Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial

12/05/2009

Según Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial:

La causa de los males en la sanidad española no es la falta de médicos. No negamos que hay una carencia, pero no es determinante. Lo que hay es una falta de respuesta a necesidades puntuales. Qué más quisiéramos en la OMC que tener 400.000 médicos en vez de 210.000. Pero no es la solución. Es más, muchos males de la sanidad pública proceden del exceso de médicos que hubo en las décadas precedentes, que no permitió introducir cambios. Intentar resolver el problema aumentando los númerus clausus es una gran irresponsabilidad.

Efectivamente lo que falta en la sanidad española es libertad. La cantidad de médicos en un sistema libre se ajustaría mediante la interacción entre la oferta y la demanda. Una organización gremial como la OMC es un grupo de presión de los médicos ya establecidos a quienes interesa reducir la oferta de médicos para que así sus miembros puedan tener más oportunidades profesionales e ingresos más altos. Por eso resulta risible leer a su presidente que les gustaría que se doblara el número de médicos: es el discurso del engaño, de la distracción de la atención. Para presidir un grupo de interés hay que estar dispuesto a mentir mucho.

Su afán dirigista lo muestra con su propuesta:  “identificar dónde están las necesidades. Dónde sobran y dónde faltan médicos. Es decir, hacer el famoso registro de profesionales.” O sea planificación centralizada, también conocida como socialismo.

Su fobia a la competencia la demuestra al calificar de “ataque de locura” que las enfermeras puedan prescribir medicamentos.

Su desprecio de la libertad y de la ética sale a relucir cuando le preguntan si está de acuerdo con que el gobierno haya “aparcado el objetivo de regular la muerte digna y el suicidio asistido”.

Sí. No se puede jugar con la vida o la muerte en función de unas necesidades que no son las claras de una mayoría.

O sea que la mayoría dicta lo que puede hacer o no la minoría. Y esa presunta minoría no decide libremente sino que juega con la vida o la muerte: no importa que sea su vida y su muerte. Hay médicos que se creen diosecillos con derecho a disponer de las vidas y muertes de sus pacientes en contra de su voluntad. Con la complicidad de la burocracia estatal en la cual están cómodamente instalados.