Crítica a Leonardo Ravier sobre la reserva fraccionaria

02/02/2014

Este artículo es una crítica detallada a la “Carta contra-argumentativa al freebanking con reserva fraccionaria” de Leonardo Ravier (Leo) en Procesos de Mercado (Vol. IX, n.º 2, Otoño 2012, pp. 283 a 296), disponible aquí. En dicha carta los malos argumentos se repiten una y otra vez y además abundan erratas, errores ortográficos, sintácticos y de estilo: la selección y la edición de textos en Procesos de Mercado no parecen funcionar de forma adecuada.

Leo asegura que las teorías de Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto en este ámbito son poco entendidas. En realidad son muy bien entendidas… por quienes las critican y defienden la banca libre con reserva fraccionaria. Quienes no parecen entender sus limitaciones, imperfecciones y errores son los empecinados que exigen tercamente reservas 100%.

El P-Lib exige el coeficiente de caja del 100% dentro de las reformas bancarias propuestas en su Programa Político Marco. Esto es un grave error que daña la reputación intelectual del P-Lib. Sus miembros pueden tener muy buenas intenciones y ser muy liberales, pero hacen propuestas desde la ignorancia sobre los asuntos monetarios y bancarios. A Leo le “interesa especialmente que el Partido de la Libertad Individual mantenga y sostenga este principio de coherencia económica-bancaria.” Sin embargo este principio no tiene nada que ver con la “coherencia económica-bancaria”; por lo menos Leo está siendo muy explícito y sincero al reconocer que se trata de un interés suyo; interés que causa un daño considerable al P-Lib.

Según Leo esta afirmación es incorrecta:

“[…] algunos liberales modernos no entienden, o no aceptan, que en el libre mercado cada entidad (individuo o institución) es libre de ofrecer absolutamente lo que quiera; y que son los consumidores —los compradores y clientes— los que deciden si les interesa esa forma de hacer negocio o no.”

Sin embargo la afirmación es correcta, y además lo es en dos niveles: porque en el libre mercado efectivamente todo agente puede ofrecer (o no) y aceptar (o no) lo que quiera; y porque existen algunos liberales modernos que no entienden esta libertad (él mismo, por ejemplo).

Menciona Leo que “los detalles históricos […] mostrarían más bien lo contrario, que hasta el siglo pasado la jurisprudencia europea seguía manteniendo, de alguna manera, la idea del coeficiente de caja del 100%.” Esto es erróneo de varias maneras: porque la banca libre y no libre ya operaba legalmente con reserva fraccionaria sobre los depósitos a la vista desde bastante antes del siglo XX; porque la jurisprudencia a menudo se refiere a depósitos (de guarda y custodia) en general pero se ignora que el depósito bancario, aunque tenga en común el término “depósito”, es una entidad conceptualmente diferente (algunos juristas siguen muy confundidos al respecto y tal vez no conocen aquello que juzgan); y porque el hecho de que la legislación o la jurisprudencia prohíban ciertas prácticas es indicativo de que el mercado en realidad no es libre.

Sigue Leo: “decir que uno es «libre de ofrecer absolutamente lo que quiera» es una generalización inapropiada. Estoy seguro en que estarás conmigo en que yo no puedo ofrecer en el mercado la casa de mi vecino, el corazón de mi vecina, o el dinero de un tercero, porque dichas «ofertas» implicarían la violación del derecho natural y racional de la propiedad privada. Por tanto, no todo es susceptible de ser ofrecido en el mercado. Sino más bien, solo aquello que le es a uno propio.”

En realidad es una generalización que, bien entendida, es perfectamente apropiada. No conozco a su interlocutor, pero yo no estaría tan seguro de que vaya a estar de acuerdo con él. Yo puedo ofrecer en el mercado la casa de mi vecino, el corazón de mi vecina, o el dinero de un tercero, y ninguna de estas ofertas implicaría necesariamente “la violación del derecho natural y racional de la propiedad privada.”

