Esperanza Aguirre y las garantías hipotecarias

29/05/2009

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, “insta al Gobierno a que cambie las leyes que sean necesarias”. Aguirre sugiere que la garantía de pago hipotecario se limite al piso, de modo que al perder su casa por no pagar la hipoteca al menos se cancele totalmente su deuda hipotecaria: el deudor entregaría al banco la vivienda y daría por cancelada la deuda pendiente de cobro. Según la actual legislación española, cuando se produce el impago de la hipoteca, si el valor del inmueble ejecutado no cubre completamente la deuda pendiente, el titular debe responder con el resto de su patrimonio presente y futuro.

La información de Raquel Díaz Guijarro contiene un error: “en el crédito hipotecario de Estados Unidos y del resto de países anglosajones el deudor responde sólo con la garantía hipotecaria”. La legislación hipotecaria no es completamente uniforme en Estados Unidos, y en algunos estados existen las garantías personales.

Si la ley se aplicara a los préstamos hipotecarios en vigor sería una agresión a lo libremente pactado por las partes en el pasado, beneficiando a una (el embargado) a costa de la otra (el banco). La noticia recoge con acierto que “cuanto menores sean las garantías de cobro, los créditos serán más caros”, y “que cualquier modificación retroactiva en los contratos existentes produciría unos efectos negativos mayores que el beneficio perseguido”. “Si la modificación se planteara sólo para las hipotecas futuras, a la luz de lo ocurrido con los préstamos subprime, los analistas vaticinan porcentajes de financiación mucho más bajos y plazos más cortos”.

El gobernante se cree muy sabio al proponer sus presuntas soluciones para los problemas sociales, y no suele aceptar que éstas pueden surgir de forma espontánea de la propia sociedad. Abundan las leyes que limitan la libertad de las partes al contratar, con la excusa general de proteger al más débil. Se impone coactivamente una normativa uniforme a todos y se impide que los contratantes adapten los pactos a sus circunstancias particulares. Los políticos discuten cuál debe ser el contenido de la ley, pero cada uno aspira a imponer su versión sobre todos los ciudadanos (qué duración debe tener un alquiler, cómo funcionan las garantías de una hipoteca…). No aceptan que las normas se generen sin su participación, que surjan libre y evolutivamente desde abajo, por los agentes económicos de forma voluntaria en sus múltiples transacciones, experimentando y copiando las variantes más exitosas.

El liberalismo no es sólo respeto al derecho de propiedad: también es libertad para contratar. No se trata solamente de respetar la ley, que puede ser liberticida, sino de que las leyes defiendan la libertad. No se trata de que la ley sea la misma para todos hasta sus últimos detalles: basta con que la ley prohíba la agresión contra la propiedad y garantice el cumplimiento de los contratos. El contenido concreto de estos contratos es asunto de las partes contratantes.

La ciencia ética puede estudiar qué normas son universalizables, pero esto no significa que todas las normas legítimas deban ser universales. Los contratos permiten particularizar las normas, y las partes no contratantes no tienen derecho a inmiscuirse y exigir que todas las normas sean iguales para todos. Quien quiera puede copiar a otros y contribuir a la uniformidad de la normativa, pero no se puede exigir a quienes quieren pactar de formas alternativas que lo hagan como todo el mundo.


Antonio Ruiz de Elvira y las victorias deportivas

28/05/2009

Sermón de Antonio Ruiz de Elvira a los pecadores:

El Barça ha ganado 3 campeonatos. ¿Y? A usted, si lee esto, o a mí, ¿qué nos aporta? ¿Somos más ricos? ¿Tenemos más calidad de vida? Que gane el Barça, Nadal o Alonso, es una cuestión suya, exclusivamente, que les genera satisfacción y un montón de dinero, dinero que les pagamos nosotros. Pero son victorias exclusivamente suyas y que acaban en ellos. Son pantallas que nos hacen olvidar que somos nosotros los que queremos triunfar, ser ricos, vivir mejor.

Tal vez no entiende la felicidad de sentirse parte de un grupo y copartícipe de la victoria: quizás tenga ciertos problemas de socialización y su percepción de la calidad de vida sea un tanto subjetiva.

Necesitamos no dejarnos llevar por aquellos que lo único que quieren es, como el Barça, Alonso y Nadal, su propio triunfo. Vivir mejor es dejar de respirar el humo asqueroso de los escapes de coches y camiones. Pero los que los fabrican y los venden, que podrían fabricar y vender coches eléctricos, solo nos ofrecen máquinas malolientes que tras un gasto disparatado durante ocho años, van directamente al vertedero. ¿Calidad de vida nuestra o su propio negocio?

Qué malos son los que sólo quieren su propio triunfo; así que nos recomienda que nos dediquemos nosotros cada uno a su propio triunfo.

Esas máquinas “malolientes” resulta que transportan a sus ocupantes de un sitio a otro: quizás no las compramos sólo por su olor, y somos conscientes de que no son eternas y que consumen recursos; preferiríamos que consumieran menos, pero no nos parece el gasto tan disparatado como a él.

