Recomendaciones

29/09/2019

¿Pensiones “dignas”? Seis claves que desmontan la demagogia de las marchas de jubilados, de Domingo Soriano

Dreamtime Games, by Robin Hanson

Language Is the Scaffold of the Mind: Once we acquire language, we can live without it, by Anna Ivanova

Consilience and Consensus: Or why climate skeptics are wrong, by Michael Shermer

The consciousness illusion: Phenomenal consciousness is a fiction written by our brains to help us track the impact that the world makes on us, by Keith Frankish

How Climate Policies Hurt the Poor, by Bjorn Lomborg


Tonterías selectas

28/09/2019

Una banca para la ciudadanía, de José Manuel Gómez de Miguel, exjefe de la división de regulación del Banco de España

… un modelo basado de manera exclusiva en la banca privada no es garantía de estabilidad y solvencia. No solo prueban la mayoría de los países golpeados por la crisis, donde las malas prácticas y la imprudente asunción de riesgos han sido propiedad exclusiva de sus mayores bancos privados, sino también España, en esta crisis (Popular, Pastor) y en nuestra experiencia histórica.

Y es que desde la década de 1980 solo una mínima parte de los bancos privados que entonces existían han sobrevivido hasta hoy sin algún tipo de ayuda con cargo a los contribuyentes…

… ¿no sería el momento de reflexionar sobre las decisiones políticas adoptadas en plena crisis y bajo la dependencia de un modelo neoliberal? ¿No deberíamos impulsar un debate social y parlamentario sobre qué estructura preserva mejor la estabilidad financiera, la competencia y las buenas prácticas? Creo sinceramente que nuestros políticos nos deben ese debate y que el mismo debería plantearse, inicialmente al menos:

– La conveniencia de suspender la privatización de Bankia. Produce sonrojo que el Ejecutivo mantenga como único objetivo la maximización del precio de venta, sin tener en cuenta otros objetivos de interés público como evitar potenciales daños en la competencia o minimizar el riesgo sistémico. También olvida que el fruto de esa venta es propiedad de la ciudadanía, y no es obvio que dedicar ese dinero a otros fines vaya a producir mayores beneficios económicos o sociales que una Bankia competitiva, sólida y responsable bajo control público.

… Frente a las insuficiencias que ha mostrado el modelo neoliberal en la defensa de la estabilidad financiera y las buenas prácticas bancarias, no debería descartarse una reflexión profunda sobre el papel que la ciudadanía puede tener en la gestión colectiva de sus intereses financieros y, por ello, creo necesario un debate en el que las características de una banca para la ciudadanía y no solo para sus accionistas desempeñe un papel esencial.

Por un progreso justo, seguro y duradero, de Cristina Narbona, presidenta del PSOE y vicepresidenta del Senado

Los impostores ecologistas existen y son peligrosos, de María Eugenia R. Palop, eurodiputada de Unidas Podemos

El capitalismo verde consiste en confiar en el mercado y en la iniciativa privada para lograr una restauración del equilibrio ecológico; una de las vías que el sistema capitalista ha encontrado para autolegitimarse en un momento de crisis. Se trata de defender un crecimiento indefinido de la producción material y asignar valores monetarios a todos los bienes y recursos naturales, externalizando los costes ambientales y sociales a los “otros” (a los pobres, las generaciones futuras y a las personas vulnerables) para que paguen su precio.

Si los daños ecológicos son irreparables, el objetivo social ha de ser que el daño no llegue a producirse, y el capitalismo verde conduce, sin embargo, a estimular un mercado de la contaminación. El eslogan “El que contamina paga”, con el que se pretende adjudicar un precio a la contaminación, permite a muchas empresas enriquecerse con la posibilidad de contaminar, vendiendo su cuota a quienes no les conviene invertir en tecnología limpia; en suma, comerciando con un “mal” que, aún limitado, no sólo no se suprime, sino que se estimula porque resulta rentable. O sea, que lejos de despertar nuestra conciencia medioambiental y convertirse en el camino hacia prácticas más radicalmente verdes, esta vía puede constituir un obstáculo para alcanzarlas, dado que nos acaba inmunizando, y no sensibilizando, ante la problemática ecológica.

Simplemente, no se puede ser ecologista y entregarse a la lógica del mercado (que no es la lógica de la vida, sino su contrario), privatizar recursos, comprarlo y venderlo todo. La transición socioecológica no es compatible con la obtención de un rendimiento económico indefinido y a cualquier precio.

… Los mercaderes y los ecofascistas, impostores ecologistas, constituyen un auténtico peligro, se necesitan y mantienen alianzas políticas y empresariales por todas partes. Combinan a la perfección nacionalismo reaccionario, racismo, supremacismo blanco, tesis eugenésicas y elitismo, y esta combinación fue el leit motiv declarado en la matanza de Nueva Zelanda y en la masacre de El Paso. Lo suyo no es una broma, una tesis, una posibilidad o una distopía, sino un plan homicida perfectamente diseñado para quedarse con lo poco que nos queda y para aniquilar a “los seres sobrantes” en un mundo de recursos escasos y mal repartidos. O desvelamos su estrategia o serán sus propias víctimas quienes les voten en las próximas elecciones.

El magnate de la guata, de José Carlos Fernández, doctor en Ciencias Políticas y Sociología

Un grupo de expertos, coordinado por Jordi Sevilla, defiende la creación de una renta básica universal


Recomendaciones

26/09/2019

Sex on the brain, by Kevin Mitchell

Should Profane Contracts Be Sanctified?, by Ricardo Hausmann

Who Vouches For You?, by Robin Hanson

The Evolution of Governance in 9 Stages, by Max Borders

Capitalism Is the Key to Fixing Climate Change, by Ronald Bailey


Tonterías selectas

25/09/2019

Transición y cuidados: desterrando la pobreza energética, de Paca Blanco, activista ecologista y del movimiento por la vivienda, y Joana Bregolat, activista del movimiento climático juvenil y militante de Anticapitalistas

Discurso de Greta Thunberg ante los líderes mundiales en la cumbre del clima de la ONU

625 kilómetros a pie: “No peleamos por nuestras pensiones sino por las de nuestros hijos y nuestros nietos”

Vox critica la “profanación” de la tumba de Franco y el “ataque a la libertad” de sus familiares

Noemí López Trujillo: «En lugar de pedir préstamos para una casa los vamos a pedir para tener hijos»

Dicen de que el feminismo se ha vuelto una moda. Pues bienvenida sea, porque dentro de esa moda, dentro de que el capital absorbe esos relatos, nosotras estamos abriendo grietas, y me parece necesario.