Lo que yo no puedo hacer es vender lo que no es mío o estafar en un intercambio. Pero yo sí que puedo ofrecer algo que no me pertenece, con tal de que esté en mi posesión legítima en el momento de realizar el intercambio; o, sin estar en mi posesión, actuando como intermediario, representante legal o agente de un principal que sea quien realmente realice la venta. Si se considera que una oferta obliga al ofertante, lo ilegítimo no sería realizar esa oferta sino incumplirla, y entonces si se trata de un contrato bien hecho se aplicaría la penalización o arbitraje correspondiente explicitado en el mismo. Una oferta podría considerarse también como el comienzo de una negociación, en el transcurso de la cual yo puedo informar al potencial comprador, si lo considero conveniente, de que la casa en ese momento no es mía pero que puedo conseguirla en un plazo determinado: no es lo mismo callar este hecho, que puede resultar irrelevante, que mentir al respecto, lo que sería fraude.

Esta aclaración es relevante porque en los mercados bancarios y financieros frecuentemente se realizan contratos perfectamente legítimos, legales y funcionales, sobre bienes que o no existen (ahora, o aún) o no están en ese momento en posesión de ninguna de las partes contratantes. Esto sucede en derivados como futuros, opciones y permutas; y en el contrato de depósito a la vista, en el cual el banco se compromete a entregar a todos sus clientes unas cantidades de dinero que en su conjunto son mayores que las que tiene en sus reservas de efectivo. Lo ilegítimo no es la oferta o el contrato en sí, sino su incumplimiento. Y en el caso del depósito a la vista el banco puede cumplir todos sus compromisos contractuales con sus depositantes sin ningún problema, aunque esto a muchos aún les parezca un hecho misterioso, si además de las reservas de dinero tiene otros activos líquidos que puede vender rápidamente y sin pérdidas.

Leo insiste erróneamente en que la oferta de un depósito a la vista con reserva fraccionaria por un banco a un cliente es ilegítima porque se trata de fraude y además viola los derechos de otras personas. Ni es fraude, ni viola derechos de terceros.

Algunos liberales austriacos recurren frecuentemente a lo que para ellos son contundentes e irrefutables argumentaciones lógicas: en realidad se trata de trucos a menudo irrelevantes y que seguramente sólo consiguen engañar a los incautos; sobre todo a ellos mismos, ya que son víctimas de autoengaño persistente.

Se refieren por ejemplo a una mujer virgen y prostituta a la vez como algo imposible. Tal vez no han considerado que una mujer podría empezar a prostituirse siendo virgen, y desconocen que en el mercado del sexo las vírgenes son muy valoradas; quizás es que consideran que la mujer sólo comienza a ser prostituta justo en el momento en que deja de ser virgen (si es que tal momento puede establecerse con precisión y sin ambigüedades); tal vez creen que sólo es prostituta mientras practica el sexo a cambio de dinero. También menciona Leo helados calientes, pinturas simultáneamente completamente blancas y negras y agua simultáneamente salada y dulce: son ejemplos problemáticos o desacertados ya que en realidad un helado podría ser caliente y lo salado y lo dulce no son opuestos ni contradictorios.

Como si con estos malos ejemplos no fuera suficiente, Leo ofrece otro más:

“¿Es posible que el dueño de un local de restauración ofrezca la misma sala para fumadores y no fumadores? (y cuando digo «misma sala» me refiero a exactamente el mismo espacio tiempo —no una separación espacial y/o temporal entre uno y otro). La respuesta es tajante. No. No es posible.”

Es perfectamente posible realizar tal oferta. De nuevo, una cosa es lo que se ofrece y otra lo que la otra parte efectivamente recibe, y allí podría haber, o no, un incumplimiento de contrato. Pero es que además Leo ha olvidado un detalle que en lógica es muy importante, en este caso la palabra “exclusivamente”. Si yo ofrezco una sala a la vez para fumadores y no fumadores, entonces todo el mundo puede acceder y nadie tiene derecho a quejarse. Otra cosa sería si la ofrezco exclusivamente a unos y a otros, y entonces si la situación final se produce y se juntan ambos yo estaría incumpliendo el contrato. Si se tratara de grupos conocidos, puedo evitar esto ofreciendo inicialmente la sala en exclusividad a ambos colectivos y retirando la oferta cuando uno de los dos la acepte; si ambos la aceptan inicialmente aún puedo compensarles o recomprar su derecho antes del momento de ocupación para evitar el conflicto.

