Problemas de la Escuela Austriaca de Economía (II)

30/06/2016

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Continúo comentando las críticas de Bryan Caplan a la Escuela Austriaca de Economía (EAE) en “Why I Am Not an Austrian Economist” (y en el artículo prácticamente idéntico “The Austrian Search for Realistic Foundations”, Southern Economic Journal 65(4), April 1999, pp. 823-838).

Funciones de utilidad y escalas de valores

Sobre las funciones de utilidad vs. las escalas de valores como herramientas para representar las preferencias individuales, Rothbard insiste en que la utilidad es algo ordinal, no cardinal, y asegura rotundamente: “there is no way whatever of measuring the distance between the rankings; indeed, any concept of such distance is a fallacious one”. ¿Cómo sabe que no hay absolutamente ninguna forma de medir la distancia entre los elementos de una escala de valor y que cualquier concepto de esa distancia es falaz? Si esto es una cuestión empírica del ámbito de la psicología, en la cual la praxeología no entra y sobre la cual él no tiene experiencia, ¿cómo está Rothbard tan seguro de qué es posible o no medir o conceptualizar? Tal vez medir la satisfacción psíquica sea algo difícil, caro y poco realista pero no imposible: internamente un agente sabe que prefiere una cosa a otra, pero también sabe si la prefiere sólo un poco, bastante, mucho o muchísimo (quizás no se pueda medir con precisión pero sí estimar); también podemos observar expresiones emocionales en otras personas para saber cuánto valoran o prefieren las cosas (con la posibilidad siempre presente del engaño, reprimiendo o simulando la expresión de las emociones); quizás sea muy difícil cuantificar de forma simple estas diferencias, y es cierto que aún no se ha conseguido, pero resulta muy arriesgado, sobre todo desde una posición de ignorancia sobre la psicología, afirmar que hacerlo es completamente imposible y que ni siquiera tiene sentido. Las preferencias son generadas en la intimidad de la mente por el sistema nervioso mediante fenómenos físicos y químicos: puede ser una realidad compleja, de difícil acceso, y cuyo conocimiento preciso sea tan caro y ambiguo que no resulte práctico, pero convendría conocerla mejor antes de realizar afirmaciones tan rotundas al respecto.

Rothbard critica a los neoclásicos por utilizar utilidades cardinales, pero según Caplan esto se debe a no entenderlos, ya que estos insisten sistemáticamente en que las utilidades son ordinales aunque puedan representarse por conveniencia de formas diferentes. Caplan afirma que Rothbard utiliza el instrumental neoclásico que rechaza para alcanzar ciertos resultados como las demostraciones del efecto renta y el efecto sustitución: según Predrag Rajsic esto no es cierto (Did Rothbard “Borrow” the Income and Substitution Effects?).

Continuidad

Tanto Mises como Rothbard critican la suposición de continuidad de las funciones de utilidad y de las curvas de demanda y de oferta de los economistas neoclásicos, porque el ser humano actúa en función de cosas relevantes y lo infinitesimal no puede ser percibido ni considerado en la acción. Una posible réplica contra este argumento es que la suposición de continuidad (y diferenciabilidad) es una aproximación útil para poder utilizar el análisis matemático (cálculo, límites, derivadas, integrales, funciones analíticas de variable real) en lugar de usar matemáticas discretas (diferencias finitas, cocientes, métodos numéricos) o mera lógica verbal: no se trata de pretender que los agentes son capaces de percibir cambios infinitesimales sino de emplear un aparato matemático siendo conscientes de que se trata de una aproximación o una representación no completamente realista. Este problema aparece también en otros ámbitos científicos que deben decidir si utilizar matemáticas discretas o continuas como representación fiel de la realidad o como buena aproximación. Si la representación es útil o no es algo que no puede decidirse a priori sino en función de los resultados obtenidos. Además, ¿cómo sabe Rothbard cómo de grandes o intensas deben ser las diferencias entre valoraciones para que produzcan una acción voluntaria? Si conociera algo de dinámica no lineal (teoría del caos) sabría que muy pequeñas diferencias iniciales (entre las actividades de los subsistemas mentales que representen el valor de cada posible fin) pueden resultar en grandes diferencias finales (conducta observable, preferencias y acciones como atractores en el espacio de posibilidades); y como muestra la teoría de catástrofes, es posible utilizar matemáticas continuas para describir fenómenos con discontinuidades o transiciones bruscas como cambios de fase.

