Sostenibilidad y generaciones futuras

30/01/2010

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La sostenibilidad está de moda, sobre todo en el ámbito del ecologismo, donde se reclama el desarrollo sostenible: satisfacer las necesidades de la generación presente sin sacrificar la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.

La sostenibilidad parece muy razonable y bien intencionada (lo insostenible suena mal), pero su implementación ideológica está repleta de falacias e impregnada de colectivismo. A menudo se presenta a la naturaleza como un prodigio de equilibrio y armonía y al ser humano como un parásito o depredador que la destruye de forma suicida, ya que depende de ella pero parece ignorar esta dependencia. Se olvida que aunque la vida en abstracto es en principio sostenible mientras existan fuentes de energía y materiales, los individuos concretos tienen vidas limitadas y las especies evolucionan y eventualmente se extinguen: los ecosistemas no permanecen indefinidamente en estados estacionarios, sino que pueden cambiar debido a factores externos o a su propia dinámica interna. Las sociedades humanas son igualmente dinámicas, y los intentos coactivos de mantener formas culturales puras e intactas van en contra de la libertad y el bienestar de los individuos.

Un ser vivo necesita recursos energéticos y materiales y un entorno relativamente libre de agresiones para poder mantener su actividad autopoyética. Los recursos pueden ser inorgánicos u orgánicos (cadenas tróficas), igual que las amenazas ambientales: factores físicos o químicos u otros organismos depredadores.

La existencia a escalas de tiempo biológicas de algunos recursos, como la luz solar, no depende de que se aprovechen o no. Algunos recursos inorgánicos, como los combustibles fósiles, se generan muy lentamente, de modo que su consumo disminuye sus existencias físicas totales. Los recursos biológicos son especialmente sensibles a su consumo: si un depredador mata demasiadas presas puede poner en peligro su fuente de alimento, ya que la cantidad de organismos futuros depende de la cantidad de organismos presentes capaces de reproducirse.

El ser humano es una especie viva especial ya que no sólo consume recursos dados, sino que también los produce (agricultura, ganadería). La actividad del ser humano es tan intensa que puede modificar de forma notable su entorno: minería y basureros, deforestación o plantaciones, agotamiento de caladeros o piscifactorías. La acumulación de bienes de capital y los avances tecnológicos incrementan esta capacidad de acción, tanto en el lado de la producción de recursos como en el lado del tratamiento de los residuos y la modificación de las condiciones ambientales o la defensa ante las mismas.

Aunque el planeta Tierra sea un sistema finito (no cerrado) y con límites físicos, el crecimiento económico indefinido es posible porque se trata sobre todo de un crecimiento en calidad, en valor, en especialización e intercambios, y no sólo en cantidad. La actividad humana no consiste en sacar más y más riqueza natural hasta que ya no quede nada y tirar más y más basura hasta que no quede sitio donde meterla. La acción humana modifica y recombina la materia según sus preferencias, y la combinatoria ofrece vastas posibilidades cuyos límites son difíciles de alcanzar.

En una economía de mercado libre los bienes económicos tienen dueños y se intercambian a precios que indican su escasez relativa (oferta y demanda). Los recursos son en general sustituibles: es posible utilizar diversas fuentes de energía según su eficiencia económica. Los recursos minerales seguramente no llegarán a agotarse nunca: conforme sus existencias decrezcan y dependiendo de cómo evolucione el coste de su extracción, al elevarse su precio otras alternativas serán más atractivas. Descubrir qué opciones son mejores es tarea de los empresarios guiados por los beneficios y las pérdidas: la planificación estatal tecnocrática está condenada al fracaso por problemas de falta de incentivos e información.

Los que profetizan con absoluta certeza el apocalipsis del agotamiento de los recursos naturales deben de estar apostando fuertemente en los mercados de futuros de materias primas con la expectativa de enriquecerse y salvar al mundo del desastre. O tal vez no, quizás sólo son unos charlatanes que no saben gran cosa de otra sostenibilidad importante: la financiera.

