Biología y humanidades: ciencias naturales y ciencias sociales

12/06/2017

Biología: ciencia de la vida

La vida no es algo misterioso, imposible o muy difícil de conocer, comprender, definir, describir o explicar. La vida puede estudiarse y comprenderse científicamente: la biología es la ciencia de la vida.

El conocimiento científico acerca de la vida (explícito, simbólico, lingüístico, formalizado, declarativo, descriptivo, explicativo, teórico y empírico) no es del mismo tipo que el conocimiento práctico que tienen los organismos para hacer lo adecuado para seguir vivos (implícito, subsimbólico, procedimental, práctico, predictivo): la inmensa mayoría de los seres vivos no saben describir o explicar qué es la vida y cómo funciona, pero están vivos y saben qué hacer, de forma limitada e imperfecta, para mantenerse con vida, desarrollarse y reproducirse. Un animal desea comer y beber y sabe cómo conseguir alimento y agua aunque no sepa nada de bioquímica y metabolismo; ese animal también evita sustancias nocivas sin saber que existen los microorganismos patógenos; un organismo busca un entorno con una acidez adecuada aunque no sepa qué son los protones responsables de esa acidez; una célula mantiene un metabolismo autocatalítico aunque no sepa qué es el metabolismo o la catálisis.

Los organismos necesitan tener conocimiento acerca de su entorno, el cual incluye partes inertes y otros seres vivos con los cuales interactúan: cooperadores o competidores, amigos o enemigos, presas o depredadores, parásitos o huéspedes, miembros o no del mismo grupo social. El conocimiento biológico es muy útil para los humanos: para la alimentación (los humanos son heterótrofos, se alimentan de materia orgánica procedente de otros seres vivos mediante la recolección, la caza, la pesca, la agricultura o la ganadería), la salud (medicina humana y veterinaria como biología aplicada), el medio ambiente (gestión de un entorno agradable y propicio), la ingeniería y la arquitectura (biomímesis: copia de soluciones naturales o inspiración en ellas).

Biología y humanidades

El conocimiento sobre biología y evolución puede servir como fundamento para comprender mejor las ciencias humanas y sociales y sus fenómenos esenciales: economía, psicología, sociología, grupos, moralidad, cultura, derecho, arte, lenguaje, intencionalidad, conciencia, religión. Todos estos ámbitos y fenómenos pueden explicarse a partir de ideas biológicas y evolutivas.

Para aprovechar el conocimiento que proporciona la biología a las ciencias humanas y sociales no es necesario dominar los detalles técnicos propios de especialistas: química orgánica, bioquímica, genética, terminología de partes de células y organismos y cómo funcionan, clasificaciones de especies de organismos (taxonomía o cladística). Es suficiente con conocer algunas ideas esenciales que son fácilmente accesibles y que son compartidas por otras ciencias como la economía y la psicología: acción, control, recursos, escasez, elección, costes, oportunidades, peligros, inversión, coordinación, comunicación, cooperación, competencia, asociación, tiempo, riesgo, incertidumbre, intercambio, negociación, interacción estratégica.

Una teoría integral de la acción y la mente no se limita al ámbito de lo humano sino que se fundamenta en una teoría de la vida y su evolución. Los seres humanos, como seres vivos, comparten algunos rasgos esenciales con todos los organismos, y muchos rasgos con muchos seres vivos. Las características peculiares de los humanos son respuestas evolutivas particulares a los problemas universales de la vida en las circunstancias concretas del nicho ecológico específico de la especie humana. Lo humano es continuo o común con lo animal porque procede de lo animal, y es discontinuo o diferente porque añade facultades propias diferenciadoras que generan nuevos problemas y soluciones.

Algunos errores intelectuales extendidos y persistentes se deben en buena medida al desconocimiento de realidades biológicas o naturales: el humano creado por los dioses y caído, el buen salvaje, la tabla rasa, el espíritu en la máquina, la moral o ley reveladas, la inteligencia y la conciencia como dones divinos o realidades irreducibles a lo material y determinista.

