ser difícil de falsificar si es cara o costosa. Toda señal de una determinada intensidad tiene un coste y puede implicar algún riesgo, pero estos pueden ser mucho menores (o los beneficios mayores) para el comunicador sincero. El emisor honesto puede permitirse algo que resulta prohibitivo para el tramposo. El coste de la señal no es sólo el de su producción física, sino que incluye también todas sus consecuencias potencialmente negativas: atraer algún peligro, servir para resaltar algún defecto o imperfección.

Una posible forma de señalar honestamente aptitud biológica (poder, salud, riqueza, fuerza, atención, compromiso) es algún rasgo (conducta o morfología) que suponga un handicap para su ejecutor o portador, que le implique algún coste, dificultad o problema que un individuo menos apto no puede asumir.

La comunicación puede referirse a oportunidades de cooperación (emparejamiento sexual entre machos y hembras, información sobre localización de alimento entre miembros de un grupo), posibilidad de competencia (relaciones adversarias entre depredadores y presas, advertencias en la competición por recursos) o necesidad de ayuda (crías que reclaman alimento y protección a los progenitores). La comunicación puede suceder entre colaboradores (para ser elegidos) o enemigos (para ser evitados), y entre miembros de una misma especie o entre animales de especies diferentes.

Algunos ejemplos de señales honestas costosas:

– La cola del pavo real macho desplegada y agitada ante las hembras como ornamento sexual: “estoy sano y bien alimentado, y no temo indicar mi localización a posibles depredadores”. Abundan todo tipo de cantos, bailes y otros rasgos (como olores, marcas que resaltan alguna parte del cuerpo, coloración conspicua, simetrías, construcciones) utilizados como señales en exhibiciones para atraer pareja.

– En algunos insectos, sustancias químicas tóxicas como las feromonas indican que su portador es robusto y puede aguantarlas y utilizarlas como veneno contra sus depredadores. Las amebas sociales utilizan moléculas específicas para agregarse en condiciones de estrés ambiental.

– Los brincos de las gacelas ante sus posibles atacantes: “te he visto y te demuestro que me sobran fuerzas para escapar de ti, no pierdas tu tiempo y tu energía persiguiéndome a mí, busca otra presa más débil”. Algunas aves cantan cuando están siendo perseguidas por un depredador; algunas bandadas realizan movimientos bruscos para conseguir que el miembro más débil sea rápidamente atrapado y ahorrarse así todos los demás una persecución prolongada.

– Los gritos de advertencia de algunas aves, que en realidad no son solo para sus compañeras, sino que sirven principalmente para informar al depredador de que ha sido detectado y no va a pillarlas por sorpresa: las señales son útiles tanto para la presa como para el depredador, que no malgasta su energía inútilmente.

– En los juegos infantiles de correr y pillar, los niños más rápidos no se molestan en alejarse inmediatamente del que debe pillar a otros: su cercanía indica que pueden escapar fácilmente; si son perseguidos pueden burlarse del perseguidor mientras corren.

– Algunos depredadores señalan su presencia a sus presas y amagan movimientos de ataque (como dos boxeadores tanteándose) para detectar cuáles son los puntos débiles de sus víctimas y elegir a las más fáciles.

– Los rasgos físicos llamativos que alertan de algún peligro o amenaza (aposematismo): colores brillantes de animales venenosos o de sabor desagradable.

– Las exhibiciones de fuerza y motivación para disuadir a los competidores (amenazas creíbles como sustituto de la agresión): postura confiada (aproximación chulesca exponiéndose al peligro, gestos de desprecio al enemigo), vocalizaciones graves que indican relajación y confianza, canciones rítmicas ordenadas o miradas fijas al rival que reflejan seguridad, determinación y concentración, muestras de indiferencia, combates rituales.

– Las señales de sumisión o reconocimiento de inferioridad o derrota ante rivales superiores: agacharse, humillarse, arrodillarse, apartar la mirada, exponer una parte vital del cuerpo (el lobo derrotado expone su cuello a las fauces del vencedor).

– Los avisos de crueldad de los combatientes para conseguir que los enemigos se rindan sin luchar (piratas que amenazan con castigar duramente a quienes opongan resistencia).

– Las señales de determinación indicando el coste que uno está dispuesto a asumir para conseguir algo: autoinfligirse algún daño. Los intentos de suicidio pueden ser peticiones extremas de ayuda.

– Las señales de estatus, dominación o prestigio: el consumo derrochador, extravagante y conspicuo de un rico (vehículos de lujo, mansiones, joyas, ropas a la última moda, símbolos de estatus social), o la generosidad pública ostentosa (ceremonia del potlatch). El altruismo puede practicarse de forma competitiva para alcanzar prestigio social y así tener mejores oportunidades de cooperación (en el emparejamiento sexual, en los negocios).

– La obesidad en las culturas en las cuales la obtención de alimento es problemática.

– Una educación certificada exigente de un trabajador que ofrece sus servicios en el mercado laboral.

– La realización de proezas deportivas o artísticas típicas de jóvenes para atraer pareja (señales de fuerza o habilidad).

– La fuerza de los lazos sociales (capacidad, interés y compromiso con una relación o grupo) puede comprobarse mediante imposiciones, forzando al individuo a asumir un coste, poniéndoselo difícil para ver cuánto aguanta. Muchas hembras exigen cortejos prolongados y regalos prenupciales, o tienen caprichos y cambios de humor aparentemente inexplicables. Algunos machos (en especies en las cuales aportan una alta inversión parental) agreden a las hembras durante el cortejo para comprobar su persistencia. Algunos animales se limpian y acicalan unos a otros mucho más que lo requerido por la mera higiene. Los grupos suelen exigir demostraciones de lealtad y conformidad: tatuajes distintivos, mutilaciones, ritos de iniciación humillantes, creencias fervientes absurdas, rituales religiosos.

– Las señales de cohesión y coordinación de un grupo: canciones, rituales o movimientos coherentes, armónicos, unificados.

– Los gritos de las crías en el nido para ser alimentadas por sus progenitores. Estos gritos son amenazas de perjudicarse a sí mismas porque las ponen en peligro de ser descubiertas por un depredador (como algunos aspectos llamativos de las crías de algunas especies). El miembro más débil de una asociación de pareja puede chantajear al más fuerte con amenazas de dañarse a sí mismo, si este último está interesado en el bienestar del otro. Esta conducta no es generalizada entre crías de animales porque sólo puede ser utilizada si el riesgo de gritar no es demasiado grande (de hecho las crías no gritan si saben que hay un depredador cerca).

La producción del lenguaje humano por lo general tiene costes muy bajos, por lo cual es fácil utilizarlo para el engaño y la manipulación. Es posible mejorar su fiabilidad incrementando los costes para los incompetentes, deshonestos o mentirosos: fijarse en lo que la gente hace, no en lo que dice (descontar su hipocresía y considerar sus intereses); en lugar de vagas promesas informales, usar contratos con cláusulas penalizadoras por incumplimiento, avales y garantías; en vez de mensajes hablados privados, emplear documentos persistentes, grabaciones, testigos; en lugar de ambiguas predicciones de presuntos expertos que no se juegan nada, recurrir a apuestas y mercados financieros.