Rothbard no acepta la suposición de continuidad que, siendo útil en ámbitos como la física, no sería aplicable a la economía: “The crucial difference is that physics deals with inanimate objects that move but do not act”. Cree que la economía es algo completamente distinto de la física y no se da cuenta de que el mundo de lo económico, cerebros incluidos, también es físico: todo actuar, intencional o no, es un moverse de objetos físicos (de señales entre neuronas, de músculos, de glándulas, de vísceras, de máquinas). No hay por un lado los movimientos de objetos inanimados y por otro lado desconectado e independiente está el mundo de las acciones de agentes animados, sino que las acciones son tipos particulares de movimiento en sistemas con características específicas adecuadas (seres vivos como agentes autónomos autopoyéticos). Esta afirmación es un error muy común entre muchos economistas austriacos que no comprenden las relaciones entre el mundo de lo natural, físico y biológico, y el mundo de la acción humana: creen que han descubierto una verdad profunda (movimientos vs. acciones) cuando sólo están manifestando su ignorancia en este ámbito. En realidad no saben qué es acción (movimiento y trabajo termodinámico) y no comprenden cómo lo intencional es un modo particular (no el único posible) de control cibernético de la acción que requiere un soporte físico.

Caplan resalta además que si se insiste en rechazar la continuidad entonces no deben usarse nunca gráficos con funciones continuas (especialmente después de asegurar que son un peligroso error), y es falaz pretender que la oferta y la demanda puedan igualarse y los mercados vaciarse de forma exacta: Rothbard hace todo esto, aunque podría excusarse con que es meramente una simplificación gráfica.

Economía del bienestar

Sobre la economía del bienestar Mises y Rothbard defienden que sólo los intercambios libres benefician a todos los participantes (+, +), mientras que la intervención estatal beneficia a unos a costa de otros (+, −). El análisis de los intercambios libres es incompleto, ya que no dice nada acerca de cómo afecta a los no participantes en cada intercambio, quienes podrían sentirse perjudicados (por envidia, o por no haber podido participar en un intercambio que deseaban, como el vendedor que quería venderte lo que has comprado en otro sitio) o beneficiados (por empatía o altruismo): que no demuestren ese perjuicio o beneficio en alguna acción propia no significa que este no exista.

Sobre el análisis de la intervención estatal los austriacos insisten en no medir o estimar beneficios o perjuicios, no hacer comparaciones interpersonales de utilidad y no sumar o restar beneficios y perjuicios para obtener resultados netos: según Caplan esto les impide criticar algunas intervenciones estatales claramente ineficientes porque su resultado neto sería negativo. Aquí Caplan tiene un problema serio: no explica cómo se miden y conocen los beneficios o perjuicios de la intervención estatal para evaluar su eficiencia o ineficiencia; si los austriacos no tienen noción de intensidad y sólo comparan una situación en la que todo es positivo y otra en la que algo es positivo y algo es negativo (considerando sólo a los directamente involucrados), los neoclásicos asumen con demasiada ingenuidad que pueden conocer todos los beneficios y las pérdidas y su resultado neto (y que tiene sentido esa agregación de valoraciones). Además después de haber asegurado que las utilidades son ordinales y subjetivas aquí parece que se están sumando y restando como si fueran magnitudes objetivas y cardinales (a menudo son sustituidas por algún tipo de magnitud monetaria).

Valor subjetivo

Los austriacos insisten a menudo en que el valor es subjetivo. Pero esto es compartido por los neoclásicos, quienes saben que el valor depende de los individuos y no está en las cosas en sí mismas: a veces realizan simplificaciones, como suponer que todos los individuos tienen las mismas valoraciones, igual que los austriacos recurren a simplificaciones como analizar las interacciones entre dos agentes aislados (Robinson y Viernes). Aunque los austriacos abusan a veces de la subjetividad como argumento (parece que no saben decir otra cosa o profundizar un poco), y no se fijan en que algunas preferencias son más homogéneas y estables que otras (lo que es esencial para entender la liquidez y el dinero), a mi juicio la heterogeneidad y dinamismo de las preferencias no suele estar representada de forma realista en los modelos neoclásicos.

