Loretta Napoleoni, Thatcher y el neoliberalismo

09/05/2009

Loretta Napoleoni, economista italiana, reclama una nueva teoría económica.

Asegura que “Poco después de que quebrara el socialismo, también el neoliberalismo ha caído hecho añicos. Arrollados por semejante cataclismo, los Gobiernos utilizan la economía como los bomberos la manguera: lanzan agua allí donde hay más fuego, tratando de salvar lo salvable. Claro que su misión es la de detener el avance del fuego, no la de reconstruir lo que se quema. Serían necesarios arquitectos e ingenieros para hacerlo, pero no están disponibles.”

No está claro a qué se refiere con “neoliberalismo”, así que su afirmación al respecto es difícil de juzgar. Pero pretende que los gobiernos son bomberos salvadores, cuando en realidad son más bien pirómanos inconscientes. Para entenderlo es necesario ser un buen economista, y no parece el caso de Napoleoni. Según ella “ningún Gobierno tiene a mano una nueva teoría económica, un modelo que seguir, puesto que durante treinta años se han acomodado al sistema creado por Margaret Thatcher, la Dama de Hierro. Y ése es el verdadero peligro de la recesión, la ausencia de una alternativa al modelo del libre mercado.”

El modelo de libre mercado no se ha aplicado de forma consistente: existen los bancos centrales con su monopolio de emisión de moneda de curso legal y las múltiples garantías estatales a bancos y depositantes. El modelo estatal dominante de los últimos años ha sido el socialdemócrata con leves tintes liberales en pocos casos. El monetarismo no es tan diferente del keynesianismo como muchos creen.

“Durante varios años, Reino Unido vende sus joyas: escuelas, parques, hospitales, y hasta los transportes y la telefonía acaban en manos privadas”. Pretender que los “bienes” controlados por el Estado son joyas es un pelín ridículo: más bien son recursos desaprovechados que mejoran en manos privadas. Pero Thatcher no privatizó la enseñanza ni la sanidad, y la afirmación de que vendió los parques resulta descabellada: ¿todos los parques?, ¿a quién? ¿El “hasta” de los transportes y la telefonía implica que tienen algo especial que hace especialmente osada o errónea su privatización en comparación con los otros elementos de su lista?

“El caballo de batalla del nuevo sistema económico pasa a ser la privatización, un virus entero y verdadero. Desde Londres, los bancos internacionales guían su contagio embolsándose cifras de vértigo mediante sus asesorías.”

¿La privatización es un virus? ¿Contagioso? Si Napoleoni está jugando a los médicos (como economista obviamente no da la talla) su diagnóstico es patético. ¿Por las asesorías sólo pueden cobrarse cifras que no den vértigo?

“El modelo thatcheriano se presenta como el esquema económico de la globalización, un modelo que, sin embargo, funciona sólo en algunos países y que no resiste la prueba del tiempo. En Rusia crea la casta de los oligarcas; en Estados Unidos da vida a los abusos financieros que han arrastrado a la economía mundial a la recesión, y hasta en Reino Unido la herencia de la Thatcher consiste en el caos económico.”

O sea que los rusos han copiado a Thatcher pero les ha salido mal: risible. Pretender que lo poco que se ha liberalizado es lo que ha causado la crisis económica revela que no se conocen los problemas que causan los elementos estatales que quedan por privatizar en los ámbitos de la moneda y el crédito.

Algún acierto: “¿Cuál es la solución? No puede serlo el lavado de cara que todos los Gobiernos parecen preferir: elevación de las cuotas fiscales, creación a partir de la nada de más papel moneda, nacionalizaciones y potenciación del sistema social. La alternativa no puede ser el retorno al viejo socialismo, sino una nueva teoría económica. Una que funcione durante los próximos 30 años, hasta la próxima crisis. La economía no es una ciencia exacta y la teoría perfecta no existe.”