… No hay estructuras que faciliten que podamos cuidar de otras personas. Por eso ironizo con la frase de poner la vida en el centro, cuando en realidad lo que está en el centro es el capital, la propia economía, y tú te adaptas a ese centro y tu vida queda totalmente desplazada, en los márgenes. No solo hablo de tener hijos, es que ni siquiera podemos cuidar de las relaciones de amistad, de las de pareja… Todo se complica porque hay que dedicarles un tiempo que no tenemos. Cumplo 31 años esta semana, mis padres se van haciendo mayores y la estructura ahora mismo no me facilita que si enferman yo el día de mañana me pueda ocupar de ellos. Los cuidados han sido desplazados de la vida y te sumerges en una dinámica en la que solo puedes pensar en mantener tu trabajo. Pero para qué. Luego tampoco puedes realizar esos proyectos de vida que quieres. Es vivir en una disonancia entre lo que quieres y lo que puedes o debes hacer. La elección propia sobre cómo te has planteado tu vida hoy no tiene cabida.

P: Se ha puesto el trabajo en el centro de la vida.

Ni siquiera lo hemos decidido, es que nos dicen que si no tienes un trabajo no puedes vivir, no puedes acceder a un piso, no puedes mantenerte. Cuando consigues ese trabajo que se supone que va a ser un trampolín para otras cosas, porque el trabajo es un medio, no es el fin, de pronto te das cuenta de que el trabajo es el fin en sí mismo. Que vives para trabajar y que las cuestiones que te atañen a ti como individuo no cuentan, porque no forman parte de la estructura, de sostener el Estado del bienestar y pagar los impuestos… Para mi generación vivir es un constante asumir riesgos, pero si eso te molesta te repiten que otras generaciones antes también lo han tenido muy difícil.

P: ¿Qué supone para la sociedad esa merma de la natalidad? Los hijos son una forma de contribuir a la economía, algo que recuerdan hoy en día los políticos.

Mi visión no es natalista, de tenéis que posibilitarnos tener hijos para sostener el Estado del bienestar, sino que pienso que habrá que adaptar el Estado del bienestar a las nuevas formas y estilos de vida y ver de qué manera se puede sostener, independientemente de que las mujeres quieran o no tener hijos. Cuando los políticos enarbolan ese discurso del invierno demográfico me parece muy incoherente e injusto que apelen a nosotras para que tengamos hijos cuando no nos están dando las herramientas, no ya para tener hijos, sino para tener una vida digna. Te das cuenta de que la precariedad es otro sistema hegemónico con el que poder llevar a cabo determinadas políticas sobre nuestros cuerpos, como la culpabilidad de no tener hijos. Al final la lectura que haces no es ‘hay algo estructural que me lo está imposibilitando’, sino la culpa propia del ‘no puedo, no llego, esto es problema mío, no me atrevo’… El cuerpo de las mujeres sigue siendo una herramienta, algo que todavía sigue al servicio del cuerpo político.

P: También se entiende como un negocio, dices que más del 80% de los tratamientos de reproducción asistida son en la sanidad privada.

El cuerpo de la mujer se ve como un negocio porque la maternidad es un trabajo. El capital ha sido muy inteligente y nunca se ha reconocido que la maternidad o el embarazo sean trabajos, pero como sabe que lo son los han acabado rentabilizando.

P: ¿Esto conlleva a que la maternidad en el futuro será algo a lo que solo puedan tener acceso personas acomodadas?

Totalmente. Si esto se mantiene así la brecha ya no va a ser solo de género, sino que va a ser de clase, porque no todo el mundo se va a poder permitir el costear esos tratamientos, y el intentarlo una y otra vez. Porque lo que las clínicas de reproducción asistida te venden es como una falacia probabilística brutal: cuanta más veces lo intentes, más posibilidad de éxito hay. Es como tirar una moneda, si la tiro cien veces voy a tener más posibilidades de que salga cara que si la tiro una. ¿Quién se puede permitir eso? No quiero ponerme distópica, pero en lugar de pedir préstamos para la hipoteca de una casa vamos a pedir préstamos para tener hijos. Es algo que en la lógica del mercado funciona muy bien, pero a nivel ético, y sobre todo a nivel de cuestión de clase, me parece absolutamente terrible.


Tonterías selectas

24/09/2019

I Congreso Internacional de Mujeres por la Paz y la solidaridad entre los pueblos, de Lidia Falcón

La noche violenta, de Gloria Santiago, vicepresidenta primera del Parlament balear y diputada de Unidas Podemos

… Crecemos bajo una advertencia: la de que tenemos muchas probabilidades de ser víctimas de una agresión machista.

… es importante transformar la realidad mediante el lenguaje y en lugar de decir que “el nivel de violencia contra las mujeres es intolerable”, deberíamos empezar a decir que “el porcentaje de violadores aumenta cada año”.

No es que se dejen de contar historias que son ciertas ni que se silencie la verdad de las mujeres ni de que se ignore la realidad, pero sí reivindico la necesidad de encontrar un equilibrio entre lo que verdaderamente hay que denunciar y la perpetuidad de la “mujer víctima” tan habitual en la ficción solo porque alimenta nuestro miedo, nos sitúa en el centro del problema y, además, normaliza situaciones aberrantes que todas y todos interiorizamos como parte del sino femenino.

… El mensaje del miedo a ser violadas y asesinadas nos condiciona y nos limita, nos coarta autonomía y nos priva de derechos, es una herramienta que al patriarcado le viene fetén para mantenernos temerosas, recogidas, lejos de nuestra libertad y sexualidad. No viajamos solas porque nos puede pasar algo, no nos ponemos falda para salir porque nos puede pasar algo; en cambio, a ellos se les justifica y perdona porque nacen así, salvajes y peligrosos y con una libido incontrolable.

Todas esas frases de “llámame al llegar”, “pilla mejor un taxi”, “que te acompañe alguien”, están dichas con la mejor de las intenciones, pero es hora de cambiar de perspectiva: pasemos del miedo a la defensa y eduquemos a los chicos para que no violen.

Hasta ahora, mostrar resistencia ha sido un plan B “si alguien viene a violarte, es mejor que te dejes”. Asumir que delante de un hombre nuestro derecho a la defensa queda por debajo de su derecho a hacernos daño es un error enorme. Si vienen a violarte, defiéndete con uñas y dientes, corre, grita o dale una paliza. Los datos dicen que muchas mujeres que muestran una actitud de defensa logran bloquear al agresor porque su poder está construido en la idea preconcebida de nuestra indefensión.