Tras estas analogías enfatiza Leo que “la reserva fraccionaria se encuentra dentro de este tipo de naturaleza incompatible, irreal, de imposible cumplimiento, y por tanto absolutamente irracional.” Es común para los que no entienden algo tacharlo de irracional: confunden su incomprensión como imposibilidad. La reserva fraccionaria es real, compatible con casi todo, no implica ninguna contradicción ni catástrofe lógica, no es ningún absurdo y su cumplimiento no sólo no es imposible sino que incluso resulta fácil.

Para Leo “es curioso que la posición objetivista no vea la falta de racionalidad y la absoluta incoherencia en la defensa de la libertad contractual aún en los casos de objetiva imposibilidad (como el caso mencionados [sic]).” Sin embargo la reserva fraccionaria es racional, coherente, respeta la libertad contractual y es claramente posible. Además, que el cumplimiento de un contrato fuera objetivamente y sin duda imposible (algo bastante difícil de demostrar), no lo haría ni ilegítimo, ni irracional, ni ilógico, ni disfuncional. Imposibilidad de incumplimiento no implica ilegitimidad. Tal vez las partes quieren explorar los límites de lo que es o no posible, o quieren comprobar qué sucede contratando imposibles, o quieren garantizarse que lo pactado no pueda cumplirse para que se activen las cláusulas aplicables a esa situación (por ejemplo, cuando la usura estaba prohibida a menudo se pactaban penalizaciones por pago atrasado equivalentes a los intereses que no podían acordarse explícitamente, y los pagos casi siempre se atrasaban intencionalmente; habría sido útil garantizar de algún modo que los plazos no podían cumplirse).

Resalta Leo “la ignorancia respecto de la naturaleza del dinero, su uso y abuso es terrorífica en nuestra sociedad actual”. Desgraciadamente él (y otros con semejantes opiniones y creencias) la ejemplifica; con el agravante de que pretende conocer el tema. “Podemos empezar por la simple comprensión de que el dinero es un bien —como cualquier otro bien material— con su precio, ofreta [sic] y demanda.” ¿Acaso hay muchos que no saben que el dinero es un bien con precio, oferta y demanda? Precisamente si conviene resaltar algo sobre el dinero es que es un bien muy peculiar: lo esencial del dinero no es lo que tiene en común con otros bienes sino lo que lo diferencia y lo hace especial.

Los falsificadores no suelen ser tan tontos como para ofrecer a sus víctimas cosas obviamente imposibles de cumplir, lo cual debería hacerles sospechar. Al argumento de “¿Qué pasaría si todos los bancos hacen que cada depositante, en la apertura de su cuenta, firmen un documento diciendo que él se da cuenta de la disposición y consiente en asumir el riesgo?” Leo responde que “La naturaleza incoherente del producto/servicio ofrecido lo hace jurídicamente inválido. Por más que yo ofrezca agua «salada-dulce» y el usuario firme el contrato aceptándolo, no cambia la falsificación de la oferta; y la imposibilidad de su cumplimiento.”

Contundencia e ignorancia van de la mano: Leo se cree competente como para declarar tajantemente qué es jurídicamente válido o inválido; él sabe más que las partes contratantes, pobres tontos engañados que no saben lo que hacen, y declara la oferta falsa y el cumplimiento imposible. ¿Por qué? Porque lo dice él, y Rothbard, Huerta de Soto y unos cuantos más. Leo lo asegura firmemente:

“La imposibilidad de dicho cumplimiento (no reconocido por los defensores del freebanking con reservas fraccionarias) que hace en sí mismo [sic] nulo [sic] de pleno derecho dichos contratos, se traduce, además, en la particularidad irracional de querer tergiversar la realidad insinuando que una cosa puede ser propiedad íntegra de dos personas a la vez.”

Los defensores inteligentes de la banca libre (los anglicismos sobran cuando existen expresiones propias equivalentes) no reconocen esa imposibilidad porque no existe y si lo hicieran estarían mintiendo o equivocándose. Y todo el cuento de irracionalidad y tergiversación de la realidad es resultado de la proyección psicológica del propio crítico de la banca libre con reserva fraccionaria. No se trata de que una cosa sea propiedad íntegra de dos personas a la vez, sino de que el banco tiene un dinero que le ha prestado el depositante y una deuda frente al mismo, y el depositante es acreedor del banco, posee un derecho de cobro contra el mismo.