Si Napoleoni conociera todas las teorías económicas y fuera capaz de analizarlas con rigor, no reclamaría una nueva, porque ya existe: es la teoría de la escuela austriaca de economía (Menger, Mises, Hayek) complementada con la escuela de la elección pública (Buchanan, Tullock). Como no las conoce o domina, no puede entender lo que ha sucedido.


¿Thatcher ultraliberal?

08/05/2009

Según Lluís Foix:

… la crisis actual ha negado con los hechos la fragilidad de aquella revolución conservadora.

¿Es que no enseñan a los periodistas a pensar y escribir a la vez? Porque Foix está afirmando que la revolución conservadora fue muy fuerte, justo lo contrario de lo que quiere decir.

Cuentan sus fans que hizo posible que todos los británicos pudieran escalar en el ascensor social, que extendió la libertad dentro y fuera de su país y arrancó al Estado el control del modelo económico dando rienda suelta a las leyes del mercado.

Con la perspectiva que da el paso del tiempo me permito afirmar que aquella filosofía rompía con la hegemonía del laborismo desbordado por los sindicatos, pero introducía unas actitudes ultra liberales que nos han conducido a la presente crisis.

Eso de dar “rienda suelta a las leyes del mercado” suena demasiado bonito para ser verdad, porque no lo es. Liberalizar un poco no es dar rienda suelta al mercado libre.

Lo del ultraliberalismo muestra que los liberticidas están tan alejados del liberalismo que cualquier cosa en esa dirección les parece ultra.

Pretender relacionar las liberalizaciones con la presente crisis revela que no se tiene ni idea de economía o finanzas.

Obama ha sido la primera respuesta para corregir los abusos de aquella ideología.

Obama el salvador. Lástima que nos quedemos sin conocer con un poco de detalle esos presuntos abusos. Deshonestos, seguro.


Evolucionismo, creacionismo y liberalismo

26/02/2008

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La evolución es un hecho comprobado observacionalmente y teóricamente consistente. La teoría de la evolución es plenamente científica y resulta imprescindible para entender la vida (y seguramente también toda la realidad física). Las ciencias humanas (sobre lo praxeológico, lo psicológico, lo económico, lo cultural, lo social) quedan incompletas si no incorporan los principios fundamentales del evolucionismo, que explican cómo surgen la inteligencia y la intencionalidad mediante procesos no inteligentes y no teleológicos (de la causalidad a la funcionalidad y de esta a la cognición y la intencionalidad). La teoría pseudocientífica del diseño inteligente (creacionismo camuflado) afirma erróneamente que algunos aspectos de la complejidad presuntamente irreducible de la vida no pueden ser explicados mediante mecanismos evolutivos y requieren la intervención de algún tipo de inteligencia previa y externa.

El liberalismo como filosofía política no es una simple ideología que sirve a los intereses de una clase sino que se basa en conocimiento objetivo de la realidad de la naturaleza humana. Algunos liberales (a menudo más bien conservadores) parecen tener problemas en aceptar la fundamentación evolucionista de esta naturaleza: quizás ven en peligro sus creencias religiosas y se sienten más cómodos con las falacias creacionistas. En lugar de reconocer su propia ignorancia y confusión sobre el evolucionismo, se lanzan con gran énfasis y seguramente buenas intenciones a debatir en ámbitos que no dominan. Se llega a defender el disparate de que el capitalismo está íntimamente emparentado con el diseño inteligente. O no entienden de economía o no saben de biología, y quizás ambas cosas.

Los fenómenos evolutivos de autoorganización, orden espontáneo, emergencia, adaptación y optimización se dan tanto en lo biológico no humano como en lo social y económico. En los mercados libres participan seres humanos conscientes e inteligentes que actúan intencionalmente, con fines, con propósitos. Los mecanismos autorreguladores del mercado (señales de precios, beneficios y pérdidas, competencia) permiten coordinar las acciones locales (planes o diseños parciales, de pequeña escala) y generar espontáneamente un orden global dinámico que no es resultado del diseño consciente de los agentes. El capitalismo no requiere la intervención de ninguna inteligencia externa de gran capacidad, y de hecho los totalitarismos se basan en el error de intentar organizar coactivamente la sociedad: no sólo no es necesario, sino que además es imposible (y catastrófico cuando se lleva a cabo).

