Francisco Ayala, evolución y religión

24/06/2009

Francisco J. Ayala es uno de los biólogos evolucionistas más prestigiosos del mundo. Pero:

Mientras “el creacionismo no es compatible con la creencia cristiana en un Dios omnipotente y benévolo, la teoría de la evolución sí lo es”.

No se molesta en explicar en qué consiste esa compatibilidad. En la teoría de la evolución Dios no aparece por ninguna parte, ni muy potente ni poco potente, ni bueno ni malo.

El psicoanálisis y las ideas de Freud están eliminados de la sociedad actual.

La idea del subconsciente es a la mente como la evolución a la biología: indispensable.

Las autoridades de la Iglesia católica no sólo aceptan la evolución, sino que están convencidos de que las ideas de Darwin y la evolución son beneficiosas.

Por eso cuando se trata de la evolución humana empiezan a poner todo tipo de pegas y tratan de meter el alma y la intervención divina para explicar lo especial que es la especie humana.

P: Usted mantiene que la teoría de la evolución aporta a los cristianos la solución al problema, difícilmente explicable, de la existencia del mal gratuito. Si hay males incomprensibles, enfermedades, es porque somos criaturas imperfectas, producto de la evolución, no porque Dios hiciera un diseño malvado o deficiente. Al final parece que la Iglesia católica ha encontrado en la ciencia su gran coartada.

R: Sí, claro, va muy bien.

O Dios hizo un diseño malvado o deficiente directamente (pero el creacionista apelaría al libre albedrío y a la caída en el pecado) o recurrió a la evolución, que es un proceso no dirigido, altamente ineficiente y costoso (no parece lo más adecuado a un ser omnipotente que además es perfectamente prescindible). Las enfermedades, el dolor, las catástrofes, son perfectamente comprensibles sin recurrir a la divinidad de ninguna manera.

P: Usted mantiene que ciencia y religión son compatibles. ¿Cómo ha podido compaginarlas en su vida?

R: La ciencia y la religión son como dos ventanas de mirada al mundo, lo que se ve desde cada ventana es distinto, pero es el mismo mundo. Y son compatibles, ésa es mi manera de ver las cosas. La ciencia se ocupa de explicar los procesos naturales por medio de leyes naturales. La religión trata del significado de la vida, del propósito de la vida, de nuestras relaciones con los demás; sobre estas cosas, la ciencia no tiene nada significativo que decir. Y la religión no tiene nada significativo que decir sobre la ciencia porque no trata de esas cosas. Las dos se interfieren cuando dejan su campo en el que tienen autoridad y entran en el otro.

Esta es la absurda doctrina de los magisterios separados. Sólo son compatibles ciencia y religión cuando uno ignora cuidadosamente grandes ámbitos científicos y no ve que los contenidos válidos de la religión son simplemente humanismo y naturalismo (sin lo sobrenatural que se supone lo esencial de la religión). La ciencia puede explicar y explica qué son los significados y los propósitos y por qué suelen tener los contenidos que tienen: los seres humanos somos agentes intencionales y comunicativos, nuestros módulos mentales más activos buscan significado, sentido, propósito e intención a todo, aunque en muchos ámbitos no tenga sentido hacerlo; el sentido de la vida es seguir viviendo, y como somos seres hipersociales buscamos amor, amistad, aceptación, realización personal. La ciencia ya dice mucho acerca de los sentimientos morales y de las relaciones con los demás. La religión puede ofrecer algunas recomendaciones acertadas para la conducta humana en sociedad (fomentando la cooperación y la cohesión social), pero pierde toda la autoridad intelectual cuando la única explicación que se le ocurre para lo que defiende es que la divinidad te ama y quiere que sea así.

Modificar los genes con el propósito de curar enfermedades me parece muy razonable, es una manera mucho más eficaz de ejercer la medicina a la larga. Pero tratar de producir un hombre mejor me parece extremadamente peligroso, entre otras cosas porque no se puede definir cómo es el hombre mejor, ¿más alto, más rubio, más moreno?

Los que tratarán de producir seres humanos mejores serán los padres con sus hijos, y a ellos no les resulta tan difícil decidir qué es subjetivamente mejor.