Leo resalta “lo surrealista de esta sociedad, es que el 99,9% de la gente piensa que su dinero es suyo, cuando la realidad dista mucho de dicho hecho.” Probablemente ha medido ese porcentaje con precisión aunque no explica cómo lo ha obtenido; resulta algo sorprendente, porque los austriacos son un poco aversos a los datos empíricos. Tal vez es simplemente una forma de hablar, para entendernos, sin demasiado rigor, para seguir con el tono de falta de rigor intelectual del artículo. En realidad la gente piensa correctamente que su dinero es suyo. Por definición: mi dinero, mío; tu dinero, tuyo; su dinero, suyo. Cuando hablamos del dinero que tenemos en la cuenta del banco (cuando su saldo es positivo), en realidad nos estamos refiriendo a los derechos de cobro de dinero que tenemos frente al banco.

Insiste Leo en que “los argumentos a [sic] la prohibición de dichos contratos no se basa [sic] en la falta de acuerdo, al [sic] uso de la fuerza o coerción; sino a [sic] la propia imposibilidad, irrealidad, incoherencia, irracionalidad de ofrecer un producto que es, a la vez, dos cosas opuestas (en este caso depósito a la vista y préstamo) a varias personas a la vez; y todas ellas siendo propietarias íntegras del mismo bien.”

En el caso de una cuenta bancaria, depósito a la vista y préstamo no sólo no son cosas opuestas sino que son… la misma cosa. No importa cuántas personas haya, no se da el caso de múltiples derechos de propiedad completos y excluyentes sobre un mismo bien.

Pero Leo insiste obcecadamente y repite:

“El fraude y la falsificación está [sic] en que se están vendiendo contratos que por naturaleza son de imposible cumplimiento. Que nadie puede ofrecer un préstamo que a la vez sea depósito a la vista porque ambos son radicalmente distintos. Y además, que no solo lo están ofreciendo a una misma persona (aspecto este ya ilegítimo por la naturaleza incompatible del contrato) sino que lo ofrecen a varias personas, alegando que todas ellas son propietarias íntegras del mismo bien (y cuando digo «propietarias íntegras del mismo bien», me estoy refiriendo a que el 100% del mismo bien estaría en propiedad de más de una persona a la vez, no de fracciones del mismo).”

Al menos el párrafo anterior tiene la original expresión de “vender contratos”. Y lo de la naturaleza incompatible suena algo raro: ¿incompatible con qué? Incompatible no es lo mismo que imposible, inconsistente, incoherente, contradictorio.

Por si el lector no se ha enterado todavía, vuelve a repetir:

“La oferta de imposible cumplimiento de contratos de depósito irregular de dinero que a la vez hacen de préstamos deriva en una transgresión ipso facto de la propiedad privada (derecho fundamental del capitalismo que dice [sic] defender el autor o los defensores del freebanking con reserva fraccionaria) del dinero de dichos contratantes. Por tanto, resulta ilegítimo y prohibitivo el realizarlos en una economía de mercado.”

Ahora además de un anglicismo tenemos un latinajo. “Prohibitivo” significa, según la RAE, que prohíbe o cuyo precio es muy alto: no parece encajar aquí, donde quizás se quiere decir que está prohibido o que debería estar prohibido.

“[…] hay doble fraude. El primero, el contrato ilegítimo al ofrecer dos cosas de naturaleza opuesta como de posible coexistencia; atentando contra la razón aplastante de que A es A, y que A no puede ser A y B simultáneamente. El segundo, su oferta múltiple como bien de propiedad íntegra para cada uno de los contratantes, atentando contra la razón aplastante de que un mismo bien no puede pertenecer íntegramente, al 100%, a más de una persona a la vez.”

No hay ni un fraude ni dos: no hay ningún fraude. La razón aplastante de que A es A es muy aplastante pero muy poco informativa. También B es B, y C es C, etc. Sin embargo A puede ser A y B simultáneamente, como sabe cualquier principiante de lógica: un hombre puede ser un hombre y un animal; lo que suele ser imposible es ser A y no A (principio de no contradicción, que después de tanto mencionar la lógica resulta que no se domina). La razón aplasta, sí, a quienes no saben usarla.

Que “un mismo bien no puede pertenecer íntegramente, al 100%, a más de una persona a la vez” es correcto pero irrelevante, ya que no es el caso, por mucho que insistan en querer distorsionar así la realidad del depósito bancario.