La evolución biológica (mediante los mecanismos de mutación, recombinación, flujo genético, deriva genética y selección natural) es equivalente a la evolución social y económica mediante la prueba de diversas formas de organización de la producción de bienes y servicios (innovación, imitación) y la selección competitiva de los consumidores en el mercado: todo lo auténticamente novedoso supone ensayos a ciegas que se preservan por su éxito a posteriori. Pretender que una inteligencia superior puede crear la vida y ordenar la evolución es como pretender que el estado puede ordenar la sociedad. Algunos liberales en lo social resultan ser socialistas respecto a lo natural: aceptan que lo humano se organice libremente, pero no pueden entender el mundo físico y biológico sin el soporte de alguna divinidad sobrenatural.

Que los liberales seamos una minoría contraria al intervencionismo gubernamental no significa que debamos identificarnos con hipótesis pseudocientíficas marginales que protestan por el acoso estatal de las teorías dominantes (algunos parecen liberales simplemente como medio estrafalario de oponerse de forma conspiranoica a la versión oficial). No creer en la evolución no se debe a tener altos niveles de rigor escéptico: la teoría de la evolución es algo que puede conocerse, no es necesario ningún acto de fe. Naturalmente cualquiera puede creer lo que quiera, pero afirmar que la teoría de la evolución no se sostiene científicamente o que las evidencias la impugnan es hacer el ridículo. Y si se hace al tiempo que uno se proclama liberal tal vez el prestigio intelectual del liberalismo resulte dañado.

Referencias:

Proyecto Inteligencia y Libertad: www.intelib.com, http://www.intelib.com/Evolucion.htm, http://www.intelib.com/Enlaces_Inteligencia.htm#Biologia_evolucion_memetica, http://www.intelib.com/Enlaces_Ignorancia_Violencia.htm#Creacionismo

Michael Shermer es un pensador esencial para el liberalismo y el evolucionismo: www.michaelshermer.com

Discovery Institute: www.discovery.org, en lo económico son liberales y en lo natural creacionistas.

Un ejemplo particular de ignorancia liberal sobre evolución: http://docedoce.net/?p=2343


Liberalismo radical

11/10/2007

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El liberalismo no es simplemente una ideología política que refleja los deseos particulares de los liberales. La ética de la libertad es una teoría científica acerca de la convivencia en sociedad de los seres humanos, respetando cada cual de forma tolerante las acciones no violentas de los demás. Como teoría científica debe tener una estructura lógica consistente (axiomas, argumentaciones, demostraciones, teoremas) y ser en la medida de lo posible correcta (comprobable, verdadera o al menos falsificable, adecuada), eficiente, precisa, clara y completa (tratando todos las áreas posibles en profundidad). Para muchas personas el liberalismo es algo puramente económico y tiene que ver con los mercados y el intervencionismo estatal. Pero la libertad, entendida como el respeto al derecho de propiedad y su equivalente principio de no agresión, puede estudiarse respecto a todo lo humano, haya o no intercambios comerciales o dinero de por medio.

Muchas personas tienen bloqueos emocionales o tabúes (a menudo religiosos) respecto a diversos ámbitos de la realidad: su repulsa moral se dispara, se activan los prejuicios y se dificulta la capacidad de argumentar racionalmente aplicando con consistencia principios fundamentales. Para algunos se trata del dinero, para otros es el sexo, las drogas, algunos alimentos prohibidos, el aborto, la eutanasia, la compraventa de órganos, el mercado de adopción, etc. Si los liberales quisiéramos ganar algún concurso de popularidad, tal vez podríamos guardar un prudente silencio respecto a asuntos escabrosos que hieren la sensibilidad del espectador, correr un tupido velo y esperar que nadie pregunte al respecto.