Cálculo económico, imposibilidad del socialismo y constantes en economía

Caplan critica a Mises porque por un lado insiste en que la teoría económica sólo produce leyes cualitativas (no cuantitativas porque no hay constantes), y por otro asegura que la imposibilidad del cálculo económico es el factor clave para el fracaso del socialismo: ¿cómo sabe Mises cómo de importante o relevante es ese problema en comparación con otros como incentivos inadecuados, corrupción, economía sumergida, falta de innovación? El problema del cálculo económico sin derechos de propiedad y precios libres de mercado existe, pero sin un análisis más profundo es difícil saber cómo de grave es: de hecho bastantes economistas austriacos, incluso el propio Mises, reconocen o parecen reconocer que el problema del socialismo se agrava con la escala y la complejidad. El teorema de la imposibilidad del socialismo es cierto e importante, pero no es deducible de la mera praxeología sino que es necesario conocer detalles empíricos concretos acerca de la complejidad de los sistemas a coordinar y de los posibles mecanismos de coordinación y sus límites o problemas: es un problema que requiere algo de conocimiento sobre control cibernético y ciencias cognitivas.

Sobre las constantes en economía: ¿cómo sabe Mises que no las hay? Obviamente no mediante una deducción praxeológica. Si se trata de algo observado, ¿dónde están los datos empíricos y los análisis exhaustivos que demuestren que no hay ninguna constante? ¿Y si existieran relaciones cuantitativas complejas que no hemos sido capaces de descubrir? Aceptando que existen variaciones y cambios en las preferencias, en las capacidades y en las circunstancias de los agentes económicos, ¿cómo sabemos si son importantes o no? ¿Y si algunas variaciones resultan ser tan pequeñas que son irrelevantes?

Monopolio

Sobre la teoría del monopolio, Caplan resalta el desacuerdo entre Mises y Rothbard sobre si son posibles o no los monopolios en el mercado libre o si requieren intervención estatal. Caplan reconoce el acierto inicial de Rothbard pero asegura que la economía neoclásica, inicialmente aferrada al mal modelo de la competencia perfecta, ahora es superior en este ámbito y puede utilizar modelos de competencia imperfecta.

Bienes públicos y externalidades

Rothbard insiste en que las preferencias sólo pueden conocerse a través de acciones concretas, rechaza la idea neoclásica de los bienes públicos e interpreta las externalidades negativas como fallos en las definiciones de los derechos de propiedad, además de desconectarlas de las externalidades positivas. Sin embargo las preferencias existen aunque no se manifiesten en acciones: lo ajeno puede afectarme aunque no invada mi propiedad; la importancia económica de este hecho se refleja por ejemplo en la valoración del patrimonio inmobiliario, que depende fuertemente de la localización, del entorno de la propiedad (externalidades positivas o negativas), de lo que está fuera pero cerca y puede afectarla.

Existen ciertos bienes con características peculiares (no excluibles, no rivales) que pueden resultar difíciles de producir por un mercado libre y que pueden requerir algún tipo de gestión colectiva: en vez de rechazar la idea como absurda conviene conocerla y comprobar cómo sus problemas afectan también al gobierno. Ciertos bienes o servicios, como la defensa o el entorno común (calles, plazas) tienden a ser producidos y disfrutados de forma colectiva porque su individualización o externalización puede ser problemática (las calles son difícilmente separables) o peligrosa (los mercenarios pueden defenderte o atacarte). Los bienes públicos no justifican automáticamente al Estado, el cual puede agravar los problemas en lugar de resolverlos, pero es útil entender por qué su tratamiento es peculiar.

La teoría austriaca del ciclo económico

La parte más problemática y floja de la crítica de Caplan a los austriacos es la crítica a la teoría austriaca del ciclo económico: muchas de los comentarios que hace no son especialmente acertadas o no van a lo esencial, y al no conocer la teoría de la liquidez y el problema del descalce de plazos y riesgos no es capaz de detectar ciertos problemas graves de la teoría austriaca del ciclo económico y de sus propias críticas a la misma.

Caplan asegura que los aspectos correctos de esta teoría son los relacionados con el desempleo provocado por salarios reales excesivos y rígidos a la baja, y que la inflación es una mala respuesta a este problema. Mises y Rothbard enfatizan el intervencionismo del Estado y los sindicatos en la determinación de los salarios, mientras que otros economistas añaden otros factores: psicológicos (moral de los trabajadores, sabotajes), rigideces contractuales, o costes de negociación.