Leonardo menciona a Harry Biswanger, quien afirma:

“Disculpen mi falta de temperamento, pero he estado respondiendo a los mismos ignorantes argumentos anti reserva franccionaria durante 40 años.”

Entiendo perfectamente a Biswanger. Yo, aunque llevo bastantes menos años, no voy a pedir disculpas por mi temperamento: los necios testarudos que ya han recibido explicaciones claras y detalladas y las han ignorado una y otra vez no merecen delicadezas ni esfuerzos extraordinarios adicionales. Leo replica a Biswanger que “La razón no se consigue por repetición.” Pero Biswanger tiene razón sin repetirse, y él está equivocado una y otra vez.

Según Leo “la tradición de la defensa del coeficiente de caja del 100% tiene mucho más que 40 años, y son pricisamente [sic] los «liberales modernos» del freebanking con reserva fraccionaria quienes están defendiendo, desde no hace mucho tiempo, lo indefendible.” Lo de “defendiendo lo indefendible” me suena de otro famoso aunque no muy brillante crítico de la reserva fraccionaria. Y es normal que los «liberales modernos» defiendan algo desde hace no mucho; si no fuera así… no serían modernos. Unos cuantos liberales no tan modernos (escuela bancaria, por ejemplo) ya indicaban hace mucho sus errores a los críticos de la reserva fraccionaria, pero parece que meme malo nunca muere.

Otro breve ejemplo de errata y error sintáctico (la coma):

“Los argumentos utlizados [sic] por Yaron Brook, son los siguientes:”

Del hecho de que el banco no te entregue el dinero inmediatamente cuando quieras (físicamente se tarda algo en cogerlo, contarlo y entregarlo; puede haber colas en las ventanillas; el banco puede estar cerrado porque tiene un horario limitado, o el cajero haberse quedado sin efectivo; para cantidades grandes es necesario preaviso según cláusula contractual) Leo afirma que:

“esto no es un argumento. Es un hecho de la tergiversada realidad del uso y abuso del dinero que no dice nada sobre el fraude que se está cometiendo, sino que precisamente afirma y confirma que se sigue ofreciendo como válido un contrato de imposible cumplimiento, y a múltiples personas simultáneamente.”

¿Dónde hemos leído todo esto antes? No va a ser la última vez.

“El que las personas reciban su dinero cuando acuden a retirarlo del banco, que precisamente es un fenómeno estadístico, nuevamente nada tiene que ver con el incumplimiento ipso facto del contrato firmado (que es en sí mismo de imposible cumplimiento).”

Espectacular: o sea que el hecho de que un contrato se cumpla no indica nada sobre ese presunto incumplimiento ipso facto, porque está claro que la idea de que el contrato es de imposible incumplimiento no puede ser demostrada falsa cumpliendo el contrato, faltaría más. La realidad jamás debe estropear tus teorías. Da vergüenza ajena lo mucho que insisten algunos austriacos con la lógica y lo torpes que son con ella. Así no resulta extraño que se trate de una escuela minoritaria que necesita una buena limpieza en profundidad. Sé que afirmar esto es muy duro, pero es lo que hay.

“[…] la realidad (que no la estadística y casuística) muestra que si todos acudimos a solicitar «nuestro» dinero, dicho dinero no existe.”

No es que el dinero no esté ahí sino que no existe: se supone que en ninguna parte del Universo universal o del mundo mundial. Toda la masa monetaria disponible no es suficiente, a ninguna velocidad de circulación, para cumplir con todos los depositantes: si al final van a tener razón los que dicen que el problema económico es que no hay suficiente dinero y hay que producir más…

Continúa Leo mezclando y confundiendo el problema de la reserva fraccionaria con las casas en multipropiedad, dos realidades diferentes. En la multipropiedad los múltiples propietarios se ponen de acuerdo según unos estatutos sobre cuándo utiliza cada uno la propiedad, probablemente de forma simétrica entre iguales. En el depósito bancario la situación es asimétrica y no se trata de multipropiedad sino préstamo (alquiler): el prestamista o depositante entrega un dinero a cambio de un derecho de cobro a la vista contra el banco (y eso es lo que luego utiliza como medio de pago si otros se lo aceptan: no el dinero, que puede recuperar cuando quiera pero debe reclamarlo antes, sino la promesa del banco de entrega de dinero a la vista); el banco dispone del dinero hasta que el depositante se lo reclame. No hay doble disponibilidad simultánea sobre la misma cosa: el banco lo tiene hasta que se lo reclamen; el depositante lo tiene desde que lo reclame. Y además del dinero existe otra cosa importante, la deuda generada por el depósito como préstamo, que se utiliza como dinero fiduciario (crédito circulante).