En lugar de decirle a tu hija “no viajes sola”, anímala a que ejerza su derecho a hacerlo, explícale que hay hombres que hacen daño a las mujeres y recuérdale su derecho a vivir una sexualidad libre y plena y a defenderse de los ataques machistas. En lugar de decirle a tu hijo que se lo pase bien de fiesta, recuérdale que sobre el cuerpo de las mujeres solo pueden decidir ellas, que no nos persiga, que no nos acose, que no nos insulte, que no nos drogue, que no nos viole, que no nos mate.

Es crucial ubicarlos a ellos en el relato y advertirles sobre el machismo, mencionarles que también son víctimas del patriarcado, organización social que los convierte en agresores potenciales. El mensaje del miedo cala en todas nosotras y nos cohíbe durante toda nuestra vida, seamos o no violadas. Lo mismo debería ocurrir con el mensaje del patriarcado para ellos, sean o no machistas hay que prevenirles.

La noche violeta es una buena iniciativa para reivindicar nuestro derecho a ir solas y tranquilas de noche. La alternativa es la noche violenta, cuya amenaza acecha en una callejuela oscura. Nosotras salimos a denunciar que tenemos miedo, pero para que algo aquí cambie, quienes tienen que entender y quedar advertidos de dejarnos en paz son ellos.

Cómo romper el silencio de los hombres que no son clientes de prostitución, de Marta Borraz

El precio de la prostitución, de Amparo Díaz Ramos

La prostitución es el paraíso del machismo, un espacio en el que los derechos humanos quedan en suspenso porque lo que se compra es el dominio de hombre sobre la mujer. El hombre es el consumidor de seres humanos y la mujer es el ser consumido. Incluso en los casos en los que la persona prostituida es un hombre o niño, que son minoritarios, ha sufrido un proceso de feminización que lo ha cosificado, aunque por lo genera sin llegar a la brutalidad de la prostitución femenina. Esa transacción ajena al marco de los derechos fundamentales de nuestra constitución, y especialmente al artículo 14 que consagra el derecho a la igualdad conlleva un alto precio para nuestra sociedad.

El precio que pagan las mujeres y niñas que la padecen. Mujeres y niñas que ven anuladas sus emociones, necesidades, pensamientos y deseos en un grado extremo para obedecer y complacer al hombre que dispone de su cuerpo a un nivel que no existe en ningún otro tipo de interacción humana. Esto genera una tensión física y psicológica insoportable. Mujeres y niñas que deben convencerse así mismas para sobrevivir -disociando- de que eso les está pasando a otras no a ellas. O de que no es algo malo, negando o minimizando, y atribuyendo a cualquier otra cosa su estado físico y psicológico. Mujeres y niñas que sufren trastornos graves, que pierden su propia estructura mental, y que por lo general tenían una situación previa adversa a la que teníamos que haber dado respuesta de apoyo -no de abuso- como sociedad. Mujeres y niñas que incluso si consiguen salir de la situación de prostitución, arrastrarán durante años el daño que se les ha causado, con problemas para conectar consigo mismas, de pánico, de memoria, trastornos en la sexualidad, dificultades para relacionarse y falta de estructura personal y social. Además de los daños físicos.

El precio que pagamos las demás mujeres y niñas al mantenerse y difundirse una sexualidad que cosifica a las mujeres, en las que se espera que la mujer esté accesible y sea complaciente incluso ante prácticas humillantes y violentas, es la pérdida de igualdad, libertad, seguridad y dignidad. La cultura de la violación se alimenta de la prostitución y del porno, y la padecemos todas.

El precio de la prostitución es también este desgarro social que provoca el hecho de que una parte importante del ocio de muchos hombres se lleve a cabo de manera reservada respecto de las mujeres e incluso en no pocas ocasiones marcadamente oculta para nosotras. Celebrar una buena reunión de trabajo o un negocio o un encuentro político con una visita a un prostíbulo, reuniones mensuales de los hombres del equipo en clubs de alternes, despedidas de solteros con una mujer en situación de prostitución que se comparte, salidas de amigos después de haber dejado a sus novias o esposas en casa que terminan “pillando” a una mujer de carretera. Obviamente no todos los hombres son así y muchos sienten repugnancia hacia quienes actúan de ese modo. Pero España es uno de los principales países consumidores de prostitución, y es algo que se lleva a cabo por chicos que al día siguiente van al instituto, por hombres que llevan a sus hijos e hijas de la mano al colegio o que nos atienden en las consultas médicas, o vienen a nuestras casas a traernos la compra del supermercado, o nos llevan en autobús o nos juzgan, o se mezclan en nuestras vidas de otras formas. Son algunos de nuestros compañeros de trabajo, algunos de nuestros amigos, tal vez un hermano o un hijo. Tienen una vida paralela en la que compran el paraíso machista al comprar el cuerpo de las mujeres . En ese espacio de supremacía machista no existen más que las emociones, necesidades, pensamientos y deseos del hombre.

No son solo las víctimas las que están disociando, nuestra sociedad en su conjunto lo hace, y para eso hay que hacer primero una gran ruptura, un gran desgarro. Hay que romperse para dividirse en dos. El precio de la prostitución es también este desgarro.

Prostitución y trata: realidades indisociables, de Paula Fraga

Hoy, 23 de septiembre, es el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas. Cada día, miles de mujeres y niñas son explotadas en una industria criminal, la del sexo, que existe únicamente para servir sexualmente a los varones que creen que tienen derecho a comprar a las mujeres.

… separar conceptualmente trata y prostitución es una estrategia de legitimación, justificación y normalización de la explotación sexual de las mujeres que solo beneficia a quien explota y abusa, es decir, al proxeneta y al putero. La trata nutre de mujeres y niñas a la prostitución. No hay otra forma de satisfacer la demanda de este negocio criminal que genera 5 millones de euros diarios, solo en España. La Fiscalía General del Estado, en su Circular 5/2011 afirma que “el delito de trata de seres humanos con fines de explotación sexual, por su propia configuración es preparatorio del delito de prostitución”[i] y esto es así, porque la trata es el método de incorporación masivo y sistemático a la prostitución, su puerta de entrada. Basta una ojeada a los datos o una visita a los polígonos, pisos o prostíbulos donde las mujeres son económica y sexualmente explotadas. Veremos que más del 90% de las mujeres prostituidas son inmigrantes pobres[ii]. Mujeres, inmigrantes, pobres. Los cuerpos y vidas de estas mujeres y niñas son la desgarradora evidencia del entrecruzamiento de las opresiones sexual, racial y de clase.