En un mercado libre, el negocio de unos es la calidad de vida de otros. Si fabricar coches eléctricos es tan fácil: ¿cómo es que Ruiz de Elvira no lo hace? La humanidad entera le estará agradecida: excepto si los vende tan caros que no resultan competitivos. El precio y los costes, esas minucias sin importancia.

Los que quieren vernos rodeados de residuos radiactivos no se preocupan de nuestra calidad de vida. Los que quieren montar refinerías en medio de Extremadura, ¿lo quieren hacer por nuestra calidad de vida o como Alonso, por ejemplo, por su propio dinero?

¿Hay gente que quiere vernos rodeados de residuos radiactivos? Pues qué mal lo hacen, solamente hay residuos radiactivos en unos pocos sitios bien controlados.

¿Antonio Ruiz de Elvira trabaja por su propio dinero? No, él vive para los demás.


Antonio Estella, la socialdemocracia y Europa

28/05/2009

Antonio Estella, profesor de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid, quiere contarnos la bonita historia de la maravillosa contribución socialdemócrata a la unificación europea: pura ficción literaria.

Los países europeos pasaron de ser Estados liberales a convertirse en Estados del bienestar, gracias fundamentalmente al impacto que en muchos lugares tuvo la revolución socialdemócrata. Se pasó de un mundo en el que el ciudadano estaba básicamente dejado a su suerte a una situación en la que empezó a contar con un aliado para desarrollar sus proyectos y sentirse seguro: el Estado.

El escribir “gracias a” en lugar de “debido a” quizás refleja algo de parcialidad, sobre todo cuando resultaría más correcto “por culpa de”. Los pobrecitos ciudadanos estaban solos y abandonados, deseosos de un papá o una mamá o al menos un hermano mayor que los protegiera. Y entonces llegó el Estado, aunque es una lástima que Estella no explique cómo proporciona seguridad y cómo ayuda a unos a desarrollar sus proyectos: a costa de otros ciudadanos. Además el Estado resulta ser un aliado muy peculiar, de esos con los cuales ya no te hacen falta enemigos: si intentas explicarle que no te interesa relacionarte con él no sólo no te hace caso sino que probablemente te trata violentamente.

Y de nuevo emerge nuestro relato de reencuentro, de reconciliación, porque en el horizonte aparecen dos grandes objetivos. Uno, de cara al exterior, que es dar nuevos pasos hacia la reunificación de Europa, incorporando a más países a este gran proyecto, y consolidando a los que ya están embarcados con nosotros. Y otro, de cara al interior, que es hacer evolucionar la idea de ciudadanía europea hacia una nueva dimensión social y del bienestar.

Estella pretende que Europa en realidad se está reunificando, como si antes ya hubiera estado unificada, pero no se refiere al Sacro Imperio Romano Germánico: confunde la relativa libertad del siglo XIX, debida en buena medida a la disgregación política, con una unidad europea que jamás existió. Y como buen colectivista, sólo aspira a más colectivización: dirigir la evolución y que ningún país quede fuera del socialismo. Todo en nombre del bienestar, sobre todo del suyo propio, ya que como profesor de Derecho Administrativo nos enseñará a administrar el derecho desde el monopolio del Estado, nuestro aliado.


Las predicciones de Santiago Niño Becerra

27/05/2009

Según Santiago Niño Becerra, economista:

Tras la gran depresión, se puso en marcha un nuevo modo de funcionamiento que hizo que las cosas fueran a más; pero se cometió un grave error al suponer que la cantidad de recursos (petróleo, minerales…) era inagotable.

Este es un comentario que se repite mucho pero nunca se ofrece una cita de algún economista (o cualquier otro pensador) que pensara o dijera algo así. De hecho la economía se basa en la escasez de los recursos, que parece lo contrario de que sean inagotables; los precios indican la escasez relativa; y si quiere tenerse cuenta la evolución futura del uso de los recursos puede recurrirse a los mercados de futuros. Los recursos inagotables no son bienes económicos sino bienes libres.

P: Y comenzó el gran desperdicio…

R: Sí, y ahora hemos llegado a una situación en que ese modo de funcionamiento se ha agotado, ya no podemos ir a más. La recuperación de la crisis estará basada en la productividad y en la eficiencia, lo que significa que sobra y sobrará sin remedio mano de obra.

Cualquier agente económico en un mercado libre intenta ser productivo y eficiente, conseguir más con menos: no va a ser algo nuevo. Aquellos que creen que algún recurso se está desperdiciando pueden pujar por él, competir en ese mercado y darle mejores usos: pero no suelen hacerlo, lo cual probablemente indica que se trata simplemente de una crítica intolerante respecto a cómo otros usan su riqueza. Además la eficiencia tiene límites económicos: cuanto más capital y tecnología se tenga más eficiente se puede ser, pero la inversión compite con el consumo presente.

Si la estructura de capital y las preferencias de los consumidores cambian, es posible que sobre mano de obra en algunos sectores: pero los empresarios pueden descubrir nuevos proyectos que la aprovechen; los deseos humanos nunca están plenamente satisfechos. Nunca sobra mano de obra en general en una economía libre.