Para algunos comentaristas el liberal debe dedicarse fundamentalmente a la batalla política, sobre todo en estos momentos de tan graves problemas (rellénese aquí con lo que se quiera, porque el presente político siempre es gravísimo, sobre todo si no gobiernan “los nuestros”): hay que atacar al partido declaradamente socialista y defender al partido no nominalmente socialista; hay que tender puentes y forjar alianzas con “nuestros aliados naturales”, los conservadores, que esos al fin y al cabo nos dejan algo de libertad económica (más bien poca) a cambio de negar unas cuantas libertades personales sin importancia.

Tal vez a algunos nos interese mucho más la batalla intelectual: no nos preocupa tanto caer simpáticos y conseguir votos. Y si se quiere investigar con rigor sobre la libertad es necesario estudiar todos los temas relevantes posibles: no necesariamente para restregárselos por la cara a personas que no están cognitiva ni emocionalmente preparadas para asumir ciertas ideas, pero sí para comprobar la fortaleza de la teoría y aclarar sus contenidos. Hay asuntos que la gente suele callar por educación, por delicadeza, para no ofender. Sin embargo, aunque no afecten a muchos que se consideran normales y honrados, sí pueden ser importantes para otros que piden un debate abierto, ya que las intuiciones morales pueden estar equivocadas y las buenas intenciones no bastan para solucionar problemas.

Son muy pocos los que piden la eutanasia, pero no les consuela que la inmensa mayoría no sufra ese problema y no respete la libertad ajena. Bastantes personas sufren por carencia de órganos para trasplantes, pero muchos meapilas contribuyen a la prohibición de mercados de órganos apelando difusamente a la socorrida “dignidad inalienable” de los seres humanos. La guerra contra las drogas es un completo fracaso enormemente costoso, pero cuando se intenta hablar de liberalización saltan como un resorte los histéricos profetizando la drogadicción generalizada de los niños. En grupos humanos enormes siempre habrá unos pocos excéntricos con deseos que casi todos considerarán anómalos y asquerosos (¿probar el sabor de la carne humana, tal vez?), pero si no hay víctima no hay crimen, y si su actividad es disfuncional les perjudicará exclusivamente a ellos y tenderán a extinguirse solos.

Algunos presuntos liberales consideran que los que tratamos ciertos temas de forma radical y fundamentada somos unos locos peligrosos, adanes caídos en la fatal arrogancia, un cáncer para el “auténtico” liberalismo, que es naturalmente el suyo. Estos críticos hipersensibles que ven por todas partes la amenaza del anarcocapitalismo (aunque no venga a cuento) insisten en informar al mundo de que ellos no son como nosotros, que sienten repugnancia, asco, ante ciertas ideas que les parecen absolutamente inaceptables e indignantes. Los niveles de histeria y escándalo suelen ser inversamente proporcionales a la corrección de los argumentos.

Igual que los aspirantes a médicos que no venzan la repulsión instintiva ante un cadáver, la sangre y las vísceras difícilmente podrán ayudar a nadie, los aspirantes a intelectuales que no puedan controlar sus fobias ideológicas difícilmente podrán ofrecer razonamientos con algo de sustancia e interés. E igual que un cirujano para operar suele tener que cortar, lo cual sin anestesia resulta muy doloroso, un liberal que analice críticamente la realidad a menudo se encuentra mostrando errores ajenos, de los cuales parece que no hay escasez. Como a la gente no le suele gustar que le muestren su ignorancia ni que se critiquen sus preferencias más íntimas, el liberal radical va por la vida “haciendo amigos”. Espíritus delicados abstenerse.


Liberalismo, humanidades y ciencias naturales

01/11/2006

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

El liberalismo es fundamentalmente filosofía política, un cuerpo de conocimiento ético y económico acerca de la convivencia social de los seres humanos. Muchos de sus defensores son humanistas (gente de letras, economistas, juristas, filósofos, historiadores), aunque desgraciadamente no todos los humanistas son liberales.