El problema es que lo esencial de la teoría austriaca del ciclo no es la explicación del desempleo sino la conexión causal entre periodos de auge insostenible y crisis subsiguientes mediante manipulaciones y distorsiones monetarias y crediticias. Caplan acepta que la política monetaria expansiva tiende a reducir los tipos de interés (al menos en el corto plazo), y que esto podría hacer que algunas inversiones, especialmente las de horizonte temporal más lejano, parezcan atractivas al cambiar el tipo de interés utilizado al descontar su valor presente. Pero los empresarios deben darse cuenta de que estas manipulaciones no son sostenibles en el tiempo, y además pueden utilizar los tipos de interés a largo plazo como guía fiable y no distorsionada, de modo que sus inversiones serán por lo general acertadas (no habrá cúmulos de errores sistemáticos).

Si el razonamiento de Caplan fuera correcto ninguna manipulación monetaria o crediticia podría distorsionar jamás la estructura de producción, ya que los empresarios pueden preverlas todas y adaptarse: las distorsiones son impotentes y los empresarios omniscientes. En la realidad la racionalidad de los agentes económicos es muy limitada (véase todo el área de la economía conductual con sus catálogos de errores, sesgos y heurísticas) y las distorsiones son múltiples y difíciles de conocer y predecir. Los empresarios reales suelen saber de lo suyo, de su sector, de tratar con clientes y proveedores (trabajadores, otras empresas, bancos); pero no suelen ser expertos en teoría monetaria, no conocen las causas de los ciclos económicos y seguramente confían en que su banco les mantendrá la financiación cuando haga falta. Algunos empresarios pueden intentar aprovechar las oscilaciones del ciclo económico para aprovecharse de otros participantes en los mercados más incautos que crean que la bolsa y la vivienda siempre suben: en los excesos crediticios también tienen culpa muchos especuladores bursátiles sin conocimiento y compradores de vivienda que se hipotecan en exceso, con malas garantías y a tipos variables. En muchas empresas hay problemas entre principal (accionistas) y agente (directivos): los directivos pueden escoger estrategias financieras arriesgadas que incrementen su compensación a corto plazo pero que pongan en peligro a la empresa a largo plazo; por otro lado los directivos pueden ser presionados por los consejos de las empresas o los accionistas para obtener resultados a corto plazo en un entorno de crecimiento y confianza generalizados que no se sabe que son insostenibles. Algunos sectores como la banca (el principal canal de transmisión de las distorsiones monetarias y crediticias) están mal supervisados y muy protegidos por el gobierno con garantías explícitas e implícitas de rescate, lo que causa un riesgo moral que les lleva a ser sistemáticamente imprudentes, confiando en la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas. Los políticos suelen preferir políticas monetarias inflacionistas permanentes que creen ilusión de prosperidad en vez de asumir la realidad de los ajustes necesarios (fracasos empresariales, paro, decrecimiento). Los tipos de interés a largo plazo no son una guía fiable porque también están distorsionados por el descalce sistemático de plazos que realiza la banca: la transformación de plazos es además considerada por los economistas neoclásicos como una función útil y esencial, lo que demuestra su desconocimiento sobre finanzas. Muchos modelos económicos neoclásicos problemáticos (VAR, CAPM) son utilizados por el sector financiero para intentar estimar los riesgos de préstamos e inversiones.

Caplan cree que la teoría austriaca del ciclo, al menos en ciertas versiones, no predice ni la caída de la producción ni el desempleo durante la crisis, ya que simplemente deberían redistribuirse entre industrias de bienes de capital e industrias de bienes de consumo: ignora que las descoordinaciones de la estructura económica pueden tardar bastante tiempo en corregirse (liquidación de empresas fallidas, ajustes de precios, formación y crecimiento de nuevas empresas), y que los problemas de endeudamiento excesivo son difíciles de arreglar e incluso pueden agravarse en entornos recesivos; es normal que durante la crisis haya recursos inutilizados en espera de poder ser aprovechados, lo cual incrementa el paro y reduce la producción.

Caplan acierta al señalar que la teoría austriaca del ciclo económico no es una explicación completa o la única posible de las crisis económicas y todos sus fenómenos o factores, pero yerra al no entender lo esencial: las distorsiones y el incremento en fragilidad del sector financiero.

Metodología, matemática y econometría

Según Caplan, Mises y Rothbard enfatizan la teoría económica sobre la historia económica, la cual sólo ilustraría la teoría pero no puede refutarla; los economistas neoclásicos combinan ambas con sensatez sin obsesionarse con un purismo metodológico. El problema principal de los austriacos más integristas es que sin evidencia empírica no pueden saber cuál o cuánta es la importancia real de los factores estudiados por la teoría: sin el complemento de observaciones del mundo las afirmaciones teóricas son verdades genéricas imprecisas. Es cierto que los detalles de la importancia cuantitativa de los factores pueden cambiar entre lugares y episodios históricos, pero esto sólo indica que el trabajo del economista es difícil, no que no deba intentarse.