P: Ese decrecimiento ¿será para todos o sólo a partir de la clase media para abajo?

R: Para todos. El realmente rico será el que cree valor, el que tenga una altísima productividad. Si ahora la sociedad está escindida entre ricos y pobres, a partir del 2010 lo estará entre los que generan valor y los que no.

En una economía libre los ricos y los que generan valor son básicamente lo mismo, ayer, hoy y mañana. No es nada nuevo.

P: Los que generan valor son comprables.

R: Creo que las altísimas remuneraciones de ciertos directivos van a desaparecer. Un dólar colocado en subprime en el 2003 se convertía en 80 en el 2007, y eso no es valor.

Si él estaba seguro de que eso no era valor, debería haber apostado a la baja contra las subprime y hacerse millonario.

P: ¿Las grandes corporaciones internacionales serán los reyes del mambo?

R: Sí, van a más.

P: Esto es muy peligroso.

R: En tanto en cuanto la política va a menos, sí.

No explica por qué son peligrosas las corporaciones internacionales, y parece que la política es inocente y carece de peligro.

P: Las compañías que controlan productos básicos como gas, agua, electricidad, teléfono ¿seguirán abusando?

R: Si nos estrujan, consumiremos menos. La renta media va a bajar. El problema es el despilfarro: en Badalona hay un punto en el que se pierde el 50% del agua, y hay zonas de Nueva York en las que se pierde el 40%. Vamos a tener que ser eficientes.

Parece no entender que quizás cueste más corregir esas pérdidas que simplemente asumirlas. Si se trata de un mercado libre, es posible pujar por el control de las empresas e intentar hacerlas más eficientes, pero no hay garantías de éxito. ¿Dónde suele haber clamorosas ineficiencias? En los sectores públicos, donde no hay clientes ni pruebas de beneficios o pérdidas.

P: ¿Cómo cambiar el modelo productivo?

R: Sin una cantidad impresionante de capital y un cambio de mentalidad brutal – que no se consigue ni en dos generaciones-,es imposible. Con el 2010 vamos a entrar en un parón de la actividad económica. No creo que quiebre ningún banco, porque el Estado los sostendrá, pero la gente no podrá sacar su dinero libremente porque si se vacían los bancos el Estado no podrá sostenerlos.

P: ¿Y los servicios básicos?

R: Posiblemente, sostenidos por el Estado.

P: ¿Regulación de consumo?

R: Sí, de materiales estratégicos, tanto a través del aumento de sus precios como de la restricción o denegación de su consumo. Cada persona podrá consumir un número determinado de litros de combustible al mes.

P: ¿Se acabarán determinados productos en los supermercados?

R: No, porque un sector que irá a más será la logística. Los camioneros tendrán que estudiar sus rutas y se les facilitará combustible para cubrirlas, pero para salir el fin de semana no habrá. Es decir, la cultura del todo es posible a base de crédito se acabó, y eso tiene un impacto en el modo de vida.

Al menos entiende la importancia del capital y de la mentalidad humana. Pero si está tan seguro de sus predicciones catastrofistas debe estar apostando en los mercados de futuros. ¿Lo está haciendo o es simplemente charlatanería para llamar la atención?

Respecto a la nacionalización de los servicios básicos, no está claro si está prediciendo o recomendando. Parece no entender cómo los precios resuelven los problemas de escasez (precios más altos incrementan oferta y reducen demanda).

Mezcla el crédito, que ha sido en su exceso y distorsión la causa esencial de esta crisis, pero lo mezcla de forma confusa con la escasez y la eficiencia.

Viviremos de acuerdo con las necesidades y no con los deseos. Impensable la renovación de vestuario cada temporada y ya está bajando el porcentaje de divorcios, todas esas cosas que antes generaban PIB.

Debería explicar qué diferencia esencial hay entre necesidades y deseos, si es que vamos a vivir a pan y agua, sectores en los cuales entonces convendría ir posicionándose. Y adiós al textil, claro.

P: ¿Guerras por los recursos?

R: Se irá a un reparto mundial de los recursos.

¿Mande? ¿Colectivismo a escala mundial? ¿No entiende que los recursos suelen controlarse localmente?

P: ¿Qué nos espera tras el capitalismo?

R: Estamos hablando del 2070. Hasta ahora, lo esencial ha sido el individuo. Vamos hacia un sistema grupal, consciente de que el todo es mayor que la suma de las partes, colaboraciones, asociaciones.

Algunos individuos no nos hemos enterado de lo esenciales que éramos en este sistema estatista. Al parecer vuelve el colectivismo: si fuera cierto, las peores predicciones serían acertadas.


Antonio Ruiz de Elvira, la economía y la libertad

24/05/2009

Es curioso observar a un necio en economía pretender dar lecciones sobre el tema:

El presidente Obama por fin ha comprendido algo de la realidad económica.

La resistencia numantina de Bush a aceptar medidas de eficiencia energética ha acabado como Numancia: En el desastre absoluto de la industria de Detroit.