Sigue: “un bien que al ser fiduciario, en realidad genera una expansión, multiplicación del mismo, que produce, como ya sabes, los tan temidos ciclos económicos, con sus consiguientes inconvenientes para la sociedad.” Parece que Leo no tiene claro qué es un bien fiduciario, ya que ese hecho no tiene que ver con su expansión insostenible ni con los ciclos económicos. El “como ya sabes” es dudoso: no se puede saber lo que es falso.

Continúa el desastre intelectual:

“el problema económico de no comprender los argumentos jurídicos de la naturaleza de los contratos, y de la legítima y correcta defensa de [sic] propiedad privada del bien de intercambio, radica en que realmente ya no se usa el mismo bien, sino que se multiplica (algo que solo ocurre con el dinero fiduciario sin anclaje y sin reservas). Estamos asistiendo a uno de los mayores engaños jamás visto en la historia de la humanidad.”

Efectivamente los críticos de la reserva fraccionaria no comprenden los argumentos jurídicos de la naturaleza de los contratos, no saben defender de forma correcta la propiedad privada y sus criterios de legitimidad son defectuosos. El dinero fiduciario tiene anclaje y reservas: es un pasivo respaldado por un activo (estos términos contables y financieros pueden resultar sorprendentes y desconocidos para algunos críticos de la reserva fraccionaria, y esto quizás pueda explicar su grave confusión). No conozco en profundidad toda la historia de toda la humanidad, pero en efecto el autoengaño de los críticos de la reserva fraccionaria probablemente está entre los mayores que ha habido, hay y habrá.

Si Yaron Brook afirma que “Que en un sistema de freebanking habría la posibilidad de bancos con y sin reserva fraccionaria.”, Leo replica que eso “Tampoco dice nada sobre la legitimidad de los bancos con reserva fraccionaria.” ¿Y qué? Hay una cantidad ingente de cosas sobre las cuales esa frase no dice nada. Brook está diciendo que la reserva 100%, si alguien la quiere, es legítima; la reserva fraccionaria es obvio, para quien la entiende, que lo es.

Protesta Leo porque los freebanking [sic] “quieren hacer creer que en su sistema de freebanking, los bancos podrán o no tener la fracción de depósitos que quieran”. Eso de “querer hacer creer” se usa cuando intentas engañar a alguien, y aquí no es el caso aunque Leo así lo insinúe. Efectivamente, cada banco puede guardar como reservas de efectivo la fracción que considere conveniente según su decisión empresarial. Critica esto Leo:

“Lo cierto, [sic] es que en un sistema tal, lo único que estarán defendiendo dichas personas es un sistema corrupto, en el que el incentivo de fraccionar las reservas será tan alto, que el resultado jurídico y económico sería incluso peor que el actual (donde directamente la mayoría de dichos bancos no tendrían reservas ninguna [sic]).”

De nuevo una gran ligereza y desfachatez al hablar de corrupción. Y lo de “fraccionar las reservas” no tiene mucho sentido. No tener ninguna reserva puede ser muy ineficiente porque resulta difícil atender a los clientes que quieran hacer retiradas por ventanilla si no se dispone de nada de efectivo en la caja de la sucursal. Y los cajeros automáticos suelen requerir algo de efectivo para funcionar. Reducir los costes de oportunidad de mantener reservas de dinero (saldos de tesorería) no es lo mismo que reducir las reservas a cero.

Insiste Leo en lo malos que somos los defensores de la reserva fraccionaria:

“Es básicamente lo mismo que legitimar el robo en una sociedad.”

Si no entiendes algo, no intentes razonar sobre su moralidad: aparenta que razonas, sermonea y acusa.

“Desde ya las incoherencias del sistema de freebanking con reservas fraccionarias llega a extremos ridículos.”

Incoherencias y ridículo extremo: una buena descripción de los críticos de la reserva fraccionaria.