Solamente algunos seres humanos tienen conocimientos científicos de biología. Muchas personas no solo desconocen lo que aporta la biología sino que incluso tienen ideas contrarias a la realidad de la vida: creen que la vida requiere alguna intervención sobrenatural de un creador o un diseñador inteligente para su origen o mantenimiento, que la evolución biológica es imposible o está dirigida teleológicamente, o que hay vida tras la muerte (el más allá, la reencarnación, la resurrección).

La biología es una ciencia tan poderosa que puede explicar, con la ayuda de otras ciencias derivadas como la psicología evolucionista, la memética, la antropología y la sociología, por qué muchos humanos tienen ideas erróneas acerca de la vida: por limitaciones intelectuales; por sesgos cognitivos sistemáticos hiperactivos (atribución de intencionalidad, búsqueda de significado); por capacidades de engaño, autoengaño e hipocresía; por miedo a la muerte, ansias de inmortalidad, y necesidad de consuelo propio y ajeno ante la pérdida de seres queridos; por imaginación y deseo de una existencia ideal de riqueza, poder, estatus, placer, amor, amistad y éxito, en contraste con la soledad, los dolores, las miserias, los fracasos, las frustraciones, los problemas o las limitaciones de la realidad; por creencias religiosas con contenidos y normas de conducta útiles para la identificación, coordinación, control y cohesión de grupos sociales.

Biología, economía y psicología

La economía y la psicología son ciencias humanas, pero no son ciencias que estudien o expliquen exclusivamente lo humano: también se aplican a los seres vivos como agentes autónomos autopoyéticos. La biología está estrechamente relacionada con la economía y la psicología: los organismos son agentes económicos y su acción o conducta debe ser dirigida de algún modo. Los organismos actúan, necesitan obtener y utilizar recursos y deben economizar, asignar los medios escasos disponibles, elegir entre alternativas, asumir costes, riesgos e incertidumbre. Un organismo necesita un sistema de control cibernético, que para muchos animales es un sistema nervioso con una psique asociada que incluye emociones y cognición.

La vida implica competencia y cooperación. Existen relaciones conflictivas violentas (depredación, parasitismo, combates por estatus, guerras), pero también hay mercados biológicos: intercambios de bienes y servicios (alimentos, sexo, protección, cuidados corporales, transporte), precios, cantidades, calidades, negociaciones, publicidad, engaño, confianza, reputación. La competencia requiere capacidades estratégicas para vencer al rival, y la cooperación requiere habilidades de coordinación (y posiblemente comunicación) con los colaboradores. La cooperación social es muy exitosa y los grupos como unidades de convivencia y acción son adaptaciones evolutivas muy poderosas: por eso la mente de los animales sociales (y sobre todo la de los seres humanos) está especialmente orientada o dedicada a la interacción social, especialmente dentro de grupos delimitados.

La mente humana se diferencia de la de otros animales en que tiene capacidades singulares útiles para la construcción o fabricación de herramientas y la transformación del entorno (habilidades técnicas, físicas, ingenieriles), y en que es flexible y adaptativa ante entornos cambiantes (aprendizaje, curiosidad, investigación, creatividad). Sin embargo la mente humana destaca sobre todo por sus capacidades y preferencias orientadas a la cooperación social: cognición, emociones, intencionalidad, conciencia, moral, normas, instituciones, cultura, lenguaje.

La inteligencia técnica (para el mundo físico y el ámbito de la vida no humana) y la inteligencia social no son independientes sino que interactúan y se refuerzan mutuamente: la inteligencia técnica es socialmente útil (el conocimiento es poder) y atractiva (incluso sexualmente); las habilidades sociales pueden reforzar las capacidades técnicas o ingenieriles, ya que mediante la imitación o el lenguaje es posible aprender de otros, enseñar a otros, acumular conocimiento y transmitirlo mediante mecanismos culturales.

Los antecesores de los humanos se humanizan fundamentalmente mediante la socialización progresiva. Las oportunidades y amenazas principales no proceden solamente del entorno no humano (condiciones ambientales, alimentos, depredadores): lo más importante para un humano es otro ser humano como potencial competidor o cooperador, de modo que las interacciones entre humanos implican fuertes presiones evolutivas para los propios humanos (selección sexual y social). Estas presiones sociales constituyen bucles de realimentación positiva: cada mejora adaptativa de unos implica una necesidad para otros de mejorar o extinguirse gradualmente.