Ruiz de Elvira parece creer que los coches hasta ahora no eran más eficientes respecto al consumo de combustible por un capricho de alguien, y que se puede conseguir de forma mágica mediante un mandato legislativo. Como todos los que insisten en fijarse sólo en ese aspecto de un vehículo, se permite ignorar otros como la seguridad, la comodidad y el precio: tal vez a él no le importan.

Además falta a la verdad respecto a Bush: no incrementó las exigencias legales respecto a la eficiencia energética, pero tampoco las eliminó. El desastre absoluto de la industria de Detroit se debe a que estaba capturada por el sindicato de los trabajadores del automóvil (UAW) que la hacían muy poco productiva.

Las centrales de carbón deben desaparecer, lo mismo que las centrales nucleares. Lo dice ya hasta el dinosaurio (una ideología de mediados del siglo XIX) que es el PSOE.

A sus órdenes, señor Ruiz de Elvira: ¿para cuándo las quiere desaparecidas? ¿Ha tenido en cuenta que la energía que producen desaparecería con ellas? ¿Que la sustituiríamos por la producida con molinos de viento y placas solares? Siga soñando, y cuando despierte dentro de unos años quizás sean ya económicamente competitivas.

Es de agradecer que este gran intelectual se dé cuenta de que el socialismo es una ideología anticuada (aunque pretender que está extinta es algo prematuro). Pero parece que no entiende lo esencial, por qué es errónea: porque es imposible planificar una economía compleja de forma centralizada. Ruiz de Elvira no lo sabe pero él comete el mismo grave error al insistir en imponer mediante mandatos coactivos cómo debe ser el mercado de producción y distribución de energía.

Las empresas pueden invertir en nuevas tecnologías sin más que dejar de pagar primas a sus ejecutivos.

Ruiz de Elvira, empresario y directivo en tantos proyectos empresariales, nos aconseja olvidar las primas a los ejecutivos. Tal vez entonces no tengamos a los mejores o no estén motivados por los resultados, pero seguro que eso no importa. Y los mercados de capitales no deben de ser necesarios para captar recursos, porque con lo que vamos a ahorrar en salarios tendremos suficiente para el desarrollo de nuevas tecnologías. Palabra de Ruiz de Elvira, que conoce a tantos ejecutivos “más preocupados por el avión privado y el yate en Mallorca que en crear riqueza”.

Los signos externos de riqueza son una reliquia del dominio de los genes. Los genes utilizan los cuerpos que ellos mismos crean para garantizar su propagación. Su evolución se basa en utilizar todos los recursos para sobrevivir. Uno de estos es que los cuerpos, sus vehículos, lleven, por ejemplo, plumas de pavo real. El ser humano, un producto genético, puede, sin embargo, pasar por encima de las órdenes genéticas. La exhibición genética de riqueza, que no sirve a nuestra parte humana, puede ser superada por la razón. No necesitamos lanzar señales. Hoy día podemos comunicar directamente sin conducir Roll-Royces o Ferraris.

Es un dolor leer a este hombre por lo mal que escribe y argumenta, hay que corregirle algo en cada frase. El éxito evolutivo se basa en utilizar recursos de forma eficiente y adaptativa. No tenemos una parte no humana. La razón no es omnipotente. Necesitamos comunicar mediante señales. La señalización es un fenómeno esencial en evolución muy relacionado con la cooperación y la selección sexual (que no se molesta en mencionar). Los seres humanos no pueden simplemente ignorar las órdenes genéticas: pueden complementarlas con instrucciones procedentes de otros replicantes: los memes y la cultura. Ruiz de Elvira simplemente usa un discurso chapucero presuntamente científico para disfrazar su fobia a ciertas señales de riqueza de crítica científica. Es algo que practica a menudo en sus artículos: odia las carreras de coches, a los deportistas de élite muy ricos, las viviendas junto al mar, especialmente si tienen piscina…

La economía, la riqueza, el progreso, es utilizar hoy portátiles, memorias flash y WiFi. ¿Quién haría dinero hoy vendiendo ordenadores de 20 kg de peso, 1 mega de memoria y más lentos que los perezosos de la América tropical? De la misma manera no se puede crear riqueza manteniendo una economía basada en el ladrillo, la construcción naval de baja tecnología, o las minas y centrales de carbón. O basada, como quiere el dinosaurio PSOE de Extremadura, en las refinerías.

Ya saben, agentes económicos: Ruiz de Elvira les ha dicho lo que deben producir y lo que no. Háganle caso, que si no igual le da una rabieta.

Sobre la libertad:

La libertad jamás se compra. La libertad se tiene, la tiene cualquiera que rechace la esclavitud, sin necesidad de comprarla. La tiene, esencialmente, el que respeta a los demás.

Algunos esclavos compraban su libertad. No es libre el que rechaza la esclavitud, sino el que no está esclavizado. No es libre el que respeta a los demás, sino el que no es agredido por los demás. Hay gente que rechaza la esclavitud y sin embargo no son libres: los esclavos; y ya puestos, los súbditos del Estado.