La neurobiología está avanzando a pasos agigantados, pero aún no hemos cruzado esa barrera de saber cómo las señales físicas y químicas se convierten en ideas, de cómo emerge la función de la persona como individuo.

La ciencia cognitiva ya ha explicado con mucho éxito que el cerebro es un ordenador que procesa información y produce representaciones útiles de la realidad. La persona es simplemente la representación de uno mismo (y de los demás) como organismos particulares.


Juan Manuel de Prada defiende al Papa de los progres

02/05/2009

Juan Manuel de Prada es un católico fundamentalista, por lo cual no sorprende su defensa recalcitrante del Papa Benedicto XVI. El problema es que lo hace bastante mal.

Benedicto XVI reclamó una humanización de la sexualidad, que consiste en liberar al hombre de la esclavitud de la promiscuidad, para combatir el mal en sus orígenes; y el Mátrix progre, en lugar de liberar al hombre de la promiscuidad sexual, lo exhorta a entregarse a ella sin recato, regalándole a cambio un condón. Que, una vez usado, deja al hombre a merced de la promiscuidad, o sea, a merced del mal que, según nos asegura, pretende combatir.

¿La esclavitud de la promiscuidad? ¿No será que a algunos mojigatos les molesta que otros más liberados sexualmente tengan relaciones con muchas parejas diferentes? La promiscuidad tal vez no sea sanitariamente recomendable o emocionalmente satisfactoria en muchas circunstancias, pero de ahí a la “esclavitud” hay un abismo.

Los progres pueden ser muy tontos y de moralidad problemática, pero de Prada debería citar a alguno que exhorte a entregarse sin recato a la promiscuidad. Si es que puede.

Son posibles otras defensas del Papa respecto a la problemática del preservativo y el sida más inteligentes y con menos moralina. Por ejemplo la de David Friedman.

De Prada quiere reflexionar “sobre la dificultad insalvable que constituye tratar de afirmar la verdad profunda de las cosas, en una época que ha renunciado a la posibilidad del conocimiento, enfangada en un lodazal en el que sólo triunfan el embrollo y la desintegración de la razón.” Ninguna época ha dispuesto de tanto conocimiento como la actual. El problema es que él entiende como verdad profunda la superstición sobrenatural revelada de la fe religiosa, o sea lo contrario de la razón y el conocimiento del mundo natural realmente existente.

Según el Papa «El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto». Los creyentes más irracionales no parecen capaces de aceptar la posibilidad de una orientación puramente natural.

De Prada remata insistiendo en que al mundo “le falta la luz que viene de lo alto. Es un signo escatológico clarísimo; y aceptando convertirse en diana del escarnio y la calumnia furiosa -en este contexto debemos situar este intento chusco de reprobación de los ignaros-, Benedicto XVI, varón de dolores, está preparando a los cristianos para afrontar la Cruz. Así de duro y así de simple: «Ecce Homo».”

Precioso lo del “varón de dolores”. Arrepentíos, que el fin de los tiempos anda cerca.


Persona, cosa, libertad y religión

13/09/2007

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

Un error común y grave, especialmente frecuente en los creyentes religiosos más fervientes e irreflexivos, es la separación infranqueable entre personas y cosas (o dualismo de espíritu y materia o alma y cuerpo), entre el alguien y el algo. Casi todo lo que hay en el universo es materia y energía inerte (no viva); parte de esa materia tiene una organización autopoyética peculiar (de autocreación, mantenimiento y reproducción), es materia viva; parte de esa materia viva orgánica son animales que tienen mecanismos cibernéticos de control, sistemas nerviosos avanzados, cognición, emociones; los seres humanos son animales que se distinguen por su capacidad de actuar intencionalmente, y su capacidad intelectual les permite representar de forma abstracta la realidad, agrupar conceptualmente diversas entidades y etiquetar estos conjuntos mediante términos lingüísticos comunicables. Mediante módulos mentales innatos cada individuo humano representa a sus semejantes como personas, agentes intencionales proactivos con preferencias y capacidades particulares.