El ser humano tiene una teoría de la mente: es capaz de representarse y comprenderse a sí mismo y a otros individuos como agentes con mente intencional consciente, con creencias y deseos, con pensamientos y emociones; esta capacidad estratégica permite al individuo cooperar y competir mejor con o contra otros (mente humana maquiavélica que planifica, predice, se anticipa, considera alternativas, sorprende, se comunica, engaña).

La cultura se basa en las capacidades de innovación e imitación en un entorno social. La transmisión cultural es reforzada por capacidades de comunicación mediante un lenguaje simbólico sofisticado, el cual es simultáneamente producto y vehículo de la cultura. La cultura se genera socialmente y además sirve para coordinar, identificar y cohesionar grupos de cooperadores.

El ser humano inventa y cuenta historias, produce obras de arte y participa en retos físicos o competiciones deportivas. El arte y el deporte son productos del deseo de generar belleza (estímulos estéticos agradables, atractivos) y no solo admirar la existente; de la voluntad de superación personal; y del deseo de captar la atención de otros y conseguir atractivo sexual y estatus social mediante la producción de señales honestas costosas (con objetos, historias y eventos interesantes que son resultado de capacidades físicas, psicomotrices y creativas especiales).

Los sentimientos morales son emociones o afectos orientados a promocionar y proteger la cooperación social, premiando a los honestos y castigando a los tramposos. Las normas morales que regulan la convivencia y la cooperación eventualmente se formalizan y dan lugar a sistemas jurídicos (derecho).

Las creencias religiosas son autoengaños compartidos funcionales: son ideas atractivas, en parte resultado de sesgos cognitivos y emocionales, que pueden servir de consuelo personal ante los fracasos o pérdidas vitales y que son útiles para la cooperación social como marcos de referencia normativos comunes y señales honestas costosas de pertenencia y lealtad a un grupo.

Consiliencia

La consiliencia es un término que se refiere a la convergencia o concordancia de evidencias independientes como fundamento del conocimiento: si muchas pistas sin relación entre sí apuntan a la misma conclusión (como flechas que indican una misma dirección o un mismo objetivo), esta es probablemente válida; si varias mediciones con diferentes aparatos y mecanismos coinciden, los datos son seguramente buenos.

La consiliencia es también la unidad del conocimiento, la integración de las diversas disciplinas científicas especializadas en un marco unificado y consistente. La conexión entre ámbitos de investigación aparentemente separados e independientes es posible y fructífera, y es una tarea especialmente necesaria en el caso de la relación entre las ciencias naturales y las ciencias humanas: el ámbito de lo humano, lo social y lo cultural necesita librarse del lastre sobrenatural y místico y desarrollar una fundamentación física, biológica y natural.

La consiliencia se basa en que la realidad es una, conexa y coherente: no existen ámbitos aislados, y es posible construir los niveles más complejos a partir de los más simples. Lo físico y natural tiene una existencia previa a lo humano e independiente de ello: puede haber mundo inerte y orgánico sin presencia humana. En el sentido contrario, lo físico y natural es la base única de la existencia de lo humano: sin realidad física y biológica no hay realidad humana, y no hace falta nada más (ningún ámbito sobrenatural imposible) para comprender lo humano.

Los fenómenos humanos y sociales emergen evolutivamente a partir de regularidades físicas básicas: lo cultural y lo artificial son subconjuntos especiales de lo biológico y lo natural. Con la consiliencia no se trata de ignorar lo específico y diferente de las humanidades, sino de conectar lo humano con la naturaleza y anclarlo al mundo real para comprenderlo mejor.

Es posible hacer investigación en un ámbito concreto de la realidad sin necesidad de conectarlo apenas con los demás, y de hecho muchos avances científicos requieren una alta especialización: sin embargo la perspectiva integradora sirve para incrementar la consistencia y la salud de todo el árbol del conocimiento, obteniendo múltiples apoyos que refuercen las ideas verdaderas y eliminando errores que de forma aislada podrían no ser detectados o incluso prosperar y expandirse.