La ciencia se diferencia de otras muchas formas de ver el mundo, de religiones y filosofías, simplemente en que lo que dice lo puede comprobar cualquiera. No por consenso. Simplemente mirando.

No es tan fácil. No todo el mundo tiene la capacidad intelectual como para comprobar las afirmaciones científicas, y muchas son ambiguas, discutibles, la evidencia empírica no es concluyente.

Para saber si hay o no cambio climático basta con subir al Pirineo, o acercarse al Ártico en cualquier momento del año. ¿Cómo están los glaciares? Si han disminuido notablemente es que hay cambio climático.

Un fenómeno local no es necesariamente señal de algo global. Además podría ser algo pasajero.

Empecé hace años pidiendo a los fumadores, en el tren que me llevaba a Alcalá, que apagasen los cigarrillos. ¿Es esto una “imposición” de modo de vida? Los que fuman, fuman ellos y hacen fumar a los demás. Pedir que apaguen los cigarrillos es eliminar la imposición de algo que no quiero respirar. De la misma manera, pedir que los coches dejen de emitir humo es exigir que me obliguen a respirar algo que no quiero tragar. Y exigir que me dejen seguir viviendo con glaciares y con lluvia.

Supongo que lo que quiere es que no le obliguen a respirar humo, no que le obliguen a respirar humo que es lo que realmente ha escrito. Pero él no pide que los coches no emitan humo, sino que no se emita dióxido de carbono, que no es tóxico y cuyos efectos sobre otras personas son muy indirectos y variados. Pretender que se tiene derecho a los glaciares y a la lluvia es algo problemático; la lluvia, de todos modos, no va a desaparecer con el cambio climático, más bien al revés.

El mundo es un conjunto de individuos, personas, plantas y animales. La libertad individual tiene muchísimos límites. El primero, la libertad de los demás. El segundo, el derecho del resto de seres vivos a seguir su vida. La libertad de una persona para hacer ruido acaba donde empieza la libertad de otra de no tener que oírlo. Una persona tiene libertad individual sólo, y exclusivamente sólo, mientras no perturbe la libertad de los demás.

¿Lo entendemos?

Obviamente él no lo entiende aunque por partes de su retórica parezca que sí. Es bastante problemático asignar derechos a todos los seres vivos a seguir con su vida: ¿qué vamos a comer? Uno es libre cuando su ámbito de decisión (su propiedad) no es perturbado por los demás. Los ladrones no dejan de estar libres cuando roban, sino cuando los meten en la cárcel. Tal vez lo que le cuesta decir bien es que no tenemos derecho a perturbar la libertad de los demás, y que si lo hacemos los poderes públicos nos quitarán la libertad.

¿Lo entiendes?


Joaquín Estefanía y el cambio climático

24/05/2009

Joaquín Estefanía nos recuerda una cita de la Agencia de Protección Medioambiental de EEUU, que “declaró que el dióxido de carbono, junto con otros cinco gases contaminantes, supone una seria amenaza contra la salud”:

En las actuales circunstancias, la conclusión de que los gases de efecto invernadero en la atmósfera suponen un peligro para la salud y el bienestar público es convincente y apabullante.

El dióxido de carbono, a diferencia de otros gases tóxicos, no es contaminante. Puede contribuir al incremento de la temperatura, pero esto no implica automáticamente amenazas o peligros para la salud. Muere más gente en invierno por el frío que en verano por el calor. No vivimos en todas partes en climas óptimos cuya alteración sólo pueda producir perjuicios.

Según Estefanía:

Estas tesis corrigen las doctrinas negacionistas de los neocons sobre el CC, que tuvieron su principal manifestación en el hecho de que Bush abandonó la Casa Blanca sin ratificar el Protocolo de Kioto. Ya sólo una minoría muy ideologizada (como el presidente checo Václav Klaus o Aznar) sigue sin reconocer el CC como producto de la acción del hombre y plantea el falso dilema de dedicar los recursos escasos del planeta a otros problemas aparentemente más urgentes (lucha contra el terrorismo, ayuda al desarrollo, malaria, sida, etcétera). A estas alturas, existe un consenso en que el CC no debe tratarse como una posibilidad de elección entre varias alternativas, sino como un fallo de mercado, teniendo en cuenta sus características más negativas: globalidad, largo plazo, incertidumbre e irreversibilidad de sus efectos.

Qué malos son los que no hacen profesión de fe de las verdades oficiales promulgadas por las agencias gubernamentales. Si la principal manifestación de un negacionista es abandonar la Casa Blanca sin ratificar el Protocolo de Kioto, resulta que Al Gore (vicepresidente con Bill Clinton) es sospechoso de negacionista: toda su retórica sobre la verdad incómoda debe de ser una cortina de humo, pues mientras pudo no hizo gran cosa al respecto.

Los recursos escasos no son del planeta (a quien es absurdo asignar posesiones), sino de personas concretas que pueden usarlos para unas cosas o para otras: el coste de oportunidad existe, y es muestra de ineptitud económica pretender que se trata de un falso dilema. La urgencia y la importancia de los problemas no las deciden presuntos expertos como Estefanía, sino cada ser humano en su ámbito de actuación. Para los economistas del Consenso de Copenhague el cambio climático resulta ser el menos importante y urgente entre muchos otros problemas que reclaman recursos económicos escasos.