Yaron Brook afirma que “[…] los economistas austriacos están en contra de las reservas fraccionarias porque crean incertidumbre respecto de la cantidad de dinero en la economía.” Es una apreciación que a mi juicio puede ser correcta: a algunos austriacos les preocupa que se produzca dinero (en realidad sustitutos monetarios), lo critican como inflacionario y prefieren una cantidad dada cualquiera fija y un incremento progresivo de su poder adquisitivo. Pero Leo, que no domina la teoría monetaria, se sale por la tangente e insiste en el problema jurídico y ético, que en realidad es inexistente más allá de su imaginación.

“[…] los derechos de propiedad privada del dinero son violados toda vez que se legitima el contrato de doble naturaleza (depósito/préstamo) simultáneamente, y se entrega un mismo bien, de manera íntegra, a distintas personas, en los sistemas bancarios de reservas fraccionarias.”

Resulta muy pesado y deprimente leer los mismos errores una y otra vez.

“Lo curioso es que Brook reconoce que el dinero se duplica, sin darse cuenta [sic] que dicho efecto, más allá del fenómeno cuantitativo y económico del dinero, implica el resultado propio del fraude que se consigue cuando «una cosa» se transforma, por arte de magia, en «dos cosas», sin haber cambiado en nada la realidad de la cosa en sí misma.”

No sé qué es lo que Brook reconoce o no reconoce, aunque dudo que sea eso. El dinero no se multiplica sino que se crean medios de pago o sustitutos monetarios adicionales, que no son dinero en sentido estricto. Y la implicación que se menciona en esa frase no sólo es errónea en cuanto al fraude sino que además está al revés, lo que en lógica es un error muy grave.

“[…] es como si Brook reconociera que ante sus ojos cabe la posible existencia de algo (una cosa) que es A y B simultáneamente.”

De nuevo encontramos a nuestros amigos A y B. ¿Dónde han aprendido lógica algunos austriacos? ¿Realmente saben lógica o sólo creen que saben lógica? Va a resultar que la praxeología tiene algo que ver con la praxis pero muy poco con el logos. Va acabar siendo algo así como una teoría de la chapuza humana.

“Para Brook uno es igual a dos (y éste último multiplicado por todas las veces que el mismo bien es utilizado en la economía con reservas fraccionarias). ¿Es esto racional, lógico, coherente u objetivo? Y todo esto lo hace, paradójicamente, en nombre de la justicia, el derecho, y la racionalidad; todos ellos aspectos que faltan en el video que he escuchado.”

No creo que Yaron Brook sea tan tonto como para confundir uno y dos. La “economía con reservas fraccionarias” no utiliza múltiples veces el mismo bien. Los defensores de la banca libre con reserva fraccionaria son racionales, lógicos, coherentes, objetivos, y entienden de justicia y derecho: los críticos no, pero creen ferviente y ciegamente que sí. Son como el conductor del chiste que cree que hay cientos de vehículos en su lado de la carretera que circulan en sentido contrario.

“A esta altura [sic] estarás esperando que justifique, o más bien argumente, el porqué [sic] el contrato en el sistema de reserva fraccionaria es ilegítimo, y porqué se transgreden los derechos de propiedad. Te lo explico, [sic] brevemente, [sic] a continuación.”

O sea que todo lo anterior no eran breves explicaciones. El resto del artículo no añade nada nuevo y es simplemente una repetición cansina de los errores que comete Jesús Huerta de Soto en Dinero, crédito bancario y ciclos económicos. En lenguaje muy solemne se asegura que el contrato de depósito bancario con reserva fraccionaria es un “contrato nulo de pleno derecho”: “lo que es incompatible y de imposible cumplimiento no es legítimo, y por tanto es nulo de pleno derecho.” Es cosa juzgada y definitivamente cerrada sin posibilidad de recurso de apelación.

A los abogados litigantes principiantes se les aconseja que durante el juicio no hagan nunca una pregunta cuya respuesta no conocen, porque pueden obtener una respuesta inesperada contraria a sus intereses. Se pregunta Leo:

“¿Qué riesgo está asumiendo una persona que entrega un dinero sabiendo que el banco lo usará, pero que a la vez tiene obligación de entregárselo cuando éste lo pida?”