La consiliencia del conocimiento científico se demuestra de forma constructiva, explicando cómo a partir de lo físico y lo químico emerge espontáneamente lo biológico (ciencias naturales), y cómo la evolución de la vida produce lo humano (humanidades, ciencias sociales: antropología, psicología, economía, sociología, moralidad, cultura, arte, lenguaje, religión, instituciones, ciencia, tecnología, derecho). Esta explicación es simple en sus ideas principales pero compleja en los detalles: incluye teoría e historia, tiene muchos elementos y etapas, y emplea de forma complementaria el análisis y la síntesis, la descomposición y la reconstrucción, el reduccionismo y el holismo, el estudio de los elementos y las relaciones de un sistema y el estudio del sistema en su conjunto.

Un concepto fundamental y ejemplo de consiliencia y de la oposición intelectual a la misma es la teoría de la evolución biológica: es una teoría con múltiples apoyos de evidencias convergentes (genética, biología molecular, biología en general, paleontología, geología, biogeografía, anatomía y fisiología comparadas, taxonomía); es una idea que sirve para explicar cómo a partir de lo biológico surge lo humano y lo social (conecta la vida con la mente, la intencionalidad, la conciencia); y sin embargo sufre una fuerte oposición de grupos de interés cegados por sus sesgos ideológicos y sus creencias religiosas en lo sobrenatural (creacionismo, teoría del diseño inteligente).

Referencias

John Brockman, The Third Culture: Beyond the Scientific Revolution

Humberto Maturana & Francisco Varela, Autopoiesis and Cognition: The Realization of the Living

Humberto Maturana & Francisco Varela, The Tree of Knowledge: The Biological Roots of Human Understanding

Steven Pinker, The Blank Slate: The Modern Denial of Human Nature

Matt Ridley, Nature Via Nurture: Genes, Experience, and What Makes us Human

Michael L. Rothschild, Bionomics: Economy As Ecosystem

Michael Shermer, The Mind of the Market: How Biology and Psychology Shape Our Economic Lives

Edward O. Wilson, On Human Nature

_ Consilience: The Unity of Knowledge

_ The Social Conquest of Earth

_ The Meaning of Human Existence

_ Sociobiology: The New Synthesis

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Biología, economía, psicología y toma de decisiones

06/02/2015

Conferencia en la Universidad Francisco Marroquín (video).


Posibles causas de los errores contra la reserva fraccionaria

14/01/2014

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Uno de los errores intelectuales más graves y llamativos de algunos liberales de la escuela austriaca de economía es su oposición a la reserva fraccionaria de la banca. Dos pensadores brillantes, influyentes y fructíferos, pero obsesionados contra la reserva fraccionaria y equivocados al respecto, son los principales responsables: Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto. Ambos cuentan con múltiples seguidores más o menos significativos que contribuyen a la propagación de este error.

Dada la metodología científica de la escuela austriaca de economía el error es especialmente preocupante porque podría parecer que la crítica contra la reserva fraccionaria no se plantea como una hipótesis provisional potencialmente explicativa, abierta a crítica y revisión, sino como un axioma apodíctico demostrable lógicamente mediante deducción y presuntamente irrefutable. En este caso, o la lógica no funciona o algunos pensadores que insisten mucho en su importancia en realidad no saben utilizarla con suficiente rigor.

Los errores sistemáticos en este ámbito pueden proceder de sesgos y limitaciones del proceso de enseñanza a los economistas sobre los intercambios, el dinero, el crédito, la deuda, la banca y las finanzas: se confunde una simplificación explicativa de por qué el dinero supera al trueque con la idea de que sólo hay esas dos posibilidades. Es común explicar el origen del dinero por las limitaciones del trueque, lo cual tiene parte de verdad pero es una visión incompleta. El alumno queda con la impresión de que sólo existen dos tipos de intercambios: los directos (trueque), y los indirectos (con dinero). No se menciona, y por lo tanto se ignora, la posibilidad de que se produzcan intercambios incompletos, a crédito, diferidos en el tiempo, en los cuales se entrega un bien o servicio a cambio de una promesa de entrega de dinero en el futuro, generándose así una deuda entre quien da el bien (ahora acreedor) y quien lo recibe (ahora deudor).

