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29/10/2009

What must we do to end world poverty? At last, an answer, by William Easterly

¿Por qué nacen los bancos centrales?, de Ángel Martín

Half a good man is better than none at all, Some women defend polygamy

Death bonds: 1, 2, 3, 4

Capitalism after the crisis, by Luigi Zingales


La desigualdad y la crisis

22/10/2009

Artículo en Libertad Digital.


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20/10/2009

Unequal Beauty Silence, by Robin Hanson

Beware Concept Intuitions, by Robin Hanson

See the world like Elinor Ostrom, by Will Wilkinson

Political Dispositions, by Arnold Kling

La casta política


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19/10/2009

Freakonomics on prostitution

Freakonomics on climate change

¿Expolio foral? de Roberto Centeno

Gripe A y conspiranoia

Partisan Politics—A Fool’s Game for the Masses, by Robert Higgs


Recomendaciones

15/10/2009

Knowledge and boom and bust asymmetry

A housing boom, any kind of boom, is attended by an increase in certainty. Information is stimulus, confusion is contraction. A bust occurs when the market is unsure of everything, when market participants perceive better risk-adjusted return in holding government securities (or supply-inelastic commodities) than in financing real investment. Sectoral shifts per se have no clear implication with respect to variables like employment and output. But “hangovers” do happen, because powerful booms are periods when market participants make consequential decisions with great swagger and confidence, and busts are when we learn that despite their certainty, they were wrong. They are left not only impoverished and burdened by debt, but bereft of confidence in their ability to evaluate new opportunities. The best way to avoid the hangover is not to err so terribly in the first place. Easier said than done, perhaps, but that’s no reason to cop out. We can build a better financial system, one in which degrees of certainty are attached and removed from economic propositions dexterously, rather than clinging like giddy leeches until a collapse.

Fresh Kidneys for Sale, by Ronald Bailey

What Is Regulation? by David Boaz

The ideas of the Austrian school are necessary (though I would argue not sufficient) to doing Good Economics, by Peter Boettke

Williamson and the Austrians, by Peter G. Klein


Recomendaciones

13/10/2009

What happened to global warming?

…this cooling will be temporary, before the overwhelming force of man-made global warming reasserts itself.

So the force of man-made global warming is overwhelming… but not just now. A curious use of “overwhelming”.

La imparable burbuja de deuda, Roberto Centeno

Is green U.S. mass transit a big myth?

Paul Krugman, the uneducated American

Recopilación de opiniones liberales sobre los Nobel de Economía, Ostrom y Williamson, por Albert Esplugas


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12/10/2009

The Fed’s Dilemma by Philipp Bagus

Brothers in Marx, Down with capitalists, nations, bosses, families, etc. About Michael Hardt and Antonio Negri: because old idiots never die.

La maldición de los recursos naturales de Moisés Naím

Prefer Law To Values by Robin Hanson

La constitución como contrato y los grados de consentimiento


Nuevas sandeces de Antonio Ruiz de Elvira

12/10/2009

Aquí

Me dice un amigo que solo debería hablar de lo que sé, y me encuentro totalmente perdido. ¿De qué sé? Sé un poquito de física. Conozco algo del problema del clima. Pero lo que realmente sé es que no sé nada, y siguiendo a Sócrates quizá al saber eso ya estoy en el camino de la sabiduría.

Es verdad que Ruiz de Elvira está totalmente perdido y que no sabe nada, pero le da igual. Un amigo le sugiere que no sea tan bocazas hablando de lo que no sabe y él sigue sermoneando sin parar.

El problema es que los expertos no suelen servir de nada. ¿Ejemplo? Revisen los lectores las páginas de El Mundo de los años 2006, 2007, 2008. Ningún “experto” fue capaz de predecir la crisis, ni de señalar caminos alternativos. Y, antes del mayor desarrollo de la ciencia y la tecnología, en 1900, los expertos en física, los catedráticos de Berlín, dijeron a Max Planck que buscase otra profesión: La física se había acabado. ¡Expertos!

Parece que cree que conoce a todos los expertos en economía. O quizás insinúa que los expertos de El Mundo son muy malos…

Pues bien, un no experto, yo mismo, sugiero ahora la solución al problema económico y al problema de clima.

No tiene ni idea de economía pero va a opinar con su contundencia y estulticia habitual.

Pero existe alternativa: Se llama lanzar la tercera revolución energética. La segunda, la única que conocemos bien, la del carbón, tuvo sus tremendos detractores, esencialmente los terratenientes atrincherados que veían con horror la posibilidad de que otros ganasen como ellos, de que otros, los “comerciantes” se convirtieran en señores. Pero la revolución triunfó, (sin guerras, muertes, sin REVOLUCIÓN) y la disponibilidad de energía, que es lo mismo que riqueza, nos trajo el bienestar, trabajo para casi todos, y desarrollo personal.

