Rompetechos, e igual de cegatos

07/03/2012

Joaquín Almunia es vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Política de Competencia; Viviane Reding es vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía de la UE. Son personas muy importantes. Nos advierten:

… existe un importante déficit: la falta de mujeres en los niveles superiores de las empresas. Muchas mujeres cualificadas no pueden romper el techo de cristal al subir los peldaños corporativos. Los hechos son desoladores: solo uno de cada siete miembros de los consejos de administración (13,7%) de las principales empresas de Europa y uno de cada 30 presidentes de los consejos (33,2%) es una mujer.

“Déficit”, “falta”, “no pueden romper el techo de cristal”: la cosa pinta mal. “Los hechos son desoladores”: no es que los valoremos negativamente, no, es que son así y nadie puede valorarlos de forma diferente.

En España, la situación incluso es peor, al representar las mujeres el 11,5% de los miembros de los consejos de administración.

No es una valoración subjetiva de lo bueno y lo malo, no: es peor.

… es más importante que nunca aprovechar la cualificación de cada persona.

No es que nos parezca más importante, sino que lo es. Pero no queda claro quién se va aprovechar de la cualificación de cada persona: ¿ella misma?, ¿otros? Y ya puestos: ¿es cada persona incapaz de conseguir aprovechar su cualificación de forma pacífica y libre? ¿Tienen que venir los políticos a interferir coactivamente en el proceso de descubrimiento de los usos más eficientes de los recursos disponibles?

Existen cuatro razones para apoyar a las mujeres a que finalmente rompan el techo de cristal en los consejos de administración de las empresas.

En primer lugar, la economía: incorporar más mujeres al mundo laboral contribuye considerablemente a mejorar la competitividad de Europa. La presencia de un mayor número de mujeres en el mundo laboral facilita, asimismo, el cumplimiento del objetivo de la UE de incrementar la tasa de empleo de la población adulta al 75%.

Pues en primer lugar, que haya más mujeres en puestos de dirección no es lo mismo que que haya más mujeres trabajando en total.

Ser más competitivo no se consigue automáticamente poniendo más gente a trabajar, sino consiguiendo que quienes lo hacen, sean cuantos sean, produzcan lo máximo posible al mínimo coste. En esto no suelen ayudar los intervencionistas, políticos y burócratas varios.

Que la UE tenga objetivos, sean los que sean, no justifica violar la libertad de las personas para trabajar o no hacerlo, o para contratar los directivos que se considere convenientes en cada empresa.

… un número creciente de estudios muestran una relación entre más mujeres en puestos elevados y los resultados financieros de las empresas.

Y las empresas son tan tontas que no se dan cuenta y por eso vamos a obligarlas a… mejorar sus resultados financieros. Las cuotas para mujeres directivas sólo son un medio para lograrlo, no tienen nada que ver con estrategias políticas demagógicas o guiños al electorado femenino, qué va.

En tercer lugar, varios Estados miembros de la UE han empezado a actuar, introduciendo cuotas legalmente vinculantes para los consejos de administración.

Claro, como otros lo hacen, nosotros también: que se note que estamos buscando las razones más tontas posibles para “justificar” lo que queremos hacer.

En cuarto lugar, los europeos apoyan un mejor equilibrio de género.

Eso, que quede claro: “mejor”. No una distribución más uniforme u homogénea, sino “mejor”. Y como la mayoría democrática lo justifica todo, pues “mejoremos”.

En toda Europa, los ciudadanos, desde políticos a representantes del mundo académico y líderes empresariales, son conscientes de que las mujeres significan negocio. Es un gran paso adelante.

O sea que casi todos se han dado cuenta de la gran oportunidad, pero por si acaso vamos a obligarles coactivamente a aprovecharla: siempre hacia delante y con grandes pasos. No importan los derechos y libertades que pisemos por el camino.

Romper el techo de cristal para las mujeres en los consejos de administración es un reto común al que se enfrenta la economía europea. Ya no podemos permitirnos malgastar el talento femenino. En estos momentos de grandes desafíos, lo que está en juego es demasiado importante como para mantener el statu quo. Ha llegado el momento de actuar.

¿Que usted no lo ve como un reto? Entonces no forma usted parte de la economía europea, o es usted un liberal insolidario que pretende fijarse sus propios retos respetando los de otros.

“No podemos malgastar el talento femenino”: por eso vamos a malgastar en su lugar el superior talento masculino que será excluido por las cuotas femeninas; esperemos que no se note mucho.

Y para acabar, la verborrea grandilocuente habitual para arengar a las masas y que se despierten los adormilados: grandes desafíos… demasiado importante… momento de actuar…

Firmar y quedarse a gusto consigo mismo por el talento mostrado.


Cuotas femeninas en la dirección de empresas

06/03/2012

Viviane Reding, comisaria de Justicia y vicepresidenta de la Comisión Europea:

… las empresas con mayor presencia femenina al mando tienen mejores resultados; las mujeres significan negocio.

Y como las empresas son un poco tontas, vamos a imponerles, por su bien naturalmente, cuotas femeninas en los órganos de dirección.

No soy una gran fan de las cuotas, pero me gusta lo que las cuotas consiguen.

Y como a ella le gustan y tiene el poder de imponer sus gustos, los demás, con preferencias posiblemente diferentes, no pueden decir que no.

Así que se está planteando multar a las compañías que no cumplan lo establecido, anular los acuerdos de composición de los consejos, premiar a las compañías que logren una equiparación en sus cúpulas o circunscribir las medidas a las empresas públicas: intervencionismo de género.

Al parecer hay una encuesta europea sobre el apoyo ciudadano a estas cuestiones: casi nueve de cada diez europeos creen que, a igualdad de cualificación, las mujeres deberían estar representadas de forma igualitaria en los puestos de responsabilidad de las empresas. Pues estos ciudadanos tienen una forma no violenta de conseguir sus deseos: compren acciones de empresas y nombren en ellas mujeres directivas; déjense de declaraciones verbales, probablemente realizadas para quedar bien ante los demás y reforzar su estatus moral, y demuestren sus preferencias con su acción y su propio dinero en ámbitos de su legítima competencia.

También parece que el 75% de los ciudadanos apoya la imposición de cuotas si no hay otra forma de garantizar esa igualdad: a ver qué pasa cuando el 75% de los ciudadanos apoye algo que no guste a los gobernantes. ¿Se esconderá el dato cuidadosamente? ¿O se apelará a derechos superiores sobre los cuales la mayoría no puede legislar?