Utilizar sólo recursos renovables es absurdo: si todas las generaciones hacen lo mismo, esos recursos permanecerán sin usar para siempre. El aprovechamiento de fuentes de energía renovables requiere tecnologías caras pero cuyo coste seguramente se reduzca por los avances tecnológicos: parece inteligente que las generaciones actuales relativamente más pobres utilicen los recursos más baratos y leguen a las generaciones futuras el capital y la tecnología para acceder a otros recursos.

La contaminación y los residuos son problemas donde no se tratan como agresiones sobre la propiedad privada (externalidades negativas). En una sociedad libre toda persona o corporación es responsable y debe hacerse cargo de su basura (sólida, líquida o gaseosa), por sí misma o con la ayuda de empresas especializadas en su tratamiento o almacenamiento.

La naturaleza intacta es a menudo muy bonita, pero los seres humanos demuestran generalmente con sus acciones que prefieren modificarla para ajustarla a sus deseos, dejando algunas zonas especialmente atractivas para su contemplación estética (parques naturales). La existencia de viviendas y fábricas no es un retroceso sino un avance.

El ser humano es también especial por su altricialidad extrema: el bebé humano es incapaz durante mucho tiempo de mantenerse por sí mismo. Los individuos quieren a sus crías (incluso a las crías de sus crías), se preocupan por sus hijos, cuidan de ellos. Las personas presentes consideran el interés de las personas futuras: pero no lo hacen de forma genérica y colectivista (todos por todos), sino de forma particular e individualizada. Además existe una continuidad de supervivencia y reproducción: los problemas que van a afectar al futuro suelen afectar también al presente, y por lo tanto los individuos actuales intentan resolverlos ya. Ni cualquier tiempo pasado fue mejor ni el presente es algo intocable que hay que legar a las generaciones futuras. Las personas del futuro existirán en unas condiciones que para ellos serán las normales, las únicas que habrán conocido. Además serán mucho más ricas gracias a la acumulación de capital, de conocimientos científicos y tecnológicos, de cultura, de arte. Las generaciones futuras no tienen derechos (ni como colectivos ni como individuos actualmente inexistentes) ni los necesitan.


Pensamiento verde

09/11/2009

Efectivamente, pensamiento inmaduro.

Según Anatxu Zabalbeascoa:

La crisis económica ha destapado barrios enteros de edificios vacíos cimentados en la especulación, paisajes destrozados por la codicia y un modelo de desarrollo insostenible. Sin embargo, el desastre podría ser el detonante para lograr un cambio de valores y un mundo más verde. La oportunidad de repensar el planeta empieza en nuestra casa. Gestos mínimos y actitudes individuales pueden llegar a cambiar la faz de la Tierra por la fuerza de los hechos.

Qué mala es la especulación y la codicia, qué mal se entienden y cómo sirven para sermonear y culpar de todo a los malos malosos sin nombrarlos en concreto con nombres y apellidos. ¿Un paisaje se destroza cuando se construyen edificios? ¿Los cambios de valores van a ser libres y no violentos o se va a respetar a quienes tienen valores diferentes? ¿Hay alguna mente capaz de pensar todo el planeta? ¿Un mundo más verde es necesariamente mejor? ¿Según la valoración de quién?

Según Alex Rovira, profesor de ESADE y autor de “La buena crisis”, es necesaria una visión más ecológica del mundo y la expansión de la conciencia. Todos a meditar, aunque tal vez para introducir en la conciencia conceptos y percepciones que no coinciden con sus propuestas.

Estamos en esta situación porque comprábamos cosas que no necesitábamos, para impresionar a gente que no conocíamos o no nos caía bien, y avalando con activos cuyo valor no era el que creíamos. Todo era una gran mentira y estamos pagando las consecuencias. La Tierra es el cuerpo que nos alberga y nosotros somos su consciencia, pero nos habíamos convertido en su cáncer. La clave es la responsabilidad: si encendiste, apaga; si consumiste, recicla… Hay que completar la acción, respetar el medio y a las personas.