¿Qué tendrán que ver los comerciantes con el carbón? ¿Desde cuándo energía es lo mismo que riqueza?

Podemos lanzar en cualquier momento la tercera revolución energética. Basta con cerrar los oídos a los que se agarran a sus privilegios.

O sea que los sordos lo tienen más fácil para la tercera revolución energética. Yo haría un esfuerzo y dejaría de escuchar a Antonio Ruiz de Elvira a ver si así también ayudo al progreso: porque él tal vez sea un funcionario agarrado a sus privilegios…

Sobre la incapacidad de aprender, algo que él domina a la perfección

Podemos invertir, en vez de subvencionar. Podemos plantar mil millones de árboles. Podemos montar centrales eléctricas solares. Podemos llenar las fachadas de las casas de celdas solares. Eso es pagar por dar trabajo, no pagar a cambio de nada. Acabo de comprar un Prius de Toyota, híbrido. ¿Por qué? Porque he comprobado que gasta la mitad de gasolina que cualquier otro. He pagado a cambio de un beneficio real. Recuperaré lo pagado en 4 años. Pagaré yo la deuda. No otro. Y emitiré el mínimo posible.

Podemos parar el cambio climático y al tiempo crear empleo. Para ello hay que fajarse y ponerse a trabajar.

Parece que no entiende que subvención e inversión no son contradictorios: muchas subvenciones son fondos dedicados a la inversión. El problema es que las inversiones sean inteligentes, que produzcan beneficios. Él está seguro de que sus inversiones recomendadas son acertadas, y ahí está su error: es imposible asegurar con certeza que una inversión es correcta, y por eso la empresarialidad es difícil e imprescindible.

Al menos se agradece que quiera pagar él su deuda y no pasársela a otros. Lástima que las subvenciones a su energía favorita, la solar, no las paga él, y suponen un coste que sí se carga sobre los contribuyentes sin su consentimiento.

Crear empleo es trivial. Lo difícil es que crear empleos en proyectos empresariales financieramente sostenibles, es decir que den beneficios. Y los empleos que se quieren crear para presuntamente parar el cambio climático no son sostenibles y encima implican mayores destrucciones de empleo (o no creación de más puestos de trabajo) en otros sectores de la economía.

Así trata a los presuntos “Expertos”:

El report de Bjorn Lomborg del ‘Copenhagen Consensus’ sobre gastos en Cambio Climático no puede ser más ignorante. Lo firman 3 premios Nobel y 2 profesores de universidades americanas. Es decir “expertos”, es decir, gente a la que hay que creer.

Siempre se puede ser más ignorante. Ruiz de Elvira se supera en esa tarea cada día sin desfallecer nunca. ¿Quién le obliga a creer a nadie?

Ahora, las ideas vertidas en el mencionado report, no se sostienen. La idea básica es que frenar el cambio climático “cuesta” mucho. En El Mundo tendremos, en noviembre, un seminario en el cual la cuestión del “coste” quedará completamente clara.

De la misma manera que el Informe Calzada de hace unos meses, este informe Lomborg se basa en el concepto antiguo y superado del “coste de oportunidad”, la idea de que si uno gasta en una cosa no puede gastar en otra. Parece que estos dos economistas no son capaces de aprender más que lo que leyeron cuando eran estudiantes.

La realidad es que gastamos en toda clase de cosas simultáneamente.

Todo esto por alguien que no entiende ni de lejos el concepto de coste y quiere dar un seminario al respecto. Yo puedo gastar en una cosa y en otra si tengo recursos para ambas: pero si no es así, tendré que elegir y gastar en una cosa o en la otra. Y los recursos siempre son escasos en relación con los deseos. Gracias a la economía de mercado libre somos bastante ricos y podemos gastar en muchas cosas simultáneamente: qué gran descubrimiento.

El problema del gasto, que no del costo, es para qué se emplea ese gasto. Podemos emplear los dineros que tenemos en hacer más dinero: Inversiones productivas. O podemos emplear esos dineros en consumo suntuario. Un ejemplo lo puede dejar claro. Si yo gasto dinero en un molino de viento, la energía que me da no la tengo que pagar a ninguna compañía eléctrica. Estoy produciendo dinero a partir de un gasto.

