Tonterías políticamente correctas sobre el cambio climático

21/08/2009

Karl-Heinz Florenz, diputado alemán al Parlamento Europeo del Partido Popular Europeo y ponente sobre el cambio climático, perpetra este engendro de artículo, Cambio climático: actos para un futuro mejor.

Se ha dicho muchas veces a lo largo de los años que la juventud es nuestra esperanza. Sin embargo, en la carrera por asegurar los escasos recursos y proteger nuestro clima, el tiempo se ha acabado y no podemos esperar a que las generaciones futuras encuentren soluciones a los problemas actuales. A menos que encontremos soluciones sostenibles (y las pongamos en práctica) pronto, nuestros hijos no tendrán materias primas con las que calentar sus hogares o producir bienes; ahora más que nunca su futuro está en nuestras manos. Es una gran responsabilidad, pero también una oportunidad única para que esta generación de dirigentes sean los arquitectos del mañana.

Juventud, divino tesoro. La juventud actual, tras sufrir la estupidificación pública obligatoria que se conoce como educación obligatoria estatal, difícilmente puede ser la esperanza de nadie. Quizás de los pensionistas que esperen saquear a otros como ellos han sido saqueados. Eso sí, la juventud es el futuro sin hacer ningún esfuerzo: el tiempo pasa.

Si el tiempo se ha acabado ¿para qué seguimos corriendo? ¿Sabe este diputado que todos los recursos económicos son escasos por definición? ¿Conoce el funcionamiento de los mercados de futuros? ¿No se cansa de repetir la tontería del agotamiento de los recursos? ¿Qué problemas hay actualmente tan graves que tenemos que transportar en el tiempo a las generaciones futuras para que nos los resuelvan?

La muletilla política de moda es “sostenible”. Si lo que se propone es sostenibilidad ya no hace falta pensar con un mínimo de rigor, todo estará bien, hasta la memez más extrema. Nuestros hijos (“todo es por los niños”), pobrecitos, podrían carecer de materias primas para calentar sus hogares y para producir bienes, ¡qué desastre! Repitan conmigo: la energía fluye, la materia se recicla (física); derechos de propiedad y precios (ética y economía).

Efectivamente gran parte del futuro está en manos de los burócratas aborregados y aborregantes que aspiran a convertirse en los arquitectos del mañana, necios que se creen sabios y responsables.

Garantizar que tomamos las decisiones acertadas es una tarea compleja, entran en juego numerosos factores y no nos quedan muchas oportunidades para asegurarnos de que hacemos las cosas bien.

Es prácticamente imposible que dada su incompetencia puedan hacer las cosas bien. Pero ni se plantean que la solución es que ellos dejen de tomar decisiones en nombre de cientos de millones de personas y se las impongan coactivamente.

Cabe esperar que la cumbre de Copenhague de diciembre dé a luz un nuevo acuerdo internacional que sustituya al Protocolo de Kioto. Esperamos que la cumbre también ayude a dejar claro que la acción contra el cambio climático no es solo una necesidad para garantizar el desarrollo en el futuro, sino que resulta imprescindible para superar la actual crisis económica y financiera. Mediante acciones concretas, no solo protegeremos el clima, el medio ambiente y ayudaremos a fortalecer nuestra economía, sino que también garantizaremos un futuro mejor y más justo para todos los ciudadanos.

Esta estupidez se repite mucho: como estamos endeudados hasta las cejas y con la estructura productiva descoordinada, démonos el lujazo de utilizar energías caras y así reactivaremos las finanzas y la economía. También podríamos salir en procesión para que llueva (esto último al menos no hace menos probable que llueva).

Qué graciosos y originales resultan los políticos garantizando “un futuro mejor y más justo para todos los ciudadanos”. ¿Dónde se puede reclamar por el incumplimiento de esta garantía?

La Unión Europea debe dar ejemplo. Para ello, ha fijado unos niveles de referencia para que los demás sigan el objetivo de reducir para 2020 las emisiones de carbono en un 20 % (y el 30 % en el marco de un acuerdo internacional). No podemos mostrar signos de flaqueza si queremos avanzar hacia dichos objetivos; pero es necesario emprender acciones comunes y con perspectivas de futuro.

Los líderes europeos se creen moralmente superiores cuando son los responsables de sociedades envejecidas y carentes de impulso emprendedor. Pero no mostremos signos de flaqueza, que se nos puede notar que todo es fachada. Sigamos sacando pecho hasta asfixiarnos.

Si bien es verdad, con políticas tan específicas se corre el riesgo de crear de manera inadvertida desequilibrios en otros ámbitos. Es importante que todas las partes interesadas trabajen duro y de forma coordinada para evitar que esas desigualdades ocurran. Por lo tanto, me complace participar en un proyecto de la Fundación Rey Balduino en cuyo marco se organizarán una serie de debates que reunirán a expertos en materia de política social y cambio climático. Las conclusiones extraídas del proyecto representarán una valiosa contribución para los responsables políticos europeos sobre el mejor modo de incluir cuestiones en la agenda social y los objetivos de reducción del cambio climático.

Vamos a esforzarnos y a coordinarnos bien y todo saldrá de maravilla. Debatamos mucho, hagamos la pelota a quienes organicen proyectos que nos permitan lucirnos y presentarnos como expertos. Y luego justifiquemos nuestro intervencionismo político en las conclusiones de esos programas que previamente hemos apoyado.

Aunque las políticas de reducción no tienen como finalidad abordar la desigualdad social, una buena gestión de esta cuestión puede ofrecer muchas oportunidades. Tiene la capacidad de crear nuevos empleos, infundir nuevo vigor a las economías y, en colaboración con otros ámbitos políticos, abrir el camino hacia un futuro mejor menos marcado por las desigualdades. Sin embargo, para conseguir beneficios a largo plazo se requiere una estrategia a corto plazo; todos debemos apoyar iniciativas como la de la Fundación Rey Balduino para poder tomar las decisiones correctas hoy.

Mezclémoslo todo, el clima, la igualdad y la economía. Hemos recibido una orden: hay que apoyar estas iniciativas, y no se hable más. Todos, que nadie se escaquee. Porque no vamos a dejar que los ciudadanos decidan cada uno en su ámbito e intenten acertar por su cuenta y riesgo. Nosotros, los políticos, vamos a decidir correctamente por ellos. Palabra de Karl-Heinz Florenz.