La escuela austriaca enfatiza la subjetividad y el carácter dinámico y heterogéneo de las valoraciones de los individuos sobre los bienes, pero no investiga cómo de variables o invariantes son esas preferencias: por lo general ignora la teoría de la liquidez del dinero como invariante de valor.

Al tratar los bancos, se los considera erróneamente como meros almacenes de dinero (con analogías espurias, engañosas y desorientadoras, como depósitos de materias primas, garajes o guardarropas): se asegura, sin presentar evidencias, que los billetes que entregan a sus clientes son certificados de guarda y custodia, y que en los intercambios los individuos en vez de entregar dinero entregan los billetes que dan derecho al mismo. En realidad el billete de banco tiene mucho más que ver con la letra de cambio. También se acusa a los bancos de falsificadores y de cometer fraude al producir más billetes que el que tienen en tesorería, olvidando que el banco tiene otros activos líquidos convertibles rápida y fácilmente en dinero. El desconocimiento sobre contabilidad puede estar en la base de este problema.

Tampoco se considera la posibilidad de que se utilice la deuda como medio de pago (crédito circulante), como complemento o sustituto monetario: la deuda muy segura y a muy corto plazo se monetiza (se usa como dinero entendido en sentido amplio), y así se economiza el dinero en sentido estricto, evitando parte de sus costes y riesgos de producción y atesoramiento. Los bancos, además de intermediarios financieros, son gestores del sistema de pagos y cobros de una sociedad: las deudas entre los individuos pueden cancelarse o compensarse unas con otras sin necesidad de que circule el dinero, el cual sólo se transfiere para los saldos netos no compensados.

La teoría austriaca del ciclo económico enfatiza la expansión crediticia insostenible, la dimensión temporal de la acción y las descoordinaciones de la estructura de producción en relación con el ahorro disponible y las preferencias de consumo: pero no considera que el ahorro, la deuda y la inversión en general tienen una componente temporal y de riesgo, y que al haber intermediarios financieros es posible que se produzca un desajuste entre el plazo y riesgo al que prestan los acreedores al banco (depositantes a la vista y a plazo y obligacionistas) y el plazo y riesgo al cual el banco presta a sus deudores. No hay un solo tipo de interés que la banca central reduzca artificialmente, sino una curva de tipos que la banca en general (privada y pública) manipula de forma insostenible al intercambiar rendimientos por riesgo. Estos desajustes pueden efectuarlos también otros intermediarios financieros: en la crisis actual ha sido principalmente la banca en la sombra, que no utiliza depósitos a la vista.

A los errores económicos se añaden errores legales y éticos: una teoría de la ética de la libertad que interpreta equivocadamente los contratos como transferencias plenas de derechos de propiedad sobre objetos; la confusión entre títulos de propiedad y títulos de deuda; la confusión entre el derecho romano y los principios generales del derecho; la aplicación de normas relativas a contratos de guarda y custodia a entidades de naturaleza diferente.

La crítica contra la reserva fraccionaria de la banca se basa en diversos argumentos económicos y éticos falaces ya refutados. Son falacias porque parecen correctos y sus apariencias engañan: están construidos de tal manera que consiguen convencer y confundir al incauto; no sobrevivirían si sus defectos fueran obvios para todos, tanto novatos como expertos en teoría, historia y práctica monetaria y bancaria.

Diferentes factores epistémicos, psicológicos y económicos, muchos de ellos aplicables a otros ámbitos, permiten explicar por qué se produce este error y por qué se mantiene a pesar de que es un tema que ha sido y sigue siendo conveniente y claramente explicado en numerosos lugares y ocasiones. Los individuos equivocados han asumido ideas erróneas y no las corrigen, y este proceso puede estudiarse como un problema de capacidades e intereses: normalmente uno no cae en el error queriendo, sino por falta de capacidad para detectarlo; mantenerse en él implica no poder o no querer reconocerlo y abandonarlo.

