Basura selecta

La era de la incertidumbre, de José María Carrascal

Shoplifting, Employment, And Keynesian Economics, by Matthew Yglesias

Los presidentes de L’Oréal, Danone y Orange quieren un impuesto para ricos

¿Una Constitución neoliberal sin referéndum?, de Rosa María Artal

Un referéndum necesario, de Vicenç Navarro

Basura selecta

Contra el terrorismo financiero, de Juan Torres López, Carlos Martínez García y Francisco Jurado

Fráncfort, tenemos un problema, de José Carlos Díez, economista Jefe de Intermoney

Se encienden las luces de alarma, de Abel Veiga Copo, profesor de Derecho Mercantil de la Universidad Pontificia Comillas

Falta rigor y seriedad, sobra opacidad y desregulación, y ese mismo capitalismo no humano, pero consentido y tutelado, empieza a poner a los estados contra las cuerdas.

Van a ser unas semanas de sobresaltos, de subidas mínimas y recaídas profundas. Nadie sabe qué va a suceder. Todo se recrudece por momentos. El Ibex se asoma al abismo también. Nada volverá a ser como antes, demasiado laissez faire, laissez passer, máxima histórica de los fisiócratas del XVIII, como si no fuere con nosotros. ¿De qué nos asustamos si es que nos asustamos en estos momentos? Sigamos en la pasividad indolente y en la desidia más absoluta. Es el mercado, siempre el mercado, sin alma ni corazón, pero donde los inversores especulan, y lo hacen ya con países. Dejad hacer, dejad pasar. Luces de alarma.

La única solución, de Juan Francisco Martín Seco

¿Por qué no reformar los mercados?, de Santiago Carrillo

De golpe, el porvenir que se ofrece a los ciudadanos es la liquidación del Estado de bienestar, la sanidad pública gratuita, la educación pública, las pensiones, el derecho al descanso. Es decir la vuelta a las condiciones de vida del siglo XIX anulando el progreso alcanzado en más de 100 años de lucha y que han sido la base de la democracia moderna.

No hace falta ser un experto en la materia para saber que la política de la UE y los mercados es exactamente la contraria de lo que hace falta para crear empleo, porque reduce con medidas brutales la capacidad de los ciudadanos de activar la demanda. Mientras los ciudadanos pierdan cada día capacidad de compra, las empresas no tendrán posibilidad de aumentar la producción y no contratarán más personal por muy barato que sea el precio de la mano de obra. ¡Elemental! Cuando hacen falta medidas keynesianas se hace exactamente lo contrario, se alarga la crisis, que se hace insoportable para muchas gentes.

Hasta aquí sobre todo en los dos últimos decenios, los “mercados” han actuado como un oscuro poder mundial, que decide el destino de todo. Es verdad que poseen la llave del crédito y tener esa llave en una sociedad en que todo marcha a crédito, supone demasiado poder tanto como para poner a Gobiernos y Parlamentos a sus pies.

Se ha creado la ficción de que los mercados son ellos mismos el sistema capitalista. Pero esto es falso. El capitalismo puede subsistir en la economía productiva, en la industria, la agricultura, el comercio, los servicios, desapareciendo los “mercados”. La transformación del sistema financiero -los “mercados”- en un servicio público, a cargo de los Estados y en el plano global de los organismos adecuados, bajo el control de la comunidad internacional, aseguraría el crédito, sin su acompañamiento actual, la especulación. El sector productivo es el que  crea la riqueza real.

El capitalismo es cada vez más un disparate, como dice un amigo mío  que se proclama conservador de todo lo que merece la pena conservar.

Quiero creer que en este planeta todavía quedan figuras políticas, intelectuales, científicas de izquierda, incluso de derecha, con talento, coraje y suficiente independencia para elevarse sobre la estulticia y coger el toro por los cuernos.

El capitalismo podría provocar grandes catástrofes si no se reforma. Hoy, esa es la cuestión.