Muchos de los críticos del liberalismo (obviamente no los únicos) son gente de ciencias, estudiosos de la naturaleza (físicos, biólogos), ingenieros. Sus ámbitos se caracterizan por el rigor del formalismo matemático y la comprobación empírica controlada. Han tenido grandes éxitos en la comprensión y la manipulación de sistemas simples, y erróneamente extrapolan sus métodos epistemológicos al ámbito de las sociedades humanas, órdenes espontáneos hipercomplejos no diseñables intencionalmente ni planificables de forma centralizada y coactiva. No entienden que la ingeniería social no funciona (el orden no viene de la orden), y no saben apenas nada de economía y ética, lo cual además comparten con la gran mayoría de quienes se consideran expertos en economía y ética (esos humanistas que no son liberales).

Muchos liberales (reales y presuntos) son ignorantes en los ámbitos de las ciencias naturales. Pero algunos (desconocidos o famosos) de forma temeraria critican algunas de las teorías científicas más sólidas, como la relatividad, la mecánica cuántica y la evolución biológica; lo hacen patéticamente, quedando en ridículo intelectual, a menudo por referencias de segunda mano a escritores marginales que se creen genios cuando son locos equivocados. Parecen creer que el ser humano tiene un alma mágica sobrenatural que fundamenta su consciencia y su libre albedrío, y que el bien y el mal son decididos y sancionados por la divinidad. Defienden a sus memes religiosos antes que reconocer la verdad de la realidad: y es posible explicar científicamente por qué lo hacen, aunque no suele servir de nada contárselo (también esto es predecible).

El subjetivismo es perfectamente compatible con el naturalismo. La acción y la elección están integradas en la biología humana como mecanismos de supervivencia. La ciencia cognitiva y la psicología evolucionista explican cómo la mente humana es muy sofisticada pero no requiere milagros para sentir emociones y sentimientos morales, tomar decisiones, preferir, elegir, actuar. No son necesarios imposibles espíritus incausados para dirigir la conducta. La mente no es un misterio insondable, no surge de la nada, es la descripción funcional a alto nivel de la actividad del cerebro. Los seres vivos son agentes autónomos, y los seres humanos son agentes autónomos intencionales (capaces de planificar, de preparar el futuro y no simplemente reaccionar ante el presente). Cada persona toma decisiones particulares por la interacción entre su sistema cognitivo (único en sus detalles, resultado de sus genes y su historia ambiental pasada) y la información percibida de las circunstancias de su entorno (realidad objetiva).

No nos quedemos sólo en las humanidades desconectados del mundo físico, biológico y psicológico. El materialismo naturalista reduccionista es cierto y funciona; no es ningún prejuicio metafísico. Las ciencias naturales sirven de fundamento profundo del liberalismo y es un completo disparate ir en su contra en lo que tienen de correcto. No parece acertado renunciar al conocimiento científico (provisional, revisable, criticable, pero también abundante, preciso, consistente y explicativo) a favor de la superstición. Los liberales somos pocos y sabemos que la mayoría (socialistas y conservadores) están equivocados (o son deshonestos) respecto a la organización social. Pero la analogía no vale en las ciencias naturales: no nos pasemos de listos con nuestra pose rebelde negando lo que ya se sabe; así la gente inteligente no nos tomará en serio y nos hará aun menos caso (si es que eso es posible).


Liberalismo y liberalidad

22/06/2006

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

La praxeología enseña que el ser humano individual actúa intencionalmente para conseguir objetivos subjetivamente valorados, para alcanzar una satisfacción o evitar un malestar psíquico. Se actúa para obtener beneficios (hacer el bien) que no son necesariamente monetarios o materiales. Si una persona generosa regala voluntariamente sus bienes es porque obtiene a cambio un placer íntimo al hacer el bien a su prójimo, o porque mejora su reputación (asume costes presentes a cambio de beneficios futuros), evitando el malestar que puede producir ser considerado egoísta por los demás: el desprendido también busca su propio bienestar, igual que el que no regala nada sino que comercia (pidiendo algo a cambio de sus bienes o servicios, estableciendo relaciones mutuamente beneficiosas), e igual que el agresor (ladrón, violador, asesino, estafador, secuestrador) que persigue su propio beneficio aun a costa de perjudicar a los demás.