Podemos concluir, sin temor a equivocarnos, que la trata de seres humanos con fines de explotación sexual existe porque existe la prostitución y si estas prácticas son desligadas, es por el interés patriarcal de perpetuar y reproducir la opresión sexual. A lo mismo obedece llamarle a la prostitución “trabajo sexual”. Un estudio canadiense sostiene que las mujeres prostituidas corren un riesgo 40 veces más grande de ser asesinadas que el resto de la población femenina. La prostitución tiene implicaciones físicas y emocionales gravísimas para las mujeres. A título ejemplificativo, podemos citar el estrés postraumático que sufren el 68% de las mujeres que han estado en situación de prostitución[iii]. ¿De verdad vamos a llamarle a esto trabajo?

En los países donde se ha regulado la prostitución, Holanda o Alemania entre otros, la trata de seres humanos ha aumentado. Si el Gobierno legitima esta actividad delictiva, proxenetas y puteros son automáticamente exonerados de su responsabilidad (penal y social) de esclavizar a mujeres y niñas. El Estado ampara la violencia sexual del “cliente”-prostituidor y despenaliza de facto el proxenetismo. El propio Gobierno alemán, tras unos años con este tipo de legislación, reconoció este aumento de trata y el desastre que supuso para la situación y los derechos de todas las mujeres; pues no olvidemos que en la regulación de la prostitución subyace la idea de que todas las mujeres podemos ser objeto de comercio, que nuestros cuerpos pueden ser violentados y sometidos sexualmente por unos míseros euros.

Por tanto, si queremos acabar con la forma de servidumbre que supone la trata, tenemos que acabar con la prostitución. Debemos luchar por una legislación abolicionista que ataque a los condicionantes de entrada (trata, feminización de la pobreza, abusos sexuales durante la infancia…) y que asista integralmente a las mujeres en situación de prostitución.

Una sociedad que propugna entre sus valores la igualdad y como fundamento de la paz social, la dignidad humana no puede tolerar ni un segundo más, la esclavitud y subordinación sexual de las mujeres y las niñas. Si queremos respetar los derechos humanos, tenemos que abolir la prostitución.


Tonterías selectas

23/09/2019

Las ocultadas raíces de la gran crisis política actual, de Vicenç Navarro

La Reserva Federal y el retorno del ‘credit crunch’ sobre un mar de deudas, de Eric Toussaint

Cambio climático y poder corporativo, de Fernando Luengo, de Podemos

Entonces, ¿cuándo toca redistribuir?, de Miren Etxezarreta

¿Cuándo llega entonces la época propicia a un reparto más justo de la renta producida? Resulta que en el capitalismo actual, cuando llegan las crisis o las recesiones es imperativo apretarse el cinturón, pero en los breves momentos de auge logran no revertir la situación de todos aquellos que viven de su trabajo. Parece que son muy pocas las gotas que caen de la copa de champan del crecimiento. Si, como es sabido, en el capitalismo las crisis y las recesiones son recurrentes e inevitables, se producen en periodos cada vez más cortos y, en los periodos de bonanza ni siquiera se recupera lo perdido ¿Qué pueden entonces esperar las clases populares (incluyendo las clases medias) de este capitalismo supermoderno, superglobal, con todas las tecnologías más y más avanzadas? ¿Cómo es que incluso en los periodos de recesión se mantienen o aumentan los beneficios pero no se diseñan formas de distribución que permitan condiciones laborales suficientes, ya que no satisfactorias, para quienes han de trabajar?

¿Cuáles son las perspectivas para los trabajadores? Muchas de las graves turbulencias políticas y sociales que están produciéndose en los países ricos, ¿no serán fruto de estas dinámicas más que debidas a la incapacidad o locura de los gobernantes o las dificultades de la economía? ¿No será imperativo el plantearse este tipo de problemas en lugar de dejarnos atenazar por las turbulencias que presenta la escena política? Si en los periodos de auge aumenta la desigualdad, ¿cómo se va a resolver el tema de una distribución de la riqueza no ya justa, imposible en el capitalismo, pero que por lo menos permita una vida material sin grandes angustias e incertidumbres? Parece absolutamente necesario no dejarse dominar por las sucesivas coyunturas y abordar el tema de la distribución de la renta en una panorámica global, extremadamente competitiva, en la que muchas personas no logran un salario suficiente y otras muchas nunca llegan a trabajar.

Demos las luces largas, Francisco G. Basterra

La naturaleza, enfadada, ha introducido en este inicio del otoño el Gran Asunto: el cambio climático y la urgencia de orillar la retórica y ponerse manos a la obra con acciones concretas para que las generaciones futuras hereden un mundo vivible.

… El huracán Dorian que ha arrasado Bahamas, la gota fría catastrófica en el sureste de España, con la garantía de los expertos de que todo ello se irá repitiendo, a peor: estamos inmersos ya en una emergencia climática. Pero solo declararla no basta. La humanidad no está en peligro de extinción, pero la naturaleza nos adelanta una visión del futuro. The Economist en su último número concluye que la descarbonización de la economía no es una simple resta, requiere casi una completa revisión del sistema: una refundación del capitalismo.


Tonterías selectas

23/09/2019

Rambo ha vuelto, de Guillermo Altares

La crisis climática se está acelerando a una velocidad que ni siquiera los científicos más pesimistas preveían, mientras Gobiernos y empresas arrastran los pies para reducir las emisiones de carbono; la tensión en Oriente Próximo está disparada y en cualquier momento una chispa puede prender un conflicto entre Arabia Saudí e Irán; Estados Unidos tiene un presidente que se comporta a veces como un niño mimado, otras como un agente de Moscú; los móviles se han convertido en armas de espionaje masivo; las especies desaparecen a mansalva…

The Climate Crisis Is the Battle of Our Time, and We Can Win, by Al Gore

Things take longer to happen than you think they will, but then they happen much faster than you thought they could.

The destructive impacts of the climate crisis are now following the trajectory of that economics maxim as horrors long predicted by scientists are becoming realities.

More destructive Category 5 hurricanes are developing, monster fires ignite and burn on every continent but Antarctica, ice is melting in large amounts there and in Greenland, and accelerating sea-level rise now threatens low-lying cities and island nations.

Tropical diseases are spreading to higher latitudes. Cities face drinking-water shortages. The ocean is becoming warmer and more acidic, destroying coral reefs and endangering fish populations that provide vital protein consumed by about a billion people.