En la generación, mantenimiento y propagación de ideas o memes intervienen emisores y receptores, maestros y alumnos, innovadores y seguidores. Aparte de la aparición original y creativa de una nueva idea, la asimilación inicial de errores se produce generalmente cuando un estudiante es confundido, dirigido por mal camino por un profesor equivocado. Esta circunstancia puede resultar muy nociva: igual que cuando se aprende alguna habilidad psicomotriz, como a tocar algún instrumento musical, es importante no adquirir vicios o manías que luego se enquistan y son difíciles de corregir. Conviene recibir la instrucción adecuada desde el comienzo y no acumular errores y perseverar en ellos: la constancia no siempre es una virtud; a veces es simple obcecación, testarudez, fanatismo.

El equivocado puede estar en una situación peor que el que no sabe nada y al menos reconoce su ignorancia; es mejor no haberse movido que avanzar en dirección contraria a la deseada. Si reconoce su error, entonces sabe cómo no es la realidad, y tal vez además sepa por experiencia propia por qué algunas ideas son falaces y pueden engañar a otros. Muchos especialistas en procesos de aprendizaje y en empresarialidad recomiendan equivocarse mucho y rápido: pero este consejo sólo tiene sentido si se obtiene alguna lección de los fracasos.

La economía conductual muestra la importancia del sesgo de confirmación en los seres humanos: se tiende a buscar pruebas de que uno tiene razón, se evita o distorsiona la información que es inconsistente con lo que uno previamente cree, se ignoran los argumentos que provocan el dolor de reconocer que uno se ha equivocado y no es tan inteligente como creía. No es lo mismo no saber nada sobre un tema que tener ideas preconcebidas incorrectas acerca del mismo. Si un alumno tiene interés y capacidad, aun partiendo de cero es posible enseñarle y conseguir que aprenda. Pero si lo que cree saber y le sirve de fundamento es lo opuesto a la realidad, si tiene ciertos prejuicios erróneos que no está dispuesto a abandonar, entonces su progreso intelectual será difícil o imposible: su apego, tal vez fervoroso, por las pseudoexplicaciones en las que cree, le impedirá comprender las explicaciones correctas y otras ideas que conectan con ellas. Para conseguir avanzar primero debe revisar lo que cree saber, reconocer sus errores y superarlos.

No hay ninguna forma de garantizar por completo que los maestros no se equivocan, y cuando un aprendiz comienza con algo, por definición no sabe, y por tanto tal vez no puede juzgar, analizar críticamente y filtrar adecuadamente las ideas recibidas. Si el profesor comete algún error el alumno tal vez lo asuma y lo haga suyo: es común memorizar sin comprender. Si se recibe gran cantidad de información e ideas, tal vez no sea posible comprobarlo todo; si hay muchas partes del conocimiento válidas tal vez se crea que todo el conjunto es correcto, que todas las piezas encajan, y no se detecten los detalles problemáticos.

El maestro no tiene por qué ser un estafador: seguramente está autoengañado, convencido de la corrección e importancia del presunto conocimiento que transmite. Abundan los economistas que afirman cosas contradictorias, luego algunos pensadores necesariamente están equivocados y sin embargo enseñan e incluso crean escuela, reciben premios y reconocimiento público. Quizás el profesor tiene mucho carisma, comunica con pasión, es simpático, generoso, atractivo, persuasivo, seduce al alumno. Tal vez el aprendiz cree que conviene no llevarle la contraria para tener una buena relación con él y obtener buena nota o algún avance académico o profesional.

El riesgo de transmisión de errores es mayor cuando se aprende de una sola fuente o de un conjunto de fuentes homogéneas y dependientes unas de otras, como puede ser el caso de un grupo cerrado y sectario que no fomente la crítica autónoma. Los grupos humanos formados por individuos con ideas o intereses semejantes tienden a cerrar filas: los miembros comparten dogmas, se apoyan mutuamente y fomentan la conformidad, rechazando al heterodoxo, hereje o blasfemo. Si se asimila una explicación convincente pero errónea, para corregirla será necesario recibir una argumentación contraria que tal vez no exista o que no esté disponible para el individuo, que suele rodearse de quienes piensan igual que él y comparten sus mismas limitaciones.