Si el mismo dinero que he gastado en comprar o fabricar un molino de viento lo empleo en una serie de comilonas o en un crucero, cuando acabo tendré satisfacción, pero no más dinero. De la misma manera, si gasto el dinero que tengo en subvenciones miserables, mantendré a personas con una vida miserable, pero no generaré puestos de trabajo, es decir, no generaré más dinero. Si doy dinero para el hambre en África, mantendré con una vida miserable a algunas personas, cuando lo que tendría que hacer es comprarles sus productos para generar trabajo, es decir, conseguir que mi gasto genere dinero.

Tanto el informe Calzada, como este de Lomborg, consideran, sin más, que el dinero empleado en frenar el cambio climático es gasto suntuario.

Está muy bien que se dé cuenta de que los recursos pueden consumirse (como seres vivos jamás podremos reducir esto a cero) o pueden utilizarse para producir más recursos (inversión). No todo consumo es suntuario, y ese calificativo lo usa para criticar el consumo que hacen otros y a él no le gusta.

También está muy bien que sustituya las limosnas a África por el comercio con ellos, aunque no lo expresa demasiado bien con eso de que el gasto genera dinero. Ya que quiere comerciar con África no queda claro por qué no quiere comerciar con una compañía eléctrica. Si cada uno se monta su propio molino de viento, ¿por qué no también cultivar la propia comida, construir nuestras propias casas, tejer nuestra propia ropa? No entiende las ganancias de eficiencia que se obtienen con la división del trabajo, la cual implica que siempre tendremos que pagar a otros (gasto).

Ruiz de Elvira no parece entender que no todas las inversiones (eso que él llama a su manera generadores de dinero) merecen la pena: algunas destruyen valor (los productos finales valen menos que lo que ha costado producirlos), generan pérdidas.

Ni Lomborg ni Calzada tratan el gasto en cambio climático como suntuario: simplemente observan que existen mejores alternativas para utilizar esos recursos.

La realidad es la contraria: Para frenar el cambio climático las medidas son no tirar el dinero al mar (aislar las casas, por ejemplo, construir un sistema de transporte eficiente basado en trenes, plantar árboles) y generar energía, es decir, producir dinero.

Ni se molesta en evaluar cuánto cuesta aislar una casa (¿debe hacerse de forma perfecta o qué fugas son aceptables) y da por hecho que el tren es eficiente, lo que no es cierto.

A Antonio Ruiz de Elvira Madrid le da asco, no puede resistirlo y tiene que compartirlo con todos.

…la atmósfera de Madrid es irrespirable, es una masa de aceite de moto y de gasóleo mal quemado que sale de los tubos de escape, y de monóxido de carbono de la combustión de la gasolina.

Para ser irrespirable resulta curioso comprobar cuántos millones de personas la respiran…

Me gustaría, ya que no puedo ir al trabajo en bicicleta en Madrid, al menos poder nadar un kilómetro todos los días, en invierno. ¿Dónde lo puedo hacer? Madrid solo tiene una piscina olímpica cubierta para 5 millones de personas. ¿Cómo poder conseguir una calle para nadar?

Pobrecito que no tiene una calle en piscina de cincuenta metros para él solo… ¡Qué gran oportunidad empresarial que seguramente no va a aprovechar!

Espero que el Comité Olímpico reconozca la realidad de Madrid: Aire contaminado, falta de posibilidad para el deporte, coches que rechazan con ira a los ciclistas, ruido insoportable en las calles, diversión para la cual es preciso hacer oposiciones, museos para entrar en los cuales es preciso hacer cola, música para escuchar la cual es preciso abonarse a la orquesta.

¿Música para escuchar la cual? ¿Mande? Todo lo de las colas y demás lloros, básicamente por una noche anómala, la Noche en blanco, que toma como representativa. Qué gran científico observador de la realidad social.


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11/10/2009

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Lidia Falcón quiere la abolición de la prostitución

10/10/2009

Lidia Falcón, feminista liberticida, se pregunta “Qué hacer con la prostitución”. Al parecer su abuela “luchó por organizar a los trabajadores en defensa de sus intereses y contra las explotaciones del capital a través del cooperativismo y el sindicalismo”. Los trabajadores tienen intereses y cooperan; el capital (tal vez no los capitalistas) explota. Idioteces marxistas en estado puro.

La abuela también luchó por “la abolición de la prostitución”, “esa infame actividad”, “esa infame esclavitud”. No queda claro si se refiere a que todos los esclavos se prostituyen (y quizás alguna persona libre también lo hace) o a que todas las personas que se dedican a la prostitución son esclavos (pero quizás hay esclavos que no lo hacen). Lo de infame seguro que no representa una valoración personal subjetiva: nadie debería valorar la prostitución de otra manera diferente según ella.