Si los austriacos se oponen por principio a las matemáticas y a la econometría (y con argumentos a menudo erróneos o exagerados), Caplan las critica también, pero por razones pragmáticas: se ha abusado de ellas, son excesivamente populares entre muchos economistas y sus aportaciones efectivas han sido escasas.


Artículos previos de esta serie:

Problemas de la Escuela Austriaca de Economía (I)

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Unidas Podremos (II) Prohibir los vientres de alquiler, de Lidia Falcón

El Partido Feminista de España lleva en su programa la prohibición de los vientres de alquiler, ahora  denominada “maternidad subrogada”. ¡Y que éxito la manipulación del lenguaje para engañar a los desinformados ciudadanos y ciudadanas! Izquierda Unida así lo asumió también en la Asamblea Federal del 5 de junio. Porque entendemos que esta es una estrategia más del Capital y del Patriarcado  para convertir a las mujeres y los niños en mercancía.

Ya sabíamos con Marx que la fuerza de trabajo es una mercancía para el capital, pero las técnicas de la época no le permitieron adivinar que la capacidad reproductora de las mujeres iba a serlo también. Sobre todo porque en aquel esperanzador fin del siglo XIX se esperaba el triunfo del socialismo.

Cuando ya hemos sufrido durante un siglo la barbarie que predijo Rosa Luxemburgo y el Capital está triunfante en medio planeta, habremos de ser conscientes del peligro que supone aceptar que el dinero lo puede comprar todo, hasta los óvulos femeninos, la matriz de la mujer y su sufrimiento, para cumplir el deseo y el capricho de personajes ricos.

La presión que están haciendo empresas de intermediación entre las mujeres pobres de países del Tercer Mundo y los señores ricos que quieren perpetuar su semen, ha llevado a que un nuevo debate –en esta epidemia de debatitis que padecemos- se haya instalado en España, para no irse. Ya circula una petición en Change.es para que se legalice la maternidad subrogada. Con la apariencia de ser una demanda moderna, progresista y avanzada, se nos plantea la misma situación que describe la Biblia en el Génesis.

… Hoy las tecnologías modernas permiten manipulaciones en la capacidad reproductora de las mujeres inimaginables en el Génesis. El Capital y el Patriarcado se han aprovechado de ellas para dominar y disponer de los cuerpos femeninos, tratándolos como si fueran animales –y no estoy a favor de manipular tampoco a los animales. (Aviso a mis amigos de PACMA que se enfadan conmigo)

Es muy preocupante que partidos políticos, modernos, que se presentan a estas elecciones, se declaren a favor de legalizar los vientres de alquiler. No solo el capitalismo nos domina y utiliza, en la más descarada explotación de todos los tiempos, ya sin freno puesto que no tiene la contrapartida socialista del siglo XX, sino que ha logrado sus últimos objetivos: alienarnos con sus propagandas y lenguaje y convencernos de la bondad de sus planes.

Si con el triunfo del Brexit comentan los expertos que han “ganado los mercados” en contraposición a una Europa que podría ser solidaria –aunque nunca haya existido puesto que ese no era el propósito de las corporaciones-, si el imperio de las multinacionales se hace evidente frente a la tímida respuesta de los pueblos, el Patriarcado habrá llevado hasta sus últimas consecuencias su alianza con el Capital y las nuevas tecnologías, convirtiendo a las mujeres en elementos de experimentación y de negocio. Y este es también uno de los propósitos del infame tratado TTIP que se está acordando entre Estados Unidos y la Unión Europea, porque 8 Estados de USA han legalizado los vientres de alquiler. Cuando se celebró la perversa Feria de Maternidad Subrogada en Madrid, el 5 de mayo pasado, con la anuencia del Ayuntamiento, la Comunidad y la mayoría de los partidos políticos, con la excepción de IU, en los catálogos de mujeres que se alquilaban para embarazarlas Norteamérica era uno de los países suministradores.

… Cuando en este degradado principio de siglo, ideólogos, políticos, profesores, periodistas, son capaces de defender esta utilización de los cuerpos femeninos, la absoluta esclavitud de miles de mujeres en muchos países, convertidas en seres manipulables y mercantilizados, hemos perdido el espíritu de progreso y de transformación social para caer sumisos en las fauces del beneficio.

