Miguel Ángel Aguilar, prensa escrita e Internet

04/05/2009

Miguel Ángel Aguilar asegura:

Todos navegamos en los mares de internet donde todo exceso tiene su asiento. Cunde el anonimato que impulsa cualquier clase de atrevimiento. Se pierden las referencias distintivas. Desaparece el aval que acredita la veracidad de las noticias. El fenómeno produce una igualación por abajo. Estamos inundados de información y, como sucede en toda inundación, estamos con el agua al cuello y acuciados por la primera carencia básica, que es la del agua potable. Faltan las depuradoras que nos permitan mantener los niveles de hidratación precisos sin peligro de envenenamiento. Pronto ofreceremos, como el rey Ricardo III en el fragor de la batalla, nuestro reino por una botella de agua garantizada. Declaremos enseguida que esa tarea potabilizadora era precisamente la más noble entre las que asumían los periodistas auténticos siempre imbuidos de sus deberes hacia el público.

Aguilar parece afirmar que en la prensa digital, al contrario que en la de papel, no hay referencias ni acreditación de la verdad. Probablemente es simplemente la desvergüenza del que se siente periodista auténtico y objetivo y tacha a la competencia de manipuladores interesados. Pura proyección psicológica viniendo del grupo Prisa.

Según el, en Internet “prolifera la cacofonía y el ruido que dificulta la inteligibilidad de los mensajes. Falta ese manual de autoprotección contra la manipulación informativa que ahora se hace más preciso que nunca.” Seguro que se ofrece voluntario para producir ese manual y asegurar que se cumplan sus recomendaciones.

Se permite despreciar a las nuevas generaciones de periodistas: “el nivel intelectual de quienes entran a formar parte del periodismo podría estar entrando en fase de decadencia”. Si la referencia intelectual es él, un descenso por pequeño que sea ya es desastroso.

Asegura que “el público pensante se ve conformado por el periódico que cada 24 horas es capaz de ofrecerle una idea del mundo en el que vive conforme a pautas de ponderación que lo hacen inteligible.” Vamos, que los pensantes prefieren leer periódicos en los que no haya que pensar mucho y les confirmen sus prejuicios previos. De nuevo una descripción atinada del grupo Prisa y sus seguidores, salvo en lo de pretender que los lectores de “El País” son en general “público pensante”.