Worsening droughts and biblical deluges are reducing food production and displacing millions of people. Record-high temperatures threaten to render areas of the Middle East and the Persian Gulf, North Africa and South Asia uninhabitable. Growing migrations of climate refugees are destabilizing nations. A sixth great extinction could extinguish half the species on earth.

Finally people are recognizing that the climate is changing, and the consequences are worsening much faster than most thought was possible. A record 72 percent of Americans polled say that the weather is growing more extreme. And yet every day we still emit more than 140 million tons of global warming pollution worldwide into the atmosphere, according to the Intergovernmental Panel on Climate Change. I often echo the point made by the climate scientist James Hansen: The accumulation of carbon dioxide, methane and other greenhouse gases — some of which will envelop the planet for hundreds and possibly thousands of years — is now trapping as much extra energy daily as 500,000 Hiroshima-class atomic bombs would release every 24 hours.

This is the crisis we face.

Now we need to ask ourselves: Are we really helpless and unwilling to respond to the gravest threat faced by civilization? Is it time, as some have begun to counsel, to despair, surrender and focus on “adapting” to the progressive loss of the conditions that have supported the flourishing of humanity? Are we really moral cowards, easily manipulated into lethargic complacency by the huge continuing effort to deceive us into ignoring what we see with our own eyes?

More damage and losses are inevitable, no matter what we do, because carbon dioxide remains for so long in the atmosphere. So we will have to do our best to adapt to unwelcome changes. But we still retain the ability to avoid truly catastrophic, civilization-ending consequences if we act quickly.

This is our generation’s life-or-death challenge. It is Thermopylae, Agincourt, Trafalgar, Lexington and Concord, Dunkirk, Pearl Harbor, the Battle of the Bulge, Midway and Sept. 11. At moments of such crisis, the United States and the world have to be mobilized, and before we can be mobilized, we have to be inspired to believe the battle can be won. Is it really too much to ask now that politicians summon the courage to do what most all of them already know is necessary?

We have the technology we need. That economic maxim about slow-fast phenomena, first articulated by the M.I.T. economist Rudiger Dornbusch and known as Dornbusch’s Law, also explains the tsunami of technological and economic change that has given us tools to sharply reduce global warming pollution much faster than we thought was possible only a short time ago. For example, according to the research group Bloomberg New Energy Finance, as recently as 2014 — a year before the Paris climate agreement was reached — electricity from solar and wind was cheaper than new coal and gas plants in probably 1 percent of the world. Today, only five years later, solar and wind provide the cheapest sources of new electricity in two-thirds of the world. Within five more years, these sources are expected to provide the cheapest new electricity in the entire world. And in 10 years, solar and wind electricity will be cheaper nearly everywhere than the electricity that existing fossil fuel plants will be able to provide.

… The people, in their true function as the sovereign power, are quickly understanding the truth of this crisis, and they are the ones who must act, especially because the president is not on speaking terms with the truth and seems well beyond the reach of reason.

This will require a ferocious attack on the complacency, complicity, duplicity and mendacity of those in Congress who have paid for their careers by surrendering their votes and judgment to powerful special interests that are sacrificing the planet for their greed. To address the climate crisis, we must address the democracy crisis so that the people themselves can reclaim control of their destiny.

As has often been the case in successful political revolutions, young people have taken up the gauntlet with inspiring passion. Greta Thunberg has stirred millions as the school strike movement she began in Sweden spreads to many countries. The Sunrise Movement, the Extinction Rebellion, Zero Hour and other youth-led movements are gathering momentum daily. On Friday, hundreds of thousands of people around the world were marching and gathering to call for action on climate change. Employees of many corporations are aggressively demanding that their employers take action to help save the climate balance.

The “blue wave” that gave Democrats control of the House in last year’s midterm elections was fueled in part by concern about climate. The Green New Deal, introduced by Representative Alexandria Ocasio-Cortez of New York and Senator Edward J. Markey of Massachusetts, ties solutions to the climate crisis to environmental justice and a “just transition” that will create millions of well-paying jobs. This effort has won support from many Americans, just as the nuclear freeze movement of the early 1980s attracted wide approval and helped pave the way for an arms control agreement between President Ronald Reagan and Mikhail Gorbachev, the leader of the Soviet Union.

Código climático rojo, de Rachel Kyte, former World Bank Group Vice President, and now Special Representative of the UN Secretary-General for Sustainable Energy for All

Los titanes hicieron historia, de Joaquín Estefanía

La Unión Europea debe poner freno a la evasión fiscal, de Elena Casanovas, consultora en el Banco Mundial y becada por La Caixa

Los paraísos fiscales son una realidad más cercana de lo que nos pueda parecer. Lejos del tópico que los describe como microestados en vías de desarrollo, muchos Estados europeos cumplen los requisitos para ser considerados paraísos fiscales: impuestos muy bajos y legislaciones laxas, que son aprovechados por grandes empresas y particulares con alto poder adquisitivo para evitar pagar impuestos que les corresponden.

… Suiza, un país europeo, se encuentra en el centro de esta red de corrupción mundial, en la que también participa Luxemburgo, Estado miembro de la Unión Europea.

Pero los grandes protagonistas de la evasión fiscal son las empresas multinacionales. Las estimaciones de Zucman apuntan a que el 40% de los beneficios de las grandes empresas son trasladados a paraísos fiscales cada año. Aprovechando vacíos legales y una legislación no adaptada al nuevo modelo económico y financiero, trasladan contablemente beneficios a jurisdicciones donde tributen menos, evitando así pagar lo que les correspondería.

… Los países receptores de fondos, como Suiza, Holanda, Luxemburgo, Malta, Irlanda y Bélgica consiguen recaudar impuestos que les corresponderían a otros países como Francia, Alemania, Italia, España, Suecia, el Reino Unido y Polonia. A la vez que esto se permite, en la Unión Europea se discute sobre límites de déficit y equilibrio presupuestario, lo que obliga a los países perdedores a compensar su falta de recaudación subiendo otros impuestos como el del trabajo.

… La Unión Europea tiene la responsabilidad de ser el único organismo con capacidad para empezar a regular en materia de evasión fiscal. Tras las elecciones de mayo, arranca un nuevo curso en las instituciones comunitarias. Por ahora, el comité de Asuntos Económicos y monetarios del Parlamento Europeo ha aprobado la creación de un subcomité especializado en impuestos y delitos financieros. Esperemos que este avance sea el primero de muchos.