Todas las mujeres y hombres feministas tenemos que crear un frente común, un grupo de poder, contra esta nueva agresión a nuestras hermanas, a nuestra dignidad, al futuro de nuestras hijas, que pueden verse convertidas en pocos años o en prostitutas o en úteros fertilizados.

Por eso este tema debe ser uno de los fundamentales a tratar  en el encuentro que tendremos el próximo 28 de junio en el CAUM, calle Atocha 20, de Madrid, a las 19 horas. Porque UNIDAS PODREMOS frenar y rebatir el avance de la derecha, de las corporaciones que mercantilizan a las mujeres pobres, denigrándonos a todas y a toda la especie humana. Aquí os esperamos.


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Unidas Podemos (I): Abolir la prostitución, de Lidia Falcón

Es inaceptable que quienes se postulan de progreso defiendan que las mujeres pueden ser objeto de satisfacción sexual de los hombres, mediante precio. Proponer que hay que legalizarla —o regularizarla, ya conocemos de eufemismos— es pervertir a la sociedad. Hace ya tiempo que el Comité de DDHH y la Comisión de Derechos de la Mujer de la ONU declararon que no es un trabajo porque no tiene la dignidad que requiere. Utilizar a las prostitutas para que cualquier hombre crea que puede obtener placer, es reducir el cuerpo de las mujeres a la consideración de objeto. Es la mayor cosificación que se pueda concebir, y la mayor violencia que se comete contra ellas.

Un Estado prostituidor como sería el que legalizase esta explotación y cobrase impuestos por ello, estaría considerando a todas las mujeres susceptibles de ser prostituidas y en consecuencia llevaría a que se rebajara aún más la apreciación social de las mujeres. Es enormemente hipócrita que los defensores de que se regule nunca se vayan a plantear ser ellos mismos víctimas de semejante explotación, ni acariciarán jamás la expectativa de que su madre o sus hijas o sus hermanas se prostituyan. Para eso están otras mujeres. Es la suprema discriminación clasista.

La regularización o legalización dará carta de naturaleza legal a las mafias de la prostitución. Ya no se podrá esperar que el Estado actúe contra ellas, porque nunca se conseguirá que las víctimas declaren que están siendo obligadas. Ya lo vivimos actualmente, cuando la perversidad de obligar a la víctima a ser la denunciante y la testiga del delito, y mantener la acusación durante tiempo interminable, consigue que apenas se persiga a los traficantes, proxenetas, chulos y macarras. Pero con una legislación que los ampare tendremos la mayor explotación de mujeres, impunemente.

Y lo que no se debate, a pesar de esta epidemia de debatitis que padecemos, es qué significa la dignidad de la persona. La sexualidad constituye la pulsión más íntima, más privada, más placentera de todas las actividades humanas. Ninguna otra relación permite conocer tan íntimamente a otra persona, y esa entrega debe ser siempre libre, voluntaria y gratuita. Considerarla una mercancía, que una mujer tenga que aceptar el concurso sexual con veinte hombres cada día, significa degradar absolutamente a las personas. A la mujer y a los hombres que consumen ese sexo venal, absolutamente degradante.

Muchos estudios no sé si hacía falta tantos- explican que las prostitutas tienen una esperanza de vida menor que las demás mujeres, que padecen depresiones y por supuesto adicciones –en eso las envician los explotadores-, y tienen el peor aprecio de sí mismas. Se las induce o se las engaña para que acepten la prostitución y después  se las envilece y desprecia.

Aceptar que se considere un empleo significa que tendremos cursos de prostitución para iniciar a las neófitas en el oficio, que irán a engrosar la listas de empleo, que habrá que establecer categorías según las “especialidades” que practiquen, supongo que el sado será el más caro, y que a cualquier mujer le podrán ofrecer una plaza en un burdel cuando se quede en paro. ¿Y ese es el país que queremos? ¿Qué nuestras hijas sean prostitutas y nuestros hijos prostituidores, consumidores de sexo pagado?

… En un momento en que el amor libre está absolutamente socializado, en que se han normalizado todas las relaciones sexuales entre adultos. ¿Será posible que haya todavía varones que necesiten pagan 30 euros por una felación o un coito de 20 minutos? ¿Qué clase de moral social, que clase ética radical –como pedía Carlos París- difundimos en nuestro país? ¿Cómo pueden creerse modernos, progresistas y hasta socialistas los que defienden semejante degradación colectiva, semejante perversión individual?