El dualismo animista es natural a la psicología intuitiva; es una primera aproximación útil porque refleja la distinción entre objetos inanimados y objetos vivos autónomos. Pero su esencialismo (por un lado las personas y por otro las cosas cada una con esencias diferentes) es completamente falso: las personas son cosas con una organización y actividad particulares (muy especiales), pero nada más; no hay ningún verbo o alma inmortal que se encarne en el hombre y lo trascienda, ni ninguna divinidad creadora origen de todo. Las personas (los seres humanos) son un subconjunto de las cosas, no se trata de conjuntos disjuntos.

Como el ser humano es hipersocial ha desarrollado evolutivamente sentimientos morales, leyes positivas y teorías jurídicas y éticas para regular su conducta. En estos ámbitos también se distingue entre personas (sujetos éticos con derechos y deberes) y cosas (objetos de propiedad). Pero si la argumentación ética quiere ser correcta no puede ignorar la realidad material de los seres humanos, no puede obviar que también son cosas, se alimentan de cosas, se construyen procesando cosas y convirtiéndolas en partes de sí mismos y también desechando otras cosas como residuos. Y como las personas (sujetos éticos) también son cosas (objetos de propiedad) tiene sentido hablar de autoposesión (y como la propiedad o legitimidad de la posesión es intercambiable, también de compraventa de partes o de todo uno mismo y de contratos de sumisión parcial o total). El cuerpo (y el cerebro es parte del cuerpo) es cosa: tiene partes, algunas se renuevan, se regeneran, otras no; algunas pueden perderse o darse a otro (una pierna, un brazo, un ojo, un riñón, sangre).

Al ser la ética de la libertad una teoría correcta, sus críticos deben cometer algún error para atacarla (normalmente son muchos los errores y no uno solo). Así se recurre al vaporoso e indefinido concepto de dignidad para rechazar todo lo que a uno no le gusta; se ataca al capitalismo diciendo que es voraz, que no se respeta la persona, que sólo importan las cosas, que se confunden personas y cosas de forma perversa; que absolutamente todo está manchado por el veneno del mercantilismo, que vivimos tiempos de barbarie.

Respecto a la compraventa de órganos, se afirma con absurda arbitrariedad que sólo pueden cederse gratuitamente, en aras del fin supremo de la solidaridad: no se alquilan, no se venden, no son negociables. Quien lo afirma ignora completamente no sólo los fundamentos del razonamiento ético sino también las consecuencias socioeconómicas de dicha prohibición. Respecto a la prostitución, se confunde con un alquiler del cuerpo cuando es en realidad la prestación de un servicio; el crítico se escandaliza de que el cuerpo se cosifique (el cuerpo no se hace cosa sino que es cosa) y de que se instrumentalice (el cuerpo es un instrumento, una máquina de supervivencia con órganos sensores, coordinadores y actuadores).

Los embriones son un caso problemático porque son una transición: el ser humano no aparece de repente sino que se construye gradualmente. Pero el creyente se obstina en que la única norma correcta es tratar al embrión igual que a una persona adulta (tal vez porque ya tiene alma desde la concepción); y además se asegura que sin duda así mejorará la sociedad en su conjunto aunque se ralentice la investigación científica (esto es arrogancia constructivista, pretender que se sabe todo y se calculan todos los costes y beneficios).

La supina ignorancia del crítico sobre economía le hace afirmar que utilizar a las personas es hacerlas capital humano, un objeto deleznable al servicio de intereses particulares y superfluos. Se caricaturiza a la empresa que sólo quiere cumplir unos resultados monetarios, a la que da la misma importancia a un despido que a una adquisición de bienes, a la que trata al trabajador como a un robot sin corazón, o a la que habla de recursos humanos y no de dirección de personas.

El crítico culmina sus disparates afirmando que se cosifica al ser humano cuando se construye una sociedad como si Dios no existiera: es decir, basándose en la realidad, mejor construir sobre imaginaciones ficticias. Parece que si se edifica un orbe ateo, el hombre deja de tener conciencia de su condición de criatura y administrador de su entorno, considerándose el único señor de su circunstancia. El hombre no es criatura y ninguna divinidad le ha dado su entorno para que lo administre; y es libre el que es dueño de sí mismo. El crítico no puede entender que el hombre sea dueño de sí mismo, que la relación entre el alguien y el algo es en este caso reflexiva, de una entidad consigo misma, porque el ser humano es alguien y algo.