Algunos memes consiguen permanecer en las mentes de sus portadores, a pesar de su falsedad o incorrección, porque consiguen conectar con sus mecanismos emocionales y ser queridos. Son ideas que no dan igual, sino que el sujeto las aprecia como suyas, valiosas e importantes, y no quiere perderlas. Son memes atrincherados que defienden su posición privilegiada dentro de la mente contra invasores externos que podrían expulsarlos y eliminarlos: el individuo no tiene ideas sino que las ideas lo tienen a él. El componente emocional puede reforzarse mediante mecanismos de indignación moral que dificultan el análisis imparcial y objetivo.

Ciertos errores intelectuales, como el socialismo y el estatismo, persisten porque benefician a determinados grupos de interés: algunos de sus defensores se autoengañan porque su sustento depende de la incomprensión de ciertos asuntos. Otros errores permanecen porque sus portadores no desean asumir el dolor psíquico de su reconocimiento.

Algunas ideas absurdas distintivas sirven como identificadores de pertenencia a un grupo y prueba de lealtad al mismo, de modo que se defienden con orgullo porque abandonarlas implica desertar o traicionar al colectivo, ser desleal y arriesgarse a ser repudiado, perdiendo posibles relaciones de cooperación y capital social. Al reconocer un error uno no sólo se humilla a sí mismo sino que deja en evidencia a todos los demás que comparten dicho error. Es común no realizar ciertas críticas o suavizarlas por el deseo de llevarse bien o por el miedo a individuos en posiciones de poder y a la reacción de todos sus fieles seguidores. Los dogmas de fe y los líderes sirven como focos para coordinar y cohesionar un grupo. Atacar esas ideas y a esos líderes es atacar al grupo y a todos sus miembros, lo cual seguramente provocará un contraataque, que algunos realizarán con especial dedicación e intensidad para demostrar su lealtad y ganar puntos ante los correligionarios.

Las críticas correctoras pueden doler, molestar o incluso resultar ofensivas para algunos. Pero la solución de ciertos problemas requiere hablar clara y abiertamente aunque las verdades resulten inconvenientes o incómodas: censurar, contemporizar y callar para llevarse bien quizás sólo sirva para que la situación se mantenga o se agrave. Conviene practicar el sentido del humor, reírse uno de sí mismo y sus naturales limitaciones, no tomarse demasiado en serio.

En teoría la ciencia funciona mediante prueba y error objetivas, generación, crítica y comprobación imparcial de ideas: en realidad muchos pensadores (seguramente casi todos) quieren dejar huella, ser aplaudidos, crear escuela, conquistar muchos seguidores, incrementar su prestigio e influencia, mostrar lo brillantes que son, cuánta razón tienen y lo mucho que saben en comparación con otros competidores, que naturalmente están equivocados por no tener las mismas ideas (el estatus intelectual es un bien posicional). Cuanto más poder tenga un científico, más daño puede hacer si está equivocado y utiliza su prestigio e influencia para propagar sus errores y bloquear su revisión. De ahí el dicho de que en ocasiones la ciencia avanza tras los funerales de aquellos intelectuales dominantes que obstaculizan su progreso.

La argumentación racional surge evolutivamente no tanto para conocer la realidad sino como herramienta para vencer y convencer en discusiones contra otros y defender el estatus del individuo como pensador inteligente e influyente. Por este motivo para muchas personas reconocer errores es emocionalmente difícil, sobre todo si estos son importantes: no sólo implica perder referencias y fundamentos y quedar desorientado; también supone una posible pérdida de estatus, algo muy importante para los seres humanos como animales hipersociales.

Reconocer públicamente los propios errores y responsabilizarse de ellos es un acto de gran integridad intelectual; pero algunos individuos quizás se avergüenzan, estiman que eso implica una pérdida de capital intelectual y personal que no están dispuestos a asumir, de modo que prefieren distraer la atención, no darse por enterados, no dar la razón al otro; pueden también tratar de huir hacia adelante, seguir engañados, repetir los malos argumentos una y otra vez, recurrir al principio de autoridad, proponer ideas progresivamente más absurdas y disparatadas, enfatizar, resaltar y perseverar en las mismas malas ideas. El problema de no reconocer los errores es mayor cuanto más haya insistido un pensador en la corrección, importancia y originalidad de las ideas que resulten ser falsas y cuantas más oportunidades haya desaprovechado para revisarlas: hay más evidencias y el daño provocado es más grave.