La respuesta es: el riesgo de que la obligación de entrega se incumpla (total o parcialmente) o se retrase. Nadie sabe que “tiene seguridad plena de que el banco se lo devolverá a la vez que asume un riesgo.” Se tiene la seguridad de que el banco tiene esa obligación, pero el riesgo y la incertidumbre de incumplimiento, por pequeños que sean, existen. Por eso es distinto tener dinero que tener un derecho de cobro de una cantidad de dinero.

Luego Leo repite la confusión habitual sobre la propiedad íntegra del mismo bien. Cuando se niega a aceptar, o al menos intentar entender, que el depósito bancario es un préstamo, y no un contrato de guarda y custodia, pasan estas cosas.

“Lo que ocurre, es que el hecho de que actualmente estemos bajo un sistema monetario fiduciario, en el que gran parte del «bien de intercambio» en sí mismo no existe (porque no hay anclaje ninguno, y porque gran parte de dicho dinero no son más que apuntes contables del banco), sumado el hecho de que haciendo uso de la probabilística es posible engañar a la sociedad respecto de la disponibilidad (objetivamente de imposible cumplimiento), nadie percibe la realidad objetiva e incoherente en el que está inmerso el sistema monetario actual. Sistema, por cierto, que no nace de la libertad bancaria, sino precisamente de su contrario: del privilegio y casamiento estado-banco […]”

Nadie percibe la realidad… salvo los sabios, justos, legítimos, racionales, coherentes, compatibles, lógicos y liberales críticos de la reserva fraccionaria. Que resulta que no son capaces de distinguir el dinero fiduciario del dinero fiat. Que afirman que algo no existe pero al mismo tiempo se usa e intercambia. Que aseguran que no hay anclaje alguno, sin saber cuál es el anclaje y probablemente sin entender qué es eso del anclaje. Que confunden un posible incumplimiento con un imposible cumplimiento.

No podríamos acabar sin mencionar lo de “crear dinero de la nada”:

“Crear dinero de la nada y prestarlo es una actividad criminal que solo favorece al banco, y en el corto plazo al prestatario. Dicha transacción se realiza depreciando la moneda, principalmente a través de apuntes contables que son nulos de pleno derecho, pero que están institucionalmente validados por el privilegio estatal que éste concede exclusivamente a los bancos, y a ningún otro tipo de negocio, empresa o institución.”

Actividad criminal. No es sólo falta o delito común sino algo propio del código penal, aunque no se especifique la pena. La reserva fraccionaria no es ningún privilegio concedido por el Estado sino la forma normal de proceder de la banca comercial como gestora de pagos y cobros mediante su propia deuda ofrecida a sus clientes. En otros negocios, empresas o instituciones no es que no esté permitida sino que no tiene sentido porque no son emisores de deuda utilizable como medio de pago. Y una de las preguntas del millón: si los bancos pueden crear dinero de la nada… ¿cómo es que corren riesgo de quiebra y deben ser rescatados? Algo no encaja, y es el no saber distinguir entre dinero y sustitutos monetarios: los bancos crean pasivos monetarios contra sí mismos.

También menciona Leo los efectos sobre terceros no participantes voluntarios, es decir la presunta (en realidad inexistente) pérdida de poder adquisitivo del “ciudadano de a pié [sic]” que tiene dinero o “población apoderada [sic] de dicho bien”.

Concluye Leo:

“La única alternativa a una libertad bancaria real (no ilusoria), radica en terminar con el dinero fiduciario, abrir la competencia monetaria, exigir un anclaje que realmente haga de «bien de intercambio» real, y exigir el coeficiente de caja del 100% para los depósitos a la vista. Esto es lo que exige la lógica jurídica de los contratos legítimos, y de las defensas de la propiedad privada propias de sociedades realmente libres.”

Quienes no entienden la realidad y sus posibilidades quieren imponer su única alternativa, la única que son capaces de ver o más bien alucinar: acabar con los sustitutos monetarios (eso son los medios fiduciarios, que además son la inmensa mayoría de los medios de pago por razones de eficiencia económica) y convertir a los bancos por imperativo legal en almacenes de oro o cualquier otro bien que la sociedad elija como dinero en sentido estricto.

Leo realmente necesita (o al menos lo hacía a la fecha de publicación de su carta) aplicarse lo que él mismo recomienda: “reconsiderar qué es realmente la libertad bancaria y monetaria en términos económicos, y qué implicaciones jurídicas (principios generales del derecho) le son propias.” Y no sólo él.

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