Tonterías selectas

22/09/2019

Generación Greta. Así son los jóvenes que han dicho basta a la destrucción del planeta

El grito de una generación, desafíos y claves del nuevo compromiso medioambiental, de Eliane Brum

“Nuestra casa está en llama. Quiero que entréis en pánico”. Cuando Greta Thunberg dice frases como estas a los adultos, anuncia la mayor inflexión histórica que ha producido una generación. Por primera vez en la trayectoria humana, las crías cuidan del mundo que los especímenes adultos han destruido y siguen destruyendo. Es una inversión del funcionamiento no solo de nuestra especie, sino de cualquiera. El cambio responde a algo igualmente grandioso. La emergencia climática es la mayor amenaza que haya vivido la humanidad en toda su historia. Cuando oímos el grito de Greta y de los millones de jóvenes a quienes inspira, un grito que resuena en diferentes lenguas y geografías, este es el orden de magnitud de lo que presenciamos. Escuchar es imperativo.

En pocos meses, Greta se convirtió en una de las personas más influyentes del planeta. Tenía 15 años cuando, en agosto de 2018, decidió saltarse las clases para plantarse ante el Parlamento sueco: “Estoy haciendo esto porque a vosotros, adultos, os importa una mierda mi futuro”. ¿De qué sirve ir a la escuela si no habrá mañana? La pregunta, que a muchos les parecía insolente, era justa. Más que justa: expresaba una lucidez que la sociedad no esperaba de niños y adolescentes…

Si estos son los adultos que controlan el mundo en que vives y vivirás, y si estás mentalmente sano, basta tener una inteligencia media para entrar en pánico de inmediato. Entonces miras dentro de casa, la que está hecha de paredes, y ves que tus padres están ocupados con urgencias más triviales, como pagar las cuentas del mes, o intentando concluir si el móvil más avanzado es el de Huawei, Apple o Samsung.

Los niños y adolescentes de la Generación Greta se han dado cuenta de lo obvio. Su casa se está quemando —la Amazonia en llamas desde agosto ha literalizado esta imagen— y sus padres y gobernantes siguen viviendo como si no pasara nada. Al contrario, cuando el planeta más necesita políticas públicas y alianzas globales por el clima, los adultos se muestran lo suficientemente estúpidos como para elegir a representantes del nacionalismo más abyecto, que niegan el sobrecalentamiento global en nombre de intereses inmediatos.

Al constatar que los adultos han abdicado de ser adultos, los adolescentes han asumido la tarea de cuidar del mundo. Es lo que afirmó Greta el pasado diciembre, en Polonia, durante la Cumbre del Clima: “Ya que nuestros líderes se comportan como niños, tendremos que asumir la responsabilidad que ellos deberían haber asumido hace mucho tiempo”. A la vez, los jóvenes líderes son lo suficientemente inteligentes como para entender que el voluntarismo no basta, hace falta ocupar espacio político y debatir con los adultos que tienen el poder de hacer políticas públicas. Esta es otra novedad de la generación climática: son niños y adolescentes, pero no son ingenuos.

En cada intervención pública, Greta Thunberg ha demostrado tener la lucidez que —por oportunismo, más que por incompetencia— falta en el mundo de los adultos. Como cuando se dirigió al selecto público multimillonario del Foro de Davos: “Algunas personas, algunas empresas, algunos tomadores de decisiones en particular saben exactamente qué valores inestimables se han sacrificado para seguir ganando cuantías inimaginables de dinero. Y creo que muchos de ustedes que están hoy aquí pertenecen a este grupo de personas”.

… Quienes hoy tienen unos 30 o 40 años se criaron en el imperativo del consumo y de la satisfacción inmediata, y muchos se niegan a convertirse en adultos porque eso significa aceptar límites. Formados en la lógica capitalista de que libertad es poder hacer cualquier cosa, que darse todos los placeres es un derecho básico, creen que el planeta cabe en su ombligo.

Y entonces, unas chicas con trenzas les meten el dedo en la cara y les dicen: “¡Creced!”. Estos adolescentes de cara redonda, algunos con espinillas, condenan el gran objeto de consumo del siglo XX, el coche, y también el avión. Van en bicicleta y utilizan el transporte público. Condenan la industria de los combustibles fósiles, y las corporaciones hacen que sus cabilderos difundan noticias falsas contra ellos. Condenan el consumo de carne, y no solo la industria se siente amenazada, también toda la constelación de chefs estrellados. Dicen que es mejor no comprar ropa y otros objetos, sino intercambiarlos y reciclarlos, y ponen en jaque a la industria de la moda. Y lo hacen rápido porque la velocidad también ha cambiado.

La Generación Greta propone una transformación radical en la experiencia del tiempo. Por un lado, ya no hay tiempo. Según los científicos, tenemos poco más de una década para tomar las medidas capaces de contener el sobrecalentamiento global y mantener el aumento de la temperatura en el límite de 1,5 grados centígrados. Si se supera este límite, desaparecerán del planeta maravillas como los corales y millones de personas estarán condenados a la miseria y el hambre, sin contar el contingente que ya sufre privaciones extremas.

Lo que hoy está en juego es si la Tierra será muy en breve un planeta malo o francamente hostil para la especie humana. Los jóvenes activistas saben que hay una enorme diferencia entre lo malo y lo hostil. Pero ¿cómo convencer a los adultos y a los tomadores de decisiones, si parece que vivan como si no hubiera un mañana y, como viven así, quizá no lo haya? ¿Cómo convencer a los que agotan los recursos en nombre del gozo inmediato de que el mañana está justo ahí y será malo para todos, aunque mucho peor para los que menos han contribuido al agotamiento del planeta?

La Generación Greta propone una transformación radical en la experiencia del tiempo. Por un lado, ya no hay tiempo. Según los científicos, tenemos poco más de una década para tomar las medidas capaces de contener el sobrecalentamiento global y mantener el aumento de la temperatura en el límite de 1,5 grados centígrados. Si se supera este límite, desaparecerán del planeta maravillas como los corales y millones de personas estarán condenados a la miseria y el hambre, sin contar el contingente que ya sufre privaciones extremas.

Lo que hoy está en juego es si la Tierra será muy en breve un planeta malo o francamente hostil para la especie humana. Los jóvenes activistas saben que hay una enorme diferencia entre lo malo y lo hostil. Pero ¿cómo convencer a los adultos y a los tomadores de decisiones, si parece que vivan como si no hubiera un mañana y, como viven así, quizá no lo haya? ¿Cómo convencer a los que agotan los recursos en nombre del gozo inmediato de que el mañana está justo ahí y será malo para todos, aunque mucho peor para los que menos han contribuido al agotamiento del planeta?