Como habla en primera persona del plural, se está acusando a sí mismo, por lo cual resulta sorprendente que ahora quiera dar lecciones. Pero ¿quiénes son los demás a quienes incluye en su discurso? ¿Qué diferencias hay entre querer, desear y necesitar? ¿Sólo se necesita pan, agua, algo de vestir y poco más? ¿Prescindimos de la cultura y el arte por superfluos? ¿Es malo aspirar a más, a mejor calidad y más cantidad? ¿Realmente hay gente tan tonta que quiere impresionar a quienes no les caen bien? Porque lo de la búsqueda del estatus sí que es consustancial al ser humano, frente a conocidos y desconocidos, y va a ser difícil de cambiar porque está en nuestros genes. Acierta en la valoración inadecuada de los activos. Lo de la conciencia y el cáncer de la Tierra es una memez que se repite mucho. ¿Siempre merece la pena reciclar? Muy bien lo de respetar a las personas: sobre todo sus derechos de propiedad y su libertad. Y a ser posible su inteligencia.

Jordi Pigem, doctor en Filosofía, y autor de “Buena crisis. Hacia un mundo posmaterialista”, describe un mundo en el que ha imperado la razón por encima del cuerpo y las emociones, el ser humano por encima de la naturaleza y el hombre por encima de la mujer.

Ahora toca cambio, y eso atañe a nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Ni el egoísmo ni la codicia funcionan. La tendencia que está creciendo con más rapidez en estos momentos es la de la generosidad, se manifiesta en la banca ética, en la cantidad de ONG que funcionan en el mundo, en el comercio justo, en redes sociales preocupadas por compartir… y todo se articula dentro de una visión del mundo en el que las personas no estamos por encima de la naturaleza. No se puede volver a donde estábamos porque no es sostenible.

Otra vez el egoísmo y la codicia. El crecimiento de los muy mal llamados banca ética y comercio justo son de momento testimoniales. Muchas ONGs son entre prescindibles y nocivas.

Según Domingo Jiménez Beltrán, que fue director general de Medio Ambiente con la ministra Cristina Narbona y primer director del Observatorio de la Sostenibilidad en España:

Todo el mundo sabía que teníamos un modelo de desarrollo de corto recorrido que ha generado beneficios, pero no para todos. Se han privatizado las ganancias y hemos socializado las pérdidas.

Otro listo que conoce a todo el mundo y sabe lo que piensan. Qué raro que siendo todos tan sabios y previsores, tantos picaran en las burbujas financieras e inmobiliarias. Lo de la socialización de las pérdidas ¿no tendrá algo ver con la intervención estatal coactiva?

Mientras el PIB crece al ritmo del 4%, a los políticos les da miedo decir que eso lleva al desastre porque piensan que hacerlo va a frenar abruptamente la inversión. Todo el mundo se había puesto como meta que la burbuja, antes de que llegara a estallar, se desinflara suavemente. Ahora no vale lamerse las heridas. Hay que aprovechar la crisis para salir de ella con un modelo de desarrollo reforzado.

De nuevo sale todo el mundo, esto es una obra coral con coro universal. Ese modelo de desarrollo ¿está en la mente de algún planificador central?

El filósofo Jorge Riechmann asegura que los efectos de nuestras acciones llegan muy lejos en el tiempo y en el espacio, comenzando por actos de consumo tan básicos como comer y beber.

Una dieta  predominantemente vegetariana reduce notablemente nuestro pisotón  ecológico. En cambio, una  dieta rica en carne y grasas animales multiplica nuestro impacto sobre los ecosistemas y reduce las opciones vitales de muchos seres humanos. Deberíamos acostumbrarnos a ver las invisibles mochilas ecológicas que arrastran consigo los bienes de consumo.

De la huella ecológica pasamos al pisotón ecológico. Comer carne quizás amplíe las opciones vitales de muchos seres humanos. Las mochilas ecológicas se conocen como externalidades, y en la medida en que sean agresiones pueden resolverse con un marco institucional adecuado y no con sermones.

Vuelve Domingo Jiménez:

Mucha parte del falso desarrollo económico español se ha hecho a cuenta de destrozar activos importantes, como las Tablas de Daimiel. La especulación es la prueba más grande de la ignorancia. Nos hemos descapitalizado en conocimiento. La prueba es el abandono escolar en España, más frecuente en las áreas de costa con desarrollo especulador.