Desde el punto de vista del actor, todo ser humano actúa para obtener beneficios: el altruista se alegra del bienestar ajeno y asume todos los costes, el comerciante ofrece oportunidades de beneficio recíproco donde los costes se reparten entre ambas partes, y el agresor vive a costa de las víctimas a quienes causa daños.

La agresión no puede ser muy popular para las víctimas, de modo que a menudo se camufla con diversos ropajes: es por tu propio bien, es por bien del colectivo, te quito a ti para ayudar a otros más necesitados…

El altruismo suena muy bien: es fantástico que todos los demás sean generosos ya que así yo recibiré algo gratis. Y si quiero ser popular yo también seré generoso (no me lo pueden exigir porque el auténtico desprendimiento no espera nada a cambio). Es una lástima que la generosidad tenga serios problemas: la capacidad emocional de las personas reales es limitada, sólo sentimos como próximos a unos pocos familiares y amigos; la capacidad intelectual de las personas reales es limitada, de modo que aunque queramos beneficiar a los demás tal vez no sepamos cómo hacerlo, sobre todo si son extraños alejados de nosotros; la capacidad de acción de las personas reales es limitada, de modo que no podemos regalar riqueza indefinidamente. Se suele desear expandir estas capacidades, pero una cosa son los deseos y otra la realidad. Además los generosos incautos pueden ser fácilmente parasitados por vagos sin escrúpulos que prosperen a su costa: un grupo de generosos ingenuos es evolutivamente inestable.

Los intercambios voluntarios o altruismo recíproco (yo te doy a cambio de que tú me des, ahora o en el futuro) resuelven los problemas de la generosidad ingenua: es posible comerciar con conocidos y con extraños, próximos y lejanos, sin necesidad de amarlos intensamente; la inteligencia se utiliza de forma distribuida y local, de modo que ya se encarga cada participante de asegurarse que lo que hace es en su beneficio; los derechos de propiedad, los precios y los beneficios empresariales economizan los recursos escasos y fomentan su producción y su asignación a los fines más valorados.

Una cosa es lo que cada persona hace, otra lo que dice en público, otra lo que quiere que hagan los demás, y otra lo que quiere que los demás piensen de él. Si alguien dice que sólo hace lo que le beneficia (sin agredir a los demás), se está suicidando socialmente, aunque sea una verdad universal: lo que los demás quieren oír es que lo que haces también les beneficia a ellos, que eres generoso, que compartes, que no tienes afán de lucro, que les ayudarás cuando te necesiten. Y como hablar es barato, no compromete a casi nada y tiempo habrá de escurrir el bulto o buscar excusas, el discurso o meme predominante es el de la generosidad, ignorando sus limitaciones y problemas. A menudo la promoción de la generosidad es sincera, pero tiende a fingirse y exagerarse: además de fijarse en las declaraciones de la gente, fíjese en sus acciones. Promover la generosidad puede ser maravilloso para las relaciones humanas, el problema es que suele imponerse políticamente por la fuerza (liberalidad sin liberalismo), y entonces ya no es todo tan idílico.

El liberalismo suele basarse en un análisis racional de la realidad, no en la participación en un concurso de popularidad. Por eso propone que antes que hacer el bien a los demás es fundamental (y mucho más sencillo y realizable) no hacerles el mal: no robar, no matar, no estafar, no violar, no secuestrar. Todo resumido en respetar el derecho de propiedad. El comerciante egoísta (liberalismo sin liberalidad) al menos no perjudica a nadie. Si además de no agredir al prójimo usted quiere sacrificarse por él, estupendo: pero sobre todo no sea usted generoso con lo que no le pertenece.


