Presentación

La ignorancia y la violencia son las causas fundamentales de casi todos los problemas y conflictos que impiden el progreso de los seres humanos; están en la raíz de todos los males y sufrimientos, causándolos o agravándolos: pobreza, hambre, guerras, enfermedades, criminalidad, terrorismo, desempleo, contaminación ambiental.

La ignorancia y la violencia están estrechamente relacionadas y se refuerzan mutuamente. La ignorancia facilita la aceptación de formas sutiles e indirectas de violencia; la violencia destruye, causa pobreza y dificulta el desarrollo intelectual.

La ignorancia y la violencia de las personas se manifiestan en los principios de funcionamiento de los sistemas sociales coactivos imperantes, repletos de falsedades, arbitrariedades, contradicciones y errores generalmente aceptados. Los violentos improductivos esclavizan y parasitan a los pacíficos y productivos. Los manipuladores astutos y sin escrúpulos, expertos en la persuasión demagógica, se aprovechan de la ignorancia ajena para justificar la depredación sistemática.

La persona ignorante no tiene conocimiento correcto de la realidad, no entiende lo que sucede ni por qué sucede, no sabe qué hacer para conseguir sus objetivos y solucionar sus problemas, actúa inconscientemente en contra de sus propios intereses, insiste tercamente en el error, se equivoca y no aprende, no es capaz de utilizar su inteligencia para alcanzar la verdad, acepta crédulamente lo que le dicen, no piensa ni reflexiona, no observa, no experimenta, no razona, carece de capacidad para el análisis crítico, es fácilmente engañado.

Nadie es completamente ignorante y todo conocimiento humano es limitado. El sabio sabe lo que sabe y lo que ignora y puede explicarlo y fundamentarlo. El ignorante confunde opinión y conocimiento, cree saber pero solamente cree.

A menudo las personas confían ingenuamente en las declaraciones de presuntos expertos, y olvidan que un individuo puede ser muy hábil en algunos ámbitos e incapaz en otros. El engaño y la mentira son parte de la condición humana; hay personas con mucha habilidad para el engaño, y muchos incautos incapaces de percibir cuándo son estafados. Muchas personas no están preparadas para conocer y aceptar la verdad, y se sienten emocionalmente atacados cuando se les muestran sus errores.

La violencia es toda agresión contra la libertad, contra la propiedad privada éticamente legítima. No es solamente el ataque físico directo e intenso contra la persona y sus posesiones materiales, sino también el robo, el fraude y la coacción. La violencia puede ser asistemática y a pequeña escala (criminales individuales o en pequeños grupos) o sistemática y a gran escala (grupos criminales organizados dominantes), la cual toma múltiples formas equivalentes: socialismo, comunismo, colectivismo, estatismo, totalitarismo, fascismo, autoritarismo.

El socialismo es la coacción sistemática contra la acción humana y la función empresarial; es un grave peligro para la humanidad, un nocivo y dañino error intelectual, y un ideario éticamente inadmisible contrario a la naturaleza humana.

El estado es la institucionalización de la violencia, normalmente ejercida de forma sutil e indirecta mediante la actividad política: confiscación impositiva, intervencionismo social y económico, adulteración de la ley y la justicia en nombre de la democracia mayoritaria y el falso bien común.

La superstición religiosa es una causa fundamental del mantenimiento y la propagación de la ignorancia. Los núcleos de las principales religiones son dogmas o sistemas doctrinales irracionales basados en la creencia en entidades sobrenaturales imaginarias, irreales, inexistentes, que supuestamente controlan la naturaleza e influyen sobre los seres humanos. Las burocracias religiosas tienen tendencias monopolísticas: a menudo fomentan el autoritarismo, el paternalismo y la obediencia ciega, y son contrarias a la racionalidad, a la crítica, a la autonomía, a la independencia, a la tolerancia y a la libertad. Las variantes integristas son frecuentemente violentas. Las religiones pueden contener conocimientos humanos útiles para una vida feliz y armoniosa, pero su corrección no tiene nada que ver con las entidades trascendentes de sus credos.

La educación pública es principalmente adoctrinamiento estatal obligatorio y produce súbditos pasivos, ciudadanos incapaces de pensar por sí mismos y propensos a aceptar las ideologías políticas dominantes. Los medios de comunicación y entretenimiento, controlados o regulados por el gobierno, contribuyen a la difusión de las falacias comúnmente admitidas. Las ideas erróneas están socialmente muy extendidas y son muy poderosas: la opinión pública es mayoritariamente ignorante, no entiende la auténtica libertad y se opone a ella. Muchas personas bien intencionadas dedican grandes esfuerzos a proponer soluciones equivocadas que agravan los problemas sociales.

La solución a los problemas humanos es inteligencia y libertad, conceptos fuertemente relacionados (opuestos a ignorancia y violencia) que se apoyan y exigen mutuamente. La inteligencia es la facultad mental de adquirir y utilizar conocimiento. La libertad es el respeto por el concepto ético de la propiedad privada. La inteligencia y la libertad contribuyen a la supervivencia, al desarrollo y a la prosperidad de los seres humanos.

Las personas inteligentes, cuyas capacidades cognitivas están bien desarrolladas, pueden pensar de forma crítica, rigurosa y creativa, y entienden y valoran la libertad. Los pensadores capaces y honestos defienden la libertad. La libertad fomenta el desarrollo de la inteligencia, el aprendizaje y la capacidad de pensar. La oposición a la libertad puede deberse a la ignorancia, a la deshonestidad intelectual, o a la personalidad violenta y autoritaria.

La inteligencia y la libertad, la ciencia y la ética, el conocimiento y la justicia, permiten la convivencia pacífica, próspera y armoniosa de los seres humanos. Las personas necesitan ser libres, responsables y tolerantes, para construir sus vidas y desarrollarse de forma equilibrada.

El orden social espontáneo, autogobernado, dinámico y creativo que surge de la coordinación descentralizada de los esfuerzos individuales voluntarios es muy superior al orden impuesto y centralizado de la dirección política autoritaria y colectivista. La sociedad libre tiene un sistema socioeconómico abierto y competitivo, basado en el derecho individual de propiedad privada y los intercambios contractuales. El progreso es el resultado natural de la acción humana creativa y de la función empresarial coordinadora. La sociedad libre funciona para beneficio de todos sus miembros y es tan perfecta como es posible, dada la naturaleza del ser humano y su entorno.

El conocimiento científico y los avances tecnológicos pueden promover el desarrollo humano. La auténtica ciencia es lógica, coherente, clara y consciente de sus limitaciones. El científico honesto intenta conocer y comprender la realidad y eliminar los errores transmitidos por la aceptación irreflexiva de las tradiciones heredadas.

Algunas ideologías totalitarias se han autocalificado de científicas cuando en realidad eran profundamente anticientíficas; esto no es una crítica a la ciencia sino a quienes abusan de ella. Las ciencias naturales han alcanzado éxitos importantes, pero muchos aspectos de las ciencias humanas están distorsionados por los intereses de quienes se benefician de los órdenes sociales imperantes. Gran parte de los contenidos generalmente aceptados de ciencias esenciales como la economía y la ética necesitan ser profundamente revisados.

El objetivo principal de este proyecto es promover la inteligencia y la libertad en todos los ámbitos y en todas sus formas. La lucha intelectual contra la ignorancia y la violencia contribuye a la construcción de un mundo próspero y pacífico.

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