Ese presunto “fallo de mercado” ¿no será en realidad un fallo del Estado al no saber determinar y defender adecuadamente los derechos de propiedad? Respecto a los efectos del cambio climático, a Estefanía se la ha escapado que son inciertos, que no están claros: quizás va a ser que el debate científico tiene sentido después de todo. Y tal vez no entiende que el hecho de que el cambio climático sea global, a largo plazo e irreversible (siendo esto último falso) no lo hace automáticamente negativo.

Estefanía aplaude que PP y PSOE olviden “los cantos de sirena de los que entienden que el CC será algo que sólo afectará a nuestros tataranietos”. Ha construido un hombre de paja, porque el argumento real es que los costes o beneficios futuros son valorados con un descuento respecto a los costes o beneficios presentes o más cercanos, y además nuestros descendientes serán más ricos que nosotros y por lo tanto mejor preparados para afrontar esos posibles costes.


Albert Einstein y el mal

23/05/2009

Según el diario El Mundo, Albert Einstein dijo:

El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad.

Einstein fue un genio de la física. Fuera de este ámbito no era un brillante intelectual, y su defensa del socialismo muestra más bien una seria incompetencia. Pero la gente suele asociar el prestigio en un ámbito con la inteligencia en general.

La frase citada es una soberana necedad que parece querer culpar de los daños no a quienes los causan sino a quienes no hacen algo para impedirlos. Si violan a una mujer, el peligro no es del violador sino de todos aquellos (el resto del mundo, prácticamente) que no ha hecho nada al respecto.

Las personas suelen asociarse para protegerse de los agresores: en ocasiones esta asociación no funciona, o hay gente que no participa activamente en la defensa contra los violentos o malvados. Pero pretender que son peores o más responsables del mal que los propios malvados es una estupidez muy común: “El pueblo X ha sufrido un genocidio; y lo peor es que el resto del mundo no ha hecho nada al respecto”. ¿Lo peor? ¿Peor que los que han perpetrado ese genocidio?


Sebastián Royo y el capitalismo

23/05/2009

Sebastián Royo, profesor de ciencias políticas, escribe:

La ideología pro mercado dominante de las últimas décadas surgió como una reacción al supuesto fracaso del modelo de economías mixtas que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial. La llegada al poder de Ronald Reagan y Margaret Thatcher marcó una línea divisoria e inició una nueva etapa marcada por el llamado laissez faire, caracterizada por la desregularización y la fe ciega en los mercados libres. Esta crisis ha mostrado que este modelo ha fracasado, y al mismo tiempo ha erosionado la credibilidad y legitimidad del mercado y del modelo anglosajón.

O sea que las economías mixtas sólo fracasaron supuestamente: tal vez la estanflación fue parte de su éxito. Luego al parecer dominó la ideología pro mercado: si con este dominio los estados siguen controlando más o menos la mitad de la riqueza producida por la sociedad, qué pasará ahora que parece que este “dominio” va a desaparecer. Lo de utilizar el término “laissez faire” para referirse al liberalismo o al capitalismo me parece a menudo una pedantería propia de ignorantes que aspiran a informarnos de que hablan idiomas (dos palabras, al menos, olvidan el “laissez passer”); pero los hablan mal, y así confunden la desregulación con la desregularización. Y como no saben, tienen fe o no tienen fe: y creen que los que defienden los mercados libres tampoco saben y sólo tienen fe ciega en la libertad. Y como siguen sin saber, culpan de esta crisis al liberalismo: no dan una.

¿Cuántas veces en los últimos años hemos tenido que oír en Europa que nuestras economías están esclerotizadas, que no son suficientemente flexibles, que necesitan más desregularización y mayor competencia; y que los Estados tienen que ser menos intervencionistas? El paradigma dominante se resumía en que “los Gobiernos son malos y los mercados desregulados buenos”, que se sintetizaba en la famosa frase de Reagan: “Las nueve palabras más aterradoras del idioma inglés son: ‘Vengo del Gobierno y estoy aquí para ayudar”.

Dale con la desregularización. Independientemente de cuántas veces Royo haya tenido que sufrir en sus delicados oídos todas estas herejías, ¿se ha parado e pensar si realmente se han llevado a la práctica? ¿Se ha pasado de los dichos a los hechos?

¿Qué cambios cabe esperar? Las lecciones de la crisis parecen cada vez más claras: no se deben de liberalizar los sectores financieros demasiado rápidamente, se debe de ahorrar y de moderar el crédito, hay que centrarse en la economía real e invertir en educación y productividad, y no todas las innovaciones son positivas y útiles.

¿Deber o deber de? ¿Entiende Royo la diferencia entre la necesidad y la posibilidad? ¿Puede extraer y dar lecciones quien demuestra no enterarse de gran cosa?