La Generación Greta propone responder a la emergencia climática con una vivencia diferente del tiempo y espacio. “Quedaos en tierra”, les dicen a los adultos, al afirmar que el uso de aviones debe restringirse a urgencias reales. Para dar ejemplo, Greta ha viajado en velero a Estados Unidos, donde participará en la Cumbre de la ONU. Otros líderes europeos de la juventud climática, como las belgas Anuna de Wever y Adélaïde Charlier, acompañadas por dos docenas de activistas, emprenderán un viaje que durará semanas, navegando a vela hacia la Cumbre del Clima, en Chile.

La imagen es fuerte. En lugar de colonizar Latinoamérica con esta versión contemporánea de las carabelas, las adolescentes defienden con su gesto la descolonización de Europa (y Estados Unidos) y de las mentes que viven para consumir también el tiempo. Entre un país y otro, ya no puede haber solo un salto. Tiene que vivirse la jornada y comprender la distancia con el cuerpo. Tiene que producirse localmente y consumir localmente. Sin venenos ni transgénicos. Lo superfluo ya no es necesario, como la publicidad nos ha ido infiltrando en las últimas décadas. No es una elección, señalan. El tiempo de elegir entre lo bueno y lo mejor ha terminado. Es esto, o la catástrofe será todavía mayor.

Basta que cada uno observe su propia rutina para entender el tamaño de la herida narcisista que la Generación Greta está abriendo en el cuerpo de sus padres y hermanos mayores. La truculencia —que se produce tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda— contra los activistas adolescentes es proporcional a los poderosos intereses a los que afecta y al tamaño del cambio de hábitos que piden a las personas que siempre se han considerado defensoras del medio ambiente, creyendo que bastaba reciclar la basura para ser una “persona de bien”.

Los adultos suelen decir a las chicas del clima: “Me dais esperanza”. Y Greta y otras líderes responden: “No quiero vuestra esperanza. Yo no tengo esperanza. Quiero que sintáis el miedo que siento todos los días”. No es solo una forma de expresarse. Están bien informadas y saben que, con los gobernantes que tenemos, la cuenta atrás está contra la humanidad. Es probable que el planeta se caliente tres, cuatro y hasta cinco grados. A no ser que la población global se subleve. Lo que presenciamos es la adaptación humana más vital a la emergencia climática: una generación que prescinde de la esperanza exactamente para ser capaz de romper la parálisis y luchar. Renunciar a la esperanza, pero no a la alegría de luchar juntos. Es la potencia de la Generación Greta.

… . Greta anuncia su condición de Asperger. No como una enfermedad, sino como una diferencia, un “superpoder” cuya fijación y capacidad de concentración han sido determinantes para la lucha climática. La belga Anuna de Wever se declara “de género fluido”. Y defiende que esa condición le permite buscar otras posibilidades de ser y estar en el mundo, sin aferrarse a los dogmas de lo que se impone como “normalidad”. Estas líderes aportan a la lucha por el planeta la posibilidad de ver las diferencias como una fuerza, un activo positivo ante los desafíos de la emergencia climática.

En este mundo de muros, alambradas y fronteras armadas, la mayor insubordinación del mensaje de esta generación es el llamamiento a ser capaces de hacer una comunidad global por nuestra casa común. Es su rechazo a doblegarse a las órdenes de Trump, Bolsonaro y otros déspotas. Lo mejor que podemos hacer, nosotros, adultos imperfectos e incapaces de enfrentar los desafíos de este momento histórico, es ponernos radicalmente de su lado.

Thomas Piketty, contra la propiedad privada, de Marc Bassets

“Hoy afrontamos una lógica de acumulación sin límite y de sacralización del derecho del propietario”, dijo esta semana Piketty en un encuentro con corresponsales en la Paris School of Economics, donde codirige el Laboratorio Mundial de la Desigualdad. “Y olvidamos que los grandes éxitos del siglo XX en la reducción de las desigualdades, pero también en el crecimiento económico, se obtuvieron re-equilibrando los derechos del propietario con los del asalariado, el consumidor. Se hizo circular la propiedad”.

… “Soy fundamentalmente optimista”, declara. Y se refiere a su nuevo libro: “Capital e ideología parte de una constatación: ha habido una mejora prodigiosa de los niveles de educación y de salud. Y termina con otra constatación optimista: hay un aprendizaje de la justicia en la historia. Hay fases de regresión terrible, pero creo en una historia de progreso: no solo técnico, sino humano, por medio de la educación y la sanidad, y con una organización social que sea más igualitaria en el sentido de que permita acceder a la educación, a la cultura, a la riqueza”. Si un rasgo de la izquierda fue la fe en el progreso humano, Piketty la conserva.

Elena, Lorenzo, la coach que ‘curaba’ gays en Madrid volviéndolos ‘normales’

Esto no es normal, de Moisés Naím

… si lo que está pasando en la política mundial no es normal, lo que está pasando en el medio ambiente lo es aún menos. Los datos son conocidos, las imágenes de todas partes del planeta mostrándonos las catástrofes producidas por incendios, lluvias torrenciales, sequías prolongadas y vientos huracanados son cotidianos. La evidencia científica es abrumadora y la inacción para atender esta amenaza lo es aún más. La parálisis para enfrentar con eficacia el cambio climático sin duda constituye el mayor peligro que enfrenta nuestra civilización.

La ineptitud de los Gobiernos para responder a la emergencia climática es exacerbada por la influencia de intereses económicos. ExxonMobil y los hermanos Charles y David Koch son solo dos ejemplos de empresas y acaudalados individuos que durante décadas financiaron “centros de investigación” y “científicos” dedicados a sembrar dudas sobre la gravedad del problema climático, confundir incautos e impedir que los Gobiernos adopten las políticas necesarias.

Que las grandes empresas influyan sobre el Gobierno para evitar que tome decisiones que afecten a sus ganancias no es nada nuevo. De hecho, es lo normal.

Lo que no es normal es que líderes de algunas de las empresas más grandes del mundo repudien públicamente la idea de que su objetivo primordial deba ser maximizar las ganancias. Pero fue lo que ocurrió hace unas semanas cuando los jefes de 181 de las más grandes empresas estadounidenses firmaron un comunicado que mantiene exactamente eso. Estos altos ejecutivos afirman que las empresas privadas deben reconciliar los intereses de sus accionistas con los de sus clientes, empleados, proveedores y con los de las comunidades en las que operan.