Construir una sociedad de personas con derechos que no sean objeto de explotación no requiere de ninguna divinidad, y de hecho las divinidades también se usan a menudo para oprimir a los crédulos (y a los no creyentes, ateos, herejes o creyentes en otros dioses). Quitar de en medio a dios puede ser un gesto de madurez humana y autosuficiencia y no implica querer ocupar su trono; para ser personas no hace falta ningún dios, y con dioses o sin ellos siempre será posible que los poderosos exploten o manipulen a los débiles. El ser humano puede trascender a través de sus descendientes (genes) y transmitiendo sus ideas (memes): lo que nunca trascenderá es su inexistente alma sobrenatural.


Libertad y moral religiosa

30/03/2007

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La norma fundamental de la ética de la libertad es el derecho de propiedad (equivalente al principio de no agresión), la única que puede ser universal, simétrica y funcional. Pero no todas las conductas compatibles con la libertad son igualmente exitosas. Los seres humanos guían su conducta social mediante normas morales (que pueden ser particulares, asimétricas y disfuncionales), sentimientos íntimos o tradiciones compartidas por el grupo (algunas compatibles, otras incompatibles con el derecho de propiedad).

La ciencia (especialmente la psicología evolucionista y la memética) puede explicar qué es la moralidad, cómo surge evolutivamente como herramienta cooperativa y por qué tiene ciertos contenidos concretos. La ciencia también puede explicar la religión (la creencia en entidades sobrenaturales imaginarias) como un fenómeno natural para la mente humana.

La religión, en sus múltiples formas, es muy importante en la vida de muchos seres humanos: es un meme exitoso que ha conseguido conectar con los sistemas emocionales de muchos seres humanos que quieren tener fe y que se sienten molestos o incluso muy ofendidos si sus creencias son cuestionadas o atacadas (y entonces los más radicales e intolerantes pueden reaccionar con violencia física).

Las diversas religiones suelen presentarse como fundamentos y garantes de la moralidad, pero la religión no es imprescindible para la moralidad porque no es su base. Un ateo o un agnóstico pueden tener comportamientos perfectamente éticos, y un creyente puede ser violento y deshonesto. La religión no es fuente de sentimientos morales que son preexistentes, sino que se apoya en ellos, y en ocasiones los fortalece o complementa pero también los distorsiona y puede hacerlos totalmente arbitrarios (la inexistencia de lo sobrenatural como base y la imposibilidad de comprobación permiten casi cualquier cosa). La moral religiosa pretende ser perfecta, infalible, no acepta crítica (es la verdad absoluta) y no puede evolucionar (al menos en teoría, en la realidad histórica sí que cambia). La moral natural es imperfecta pero puede existir sin interferencia religiosa, mientras que las religiones no suelen subsistir sin interferir con la moral.

Como el fundamento sobrenatural es inexistente el contenido de la norma moral religiosa puede en principio ser cualquiera: la voluntad de la divinidad es misteriosa, y el transmisor de la revelación puede haber sufrido alucinaciones, equivocar el mensaje o simplemente inventárselo todo. Recurrir a premios y castigos tras la muerte es un engaño, que tal vez pueda funcionar (para controlar el comportamiento para bien y para mal), pero refleja la debilidad del sistema social de justicia. Fundamentar epistemológicamente mal la moral puede llevar a rechazar erróneamente preceptos morales adecuados si el creyente se da cuenta del engaño de la superstición de lo sobrenatural.

La libertad protege la voluntad individual en el ámbito legítimo de la propiedad; la religión suele insistir en la sumisión (voluntaria o coactiva) a la voluntad divina (expresada directamente de forma mística o a través de representantes terrenales). La libertad se basa en el subjetivismo y el relativismo de las preferencias humanas evolutivas; la religión insiste en la objetividad del bien y el mal absolutos y eternos recibidos mediante la revelación, y sus normas no suelen considerar los deseos humanos particulares.