Por ello es muy probable que como consecuencia de la crisis haya una mayor intervención de los Estados, que haya reformas impositivas que dejen de primar actividades como la construcción, y que tengamos una menor obsesión con el beneficio a todo coste y con generar valor a corto plazo para los accionistas. Por el contrario, sería deseable que las empresas den prioridad a los empleados, los productos y a los clientes.

¿Él en sus empresas, si es que dirige alguna, pasa de los accionistas y da prioridad a empleados, productos y clientes? Los accionistas estarán encantados de saberlo. ¿A todo coste no querrá decir a cualquier coste? ¿Es malo generar valor a corto plazo si no se destruye a largo plazo?

Al mismo tiempo se está discutiendo sobre la posibilidad de separar la banca de inversión y la comercial (como se hizo en Estados Unidos en 1933 para responder a la Gran Depresión con la ahora difunta Glass-Steagall Act). Además se está generando mayor consenso sobre la necesidad de obligar a los bancos a que aumenten sus reservas de capital en periodos de crecimiento (como se hizo en España); de establecer mejores controles y mayor escrutinio de las agencias de valoración; de expandir el marco regulatorio para incluir a todas las instituciones que puedan provocar un riesgo sistémico; de cambiar las políticas de compensación salarial y los incentivos; de establecer un sistema centralizado para regular los derivados, y por ultimo, de que los bancos centrales usen las políticas monetarias y los instrumentos regulatorios para evitar burbujas de activos.

Un profesor de políticas recomienda intervención política para regular el mercado: sorprendente.

Por fortuna ya casi nadie cuestiona la necesidad de mejores regulaciones, o los beneficios que el Estado puede jugar para tratar de equilibrar los abusos y excesos de los mercados. Incluso en Estados Unidos, el paradigma del modelo dominante, el presidente Barack Obama lo plasmó en su discurso de investidura cuando manifestó que “los cínicos no entienden que la tierra se ha movido bajo sus pies… La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro Gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, sino si funciona”.

“Por fortuna” = a mí me gusta que… ¿De verdad que nadie cuestiona al Estado? No somos nadie… ¿Podría molestarse en explicar los abusos y los excesos de los mercados? Lo de que el gobierno funcione, ¿qué significa? ¿Qué se supone que debe hacer? ¿Y su funcionalidad no tiene relación con su tamaño?

La crisis ha mostrado que la economía de mercado no siempre se estabiliza y regula por sí misma. Ha dejado claro que los Gobiernos tienen la obligación de salvar a los mercados de sus excesos, y al mismo tiempo que tienen que crear las condiciones que permitan a los mercados funcionar de forma efectiva. Esto debería de incluir la regulación de los mercados de activos para asegurar que los inversores no son inducidos a comprar activos potencialmente tóxicos (como hacemos con las medicinas). Además deben de usar las políticas monetarias y fiscales para conseguir el objetivo del pleno empleo, y por último deben de tratar de reducir las crecientes desigualdades y proteger a los que pierden por la globalización.

Cuando no se sabe economía la historia no puede mostrar gran cosa pues se carece del arsenal teórico necesario para interpretarla. Lo de los gobiernos obligados a salvar al mercado es como referirse al violador como guardián de la castidad. De nuevo nos enteramos de que quizás (“debe de”) usemos para los mercados financieros la misma estulticia regulatoria que la existente con el sector farmacéutico: pobrecitos nosotros que nos inducen a comprar tóxicos. Y quizás seamos keynesianos, parece.

Es de esperar que podamos terminar con los dogmas y la polarización que han caracterizado estos debates y que seamos capaces de trabajar juntos pragmáticamente para afrontar los retos que presenta el nuevo milenio. Hace 147 años, el presidente Abraham Lincoln alertaba durante su discurso anual al Congreso de que “los dogmas del pasado son inadecuados para las tormentas del presente”. Esto es tan cierto hoy como lo era entonces. Ojalá lo reconozcamos y actuemos en consecuencia.

Algunos preferiremos no trabajar cerca de Sebastián Royo, porque su ignorancia podría ser contagiosa. Y qué grande fue Lincoln. O tal vez no.


Joan Majó no se lo cree

23/05/2009

Joan Majó, ex ministro de Industria, no se lo cree. ¿Por qué habla de creer o no creer? Porque saber, lo que se dice saber, no sabe. Es normal: es socialista.

La ausencia de regulación impulsada por los gobiernos ultraliberales ha propiciado que los intereses particulares pasaran por delante de los generales.

No habla de desregulación (quitar regulaciones previas) sino de ausencia de regulación: no está claro si se refiere a que no hay nada de regulación (obviamente falso) o a que hay mínimos resquicios de libertad a los cuales la regulación estatal aún no ha llegado. Algo que un ultrasocialista no puede aceptar. La regulación contractual libre y voluntaria ni se plantea.

Nuestro problema es dar respuesta a preguntas como éstas: ¿qué sectores económicos vamos a potenciar para generar actividad y dar ocupación a los dos millones de personas (casi medio millón en Cataluña) que van a quedar fuera del mercado de trabajo como consecuencia del colapso?, ¿qué tipos de iniciativas y de conocimientos vamos a necesitar para impulsar estas nuevas actividades?, ¿cómo vamos a reciclar a las personas para los nuevos trabajos?

