Romeu, ejecutivos y obreros

09/05/2009

Romeu es capaz de concentrar grandes dosis de estupidez en una viñeta:

– Despidiendo un ejecutivo (que cobra como 2,000 obreros) sólo pierdes un empleo y conservas 1,999. ¿Para cuándo un ERE de cuadros?

– Los montamos nosotros, idiota.

No está claro si cree que todos los ejecutivos cobran 2,000 veces más que todos los obreros (curiosa forma de llamar a los trabajadores), dato que parece poco realista (pero Romeu es creativo, se dedica a la ficción, donde todo vale y el lector se lo cree). Si habla de un ejecutivo en concreto, sería interesante conocer sus detalles. Y quizás haya dos o más.

Este es un ejemplo claro de la falacia económica del trabajo: no se trata de crear riqueza, sino de inventarse y mantener como sea puestos de trabajo aunque no tengan sentido. Y en realidad no se trata del puesto de trabajo sino del salario asociado a él: los que reclaman su empleo en realidad quieren el dinero, si es posible trabajando lo mínimo.

La productividad, la generación eficiente de valor, para muchos parece no existir. Sólo ven lo que se cobra, no lo que se aporta a la empresa, y se escandalizan envidiosos ante las grandes diferencias de sueldo. Quizás porque les parezca impensable que algunas personas pueden resultar cruciales para la empresa y otros son más fácilmente sustituibles o prescindibles.

Conviene recordar que ser ejecutivo u obrero no es algo genético, la gente no lleva grabada en la frente su casta laboral. Si los obreros quieren hacerse ejecutivos tal vez puedan estudiando lo necesario: pero no todo el mundo vale para dirigir, tomar decisiones y asumir riesgos.


“Hay que ayudar a la prensa”

08/05/2009

Eso asegura Romeu en El País, que curiosamente es parte importante de la prensa, sobre todo mientras los poderes fácticos no acaben de dejar que el grupo Prisa quiebre.

– Hay que ayudar a la prensa. Gracias a ella, sabemos cómo nos doran la píldora.

– Y sin ella, la píldora sería un supositorio.

¿Quizás su desfachatez no es suficiente como para decir “Ayúdennos, es una orden”? ¿No hay aquí un pequeño conflicto de intereses? ¿Parcialidad?

¿Y quién se supone que nos dora la píldora? ¿Los políticos? ¿O sea los mismos que deciden si se ayuda a la prensa y cómo?

La estupidez del “hay que”.