La libertad se refiere a individuos y sus derechos, la religión a menudo es colectivista: funciona como cohesionador de grupos y sirve de prueba de pertenencia a la comunidad de fieles o al pueblo elegido; si se opone al socialismo puede ser sólo por su materialismo. La religión puede fomentar la solidaridad y la confianza, pero también el colectivismo y la violencia (guerra contra el infiel o el hereje). Las sociedades pueden cohesionarse mediante principios éticos humanistas y redes de relaciones voluntarias, sin necesidad de símbolos imaginarios inexistentes. La ausencia de religión no implica una sociedad atomizada sin lazos entre las personas ni entre el presente y el futuro.

El liberalismo se basa en la realidad objetiva, tanto del mundo como del ser humano (resultado de la interacción entre factores genéticos universales e influencias ambientales y culturales variables). El liberalismo es una filosofía racional, crítica, evolucionista, que se construye científicamente a partir de axiomas, hipótesis, deducciones lógicas y contrastaciones empíricas. La religión es un cuerpo de creencias a menudo irracional, acrítico y creacionista, basado en revelaciones, tradiciones y dogmas arbitrarios y frecuentemente absurdos. No se trata de que la razón pueda aprehender, explicar y diseñar intencionalmente todo (constructivismo social, irracionalismo soberbio disfrazado de racionalidad). Pero la religión revelada no es lo adecuado cuando la razón, siempre limitada, no da más de sí: lo acertado es reconocer los límites del conocimiento y proceder con cautela mediante ensayos (preferiblemente locales y parciales) con errores y aciertos.

Criticar la religión no implica pasión antirreligiosa ni resentimiento. La fe religiosa (la creencia en lo sobrenatural) no es en absoluto equivalente a la confianza crítica, provisional y escéptica en los fundamentos epistemológicos del conocimiento científico. Creer o no en la divinidad no es lo mismo que creer o no en cualquier otra cosa. El conocimiento se entiende como creencia verdadera y fundamentada, la fe religiosa pretende ser verdadera pero en lo esencial no se refiere a la realidad ni está fundamentada epistemológicamente.

No todos los memes son beneficiosos para sus portadores: algunos memes parásitos pueden ser nocivos. Es posible que un meme o costumbre sea útil y no se sepa por qué, pero también es posible que no se vea la utilidad porque no la tenga y sea conveniente eliminarlo (y tal vez se puede comprender su desutilidad): que hayan sobrevivido mucho tiempo en muchos sitios no implica necesariamente que sean correctos, o verdaderos, o adecuados (puede ser que su éxito reproductivo compense la desutilidad sobre sus portadores, o que sean falsedades usadas por los poderosos para manipular a las masas oprimidas). Algunas religiones pueden ser más adecuadas que otras, actuando como memes domesticados que cooperan para la supervivencia de sus portadores y que protegen de otras creencias religiosas más destructivas.

La naturaleza humana es precisamente natural, no sobrenatural. Preceptos morales religiosos pueden ser adecuados si se basan en la naturaleza humana, pero entonces son filosofía moral y no revelación sobrenatural. Interpretadas de forma sensata, prescindiendo de sobrenaturalidad, son adecuadas por lo humano, no por lo divino. A pesar de sus bases irracionales (y en algunos aspectos incluso debido a ello) la religión puede tener efectos positivos: pero eso no garantiza que su efecto neto sea positivo, o que la selección natural de grupos garantice que las religiones nocivas sean eliminadas.

La religión como solución a los problemas humanos es problemática cuando choca contra el conocimiento científico de la realidad. La religión es parte del problema si la gente no piensa sino que simplemente cree y se aferra emocionalmente a sus prejuicios recibidos durante la infancia. Algunas sociedades desarrolladas están moralmente empobrecidas (familias rotas, drogadicción, criminalidad, dependencia) y en declive no porque hayan abandonado la religión sino porque se han colectivizado, por la importancia de la política y el intervencionismo coactivo contra las instituciones éticas espontáneas de una sociedad libre. Muchos creyentes saben poco de economía y ética y promueven el socialismo, fracasando sistemáticamente en sus nobles intentos de erradicar el sufrimiento y la pobreza.

La moral religiosa es legítima si se considera como consejos persuasivos para una vida buena y feliz, pero no lo es si se trata de mandatos coactivos impuestos por organizaciones que monopolizan el poder. Algunas creencias religiosas son liberticidas, mientras que el liberalismo incluye la libertad religiosa, creer lo que se quiera mientras no se agreda a los demás.