¿Y cuál es el valor de ese activo para decidir si merece la pena mantenerlo y a qué coste? ¿Cómo es que la especulación prueba la ignorancia? ¿Se refiere a la nula formación financiera de los ciudadanos, a su desconocimiento de las teorías de los ciclos económicos? El abandono escolar ¿no tendrá más que ver con la deplorable calidad de la enseñanza pública a cargo del Estado, esa que es tan buena que hay que hacerla obligatoria?

Jiménez tiene una vivienda energéticamente autosuficiente que produce energía fotovoltaica y eólica y en la que se desala agua para regar una pequeña huerta. “Cuando algún vecino me pregunta si me salen las cuentas de la inversión, le pregunto yo si le salen a él las de su Porsche. Depende de las prioridades”. O sea que seguramente ha recibido cuantiosas subvenciones a cargo de los demás, esos que quizás no todos tengan un Porsche. “Si hay que dar la bienvenida a la crisis es porque ha dado la cara a todos los vicios que tenía el sistema y nos abocaban al desastre seguro. Eso sí, el vuelco al sistema tiene que ser total”. Llamando a la revolución.

Según Deyan Sudjic, director del Design Museum de Londres, “tras constatar lo cerca que nos han llevado nuestras costumbres de consumo compulsivo de los límites de los recursos mundiales, hoy el mayor lujo podría ser liberarnos de vivir con tantas cosas”. Él y unos cuantos más son consumidores compulsivos incapaces de “liberarse” de vivir con tantas cosas: yo le ayudaría gustoso en su tarea de desprendimiento. Lo de los límites de los recursos naturales, la misma tontería de siempre.

De nuevo Jorge Riechmann: “El pensamiento de inspiración ecológica lleva cuatro decenios insistiendo sobre una obviedad: ningún sistema económico puede crecer indefinidamente dentro de una biosfera finita. ¿Hasta cuándo nos obstinaremos en perseguir imposibles?

No entienden (les es obviamente imposible) que el crecimiento económico es en valor, no necesariamente en cantidad. Se trata de recombinar la realidad según las preferencias de los seres humanos, y mientras haya materia y fluya energía la combinatoria permite límites muy lejanos. La biosfera es finita, pero los seres humanos no sólo consumen como depredadores sino que también producen.

El ingeniero donostiarra Jesús Gasca quiere “recuperar la localización”, o sea básicamente caerles bien a sus vecinos. No fabrica en China, y no quería prescindir de sus trabajadores locales porque “¿Y quién comprará mis sillas si los trabajadores se quedan sin trabajo?”. ¿Sólo compraban sillas sus propios trabajadores? ¿Los trabajadores chinos no pueden comprar sus sillas? ¿Si son demasiado caras para ellos no podría bajar el precio fabricándolas a menores costes en China? Gasca se muestra “a favor de la globalización, pero absolutamente en contra de la deslocalización”. O sea que nunca cierre una fábrica aunque la producción pueda ser más económica en otro sitio.

Riechmann no descansa:

No podemos pensar el consumo separado de la producción. Nuestro problema de fondo es una organización de la economía donde la acumulación de capital (y la búsqueda de beneficio que lleva consigo) son los fines, y el bienestar de las personas o la salud de los ecosistemas se dan, cuando se dan, por añadidura, como una especie de accidente.

Tanta tontería procedente de una amigo de la sabiduría… Las personas son tontas que consiguen bienestar de forma accidental, acumulan capital no por su productividad sino para valorarlo en sí mismo, y los beneficios lo mismo.

Pedro Rubio, responsable del área de medio ambiente de La Casa Encendida: “La ley obliga a las compañías eléctricas a comprar a los vecinos la energía producida por sus placas solares”. Podemos estar bien orgullosos de esta ley. También hay otra que obliga a comprar carbón español de las cuencas mineras que llevan decenios chupando de la teta del Estado. Todo muy verde, aunque tal vez verde oscuro.