Falcón cree que parte de la visión de los defensores de la prostitución como una actividad libre es que:

Según esta visión del problema, mientras los hombres sigan necesitando mujeres para liberar a todas horas sus irreprimibles instintos sexuales, será bueno que haya prostitutas. Y como los vecinos de los barrios afectados están hartos de que los clientes se sirvan de aquellas en plena calle, habrá que estabularlas en burdeles y prostíbulos, fuera de la visión de niños y gentes de orden.

Instintos sexuales irreprimibles a todas horas: qué desenfreno erótico y cuánta resistencia para la actividad sexual; realismo pornográfico puro. Lo de pretender que no se abuse de las calles como espacios comunes para el tránsito no parece equivalente a querer “estabular” a nadie en “burdeles y prostíbulos” (cuya diferencia por cierto desconozco). Los trabajadores que realizan sus tareas en fábricas, o en despachos, no suelen denominarse “estabulados”. Quizás Falcón no sea una pensadora ecuánime; tal vez ni siquiera sea especialmente inteligente y ducha con el lenguaje.

Damos por supuesto que las africanas, las latinoamericanas, las europeas del Este, se pasean por nuestras calles y se ofrecen en los clubs libremente porque eligieron esta opción, contentas de tener un puesto de trabajo. Y también, mientras tanto, aceptamos que hay unas mujeres que sirven para eso –que, por supuesto, no somos ni nosotras ni nuestras madres ni nuestras hijas–, porque los hombres necesitan carne femenina para sus desahogos sexuales y nadie debe inmiscuirse en las transacciones consentidas entre las personas en un país de libre comercio.

O sea que ella (y algunos más no identificados) dan todo eso por supuesto: qué poca capacidad para la observación; obviamente hay trata de mujeres por las mafias para la prostitución. Olvida que quizás no todos los hombres “necesitan carne femenina para sus desahogos sexuales”; algunos quizás recurran a carne masculina, y otros tal vez no utilizan los servicios de las meretrices. También olvida mencionar que quizás hay mujeres que no son trabajadoras sino clientas de la prostitución: qué curiosa omisión.

Pero es verdad que “nadie debe inmiscuirse en las transacciones consentidas entre las personas en un país de libre comercio”: se llama libertad, un concepto que le es completamente ajeno. Y desgraciadamente algo poco común en el mundo actual profundamente intervencionista.

Como, de momento, la prostitución no se va a abolir, sin que por lo menos yo entienda por qué, mientras tanto, podemos habilitar enormes edificios donde encerrar a las prostitutas para que su presencia no sea visible, hacerles pasar controles sanitarios semanales, cobrarles impuestos y cuotas de la Seguridad Social y dejarlas inermes a la disposición de proxenetas, chulos y clientes, allí donde nadie sabrá qué les sucede. Buena solución para la mala imagen de la ciudad, que ya el Ayuntamiento de Barcelona está habilitando, y que colmará los mejores deseos de las mafias de la prostitución.

No sorprende gran cosa que ella no entienda por qué. Sus entendederas son así y no dan para mucho más. Lo de encerrar a las prostitutas ¿es para no dejarlas salir nunca? ¿O a qué se refiere con eso de encerrarlas? ¿Pasar controles sanitarios es malo? Cobrar impuestos sí, eso es feísimo. ¿Todas las prostitutas están “inermes a la disposición de proxenetas, chulos y clientes”? ¿Es que todos son violentos? ¿No hay ninguna prostituta que gane dinero para sí misma sin coacción ajena? ¿O es que estas últimas sólo pueden ser las que ejercen en la calle y no están encerradas, con controles sanitarios y todo lo demás? Lo de que nadie sabrá qué les sucede suena muy dramático pero poco realista: ¿no hemos quedado que van a tener controles sanitarios, que van a pagar impuestos y demás peajes estatales?

Y ya que, según el Gobierno, es imposible aprobar la abolición que el feminismo exige en España desde hace 150 años (en tal reclamación llevamos mucha anticipación a Suecia –aunque nuestro esfuerzo haya obtenido menos resultado–, cuando desde Concepción Arenal hasta mi abuela esa era la única opción posible para los defensores de la libertad de todos los seres humanos), es mejor que, mientras tanto, las mujeres prostituidas entren en el censo de los trabajadores y quizá hasta se creen cursillos de formación profesional como para otros oficios.

Lidia Falcón habla en nombre del feminismo. No hay otro feminismo posible, al menos en España. Las feministas liberales (o liberales feministas) no existen. Y es que hay gente que lleva muchos años, quizás toda su vida, reclamando: quizás no saben hacer otra cosa; tal vez les cuesta mucho pedir por favor, u ofrecer alguna idea sensata.