¿Nuestro problema? ¿Vamos? ¿Es que todos los españoles tenemos que participar unidos y decidir juntos el futuro de la economía? ¿Entiende Majó que las preguntas que realiza son absurdas? Tal vez le cuesta aceptar la idea del orden espontáneo donde las decisiones se toman localmente y se ajustan mediante los mecanismos de mercado sin necesidad de intervención política. Él sólo acepta respuestas que colectivicen los problemas y sus soluciones: quizás tolera diversas respuestas a sus preguntas, pero no asume respuestas sin el “nosotros”.

Hay que reactivar el consumo con medidas de estímulo. Hay que apoyar el sistema financiero para garantizar los ahorros de las familias y los créditos a las empresas. Hay que atender a aquellos que están más afectados por el paro. Pero además de todo ello, tanto a nivel español como a nivel catalán, hay que diseñar y poner en marcha un plan de reconversión global que marque líneas de futuro, que dé confianza a la gente y que permita coordinar los esfuerzos de todos, porque sin esfuerzo -y de todos- la salida será más difícil y más larga. Esto sí me lo creo.

Hay que, hay que, hay que. Los que no saben, pero creen, dan órdenes, nos dicen qué debemos hacer. Y no son órdenes cualesquiera, suelen ser las más nocivas posibles: reactivar el consumo cuando lo que hace falta es ahorro, apoyar  un sistema sin condiciones para que nadie se haga responsable, intervenir desde el Estado para una vez más engañar a los ciudadanos y conseguir que confíen en un espejismo. Está muy bien que mencione el esfuerzo: sólo le faltan la inteligencia y la libertad. Poca cosa.


Manuel Ollé Sesé y la justicia universal

23/05/2009

Manuel Ollé Sesé, presidente de la Asociación Pro Derechos Humanos de España, profesor de Derecho Penal de la Universidad Antonio de Nebrija y autor de “Justicia universal para crímenes internacionales”, escribe sobre el avance de la justicia universal.

La hoja de ruta para limitar la práctica de la justicia universal en España es una lamentable realidad.

Traducción de “es lamentable”: Manuel Ollé lamenta.

Todos saludábamos con satisfacción que los jueces de la Audiencia Nacional abordaran en aguas internacionales barcos cargados de droga, cuando ni siquiera el destino del cargamento fuera España ni existiera nexo alguno de los hechos, buque o tripulación con nuestro país. Por el contrario, el aplauso a los jueces y fiscales, en la persecución del narcotráfico, se torna injustificadamente en censura cuando se trata de enjuiciar crímenes contra la humanidad que desgarran el corazón de los Derechos Humanos.

¿Todos? ¿Todos quiénes? ¿En nombre de quiénes habla? Lo de desgarrar el corazón de los derechos humanos suena muy bonito, pero más propio de una novela que de un ensayo intelectual.

Desde los países donde se ejecutaron los hechos se despliegan todo tipo de estrategias para garantizar la insoportable impunidad de sus autores y partícipes. En el ámbito interno, dictan leyes de auto impunidad; y, en el externo, orquestan inadmisibles estrategias políticas y diplomáticas…

Buena muestra de ello han sido las actuales presiones de Israel o Estados Unidos al Ejecutivo español para cerrar como fuere los casos que les afectaban, además de permitirse rechazables ataques a los jueces Garzón, Pedraz y Andreu.

Sin embargo, estas premisas de Derecho internacional se soslayan por aquellos Estados que buscan perpetuar una intolerable impunidad.

¿Insoportable? ¿Inadmisible? ¿Rechazable? ¿Intolerable? ¿Tanto le cuesta decir “yo no soporto”, “yo no admito”, “yo rechazo”, “yo no tolero”? ¿O es que quiere camuflar sus valoraciones particulares, acertadas o no, como hechos objetivos irrefutables?

Cada vez que se comete un crimen internacional de primer grado resulta lesionada su víctima, pero también toda la comunidad internacional es ofendida.

Toda la comunidad internacional: miles de millones de personas ofendidas, aunque la inmensa mayoría ni se han enterado. Aunque tal vez se refiere sólo a las altas esferas. Colectivismo desquiciado.

Este déficit no puede ser soportado por las víctimas. Éstas gozan del derecho a la justicia, y la comunidad internacional está obligada a procurarlo. Ante la ausencia de un tribunal penal internacional plenamente efectivo y eficaz, el principio de justicia universal, ejercido en cualquier país, no sólo en España, es hoy el instrumento imprescindible para la persecución de los más graves crímenes internacionales que destrozan la dignidad de las personas.

Pretender que los estados defienden a las víctimas resulta risible porque suelen ser ellos quienes las generan por millones y luego tratan de maquillar sus desaguisados. Los crímenes destrozan la vida o la propiedad de las personas: recurren a la dignidad quienes ignoran lo más obvio, aun siendo presuntos expertos en el ámbito jurídico.