Evolución y liberalismo

02/01/2006

Artículo en Instituto Juan de Mariana.

A menudo se critica al liberalismo que se basa en una versión cruel del evolucionismo según la cual los débiles deben desaparecer en beneficio de los fuertes. Esta opinión es un tópico irreflexivo que muestra un profundo desconocimiento de lo que es la evolución (biológica y cultural) y lo que es la libertad. Cualquier filosofía ética y política que pretenda ser científica debe corresponderse con la realidad, y la naturaleza biológica y humana es evolutiva. El liberalismo no se basa de forma arbitraria y caprichosa en el evolucionismo, sino que lo acepta como un fundamento dado irrenunciable: las variantes reproductivas mejor adaptadas (más eficientes en el automantenimiento y propagación de sus características) van a ser exitosas, abundantes y predominantes; los peor adaptados tienden a desaparecer.

Las estrategias evolutivas son complejas y deben tener en cuenta las posibles acciones de los demás. El juego de la supervivencia admite muchas estrategias exitosas, y por eso hay tantas especies y nichos biológicos. La competencia es a menudo brutal: muchos organismos viven a expensas de otros (parasitismo, depredación, esclavitud). Pero la lucha a muerte de todos contra todos no sólo no es la única opción posible sino que es una alternativa pésima. La vida es competitiva (ser competente, capaz) pero también esencialmente cooperativa y simbiótica a todos los niveles: cromosomas como alianzas de genes; colonias de bacterias; células eucariotas como confederaciones bacterianas; organismos pluricelulares como asociaciones de células; grupos animales para unificar esfuerzos en la protección y la caza; sociedades humanas con especialización, división del trabajo, intercambio e instituciones evolutivas como el lenguaje, la propiedad y el dinero.

Por su fuerza o su astucia para muchos seres humanos resulta posible vivir a costa de los demás, y lo hacen. En las sociedades no libres los parásitos (gobernantes, burócratas, subsidiados) explotan mediante la violencia (directa o indirecta) y el expolio fiscal a las personas pacíficas, honestas y productivas, con excusas diversas como la superioridad de alguna casta, el mandato divino, el bienestar general o la defensa de los más débiles.

La libertad es la característica de una sociedad que respeta el derecho de propiedad (la legitimidad de la posesión o control sobre los recursos), la única norma ética universal, simétrica y funcional posible. En una sociedad libre ningún individuo vive a costa de otros sin su consentimiento, todas las relaciones deben ser voluntarias y mutuamente beneficiosas, no se obtienen ganancias de forma coactiva a costa de pérdidas ajenas (robos, estafas). La riqueza legítima se obtiene sirviendo a los demás, ofreciéndoles bienes y servicios valiosos en un mercado libre. La competencia puede ser muy dura (tanto entre productores vendedores como entre consumidores compradores) pero la agresión violenta queda excluida. Triunfan profesionalmente quienes mejor sirven a los demás (y sus formas de hacerlo), y adquieren más poder para seguir haciéndolo si así lo desean. Los que fracasan admiten sus pérdidas e intentan mejorar o se dedican a otra cosa. La riqueza es generada constantemente, no hay tartas fijas o botines que repartir equitativamente. Los ricos no viven a costa de los pobres, y aunque no tienen ninguna obligación de ayudarles lo hacen al ofrecerles la posibilidad de comerciar y al producir excedentes de riqueza que permitan la caridad.

La sociedad libre evoluciona renunciando a la agresión, y progresa de forma espectacular porque el comercio es mucho más eficiente que la esclavitud parasitaria. Pero los necios colectivistas siguen con el tópico del capitalismo salvaje y la ley de la jungla; y proponiendo más política, más intervencionismo, más regulación contraria a derecho, más estatismo coactivo: ahí sólo hay ángeles desinteresados velando por el interés ajeno.