Obviamente, estos titanes del capitalismo están llegando tarde a la conversación. Para muchos ya es obvio que resulta insostenible para cualquier empresa el ignorar los intereses y necesidades de los grupos de los cuales depende, además de sus accionistas. El debate es cómo hacerlo y, sobre todo, cómo garantizar que las empresas hagan lo que prometen. Hay algunos importantes líderes empresariales que tienen ideas al respecto. Brad Smith, el presidente de Microsoft, por ejemplo, ha publicado un artículo en la revista The Atlantic intitulado Las empresas tecnológicas necesitan más regulación.

Esto no es normal. Sin duda sorprende que el presidente de la decimosexta empresa más grande del mundo exhorte a los Gobiernos a que regulen su industria. Pero esta, como las demás anomalías que hemos discutido aquí, todas sacadas de los noticieros de estos días, es tan solo un ejemplo más de cuán difícil es descifrar el mundo en el que nos ha tocado vivir.


Tonterías selectas

21/09/2019

#SerPuteroNoMola: una campaña destinada a los jóvenes quiere romper con la normalización del sexo de pago

Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir, de Anita Botwin

Amelia Tiganus: “La prostitución es esclavitud, aunque sea voluntaria”

Abran las cajas negras, de Ana Fuentes

Creer que por sí mismas las máquinas van a tomar decisiones justas es el equivalente hoy al clásico error liberal de pensar que los mercados se regulan solos

El derecho a la vivienda, Gerardo Roger Fernández es arquitecto y urbanista, y profesor de Urbanismo


Tonterías selectas

21/09/2019

La nueva socialdemocracia ha comenzado en España, de Manuel Escudero, embajador de España ante la OCDE y secretario de Economía y Empleo del PSOE

Yo viví en primera persona ese proceso pues bajo el liderazgo de Pedro Sánchez tuve el honor de ayudar a escribir los nuevos renglones de lo que quiere ser el PSOE que se adentra en el siglo XXI, luego refrendados en su Congreso de julio de 2017: una alternativa a un capitalismo que parece incapaz de readaptarse, que ha hecho posible el estancamiento de la renta de trabajadores y clases medias, que no puede ofrecer a nuestros hijos lo que nosotros conseguimos. Por ello pasó a primer plano los problemas de la desigualdad, de renta, de género, territoriales. El problema ya no está solamente en la redistribución (con un mensaje lacio respecto al estado de bienestar), sino en la predistribución, es decir, en cómo se organiza la sociedad en sus actividades, en el lugar de trabajo, en la brecha de género, en el precariado. Y por lo tanto en la transición ecológica, en la igualdad entre hombres y mujeres, en la lucha contra la pobreza…

Realidad y populismo sobre los impuestos, de Francisco de la Torre Díaz, economista e inspector de Hacienda del Estado.

“Los impuestos son el precio que pagamos por la civilización. En la selva no existen”. Esta conocida cita de Oliver Wendell Holmes, juez de la Corte Suprema de Estados Unidos, es la expresión de la necesidad de un sistema fiscal, por mínimo que sea, para que una sociedad se pueda organizar. Además, más allá de un mínimo imprescindible, si una sociedad quiere un determinado nivel de servicios públicos tendrá que estar dispuesta a aportar los impuestos necesarios para pagarlos.

Así, en los Estados de la Unión Europea, salvo excepciones, el nivel de impuestos, directos e indirectos, es muy superior al de Estados Unidos. Pero este es prácticamente el único sistema para que el Estado de bienestar sea muy superior en Europa, los niveles de desigualdad menores y, por ejemplo, el sistema sanitario cubra a prácticamente toda la población. En consecuencia, se puede observar que el mantra de que “el dinero donde mejor está es en el bolsillo del contribuyente” no es siempre cierto. Los españoles, a través de nuestros impuestos, financiamos una sanidad, según los estudios de la Organización Mundial de la Salud, mejor que la estadounidense, entre otras, pero además, obviamente, más barata. Traduciendo, el norteamericano medio paga mucho más por seguros médicos y tratamientos que un español, vía impuestos, para financiar la sanidad…

De las aulas a las calles, de Nieves Rey, directora de comunicación de Ecoembes

Jorge Carrión da instrucciones para levantarse contra Amazon

Amazon no solo baja los precios de sus productos, sino que los devalúa. “Desde su mirada algorítmica e hiperpráctica no hay diferencia entre una caja de tornillos y un libro”, dice Jorge Carrión (Tarragona, 1976) que acaba de publicar Contra Amazon (Galaxia Gutenberg), recopilación de sus artículos publicados en prensa con la empresa como protagonista. El autor defiende la resistencia de las librerías y las bibliotecas, pero con la complicidad de un ciudadano consciente y crítico con el lugar en el que va a gastar su dinero. Es un consumo ético que apela a pagar en los comercios de proximidad y no en las grandes áreas comerciales o en una distribuidora que trata de que tus deseos y caprichos sean atendidos de inmediato.

“En su modo salvaje de concebir el capitalismo no hay zona de la realidad donde no vaya a meter sus zarpas, tanto en los continentes como en los contenidos e imponiendo una ética que no incluye la transparencia, que no respeta la autoría y que se basa en la velocidad”, sostiene Carrión. “Y que no paga impuestos en España”, añade.

… El precio del libro está regulado por ley en España y eso mantiene a raya a la empresa logística, a pesar de que para el autor este es un proyecto antirregulación, “un monstruo global al que los organismos internacionales llegan tarde para controlar”, en palabras del autor. “La lógica de Amazon es eliminar cualquier figura de mediación y de control, para crear nuevos modelos de autopublicación. Sin embargo, tanto Facebook, como Twitter, como YouTube han tenido que reconocer que la moderación y el control son importantes para no divulgar noticias falsas. Me parece terrible que Wikipedia haya quedado desvalida y en minoría frente a todos estos monstruos, que imponen una visión de la creación donde ni el autor ni la autoría existe”, explica Carrión.

“Habría que tomar una decisión de apoyo firme al comercio de cercanía para garantizar la supervivencia de la cultura”, dice el autor de Librerías, que propone levantar el pie del acelerador y recordar que somos cuerpo, que los espacios más adecuados para el diálogo son los bares, los centros culturales, las bibliotecas y la prensa. Piensa que es tan importante no ser reaccionarios como conservar y aumentar la inversión pública en estas “estructuras físicas esenciales para las ciudades y la democracia”. Reivindica un ciudadano crítico que defienda el comercio de cercanía y las empresas que pagan impuestos en España.

Banco de España: ¡sí, hay una alternativa!, de Juan Laborda