Joan Majó no se lo cree

23/05/2009

Joan Majó, ex ministro de Industria, no se lo cree. ¿Por qué habla de creer o no creer? Porque saber, lo que se dice saber, no sabe. Es normal: es socialista.

La ausencia de regulación impulsada por los gobiernos ultraliberales ha propiciado que los intereses particulares pasaran por delante de los generales.

No habla de desregulación (quitar regulaciones previas) sino de ausencia de regulación: no está claro si se refiere a que no hay nada de regulación (obviamente falso) o a que hay mínimos resquicios de libertad a los cuales la regulación estatal aún no ha llegado. Algo que un ultrasocialista no puede aceptar. La regulación contractual libre y voluntaria ni se plantea.

Nuestro problema es dar respuesta a preguntas como éstas: ¿qué sectores económicos vamos a potenciar para generar actividad y dar ocupación a los dos millones de personas (casi medio millón en Cataluña) que van a quedar fuera del mercado de trabajo como consecuencia del colapso?, ¿qué tipos de iniciativas y de conocimientos vamos a necesitar para impulsar estas nuevas actividades?, ¿cómo vamos a reciclar a las personas para los nuevos trabajos?

¿Nuestro problema? ¿Vamos? ¿Es que todos los españoles tenemos que participar unidos y decidir juntos el futuro de la economía? ¿Entiende Majó que las preguntas que realiza son absurdas? Tal vez le cuesta aceptar la idea del orden espontáneo donde las decisiones se toman localmente y se ajustan mediante los mecanismos de mercado sin necesidad de intervención política. Él sólo acepta respuestas que colectivicen los problemas y sus soluciones: quizás tolera diversas respuestas a sus preguntas, pero no asume respuestas sin el “nosotros”.

Hay que reactivar el consumo con medidas de estímulo. Hay que apoyar el sistema financiero para garantizar los ahorros de las familias y los créditos a las empresas. Hay que atender a aquellos que están más afectados por el paro. Pero además de todo ello, tanto a nivel español como a nivel catalán, hay que diseñar y poner en marcha un plan de reconversión global que marque líneas de futuro, que dé confianza a la gente y que permita coordinar los esfuerzos de todos, porque sin esfuerzo -y de todos- la salida será más difícil y más larga. Esto sí me lo creo.

Hay que, hay que, hay que. Los que no saben, pero creen, dan órdenes, nos dicen qué debemos hacer. Y no son órdenes cualesquiera, suelen ser las más nocivas posibles: reactivar el consumo cuando lo que hace falta es ahorro, apoyar  un sistema sin condiciones para que nadie se haga responsable, intervenir desde el Estado para una vez más engañar a los ciudadanos y conseguir que confíen en un espejismo. Está muy bien que mencione el esfuerzo: sólo le faltan la inteligencia y la libertad. Poca cosa.